ISA HDEZ

La casa de paredes blancas, puertas de tea y suelo de piedra lisa,

ventanas verde pino de cristales cuadriculados que se abrían al campo,

techo elevado a dos aguas de tejas color granate, y,

rodeada de un patio empedrado con poyos rebosados de geranios y rosas.

Esteras redondas de hojas de palmera cubrían círculos de la estancia,

repletas de recuerdos de pisadas de otros tiempos,

donde en las noches de estío jugábamos a las catas,

y me dejabas ganar para gozar de la fiesta de sueños y risas.

Los aromas mañaneros embriagaban los sentimientos,

y nos abrazábamos como locos enamorados entre los romeros,

corríamos con el viento por los aledaños entre las montañas,

hasta que vencidos nos removíamos en lo sotos de los trigales.

Cada día vivíamos sumidos en un ensueño mágico,

el canto de los jilgueros nos despertaba de amanecida,

la casa se llenaba de olores de azahar y sabores de huerta,

y, los cuerpos se fundían habitándose piel con piel sin dejar espacio al aire.

Nuestro amor inmarcesible no entendía de límites,

creíamos que la pasión viva de nuestras mentes sería permanente,

pero se cerró la puerta, las ventanas y, llegó nuestro turno silente,

tan solo queda viva la luz de nuestras almas albergada en el pensamiento ausente.

© Isa Hdez.                                                   

Todos los derechos de autor reservados

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