ALMUTAMID

Con el final de las clases y conociendo la trayectoria de fiestas en la residencia era evidente que habría una. Yo me desentendí con la excusa de acabar el portfolio para la asignatura que se evaluaba de esa forma consistente en la recopilación de una serie de ensayos y proyectos sobre diversos autores, escuelas literarias e incluso los premios Nobel de literatura.

El acopio de alcohol de la tarde anterior y la música que empezó a sonar pronto indicaban que la fiesta iba a ser como las que se habían organizado cuando habíamos estado encerrados por el temporal de invierno. De hecho se anunciaba que vendrían gente de fuera de la residencia. Yo mismo había invitado a Santiago aun a sabiendas de que no caía muy bien y de que yo no iba a estar presente. Guido rechazó la invitación por preferir pasar la noche con Greta, y Heidi creo que declinó al saber que estaría el gallego por allí.

Astrid y yo llevábamos días con las puertas abiertas para poder establecer corriente entre su buhardilla y la mía y que los dormitorios estuvieran menos recalentados. Aun así a pesar de que por la noche refrescaba bastante, con temperaturas inferiores incluso a los 10 grados, tan lejos a las temperaturas tan templadas a las que yo estaba acostumbrado para un mes de junio. Nos habíamos acostumbrado a estar yo en calzonas y ella con sus famosos culottes, que ahora sabía que usaba sin bragas haciéndole un culazo de infarto, y camisetas de tirantas ajustadas sin sujetador. Y aunque teníamos las puertas abiertas respetábamos las habitaciones el uno del otro no invadiendo la intimidad.

Pero aquella noche ella sí estaba en la fiesta pero yo me había encerrado en el dormitorio intentando evitar el ruido. Como estaba con el portfolio y no estudiando la música no se hacía tan incómoda atenuado su volumen por las dos plantas de distancia y la puerta cerrada.

Serían cerca de la 1 de la mañana cuando los gritos y palmas me hicieron suponer que había algún tipo de concurso, quizá otro de mamadas como aquel que yo había ganado, o quizá no tenía ninguna connotación sexual. Pero la forma como se escuchaban los gritos de voces masculinas me indicaban que alguna chica estaba haciendo algo sexi con casi total seguridad.

La gente parecía divertirse por los sonidos que llegaban. Yo ya pensaba en acostarme aunque me costaría dormir. Justo me estaba quitando las calzonas para irme a la cama cuando llamaron a la puerta. Me volví a subir el pantalón de deporte y di paso. De repente apareció Amelie con evidentes signos de embriaguez. Venía desnuda de cintura para arriba sólo con un pantaloncito corto.

-Hey, Luis. ¿Qué haces aquí? Te estás perdiendo un fiestón…-me dijo acercándose a mí mientras sus tetas cónicas coronadas con un pezón levemente más oscuro que su piel que coronaba todo la cima de sus senos rebotaban al compás de sus pasos.

-Pues he estado terminando unos trabajos importantes para la facultad y ya iba a acostarme. Estoy cansado y me duele la cabeza- mentí.

-Vente- dijo tirando de mí cogiéndome de una mano.

-No, en serio. No estoy animado.

Entonces se dio la vuelta. Pensé que se marchaba ante mi negativa, pero cerró la puerta y se vino para mí diciendo:

-Si quieres nos montamos la fiesta tú y yo aquí…

-No, en serio. No tengo ganas.

-Venga Luis, que sé que eres bueno. Tú y yo tenemos algo pendiente…-dijo pegándose a mí agarrándome por la cadera.

Al ser bajita mi polla llegaba casi a la altura de su ombligo y sus tetas por debajo de mi pecho. Hice por zafarme sin querer empujarla respondiendo:

-En serio. Eres una tía estupenda, pero no puedo…

Sentí su mano en mi paquete.

-¿Cómo no vas a poder? Aquí hay algo que dice que me debes algo…

-En serio, de verdad- contesté empujando sus hombros con mi mano para que se separara de mí.- Hay otra persona y la soy fiel…

-No se va a enterar- insistió ya metiendo su mano en mi calzoncillo encontrándose con mi polla morcillona.

Di un respingo echándome hacia atrás separándome todo lo que pude de ella.

-En serio, no puedo. Eres una niña preciosa, pero no puedo.

-Venga, que me dejaste con las ganas de probar tu leche…seguro que está muy rica- insistió intentando provocarme.

-Por favor, Amelie, déjame. No voy a engañar a mi novia. Me reservo para ella.

La francesa entonces se detuvo pareciendo darse cuenta de que la estaba rechazando. Su decepción era evidente en su rostro. No podría decir que le había roto el corazón pero sí que había dañado a su estima. Quise consolarla pero sin acercarme a ella:

-Eres una niña preciosa. Me costó mucho resistirme cuando el concurso porque con una preciosidad como tú necesitaba olvidarme de lo que estábamos haciendo. No te miraba porque si no perdía, en serio…

-No es eso. Te has acostado con Alice Li y con otras y a mí me rechazas…

-No. Es porque ahora tengo pareja. Si no, de verdad, que estaría encantado. Pero no puedo…

La morena enfadada salió de mi dormitorio dando un portazo mientras que yo respiraba aliviado diciéndome a mí mismo: “Ésta ha sido la más difícil, pero te has mantenido firme”. Luego me palpé por encima del pantalón y comprobé que algo más estaba firme. La chica era una monada y solo mi férrea convicción había impedido el desastre. Me sentía orgulloso.

Por fin me quedé en calzoncillos y me acosté, pero el ruido me impedía dormir. No sé cuanto tiempo pasó hasta que volvieron a llamar a la puerta. Pensé que Amelie volvía a la carga y me levanté molesto pero me encontré con Astrid de bruces.

-¿Qué haces aquí?- pregunté extrañado- Pasa algo…

-Tienes que bajar a la fiesta. Está muy divertida. Y ahora vamos a hacer un Midsommar…

-¿Un qué?

-Una tradición sueca.

Entonces reparé en como venía vestida, o desvestida, según se entienda. Mi amiga llevaba una especia de corona de flores en la cabeza con la melena rubia caída a un lado de su cara. Lucía una especia de collar que no cubría del todo sus tetas desnudas y una especia de falda hawaiana hecha de tiras de papel enganchadas a unas bragas o parte de debajo de un bikini.

-Estoy medio desnudo y en calzoncillos…

-Ponte algo, cualquier cosa.

Me puse las mismas calzonas de antes y una camiseta y bajé con ella. La música estaba alta y todo el mundo andaba bastante borracho. Pero sin darme tiempo a enterarme de que iba el asunto me habían metido prisa para que me tomara una cerveza y dos chupitos de whiskey a toda prisa.

Otras chicas iban como Astrid aunque con otros colores pues estaba claro que el disfraz había sido improvisado. Algunas directamente se paseaban en bragas, pero aquello era un festival de tetas y algún culo escapado del hilo de un tanga. El ambiente era festivo. Los tíos andaban casi todos sin camiseta con sus pantalones y algunos en calzoncillos. Pude ver a Santiago encantado con el espectáculo a pecho descubierto enseñando su vello corporal. Él insistió en tomarse varios chupitos seguidos conmigo. Demasiado alcohol y muy rápido en tan poco tiempo.

Astrid me explicaba que había que formar equipos y que había que hacer una coreografía para dar la bienvenida al solsticio de verano. Me quejé con que aún no estábamos a 21 de junio, pero ya habían decidido celebrarlo. La cuestión es que esta fiesta sueca en las universidades había derivado en una especie de rito de iniciación donde las chicas debían mostrar sus pechos y los chicos bailar desnudos.

Yo me negué en redondo a ponerme en bolas pero ya había alguna que otra churra suelta por allí. Y no era sólo la de Georges, al que tanto le gustaba presumir del tamaño de su nabo. Pero entre negativas y charlas cayeron varias cervezas más y chupitos. Empecé a marearme a la vez que la euforia empezaba a apoderarse de mi estado de ánimo.

Pero a la vez me hizo estar más pendiente de abrazos de amistad con chicos y chicas que del preparativo para la supuesta fiesta sueca en la que intentaban juntar las mesas del salón para que sirviera de improvisado escenario.

Alice Li me saludó afectuosa charlando conmigo tras un abrazo en el que sentí una vez más sus pezones clavarse en mi piel. Iba vestida con un extraño tocado y unas bragas de color fucsia, por supuesto desnuda de cintura para arriba. Pude ver a algunos conocidos más de la residencia como Anika dejándose arrastrar por el ambiente exagerado de fiesta. La asiática se alegraba de verme:

-Me extrañó no verte en la fiesta, antes no te perdías una.

-Bueno- respondí ya trabado por el alcohol tan rápidamente ingerido- Me han arrastrado en realidad…

-Diviértete y no pienses, jajajaja…

Santiago no hacía más que traerme bebida aprovechando para abrazar y sobar todo lo que podía. No conocía a Alice Li y al traerme la nueva remesa de alcohol aprovechó para presentarse y de paso abrazarla para tocar carne femenina. También estaba Heike, igualmente semidesnuda. Santiago no dudó en cogerla por la cintura con sus manos demasiado cerca de su pecho. La holandesa estaba bastante bebida y no hacía más que reír.

No sé en qué momento de la noche perdí la conciencia, pero no recuerdo nada a partir de la charla con la neerlandesa. Sólo sé que el sol entrando por la buhardilla me despertó. Pero en mi habitación daba por la tarde. ¿Dónde estaba? No era mi habitación. Ufff, me dolía la cabeza y sentía unas nauseas terribles. Necesitaba vomitar. Pero ¿dónde estaba? ¿Qué había pasado?

Intenté ponerme boca arriba. La luz me molestaba mucho. Me di cuenta de que estaba desnudo, completamente desnudo. Quise incorporarme y entonces la vi. Astrid dormía plácidamente desnuda a mi lado. Bueno, llevaba sus bragas. Reconocí su dormitorio. El vómito se me vino de golpe y al menos me dio tiempo a soltarlo en su papelera. ¿Qué había pasado? ¿Había tenido sexo con ella? La culpa y la resaca agudizaron mi dolor de cabeza. Me levanté del suelo donde había caído de rodillas para vomitar. Tenía sudores fríos.

¿Dónde estaba mi ropa? En la habitación no veía nada. Necesitaba salir y pensar. No podía ser. Yo quería a Alba. Otra vez no. No podía ser. Y además se lo tenía que contar. La angustia crecía en mi pecho. Estaba al borde de un ataque de ansiedad. En mi mente se repetía una y otra vez: “No, no puede ser. Yo no quería…”

Llegué a mi dormitorio. Alguien dormía en mi cama. Era Heike totalmente desnuda. ¿Qué hacía allí? Pero no estaba sola. Al momento reconocí el cuerpo alargado y velludo de Santiago. Su erección matutina me resultó desagradable.

Necesitaba despejarme. Cogí algo de ropa, calzoncillos, calzonas y una sudadera. Necesitaba aire pero estaba muy mareado. Me faltaba el aire. Tuve que vomitar de nuevo en el baño. Por el olor estaba claro que yo no había sido el único. Sentía asco por cómo me encontraba, por el lugar y por lo que creía que había pasado. No era asco por Astrid, era por mí. Me sentía más cosa que persona. Un ser sin voluntad.

Quise tumbarme en un sofá del salón. Aún quedaba gente allí. En uno de los sofás me encontré a un tío durmiendo en pelotas con fuertes ronquidos. Había ropa tirada por toda la sala. Quise irme a otro sofá, allí una pareja dormía abrazada ambos desnudos. Aquello había debido ser una orgía pero yo no me acordaba de nada.

Tercer intento. Al fin un sofá vacío, pero en frente había una chica cabalgando sobre un tío. Follaban sin importarles quién estuviera allí. Parecían drogados. De nuevo las nauseas. Otra vez al baño. No me quedaba más que echar. Sólo bilis. El amargor en la boca aumentó mi amargura.

M enjuagué la boca y busqué la calle. La luz del día me cegaba, casi me dolía. Pobrecita, qué palo se va a llevar. Soy una máquina de hacer daño. La cagué con Claudia y ahora otra vez. Me arrepentía de haber dado el paso con ella. No estoy preparado para eso. Y menos en Lieja donde la tentación era constante. Me odiaba a mí mismo. Tenía que contárselo y que ella me mandara a la mierda. No la merecía ni ella a un mierda como yo que no hacía más que cagarla en cuanto se me ponía la polla tiesa.

¿Ocultárselo? No podía construir nuestra relación sobre una mentira. No podría vivir así. Ella era mi espejo y yo no podía aparecer como un Dorian Grey, hermoso por fuera pero terrible por dentro. No podía ser.

Sentado en un banco mal vestido y seguramente pálido y demacrado le escribí un mensaje.

“Esta noche tenemos que hablar. Necesito hablar contigo”.

-¿Está todo bien?

-Esta noche cara a cara te lo cuento…

No sé cuanto tiempo estuve dándole vueltas a mi dolorida cabeza para ver la forma de contarle a Alba lo que había pasado pues el problema es que ni yo mismo sabía lo que había pasado. Tenía el estómago totalmente levantado por la resaca aunque quizá lo tenía más cerrado por el nudo que me apretaba que por las consecuencias de la intoxicación etílica. Dionisos me había jugado una mala pasada.

Sentado en un banco combinada momentos de tiritera con golpes de calor y sudores fríos. Tenía una resaca de nivel experto. Pero mi principal problema empezó a ser la duda. ¿Y si no había pasado nada entre Astrid y yo? Imposible. Si no ¿Qué hacíamos ambos desnudos en su cama? En un momento intenté comprobar si la churra me olía a coño. Escondido tras un seto me sobé la polla y me olí la mano. No reconocí el característico olor ocre que queda cuando los flujos vaginales se resecan tras haber mantenido relaciones. Pero quizá habíamos usado protección, algo que dudaba estando tan borracho. Tenía que salir de dudas antes de hablar con Alba.

Mareado y débil por no poder comer me encaminé a la residencia. Llevaba horas fuera y ya mi habitación estaría libre. Efectivamente en el salón no quedaba ya nadie durmiendo no follando. Pasé por la cocina a beber agua. Estaba totalmente deshidratado. Pero también tenía unas inmensas ganas de orinar. Meé abundantemente una orina oscura y con fuerte olor. Mi cuerpo trataba de eliminar el exceso de alcohol.

La puerta de Astrid estaba cerrada. La de mi habitación también. Entré con cuidado pero estaba vacía. Quise tumbarme en la cama pero sentí cierto escrúpulo. Efectivamente encontré restos de actividad sexual en forma de manchas resecas seguramente del semen de Santiago. Cambié las sábanas y me tumbé en la cama. Todavía la cabeza me daba vueltas. Me quedé dormido.

El sol volvió a despertarme, pero esta vez el de la tarde colándose por la buhardilla. Me aparté a una esquina de la cama para evitar la molestia. Me sentía muy débil. Necesitaba comer algo aunque me faltaban fuerzas para levantarme. Llamaron a la puerta. Respondí débilmente. Era Astrid. Entró sigilosa con cara preocupada vestida con una camiseta suelta y unos shorts deportivos.

-¿Cómo estás? Me tenías preocupada…

-Ufff, tengo una resaca terrible.

La chica se sentó en la cama al lado mía apoyando su mano en mi pecho. Tanta confianza me alertó. ¿Nos habíamos liado realmente?

-Anoche estabas fatal, y esta mañana no te he visto al despertar ni te encontrábamos por la residencia. Menos mal que estás bien.

-¿Qué pasó anoche?- pregunté acongojado.

-Cogiste una borrachera tremenda.

-¿Y aparte?

-¿No te acuerdas de nada?

-Me acuerdo que llegó Heike. Nada más…

-Puff. Menuda te pillaste, si se te veía.

-Pero ¿qué pasó?- insistí.

La sueca me narró como se organizó el festival tradicional sueco Midsommar, o al menos un sucedáneo donde grupos de chicos y chicas hacían una espacia de coreografía en la que ellas bailaban en bragas cubriendo sus pechos con las manos y ellos desnudos tapando su paquete igualmente con sus manos. Algo absurdo cuando casi toda la fiesta iba ya medio en pelotas. Era una simple excusa para beber, gritar y divertirse con un toque erótico.

Me contó que Heike, Santiago, ella y yo íbamos a formar nuestro grupo en el que las chicas se colocaban en medio y con juegos de manos ellas nos tapaban a nosotros y nosotros a ellas sin tocarnos. Mientras me lo explicaba imitaba la supuesta coreografía que pretendían que yo me aprendiera ya bastante perjudicado por el consumo de alcohol.

Evidentemente yo no me acordaba de nada. Siguió relatando que la coreografía fue un desastre, pues casi me caigo de las mesas que hacían de improvisado tablao. Iba bastante perjudicado. Pero que con nuestra torpeza la gente de la fiesta se lo pasó muy bien. Tras terminar la actuación y sin vestirnos seguimos un rato bebiendo.

-¿Entonces dónde está mi ropa?- pregunté- esta mañana me desperté desnudo.

-Debe seguir tirada en algún rincón del salón.

Pensé en bajar a recogerla pero prefería saber el final de la historia, concretamente la parte que más me preocupaba. Así que le pedí a mi amiga ¿o quizá amante? que me siguiera contando lo ocurrido.

Santiago y Heike habían empezado a enrollarse allí mismo en el salón y yo estaba muy mal. De hecho ella misma me había acompañado al baño a vomitar, así que le había pedido al gallego y la neerlandesa que la ayudaran a subirme a la habitación. Era bastante tarde y ambos preguntaron si podían dormir en la residencia.

-Como estabas tan borracho- me contaba- yo les ofrecí tu dormitorio y han dormido aquí.

-Lo sé. Los vi esta mañana. Dormido sólo no, he tenido que cambiar las sábanas.

-Jajajaja. Era de imaginar. Los españoles podéis ser muy convincentes para eso en ocasiones…

¿Me estaba diciendo que yo la había convencido para follar?

-…venían metiéndose mano desde un rato antes.

-¿Y tú y yo qué hicimos?

-No estabas para nada Luis. Después de vomitar te costaba trabajo andar. Tuvimos que subirte entre Santi y yo por la escalera cogiéndote por los brazos apoyados en nuestros hombros. Te metimos en mi cama. Hablabas en español y no te entendíamos, pero Santiago me explicó que parecía que llamabas a tu novia. ¿Se llama Abba?

-No…Alba…

Me incorporé en la cama sentándome a su lado y le pregunté directamente:

-Entonces tú y yo ¿nada?

-Sólo dormir.

Le di un abrazo.

-Parece que te alegras. ¿Tan desagradable soy?

-No, jajajajaja. Eres maravillosa. Eres la mejor amiga del mundo. Pero pensaba que había engañado a mi chica. Estaba fatal pensando que se lo tenía que contar. Y que lo nuestro se iba acabar, y que la habría defraudado, y la haría infeliz, y…

-Para, para, jajajaja. Que no ha pasado nada.

-Ya perdí a una chica por no ser transparente con ella y a Alba no podía hacerle esto. Ufff, que día más malo he pasado.

-Sigo pensando que te debo parecer horrible…

-¿Horrible tú? Si eres un ángel…bonita por dentro y por fuera…

-¿Ves por qué te envidio? Tienes pasión…

-Alba me importa mucho.

-Y espero que tú a ella. Eres un buen tío, Luis de España.

-Lo mismo tendría que decir yo de Astrid la vikinga. He tenido suerte de conocerte.

Tras despejar todos mis miedos me di cuenta del subidón que tenía. Al corazón me latía a mil y parecía haber recuperado la fuerza. Astrid me acompañó a recuperar mi ropa que efectivamente estaba en el salón. Detrás de uno de los sillones se amontonaban camisetas, tops, algún pantalón y hasta calzoncillos y alguna prenda íntima femenina. Pude recuperar mi ropa para lavarla.

Comí algo mientras Astrid me contaba algún detalle más de la fiesta. Efectivamente aquello había terminado prácticamente en orgía con gente enrollándose en el salón, los baños o la cocina. De hecho, para subirme a la habitación habían tenido que pedir paso a una pareja que se estaba liando en la escalera. No me acordaba de nada de eso. Quizá en los siguientes días recuperaría la memoria.

Recordé entonces que había vomitado en la papelera de Astrid. Me ofrecí a limpiársela mientras me seguía contando lo mal que yo estaba. De hecho, la desperté un par de veces por la noche con algún espasmo de la pierna. En un momento de la conversación me surgió una duda:

-¿Y por qué no me tapasteis?

-Luis, llevabas en bolas media fiesta.

-Joder me ha visto el pito media Lieja…

-Jajajaja, ya te lo habían visto en un concurso antes y algo más crecido, jajajaja. ¿O no te acuerdas?

-Verdad…- mi pudor recuperado casi me había hecho olvidar mis actos anteriores a Alba- Pero ¿no te molestó dormir con un tío desnudo?

-Sólo dormíamos Luis, no le des más vueltas…

Como había quedado con Alba me retiré a mi habitación. A la hora prevista nos conectamos en videoconferencia.

-¡Hola guapo! ¿Qué te pasaba esta mañana? Me tienes preocupada…

-Princesa, he descubierto una cosa.

-¿Y qué es esa cosa tan importante que has descubierto en Bélgica y que tenías que contarme con tanto misterio y cara a cara?

-Una cosa muy importante.

-Ay, Luis, habla de una vez, por Dios. Que no sé qué me estás contando…

Hice una pausa en la que mi novia mostraba su impaciencia cruzando los brazos hasta que con el corazón a mil y sintiendo que se me quebraba la voz le dije:

-Alba, he descubierto que te quiero…

Mi chica mostró cierto estupor al oírme pero yo continué:

-…que te necesito, que eres lo mejor que me ha pasado y que tengo pánico de perderte.

Mi chica se tapó la boca con una mano incapaz de articular palabra pero yo ya estaba desatado:

-Me he dado cuenta de que nada importa sin ti, que vivir la vida contigo es mucho mejor que sin ti, pero puedo prescindir de otras cosas. Llámame loco pero anoche tras una fiesta loca aquí en la residencia con gente en pelotas y liándose por todas partes, yo sólo pensaba que quería estar contigo.

-Lindo, no me digas esas cosas…

-¿Por qué?

-Porque yo…yo…

Nos mirábamos a través de las pantallas de nuestros ordenadores mientras mi chica no se arrancaba para terminar la frase hasta que al fin me dijo

-yo…hace tiempo que sé que te quiero mi lindo, pero siempre tengo miedo de no ser lo que tú esperas…

-Nooooo. Eso lo pienso yo. Tengo constantemente miedo de meter la pata y defraudarte.

-Qué tontos somos…

-Joder, que ganas tengo de acabar aquí.

-Resiste Luis, que ya te falta poco…

Tras un rato charlando ya de otras cosas más relajados y consiguiendo controlar la emoción nos despedimos. En pocas horas había pasado de pensar que el mundo se acababa a estar seguro de que sentía por Alba algo que nunca antes había sentido por nadie. Y parecía ser mutuo…

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