ALMUTAMID

La siguiente semana mi nueva rutina se afianzó aunque se viera sacudida por momentos por un ataque agudo de nostalgia. El sábado coincidían dos eventos importantes para mí y no los podía disfrutar con mi gente más querida: la prueba del alumbrado de la Feria y mi vigesimoprimer cumpleaños.

Lo primero no tenía solución por la distancia y con respecto a lo segundo dudé si hacer una fiestecita con los más allegados en Lieja, pero viendo el resultado de la celebración del día de Andalucía preferí evitar tentaciones tras haber comprobado entonces que no había sido difícil acabar con dos chicas comiéndome la polla.

Pero eso no era todo, al jueves por la noche había hecho video conferencia con Alba y me había contado todos sus preparativos para la Feria. Mientras hablábamos me contó que ya tenía arreglado su nuevo vestido e incluso comprados los complementos. Evidentemente le pedí que me lo enseñara. Muy contenta dio unos pasos atrás para que en la cámara se viera el vestido. Era verde agua de tirantas con el talle ajustado y los volantes empezaban a medio muslo. Mientras me lo enseñaba me explicaba que lo podía combinar con varios colores, berenjena, azul…A mí eso me daba igual y lo que le dije fue muy sencillo:

-Pero ¿cómo te queda puesto? Que no te voy a ver en feria…

-¿Quieres vérmelo puesto?

-Pues claro…

Se quedó pensando un instante y con una sonrisa divertida me respondió:

-Vale, jajajaja…dame un minuto.

Alba desapareció de la pantalla mientras yo le decía:

-Pero no te escondas para cambiarte.

-Jajajajaja, no quieras ver tanto.

-Eres mi novia. Quiero verlo todo…

-Cada cosa a su tiempo…-se escuchaba su voz fuera de pantalla- además no llevo ropa interior muy vistosa…

-Conque sea la mitad de vistosa que tus bikinis ya será espectacular…

-Ni la mitad…

-Te gusta hacerme sufrir.

-Hay manjares que se disfrutan más con la espera…

-Eso suena a frase aprendida- objeté.

-Pero gano tiempo- contestó reapareciendo en pantalla ya con el vestido puesto.

Estaba espectacular pues se ajustaba perfectamente a su cuerpo sujetando sus pechos haciéndolos parecer incluso más pequeños a pesar de marcar perfectamente la silueta de su busto, cintura y caderas. Al apretar sus pechos éstos anunciaban sin llegar a verse del todo un canal muy sugerente en su escote que invitaba a explorar.

Alba se recogía el pelo mientras yo la observaba diciendo:

-Espectacular…

-¿Te gusta?

-El vestido y sobre todo la modelo.

Su sonrisa de complacencia iluminaba su rostro. Entonces le dije:

-Voy a tener que impedir que vayas a la feria.

-¿Por qué?- preguntó incómoda.

-Porque estás tan buena que todos van a querer bailar contigo y muchas cosas más, y tengo miedo de que otro más guapo se te lleve por ahí…

-Jajajajaja, que tonto. No hay ninguno más guapo…

-Pero no voy a poder presumir por la feria contigo cogida de mi brazo…

-Bueno, el año que viene…

Esa respuesta era una idea muy clara de su vocación de que lo nuestro fuese una relación larga. Y yo como confirmación repetí en tono más triste:

-Bueno…el año que viene.

-Me voy a quitar el vestido que se arruga, no te vayas…-me dijo dando un tono más alegre a su voz.

Alba se apartó de la pantalla como antes, pero no sé si fue por despiste o buscando complacerme de alguna manera yo podía ver por el lateral de la pantalla parte de su cuerpo. De modo que vi como se bajaba la cremallera de la espalda y se sacaba el vestido por las piernas pudiendo ver unas braguitas rosas muy monas que se estiraban en sus caderas y se apretaban a sus nalgas. Yo guardaba silencio observando su sujetador blanco abrochado a su espalda y como se ponía de nuevo el pijama grandote que llevaba, varias tallas mayor que el que le había visto la otra vez que la cubría como un camisón pero con cinturilla. Pero no se puso el pantalón pues la parte de arriba le llegaba hasta los muslos tapando sus braguitas.

Cuando reapareció en pantalla completa diciendo “ya estoy” pude comprobarlo y no pude más que darle a entender que no la había visto cambiarse exclamando:

-Tienes unas piernas preciosas…

-Jijiji, no se te escapa una. Es que tenía calor con el pantalón y como el pijama me tapa, pues…

-Pues me encanta…

Alba se sentó de nuevo y continuó contándome para ponerme al día de las cosas de la ciudad y nuestros amigos. Aunque hablábamos todos los días por mensajes esas videoconferencias se estaban convirtiendo en un resumen de nuestra semana. Yo le contaba los entrenamientos con el nuevo equipo o las historias de la facultad y ella hacía lo propio.

El viernes tuve de nuevo partido y cerveceo posterior con L’etoile Rouge. Me había integrado bien con ellos y estaban encantados conmigo. Derrota pero jugando mejor. Sin haberlo hablado me habían dejado que me hiciera dueño del movimiento de balón y seguían mis instrucciones en el campo. Estaba ejerciendo unas dotes de capitán que nunca había asumido en mi equipo de la facultad por la presencia de Dani, pero estos chavales habían visto que yo sabía lo que hacía y lo habían aceptado sin problema pues una vez fuera del campo yo volvía a ser el último en llegar al equipo.

Y mucho más, pues cuando ya llevábamos un buen rato en la cervecería apagaron de golpe las luces y apareció Marcel con una pequeña tarta con dos bengalas. ¿Cómo sabían que al día siguiente era mi cumpleaños? A mi cara de extrañeza y sorpresa respondió Ousmane que en la ficha de inscripción ponía mi fecha de nacimientos. Me cantaron a coro “Joyeux anniversaire” y me sentí en la obligación de invitar a todo el equipo a una ronda de cervezas. Eran buena gente.

La fiesta me vino bien pues nos quedamos hasta tarde y el sábado, pese a ser el día en que cumplía años me quedé medio amargado en la residencia todo el día. Y digo medio amargado y no amargado del todo porque no dejé de recibir mensajes de felicitación y alguna llamada en todo el día de mis amigos y familiares. Mi chica se había adelantado a mi madre y ya me había dejado un mensaje a las 12 de la noche en cuanto entró el nuevo día que no vi hasta que volvía de vuelta. Le respondí explicándole la sorpresa que me habían dado los compañeros de equipo.

Lo peor de las llamadas era que todo el mundo te contaba como estaban preparándose para la Feria mientras yo me consumía en nostalgia encerrado en mi habitación en un típico día gris de Bélgica.

Ni siquiera quedé cuando Guido me preguntó si salía. Me veía raro saliendo por Lieja mientras mis padres estaban cenando el pescaíto en la caseta y mis amigos estaban haciendo tiempo para ver el alumbrado de la Feria.

Tarde bajé a ducharme pensando que no habría nadie en las duchas, pero como el día estaba muy malo muchos se habían quedado en la residencia. Me metí en una de las duchas con mi albornoz pero cuando ya me había duchado me dio un apretón y me senté en un de los retretes. Entonces escuché que entraban varias chicas y por como hablaban deduje que se estaban maquillando. No podía verlas pero las oía hablar. Eran tres al menos.

-Tía, ya no quedas con Georges…

-Que va, es un creído. Todo lo que tiene de bueno lo tiene de egocéntrico.

-Ya, pero tiene a las tías comiendo de su mano- dijo una tercera.

-Ya. Porque está bueno, pero después es muy egoísta.

-Pues bien que has estado acostándote con él un tiempo- dijo la primera.

-No sé. Pensaba que era diferente, pero ya lo conozco mejor. Y paso de él.

-Bueno y porque cada fin de semana se folla a una diferente.- dijo la tercera.

-Yo creo que buscabas algo más serio pero con él es imposible.- dijo ahora la primera voz.

-Bah, aquí todo el mundo va a lo que va. Casi todo el mundo tiene pareja pero aquí se hartan de follar con el que sea.- se defendió la segunda chica que supuse que era Amelie.

-Pues el que dicen que ha empezado con alguien en España y ya no quiere nada con nadie es Luis, el chico español.

Me quedé helado. Hablaban de mí. Agudicé el oído para no perder detalle.

-Es verdad, el que ganó el concurso de mamadas.-dijo la otra voz.

-¿Me tenéis que recordar eso otra vez?- respondió la segunda voz molesta confirmándome mi sospecha de su identidad.

-No tía, es que se hizo famoso en la residencia por eso.

-No fue culpa tuya, el tío tiene aguante y nada más.

-Es que me puse muy nerviosa y no atinaba. Estaba obsesionada con hacérselo rápido y eso fue peor. Tenía que haberme concentrado. Porque encima ni lo disfruté.

-De eso ya te encargabas con el pollón de Georges…jajajaja- rio la primera.

-Pues Alice Li me ha dicho que folla de maravilla. Que ella ha pasado muy buenos ratos con él. Y que parece cortadito y muy comprensivo pero que sabe dar caña.- explicó Amelie.

-Lo que pasa es que habiéndote acostumbrado al solomillo negro de Georges ahora no te va a gustar el filetito blanco, jajajaja.

-Georges solo tiene cantidad pero Luis tiene calidad. Con ese aguante seguro que te hace ver las estrellas. ¿O acordáis de Heike la chica holandesa que ha venido varias veces?- comentó Amelie.

-Sí- respondió otra de las voces,

-Pues se lo ha follado varias veces y dice que ella se corrió varias veces, literalmente lo de correrse, mientras él seguía.

-Pues habrá que probarlo, jajajaja- respondió la tercera.

-Pero si dice Alice que es de los que mantiene exclusivismo con su chica.

-Además nunca he hablado con él.

-Pero yo sí- respondió Amelie.

-Ha rechazado a Alice Li.

-Porque no se la habrá puesto dura. En cuanto a un tío se le levanta ya sólo piensa con eso. – insistió la chica de color.

-No sé tía. No soy así con los tíos.- respondió la primera- Si uno quiere y te gusta vale, pero no me gusta provocar y forzar.

-No sé, pero se me quedó esa espinita. Me sentí fatal cuando el concurso y encima esa noche se lo tiró Alice Li. Y yo quedé fatal. Ahora mejor lo ordeño yo, a lo mejor tengo ganas de probar leche blanquita…

-Jajajajaja, pero qué cerda eres…

-Lo dice la que se ha comido ya casi todas las pollas de la residencia…

-Jajajajaja…

Por fin las chicas se fueron y yo pude salir del baño. La conversación me había dejado helado. Pero yo sabía que no iba a pasar nada. Como había dicho una de las chica me reservaba en exclusiva para Alba.

Admitir que la conversación me halagó no creo que sea necesario. Que también me alarmó, pues era evidente. Yo confiaba en mi mismo pero no en las circunstancias en que se me pudiera ofrecer aquella chica. Lo más fácil era evitar el contacto. Alice Li no había vuelto a mi dormitorio aunque seguíamos charlando en la cocina y los pasillos cuando nos veíamos. A Amelie la veía raramente y dudo que cruzándonos en los pasillos me dijera abiertamente que quería echar un polvo. No parecía una chica así y la conversación que yo había escuchado me sonaba más a fanfarroneo como cuando tres tíos hablan antes de salir una noche de marcha.

Ya había aprendido suficientemente sobre el sexo contrario y las distintas actitudes de las chicas. No son tan distintas a nosotros aunque sus armas sean diferentes. Las que buscan atraer usan sus armas de seducción, que suelen ser sus propios cuerpos en ocasiones de la misma forma que los tíos cachas que usan ropa ajustada o se abren la camisa de más para presumir de pectorales.

Y en cuanto a la forma en que se fijan en los tíos no varían tanto de nosotros. Si entre los tíos es fácil escuchar refiriéndose a una chica en un pub o discoteca “mira las teas de esa o el culo de aquella”. Escuchar a varias chicas hablar de la polla de un tío con el que se habían liado no era algo tan sorprendente, pues al fin y al cabo, es lo mismo que hacemos nosotros cuando queremos fardar delante de un amigo al referirnos a las tetas o al culo de nuestra última conquista.

Lo que realmente me halagó de lo que escuché no era saber de las bondades de mi churra, y su fama en la residencia, sino el poder sentirme orgulloso de que las chicas que habían estado conmigo quedaban satisfechas. No decían lo bueno que está Luis o el pollón que tiene. Decían las veces que se habían corrido gracias a mí o conmigo.

La cuestión es que yo ya sólo quería concentrar esa habilidad en una sola persona. Quería que sólo disfrutara de mí una persona y satisfacer sólo a esa persona. Mi tiempo de sexo vano ya había pasado. Esa conversación entre chicas me confirmaba algo que yo sospechaba porque todas querían repetir conmigo. Pero yo ahora sólo quería concentrar esa habilidad en mi chica, que fuese ella la que disfrutara del sexo que yo le proporcionara pues eso es lo que más satisfacción me provocaría a mí.

Bueno, eso y las tetas y el culazo de mi chica. Pero ese fanfarroneo me lo guardaba para mí. No iba a presumir delante de otros para que me envidiaran por eso. Ahora quería que me envidiaran por la relación que tenía, que de lo otro ya disfrutaría yo. Vale, aun no sabía cuándo, pues entre mi ausencia y los reparos de Alba no veía cerca el día en que pudiera practicar el sexo completo con ella. Todo se andaría…

Por lo demás el empezar la rutina del lunes redujo en cierta medida mi nostalgia. Aunque veía fotos de mis amigos en la Feria yo tenía cosas que hacer o me las autoimponía para no pensar. Sin embargo, el martes me llamó mi madre. Me extrañó pues me había llamado el día de mi cumpleaños y no solía hacerlo tan seguido. Algo pasaba.

Efectivamente la tía de mi padre había empeorado súbitamente y de nuevo la habían ingresado en el hospital pero mi madre me confirmaba que estaba muy grave y los médicos no daban esperanzas. Efectivamente el jueves se confirmó el desenlace.

Yo no tenía mucha relación con la señora. Sólo la visitas que le hacíamos un par de veces al año al apartamento en el que vivía en la playa. Pero mi padre si estaba muy unido a ella. Al haber sido la tía soltera había cuidado de él y de mi tío muchas veces de pequeños y aunque al mudarse a aquel apartamento había perdido mucho contacto se llamaban telefónicamente constantemente, especialmente desde que falleciera mi abuela. Por tanto, era una segunda madre para mi padre.

Era el remate que me faltaba para dar la puntilla a aquella terrible semana en que pasé un cumpleaños alejado de los míos, sin feria y ahora con el fallecimiento de la tía de mi padre. En cuanto mi madre me confirmó la noticia llamé a Alba:

-¿Luis? ¿Todo bien? No esperaba una llamada tuyo de teléfono.

-La tía de mi padre se ha muerto.

-Vaya. Lo siento muchísimo. ¿Cómo está tu padre?

-No he hablado con él, pero por lo que mi madre me cuenta, mal.

-Luis. Si necesitas cualquier cosa…

-Lo sé, princesa. No es eso. Creo que voy a ir.

-Pero ¿habrá vuelos?

-Es Feria, seguro que hay vuelos directos o sino con alguna escala.

-Pero ahora te va a salir muy caro.

-Mi padre me dejó una tarjeta de crédito para una emergencia y esto lo es.

-¿Y las clases?

-Puedo faltar un par de días.

-Pues si lo tienes claro vente. Yo te ayudo en lo que te haga falta.

-Verte ya es ayuda suficiente.

-Voy contigo donde haga falta- se ofreció de nuevo.

-No es necesario. No quiero que te involucres tanto todavía. Pero gracias mi princesa.

Me fui a una agencia de viajes cerca de la universidad y conseguí un vuelo directo desde Bruselas menos caro que lo esperado pues me consiguieron una oferta de última hora para completar un vuelo. Salía el viernes por la mañana a tiempo de llegar a la incineración y regresaba el martes.

Le conté a Guido lo que había pasado para que me tomara apuntes esos días y también avisé a Astrid, que estuvo muy cariñosa. El viernes temprano llegué en tren al aeropuerto de Bruselas y al mediodía estaba en mi ciudad. Tomé el autobús que lleva desde el aeropuerto al centro y llegue a casa para la hora de comer.

Mi madre ya sabía que yo llegaba por lo que me había dejado algo de comer preparado y el traje oscuro. Me gustaba más ponérmelo el Jueves Santo. Comí y llegué al tanatorio justo antes de que le dieran un responso en la capilla antes de llevar los restos de la tía a la incineradora del cementerio.

Mi padre estaba muy apagado. Pero se alegró de verme. Mi tío también estaba muy triste. La incineración fue larga mientras los familiares esperábamos en una sala de espera a la entrada del cementerio. Allí surgen conversaciones de todo tipo y tuve que explicar toda mi experiencia Erasmus. Por fin nos entregaron una pequeña urna con las cenizas de la tía y nos volvimos a casa. Ya en casa antes de que me diera tiempo a desvestirme mi madre me dijo:

-¿Por qué no quedas con tus amigos?

-Están en la Feria, mamá. No pega.

-No seas tonto. Tu padre lo entiende. Ya has hecho suficiente con venir. Pero ya que estás aquí aprovecha. Venga, vete. Y te olvidas un rato de todo esto. Tu padre se va a acostar lleva varios días durmiendo muy mal.

No me lo pensé y cambiando la corbata negra por una de color llamé a Alba. Se alegró mucho de que fuera a buscarlos. En menos de media hora estaba entrando por la caseta donde estaban todos. Se sorprendieron al verme pero quizá más al ver como mi chica se lanzaba a mis brazos y nos fundíamos en un largo beso. Ya no había nada oculto. Oficialmente Alba y Luis eran pareja.

Un comentario sobre “La residencia (178)

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