JEIMY ALESSANDRA SÁNCHEZ GALVÁN

Desde el día en que ese tembloroso saco de huesos y carne llegó a la casa, las cosas han sido diferentes para mí.

Fui desterrado a las paredes del inmundo sótano por mi propia familia, condenado a vivir entre las sombras; el intruso me arrebató el derecho de vivir en mi propio condominio. Se le instaló su TV, y en una silla mecedora fue como proclamó la sala de estar como suya; con esas huesudas manos y boca sin dientes comió cada trozo de pollo que le fue servido en la cena, dándome a mí lo que sobraba de su plato.

Fueron semanas de insomnio las que pasé, contando cada segundo de mi miserable vida, contemplaba con nostalgia el control de la televisión siendo sujetado con desinterés, emitiendo un programa antiguo de cocina que, hacía dirigir la mirada a otro lado, pero no para el intruso, éste disfrutaba de la agonía, del aburrimiento y de tejer en su silla. A veces, veía al intruso divagar por los pasillos de la casa, analizando cada cuadro y  esquina; era ahí cuando pensé que la locura la había poseído, pero tarde o temprano regresaba en sí y se sentaba en su silla a disfrutar del vacío de la habitación, respirando con dificultad y de vez en cuando, soltaba uno que otro quejido.

El día en el que partió fue cuando pude regresar a la superficie; pensé que la felicidad llegaría de nuevo a mí, pero no fue así, su presencia había dejado por toda la casa un notable aroma a hospital y pastillas, junto con él, la sensación de tristeza y nostalgia.

 Fue esa misma noche que, sintiéndome culpable por mis pensamientos egoístas, deseé con todas mis fuerzas que volviera, aún sabiendo cuanto me molestaba, incluso llegué a derramar unas cuantas lágrimas, recordé el día en el que fui lanzado al sótano, ella me visitó, trajo consigo unas sábanas y me cobijó para que el frío no lograra penetrarme, sus chamuscados labios dieron un dulce beso en mi mejilla, y se retiró sin decir una sola palabra, ahora que extrañaba su presencia, me doy cuenta de que también extraño su beso de buenas noches, y su rara manera de expresar su amor hacia mí.

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