LLUN ROC

Incidente con un vecino

¡Hola prima! ¿Cómo va todo?

Oye, solo espero que no te enfades conmigo, me ha gustado mucho estar hablando contigo de estas cosas. Lo que comentas sobre lo del año pasado en la piscina… sí, no se te escapa una. Quería solamente gastarle una broma al pesado ese de Héctor que estaba todo el día con nosotras. Yo también siento lo que le pasó al primo Guille, pero no era mi intención que le hicieran nada a él. Le dije a su amigo que una de las chicas aquellas se quería enrollar con él y que le esperaba en el vestuario y luego les dije a las chicas lo de las cámaras, para ver lo que pasaba. El problema es que Guille se fue detrás de él, acuérdate que estaba todo el día siguiéndole como un perrillo. Guille no tendría ni que haber ido, no sé ni qué pretendía. Y además él mismo se lo buscó, porque todo eso del bañador lo hizo porque quiso, se podría haber ido y haber dejado al otro ahí, como hicimos al final. Pero bueno, prima, pensándolo bien tampoco fue para tanto. La peor parte se la llevó el chico ese, a Guille en realidad ni le tocaron. Se rieron un poco de él y estuvo feo, pero no se va a morir por eso.

Y sobre eso otro que me preguntas del vecino… sí, es una larga historia. He estado castigada bastante tiempo por eso, sobre todo por la pesada de mi madre, pero parece que papá la ha convencido y al final me van a dejar ir este verano a la playa, así que nos volveremos a ver.

La cosa fue que hace unos meses mis padres se fueron a pasar un puente fuera y me quedé sola en casa con Roco. Se ve que el hijo de los vecinos se había quedado solo también, así que aprovechó para montar una fiesta. Yo ese finde no salí ni nada porque tenía un examen a la semana siguiente y necesitaba descansar bien para estudiar por la mañana. El resto de chalets están más apartados y no debía molestarles, pero los nuestros están casi pegados y se oía todo muchísimo. Estuve esperando a ver si apagaban ya la música, intenté gritarles desde la ventana pero ni me oían, y lo peor es que Roco se empezó a poner nervioso por el ruido y no dejaba de ladrar, así que dormir fue imposible. Cuando ya era tardísimo, acabé tan desesperada que me puse una chaqueta encima del pijama y bajé a decirles algo.

La puerta del chalet estaba abierta y no paraba de entrar y salir gente, así que entré directamente. Allí en el salón estaba el hijo de los vecinos, que se llama Matías y a mí nunca me ha caído bien, me parece un flipado. Es un chico unos años más mayor que yo, con pinta de creerse muy guay. Es alto, delgado, paliducho, con el pelo oscuro y siempre muy bien peinado, un gilipollas. Iba vestido con un traje negro con la camisa muy abierta, estaba presumiendo de casa delante de unas chicas. Yo me planté ahí con el pijama debajo de la chaqueta y algunos se me quedaron mirando y se empezaron a reír. Les pedí que bajaran la música pero no me hicieron ni caso. Él estaba ahí con sus amigos y con esas chicas y cuando le pedí por las buenas que bajara el volumen porque era imposible dormir, lo que me dijo fue que la fiesta todavía iba a durar hasta por la mañana y que si no podía dormir que podía unirme, pero no con esas pintas. Empezó a hacer más coñas con cómo iba vestida y que si quería crear tendencia o qué, casi sin mirarme, y las chicas que estaban con él se reían mucho.

A mí ya me quedó claro que por las buenas no iban a bajar la música ni de coña y me empecé a cabrear cada vez más. Pensé amenazarle con llamar a la policía, con decirle que mi padre es poli y que le podían multar, pero sabía que no iba a hacer ni caso. La verdad es que no sé ni cómo se me ocurrió, supongo que intenté decir lo más duro y más amenazador que se me pasó por la cabeza, pero el caso es que al final lo que hice fue decirle a voces delante de todo el mundo que o bajaba la música o le cortaba los huevos. Al oír eso todo el mundo se quedó callado y me di cuenta de que algunas chicas se rieron. La cara que se le quedó fue igual que si le hubiera pegado una hostia, ahí ya sí que me miró directamente y hasta vi que tragaba saliva nervioso. Es alucinante, prima. Es que para los chicos son como palabras mágicas. Es que no hace falta ni tocarles un pelo, es mencionarles algo de sus huevos y se acojonan. El niñato este es un pijo y un chulo y no debe estar acostumbrado a que nadie le plante cara así. Enseguida se empezó a poner gallito y a decirme que me fuera de allí, que si esa era su casa y ponía la música como le daba la gana, que si yo era una mocosa y que no pintaba nada allí… pero vamos, que yo no me iba a dejar asustar por ese y de ahí no me iba a mover hasta que no bajase la puta música, así que ahí me quedé plantada sin hacerle ni caso y ya todo el mundo estaba mirándome para ver qué pasaba.

Al ver que yo no le hacía ni caso y que todos sus invitados lo estaban viendo, el tío se fue poniendo cada vez más nervioso y al final vino a por mí y me cogió del brazo para echarme. Yo intenté que me soltara, pero tenía más fuerza que yo y podría haberme sacado arrastras si hubiera querido, así que ni me lo pensé dos veces y le agarré de los huevos. Ni muchísimo menos le agarré tan fuerte como le hicieron el año pasado al Héctor en el vestuario, pero te juro prima que fue lo primero que se me vino a la mente. Cuando me agarró del brazo por un momento pensé, ¿qué hago? Y PAM, me acordé de aquello.

Fue la primera vez en mi vida que le toqué los huevos a un chico, pero te aseguro que desde entonces no ha sido la última… pero eso mejor te lo cuento otro día. La verdad es que no fue para nada como esperaba. Al tacto, digo. A ver, es verdad que en este caso él llevaba ropa, no tiene nada que ver con lo que vimos el verano pasado, pero pensé que iba a notar como dos canicas en la mano y en lugar de eso la sensación fue más como si agarrase una masa blanda envuelta en tela. De hecho ni siquiera sabía si estaba agarrándole la polla, los huevos o todo a la vez, incluso al principio llegué a pensar que no le había agarrado bien, pero en cuanto le vi la cara me quedó claro que sí. Ya te digo que no le apreté mucho, pero es que tampoco hizo falta, ¡la cara que puso fue de pánico total! Totalmente como si le fuese a matar o peor… aunque yo creo que sobre todo fue de sorpresa porque no se esperaba que fuese a hacer algo así. Me di cuenta de que todos lo que estaban allí reaccionaron al momento, las chicas que estaban hablando con él se quedaron con la boca abierta o se llevaron las manos a la cara y me di cuenta de que alguna se aguantó la risa. Los chicos pusieron cara de sorpresa o de dolor y alguno se llevó las manos a sus huevos. Luego pensando en ello me hizo mucha gracia eso, como si tuvieran miedo de que fuera a por los suyos también jeje

Estuvimos así un rato sin decir nada, no creo que fuera mucho, en realidad fue un momento, pero se me hizo eterno. A él se le veía todo tenso, ahora ya sí que no se hacía el chulito. Le miré a los ojos fijamente, él parecía que se fuera a echar a llorar de un momento a otro. Le di un apretón pequeño, fue como apretar una pelota de esas contra el estrés, y noté cómo reaccionaba como si le hubiera dado un escalofrío y abriendo mucho la boca, como si fuera a gritar pero sin hacer nada de ruido.

Aunque no lo pareciera, reconozco que yo estaba muerta de miedo porque nunca había hecho eso y al fin y al cabo él era un tío más mayor que estaba ahí con todos sus amigos y no sabía cómo iba a reaccionar, pero no hizo nada, se quedó como paralizado mientras le estuve agarrando, así que al final le solté y me largué de allí rápidamente sin decir nada. Fue casi corriendo hasta casa y cerré con llave. Me preocupaba que ahora vinieran a por mí o algo, pero no pasó nada. Se podría decir que no tuvo huevos jajajjaa

Al poco rato, se dejó de escuchar la música. Me asomé por la ventana y vi que todos los invitados se estaban yendo. No te imaginas lo bien que me sentí, prima. Cuando el año pasado vimos eso de Héctor me impresionó mucho ver cómo una chica bajita podía dominar a un tío de esa forma… pues la sensación fue parecida pero mejor porque esta vez era yo la que había puesto en su sitio a un gilipollas, y de una manera tan fácil que hasta me costaba creerlo. Me preocupaban, eso sí, las consecuencias. Yo sabía que ese capullo no se atrevería a ir a por mí, le tendría ya acojonado para siempre… pero sí me preocupaba que mis padres se enterasen de alguna manera. Él jamás se lo diría a nadie por pura vergüenza, pero lo mismo sus amigos sí, y como se fuera corriendo la voz y al final se enterasen mis padres, se me podía caer el pelo, prima… y sí, al final se enteraron, ¡pero no de la forma que esperaba!

Me está llamando mi madre para cenar y me está quedando esto ya muy largo, así que mañana te sigo contando, prima. Pero te adelanto que el que más salió perdiendo de todo esto fue el imbécil de Matías.

Hablamos, prima. ¡Un beso!

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