KERANOS

-Noelia.
-¿Qué pasa ahora? (dijo dándose la vuelta)
-Eso es lo que te quería preguntar. ¿Qué ha pasado? Con lo bien que nos llevábamos últimamente… Hasta el lunes aquí la cosa iba bien, pero ayer…
-No sé de qué me hablas.
-Que a estas alturas me salgas con eso… No sé… Creía que eras más lista.
-Pues fíjate… No todas somos tan perfectas como tu querida.
-¿Eso es lo que pasa? ¿Tienes celos?
-Pfff… Jajajaja. Anda, vete a la sombra, que te ha dado mucho el sol.
-Irene dice que tienes envidia por vernos a las dos parejas tan juntas. ¿Es eso?
-Irene no tiene ni idea. Se cree que sabe mucho y no. Es tonta.
-Oye, no hables así de ella.
-Te la has follado, ¿no? Por eso me rechazabas tanto… ¿Verdad?
-No me la he follado.
-Mientes muy mal. ¿Te crees que no me he dado cuenta de que los acercamientos que tenéis, de lo cariñosa que es contigo, de como te mira…?
-Es una muy buena amiga, de hecho, es mi mejor amiga, pero no me la he follado.
-Ya… Seguro que anoche estuvisteis los cuatro ahí en su habitación follando.
-Vamos a ver, Noelia. Te digo que no hemos hecho nada. ¿Oíste algo acaso?
-Estaba yo para oír…
-Pues ya te digo yo que no hicimos nada. Os oímos a vosotros, pero nada más. Estuvimos hablando.
-¿El qué? (preguntó con ansia)
-Pues cosas nuestras, de nuestro grupo de amigos, del trabajo… No sé, cosas normales que hablan unos amigos.
-No me lo trago.
-Fuimos a su habitación porque nos estábamos asando en el salón. Tu hermana siempre duerme abrazada a mí y teníamos mucho calor. Fuimos con ellos para poder estar fresquitos y como su cama es tan grande, pues dormimos allí con ellos. Y como tú estabas en la nuestra con ese chico, pues creíamos que se quedaría a dormir contigo.
-No, se fue rápido, de hecho, llamé a la puerta.
-Pues ni idea. Yo me dormí rápido y diría que los demás también.
-Sí, no me abrió nadie.
-¿Ves?
-Javi, me siento apartada. Como si fuera una apestada.
-Ya hemos hablado de esto. Es tu actitud Noelia. Tienes que calmarte un poco.
-No voy a cambiar por nada ni por nadie.
-No te estoy diciendo que cambies, pero tal vez deberías intentar ser más amable. Así la gente se interesará por ti y no te sentirás ni apartada ni como una apestada.
-Ya…
-Pero si te digo la verdad, creo que Irene y Mario no te han apartado, todo lo contrario. Creo que se han portado muy bien contigo. Y tu hermana y yo también nos hemos portado bien contigo, ¿no?

Noelia se quedó callada, apartando su mirada hacia ellos.

-¿Y qué es eso de los temas familiares? ¿Es por lo de tu padre?
-No quiero hablar de eso.
-A ver, Noelia… Ahora estoy dentro de tu familia y tenemos que llevarnos bien. Estas últimas semanas han sido muy buenas respecto a nuestra relación. Por fin he visto en ti a una chica normal, que tiene sus sentimientos con eso que te pasó…
-¿Por qué haces esto?
-¿El qué?
-Venir a hablar conmigo.
-Por tu hermana. Es lo que más quiero y no quiero que se lleve mal contigo. Sois hermanas, os tenéis que apoyar, no andar con esos piques y peleas.
-¿Por qué no le has contado lo que he estado haciendo?
-Porque…

Noelia me miraba con atención, muy fijamente.

-Porque a estas alturas ya la destrozaría. Por mucho menos se ha puesto muy mal. No quiero ni pensar qué pasaría si se entera de todo…
-¿Te arrepientes de no haberlo hecho en cuanto pasó?
-Muchísimo. Cada día que ha pasado desde ese momento.
-¿Por qué no lo hiciste?
-Porque no quería que me mandara a la mierda. Me lo pasaba bien con ella y pensé que si se lo contaba se enfadaría mucho y me diría de dejarnos de ver.
-Eres un cobarde.
-Lo sé.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos y Noelia se empezó a mover para dirigirse hacia la orilla.

-Espera, Noelia.
-¿Qué?
-Mañana es el cumpleaños de tu hermana.
-Ya lo sé.
-¿Te comportarás?

Noelia puso media sonrisa y se volvió a darla vuelta para irse, pero le agarré del brazo para que me mirara.

-Hazlo por tu hermana. Quiero que sea un buen día. Le he preparado…
-Me da igual lo que le hayas preparado. No quiero saberlo.
-Pero…
-No va a pasar nada.

Noelia se fue, dejándome allí solo con mis pensamientos. Cobarde. Esa era probablemente la palabra que mejor me definía durante mi relación con Elena. No había día que lo me castigara a mí mismo recordándome lo mal que lo estaba haciendo con ella. Muchas veces me cuestionaba si la quería tanto como decía al estar ocultándole algo así durante tanto tiempo. Pero es que me veía atrapado, no quería que ella sufriera y sabía que lo haría si se llegara a enterar. Lo que estaba claro era que cuanto más tiempo pasaba, la cosa iba a peor y el daño sería mayor, por eso no podía hacer nada ya. Seguía sin encontrar el motivo de que Noelia estuviera así. Ella decía que no eran celos, pero yo no opinaba igual, de hecho, creía que Irene llevaba razón. Veía que tenía envidia de vernos tan bien a los cuatro, cada uno con su pareja. Pero era su culpa, no caía bien por su actitud de mierda, siempre queriendo quedar por encima de todos y creyéndose que lo sabe todo. Tan sumido estaba en mi mundo que no me enteré de que Elena se estaba acercando a mí hasta que la tenía encima de mi espalda.

-¿Qué haces, mi amor?
-¿Eh? Me he quedado aquí a remojo.
-¿Estás bien?
-Sí, claro. ¿Por qué no iba a estarlo?
-No sé, te he visto aquí pensativo.
-Nada.
-¿Ha ido bien la charla?
-Bueno… Estaba en su línea.
-Vaya…
-Dice que se siente un poco apartada.
-¿Y eso?
-No sé, creo que Irene tiene razón.
-Yo creo que también.
-Les has contado lo de tus padres.
-Sí. Ya sabes lo importantes que son para mí.
-Ajá.
-Sin contar a la familia, solo lo sabéis vosotros tres.
-¿Lo echas de menos?
-Muchísimo.
-¿Crees que tu madre algún día…?
-No lo sé, pero no apostaría por ello. Ojalá nunca haya pasado eso…
-Lo siento, mi vida.
-Bueno, hemos venido a disfrutar, ¿no? Pues venga.

Elena me dio un beso y estuvimos un rato en el agua, saliendo después para ir con los demás. Después de echar la mañana allí, regresamos al apartamento para ducharnos. Cada pareja lo hicimos en un baño, juntos y finalmente Noelia. Elena, Noelia y yo fuimos al salón para esperarlos, pero Mario me llamó desde la cocina.

-Pero, ¿todavía estás así? (dije al verlo sin camiseta)
-Nosotros no vamos, no sé si me entiendes, Javi.
-Ah, claro coño. Sin problema. Nosotros nos vamos y os dejamos que estéis solos.
-Es que tío, con lo de ayer sigo más cachondo que un mono.
-Claro, normal. Te reprimiste mucho.
-Eso es. Quería empotrar a Irene, pero bien. Pero es que no podíamos hacer ruido…
-Ya, ya… ¿Qué me vas a contar a mí?
-Y encima viendo a Elena… Joder, no sabes las ganas que tengo de probarla…
-Ya tío, yo no tengo mucho problema, ya viste como reaccioné cuando le tocaste, pero ella no quiere, también viste como se puso. Se enfadó conmigo de verdad.
-Ya lo vi, ya. Bueno, no pasa nada. Conforme estamos ahora mismo me doy por satisfecho. La verdad es que cuando os dijimos de hacer algo por primera vez y vimos como reaccionasteis creíamos que no pasaría nada, aunque forzamos un poco. Pero mira ahora, está mucho más suelta. Me quedé flipando ayer cuando me cogió la polla para hacerme una paja.
-Estuvo bien.
-Ya ves. Ver su manita cogiendo mi polla fue muy morboso… Y lo de antes no se queda atrás, cuando Irene le comió el coño y luego le comí yo la boca. Joder, que rica está… Que dulce…
-Pues a ver si se suelta. Dice que no está preparada para hacer algo más, eso para mí no es un «no». Puede que en un futuro…
-Ojalá tío…
-Bueno, os dejamos solos. Que os lo paséis bien y no seas muy bestia.
-Ya sabes cómo me tiene ella en la cama, pero me da que hoy va a ser al revés… Jajajaja.
-Sí, jajajaja. Pues Elena se ha echado algunos juguetes. Si queréis usar cuerdas o algo, mirad en su maleta.
-Vale. Luego nos vemos.

Regresé al salón y Mario se fue a su habitación. Por suerte no me encontré a Noelia al salir, porque Mario y yo estuvimos hablando cosas que ella no debería escuchar y podría haber sido problemático si ella se llega a enterar de aquello, aunque estuviéramos hablando en susurros.

J: Nos vamos.
E: ¿Y los demás?
J: No tienen hambre.
E: ¿Cómo va a ser eso?
N: Elena, de verdad… Van a follar, como ayer hicisteis vosotros.
J: Bueno, ¿nos vamos?
E: Vale, vamos.

Fuimos a un restaurante a comer, esta vez más apartado, a uno que no habíamos ido. Sorprendentemente la comida fue bastante bien, aunque no es que acertáramos mucho eligiendo sitio para comer. Elena y yo charlábamos mientras Noelia permanecía callada, sin intervenir apenas, más pendiente de la televisión que había allí que de nosotros. Cuando acabamos de comer, pensamos en dejarles más tiempo a la otra pareja porque sabíamos de sobra como eran para el folleteo. Irene se podía correr muchas veces seguidas y no necesitaba tiempo para recuperarse apenas y Mario también tenía mucho aguante, por lo que tenían largas sesiones de sexo sin descanso. Propuse ir a una heladería famosa de la zona a la que aún no habíamos tenido la oportunidad de ir, por lo que fuimos después de un largo paseo, ya que estaba bastante retirada. Llegamos con calor por las horas que eran. Andar durante 30 minutos en pleno julio por el centro de la ciudad hasta el paso marítimo con ese sol en plena sobremesa nos dejó machacados, por lo que los helados entraron como agua. Esa heladería era famosa y con razón, porque estaban espectaculares, así que tampoco hubo reproche aun con el calor que pasamos hasta llegar. Con la tontería se nos hizo casi las 6 de la tarde entre el rato que estuvimos en la heladería y dando otro paseo, esta vez más resguardados del sol. Cuando llegamos al apartamento, nos encontramos a Mario en el salón, sentado en el sofá viendo la tele sin camiseta mientras se tomaba una cerveza.

E: ¿Ya habéis acabado? Jajajaja.
M: Sí, bueno… Jajajaja.
N: ¿Dónde está Irene?
M: Echándose una siesta, jajaja.
Yo sonreí negando con la cabeza.
N: Vamos, que la has reventado, pero bien…
M: Pues sí, está claro.

Noelia me miró durante un segundo, sentándose después al lado de Mario.

M: Javi, con lo de ayer me ha entrado curiosidad y he visto que el grupo va a venir a España de gira. ¿Te apetece ir a verlos?
J: Ostia, pues sí. ¿Cuándo?
M: En agosto.
J: Pues por mí, vamos.
E: Nosotras vamos también.
M: No creo que os guste…
E: Bueno, pues os acompañamos y cuando salgáis nos damos una vuelta o algo.
I: ¿De qué habláis?
N: Ostia… Vaya voz tienes… ¿Tanto has gritado?
I: Mario estaba intensito hoy…
M: No hombre… Es por el aire acondicionado, que se le reseca la garganta… Jajajaja.
J: Jajajaja, si ya no hace falta que disimules…
E: Vaya dos… Jajajaja.
M: Estoy muerto de hambre, ¿vamos a comer algo?
N: Nosotros venimos de eso.
I: Vamos al super a comprar algo Elena.
E: Venga.
I: ¿Te vienes, Noelia?
N: Vale…

Las chicas se fueron, dejándonos solos a Mario y a mí. Estuvimos mirando lo del concierto, viendo precios, alojamiento y demás. Después volvieron las chicas y Mario e Irene comieron algo mientras todos hablábamos. Al final echamos la tarde allí en el apartamento, empalmando con la hora de la cena, aunque no cenamos mucho. Preparamos los típicos aperitivos y estuvimos en el balcón, con un poco de música. Luego nos entraron ganas de tomarnos algo así que nos fuimos a un pub, pero se llenó muy rápido y era agobiante. Seguimos buscando alguno que estuviera más libre, pero todos estaban a rebosar. Recorrimos casi toda la cuidad y nada, por lo que optamos por irnos a la playa después de comprar algunas cervezas. Estuvimos un buen rato hasta que a las 11 regresamos al apartamento, porque estábamos cansados. Mario e Irene por el folleteo y la caminata que los pegamos buscando un sitio para tomarnos algo y Elena, Noelia y yo por esa caminata y la de la hora de comer. Nos fuimos a dormir y cuando fueron las 12 felicité a Elena. No dejaba de sonreír mientras me abrazaba como si fuera el primer día que empezamos a salir, pero estábamos cansados y teníamos sueño, así que dejamos la celebración para cuando nos levantamos y tuviéramos más intimidad. Elena se durmió como solía, con su cabeza sobre mi hombro, su brazo en mi pecho y una de sus piernas sobre las mías. De madrugada me desperté por un ruido estando abrazado a Elena desde atrás haciendo la cucharita. No oí nada más, pero sí que sentí que alguien se tumba detrás de mí y me pasaba el brazo por el costado, poniendo su mano en mi pecho para empujarme en dirección contraria a Elena.

-Mmm… Que bien hueles…
-Noelia, ¿qué haces?
-Hace mucho calor en el salón, no puedo seguir ahí.
-¿Me puedes soltar?
-Si es que estás tan fresquito y hueles tan bien…

Me estaba poniendo nervioso, Noelia me acariciaba el pecho mientras me empujaba hacia ella, pudiendo notar sus pezones clavándose en mi espalda. La gota que colmó el vaso fue cuando puso una de sus piernas sobre la mía. Me zafé de ella con cuidado para no despertar a Elena, dándole un beso a ésta en la mejilla y yéndome de la habitación hacia el salón para dormir ahí. A penas pude dormir por el calor que hacía y la situación que acababa de vivir. Me molestó bastante que Noelia dijera que se iba a comportar en el cumpleaños de su hermana y así empezaba la cosa. Casi amaneciendo me estaba meando y fui al baño, parándome en la habitación, viendo que ambas dormían con Elena abrazando por detrás a su hermana. A pesar del medio enfado que tenía, esa imagen me dio bastante ternura, así que se me pasó bastante. Conseguí dormir un poco hasta las 10, aunque los demás seguían durmiendo. Como no podía dormir más, aproveché para ir a comprar una tarta para el cumpleaños y cuando llegué me puse a hacer el desayuno, siendo Elena la primera en aparecer.

-Mi amor… ¿Dónde te metes…?
-Pues estaba haciendo el desayuno.
-¿Qué hace mi hermana en nuestra habitación?
-Pues que tenía mucho calor en el salón y se vino con nosotros. Yo me desvelé y me vine al salón para dejaros dormir tranquilas.
-Am…

En ese momento apareció Noelia por la cocina, acercándose sin hacer ruido. Abrazó a su hermana por detrás con mucho cariño, dándole un beso en la mejilla mientras sonreía.

N: Feliz cumpleaños.

Elena sonrió, acariciando las manos de su hermana al abrazarla.

E: Gracias hermanita.

Por un momento se me olvidó todos los malos rollos que había con ella y todo lo vivido. Ojalá fuera siempre así. Noelia se sentó con nosotros para desayunar y en nada vinieron Irene y Mario, felicitando a Elena con un abrazo y varios besos. Desayunamos todos juntos y luego fuimos a la playa. Después de pasar una mañana muy buena ahí, con un buen rollo como el del lunes, o incluso mejor, con varias llamadas a Elena, de su familia, amigas y amigos, regresamos al apartamento para ducharnos e ir a comer. Cuando volvimos, se sentaron y fui a por la tarta, cantando el clásico cumpleaños feliz entre todos. Elena estaba eufórica, sonriente en todo momento. Tan eufórica estaba que casi se emocionó después de decirnos:

E: Muchas gracias, chicos. Este cumpleaños está siendo uno de los mejores que he tenido. Tengo la mejor compañía y estoy en la playa, que ya sabéis que me encanta. Tengo a mis mejores amigos aquí conmigo, a mi familia, aunque falte mi madre, mi abuela y mi padre… Y también tengo a mi chico, que tantas cosas ha hecho por mí en estos casi 5 meses que llevamos juntos. Qué suerte he tenido contigo, Javi. Y con vosotros, no pensaba que llegaríais a ser como hermanos para mí.
I: Ay… Elena, que me vas a hacer llorar…

Irene y Mario le dieron un abrazo entre los dos y fueron a su habitación a por su regalo. Después la abrazó Noelia, por detrás. Elena tenía una cara muy risueña, estaba encantada. Sin embargo, Noelia tenía una media sonrisa y me miraba fijamente. Noté incomodidad en esa mirada, no por ella, si no por cómo me miraba, hasta me llegué a acojonar.

La otra pareja le dio su regalo y Elena lo abrió haciéndole mucha ilusión. Y luego me miraron a mí. Yo me acerqué a Elena, abrazándola por detrás y besándole la cabeza.

J: Mi sorpresa será luego más tarde…
N: Huy, ya sabemos lo que significa eso… Jajajaja.
J: Pues no lista… -dije con tono burlesco- Hay una cosita, pero tiene que ser más tarde.

Estuvimos un rato más en el apartamento, yendo después un rato a la playa, dando varios paseos mientras yo miraba sitios, pero sobre las 8 de la tarde regresé al apartamento para ir preparando algunas cosas. Llamé a Irene para explicarle bien el plan y que me echara una mano, con la ayuda de Mario también. Me dijo que sin problema y que de paso se encargarían también de Noelia para dejarnos solos. Me duché y me arreglé, diciéndole a Irene que se trajera a todos al apartamento para ducharse y demás mientras yo preparaba mi plan. Le hice énfasis en que Mario se duchara rápido y que fuera a la ubicación que le mandé. Todo estaba listo, así que regresé al apartamento cuando Mario llegó al sitio donde le dije para que echara un ojo.

Cuando llegué fui directamente a por Elena, dándole un beso mientras la cogía en brazos. Cuando la dejé en el suelo le dije lo guapísima que estaba. Iba con un vestidito vaquero ajustado, de tirantes y falda de medio muslo. El vestido se cerraba por una fila de botoncitos que empezaba desde su escote hasta el final de la falda. Iba también con unas sandalias blancas y tenía un ligero maquillaje, con rabillo del ojo y los labios con un ligero tono rosado. El pelo lo llevaba como siempre, entre lacio y ondulado, con ese color castaño, llegándole hasta los hombros, aunque también llevaba un pañuelo a modo de cinta como ella se ponía, desde la parte inferior de la nuca hasta la parte superior de la cabeza. Salimos de allí, dejando a Irene y Noelia en el apartamento, dando un paseo de la mano con nuestros dedos entrelazados. Fuimos por el paseo marítimo, con varias paradas para besarnos y ella siempre con una sonrisa en la boca. Poco a poco fui dirigiendo el paseo hasta donde tenía pensado ir, entrando a la playa y caminando por la arena. Hice un poco de hora para llegar en el momento preciso, dándole besos y abrazos de manera continua, mirándola a los ojos, pasando su pelo por detrás de la oreja, cogiéndola de la barbilla y dándole más besos. Casi llegando saqué el móvil y le mandé un mensaje a Mario para que se fuera de allí. Finalmente llegamos al sitio y Elena se quedó mirándolo con una sonrisa muy grande en la cara, mirándome después a mí, mordiéndose un poco el labio y dándome un fuerte abrazo.

Durante la tarde me estuve fijando en sitios para ir y pasar allí un rato con ella a solas y vi uno que estaba bastante bien, apartado y resguardado por unas rocas, casi como una mini cala de tres o cuatro metros en la que puse una manta típica de picnic bien extendida sobre la que había una cesta que contenía nuestra cena y todo lo necesario para comer tranquilamente. También compré un par de lámparas, como unos faroles y los puse ahí para cuando se hiciera más tarde. Nos sentamos y estuvimos hablando un rato hasta que empezó a atardecer, pudiendo ver la puesta de sol desde ahí con el sol poniéndose sobre el agua, inundando las aguas de un color naranja muy vivo, haciéndolo así también con nosotros por el reflejo del agua. Elena se sentó de cara al mar y yo detrás de ella, abrazándola.

-Me encanta, qué bonito.
-Sabía que te gustaría. Pero aquí no acaba la cosa.

La cursilada que monté no acabó ahí porque el atardecer con ese color tan vivo me sirvió de excusa para sacar el regalo de Elena. Alargué mi mano hasta la cesta y saqué una cajita de color naranja muy intenso, casi tanto como el del atardecer. Sabía que era su color favorito, por lo que pensé que el atardecer le gustaría al igual que la caja, que era del mismo color.

-Aquí tienes mi regalo.
-Hala… ¿qué es? (preguntó nerviosa)
-Ábrelo y lo ves.

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