ALMUTAMID

El domingo mis amigos habían organizado una pachanga de fútbol sala. Mientras jugábamos las novias estaban sentadas en la pequeña grada charlando para cuando termináramos tomarnos algo todos juntos. Fuimos todos salvo Viqui y Mikel pues mi exnovia estaba pasando el mal trago de conocer a sus suegros. Los padres de Mikel se habían venido una semana para ver como vivía su hijo y conocer a la chica que lo retenía lejos de su familia.

El domingo se había presentado con toda la fuerza de la primavera, con temperaturas cercanas a los 30º. El calor y el ejercicio físico nos hicieron sudar de lo lindo pero nos lo pasamos bien. Pero el sol pegaba con tal fuerza a pesar de ser ya las 7 de la tarde que hasta me quemé ligeramente los brazos y las mejillas.

Al terminar nos reunimos con las chicas para tomar unas cervezas en un bar al lado de las pistas deportivas. Pablo fue a abrazar a Leyre pero ésta lo rechazó:

-¡Quita! Que estás empapado en sudor…

-A mis brazos reina mía…

Reímos los demás pero cuando yo me acerqué a Alba mi chica si me abrazó y me besó sin importarle mi sudada haciendo que Leyre comentara:

-Como se notan los que están empezando…

Dani hizo el gesto de abrazarla de nuevo pero ella lo rechazó diciendo:

-Hasta que no te duches, no hay ni besos.

Provocando de nuevo la hilaridad del grupo.

Álvaro no había venido a jugar pues se excusó en que era muy patoso y siempre había jugado al baloncesto. Pero sí que vino sumándose a la quedada posterior. Nieves se abrazó a él dejando claro también que estaban juntos. Hacían una pareja un tanto peculiar. Él tan alto y ella bajita. Sin tacones, como iba esa tarde su cabeza llegaba al pecho de él. Un pensamiento malicioso me recorrió la mente al pensar que casi ni tenía que agacharse para mamársela. Pero yo mismo me reñí por pensar algo así de dos amigos.

Ahora sí, tocaba despedirme de ellos hasta mi regreso de Lieja en junio. Serían casi dos meses, pero aun así, hicimos planes, alguno algo fantasioso, para el verano. Leyre ya estaba pensando en como iba a ser la barbacoa de estreno de temporada en su chalé que sería la apertura del verano oficialmente. Yo esperaba estar ya en la ciudad para entonces. Y además poder hacerlo con buenas noticias.

Aquella noche no hube sexo entre Alba y yo. Si me hacía otra paja iba a acabar con sus dedos marcados en la polla como el mango de una bicicleta. Ni ella buscó más ni yo tampoco. Pero a pesar de mi sudada no dejamos de abrazarnos y acariciarnos la espalda en cada momento. Incluso mi chica se sentía cómoda cuando yo al abrazarla metía mi mano en el bolsillo trasero de su vaquero acariciando su nalga. Quedamos en vernos a la tarde siguiente aunque mi intención era recogerla de clase como había hecho otras veces.

El lunes aproveché para remolonear en la cama todo el tiempo que pude. Tenía mucho en qué pensar. Oficialmente tenía novia. Y estaba feliz por ello. Estábamos bien juntos y con respecto al sexo mi chica por el momento no rehuía del contacto conmigo. Y aunque era un poco tradicional para algunas cosas yo sabía que en cuanto se sintiera segura podría penetrarla y tener relaciones normales.

En los meses anteriores había tenido mucho sexo y con prácticas poco habituales. Recordar las piernas abiertas de Alice Li con aquel consolador entrando y saliendo de su chocho mientras rozaba mi glande con mi polla clavada hasta el fondo de su recto todavía me la ponía dura. Pero no cambiaba aquello por las caricias a mi chica. La persona trascendía al sexo y por eso me sentía pleno. Además el miedo que sentí cuando me fui en Semana Santa no lo sentía ahora. Alba confiaba en mí y yo estaba dispuesto a todo por hacerla feliz. La separación dejaba de ser una prueba. No me interesaba follar con nadie más. Mi chica me deseaba. Se ponía cachonda conmigo y temblaba de placer estremeciéndose por mis caricias. No se puede aspirar a más en el sexo. Lo demás llegaría con el tiempo y la confianza.

A media mañana me vestí y me fui al rectorado de la universidad a preguntar por los plazos y documentación necesaria para mi traslado de expediente. El procedimiento era sencillo. En julio, preinscripción. Y una vez aceptada, me confirmaron que en los cursos superiores había plaza segura se iniciaba el procedimiento de convalidación y matriculación. Al tratarse de grados distintos podía tardar algo más, pero todos aquellos con la misma denominación se convalidaban directamente, por lo que lo más complejo serían los créditos aprobados en Lieja. Pero me aseguraron que de eso no me preocupara hasta que no llegase el momento de la titulación.

Cuando salía del rectorado camino de la facultad de Alba me llamó mi madre. Aunque nos íbamos a ver en la comida no pudo resistirse a contarme la visita al notario de aquella mañana. La tía de mi padre había dejado una herencia considerable, y aunque al ser una herencia en segundo grado llevaba aparejada una importante suma de impuestos para poder recibirla, compensaba plenamente. La tía había dejado el apartamento de la playa, su piso en el centro de la ciudad y una importante suma de dinero en varios depósitos e incluso acciones de bolsa.

Mi padre y mi tío ya habían acordado con el propio notario para que pudiera iniciar los trámites de la inscripción del patrimonio heredado qué parte se iba a quedar cada uno sin incumplir el testamento de su tía. Sin necesidad de tasaciones habían valorado mucho más alto el piso de la tía en la ciudad, en un edificio antiguo en una plaza muy céntrica y nombrada por el paso de cofradías. La casa constaba de un salón bastante grande, dos baños y cinco dormitorios de diversos tamaños uno de los cuales la tía tenía instalado como su biblioteca personal con cientos de libros. Ese piso se lo quedaría mi tío. A cambio mi padre se quedaba el apartamento y el dinero.

-Pero ¿cuándo?

-Ya, Luis. Ya tenemos las llaves. Es nuestro.

-¿Y nos vamos a pasar allí las vacaciones?- pregunté.

-Podemos irnos cuando queramos. Bueno, nosotros y tú cuando quieras con tus amigos. O con tu novia…

-Mamá…

-Jajajaja, me vas a decir que no estás deseando pasar unos días en la playa con ella…

-Bueno, claro. Pero lo dices de una forma…

-Sólo espero que seáis precavidos y responsables.

-¡Pero mamá!- me quejé.

-Ains, estoy deseando conocerla.

-Ya la conoces.

-Pero con mi niño, jajajaja…

Teníamos apartamento en la playa y mi madre ya estaba haciéndose cálculos de como lo iba a reformar una vez que estuviera inscrito a nombre de mi padre y pagado el impuesto de sucesiones.

Aunque supuse que Alba esperaba que la recogiera mostró una gran sorpresa al verme y se abalanzó a abrazarme y darme un pico. No me esperaba semejante efusividad aunque supuse que era su forma de decirle a todo el mundo que la estaba viendo que tenía novio. Saludé a varios compañeros que salían con ella, entre ellos Álvaro. No nos entretuvimos demasiado despidiéndonos mientras mi chica explicaba que yo estaba de Erasmus en Bélgica y me iba al día siguiente. De camino a casa le conté lo de la herencia.

-¿Entonces vais a tener apartamento?- me preguntó.

-Vamos, princesa. Mi madre quiere reformarlo y me ha dicho que ella y mi padre van a irse fines de semana y temporadas. Y por supuesto me ha dicho que puedo llevar a mis amigos cuando quiera. Bueno y a ti…

.¿Te ha dicho específicamente que me lleves?

-Sí…

-Me muero. Qué corte. ¿Tu madre no pensara que tú y yo…?

Me encogí de hombros.

-Ay que vergüenza.

-Pero chiquilla, somos novios. Es lo más normal.

-Si lo sé. Llámame tonta, pero una cosa es verlo natural en nuestros amigos y otra cosa que nuestros padres lo piensen. ¿Cómo le voy a decir a mi padre que me voy un fin de semana a follar con mi novio a la playa?

-Jajajajaja, dile que te vas con tu novio. Lo otro se lo imaginará.

-Ay que difícil se me va a hacer esto…

La abracé por la cintura y la besé para poniéndome muy serio decirle:

-Yo se lo diré a tu padre.

-¿Ahn sí?

-Sí. Iré a tu casa y le diré: Señor Martínez, soy Luis, el novio de su hija, y vengo a buscarla para llevármela un fin de semana a la playa para hartarme de follar con ella porque está muy requetebuena…

-Jajajajaja, me parto. No te atreves a algo así.

-Nop, jajajaja, me muero del miedo…

-Jajajajaja- rio mi chica abrazándome de nuevo.

La dejé en su casa y me fui a la mía donde ya estaban mis padres esperándome para comer. Mi madre estaba superanimada. No me dijeron la cantidad de dinero heredada pero supuse que era bastante. Aunque mi padre se quejaba de que a partir de ahora pagaría más impuestos y de que Hacienda nos iba a crujir el año próximo. Pensamientos de un contable. Para mi madre era como si nos hubiese tocado la lotería. Para mí, tener un lugar donde poder estar con mi chica.

Y con ella pasé toda la tarde. Paseando, hablando. Cogidos de la mano hasta que terminamos en el mismo banco en la oscuridad donde el lunes de pascua me había hecho la primera paja. Pero ese lunes después de Feria no nos tocamos. Al menos no con esa intención aunque no faltaron las caricias y los gestos de cariño. Mi chica se había sentado sobre mis piernas y aunque en algún momento debió sentir mi erección pro su proximidad ni ella hizo el intento de empezar a liarnos ni yo tampoco. Tocaba otro tipo de intimidad y se notaba una mezcla de miedos y deseos.

Fue ella la primera en preguntarme:

-¿Debería hablarle de ti a mis padres?

-No sé. Quizá mejor esperar a que yo vuelva.- respondí.

-Pero tú se lo has dicho. ¿Y si mis padres se enteraran por otras personas? Desconfiarían de mí…

-No les has dado motivos.

-Nunca me han conocido novio. En el instituto siempre todo a escondidas y no vas a llegar a tu casa diciéndole a tu madre que estás enrollada con un tío. Para ellos es una novedad. Pero si tú estuvieras aquí…

-Por eso quizá mejor esperar a mi regreso- insistí.

-¿Y si a tu vuelta ya no quieres estar conmigo?

-Vaya disgusto para mi madre…- respondí bromeando.

-Idiota- me dijo golpeándome el pecho.

-¿Tú crees que voy a contarle a mis padres que tengo conmigo a la niña de mis sueños para aburrirme de ella sin estar con ella?

-Pero con esas niñas de Bélgica…a lo mejor te gusta otra…

Iba a responder que ya las había probado sin haber llegado a enamorarme, pero mejor lo evité y respondí:

-¿Y tú? ¿Y si se te cruza un moreno alto y fuerte que se te lleva al huerto?

-Jajajaja, eso sí que no. Llevo mucho tiempo esperando a este castaño guapo…-respondió dándome un pico.

-Pues ya somos dos- contesté convirtiendo el pico en beso.

El resto de la tarde-noche fue una suma de planes y promesas que queríamos cumplir sabiendo ya sí que íbamos a estar separados casi dos meses.

Quizá no me creáis cuando os diga que no me fui triste. Evidentemente la iba a echar mucho de menos. Pero había llegado suficientemente lejos con ella para saber que lo nuestro iba en serio. Al menos lo mío. ¿Quizá había corrido demasiado contándoselo a mis padres? Mejor muestra de que yo iba de frente no podía darle. Pero había algo más. Los que conocéis mi historia seguramente ya os habréis dado cuenta de como habían cambiado las cosas tras conocer a Alba.

Mis relaciones anteriores se fundamentaban en una doble necesidad: en primer lugar sentirme deseado, importante, saber que yo atraía a alguien, que era capaz de concentrar su atención y quisiera estar conmigo. En segundo lugar, en la importancia que yo mismo le había dado a mi necesidad de mojar el churro.

Ambas necesidades estaban conectadas pero no eran lo mismo. La primera era una cuestión de autoestima. Era el resultado de la adolescencia de un pardillo que no se había comido una rosca y se mataba a pajas. La segunda era una consecuencia de aquella. Una vez que descubrí que yo era atractivo para las chicas ya no necesita alimentar mi ego, pero sí mis deseos. Follar no era una necesidad de autoestima, era algo parecido al deporte. Un ejercicio físico al que me había acostumbrado.

El problema había empezado primero con mi necesidad de descubrir el sexo con las chicas. Pero una vez sabido que mi problema en la adolescencia no había sido físico sino de autoconvencimiento pues ni yo creía en mi mismo, sobrepasé el límite, y convertí el sexo en una necesidad puramente física.

Conquistar a una chica como Claudia probablemente había sido algo muy difícil. Algo que tíos físicamente mejor dotados que yo no habían conseguido. El problema es que superado ese estigma no fui capaz de controlar ese apetito.

No interpretéis estas palabras como un deseo de volver con Claudia. Descubrir cuanto me importaba Alba y a lo que estaba dispuesto por ella fue muy elocuente. A Claudia la estaba engañando al mes de empezar. Bastaba que una cara bonita se me pusiera a tiro. Es cierto también que las dos caras bonitas fueron abiertamente a por mí. Nieves y Blanca no tropezaron conmigo, ambas me buscaron y provocaron. El problema es que yo lo puse demasiado fácil.

En ese tiempo para mí un polvo era más importante que cuidar mi relación. Y así me fue. Pero la pregunta que me hacía sentado en el avión que me llevaba de regreso a Bruselas empezaba a tener una respuesta clara. ¿Yo engañé a Claudia porque realmente no estaba tan pillado por ella o porque sin saberlo la había convertido en una muesca más en la culata de mi pistola?

Visto en la lejanía éramos una pareja imposible. Aun así hicimos amistad, nos enamoramos mutuamente y empezamos una relación. ¿Su independencia fue el problema? ¿Mi desconfianza? ¿Incompatibilidad?

¿Por qué ahora me resultaba tan fácil pensar que no me interesaba nadie más que Claudia y sin embargo pude sostener una relación con Nieves cuando Claudia ni siquiera se había ido de España?

Pero una nueva duda me asaltaba. Tras enrollarme con Alba un año antes yo me había empeñado nada más y nada menos que en intentar una relación seria con Marta y volver con Claudia. ¿Cuándo fui consciente de que ella era mi alma gemela? En realidad algunos no os lo váis a creer. Pero en realidad fue cuando caí más bajo. Cuando Claudia me dejó y mi mundo parecía desmoronarse ella hizo de tripas corazón y estuvo junto al amigo ¿el chico que le gustaba?…Pero dio la cara. Sabía que el estaba roto por otra y aun así no se apartó. Incluso viéndolo en las peores circunstancias: desaseado, lloroso y hasta desnudo. Pero ella siempre estuvo ahí.

Ya sé que me vais a reprochar que aun así después hice todo lo posible por estar con cualquier otra que no fuera ella. Y es verdad. Y fue consciente. No me veía merecedor de un ángel como Alba. Prefería hacerle daño antes de que después de. O mejor dicho, que ella se convenciera de que yo no era adecuado para ella.

Pero ni aun así. Ella siempre estaba ahí. Nunca fallaba. Consentía. Y sólo cuando me vio aquella vez tomando café con Mónica mostró incomodidad. Ella lo daba todo por mí y yo no tenía remedio. Y sin proponer sexo en ningún momento. No me conquistó ni sentándose en mis piernas como Marta, ni tonteando descaradamente como Nieves, ni haciéndose la inocente como Blanca. Siempre siendo ella misma.

Quizá exagero, pero era tanta la admiración que sentía por m chica que verme ahora con ella incluso limpiaba mis sentimientos de culpa anteriores. Ya no me sentía culpable por haber provocado el fin de mi relación con Claudia. Pues entonces no habría podido estar con Alba. Ese era el estado en el que mi convencimiento por mi novia me tenía. El sol había salido entre las nubes y me iluminaba con su luz blanca.

Tanto que el sexo había pasado a un segundo lugar. Que evidentemente me gustaba el cuerpo de mi chica. Mucho. Que le tenía ganas. Ahora que ya empezaba a disfrutar de mis caricias y demostraba su deseo, mucho más. Pero estaba dispuesto a esperar lo que hiciera falta hasta que ella me deseara tanto que no pudiera estar más sin recibirme.

¿Y yo? Pues llevaba bien sus pajas. Digo más. Me gustaban. Si era su forma de demostrarme como me deseaba me conformaba. Porque con ella el sexo no se había convertido en un fin sino en un instrumento. Y ese el motivo por el que me sentía fuerte para no meter la pata en los casi dos meses que tendríamos de separación.

A mi llegada a la residencia al mediodía del martes me fui directamente a la facultad tras soltar mi equipaje. Quería que Guido me pusiera al día de todo lo que me había perdido, que en realidad no había sido casi nada, aunque sí se habían publicado las fechas de los exámenes.

Por la tarde tuve entrenamiento. A ellos les expliqué la causa de mi viaje y recibí sus pésames. Por la noche en la soledad de la habitación sí sentí la nostalgia al verme hablando por mensajes con mi chica para contarle como había ido el día. Es curioso como cambian los sentimientos en pocas horas. Pero tenía que demostrarme a mí mismo mi capacidad e iba a hacerlo saliendo bien parado de aquellas semanas lejos de mi novia.

Pero fui capaz de retomar la nueva rutina. En realidad habían sido sólo 5 días de ausencia. Además la proximidad de los exámenes era la excusa perfecta para salir poco.

El miércoles recibí en mi habitación la visita sorpresa de Mireia. Hacía tiempo que no hablaba con ella pero llegó de forma muy cordial.

-Hey, andaluz, que me he enterado que has estado por tu tierra otra vez.

-Asuntos familiares. Falleció una tía muy unida a mi padre.

-Vaya lo siento.

-Gracias.

-Me han llegado rumores de que ya no quieres fiesta como cuando llegaste.

-Esta residencia es un gran hermano, te vigilan.

-Jajajaja

-Y me extraña que tú sepas esas cosas, no eras de las que más se relaciona.

No pareció molestarle mi comentario sino más bien parecía que sentirse diferente y en ocasiones hasta apartada la enorgullecía.

-Pero tú eras una de las estrellas de aquí. Durante semanas se habló de cierto concurso que ganaste.

-Tú estabas presente. Me viste ganar.

-Te noto huidizo. No sé, diferente.

-Es que desde que llegué han cambiado cosas- le expliqué.

-Pues sí. Entonces buscabas desesperadamente gente con quien tener una conversación y ahora estás todo el tiempo apartándote.

-Bueno. Es que hay otra persona y me debo a ella.

-A ver, explícame eso- me pidió la catalana.

-Pues en Semana Santa he dado el paso para salir en serio con una chica.

-¿Novios?

-Sí.

-Desde luego te pega. Reproduces el modelo neoliberal heteropatriarcal de sumisión de la mujer al hombre- me espetó sin cortarse y del tirón.

Perplejo por su exabrupto respondí:

-Me temo que complicas las cosas demasiado. Mi chica no está sometida a nadie. Libremente ha decidido dar el paso para empezar una relación conmigo.

-Para cumplir el rol de género que la sociedad le impone sometida al macho.

-Te vuelves a equivocar. Ambos libremente hemos dado rienda suelta a nuestra atracción mutua y lo hemos formalizado ante nuestros amigos. Pero nada más. Los dos somos iguales, estudiantes que quieren tener el día de mañana una carrera profesional sin que ninguno someta al otro.

-Tú estás dentro del sistema y no lo ves. Pero con tu actitud reproduces el modelo heteropatriarcal.

-Me estás prejuzgando. Alba y yo queremos ser una pareja de iguales y si Dios quiere formar una familia el día de mañana si es que todo nos va bien.

-Ja. Si Dios quiere…la religión siempre es la excusa para someter. Una voluntad superior que condena.

-Mira. Mejor dejamos la conversación porque con tus prejuicios no vas a cambiar mis sentimiento.

Mireia se retiró como otras veces cada vez que sacábamos temas que no veíamos de la misma manera. Yo después repasando la conversación me di cuenta de que había dicho algo que ni siquiera había hablado con Alba: el sentimiento de que lo nuestro podía ser duradero, definitivo… Sentí un escalofrío pero a la vez la determinación de intentarlo al menos.

Sin embargo, no era tan fácil abstraerme de algunas circunstancias. El viernes por la noche mientras estudiaba ya tarde llegaron de la habitación de Astrid sonidos que no eran nuevos para mí. Tenía compañía y estaban practicando sexo. Los sonidos eran muy claros con gemidos y hasta grititos. Se lo estaba pasando bien y el chico con el que estaba también.

De hecho, a diferencia de otras veces o echaron un polvo muy largo o cayeron varios seguidos, pues los gemidos y golpes rítmicos de la cama duraron bastante tiempo demostrando que se estaban dando caña.

Evidentemente la situación em excitó y aunque evité masturbarme la erección no pude controlarla. Pero no quería hacerme una paja con los gemidos lastimeros de la sueca recibiendo pollazos sino que quería serle fiel a mi chica hasta en eso y que el origen de mi excitación fuese el recuerdo de sus pechos, de sus caricias, su olor, o el tacto de su pubis. Difícil conseguirlo con los sonidos que llegaban de la habitación de al lado.

Pero lo más perturbador para mí fue pensar por un momento que quizá podría haber sido yo el que la hiciera gemir. ¿Cuando me encontró desnudo en la cama con Alice Li venía a buscarme para follar? Era una duda que se había quedado en el aire. Yo tenía claro mi camino pero esa duda me asaltaba.

Un comentario sobre “La residencia (181)

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