BELLA PERRIX

Soy maestra de parvulario de 35 años, casada desde que tenía 20. Desde que me casé nunca había engañado a mi marido, a pesar de que tengo muchos pretendientes, pero él siempre ha sido muy celoso y yo muy recatada.

Esto a la larga cansa y si luego, las amigas y compañeras relatan sus aventuras e infidelidades pues le hacen a una tener muchas fantasías… Al final, las circunstancias me llevaron a hacer algo que no tenía pensado; digamos que “me obligaron”.

A continuación relataré lo que ocurrió: Yo había ido a una fiesta donde había varias maestras y maestros, mi marido llegó tarde y como siempre, comenzó con sus celos, haciéndome pasar una noche poco agradable, siendo las diez de la noche, después de estar discutiendo que si me había mirado fulanito o había hablado con menganito, mi marido me tiró las llaves del coche y se marchó.

Con ese panorama, a los pocos minutos yo también me fui del lugar. Era un local casi a las afueras de la ciudad, estaba semioscuro, llegué al coche, y decidí irme a casa, no había recorrido algunos kilómetros cuando en el vehículo, casi nuevo, se empezaron a encender avisos y fallos en el cuadro y se detuvo, trate de arrancar el motor varias veces, pero no tuve resultado. Llamé por el móvil a la aseguradora, pero la llamada se quedaba en espera y acababan colgando, así que llamé a un mecánico muy conocido de mi marido, un hombre de unos 65 años, regordete, bajito, de 1.58 de estatura, calvo, muy moreno, un hombre que para nada coincidía con mis gustos, altos, delgados, educados. Varios de ese tipo me intentaban ligar y en la fiesta me habían invitado a bailar.

Mientras esperaba a Manolo, el mecánico, que no es su nombre real, el miedo me invadía, así que me mantuve dentro del vehículo, además estaba un poco borracha, vestía una falda con colores llamativos, con vuelo, que me llegaba a la mitad de mis carnosos muslos y una blusa semitransparente, que permitía observar mis grandes senos, mi sujetador de encaje, con talla 95. Era peligroso estar sobre la carretera, cerca de una pendiente, con pocas casas alrededor y árboles.

No pasó más de media hora cuando Manolo apareció, con una pequeña grúa, saludándome: buenas noches maestra, preguntándome, ¿y su marido?, mire cómo son las cosas, ahora no viene, este coche se paró, le contesté. Yo me bajé del vehículo, pero… ¿para qué?, otros conductores que circulaban, pitaban, y algún que otro atrevido y probablemente con alguna copa de más gritaba groserías: ¡Vaya curvas y yo sin frenos!, ¡Guapa! ¡Te voy a dar raboterapia! y similares lindeces. Le dije a Manolo que se apresurara pues la situación me estaba agobiando. Trató de arrancar el coche, y exclamó, ya sé lo que pasa: ¡es la bomba de la gasolina! Lo tendré que llevar al taller.

Mientras lo enganchaba, traté de llamar a mi marido, pero su móvil al parecer estaba apagado o sin cobertura. Llamé a casa y tampoco contestaba nadie. Traté de pedir un taxi, y por esa zona, era imposible. No había otra, debía viajar con Manolo hasta su taller.

Manolo, muy atento, me dijo, maestra súbase a la grúa, en el taller encontrará taxi y si no, yo la llevaré a su casa. Con dificultad me subí y pude oler a alcohol, Manolo que estaba también algo borracho, pero no quedaba otra, además, cuando me abrió la puerta, pude sentir su lujuriosa mirada sobre mis piernas y dentro de la grúa, no perdía detalle de mi escote.

Se me hizo eterno el viaje, aunque su taller estaba a escasos 20 minutos, no hablamos hasta que llegamos. Abrió la puerta, metió la grúa y el coche, pero no se que pasó, cuando me di cuenta, con toda atención me estaba ayudando a bajar de la grúa, claro, sin dejar de mirarme las piernas y los pechos. Con cuidado maestra no se vaya a caer, me dijo, creo que había notado que estaba un poco borracha.

Miré mi reloj, entre unas cosas y otras ya eran las 12 de la noche, y yo estaba ahí sola, con un hombre que no era mi marido, aunque el taller estaba en su casa, al parecer la esposa de Manolo dormía profundamente, además que había cierta distancia entre el taller y las habitaciones. Por cierto, la esposa de Manolo era una mujer gorda, desaliñada, con cabello largo, de una estatura de 1.50 aproximadamente, de unos 58 años, contrastando con mi silueta delgada, mi cabello largo bien estilizado, mis torneadas piernas, que esa noche estaban cubiertas por medias color natural, sostenidas por un atractivo liguero de encaje finos y unos zapatos de tacón que me permitían alcanzar una estatura de 1.78m.

Seguramente Manolo, excepto con alguna prostituta, nunca había tenido tan cerca una mujer de mi edad, bien conservada y con olor a perfume. Extrañamente comencé a fantasear. ¿Por qué no darle ese gusto?

Manolo, creo que estaba más cachondo, porque ya sin ninguna vergüenza me barrió de arriba a abajo con su mirada, tanto que pude notar como su pene estaba empalmado, en su pantalón se estaba levantando una carpa de circo, que sin ningún rubor mostraba. Sin embargo, aún así me dijo, maestra, si quiere llamo por teléfono a un amigo taxista, aunque también ya sabe que con gusto, suspiró, la llevo.

Le dije, no Manolo, mejor llame a su amigo, de acuerdo, me respondió, mientras me invitaba a pasar a una pequeña oficina donde estaba el teléfono y donde había varios carteles con fotos de mujeres semidesnudas. Habló con su amigo, y me dijo que tardaría una media hora, mientras tanto, abrió un escritorio y saco un poster, pero cual fue mi sorpresa al ver que la mujer que estaba fotografiada era yo, a un lado de mi coche, claro que con ropa, una blusa negra tipo suéter, una minifalda de piel color negro, medias, y zapatos de color rojo. Esa foto, me dijo, me la había tomado en una ocasión que acompañé a mi marido al taller, y que si no me molestaba lo había hecho como un tributo a mi belleza y que no me enfadara que yo a él, le gustaba muchísimo.

Yo estaba sorprendida, pero no se que paso, que en breves segundos mi cuerpo se estremeció, y una extraña sensación de calor me invadió, estaba sumamente excitada, Manolo a unos treinta centímetros, diciéndome eso, se acercó más a mi, yo estaba frente a su escritorio, él se movió para atrás, diciéndome, maestra, perdóname, pero me gustas mucho, tienes unas piernas increíbles, un cuerpo de sueño, estás buenísima, tanto que hasta me he masturbado viendo tu foto.

Manolo, con todo el descaro, se acercó aún más a mí, sentí su respiración agitada y tuve un escalofrío en mi espalda, y alcance a decir, no Manolo, ya me voy, mi marido me espera, se va a enfadar si no llego, es muy tarde, mejor llévame a mi casa, además tu mujer va a despertar y que va a pensar. Ella siempre duerme toda la noche como una marmota, nunca despierta, me contestó.

Yo me quise mover, pero Manolo había puesto sus gruesos brazos sobre mi cintura, no te vayas maestra, no te voy hacer nada que no te guste, mientras suspiraba oliendo mi caro perfume. Pude sentir su aliento alcohólico que resoplaba sobre mi cuello. Volví a repetir, no Manolo, déjame ir, que me quieres hacer, pregunté. Pero Manolo, de repente me apretó con su grueso y gordo cuerpo sobre el escritorio y pude sentir un bulto, bien atrás de mi culo, que empujaba fuerte, yo me estremecí, la temperatura subió y lo único que se me ocurrió fue gozar ese momento, entonces aparente querer salir de esa situación, por lo que movía el culo, mis nalgas, las subía y las bajaba, hacia un movimiento circular, mientras mis manos estaban reposando en el escritorio y los brazos y manos de Manolo, me habían apretado por la cintura, hasta que una de sus manos, se metió bajo mi falda, agarrando uno de mis glúteos. Mmmmmmmm, que redondo y abultado tienes el culo maestra, es divino.

No aguantaba más, y le dije, Manolo, no por favor respétame, estoy casada y tú también, además no tardará en llegar el taxi. Que espere, quiero disfrutar este momento, y continuaba acariciándome mis nalgas, jugaba con el liguero, su boca intentaba besar mi cuello y parte de mi espalda.

Mientras yo aparentaba tratar de liberarme, Manolo, seguía, apretando mi cintura y con la otra mano, acariciaba mis muslos, creo que no lo podía detener y le dije, no Manolo suéltame por favor, o voy gritar ahora mismo, respondiéndome, maestra, grita, porque el taxi no va a venir, y ni mi esposa ni mis hijos están aquí, se fueron a casa de mi suegra.

Al decirme eso mi excitación creció, al saber que si no hacía otra cosa, terminaría empotrada en la polla de un viejo que me llevaba alrededor de 30 años. Pero aún así no podía entregarme así de fácil, porque podría pensar lo peor Manolo, así que aparenté poner resistencia, diciéndole, no Manolo, déjame ir, por favor, no me aprietes tanto, lo que hizo, lo que me dio oportunidad a quedar frente a él, pero que aprovechó para con dificultad besarme en la boca. Mmm que rico maestra, que boquita tan linda, que cara de ángel, que hoyitos bonitos se le hacen en sus pomulos, mientras su lengua se introducía en mi boca y mis manos aparentaban empujarlo.

Yo la verdad, estaba super excitada, mi cuerpo más alto que el de él, sobre todo por los zapatos de tacón, estaba pegado y podía sentir como su trozo de carne estaba tan crecido, que parecía reventar su pantalón, que afortunadamente no estaba sucio de grasa. Con temor, baje una de mis manos, pero me sorprendí, porque, en ese momento sentí, que el bulto, escondido bajo su pantalón, estaba duro, muy duro, sin más se lo apreté, pero eso hizo que creciera el deseo para que Manolo, la verdad, me follara.

Manolo me besaba en la boca, mientras que poco a poco abrió mí diminuta camisa, bajó a mis pechos, queriendo comérselos, que tetazas tiene mi maestra, me los voy a cenar con el permiso de tu marido. Ya Manolo, déjame ir, si, por favor, te lo suplico, dije con voz suave.

Yo estaba apoyada en el escritorio y decidí sentarme, de tal modo que Manolo, ya me pudo besar fácilmente, pero también, cogerme de la cintura, poner sus manos sobre mis muslos, seguir besando mis pechos y bajar a mi coñito, levantando mi falda, haciendo a un lado mi tanga de encaje, y meterme la lengua en el chochito.

Yo hice ver que estaba más borracha, y decía, no Manolo, ya no, déjame ir, va a venir mi marido, Manolo había dejado de meter su lengua en mi coñito, se había levantado y estaba besándome en la boca; sin embargo un fuerte impulso dirigió mis manos hacia su pene, que ya estaba fuera, los pantalones de Manolo habían caído al suelo, miré hacia abajo, y pude ver un tremendo palo, grande de unos 19 cm, grueso muy grueso, superior al de mi marido, 5 cm más grande, que me hizo olvidarme de todo, y sin más, le dije, ya Manolo, fóllame, métemela, hazme tuya. Quiero tu polla dentro, quiero toda tu polla dentro.

Sí maestra, como no, te voy a complacer, te voy a follar, te la voy a meter, y abrió mis piernas mientras yo estaba sentada en su escritorio, Manolo acarició mis muslos, sus dedos recorrían mis ingles, desde mis pantorrillas, mis rodillas. Mis manos, jugaban con su pene, le estaba ayudando a encontrar el agujero. Manolo, le dije, ahí está su hoyito, ahí está la casa de su pajarito. Si, maestra, ábrete bien, que ahí le va su pollón, mi maestra, al fin acerco su verga, y comenzó a metérmela, poco a poco, yo cerré mis piernas, agarré un poco su grasiento cuerpo y su panza que se sentía apoyada sobre mis piernas y mi vientre.

Más, Manolo, métemela más, así, que rico, aahhh, sabroso. ¿Te gusta, maestra? mucho, Diosss que bueno, dijo Manolo, nunca pensé que estas tetazas brincaran delante de mí. Pero qué tetazas, es usted una diosa, maestrita, mientras su pene se movía. MMMM, ¿quiere por el culo?

Cuando me dijo esto me asusté, pues ni mi marido me la había metido por ahí, pero era tanta mi excitación que, sólo dije, si quieres Manolo, pero te advierto que me vas a estrenar y debes ser cuidadoso.

Manolo estaba fascinado, sus ojos se le desorbitaron, me saco su verga, y con cuidado me dió la vuelta, me puso sobre el escritorio, levantó la falda, me bajo mi tanga que quedó enganchado en el liguero, y me dio unas palmadas en los glúteos.

¡Qué buen culito tiene la maestra! Separó los glúteos, los abrió, mientras yo con miedo reposaba mi cara en su escritorio y con una de mis manos alcanzaba la verga de Manolo, que estaba bien empalmada y dura, y la trataba de dirigir al agujero, a mi ano, cosa que se complicaba por la gordura de Manolo.

Por fin, sentía que su polla, rozaba mi culo, y de repente, sentí un dolor desgarrador, fuerte, que me hizo gemir y sacar lagrimas, pero ya estaba la cabeza del pene de Manolo adentro, y nuevamente, otra vez, sentí un dolor todavía mas fuerte, pero a la vez placentero, creo que ya estando todo el pene adentro, lo gozaba, y le suplicaba a Manolo, no lo saque, no me lo saque nunca, así, déjemelo para siempre y por vez primera, tenía un orgasmo con la polla ensartada en mi culo, además, perdía mi virginidad anal con Manolo. Como gocé.

Después Manolo, que parecía tener la energía de un joven, y después de haber eyaculado en mi culo, por un rato estuvo acariciando mis piernas, las besaba por encima de mis medias, hasta que, me quito la minifalda, mi blusa y mi sujetador, dejándome semidesnuda, sólo con mis zapatos, mis medias, mi liguero, me quitó mi tanga, que desde luego rompió, guardándolo, junto con mi sujetador como trofeos. Se sentó en una silla, me llevó hacia él, y me dijo, despacio maestra, siéntate aquí, en este cabezón, yo obedecí, tome el pene de Manolo, y puse mis nalgas y me fui acercando, pero todavía le dije, por donde Manolo, él respondió, por el coño maestra, soy comprensivo, quiero tu coño que no lo he saboreado del todo con mi pollón. Si Manolo, me senté y mi su pene fue ensartandose en mi agujero. Que rico Manolo, así, así: Sí maestra, estás muy buena, como lo estoy gozando. Tardamos bastante tiempo, hasta que tuve dos orgasmos más y Manolo me derramó su semen nuevamente. Sacó el pene, y me arrodille para limpiarlo, tragándome su corrida, también siendo la primera vez que lo hacía, porque nunca con mi marido lo había intentado, aunque él me quería obligar.

Terminamos, me vestí, aunque sin tanga y sin sujetador, Manolo, me llevó a casa en su coche, esperó a que entrara y se fué. Al abrir la puerta del salón ví a mi marido completamente borracho tirado en el sofá. Qué lástima de cornudo, otro día, él recogerá el coche, y sino quiere, con gusto volveré yo para hacer una visita a Manolo.

BellaPerrix ❤️

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