KERANOS

En ese momento iba a preguntarle que qué explicaciones le debía a ella. No era mi novia, no sabía qué le hacía creer que podía venirme así, pero entonces oí como Elena me llamaba desde el baño. Mario se acercó para decirle que estaba hablando con Irene, que ahora saldría. Me quedé callado, mordiéndome la lengua para no liarla, porque, al fin y al cabo, Irene era mi mejor amiga y no quería pelearme con ella, aunque estuviera haciendo méritos para ello.

-Entonces te fuiste a tomar el aire, ¿no?
-Sí.
-Y lo tomaste bien, ¿no?
-Irene no sé a dónde quieres ir a parar…
-¿No tienes que contarme nada?
-Pues ahora mismo no caigo, la verdad.
-¿Qué hiciste exactamente?
-Pues dar una vuelta por la playa y luego bañarme.
-¿Desnudo?
-Eh… Sí.
-¿En serio?
-Sí, ¿por?
-¿Y fue antes, después, o mientras estabas con Bea?

Me quedé callado, mirándola fijamente, intentando no ponerme nervioso para que no pensara cosas que no son.

-Anoche cuando acabamos y Mario se quedó dormido hablamos un poco y me dijo que se encontró a un chico en la playa, muy guapete y tal. Que era muy tarde, que sí estuvieron hablando…
-Claro, porque la playa es muy pequeña, ¿no? Y esta ciudad está desierta.
-Mira, Javi… No soy tonta, ¿vale? Creo que lo sabes de sobra y ese silencio que has hecho me ha dado la razón, así que no te escaquees.
-¿Y qué si me la encontré?
-Pues que me parece muy fuerte, la verdad. Actuando como si no os conocierais de nada cuando nos la encontramos al día siguiente y empezamos a hablar con ella. Y qué casualidad que nos la encontráramos, ¿no?
-¿Me quieres decir algo?
-¿Me lo quieres decir tú?
-Irene… -dije después de un suspiro- ¿Quieres saber si me la he follado? ¿Es eso lo que quieres saber? ¿Quieres saber si le he puesto los cuernos a Elena?
-Sí.
-¿Crees que sería capaz? ¿De verdad lo piensas? Irene, he perdido la cuenta de las veces que te he podido follar y no lo he hecho, han sido muchas y lo he tenido muy fácil, pero no he hecho absolutamente nada, por mucho que tú quisieras y te empeñaras.

Me di la vuelta, yendo hacia la puerta, pero Irene me detuvo, tirando muy fuerte de mi brazo para que la mirara.

-Yo nunca le haría eso a Elena. Es como una hermana para mí, ¿me oyes? (dijo de manera muy seria, con su voz algo alterada y sus ojos vidriosos, temblorosos)

Me zafé de ella agitando el brazo con aire, dándome la vuelta para salir de la habitación, pero me detuvo de nuevo agarrándome fuertemente de la muñeca, esta vez sin darme la vuelta.

-Si pregunta algo dile que te he descrito la noche que hemos pasado con Bea.

De nuevo me zafé de su agarre, cogiendo el pomo de la puerta para abrir y salir de allí, dirección al salón. Por el camino intenté calmarme y que no se me notara el cabreo que llevaba encima por la conversación que acababa de tener con Irene. Cuando llegué al salón estaban Elena y Mario hablando.

E: ¿Qué pasa?
J: Nada.
E: Secretitos… A ver si me voy a poner celosa… Es broma, jejeje.
J: No es nada, mi vida. (dije dándole un beso en la cabeza mientras la abrazaba por detrás)
I: Nada, le estaba contando como fue anoche con Bea… (dijo tras un par de segundos una vez apareció y se reunió con nosotros)

Mario miró extrañado a Irene y luego a mí, aunque sin hacer ningún comentario.

E: Ah… ¿Y qué tal?
I: Muy bien, luego te cuento.
J: No, que me la perviertes con lo mal pensada que eres… (dije mientras le daba la vuelta a Elena para abrazarla bien)

Cuando dije eso no miraré a Irene, aunque si a Mario, viendo que hacía de nuevo una mueca de extrañarse. Después sí que miré a Irene, quien tenía una expresión seria con un ligero tonto que denotaba tristeza. Elena se rio y me abrazó con fuerza, acariciándome la espalda, pasando a mi culo para pellizcarlo y amasarlo.

M: Bueno, hay que preparar las maletas y recoger un poco, que después de comer nos vamos, ¿no?
I: Sí, vamos a la habitación y recogemos y eso, Mario.

Elena y yo los quedamos en el salón, con ella abrazada a mí, hasta que de repente me cogió de la mano para llevarme a la habitación. Cuando cerro lanzó una risita y me miró.

-Bueno, vamos a recoger y hacemos la maleta, ¿no?
-Sí… Aunque podríamos jugar… (dijo con voz de niña buena)
-¿Quieres jugar?
-Ajammm… Si por eso te he llamado, porque estaba cachondilla y quería aprovechar en la ducha.
-Ah, ¿sí?
-Sí, pero como estabas ocupado… Pues no me ha quedado otra y me he tenido que tocar un poquito.
-¡Anda!
-Jijiji…
-A mí también me encantaría jugar, mi vida. Pero es que ya sabes… Vamos a hacer mucho ruido, tengo muchas ganas de follarte bien, quiero matarte de placer.
-Y yo estoy deseando que me mates de gusto, por eso, vamos a hacerlo ahora. Irene y Mario nos han oído y visto ya, no creo que pase nada.
-Ya, pero ¿y si vienen tu hermana y Bea?
-Pues lo hacemos rápido, Javi…
-No. No me vale así. Quiero hacerlo bien, no un aquí te pillo, aquí te mato rápido. Quiero tener todo el tiempo del mundo para hacerte disfrutar y de paso quiero que estemos solos, que ya no recuerdo cuál fue la última vez.
-Pues el otro día en la playa, cuando dormimos ahí.
-Cierto, fue muy bonito y me encantó, pero me refería a estar solos de verdad. Ahí tampoco es que pudiéramos hacer lo que quisiéramos.
-Pues no sé, mi amor… tu casa y la mía están ocupadas.
-Pues vamos a darnos un día tú y yo solos. Ya inventaré algún plan y nos vamos a un hotel, ¿qué te parece?

Elena puso una sonrisa de oreja a oreja, asintiendo con muchas ganas.

-Me gustaría mucho ir al que fuimos la otra vez, cuando coincidimos con Mario e Irene.
-Vale, me parece perfecto.
-Intenta que sea la misma habitación, ¿vale?
-Claro.
-Me gustó mucho y me haría ilusión que fuera en la misma habitación.
-Me parece genial.

Elena vino hacia a mí y me abrazó con mucha fuerza, poniéndose después de puntillas para darme un beso. Después hicimos la maleta y recogimos un poco, dejándolo todo conforme nos lo encontramos al llegar el lunes. La otra pareja vino con nosotros para hablar de algunas cosas, viendo cómo haríamos para volver, si justo después de comer o si más tarde. Quedamos en que lo haríamos sobre la marcha. Mi mal rollo con Irene seguía ahí, aunque ambos hacíamos por donde para que no se notara. Cuando salimos al salón para seguir ordenando mientras Elena arreglaba la maleta de su hermana, llegaron Noelia y Bea.

E: ¿Dónde estabas, Noelia?
N: Haciendo una cosa que me apetecía.
E: ¿El qué?
N: Esto. (dijo señalándose a la cara)

Noelia venía con un septum que en realidad le quedaba bastante bien, aunque a mí me preocupaba más la reacción de su madre, oliéndome ya la bronca desde ahí al ver que su hija se había puesto eso.

E: Es muy bonito, pero ya verás mamá…
N: Pero si a ti no te echó la bronca…
E: Eso es lo que tú crees, pero no fue para tanto porque no se ve a simple vista y como soy un poco bajita, pues… Pero eso se ve muy fácil.
I: Es bonito, me gusta cómo te queda.
M: Sí, te da un aire más mayor.
B: Me ha preguntado si sabía de algún sitio en el que lo hicieran y como yo tengo varios en la oreja, pues sí que conocía un sitio. Espero no haberla cagado, creía que no habría problema.
E: No, tranquila. No pasa nada.

Al final Bea se vino a comer con nosotros, llevándonos a un sitio al que ella solía ir porque conocía a los dueños. Por el camino las chicas se adelantaron hablando las cuatro mientras Mario y yo íbamos detrás.

-Vaya cuatro culos, ¿eh?
-¿Mmm?
-¿Qué te pasa?
-Nada…
-Estás muy pensativo. ¿Es por lo que has hablado con Irene?
-Bah…
-Me ha extrañado mucho que dijera de hablar contigo a solas y que cuando habéis venido hayáis soltado esa excusa cuando Elena ha preguntado.
-Ya.
-¿Todo bien?
-Sí…
-¿Seguro?
-Venga, Mario, si seguro que ya lo sabes. ¿O no te ha contado lo que hemos hablado cuando hemos ido a preparar las maletas?
-Pues sí, me lo ha contado, pero quería oírlo de tu boca.
-¿Qué quieres oír?
-Tu versión.
-¿Mi versión? ¿Esto es un jurado ahora, o qué?
-Bueno, para empezar, te tranquilizas. Creo que es bueno que se hablen las cosas. Yo no me creo que hayas hecho nada, pero Irene está con la mosca detrás de la oreja.
-La mosca es ella. Y de las cojoneras.

Mario hizo un gesto como de estar molesto y se quedó callado, permaneciendo yo también así durante un par de minutos mientras las chicas seguían a lo suyo, hablando sin parar.

-Perdona, tío.
-Está bien. No pasa nada. Entiendo que estés cabreado, pero tampoco es para hablar así de Irene.
-Es que me ha tocado mucho los cojones que viniera pidiéndome explicaciones y asumiendo cosas que no he hecho.
-Mira Javi, si lo ha hecho es porque te quiere mucho. A ti y a Elena. Y no quiere que os pase nada malo. Es solo eso.
-Pues me duele que dé por hecho que yo haya podido hacer eso.
-No lo ha dado por hecho, simplemente lo ha pensado por lo que le contó Bea, aunque por lo que me ha dicho ha sido poco, no llegó a contárselo del todo.
-Aun así, está fuera de lugar que desconfíe de mí de esa manera. ¿He dado alguna razón para que piense así?
-No, ninguna.
-¿Entonces?
-Pues eso Javi, que os quiere y desea que estéis juntos para siempre. Y de paso que nosotros lo estemos con vosotros.

Nos quedamos otro par de minutos callados, mirando al frente como las chicas seguían charlando mientras veíamos lo guapas que iban todas.

-¿Y tú?
-Yo, ¿qué?
-¿También me quieres? (dije riéndome)
-Que gilipollas eres, de verdad… Jajajaja.
-Jajajaja, es que no sé… Os ponéis muy moñas…
-A ver, besas bien y tal…
-Jajajajajaja.
-Jajaja, pero bueno… Para mí eres como un hermano, ya lo sabes. Os queremos mucho, Javi. Y pase lo que pase, nos tendréis siempre.
-Joder, que sensibles os ponéis, coño… Jajaja.
-Jajaja, pues eso.
-Oye, lo de la sumisión…
-¿Qué pasa con eso?
-Que ya poco por lo que veo, ¿no?
-Sí. Desde lo de Sofía ya poco de eso. Lo hacemos con más cariño y de igual a igual. Irene cambió un poco en ese aspecto. Ya no me domina ni nada de eso, ahora busca más que la domine yo, pero soy flojo para eso, tú lo haces mejor.
-Ah, no sabía que…
-No, no. No pasa nada, de verdad. Simplemente pues ha pasado una etapa. Eso solo lo hacíamos cuando estábamos solos. Cuando involucrábamos a alguien era normal. Solo lo hicimos así con vosotros.
-Am…
-Yo lo disfrutaba, pero ahora estoy muy a gusto también.
-Pues perfecto. Lo importante es que ambos estéis conformes y a gusto.

Seguimos andando y por fin llegamos al sitio, sentándonos para comer tranquilamente mientras disfrutábamos de la compañía que nos hacíamos y de la comida, que estaba genial. Irene y yo evitábamos el contacto visual. Ella si participaba más en las conversaciones, pero yo me mantenía más callado.

N: ¿Y cómo lo pasasteis anoche? (dijo mirando al trío)
E: Noeeeeeelia…
N: ¿Qué…? Joder, es por sacar tema de conversación…
B: Lo pasamos muy bien. Fue divertido.
N: ¿Sí?
B: Sí. Tengo mi casa para mí sola estos días y nos ha venido muy bien. Además. Mi cama es grande, no ha habido problema por eso.
N: Estabais a gusto entonces, ¿no? Jajajaja.
I: Jajajaja, sí. Estuvo muy bien.
N: ¿No tienes novio, Bea?
B: No, no tengo novio…
N: Pues seguro que es porque no quieres, porque nena, eres muy guapa y tienes un cuerpazo…
B: Bueno, no me quejo, pero fíjate que hace poco me encontré con un chico que me cayó bastante bien y me ponía mucho. Lo intenté, bastante, pero no hubo manera.

En ningún momento Bea me miró, por obvias razones, pero Irene sí que lo hizo, con una cara que mezclaba seriedad y culpabilidad. Yo también la miré, no de muy buenas maneras y Mario al vernos así, se cambió de postura en su asiento, estando notablemente incómodo.

N: Sería gay.
B: No, no. Me dijo que tenía novia. Lo intenté de verdad, tenía muchas ganas, pero nada.
E: Pero, con intentarlo de verdad, ¿a qué te refieres?
B: Bueno… Estábamos un grupo de amigos en la playa y nos bañamos, todos estábamos desnudos. Él no. Estaba más apartado. Me dio curiosidad verlo ahí solo y me acerqué. Empecé a hablar con él, estaba un poco cortado por verme así.
N: Sí que te va la marcha para…
B: No, no. A veces lo hacemos, pero yo no… Es por hacer la gracia. Algunos sí que se enrollan, pero yo paso.

Noelia la miró con cara de no estar muy convencida, aunque no le dijo nada, ni hizo hincapié para que diera explicaciones.

N: ¿Y no…? ¿Nada?
B: No, nada de nada.
N: Pues no lo entiendo, la verdad.
B: ¿El qué?
N: Que no hiciera nada.
B: Pues no sé, chica… Tampoco es tan raro, ¿no?
E: Claro, es una persona fiel. No todo es tener sexo, Noelia.
N: Pero si no se va a enterar, ¿qué más da? Por pasárselo bien un rato…
I: Cada persona es como es. Los hay más liberales como Mario y yo y más tradicionales como ese chico. Yo no veo raro que le sea fiel a su pareja. Evidentemente Bea está muy buena y es una preciosidad, pero si ese chico no quería hacer nada con ella, pues por algo sería.
E: Claro, debía estar muy enamorado de su chica y por eso no quería hacer nada.
B: ¿A ti te hubiera molestado?
E: ¿A mí? ¿El qué?
B: Imagínate que es tu novio ese chico.
E: ¿Cómo me va a molestar? Si dices que ese chico no hizo nada, ¿no? Yo me sentiría orgullosa si fuera la novia de ese chico. Rechazar a alguien como tú para echar un polvete rápido y sin que nadie os viera dice mucho de él. Pero, ¿por qué me lo preguntas?
B: Pues porque Irene es muy liberal y sé que le hubiera dado igual, de hecho, se hubiera sumado, jajaja. Y tu hermana no tiene pareja, así que de aquí solo quedas tú.
E: Ah, pues no. No me hubiera molestado.
B: ¿Ni que me hubiera visto desnuda?
E: Fue algo fortuito, ¿no?
B: Sí. Ya estaba allí cuando llegamos.
E: Pues tampoco. En la playa hay muchas chicas en topless, no lo veo tan raro.
B: ¿Y si se hubiera desnudado él?

Irene levantó la cabeza, mirándome rápidamente. No se cortó un pelo en hacerlo para fijarse en mí para ver qué cara ponía. Quizá no se daba cuenta de que podría dejar entrever algo que pudiera dar pie a alguien a pensar en que ese chico era yo, aunque Bea no se estaba quedando atrás con sus preguntitas al más puro estilo Noelia.

I: ¿Se desnudó?
B: Bueno, yo estaba desnuda y le dije que fuera un caballero y que se pusiera en igualdad de condiciones.
I: ¿Y bien?
B: Sí, se desnudó, aunque se tapaba para que no le viera.
I: Vaya…
B: Le pregunté si le daba vergüenza y luego le dije que me dejara ver, que él me lo había visto todo.
E: ¿Y te dejó verlo?
B: Me costó, pero sí.
N: ¿Cómo la tenía?
E: Pero bueno…
B: No estaba mal… (dijo con una ligera risita) Me dio calor al verlo así y me metí al agua, pero él no quería acompañarme.
M: Pero no pasó nada dices, ¿no?
B: No, no. Me puse de rodillas en el agua y me toqué un poco viéndolo, intenté provocarlo, pero nada. La tenía durísima, pero no quería hacer nada.
N: Ese chico es tonto.
E: Tú sí que eres tonta Noelia. Parece que no te quieres enterar.
B: ¿Y eso te hubiera molestado, Elena?
E: ¿Que se desnude delante de ti?
B: Sí.
E: A ver, sin contexto, por supuesto que sí. Me sentaría muy mal encontrarme a mi chico así en esa situación con una chica como tú, pero sé que él no me engañaría nunca.
B: ¿Y conociendo el contexto?
E: Pues tampoco me haría gracia, la verdad. Creo que eso es algo muy íntimo.
N: Que celosa…
E: Ya estamos… ¿A ti te gustaría? A ver…
J: Ya está. (dije de manera sería para intermediar)
N: ¿Y cuándo dices que fue eso? (preguntó mirando a Bea)
B: Em… Hace dos semanas o así.

Se le notaba que mentía, aunque puede que yo me diera cuenta porque sabía de primera mano que no era así. Noelia achinó un poco los ojos y yo esperaba que no estuviera pensando en que ese chico fuera yo, porque ya sabía cómo se pondría.

B: Bueno, tampoco es para tanto, ¿no? Yo si fuera la novia de ese chico estaría encantada, la verdad. Creedme que hice todo lo que pude. No estuve a la altura, pero es que iba un poco bebida y me pilló con un calentón importante.
N: Yo de ti, me hubiera abalanzado. A ver si así se niega.
I: Madre mía, jajaja.
E: Pues ojalá nunca te lo hagan a ti, Noelia. No sabes lo que duele…
N: Tú, que eres muy sensible…
J: ¿Segura? Porque hace un par de semanas, estabas…
N: No es lo mismo, ¿vale? (dijo con cara de enfado)
J: Lo digo por lo de sensible, que tú también lo pareces por lo que vi.
N: Bah…

Terminamos de comer y entre el postre y un helado que los comimos después se nos hizo un poco tarde para lo que teníamos previsto, que era salir después de comer o un poco más tarde, pero no tanto. Finalmente nos despedimos de Bea, dándole todos dos besos y un abrazo, todo de manera normal hasta que me tocó a mí, agarrándome el brazo con su mano y apretándolo con fuerza. Entre eso y su dulce olor afrutado me puse algo nervioso y aún más cuando me susurró al oído de manera suave:

-A ver si la próxima vez tenemos más suerte…

Después me miró a los labios mientras se despegaba de mí, carraspeando yo, haciéndome el loco. Ella se fue hacia su casa y nosotros de vuelta al apartamento para coger las maletas. Afortunadamente nadie se dio cuenta de ese gesto de Bea, por lo que me tranquilicé dentro de lo que cabía por el enfado que aún tenía por lo de Irene.

Finalmente cargamos las maletas y nos montamos para irnos. Esta vez Elena se sentó a mi lado de copiloto y los demás atrás, quedando Irene entre Mario y Noelia. El viaje de vuelta a casa fue muy tranquilo. Los que iban en la parte de atrás se durmieron todos, Irene y Mario por obvias razones, ya que después de estar toda la noche en danza, debían de estar reventados. Veía a Elena muy sonriente a pesar de que ya se acababan nuestras vacaciones, imaginé por lo del plan que le propuse montar, cosa que haría al día siguiente, ya que yo también tenía ganas, tanto de estar los dos completamente solos para pasar tiempo juntos e ir a cenar tranquilamente, como para follar como ambos queríamos, sin tener a nadie que nos molestara o interrumpiera.

No hablamos en todo el camino de vuelta por no despertar a los demás, pero sí que ponía su mano en mi muslo, acariciándolo. Ella pasaba la suya por mi cara. Yo la cogía de vez en cuando para besársela. Tampoco paramos en ningún sitio, llegando directamente a casa de Elena a la hora de cenar, ya que nos pillaba de camino antes de ir a nuestra ciudad. Nos bajamos y cogimos las maletas para entrar a su casa mientras Irene y Mario se quedaban esperando en el coche, aún adormilados. Nada más entrar por la puerta, Elena dijo que ya estaba en casa, diciendo su madre que estaba en el salón. Fuimos hacia allí y Elena abrazó a su madre, dándole varios besos. Cuando le tocó el turno a Noelia, fue igual, pero al despegarse de ella se dio cuenta del piercing que se acababa de hacer.

M: Noelia, ¿qué es eso?
N: Un piercing.
M: Ya te lo estás quitando.
N: Sí, hombre…
M: ¿Cómo?
N: Pero Elena tiene también.
E: A mí no me metas en esto.
M: El de Elena no se nota casi, el tuyo se ve desde lejos.
N: No le lo voy a quitar, mamá. Me gusta mucho como me queda, Elena tiene dos y yo ninguno.
M: ¿Cómo que dos? (dijo mirando a Elena)
N: Tiene otro en un pezón.
M: ¡¿Cómo?! No tendrás tú nada que ver, ¿no? (dijo mirándome)
J: ¿Yo? Pero si ya lo tenía antes de que fuéramos pareja…
E: Mamá, ya está bien.
M: A ver eso.
E: No te voy a enseñar las tetas, mamá.
J: Bueno Elena, yo me voy, que tengo que llevar a éstos y estoy cansado y me quiero echar.
E: Vale, vamos.

Elena me acompañó a la puerta de la mano mientras Maribel seguía discutiendo con Noelia acerca del tema del piercing, como yo ya sabía que iba a pasar, pero tampoco me esperaba que fuera a ser para tanto ni tan rápido, ya que casi ni saludó. Con el día tan raro que estaba teniendo, aquello era lo último que necesitaba. No estaba para aguantar las neuras de una mujer despechada y amargada que montaba circos por cualquier tontería. Una vez llegamos a la puerta tiró de mi mano para ponerme frente a ella, agarrar mi cara y besarme como si llevara días sin hacerlo. Me tenía bien cogido de la cara, sin dejarme escapar. Me metía la lengua bastante, con mucha ansia mientras yo gemía ligeramente por la sorpresa con la que lo hacía mientras le agarraba su culito.

-Que ganas tengo de que llegue el día del plan, te voy a comer enterito.
-Mmm… Estás caliente…
-Mucho. Ojalá estuviéramos solos. Echaríamos un polvo que partiríamos la cama.

Resoplé al oírla decir eso y hasta se me puso morcillona, echando ella mano a mi paquete, dándose cuenta y soltando una risita juguetona.

-Vente a dormir, anda.
-Elena, cariño, no empecemos…
-Jo…
-Si yo soy el primero que quiere dormir contigo. ¿Cómo no voy a querer? Pero no deberíamos, primero porque si duermo contigo, voy a querer follarte y si lo hago, no me voy a aguantar y no lo voy a poder hacer despacito. Y segundo, porque mira como está tu madre y acabamos de llegar…
-Joder, de verdad. Está amargada, coño.
-Cálmala, anda. Que parece que no puede estar sin discutir con alguien.
-Vaaaale.
-Me voy a casa, luego hablamos. (dije pasándole el pelo por detrás de la oreja)
-No seas malooooo… (susurró)
-Vale.

Le cogí de la barbilla para darle un beso muy dulce hasta que Maribel la llamó a voz limpia. Me separé de ella suspirando, haciéndole una señal para que fuera con ella, dándole un azote. Salí de su casa para montarme en el coche, con Mario e Irene detrás. Regresamos a nuestra ciudad y los dejé en casa de Mario. Se quedaron quietos dentro del coche, como si quisieran decirme algo. Irene tenía la cabeza ligeramente agachada, mirando al suelo del coche. Fue Mario el que se decidió a hablar.

-Pues nada, ya hemos llegado. Gracias por traernos.
-A vosotros por dejarnos estar allí.
-Bueno, pues ya hablamos y concretamos lo del concierto en agosto.
-Claro.

Se bajaron del coche los dos, sin decir ni una palabra más, ninguna por parte de Irene. Cogieron sus maletas y entraron en casa, yo volví a la mía. Cuando llegué mi madre se puso muy contenta de verme, dándome varios besos. Yo actuaba con normalidad, sin mostrar estar molesto por el día tan raro que había tenido ni nada. Después de explicarles un poco a mis padres como fue la semana, sin contar ningún inconveniente ni mal rollo y de cenar algo ligero me fui a la cama para descansar.

Mientras descansaba, antes de dormirme, me puse a pensar en toda la semana que habíamos pasado. Si bien es verdad que hubo más momentos buenos que malos, los malos me pesaban mucho e hicieron que me entrara un bajón.

Me encantaron los momentos que pasé con Elena, sobre todo el día de su cumpleaños, pasando el atardecer y toda la noche en ese rincón tan especial. Estaba encantado con ella, lo dulce que era siempre, lo cariñosa, sincera, alegre… Fue un momento esplendido, aunque lamentablemente no fue así durante toda la semana, empezando el martes cuando su hermana se puso a hacer de las suyas, provocando los celos de ella, haciendo un comentario que sabía que me molestaba. Eso dio lugar a un momento tenso entre nosotros, aunque al final lo acabáramos resolviendo muy bien, pero también estaba lo de cuando se emborrachó. No fue algo que me sentara mal, no me importaba que se pusiera así, pero sí el hecho de que se pusiera pesada estando su hermana ahí con nosotros y más con lo que acabó pasando cuando ella se unió a traición para divertirse a su costa viendo como estaba.

Lo que pasó justo después de eso no estuvo bien por mucho que me intentara justificar en mi cabeza. Seguirle el rollo a una chica de esa manera, aunque no hiciera nada no estuvo bien, era algo que debía haber parado en cuanto se me acercó. También estaba el tema de Noelia, el lunes fue un día perfecto, pero el martes todo cambio, empezando con sus provocaciones, puyitas, preguntitas, situaciones y demás. No sabía por qué tan de repente cambió su actitud, pero tampoco es que tuviera ganas de hablar con ella. De hecho, no tenía ninguna, no tenía ganas de soportarla ni un minuto más.

Finalmente pensé en el tema que más me tocó los cojones, Irene. Todo empezó en esa conversación con Noelia en la cocina que escuché a hurtadillas. A raíz de eso, Irene pensó que había algo, o más bien que hubo algo entre ella y yo. No era tonta, sabía relacionar las cosas y la descripción de Noelia de ese chico fue como ver una foto para Irene. Es que ni dudó. No sé cómo pude convencerla de que no había pasado nunca nada con Noelia, pero me dejó tranquilo, aunque me molestó mucho las formas que tuvo para preguntármelo. La puntilla con ella fue ese mismo día en el que, una vez más, haciendo de nuevo uso de su inteligencia y perspicacia, me encaró para preguntarme acerca de la noche en la que me fui solo hasta la mañana siguiente. Fue directa y al hueso. Me hizo mucho daño que mi mejor amiga desconfiara de mí casi dando por hecho que había engañado a Elena de esa manera. Era algo que no me esperaba y que me tendría enfadado con ella para días.

Lo único bueno de este bajón fue que me permitió sacar dos conclusiones claras. La primera, que no podía más con Noelia y su actitud, por lo que me decanté por empezar a buscar piso para independizarme y poder estar tranquilo sin que nadie me molestara, sobre todo para estar con Elena tranquilamente sin tener que aguantar a unos y otros y tener esa libertad para hacer lo que quisiéramos y si se daba, para vivir juntos. La otra conclusión que saqué era que debía contarle a Elena lo que pasó con Bea. Sabía que lo le iba a sentar bien por lo que dijo en esa conversación en la que la propia Bea indagó para ver su opinión, no sé si por curiosidad, morbo o qué, pero acabó soltando que no le habría hecho gracia.

Bastante tenía con ocultarle lo de Noelia, como para ocultarle eso también. Me di fuerzas a mí mismo diciéndome que no era para tanto, que no la había tocado y que solo me había visto desnudo, nada más. Solo tenía que encontrar la forma de decírselo, creyendo que lo mejor sería en el día en el que hiciéramos el plan, decírselo de manera suave y tranquila para que no se saliera la cosa del tiesto. Pensé en llamar al hotel al día siguiente en un descanso que hiciera cuando volviera al trabajo. Y en los ratos libres pues buscar piso. Algo que estuviera bien de calidad y precio y situado en una buena zona.

Mientras pensaba todo esto, empecé a recibir mensajes. Era Elena que me decía las ganas que tenía de verme y lo caliente que estaba, mandándome varias fotos de ella desnuda y jugando. Se le veía muy encendida, con una mirada de estar a mil. Me gustó mucho ver eso, pero por mi bajón no tenía ganas de nada, por lo que la dejé en visto y me acabé durmiendo por el cansancio que llevaba del viaje.

El lunes me costó levantarme al oír la alarma debido a la semana que me pegué de levantarme más tarde de lo que solía, por lo que mi humor no era el mejor. Afortunadamente después de desayunar y pegarme una ducha, se me pasó bastante y me puse a trabajar, dándome cuenta de que al parecer había bastante lío porque tenía varios correos. Al final no resultó ser para tanto, aunque sí que tenía algo más de trabajo de lo que solía tener, los demás correos eran sobre información de nuevas directrices, métodos de trabajo y algunos cambios en el periódico que poco me afectaban a mí. Cuando hice un descanso cogí el móvil viendo que había más mensajes de Elena.

-No me haces caso… (dijo poniendo emoticonos de caras poniendo ojitos)
-Perdona, mi vida. Pero es que anoche estaba muerto y me dormí con el móvil en la mano.

Le dejé eso para que no se preocupara como ya había pasado alguna vez. Inmediatamente aproveché para llamar al hotel en el que estuvimos la otra vez para reservar la habitación. Por suerte no hubo ningún problema, ni siquiera en reservar la misma habitación a pesar de estar casi a finales de julio, pero era lo bueno de no ser una ciudad costera, que se vaciaba bastante en verano. Elena no respondía, por lo que imaginé que estaba durmiendo aún. Después de comer me puse a mirar anuncios de pisos en mi ciudad, aunque no me gustó nada de lo que vi. Entonces me llamó Elena.

-Hola mi vida.
-Hola. ¿Qué pasó anoche? Viste lo que te envié, pero no me respondiste…
-Nada. Estaba cansado y me dormí. Pero estabas muy sexy. Cómo te gusta calentarme…
-Jejejeje.
-¿Y tú? No me digas que te acabas de levantar. Luego soy yo el dormilón… Jajajaja.
-No, hombre… Me he levantado tarde, eso sí. Mi madre cabreada por eso, como siempre. Se cabrea por todo. Ya hemos comido y he estado un rato con mi abuela, que se va a ir un par de semanas con mi tía, que vive en otro pueblo, para que esté con mi primo pequeño.
-Am, pues mira, más tranquilita va a estar tu madre. A ver si se relaja…
-No caerá esa breva…
-¿Ayer al final se tranquilizó?
-Sí, bueno… Me echó la bronca, para no variar. Por lo del piercing en el pezón, pero no fue para tanto. Al final está conforme con eso y con el de Noelia.
-Bueno, bien entonces.
-Sí. ¿Qué haces?
-Pues estaba descansando, pero me voy a poner a currar ya mismo.
-Ah, es verdad… ¿Te ha costado madrugar?
-Sí. Me he levantado un poco de mala ostia… Jajaja.
-Bueeeeno, debería dormir contigo para que no te levantes así, jejeje.
-A ver, no me hubiera levantado así, pero tampoco hubiera dormido… Jajaja.
-Eso es verdad.
-Por cierto, ya está reservado eso.
-¿Sí? (dijo con emoción)
-Sí, para el jueves. Mismo hotel y misma habitación.
-Ufff… Qué ganas.
-Ya pensaré en qué hacer antes de ir allí.
-Vale.
-Y tú, ¿qué haces?
-Pues nada, aquí aburrida. Voy a salir un rato con Isa a su casa, porque todas las demás están en la playa.
-Ah, vale. Pásalo bien.
-Gracias. Oye, ¿vendrás luego?
-Pues no creo, tengo un poco más de lío en el curro y voy a estar reventado. Además, así aprovechamos para que tu madre se relaje un poco y disfrute bien de vosotras.
-Es verdad, mañana nos vamos a acercar a casa de mi tía para celebrar mi cumple, que como hemos estado fuera… Se me había olvidado ya.
-Pues genial. Pásatelo bien.
-Bueno, no te robo más tiempo. Luego hablamos.

Mejor, no me apetecía estar en su casa, más que nada por las dos cascarrabias, porque con ella sí que quería estar, así que estaría unos días sin verlas.

El resto del día transcurrió de una manera tan normal como aburrida, con esa vuelta a la rutina de trabajo después de las vacaciones hasta que llegó la noche, donde empecé a recibir mensajes de Noelia.

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