ALMUTAMID

La segunda paja consiguió que me quedara dormido con la polla algo escocida y los huevos completamente vacíos. Me levanté algo más tarde de lo que tenía previsto. Cuando salí a desayunar me encontré la puerta de la habitación de Astrid cerrada. No sé si estaba dentro o había salido.

En realidad no sé si fue casual o ambos nos estuvimos evitando todo el día. Yo tenía que cerrar flecos en la facultad. De hecho fui a hablar con el profesor de la asignatura que me faltaba por saber por si de casualidad me iba ya con todas las notas sabidas. Estaba en su despacho. Me atendió amablemente pero me dijo que tendría que esperar a que publicara todas las calificaciones. Aun así tuvo el detalle de mirar mis trabajos y el resultado de un examen intermedio y me comentó que con mi nivel difícilmente suspendería. Agradecido me fui a la agencia de viajes.

Como no tenía claro cuando volver me había atrasado a la hora de reservarme el vuelo de regreso a casa. Los vuelos directos estaban a precios disparatados y los baratos por internet me obligaban a hacer un tour por media Europa de unas 9 horas. Iba a intentar antes de reservar ver si en la agencia me encontraban algo mejor que lo que había en internet.

Efectivamente en la agencia me dieron más opciones. Aunque tendría que hacer escala sería menos tiempo. El problema es que la mejor opción salía al día siguiente adelantando un día me regreso. No me lo pensé. La charla con el profesor me había tranquilizado bastante. La parte académica de mi plan se iba cumpliendo. La menos académica había corrido un serio peligro la noche anterior pero también se iba cumpliendo. Cuanto antes me fuera más seguridad.

Al final compré un itinerario con el que no había contado yo al buscar por internet. Tomaría un tren a Düsseldorf, allí un breve vuelo a Frankfurt que enlazaba con uno directo a mi ciudad con una escala de sólo dos horas. Otra opción que me daban era Bruselas a Londres, y de allí a mi ciudad, pero me obligaba a madrugar demasiado para después llegar demasiado tarde. No me apetecía pasarme toda una mañana en el aeropuerto de Luton.

Con los billetes en la mano me fui a almorzar. Ahí pude pensar. ¿Qué me había pasado con Astrid? No estaba enamorado de ella. De hecho no me imaginaba una relación con ella. Por otra parte era evidente que me gustaba su cuerpo. ¿A quién no? Pero mientras me comía un sándwich sentado al sol con una cerveza miraba pasar por la calle a otras chicas vestidas con sus ropas veraniegas y con la costumbre de no usar sujetador bastante follables.

No tenía la necesidad de hacerlo y sentirme mal. Si precisamente nuestro éxito había sido la amistad ¿por qué confundirlo al final con algo diferente? Me reí yo solo escuchando en mi cabeza la voz de Mireia diciéndome:

“La monogamia es el máximo ejemplo de heteropatriarcado. La exclusividad en las relaciones sexuales basadas en instituciones como el matrimonio sólo buscan asegurar que la prole lleva la carga genética del macho….

…el amor romántico es una invención de las elites dominantes burguesas y eclesiales para someter la hembra al macho condenándola a relaciones sexuales de exclusividad con el macho dominante…”

Me sonreí, pues sin necesidad de discutir con ella yo mismo me daba la respuesta. No. Yo no quería dominar a Alba. No quería la exclusividad de relaciones sexuales para asegurarme que mi prole llevara mis genes y me importaban un carajo las élites dominantes. Quería a Alba porque sentía que era mi compañera. Dos almas iguales con cuerpos diferentes que se atraían como los polos de un imán y que se recargaban de energía como una batería. ¿Merecía la pena romper ese vínculo por una noche de sexo con una chica, estupenda sí, pero que quizá no volvería a ver en mi vida?.

Que sí, que nadie se iba a enterar. Pues claro que alguien se iba a enterar. Lo sabría yo. Y con mi bagaje era suficiente. Mi relación con Claudia se derrumbó por la mentira y desde luego no iba a construir mi relación con Alba desde la mentira. Que me tenía que hacer otra paja esa noche para no caer en la tentación. Antes de conocer a Viqui habían caído muchas pajas. Desde los 15 a los 18 habían caído dos o tres a la semana. Por hacerme alguna más tampoco pasaba nada.

Claro, el problema es que llevaba sin meter el churro en caliente desde marzo. Y no sabía cuando se decidiría mi chica. Pues habría que aguantar. La vida está llena de esfuerzos. Tampoco era tan terrible que las pajas en vez de hacérmelas yo me las hiciera mi preciosa Alba. Lo tenía claro. No iba a estropear un futuro prometedor por un polvo. Ya no.

Porque la disyuntiva era sencilla: lamentarme por lo hecho o por lo no hecho. Y al poner ambas circunstancias en la balanza ganaba la primera. Así que no iba a lamentarme. Claro que esas cosas se piensan mucho mejor sentado en una terraza comiéndose un sándwich que viendo a la diosa vikinga semidesnuda en su habitación.

Tan seguro estaba de mi decisión que llamé a mi novia para avisarla de que llegaba un día antes. Se pudo muy contenta. Al día siguiente nos veríamos. Después avisé a mis padres. Mi madre también se puso contenta.

Regresé a la residencia pasando antes a avisar a la encargada de la residencia. Me explicó donde dejar las llaves pues al día siguiente saldría temprano. La estación de Lieja estaba en el extremo sur de la ciudad e iría cargado con una maleta grande y dos mochilas.

Subí a la habitación a hacer las maletas. Al rato apareció Astrid preparada para correr. Venía a buscarme. Le expliqué que no podía pues me iba al día siguiente. Me pareció percibir cierta decepción en su rostro. Pero quedamos en que nos veríamos después para cenar juntos y despedirnos.

Terminé de hacer las maletas dejando fuera la ropa del día siguiente, el neceser y la toalla que iba a usar esa tarde para ducharme. Me fui a las duchas. Estaban vacías. Ya no había aquel incesante movimiento de estudiantes en los lavabos, duchas o retretes. Terminé de ducharme y aproveché para afeitarme. Quería llegar aseado al día siguiente. Mientras me afeitaba apareció Astrid sudorosa.

-¡Hola! Que bien que estés aquí…-me dijo soltando la toalla en una de las perchas que había a las puertas de cada ducha.

Se puso a desnudarse tranquilamente mientras me comentaba con naturalidad lo que había visto en el parque donde solíamos ir a hacer ejercicio. Yo estaba de espaldas pero a través del espejo pude ver perfectamente como liberaba sus tetas al quitarse el sujetador deportivo y a como efectivamente no llevaba bragas debajo de su short deportivo. No sé si porque yo estaba de espaldas, o porque le daba igual, o incluso si buscaba provocarme, pero totalmente desnuda permitiéndome comprobar como su vientre resbalaba a través de un pubis totalmente pelón que se perdía entre sus muslos. La distancia me impedía ver su raja aunque mi mente dibujó unos labios carnosos y apretados.

Afortunadamente se metió en la ducha. Yo aproveché para terminar de afeitarme y subir a mi dormitorio. Mi polla morcillona debía marcarse en la toalla mientras subía las escaleras pero por fortuna no me crucé con nadie. Mientras me ponía los calzoncillos y acariciándome la churra tuve una visión momentánea en la que me imaginaba encajado entre sus piernas. Fue breve pues el remordimiento hizo que la apartara rápidamente de mis pensamientos.

Me vestí pues pensaba cenar algo en algún kebab o shawarma en la calle pues ya no me quedaba comida en la nevera. Entonces apareció la sueca vestida con unas calzonas de atletismo hasta su cintura que dejaban que sus largas piernas quedaran libres casi desde la cadera, y una camiseta recortada que mostraba su barriguita plana y en la que no era difícil imaginar que si levantaba los brazos quedarían a la vista sus hermosos pechos libres como siempre. ¿Realmente las mujeres no son conscientes de lo que provocan con esa ropa? ¿Me estaba provocando Astrid? ¿O simplemente era una vestimenta realmente cómoda para ella y era mi mente caliente la que veía sexualidad donde en realidad sólo había comodidad?

-¿Qué cenamos?- me preguntó.

-Había pensado salir fuera. No me queda comida.

-Me parece muy bien. Dame un segundo que me cambio.

-Claro…te espero abajo.

-Vale…

Se fue a su cuarto a cambiarse mientras yo buscaba mi cartera y las llaves. Al pasar por el descansillo entre su puerta y la mía vi que estaba abierta. Al mirar dentro vi a mi amiga en bragas buscando en el armario. Demasiado ya para este cuerpo. Bajé las escaleras como alma que lleva el diablo. En la primera planta me encontré con Yousef. Aproveché para despedirme de él, que había sido tan amable conmigo los primeros días. Mientras nos despedíamos llegó Astrid con una camiseta escotada y unos vaqueros. Se saludaron afectuosamente y yo me despedí de él.

Cenamos en un kebab cercano tomando unas cervezas mientras recordábamos anécdotas pasadas juntos y algún cotilleo de la residencia. Fue una charla amena y divertida donde de nuevo primaba la amistad por encima de cualquier otro comportamiento, a pesar de que en ocasiones mis ojos no podían evitar darse un paseo por el generoso escote de la sueca.

Cuando regresábamos le agradecí la compañía dejando clara mi idea de amistad con ella:

-Me alegro mucho de haber cenado contigo esta noche. Eres la mejor amiga que he tenido aquí y tras los buenos ratos pasados juntos no se me ocurría mejor forma de despedirme de este sitio que cenando algo contigo.

-Yo me alegro mucho de haberte conocido también, Luis. He aprendido mucho contigo pero no podemos despedirnos sin beber algo juntos antes de acostarte.

-No me emborraches que mañana madrugo…

-No, jajajaja. Sólo una copa. Un último brindis.

Al llegar a los dormitorios Astrid entró en el suyo del que regresó al minuto hasta el mío con una botella de Vodka Absolut y dos vasos. Sirvió generosamente y me acercó el vaso. Brindamos:

-Rostat bröd¡-dijo al chocar nuestros vasos mientras yo en castellano le respondía:

-¡Salud!

-För vännskap- añadió.

-¿Que significa?

-Por la amistad.

-Por la amistad- repetí en castellano chocando de nuevo los vasos mirándola a los ojos- En España- continué en inglés- decimos que si no miras a los ojos mientras brindas tendrás 7 años de mal sexo…

No había terminado de decir la frase cuando ya me estaba arrepintiendo. Joder, que se va a pensar que quieres tema. Pero con una sonrisa divertida Astrid volvió a chocar su vaso contra el mío diciendo:

-Ay no, eso no, jajajaja…

A mí me dio la risa tonta pero por otro motivo. Casi estuve a punto de cerrar los ojos al brindar de nuevo pensando “con Alba quien sabe si vas a tener sexo, a lo mejor no te vendría mal tenerlo aunque fuese malo…”. Pero de inmediato aparté el pensamiento.

Nos tomamos la copa y nos quedamos en silencio mirándonos. No sé que esperaba ella pero yo tenía muy claro lo que no iba a pasar. Dos cervezas y un chupito de vodka no iban a nublarme tanto la mente. Así que encogiéndome de hombros le dije:

-Bueno, me tengo que acostar. Mañana tengo un día muy largo.

-¿No quieres otra copa?

-Lo siento. No quiero perder el tren.

Astrid me dio un abrazo muy fuerte al que esta vez respondí sin titubeos mientras me decía:

-Luis de España, espero que seas muy feliz y te vaya muy bien en la vida.

-Astrid de Suecia, gracias por haber sido tan buena amiga todo este tiempo.

Le besé la mejilla separándome de ella y me preguntó:

-En España ¿no dais dos besos?

-Cuando saludas sí, pero uno significa verdadero cariño.

Sus ojos azules se llenaron de emoción mientras una sonrisa melancólica atravesaba su rostro. Me besó la mejilla y se retiró a su dormitorio. Me desnudé y me metí en la cama tras programar el despertador. Tenía sueño por lo poco dormido la noche anterior. Pero me había acostado satisfecho. No hacía más que repetirme:

-Luis, has hecho lo que tenías que hacer.

Al fin el sueño me venció. Se acababa mi estancia Erasmus. Otra vida nueva me esperaba. Pero ya no en ninguna residencia.

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