MOISÉS ESTÉVEZ

Se levantó de la mesa después de haberla ordenado un poco, aún así
en ella reinaba el caos. Era como si desde lejos alguien se hubiera entretenido
en lanzar folios, carpetas, bolígrafos, clips, grapas… aunque dentro de ese
caos Nick encontraba el orden, un orden personal e incomprensible. Tampoco
le importaba los comentarios que hicieran sobre ello sus compañeros, que lo
hacían. No le llevó mucho tiempo, cogió su abrigo, subió al ascensor y mientras
bajaba, decidió que iría dando un paseo. Antes entró en el 7-Eleven de al lado
de comisaría y pidió un café para llevar – lo tomaré de camino –
Llegó puntual a su cita con Natasha – 16:58 h – gracias a que iba
bebiéndose su particular infusión mientras caminaba. Esta la recibió al instante,
acababa de terminar con otro paciente.
Nick era consciente de que no estaba atravesando uno de sus mejores
momentos, su terapeuta lo sabía desde primera hora, y él, al principio reacio,
por extraño que le pareciera ahora esperaba que aquellas visitas le ayudaran a
atravesar el bache en el que se encontraba, con la esperanza de recuperarse
al cien por cien.
La doctora le dedicó más de una hora y Nick ese día estuvo menos
reservado que de costumbre, mostrando algo más lo que llevaba en su interior,
describiendo su estado anímico como no lo había hecho hasta entonces, lo que
paradójicamente le satisfizo. También a Natasha, que lo emplazó para la
siguiente semana haciendo hincapié en los progresos que notaba y animándolo
a que siguiera así, puesto que ese era el camino ideal para su total
recuperación, sin caer nunca en el desaliento. Él accedió gustosamente, lo que
no dejó de sorprenderlo, sentía ganas de continuar con aquello y no hallaba
una explicación plausible – quizás sea ella la que hace que me plantee las
cosas con otra perspectiva – pensaba.
Ya en la puerta de la consulta, antes de despedirse, el detective se
atrevió a decirle alejándose de lo meramente formal y profesional, que
accedería a venir a la siguiente sesión con una condición, lo que dejó a la
doctora un poco descolocada – que nos tomemos una copa juntos – ella un
tanto ruborizada no lo vio del todo claro, no debía intimar con sus pacientes.

  • Está bien, pero sólo una copa. Aunque no creo que sea una buena idea
    que nuestra relación traspase las paredes de esta consulta

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