ALBERTO MORENO

Mateo, por la ventana de su cuarto, divisaba los potentes rayos del sol y el color azul del cielo, estaba haciendo los “deberes” del colegio. 

  • ¡Ya me queda poco!, ¡Cuando termine voy a montar en bicicleta, hasta la hora de almorzar!

Estaba culminando un trabajo de redacción y encontró la palabra «cúmulo«, que no conocía.

  • ¿Papa, que significa cúmulo?. El padre le aclaro su duda.
  • ¡Son nubes blancas redondas, parecen una coliflor, anuncian buen tiempo!.

Continúo su trabajo.

Por el cristal de su ventana, miraba el cielo para concentrarse. De pronto apareció a lo lejos una gigantesca nube blanca.

  • ¿Sera un «cumulo»?, dijo para sí.

No pudo evitar seguir mirándolo. 

Avanzaba, se acercaba lentamente. De pronto comprobó que se había desprendido un  trozo más pequeño y que este se dirigía a su ventana, la madre cumulo, la gigantesca, se alejaba.

  • ¡Viene hacia mi ventana!,  ¡parece algodón, ¡me gustaría tocarlo!.

El trozo del cumulo ya tocaba el tejado de la casa de Mateo. Bajó unos metros y se colocó justo delante de la ventana.

Mateo, al mirarlo fijamente, le pareció ver  un asiento en su interior. La nube estaba cambiando su forma, poco a poco parecía un rostro humano de niño.

  • ¡Joper!, ¡Como mola!.
  • ¡Hola Mateo!, ¿Quieres dar un paseo por el espacio!, ¡te acoplas en la silla «isofix» que llevo y podemos viajar sin peligro!.

¡Soy un cumulo recién nacido, mi madre me ha dicho que puedo ya navegar solo! 

  • ¡Vale!, exclamo Mateo, ¿A dónde vamos?.
  • ¡Podemos ir a la región de los asteroides, allí hay siete planetas muy pequeños, pero muy divertidos!.
  • ¿Entonces, veremos al Principito?, pregunto Mateo.
  • ¡Si!, ¡Estará en alguno de ellos!.

Mateo, se anudo los cordones de sus zapatos, se colocó su gorro de beisbol, y exclamo:

  • ¡Vamos!.

Abrió el cristal de la ventana, el «cumulo» introdujo medio cuerpo dentro y Mateo se acomodó en la silla «isofix», se abrocho el cinturón y repitió la orden:

  • ¡Vamos!.

En breves minutos ya estaban navegando en el espacio, Mateo sentía en su rostro un suave y cálido viento que le acariciaba la cara. El tejado de su casa se fue haciendo pequeño a medida que el «cúmulo» blanco se alejaba.

  • ¿Cómo te llamas?, le pregunto Mateo.
  • ¡Todavía no tengo nombre, he nacido hace escasos momentos!
  • ¿Te importa que te llame Manon?.
  • ¡Me gusta el nombre!, yo me llamo Manon y tu Mateo!, ¡ja ja!.

Manon, estaba cambiando otra vez su forma:

  • ¡Para navegar más rápido voy a tomar forma de avión!.

El «cumulo», ya no era redondo como una coliflor, era alargado y le habían salido dos alas a los lados, parecía un águila más que un aeroplano.

El viaje permitía ver a las estrellas dormidas, ellas solo están despiertas en la noche. Durante el dia duermen.

Algunas emitían pequeños ronquidos, dormían plácidamente, puede que estuvieran soñando.

  • ¿Manon, las estrellas sueñan?, pregunto Mateo.
  • ¡Si!, ¡les gustaría pasear por el mar y jugar con los peces!.
  • ¡Estamos llegando a la región de los asteroides!, ¡Mira allá al fondo!.

Mateo, había cogido sus prismáticos, empezó a contarlos.

  • ¡Uno, dos, tres, cuatro…! conto hasta siete, los más grandes tenían montañas pequeñas de color rojizo.
  • ¡Mira Manon, en aquel hay alguien!, está regando una flor!.
  • ¡Sera el Principito, siempre anda ocupado!.

Manon maniobro, adquirió de nuevo forma  redonda de coliflor y se posó en el suelo del asteroide.

El Principito alzó la vista y miró fijamente a Mateo.

  • ¡Que gorro más chulo tienes!, ¿Para qué sirven esos tubos negros que llevas en la mano?¿Cómo te llamas?.

El Principito no paraba de hacer  preguntas a Mateo, se notaba que estaba muy solo y no hablaba con otros niños.

  • ¡Hola Principito!, yo te conozco, he leído tu libro, yo soy Mateo, si te gusta mi gorro, te lo regalo!.

¡Estos tubos negros son unos prismáticos, sirven para ver las cosas lejanas,toma mira tú!.

El Principito cogió los prismáticos al revés y al mirar no vio nada.

  • ¡No, así no, cógelos por el otro lado!, le inquirió Mateo.

Al colocárselos en sus ojos correctamente, los dirigió al otro asteroide, donde vivía el farolero y lo vio tan cerca que dio un respingo y quiso tocarlo con su mano.

  • ¡Como mola!, exclamó el Principito.

Los dos niños, como viejos amigos se dispusieron a caminar por el asteroide.

Manon, el «cúmulo» blanco, se había acomodado sobre el suelo y parecía una verdadera coliflor a punto de retoñar. Estaba feliz viendo a los dos pequeños hablando de mil cosas.

  • ¿Mateo, donde vives en el planeta tierra?, ¿Qué haces allí?.
  • ¡Vivo en una ciudad muy grande donde hay mucha gente, tengo una hermana que se llama  Angi, y tengo padres!. ¿Y tus padres donde estan?, le pregunto Mateo
  • ¡No conozco a mis padres , pero tengo un tío aviador que a veces me lleva al desierto en su avión. El desierto es un mar de arena, donde hay camellos y serpientes!, ¿Tu sabes dibujar una serpiente? .
  • ¡Si!, contesto Mateo y añadió: Si quieres, puedes venir a mi casa con el avión de tu tío, ¡mi madre te conoce, y podrías quedarte unos días, vendrías a mi cole y conocerías a mis amigos!.

Los dos nuevos amigos empezaron a hacer planes, continuaron visitando el asteroide, el «cumulo» Manon, les llevo a los otros asteroides, El Principito le explicaba a Mateo los secretos de aquellos diminutos astros, que componían su mundo y su día a día.

  • ¡Tengo hambre!, dijo de pronto Mateo, ¿tienes hamburguesas o una pizza cuatro quesos?
  • ¿Eso qué es?, pregunto el Principito.
  • ¡Comida!
  • ¿Y qué bebes aquí?

Al final, el Principito cortó dos manzanas de un árbol que solo tenía frutos y no tenía hojas, le tendió una a Mateo, el «cumulo» Manon, solo se alimentaba de agua.

Así transcurrió la mañana, cuando llego la tarde, Mateo quería volver a casa, no recordaba si había avisado a su madre de la aventura.

  • ¡Debo volver a casa!, ¿quieres venirte?, inquirió Mateo.

El «cumulo» Manon dijo que podía llevarles, y luego traería de vuelta al Principito.

¡Dicho y hecho!, Los dos niños se acomodaron en la silla «isoflix», del «cumulo» y emprendieron el regreso al planeta tierra.

De nuevo la nube cambio su forma, esta vez no parecía un avión, se había transformado en un torpedo, la velocidad seria mayor.

En el espacio, las estrellas seguían dormidas, no despertarían hasta no llegada la oscuridad de la noche. El sol, inclinado, había iniciado su regreso, pronto apagaría sus rayos y se retiraría a descansar.

Divisaron al gran «Cumulo», compuesto por los padres de Manon, al cruzarse en sus rutas, se saludaron, el gran «cumulo se alejaba y Manon se acercaba a la tierra.

  • ¡Cuidate Manon, hoy, el tiempo en la tierra es frio, llueve y truena!, le advirtió su madre.

Mateo, reconoció el tejado de su casa, le dio instrucciones a Manon, para que se posara en su ventana, Mateo comprobó que la ventana estaba abierta, seria fácil entrar en su cuarto.

Primero entró él, después el Principito, desabrocho el cinturón de la «isoflix» y de un salto se deslizo en el cuarto de Mateo.

  • ¡Vendré todas las mañanas a veros!, dijo Manon. Emprendió el regreso al espacio.
  • ¡Como mola tu cuarto Mateo!, el Principito estaba impresionado al ver tantos juguetes.
  • ¡Ven, voy a presentarte a mis padres y a mi hermana. 

Dicho y hecho, Mateo condujo al Principito al salón de su casa donde estaban sus padres y su hermana.

Hizo las presentaciones. Angela, se acerco al Principito y le toco su capa. ¡Oye, Principito!, ¡Esto que reluce en tu capa son las hijas pequeñas de las estrellas o son diamantes?.

El Principito, cogio la mano de Angela y la acerco a su capa. ¡Toca, toca, están calientes, pero no queman, son estrellas bebes, recién nacidas, debo enseñarles a leer y escribir y especialmente a viajar por el espacio, sus padres estrellas han muerto y son huérfanas!.

Angela las toco con sumo cuidado y añadio: ¿Tienen nombre?, el Principito no supo contestar, se tomo unos segundos y al final dijo que podían bautizarlas a todas y buscarles un nombre.

Mateo, Angela y el Principito, comenzaron a recordar y buscar nombres.

Angela, volvió a la carga: ¡¿Son niñas o niños?, el Principito, trago saliva y tuvo que darse por vencido,¡No lo se, pero todas las estrellas son madres!.

Los tres, sentados en el suelo del salón, mientras el cumulo blanco esperaba en la ventana y los padres de Mateo y Angela comenzaban a preparar la comida, ellos buscaban y escribían una lista de nombres para las cincuenta diminutas estrellas que relucían en la túnica del Principito.

Mateo tuvo una idea, ¡vamos a buscar en mi ordenador  nombres de chica. Abrio la pantalla,  se conecto y una lista vertical aparecio ordenada alfabéticamente.

Los tres fueron eligiendo nombres, Mateo los anotaba en un folio . Cuando tuvieron cincuenta, Angela dijo ¡Ahora los repartimos!.

Fue muy divertido, al final todas las estrellas tenían nombre.

Angela, con la lista iba leyendo los nombres a la par que señalaba cada una de las estrellas.

¿Me puedes regalar una?. El Principito, con los dedos desprendio una y se la tendio a Angela.

¡Toma, es la que se llama como tu!.

¡Ahora debo regresar a mi pequeño asteroide, debo regar las plantas y encender las farolas, el farolero esta enfermo y debo ayudarle!.

Mateo le regalo su linterna. ¡Toma, por si llegas tarde!, ¡Con este botón la enciendes o la apagas!.

El Principito se subio en el cumulo que le esperaba en la ventana del dormitorio de Mateo, se despidió y emprendio el regreso.

Al dia siguiente, Angela  llevo  la estrella a su colegio, la guardo en la mochila para no perderla.

Por el camino la tocaba con su mano y pensaba como contarles a los niños la historia de la estrella.

¡Mamá!, su madre la llevaba al colegio.

¡Mamá, ¿Van a creer los niños que El Principito ha venido a casa, y que Mateo ha viajado en la nube aeroplano a su asteroide pequeño, donde vive?.

-¡Claro, te creeran, es verdad, y la estrella que te ha regalado la llevas en la mochila!.

Angela se convenció.

Entro en la clase, dio los buenos días y ocupo su pupitre que compartia con su amiga  Sara.

¡Hoy vamos a contar historias!, dijo la “Seño”.

¡Vamos a ver, que nos cuenta Angela!.

Angela, se puso de pie, abrió el macuto, cogio la estrella y  mostrándola a toda la clase dijo:

¡Veis esta estrella, me la ha regalado El Principito, es amigo de Mateo, ha venido a mi casa volando en un cumulo blanco! ¡Puedo decirle que venga a nuestra clase y os regale estrellas de su capa! ¡El no tiene amigos en el asteroide que vive!.

La “Seño” y toda la clase se quedaron boquiabiertos, miraban a Angela sin dar crédito a lo que había contado.

Angela continuo. ¡Su capa tiene 52 estrellas y tiene una barita mágica que hace magia!, ¡La nube blan ca que le trajo se llama Manon y tiene un asiento con cinturones para viajar y no caerse en el espacio!.

Nadie sabia que decir, finalmente todos querían tocar la estrella, esta fue pasando de mano en mano y al final la “Seño”, al tocarla y ver la luz y el resplandor que desprendia, tragando saliva, consiguió articular  dos palabras:

¡Es verdad!.

La clase no podía concentrarse, no conseguian  hacer los ejercicios, la historia de Angela ocupaba el pensamiento de todos los niños.

Cuando llego la hora de salir, todos querían volver a tocar la estrella.

Al final, se marcharon a sus casas y a Angela la recogio su abuela, que no sabia nada de la historia. Su mama estaba en la oficina.

¡Abuela, tengo en el macuto una estrella del Principito!.

¡Que dices, otra vez con fantasias!.

¡Mira, mira! Y Angela la saco del macuto.

¡Eso no es una estrella, es un culo de vaso o un pedazo de cristal!, ¿Dónde la has encontrado?, le dijo su abuela.

¡Es verdad, abuela, El Principito me la regalo ayer, que vino a casa!.

Cuando llegaron a casa, la abuela le recomendó a sus padres que no le contaran tantas historias, que luego la niña decía tonterías.

Mateo intervino:¡ Abuela es verdad, yo he viajado en el cúmulo Manon al asteroide donde vive el Principito!.

¡Es verdad madre!, dijo el padre de Mateo.

¡Alabado sea Dios!, ¡Alabada sea la Virgen Maria!, la abuela se persigno varias veces y termino diciendo, que todos se habían vuelto majaras, dio media vuelta y se marchó.

El padre de Mateo recomendó no decir nada a la gente. Mejor lo mantenemos entre nosotros, ya veremos después que decimos.

Asi quedo la cosa. Mateo se cogio un berrinche al no poder contar a sus amigos la aventura.

Pero hizo algo mejor, escribió esta historia y se la regalo a su hermana Angela, al año siguiente ella sabría  leer y podría contarla a sus amigos de su clase.

                                  -Fin-                       

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