ALMUTAMID

El lunes no paré a pesar de aparentemente tener toda la mañana libre. Por la mañana fui con mi padre el hospital a ver a su tía. Algo recuperada los médicos iban a darle el alta aunque no podía estar sola de modo que mis padres se la llevarían a casa hasta encontrar una residencia o una persona que se pudiera hacer cargo de ella. De hecho por las mañanas vendría a casa mi prima para que la anciana no estuviera solo esos primeros días.

Después en casa preparé el equipaje. Me había traído la ropa de más abrigo y me llevaba algo de ropa más fresca contando con que en Lieja en algún momento empezaría la primavera de verdad. Aunque me tendría que olvidar de los casi 30º disfrutados cuando llegué a mi ciudad, las lluvias de final de semana habían refrescado bastante el ambiente pero el lunes el sol pascual había remontado las temperaturas de nuevo hasta unos agradables 25º.

Después me fui a buscar a Alba a la salida de clase como había hecho en otras ocasiones antes de empezar a salir. Salía con varios compañeros, entre ellos Álvaro, que me saludó afectuosamente y me agradeció que lo hubiésemos acogido en Semana Santa. Yo le quité importancia pero le pregunté por Nieves. Alba me pegó un pisotón mientras notaba al chaval algo incómodo. No entendí la situación pues habían estado varios días yéndose juntos, pero al final el chaval me respondió:

-Bien, bien. Es una niña muy agradable…

-Pues nada, me alegro de que lo hayas pasado bien.

Nos despedimos de él y cuando íbamos caminando de regreso ya los dos solos Alba se explicó:

-Perdona por el pisotón, lindo…

-¿He metido la pata?

-Bueno. Por no saber.

-Pues tú me dirás porque no lo entiendo.

-Le he preguntado esta mañana y se ha puesto coloradísimo, totalmente avergonzado. Entre tan rubio y tan blando daba hasta susto de lo roja que tenía la cara.

-Pero ¿por qué?

-Yo creo que le da vergüenza que sepamos que se han enrollado.

-Joder, será el único tío del mundo que no presume de eso…

-Ahn, ¿tú eres de los que va por ahí presumiendo?

-Y ahora más que nunca- le dije cogiéndola por la cintura- pero tú no me dejas…

-Jajajajaja- reía mi novia mientras me tomaba también por la cintura.

Tras acompañar a Alba a su casa y quedar en vernos por la tarde comí con mis padres. Estaban cansados por el ingreso de la tía y ahora un poco agobiados por traerla a casa, pero al no estar yo había más espacio. Podía quedarse en el cuarto de invitados.

Por la tarde mis amigos habían organizado una pachanga de fútbol sala. No jugaba desde antes de irme a Lieja y aunque no había dejado de hacer ejercicio ni de correr me noté lento de reflejos en alguna jugada, pero me lo pasé bien. Cuando terminé me tomé una cerveza pero no quise entretenerme demasiado porque quería ver a Alba. Apuré tanto que no me dio tiempo a ir a casa a ducharme y me presenté tal y como volvía del partido, en calzonas, con una sudadera y totalmente sudado.

Alba se sorprendió al verme pero tras explicarle que me habían retenido a tomar algo tras el partido lo entendió. Nos fuimos a dar un paseo aunque al besarme la mejilla puso cara de asquillo y con media sonrisa me dijo:

-Estás saladito…

-Más sabrosito.

-Noooo, jajajaja.

Nos terminamos sentando en un banco intentando hacer planes pare ver la forma de comunicarnos mientras yo estuviera fuera. Nos escribiríamos por las noches antes de acostarnos e intentaríamos hacer videoconferencia cuando fuese posible. La conversación nos puso melosos y a pesar de mi sudada empezamos a besarnos terminando Alba con sus piernas sobre la mía para poder girarse hacia mí.

Se nos hizo de noche y a ambos nos esperaban en casa para cenar así que decidimos irnos pero cuando Alba se levantó le dije que me esperara.

-Espera que tengo un problema…

-¿Qué te pasa?

-Que no me puedo levantar.

-¿Te he hecho daño?

-No, no. Es que si me levanto se me va anotar mucho- le expliqué señalando mis calzonas con el dedo.

-Ay, pobre, jijiji- se rio tapándose la boca con las manos.

-Espera un momento a ver si se me pasa.

-Se es que la culpa es mía.

-Por estar tan buena y darme muchos besitos…

-Jajajajaja

Alargué la mano y tiré de su mano haciendo que se sentara sobre mis piernas de lado y nos besamos de nuevo.

-Así no nos vamos…ni se te va a bajar eso- dijo Alba rodeando mi cuello con tus brazos.

-Es que a lo mejor no quiero irme…y perderte de vista tanto tiempo ahora que me tienes cogido…

Nuestras bocas volvieron a unirse. Entonces Alba levantó la cabeza y miró a ambos lados intentando otear si alguien nos veía. Al caer la noche el banco había quedado en penumbra y para vernos había que acercarse bastante en una zona poco transitada en esa hora, tan sólo por gente que paseaba a algún perro. Se acomodó mejor la chaqueta sobre los hombros y volvió a besarme. No sabía por qué tomaba tantas precauciones hasta que noté que su mano se colaba por debajo de mi sudadera buscando el elástico de mis calzonas hasta que su dedo índice tropezó con mi glande. Yo suspiré al sentir su mano rozar piel tan sensible dejando de besarnos pero sin separar nuestras caras.

-Pobrecito mi niño- dijo muy suave haciendo círculos con su dedo alrededor del extremo de mi polla- está muy malito…

-Y más malito que me estás poniendo- respondí.

-Vamos a tener que curarlo…-respondió sujetando con una mano el elástico de las calzonas para agarrarme la churra con la otra.

-Estoy sudadito…-me disculpé.

-Shhhh, deja que te cure…

Entre la sombra que hacían los árboles ya cubiertos de hojas de la primavera en el banco bajo la luz de las farolas y las postura de Alba sentada sobre mis muslos con su tronco ladeado hacia mí con su chaqueta puesta sobre los hombros hacía pantalla de modo que nadie podía ver lo que estaba pasando entre nosotros aunque los movimientos de su brazo pudieran ser sospechosos.

Porque Alba me estaba masturbando enérgicamente como ya había hecho casi un año antes en un callejón no demasiado lejos de aquel banco demostrándome dos cosas; que me tenía ganas como yo a ella aunque necesitara tiempo para soltarse, y que además sabía como darme placer con su mano. Aunque cuando yo intenté colar la mano dentro de su camiseta me detuvo diciéndome que ella estaba bien, por lo que me conformé con su paja y poder sobar su culo sentado sobre mis piernas.

Algo había también cambiado desde el callejón. Ahora ya no escondíamos nuestros sentimientos pues quien manejaba mi polla era mi novia y había una voluntad de estar juntos y de continuar en el futuro pese a la distancia física.

Entre besos mi chica me hablaba poniéndome bastante cachondo de una forma que no me esperaba mezcla de inocencia y picardía diciéndome:

-Esto está muy gordo e hinchado…pero yo te voy a curar ¿verdad lindo?

-Me cuidas muy bien…

-Mi niño se merece que lo cuide bien…porque esta churrita está muy durita…

-Vas a hacer que te manche la mano y no precisamente de sudor…

-Estoy deseando que mi niño se lo pase bien…

-Te aseguro que estoy en la gloria…

Alba miraba de vez en cuando levantando la cabeza para ver si alguien parecía que pudiera vernos. Pero en medio de la paja y cuando yo ya sentía que quedaba poco empezó a sonar su teléfono. Mi novia soltó mi polla limpiándose la mano en mis calzonas y sacó el teléfono del bolsillo de su chaqueta.

-Mierda- dijo- mi madre. Debes estar esperándome para cenar.

Contestó y pude oír como decía:

-Sí…sí…Estoy al lado de casa. Ya estoy terminando. En un momento estoy ahí. Sí. Hasta ahora. Ya voy.

-Venga vámonos -le dije para que no llegara tarde a su casa.

Pero ella volvió a meter la mano bajo mi sudadera y agarró mi polla respondiéndome:

-He dicho que estaba terminando. No que hubiera terminado.

Aquello me puso tan caliente que en apenas dos minutos estaba llenándole la mano de semen entre gemidos contenidos mientras mi chica parecía deleitarse con el resultado de su paja.

-Que asquito, jiji…-dijo mirándose la mano con los churretes blanquecinos.

-Límpiate en mi camiseta- le dije levantándome la sudadera.

Desde luego la despedida no era precisamente la esperada ni la imaginada pues todos nuestros deseos nos los dijimos en su portal a toda prisa y apenas sin poder tocarnos ni besarnos.

Me fui a la mañana siguiente de mi ciudad con sentimientos encontrados. Feliz por estar con Alba pero triste por haberme decidido y que ella me correspondiera. Pero también con miedo de que todo se torciera estando tanto tiempo fuera de la ciudad. Por mi parte no iba a ser. Tenía muy claro que no volvería a equivocarme.

Mi llegada a Lieja me pesó más que la primera vez. Si cuando eché la solicitud para realizar la estancia Erasmus en una universidad extranjera que mejorara mi curriculum y me apartara de la residencia y mis líos me pareció la mejor de las ideas. Ahora estaba deseando que finalizara y con más presión aún. Pues mi plan debía cumplirse plenamente. De ello ya no dependía sólo mi felicidad.

Llegué a media tarde a la residencia y sin cruzarme con nadie de mis amigos allí solté el equipaje y sin deshacerlo me fui a la facultad a ver si había alguna noticia que se me hubiera despistado sin darme cuenta de que el lunes de Pascua era fiesta, por lo que me di el paseo en vano.

De todos modos aproveché para pasar por un supermercado y rellenar mi despensa, vaciada la semana antes de mi marcha. Cené en el dormitorio hasta que llamaron a la puerta. Era Astrid que no sabía si ya había llegado y me recibió cariñosa con un abrazo. Su presencia lejos de cohibirme me hizo verla de otra manera y especialmente tras la conversación que tuvimos.

Nos contamos lo que habíamos hecho en vacaciones, ella con su novio y curiosamente ella me notó serio, apagado y quiso saber:

-Pero si has estado tan bien en tu ciudad con tus tradiciones ¿por qué vienes triste? ¿nostalgia?

-No, no es eso. Es que hay otra persona de por medio…

-Jajajaja ¿te has enamorado?

-No exactamente. Ya lo estaba pero no daba el paso, y…bueno, pues ahora ya…

-Jajajaja. Me alegro mucho por ti.-respondió dándome un abrazo.

-Cuéntame como es, como se llama, de que os conocéis…

En ese sentido todas las mujeres del mundo se parecen independientemente lo de la suecas o rubias que sean.

-Se llama Alba, y es muy bonita. Y éramos amigos pero por circunstancias pues nos hemos ido pegando el uno al otro cada vez más, y bueno….pues esta Semana Santa hemos dado el paso…

-Pero ¿formalmente?

-No se lo hemos contado ni a nuestros amigos…

-Anda ¿y eso?- preguntó sujetándose la barbilla en una graciosa pose de curiosidad.

-Pues como yo me venía pues hemos preferido asentarlo todo cuando vuelva.

-Te gusta mucho esa chica entonces…

-Mucho…

-Pues que sepa que es muy afortunada ¿nos vamos a correr?

-Ya he cenado pero mañana me apunto.

-¡Vale!- se despidió levantándose y dejándome un hermoso panorama de su culo en sus leggins cortos.

Pero la veía de otra forma. No había insinuación. Sólo naturalidad. Era yo el que me había montado la película en mi cabeza con ella. Pero ahora la sentía diferente. Veía en ella una buena amiga, juguetona y provocadora en algún caso como en el concurso de mamadas, pero en ningún momento dirigido a mi persona por nada más que no fuera un pique entre amigos. Me alegraba de no haber metido la pata con ella.

Cuando Astrid se fue me puse a hablar por mensajes con Alba contándole el viaje y la llegada y lo mucho que la echaba de menos. Fue ella la que me animó a aprovechar la estancia para mejorar mis asignaturas y sobre todo el uso de los idiomas.

La primavera en Lieja era similar a mi invierno meridional. Las temperaturas eran algo más altas que en invierno sin llegar a hacer calor pero sin helar. Cuando el sol se escapada de entre las nubes, cada vez por periodos más largos, calentaba e incluso picaba en la piel haciendo que todos aquellos nórdicos y centroeuropeos buscaran una plaza, un jardín, un césped e incluso casi un arriate para despojarse de las prendas de abrigo y recibir los rayos solares en camiseta en hombros y brazos.

Ello me dio una idea y busqué en el tablón de la facultad si había equipo de fútbol sala para recuperar el punto perdido en cuanto a velocidad de pensamiento que había comprobado en la pachanga con mis amigos. Efectivamente había una pequeña liga interuniversitaria no oficial de fútbol-sala al margen de la que enfrentaba a facultades como en mi universidad de origen. Apunté el nombre de un equipo y un teléfono. Llamé y me invitaron a acercarme a un entrenamiento casualmente aquella misma tarde.

Al mediodía comí con Guido y Greta en el césped del jardín de la universidad. Heidi seguía en Alemania celebrando la Pascua, muy importante allí. Nos pusimos al día de nuestras vacaciones. Greta había ido a Italia con él. Me sorprendió pero no me extrañó. Habían consolidado su pareja como yo había hecho con Alba. Pero yo volvería a casa con ella. ¿Y ellos?

Mis miedos a una relación de pareja a distancia me hacían no comprender a los que sí podían. No soportaba cometer los mismos errores que con Claudia. Y eso que ahora la tentación era mayor. Mi problema con Claudia había sido una cuestión de estima. ¿Podría follarme a Blanca? Y claro que podía. ¿Hasta donde podría llegar con Nieves? A todo menos a formar pareja. Pero todo se había quedado en el ámbito sexual.

Sabía que en Lieja podría follar con Alice Li o Heike cuando nos apeteciera. Por tanto no suponía una cuestión de autoestima el conseguirlo. Sabía que era tractivo a las chicas pero yo ya sólo quería ser atractivo para una. Mi reto por tanto no era evitar buscarlas. Tenía claro que no iba a hacerlo. Pero ¿y si ellas me buscaban? Ahí es donde me la iba a jugar.

Desde luego tenía que evitar las situaciones donde había tenido sexo en los meses anteriores: las fiestas en la residencia especialmente o llevar chicas a mi cuarto. Y el pasar más tiempo fuera de la residencia era una forma de evitarlo. Pasar allí el tiempo justo del estudio y dormir. Incluso me planteaba estudiar en la biblioteca aunque es algo que se me daba bastante mal pues me costaba concentrarme en cuanto alguien pasaba por delante.

Pero la actitud de buena amiga de Astrid, o el ejemplo de Guido y Greta no eran lo único que estaba cambiando en mi forma de ver Lieja. También yo mismo. De golpe recuperé el pudor en las duchas que había perdido tras mi explosión sexual de los meses anteriores. Volví a usar mi albornoz en vez de la toallita a la cintura intentando evitar el pasearme desnudo. También me afeité el bigote. En realidad no me había gustado y sólo me lo había dejado porque Astrid me dijo que me veía muy guapo con él y porque a Alba le hizo gracia. Pero aparte de ser un coñazo el tener que recortarlo cada vez que me afeitaba lo percibí como un símbolo de como me comportaba yo en Lieja cuando no contaba con dar el paso con Alba. Ahora me sobraba.

Cuando el miércoles por la tarde me acerqué al lugar de entrenamiento de aquel equipo de fútbol-sala me presenté explicando que jugaba la liga en mi universidad. Los chavales del equipo quisieron hacerme una prueba comprobando un par de acciones defensivas, una pared en carrera y un par de disparos. Debí sorprenderles porque tras hablar entre ellos me invitaron a unirme al equipo: L’etoile Rouge de Liege.

A diferencia del resto de mis contactos en Lieja en el equipo todos eran belgas. Y cuando me invitaron a echar un partidillo de entrenamiento entendí el motivo de haberme aceptado tan rápidamente en el equipo. Eran bastante malos. Pero yo no quise hacerlo notar, y cuando tras el entrenamiento, en una pista al aire libre en una instalación deportiva municipal al norte de la ciudad en un barrio con bastante mezcla étnica, nos fuimos a tomar una cerveza. Algo que me gustó bastante y fue donde pude hablar con ellos y conocernos mejor.

El capitán era un rubio alto y delgado muy pecoso que se llamaba Marcel. Me explicó el funcionamiento de la liga que jugaban de equipos universitarios pero no representaban a facultades. Otro bastante amable fue el portero, un chaval negro más entrado en carnes que fuerte llamado Ousmane. Me contó que no marchaban bien en la liga y que en algunos partidos no tenían cambios suficientes pues algunos miembros del equipo estudiaban y trabajaban a la vez.

Me gustó el ambiente y la forma como me recibieron. Entrenaban dos días en semana aunque rara vez estaban todos a la vez. La distancia a la residencia del campo de entrenamiento, donde se jugaban los partidos como local, era perfecta para ir y volver corriendo, aunque la vuelta fuera con un par de cervezas de más. Así las rebajaba.

Regresé muy contento aquel primer día pues el viernes había partido, otra excusa más para evitar la residencia, y entrenaban lunes y miércoles. Me reconocieron además que siempre solían quedarse a tomar algo después de los partidos y los entrenamientos y solían salir juntos. Desde luego les había caído bien.

En cuanto a la equipación me dijeron que usaban el blanco en casa y el rojo fuera. No podía gustarme más. De hecho no tenían equipación propia sino sólo camisetas de color sobre la que ponían un peto con el dorsal. Yo encantado, pues podría ponerme las camisetas de mi equipo, el más laureado de Andalucía y del segundo título continental, con orgullo en los partidos que jugáramos.

Nada más llegar a la residencia me encontré la puerta de Astrid abierta. La saludé y al verme con ropa de deporte me comentó:

-Oye, desde que tienes novia no quieres nada conmigo…

-No, jajaja. Me he metido en un equipo de fútbol sala.

-Qué bien. ¿Entonces ya no salimos juntos?

-Bueno entreno con ellos tres días, pero el resto podemos seguir corriendo juntos. No pienses que te estoy dejando de lado. Eres mi amiga.

-Me alegro, jajaja. Mañana te veo entonces.

-Hasta mañana…-me despedí de ella entrando en mi cuarto para coger el albornoz y ducharme.

Tras cenar le conté a Alba lo del equipo. Se puso muy contenta. Le conté todos los detalles y ella me puso al día también. Tenía un cotilleo que contarme: Álvaro le iba a pedir salir a Nieves. El chaval no sabía si ella quería una relación o no tras haberse enrollado en Semana Santa pero él quería ir más allá. Le planteé mis dudas sobre las intenciones de Nieves pero ya nos habíamos llevado la sorpresa de Alberto. Quien sabe con Nieves…

Todo iba bien en mi regreso a Lieja. Nada se torcía y con ese pensamiento me metí en la cama en calzoncillos para leer un rato y que me entrara el sueño. Pero apenas llevaba diez minutos cuando llamaron a la puerta. Pensé que sería Astrid y directamente dije que pasara, pero era Alice Li:

-Hey Luis- me dijo con su sonrisa habitual- ya no saludas ni a las amigas.

-Bueno- me disculpé- No he parado desde que he llegado.

Con la misma naturalidad que antes se quitó la camiseta quedándose en bragas y se metió en mi cama. La situación ahora me resultaba muy incómoda porque además la danesa me dio un abrazo de bienvenida clavándome sus pezones en el pecho.

-¿Qué tal las vacaciones? Cuéntame…-me decía con naturalidad.

Yo algo tenso respondí que muy bien y le conté el buen tiempo que hizo los primeros días, algunas costumbres como mi salida en la hermandad mientras ella me relató que había estado en casa de sus padres tomándose las vacaciones con mucha tranquilidad y descanso. Mientras hablábamos me acariciaba el pecho como solía hacer antes de Semana Santa.

En otras circunstancias habría disfrutado del contacto con su cuerpecillo y sus caricias empalmándome pero estaba tan tenso que mi polla casi parecía intentar esconderse dentro de mi cuerpo. La boca se me secó y me costaba hablar.

-¿Estás bien?- me preguntó- Te noto raro. Es que me había extrañado no haberte visto a la vuelta de las vacaciones y me apetecía pasar un buen rato contigo…

-Alice verás, algo ha cambiado…

La oriental buscó mi mirada con un gesto de sorpresa que rápidamente tornó en sonrisa preguntándome:

-¿Otra persona?

Asentí.

-¿Una chica?

-Claro…

-En tu ciudad.

-Así es.

-Y entiendo que quieres mantener la exclusividad.

-Bueno, es una costumbre que tenemos por allí…

-Jajajajaja- rio abrazándome clavando sus pezones de nuevo en mi pecho y provocando que mi nabo reaccionara desmintiendo a mi cerebro- ¡Enhorabuena! ¿Eres feliz?- preguntó.

-La verdad es que no.

-¿Y eso?

-Porque en realidad quiero estar con ella.

Otro abrazo provocando un nuevo roce de pieles e impidiendo que mi churra perdiera esa vida propia e independiente que tiene en ocasiones.

-Eso es muy bonito. Yo he vivido momentos así aunque por desgracia duraron poco.

-Joder, bien me animas…

-Nooooo, jajajaja, no quería decir eso. Digo que a mí me falló pero a ti te puede ir bien. Me alegro mucho. Cuéntame ¿cómo es? ¿de qué os conocéis? Seguro que será muy guapa, como tú…

Las mujeres son mujeres, da igual su cultura, su raza, o el género en que se sientan cómodas…un hombre me habría preguntado seguramente si ya me la había follado.

-Pues es muy bonita. Realmente guapa. Alta, con melena castaña, unos ojos muy vivos y una sonrisa preciosa…

Y unos pechos que me vuelven loco con una cinturita de avispa que no me canso de abrazar y un culo…pero eso no se lo dije.

-Huy, huy, sí que estás enamorado.

¿Enamorado? Eso es. Estaba enamorado como hacía mucho que no lo estaba. Idealizaba a mi chica viendo en ella sólo virtudes. Desde que me había quedado pillado en la residencia por aquella chica que vestía siempre de negro con unas piernas muy largas no tenía esas sensaciones. Pero para mi desdicha había 2500km de por medio…

Al final tras un buen rato de charla la danesa se fue a su dormitorio. Me dio la sensación de que no había venido pensando en dormir sino buscando otra cosa, pero en ningún caso mostró contrariedad sino todo lo contrario.

La siguiente prueba vendría el fin de semana. El viernes tuve partido con mi nuevo equipo. Un desastre. Perdimos 8 a 1 y gracias a que culminé un contrataque cediendo el balón a un compañero para rematar a puerta vacía. Pero a pesar del desastre tras ducharnos acabamos tomando cervezas en el mismo sitio, punto de reunión tras entrenamientos y partidos. Una típica cervecería belga pero en este caso de barrio, menos turística y más auténtica donde degustar variedad de cervezas y algunos platos de comida a un precio mucho más razonable.

Lo pasé muy bien pero me di cuenta de un detalle. A diferencia de aquellas fiestas que nos montábamos los jueves tras los partidos a este grupo apenas lo acompañaban chicas. Sólo las novias de dos compañeros se sumaron tras el partido. Algo lógico en un equipo tan malo y que además no representaba a ninguna facultad o escuela de la universidad.

Eso también me pareció acertado, pues me permitía salir y entretenerme tras hacer mi deporte favorito y sin el riesgo de que en una celebración metiera la pata con alguna chica.

Al regresar a la residencia me encontré gente en el salón de fiesta como antes de Semana Santa algo pasados de alcohol y porros con las dos chicas que siempre olían andar por allí en tetas bailando rodeadas de varios chicos. Era justo el tipo de ambiente que quería evitar a toda costa por lo que regresé al dormitorio con idea de acostarme temprano.

Pero al mirar el móvil me encontré un mensaje de Alba así que ya en calzoncillos y acostado en la cama le contesté por si estaba despierta o no había salido de marcha.

-Hola princesa acabo de ver tu mensaje.

-Hola lindo. ¿No sales de marcha?

-Me he tomado unas cervezas con los compañeros del nuevo equipo y me he venido a descansar.

-¿Y qué? ¿Habéis ganado? ¿Cuántos goles has metido?

-Jajajaja. Un desastre. Hemos perdido 8 a 1 y no he mojado. Son muy malos pero buena gente.

-Bueno si te lo estás pasando bien y juegas, que es lo que quieres, pues está todo bien.-respondió mi chica.

-Oye, ¿y tú no has salido?

-Que va. He quedado mañana con los compañeros de la facu y hoy me he quedado en casita.

-¿Hacemos videoconferencia y así te veo la carita bonita?

-Pero si estoy en pijama.

-Mira, como si durmiéramos juntos.

-Venga, va. Que yo también tengo ganas de verte.

Me levanté de la cama y me fui al ordenador. Lo encendí y abrí el programa de videoconferencias buscando el perfil que Alba me había pasado por el móvil. Cuando se conectó me encontré con su carita con un gracioso pijama de algodón algo ajustado por el volumen de su pecho con un dibujo de nubes.

-Qué guapa…-le dije nada más verla.

-Huy que frío, Luis. ¿Estás sin camiseta?

-Aquí la calefacción está siempre a tope, pero suelo andar con camiseta. Lo que pasa es que me has pillado ya en la camita.

-¿Siempre duermes sin ropa? ¿Hasta en invierno?

-Si hace mucho frío me pongo pijama, pero suelo dormir así en calzoncillos.

-Yo sin pijama no puedo. Paso frío.

-Bueno, cuando durmamos juntos yo te doy calorcito…-le dije comprobando que hasta por cámara se notaban sus mejillas encenderse.

-¿Por qué no me enseñas tu cuarto?- dijo rápidamente para cambiar de tema.

-Espera…

Cogí el ordenador portátil y lo giré pegando la tapa de la pantalla a mi barriga para que a través de la cámara viera mi habitación por la que hice un barrido panorámico.

-Es grande…-decía mientras yo se la enseñaba- y la tienes muy bien decorada…

Sentándome de nuevo en la mesa al soltar el ordenador podía escuchar como seguía hablando:

-…con tu bandera y tu hermandad, y tu equipo jajajaja. Uy…

-¿Qué pasa?

-Que estás en calzoncillos.

-Ya te lo he dicho antes.

-Pero es que te los he visto.

-Menos mal que llevo los limpios…

-Jajajajaja, tonto.

Me puse de pie alejándome de la cámara para que me viera.

-Pero tápate, jajajaja.

-Si estoy hablando con mi novia. Esto es exclusivo para ella. ¿Qué tal me quedan?

-Jajajajaja, muy bien, pero tápate anda que me da cosa verte así…

Me senté y seguimos hablando como si nada un rato hasta que llamaron a la puerta.

-¿Luis?-era Astrid.

-Un segundo, que estoy en videoconferencia con mi novia- recalqué para que me oyera Alba.

-Va. Oí voces y pensé que estabas despierto. Mañana hablamos se despidió.

Pero Alba me preguntó:

-¿Quién te busca a estas horas?

-Es Astrid. Mi vecina de habitación. Nos llevamos muy bien. Le he hablado de ti y me ha felicitado.

-Pero ¿sabe cómo soy?

-La más bonita le he dicho…-respondí haciendo que mi chica se ruborizara.

-¿Y ella es guapa?

-Su novio dirá que la más guapa, pero a mí hay otra que me gusta más…

-Que zalamero eres, jajajaja. Tienes más peligro…

-¿Yo? Perdona pero no fui yo quien metió la mano dentro de mis calzoncillos en un banco en la calle…

-Ah- respondió echándose la mano a la boca- Pues si no te gustó podías haberlo dicho…

-Pues que sepas que no me gustó…

Alba puso cara de extrañeza mientras yo continué la frase:

-…me encantó…pero no sé si a ti te gustó.

-Bueno…-respondió haciéndose la interesante- puede que me guste tocar a mi niño…

-No quiero que te sientas obligada.

-No lo hice obligada, te lo prometo…sé que tú quieres más, pero mientras consigo quitarme mis miedos, no quiero dejar de acariciarte, tocarte, sentirte…

-Ojalá pudiera darte un beso ahora mismo…

Estuvimos un rato dándonos mimitos virtuales con palabras bonitas hasta que nos despedimos. Pero pensando en la charla me empecé a tocar el paquete recordando como Alba me había pajeado unos días antes. Acabé sacándome la churra del calzoncillo y masturbándome hasta correrme sobre mi barriga. Había conseguido hacerlo pensando solo en mi chica, a la que cada vez echaba más de menos. Se me iban a hacer muy duros los meses que me quedaban en Lieja.

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