ALMUTAMID

El lunes Alba terminó los exámenes y se fue a celebrarlo con sus compañeros. Quedamos en que yo me pasaría después un rato a buscarla. Y así lo hicimos. Yo aparecí y mi chica me presentó a los que no conocía como su novio dejando clara nuestra relación.

Entre los presentes estaba Álvaro. Le pregunté por Nieves y me respondió que estaba también celebrando el fin de los exámenes por su cuenta. No pregunté directamente si seguían juntos pero su respuesta me indicó que así debía ser, algo que Alba me confirmó después cuando se lo pregunté.

De regreso a casa Alba me confesó algo nerviosa que le había contado a su madre que salía conmigo. Me puse nerviosísimo. Oficialmente éramos una pareja para ambas familias.

-¿Y qué ha pasado?¿Qué te ha dicho?-pregunté ansioso.

-Se acordaba de ti perfectamente. Como se iba a olvidar si me sacaste de mantilla el año pasado.

-¿Y?

-Pues que se imaginaba que tú me gustabas, jajaja.

-Joder, otra como mi madre.

-Será intuición de madres o que éramos muy descarados, jajajaja- rio mi chica más suelta que yo quizá porque llevaba más cervezas en el cuerpo.

-Pues será cosa de madres- respondí- porque yo no estaba seguro de que de verdad tu estuvieras por mí.

-Pues creo que me costaba trabajo disimularlo.

-Ya sabes que soy inseguro…

-¿Tú, lindo? Si me pareces una persona muy decidida.

-Pues yo no tenía nada claro que tú estuvieras por mí.

-Luis, porque tenías a otra en la cabeza. Hasta que no te has aclarado con eso no te fijaste de verdad en mí.

Sus palabras me atravesaron. No me esperaba esa reacción de Alba. Pero me demostraba que ella en todo tiempo era consciente de mi situación y sólo me aceptó cuando me vio libre de mi mochila. ¿Inteligencia o casualidad? Su sinceridad convirtió de golpe nuestra relación en algo menos platónico y más real. Pero sus palabras parecían decir que ella ya no temía que yo recayera con Claudia. ¿Había llegado a la misma conclusión que yo? ¿O simplemente había decidido jugársela aun a riesgo de que yo al final no estuviera al 100% enamorado de ella?

Me dejaron tan impresionado sus palabras que no supe como reaccionar. Ni siquiera fui capaz de soltar la típica frase zalamera: “Sólo tenía ojos para ti pero no me atrevía…” Absurdo. Ella misma me había rescatado hecho una mierda en casa por Claudia apenas hacía un año. Mi novia no era una tonta enamoradiza que se había dejado arrastrar por el chico guapo que le hacía tilín. Era muy consciente de la realidad y estaba apostando por mí.

-Pero no pienses mal- añadió al notar mi zozobra- Yo confío en ti, Luis. Y por eso estoy contigo y ya no se lo oculto a nadie. Por cierto…

Hizo una breve pausa.

-…le dije a mi madre lo de ir contigo a tu universidad y me ha dicho que lo hable con mi padre. Bueno, mejor dicho. Que lo hables tú…

Ahí sí que me temblaron las piernas.

-Nos vamos pasado mañana…y ahora es tarde.

-Jajajajaja. Me encanta la cara de pánico que has puesto. Tranquilo que no es una entrevista de trabajo ni un interrogatorio. Le caes bien a mi padre. Me lo ha dicho mi madre. Sólo quiero tener una charla contigo para ver que eres formal.

Formal. ¿Cómo le demuestro a ese hombre que soy formal?

Efectivamente al día siguiente por la tarde fui a buscar a mi chica para dar una vuelta pero tenía que subir antes a su casa. Vaya trago. Llevaba nervioso todo el día. Ni en la selectividad ni en los exámenes de la facultad me había puesto tan nervioso. Iba a ser presentado formalmente a mis suegros. Nunca había pasado por semejante circunstancia. De hecho recordaba aún cuando Pablo había sido presentado a los padres de Leyre e incluso cuando Nieves había presentado a Alberto. Y ahora me tocaba a mí. Afortunadamente mis amigos no iban a presenciar el momento y no verían la cara de cordero degollado que llevaba cuando llamé al porterillo y mi chica me dijo que subiera.

Formal. A pesar del calor y de que después no teníamos ningún plan en concreto que hacer me puse camisa y pantalón largo. Por mi cabeza pasaba esa costumbre de la pedida de manos al padre de la novia en que el novio regalaba un anillo de compromiso y la novia un reloj delante de los padres de ambos. Esto no era eso ni mucho menos, pero era la sensación que a mí me daba.

Mi chica me recibió en la puerta de su casa al salir del ascensor con una sonrisa que intuí nerviosa. No me dio ni un beso, ni un pico nada. Evidentemente estaba nerviosa pero muy guapa con una faldita corta de vuelo y un top ajustado que le hacía un cuerpecito de infarto.

-Pasa al salón, que mis padres te quieren saludar…

No sé si sudaba más por el calor o por el escrutinio al que iba a ser sometido.

Mi suegra me saludó afectuosa con dos besos mientras su marido más serio esperaba para tenderme la mano.

-¿Qué tal estás Luis?- me dijo la señora- ¿Bien los estudios?

-Bien, gracias…-respondí mientras su marido me apretaba la mano.

-Siéntate, hijo- me indicó el padre de mi novia- Alba, princesa, ¿por qué no preparas café?…

La llamaba princesa como yo…

-…¿cómo lo tomas?

-Con leche- respondí cortado.- Gracias.

Alba, que no había mutado su sonrisa nerviosa se fue a la cocina dejándome en el salón con sus padres. Qué distinto este recibimiento al de aquella mañana de Jueves Santo.

-Bueno, me ha dicho Alba…

“Joder, me va a soltar que estamos saliendo y cuáles son mis intenciones y todo eso…” pensé.

-…que mañana tienes que ir a tu universidad a hacer unos papeles y queréis ir juntos.

-Sí, señor.

-Jajajaja, chiquillo, relájate que no soy tan viejo.

Buff, que nervioso estaba.

-Pero ¿cómo os váis?

-En mi coche.

-No sabía que tenías coche propio.

-Mis padres me lo han regalado. Era de una tía que ha fallecido.

-Pero estará en condiciones.

-Sí, sí. Tiene la ITV pasada sin problema.

-¿Y qué vais a hacer allí todo el día? Porque los papeles se piden en un minuto…

“Follarme a su hija si ella me dejara, pero como no se deja…”

Tragué saliva y respondí:

-Pues había pensado enseñarle mi facultad, y la residencia donde vivo allí. Bueno, y pasear por los lugares más bonitos de la ciudad, claro…

-¿Sabes que la primera vez que la madre de Alba y yo nos fuimos un fin de semana fue a esa ciudad?

-Es muy bonita.

-Sí que lo es. Prométeme que no eres un loco al volante y que vais a tener mucho cuidado.

-Claro, señor…

-No me llames señor…

En ese momento llegó Alba con los cafés. Mientras nos servía la leche su padre siguió hablando:

-Le decía a tu novio, niña…-había dicho claramente novio-…que el primer viajecito que hicimos tu madre y yo fue a Granada ¿te acuerdas cariño?

-Que bien lo pasamos-respondió la madre.

Se puso a contar el viaje y todo el fin de semana que había pasado allí en un monólogo que me recordó a los que ya había dado delante de mí las veces anteriores que había subido a cada de mi novia. Se comportaba como entonces y eso hizo que el sudor que recorría mi frente en ese momento ya no fuese nervioso sino consecuencia de lo caliente que estaba el café.

Cuando salimos a la calle resoplé y le pregunté a mi chica:

-¿Cómo ha ido?

-Muy bien. Mañana nos vamos, lindo. No me esperaba que a mis padres les pareciera tan bien. Uff, qúe nervios, pero nos vamos, jajajaja-respondió abrazándome.

Yo no me había quitado el susto del cuerpo. Tanto que de regreso a su casa más tarde Alba se puso mimosa con besitos en el cuello y caricias, y yo no fui capaz de meterle mano. Probablemente ella se dio cuenta de que yo seguía nervioso y tampoco insistió mucho. De todos modos íbamos a pasar juntos todo el día siguiente.

Nos levantamos temprano. Desayunamos cada uno en nuestra casa y antes de las 9 estábamos en carretera con el sol en frente por conducir hacia el este. Mi chica estaba radiante, con un vestidito con corpiño con tirantas de croché ajustado a su pecho acompañado de una tela con algo de vuelo a medio muslo que partía de debajo de su pecho. Era una mezcla de vestido infantil, con cierta inocencia, pero que no podía ocultar las curvas, especialmente las superiores, que adornaban el cuerpo de Alba.

Llegamos alrededor de las 11 y media al entorno de la facultad. Dejé el coche aparcado lo más cerca que pude pues al estar en el centro de la ciudad era complicado. Fuimos paseando hasta el edificio por las calles peatonales cercanas. Yo le iba explicando y contando historietas mías de los lugares por donde pasábamos hasta llegar a la facultad.

Entramos de la mano como habíamos venido paseando y me dirigí directamente a secretaría. Allí en ventanilla recogí la documentación mientras Alba me esperaba sentada en un banco del gran vestíbulo del edificio. Efectivamente tenía el certificado de notas, incluidas las de Lieja y una copia del plan de estudios para las convalidaciones. Lo guardé todo en una carpeta que había llevado para que Alba no se diera cuenta de lo que era y salí a buscarla.

Nos dimos un paseo por los pasillos. Había muy poca gente ya pues los exámenes casi habían terminado y solo quedaban los finales para aquellos con algún suspenso o que no se habían presentado a la primera convocatoria como yo solía hacer.

Sabía que no me cruzaría con Marta ni con Miriam pues ellas siempre se presentaban a la primera convocatoria pero tras enseñarle algunas de mis clases y recordando alguna que otra anécdota mía, evidentemente no le conté la vez que pillaron a Blanca comiéndomela en el almacén de limpieza, entramos a la cafetería.

Allí me encontré a varios compañeros que me preguntaron por el Erasmus en Lieja y a los que les presenté a Alba como a mi novia. Ante la pregunta de si nos habíamos conocido en Lieja ambos contestábamos que en nuestra ciudad.

Mi temor a tener algún encuentro incómodo se había solventado con facilidad hasta que saliendo por la puerta principal me encontré con Blanca de frente. Nos saludamos amistosamente justo después de que observara a mi chica con curiosidad, y más cuando la presenté como a mi novia.

Tras contarme que estaba agobiada ya de los exámenes y que no le estaba yendo bien el curso (quizá no tener mis apuntes le había afectado) nos despedimos deseándonos suerte.

Entonces pensé que podría enseñarle la residencia a Alba para que conociera todos los lugares por los que me había movido aquellos años. Pero mientras caminábamos con mi chica agarrada a mi brazo me preguntó:

-Con esa chica, con Blanca, ¿tuviste algo verdad?

-¿Por qué dices eso?

-Por la forma en que me observó y después como te miraba.

-Bueno, tuvimos un rollo, pero nada más…

Entonces empecé a dudar de que llevarla a la residencia fuese buena idea. ¿Y si me cruzaba con Ángela?¿Cómo reaccionaría?¿Pero qué excusa poner para no ir?

Se me ocurrió llamar a Sol antes de llegar a la residencia.

-¡Luis! Pero que sorpresa. ¿Ya estás en España?

-Si, hace unos días.- respondí- Bueno, estoy aquí en la ciudad, voy camino de la residencia con mi novia…

Se hizo un silencio momentáneo pues la última palabra la había impactado pero rápidamente me contestó:

-Yo estoy aquí, nos vemos ¿no?

-Por eso te llamaba. ¿Quién más hay allí?

-Bueno, ahora mismo que yo sepa sólo yo. Víctor ya se ha ido a su casa y Ángela está en un examen. No sé si volverá a tiempo. Aunque no sé si querrá verte, y más si vienes con tu novia.

-¿Todo bien?

-Ya te contaré.

Me despedí de ella pero inmediatamente le mandé disimuladamente un mensaje:

“Mi novia no sabe que he solicitado el traslado a mi ciudad. Es una sorpresa. Por favor no lo comentes”.

Llegamos al fin a la residencia. Una escalofrío me recorrió la espalda recordando algunas vivencias allí. Pero entrar por la puerta por la que tantas veces había salido de la mano de Alba demostraba que estaba empezando una nueva vida que se prometía mejor.

Saludé al conserje que se sorprendió al verme. Pensaba que venía a quedarme unos días pero le dije que estaba de paso, que hasta septiembre no regresaba. Pero aun así le pedí la llave de mi habitación si es que estaba libre. Me dijo que llevaba varias semanas vacía y me la dio sin problema.

Al subir las escaleras explicándole a Alba la disposición de los dormitorios y baños sentí cierta emoción que se incrementó al llegar al pasillo y pasar delante de la habitación de Víctor. Cuanto vivido en ese edificio.

Abrí el dormitorio y tuve una sensación extraña. Estaba orgulloso de que Alba conociera un lugar tan importante para mí. Aunque no voy a omitir que uno de los recuerdos que me embargaron en ese momento fue la imagen de Claudia y yo tendidos desnudos en mi cama acariciándonos sin cesar después de echar uno de esos polvos intensos que le gustaban a mi exnovia.

Habría pegado sustituir ese recuerdo por el de Alba, pero ni nos íbamos a poner a liarnos allí ni tampoco era el lugar. Pues en ese momento comprendí que eran dos lugares, dos personas, y dos contextos distintos de mi vida.

Le enseñé la mesa, la ventana y le expliqué cuál había sido mi cama con los dos compañeros que había compartido habitación. Realmente no había sido amigo de ninguno. Ni de Víctor siquiera. En realidad mi daba cuenta de que mi paso por la residencia no había sido feliz.

No estuvimos mucho dentro del dormitorio aunque al salir eché un vistazo dentro pues estaba convencido de que nunca más volvería a entrar allí. Fuimos al dormitorio de Sol y llamé a la puerta.

-¿Sí?- se oyó su voz.

-Soy Luis.

Inmediatamente se abrió la puerta y asomó la enfermera con una amplia sonrisa dándome un abrazo mientras decía:

-Qué sorpresa, ni siquiera sabía que venías. Pero ¿cómo estás? ¿Cómo te ha ido en Lieja? Que hace mucho que no hablamos.

-He venido a la secretaría d ela facultad a traer papeles y me he acercado a saludaros. Sol, te presento a mi novia Alba.

Las chicas se dieron dos besos mientras Sol comentaba:

-Tú siempre con niñas guapas, pero ésta no parece belga, holandesa o alemana…

-Jajajaja- reí cortado, joder. Que cabrona, si llega a decir danesa hace póker…

-No- comentó mi chica sonriente- Soy de su ciudad.

-Oye, ¿habéis comido?- preguntó Sol.

-No.

-¿Dónde tenías pensado?

-Quería enseñarle a Alba los comedores universitarios.

-Perfe. Cojo el bolso y nos vamos.

Sol estaba distinta, la notaba diferente. Más suelta, con un vestidito muy del estilo del que llevaba mi novia, el pelo más largo y un ligero toque de maquillaje en las mejillas y los ojos. Por el camino me fue poniendo al día:

-Pues Miriam y Víctor cortaron. Bueno, sospechamos que cortó él. Porque de buenas a primeras lo dejaron y Miriam creía que había vuelto con Lourdes.

-No me extrañaría, pero siempre ha sido tan reservado que no nos contaba nada.

-En las cenas cuando venía no decía nada, y yo nunca tuve confianza con él para preguntarle, así que sólo sé lo que me contaba Miriam.

Noté a Alba algo perdida y le expliqué:

-Víctor era amigo mío en la residencia. Cuando yo salía con Claudia él lo hacía con Lourdes, que era amiga íntima de ella. Pero cuando Claudia se fue nos apartamos un poco. Pero Lourdes dejó a Víctor y al poco empezó con Miriam…

-¿Y Miriam es?

-Compañera mía de clase.

-Ufff, jajaja. Me pierdo, pero vale.

-¿Y qué tal está Miriam?- le pregunté.

-Bueno al principio estaba jodida, pero después pasó por la fase de cabreo. Y ahora antes de irse me dijo que los tíos eran todos unos cabrones pero que al final había que estar con uno, así que este verano iba a tener algún rollete para darse cuenta de que Víctor no era imprescindible.-me contó Sol.

-Joder, con Miriam, sí que está cambiada. ¿Y hace mucho de eso?

-Que va, hace un par de semanas.

-Oye, y de Marta ¿sabes algo?

-Que va. Después de pelear contigo no ha querido saber nada de Ángela ni de mí.

-¿Y Marta es?- preguntó Alba.

-La chica con la que salí antes de Claudia.- expliqué.

Sol me miró extrañada por haberme remontado tan lejos pero con su discreción habitual no dijo nada más.

-¿Y por qué peleó contigo?-insistió mi novia.

-Bueno- respondí nervioso- tuvimos nuestros más y nuestros menos y acabamos rompiendo totalmente. Me había engañado.

-¿Cuernos?- preguntó sorprendida.

-No, no. Engaño en que para salir conmigo quiso dar una imagen que no era real. Me hizo sentirme muy mal y resultó que ella no había sido sincera.-expliqué.

-Vaya. No entiendo quien quiere dar una imagen distinta para salir con nadie. ¿Qué ganas con eso?-preguntó mi novia.

-Gustarle más a la otra persona. Crear una relación ideal. Yo que sé…nunca me lo explicó y ya me da igual- respondí apretándole la mano.

Ya sentados en el comedor con la bandeja de comida por delante seguimos charlando. Yo le conté cosas de mi estancia en Bélgica. Los viajes, anécdotas con compañeros e incluso detalles de alguna fiesta que ya le había explicado antes a Alba. Pero tuve curiosidad por saber de Ángela:

-Puff, la verdad es que después de irte ha estado insoportable.

-Ya…entiendo.

Alba miraba extrañada pero dejó que siguiéramos hablando Sol y yo:

-Como te conté un día que hablamos cuando estabas en Bélgica dejó de salir conmigo y aunque hemos seguido cenando juntas todas las noches, ella sale por su cuenta y yo con mis compañeras de facultad.

-Ya. Pero ¿con quién sale?

-Creo que ha estado saliendo en bares de ambiente porque sé que ha estado con alguna chica…

-Sí, Ángela es lesbiana- expliqué a mi chica.

-…o eso cree- aportilló Sol.

-La verdad es que no tiene muy claro nada. Y además ha tenido mala suerte.-la exculpé.

-Tampoco ha acertado en ocasiones- soltó Sol evidentemente lanzándome el dardo.

-No acabamos bien y no fue por culpa mía- contraataqué.

-No te hecho la culpa pero tampoco estuviste del todo bien.

-Demasiados líos tenía yo en la cabeza con un pie aquí y otro en Lieja deseando irme. Bastante me había puteado ella a mí los meses anteriores y tuve el detalle de buscar la forma de acabar bien con ella.

-Vaya líos que teníais en la residencia- comentó Alba.

-La verdad es que estar fuera me ha venido muy bien.-dije.

-Pero algo bueno tienes- añadió Sol- Te fuiste y se desarmó todo. Víctor, Ángela, Miriam…eras el pegamento.

Alba me miraba orgullosa mientras que yo no sabía que decir, así que Sol cambió de tercio:

-Bueno, contadme, ¿y vosotros cómo habéis empezado?

Dejé que fuese Alba la que lo contara:

-Bueno, en realidad somos del mismo barrio y teníamos amigos comunes. Pero lo conocí en una barbacoa en casa de una amiga mía, que es novia de su amigo.

-Qué típico…

-Sí, jajajaja. Pero resulta que el niño tenía novia y tampoco me echó mucha cuenta. Pero cuando al final mis amigas empezaron a salir más con sus amigos coincidimos más, nos fuimos haciendo más amigos. Semana Santa, Feria…verano. Bueno, que al final aquí estamos.

-Bueno- le expliqué a Sol- A mí me gustaba desde hace tiempo, pero tenía que solucionar mis líos antes de proponerle algo.

-¿Y los has solucionado?-preguntó la enfermera.

-Estoy con ella, se ve que sí- respondí cogiéndole la mano a Alba.

-Venga, y desde cuando estáis, porque tú acabas de llegar del Erasmus- quiso saber Sol.

-Desde Semana Santa- respondí.

-Ahn, que te viniste…

Asentí orgulloso.

-Puesme alegro por vosotros, de verdad- respondió mi amiga- Espero que os vaya muy bien.

-Oye,¿y tú qué?

-¿Yo? Nada de nada. Ya sabes que no soy de novios. Algún rollete pero sin llegar a más.

-Eso es que no has conocido a alguien adecuado- dijo mi chica.

-Exacto. No he conocido a nadie adecuado, en el momento adecuado.

Le expliqué a Alba como me había ayudado Sol cuando me caí con las curas evidentemente evitando la vez que se me puso el huevo negro. Pero cuando ya estábamos preparándonos para levantarnos y recoger las bandejas escuché una voz por detrás:

-¿Luis? ¿Estás aquí?

Me giré y me quedé de piedra…

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