AKUARIES

5.

Cuando salió de la casa de sus amigos, paró en una tienda que vendía comida para llevar. Un poco más tarde estaba llamando a la puerta del piso de su amiga ‘especial’. La abrió ella, Pablo se sorprendió, iba vestida como si estuviera a punto de salir.

-¿Ibas a salir? Lo siento, tenía que haberte avisado, es que… he pasado a comprar algunas cosas.- Levantó la bolsa con la comida para que la viese.- Pero no te preocupes, me voy a mi casa, nos vemos…

Pablo empezaba a caminar por el pasillo, parándose delante del ascensor.

-Pablo, espera.- Levantaba la voz su amiga.

Se giró mirándola, que guapa estaba en medio de aquel pasillo, bien peinada, con un recogido que le sentaba fenomenal, una blusita muy fina que se le podía adivinar el sujetador, sujetándole dos buenas tetas, unas tetas preciosas. Lo acompañaba con una mini falda a juego, madre mía que piernas y que culo le hacía, pensaba él.

-Puedes quedarte, podemos cenar aquí, no pasa nada, me he vestido para salir a cenar, me estaba aburriendo en casa.- Se excusaba la amiga.

Pablo suspiró, dio unos cuantos pasos, se abrazó a ella y entraron agarrados por la cintura en su apartamento.

-Te he visto vestida tan guapa, que he pensado que…

-No pienses tanto guapo.

-No sé si es normal salir sola tan bien vestida.

-Claro, si te parece saldré como una pordiosera, desde luego chaval.

Se acercó a él y pasándole las manos por la cintura lo besó, un beso cálido en los labios, él la estrechó contra su pecho abrazándola, así se quedaron un momento.

Pablo no quería reconocer sus sentimientos, siempre pensó que ella era libre de hacer lo que quisiera. Pero aquella noche, verla vestida así a punto de salir de su apartamento, creyó que había quedado con alguien, una cita con un hombre. Que aquella preciosidad de mujer tuviera una cita, nada raro por otra parte, cualquier hombre se daría con un canto en los dientes por cenar con ella, pensó y le afectó. Por primera vez pensó que otro hombre podía disfrutar de su compañía y de su cuerpo ¿Porqué no? Algo se le removió dentro, algo que no sabía muy bien que era, sí que lo sabía sí, estaba clarísimo, le habían invadido los celos.

Sus manos bajaron por la espalda lentamente, hasta agarrarle el culo, ella le miró a los ojos con una sonrisilla, sabía perfectamente lo que pasaría. Pablo la levantó en volandas, con paso firme la llevó hasta la habitación, depositándola suavemente encima del lecho, se arrodilló en los pies de la cama, le metió las manos por debajo de la faldita y de un tirón le bajó las bragas, su amiga suspiró cerrando los ojos, él estiró de ella para acercarle el culo al borde de la cama. Metió la cara entre sus muslos y la lengua en su coño, ella gimió de la impresión dándole un latigazo el cuerpo, puso una mano por instinto encima de la cabeza de Pablo, con la otra agarraba con fuerza la sábana. Pablo le estuvo comiendo a conciencia el chumino, consiguió que se corriera una vez, aquel cuerpazo se retocía encima de la cama, se agarraba a la sábana con tanta fuerza que los nudillos los tenía blancos, con la otra mano le estrujaba el pelo de la cabeza. Pablo siguió lamiendo, chupando y succionando, a ella se le iba la cabeza de tanto placer. Estaba a apunto de volver a correrse cuando Pablo se levantó, se bajó los pantalones y la ropa interior, se estiró encima de ella y la empotró contra la cama de un pollazo duro y seco, el grito de la chica fue tremendo.

-¿Te gusta así?- Preguntaba un excitado Pablo, hablándole al oído a su amante.

-Ya sabes que me encanta, sigue, sigue, que me tienes a punto otra vez.

Pablo levantaba el culo, para volver a penetrarla de un golpe seco, ella gemía y gritaba, él seguía un ritmo lento pero duro, la chica le agarraba la espalda, metiéndole la mano por debajo de la camisa, él le acariciaba con cariño la carita desencajada del gusto.

Ahí estaban los dos, encima de la cama, ella vestida para salir, con las piernas abiertas y sin bragas, él, con los pantalones y ropa interior por debajo de las rodillas, encima de ella, follándola a buen ritmo, sintiendo que su coño estaba totalmente mojado y dilatado, en cada empuje oía el chapoteo de la polla con la humedad de su vagina. Aquellos gritos, aquellos ojos girándose, poniéndose en blanco, el cuerpo que se le retorcía, todos los indicios de que ella se volvía a correr de gusto. Le agarró con más fuerza la espalda, de su boca salieron varios gemidos seguidos, la humedad del coño era extrema, estaba claro que se había vuelto a correr. Pablo le besó la carita.

-¿Te he dicho que estás preciosa?- Le susurraba Pablo al oído.

Ella le miró sorprendida.

-Pues no, no es muy normal en ti decirme cositas bonitas.- Respondía ella.

Pablo le sonrió, era verdad, en su estúpida idea de que solo eran amigos, nunca le decía nada bonito, para que ella no se hiciera ilusiones de tener una relación más seria o algo así.

Se puso de pie fuera de la cama, la agarró por las caderas y la giró, poniéndola a cuatro patas delante de él, le apartó la faldita que le había caído encima del culo, se agarró la polla, la apuntó, y de un golpe seco la volvió a penetrar hasta el fondo. Otro grito de placer extremo de ella, otra vez los puños se cerraron agarrando las sabanas. Desde atrás, Pablo podía darle toda la velocidad y dureza a la follada que quería, le miraba su precioso culo, veía como su polla, tiesa a punto de reventar, entraba y salía de su coño chapoteando con sus flujos vaginales. Ella gemía y gritaba, él resoplaba, gruñía y gemía, sus manos, agarradas a sus caderas, notaban las convulsiones del cuerpo de la chica, volviéndose a correr. Pablo cerró los ojos, simplemente se relajó, dejó que por la boca se escapara el aire, gritando, gimiendo, como fuera. Dejó que de su interior saliera el semen a cañonazos. El ritmo de su cintura dándole golpes al culo de su amante disminuyó, poco a poco perdía el ritmo, en cada penetrada soltaba un lechazo. El semen se juntaba con sus flujos, como si no quisiera dejar de sentir aquel tremendo placer, la polla se le mantenía tiesa, cada vez que entraba en la vagina, presionaba los fluidos y salían disparadas unas gotas. Eso excitaba más a Pablo sin dejar que la polla se le bajase.

Finalmente ella se dejó caer en la cama boca abajo, él se puso a su lado, le dio un beso en la mejilla, ella se lo devolvió en los labios.

-Si llego a saber que te pones así, me pongo guapa antes, que polvazo hijo mio.- Le decía con voz cansada medio de cachondeo.

-La verdad es que pocas veces te había visto vestida así.

-Pocas no, ninguna.

Confirmaba ella, a la vez que le acariciaba el pelo a Pablo. Se sonrieron, ella bajó la mano y le agarró la polla, para su sorpresa seguía tremendamente dura, la fue pajeando.

-¿Y a ti que te pasa? Esto no ha bajado, sigue tiesa.

-También es por culpa de vestirte así.- Bromeaba Pablo.

Ella enganchó sus labios a los de Pablo besándolo, la mano aceleró la paja. Él le metió dos dedos en el coño mojándolos, seguidamente le buscó el agujerito del culo, lubricándolo. Ella suspiró y aceleró la paja, él volvía a gemir de gusto. Esa mujer lo conocía perfectamente, sabía como excitarlo, como llevarlo al orgasmo, fuera con una follada o una buena paja.

Cuando Pablo notó que los dedos se los podía meter en el culito, se levantó, se quitó la ropa, y ante la atenta mirada de su amante se fue dejando caer encima de ella. Se agarró la polla, lentamente colocó la punta en la entrada del culo, y fue apretando con suavidad. Después de un par de intentos, el capullo venció la resistencia introduciéndose, ella gimió, señal para Pablo que todo estaba bien, apretó un poco más y lentamentes se la introdujo hasta el final, hasta que apoyó su cuerpo encima del de ella, hasta que bajándo la cintura apretaba lo que podía, le gustaba a Pablo sentir toda la polla sodomizándola. Ella le miraba de reojo con una sonrisilla, sabía que a él le encantaba, y a ella una vez bien lubricado y dilatado no le molestaba, al revés, notaba un cierto placer de sentirlo en su interior y verle tan excitado.

-¿Te gusta?- Le preguntaba inocentemente ella sabiendo la respuesta.

-Me vuelve loco, ya lo sabes.

-Ya sé que te gusta hacerme esto sinvergüenza, lléname el culito de leche, que sé que te gusta mirar después, ver el agujerito dilatado y saliendo la leche cayendo por el coño.- Le provocaba ella, sabiendo que así se correría rápidamente.

-Cállate que me corro…

Ella escondió la cara en la sabana, se reía de haberlo conseguido una vez más. Él se movía encima de su culo gimiendo, rugiendo y gritando de gusto, mientras se corría llenándole el culo de semen.

Pablo se salió de encima, ella se abrió el culo separándose las nalgas, tenía el agujerito dilatado y tal como le anunció, un chorrito de semen salió bajando hasta el coño. A él se le salían los ojos de las cuencas, como le gustaba ver aquello.

-Ves a ducharte anda, ahora voy yo.

Le pidió ella mientras se soltaba las nalgas, recuperando su posición el culo. Pablo se metió en la ducha, ella se desnudó y estiró de la ropa de la cama quitándola, hizo una bola con toda la ropa y la dejó en un lado para recogerla más tarde.

Pablo se estaba enjabonando el pelo cuando entró su amante en la ducha, le pasó los brazos por la espalda enganchando la cabeza en su pecho, él la estrechó besándole la cabeza.

-Últimamente, en la cama estás que te sales.- Decía ella mientras le besaba el pecho.

-Será que tú me motivas.- Reía él.

-Creo que me voy a vestir siempre como hoy.

-Pocas veces te he visto con esa ropa.

-¡Hombre! Llévame a cenar fuera y me verás.

-Hoy mismo podemos ir.- Respondía Pablo rápidamente, demostrándole que no tenía ningún problema en salir con ella.

Lo cierto, y Pablo lo sabía, es que siempre se encontraban en su apartamento. En contadas ocasiones salían a tomar alguna copa, a cenar no lo habían hecho nunca.

-Hoy no, cenaremos aquí lo que has traído. Además, después del meneo que me has dado estoy cansada. Ves preparándolo mientras me ducho y me visto, por favor.- Le pedía a Pablo.

Salió de la ducha, se vistió, y entró en la cocina calentando la cena, mientras preparó la mesa, dejándolo todo a punto para cuando saliera su chica. Ella después de la ducha, se puso unas bragas limpias y una camiseta, era como le gustaba estar por su casa. Recogió la ropa sucia y antes de sentarse a cenar, la metió en la lavadora.

Una noche más disfrutaron de una bonita velada, buena conversación, muchas risas y complicidad.

-¿A que hora te vas a ir hoy?- Le soltó ella de golpe, cuando estaban tomando una copa después de cenar.

-A la que tú quieras.- Contestó él sin inmutarse.

Risueña y contenta por la respuesta, le dio un beso en la mejilla.

-Mañana, después de desayunar.- Le susurró al oído.

-Será un placer pasar la noche contigo.

Ella volvió a sonreir, apoyando la cabeza en el hombro de Pablo. Muy pocas veces habían compartido cama por la noche, alguna ocasión en que su hija se había ido de fin de semana. Últimamente, como trabajaba no se marchaba, así que hacía mucho tiempo que no dormían juntos. Ella estaba contenta y Pablo lo sabía, él calculaba que su hija dormiría toda la mañana, tenía tiempo de llegar sin que ella se diera cuenta que no había dormido en la casa. Así aprovechaba para darle una alegría a aquella mujer, que era tan dulce y amorosa con él.

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