ISA HDEZ

Vivía abstraída del mundanal ruido cuando lo esperaba,

el amor ciego por el alma de su amado la enaltecía,

adormecida se sumía en el jardín de los sueños y lo llamaba,

con la mirada fija desde el ventanal de su alcoba hasta que amanecía.

Su piel de seda arrebolada se erizaba cuando lo pensaba,

todos los sentimientos de amor inmarcesible al unísono brotaban,

el sonido de las cigarras avivaba las almas cuando coreaban,

y susurraban bajito recordándole cuánta pasión él le profesaba.

La luna se colaba por las rendijas y la iluminaba de madrugada,

parecía una diosa entre la seda de las sábanas rosadas,

las hadas plateadas sobrevolaban alrededor de su almohada,

como si le dejaran mensajes en los versos con estrellas doradas.

Cerraba los ojos cada vez que sus duendes se abrazaban, 

necesitaba gozar de la pasión que su corazón enamorado le transmitía,

sus bocas con sabor a miel reverberaban destellos de poesía,

y, ni el aire tenía espacio para apagar el fuego de sus cuerpos cuando se amaban. ©

Un comentario sobre “Amor ciego  

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