FRAN REL

DANI
Una semana que a priori se presentaba interesante, se estaba chafando a marchas forzadas. El martes no ocurrió nada interesante con mi tía ni con Marta porque, al final, su madre y hermana se iba a quedar un par de días más, hasta el jueves no se iban. Y Marta terminaba las clases y se iba con ellas, ni se quedaba en la biblioteca.

El miércoles fue básicamente igual con mi tía y Marta, nada de nada. Con Gema tampoco nada interesante, hablábamos pero no quiso hacerme ninguna visita.

El jueves estaba ansioso, con unas ganas de follar con Marta que me tenía sorprendido. Pensaba que Marta también tendría ganas pero casi no había hablado con ella estos días, ni en persona ni por mensaje. Ese día la vi antes de entrar en clase, iba con su ropa de no llamar la atención y pensé «mala cosa». Desde que estaba la madre, todos los días había ido de empollona y ese jueves también. Al terminar las clases, fue Marta la que me buscó:
– Hola
– Hola
– Mi padre viene a recoger a mi madre y mi hermana esta tarde
– Ah
– Si quieres, puedo ir a tu casa
– mmmm pues como no sabía que ibas a hacer, ya había hecho planes

La cara de Marta fue un poema… que poco ocultaba sus emociones. Le había dicho eso por hacerme el interesante y no parecer desesperado pero ahora me arrepentía.

MARTA….
Joder, menuda decepción me acabo de llevar, pero es normal, él habrá quedado con Gema u otra, no va a cambiar eso por mí. Pero la jodía tremendamente, llevaba toda la semana sin poder ni tocarse, durmiendo en la misma cama con su hermana y con su madre en la cama de al lado… estaba de los nervios y con unas ganas tremendísimas de sexo. Sin pensarlo, le dije:
– Si quieres, le digo a mi padre que mañana no me recoja, que sea el sábado, y me quedo mañana viernes

Sabía que debía sonar muy desesperada pero es que no lo podía evitar. Le miró esperando respuesta.

DANI….
Ahora a ver que me invento para decirle que cambio de opinión. Le dije:
– Si quieres, vente esta noche y luego ya vemos
– No, no, no quiero estorbar
– No estorbas
– Pero si ya has quedado con Gema u otra, no quiero…
– Marta, tú no estorbas, si te invito es que me gusta estar contigo ¿no?
– Ya pero la otra chica…
– ¿Va a estar celosa de ti?
– No, no, pero sí molesta
– No, jeje, no he quedado con ninguna chica, solo a salir
– Ah
– Te recojo a las 8 ¿vale?
– Mejor a las 9, que no sé cuando vendrá mi padre
– Vale
– Pero seguro que no estorbo ¿no?
– Seguro

Nos despedimos y al rato le mandé un mensaje:
– Esta noche te invito a comer y luego nos vamos a mi casa ¿vale?
– ¿Sí? ¿seguro?
– Sí
– Y tus amigos?
– Otro día, hoy quedamos nosotros
– Genial

MARTA…
Al fin se había ido su familia… había sido agotador tenerlas aquí y salir tanto de compras. Ella, a diferencia de muchas mujeres, se desesperaba al ir de compras, principalmente porque pensaba que todo le quedaba mal, pero era algo que tenía que hacer por su hermana. Lo bueno es que había conseguido «colar» unas medias y un tanga y sujetador a juego sin que se dieran cuenta entre todas las compras. Las medias eran negras y esperaba que a Dani le pusieran tanto como las otras. El tanga es lo que no la convencía nada de nada. Nunca le habían gustado, los encontraba incómodos con el hilo metido por entre las nalgas, pero pensó que quizás a Dani le gustaría.

Salió de la ducha y tras secarse, se probó la ropa interior para comprobar horrorizada que era prácticamente transparente, tanto el sujetador como el tanga. El sujetador le daba un poco igual, total, para lo que hay que tapar… pero el tanga le quedaba fatal con tanta pelambrera. El problema era que de ropa interior negra, solo tenía el culotte y ese ya lo había visto Dani y bien visto, y con lo observador que era, seguro que se daba cuenta «mierda, mierda y mierda». Y con esas medias no podía ponerse unas bragas blancas «es que eres idiota».

Se quedó parada. Llevaba unos días pensando si recortarse más ahí abajo o no. Por un lado, no le gustaba tener pocos pelos ahí, ya estaba demasiado plana como encima no tener pelos abajo, parecería una niña. Pero por otro, dado que Dani insistía en comérselo, quería que no hubiera tanto pelo para hacérselo menos desagradable… «Aghhhh, no sé que hacer». Miró la hora y vio que quedaban 20 minutos para las 9. Le entró el pánico. Decidió recortárselo por los lados y por arriba. Cogió la maquinilla y se lo afeitó. Se miró, no le gustó la montaña de pelo que le quedaba encima… cogió las tijeras y recortó «Nada, fatal». Cogió de nuevo la maquinilla y con los nervios, recortó mal y al final, no tuvo más remedio que dejarse solo una leve línea. Se miró y se sintió totalmente ridícula «aghhh, que desastre, que idiota soy». Corrió y se puso las medias y luego el tanga y el sujetador. Se miró… al menos ya no era ridículo el tanga con los pelos… pero se sentía rara. Se giró mirándose «¿Le gustará a Dani?» No le convencía nada pero entonces recordó como se había puesto Dani el último día y pensó “ojalá me folle como el otro día” y cerró los ojos recordando como se puso a cuatro sobre la cama y como él la cogió por las caderas y la penetró fuerte y duro “y que dure un poquito más, que me de tiempo a llegar” y, de pronto, abrió los ojos y se dio cuenta que se estaba tocando “dios, pero ¿Qué hago???? Estoy enferma”.

Entonces llegó un mensaje de Dani diciendo que estaba abajo esperándola. Ya no tenía tiempo, se terminó de vestir y de maquillar, aunque le costaba porque tenía un buen calentón por la paja dejada a medias. Bajó corriendo para encontrarse con Dani.

DANI…
Marta entró en el coche y se sentó. La noté rara y le pregunté:
– ¿Estás bien?
– Sí
– ¿Seguro?
– Es que… nada, cosas mías
– No, dímelo
– No, son tonterías
– Bueno, pues dímelas si tienes ganas

Me miró pero sin decir nada. Sabía que le pasaba algo pero no quería presionarla. Arranqué el coche e iba a girar el volante para salir del aparcamiento cuando ella dijo:
– Espera
– Dime

De nuevo me miraba claramente nerviosa. Esperé y al final dijo:
– Mis compañeras no están
– ¿Y?

Me miró y dijo muy bajito:
– Si quieres podemos subir…
– ¿Subir?
– Es que… quiero follar (diciéndolo aún más bajito)

La miré con una sonrisa y dije:
– Estás caliente ¿no?

Marta se puso totalmente colorada. Le dije:
– No pasa nada ¿te va a dar corte a estas alturas?
– Sí
– ¿Mi foto no daba para paja para tranquilizarte?

Le dije sonriendo ampliamente, me lo estaba pasando bien viendo la vergüenza de Marta, ese día estaba un poco cabrón. Insistí:
– ¿No te ha dado para eso mi foto?

Marta estaba como hundida en el asiento, por la vergüenza, pero dijo:
– Sí, sí, pero con mi madre aquí…
– No has encontrado ocasión

Me quedé mirándola, estaba casi a punto de explotar de lo colorada que estaba. Ya me había pasado haciéndola sentir vergüenza. Me quedé pensando como decirle algo provocativo sobre ella, para que viera que yo también estaba con ganas.

MARTA….
«mierda, no tiene muchas ganas, no se decide y yo tengo un calentón que no puedo». Decidí ir a por todas. Me abrí el abrigo y me subí un poco la falda para mostrar las medias, y dije:
– Quiero que me folles como el otro día

La cara de Dani pasó de sorpresa a vicio en un segundo. Alargó la mano y me acarició los muslos por dentro para luego besarme profundamente. Luego me sonrió y paró el coche. «Bien, ha funcionado».

DANI…
«madre mía ¿Cómo me pone tanto?» estaba hasta nervioso mientras subíamos a su casa. Solo entrar, ella se abalanzó sobre mí, besándome y desnudándome. Me llevó a su habitación donde me quitó la cazadora y la camisa, lamiéndose el torno, los pezones, el estómago. Se puso de rodillas y me bajó los pantalones y el calzoncillo y comenzó una mamada rápida y ansiosa. Estuve a punto de correrme pero ella paró. Se levantó y fui a por ella pero se apartó. Me miró y me dijo:
– Espera

La miré quitarse el vestido que llevaba y se quedó en ropa interior muy sexy, un sujetador y tangas negros, con muchas transparencias, y sus medias negras con encaje. Mi excitación aún aumentó más y di un paso hacia ella pero Marta volvió a hablar:
– Por favor, fóllame como el otro día

Y entonces se giró a su cama y se puso a cuatro sobre ella, mostrándome su culo aún con el tanga. Me acerqué a ella y le lamí una nalga pero ella dijo:
– Por favor, eso luego, ahora fóllame duro, como el otro día

Y se bajó el tanga hasta medio muslo, enseñándome un coño visiblemente hinchado y húmedo. Entonces la entendí, el otro día con la excitación la había follado rápido y duro y quería más. Me puse un condón y se la metí de un golpe. Ella jadeó. La cogí de las caderas y empecé a moverme rápido. Ella gemía cada vez más fuerte y me puse aún más caliente. Entonces ella cogió la almohada y hundió la cara en ella, ahogando sus gritos.

MARTA…
Dani se la metió sin delicadeza. Le dolió y a la vez, le gustó. Notó como la cogía de las caderas y empezaba a follarla rápido, rudo, sin miramientos, y eso la puso aún más cachonda. De repente, le llegó un primer estremecimiento, luego otro… quería tocarse el clítoris pero si se tocaba, se iba a correr y quería que durara. Y llegó un primer orgasmo rápido y corto, gritó. Notó como llegaba otro y cogió la almohada y volvió a gritar contra ella.

Y entonces notó como Dani se corría y Marta tuvo su gran orgasmo, notando como él se estremecía y se corría a la vez que ella.

DANI…
“Mierda… me he vuelto a correr rápido” mientras terminaba sus espasmos dentro de Marta. Ella estaba ya tumbada boca abajo, con la cabeza en la almohada. Pensaba que también se había corrido pero no estaba seguro si había llegado o no. Se salió de ella y se quitó el condón pensando si decirle si necesitaba que la ayudara a terminar o no. Entonces ella se movió y se subió el tanga, para luego ponerse boca arriba sonriendo. Dijo:
– Ahora sí podemos ir a comer

Nos reímos y nos vestimos. Cuando íbamos a salir se me ocurrió una diablura. Le dije:
– Dame tu tanga

Marta me miró sorprendida y movió la cabeza como diciendo “tú estás tonto”. Hizo ademán de ir a la puerta pero se lo volví a repetir, muy serio. Ella me miró sin saber que hacer. Le dije:
– Quiero que salgas sin tanga
– Anda ya!!
– Sí, venga, dámelo
– Pero es que es incómodo
– Y sexy
– Dani, no, por favor

Le puse la mano pidiendo el tanga. Ella miró al techo desesperada y luego se quitó el tanga dándomelo. Le dije:
– Levántate la falda
– Dani, no
– Sí, quiero verte así

Marta volvió a mirarme desesperada pero se levantó la falda y me quedé sorprendido al ver su coño casi rasurado. Ella me miró extrañada y entonces se bajó la falda de un tirón y dijo:
– Ah, se me había olvidado (poniéndose colorada)
– Joder
– Es que me pasé, bueno, no quería tanto, no me queda bien así, pero recorté demasiado…
– Estás super sexy

Marta me miró como diciendo “estás tonto”. Entonces se fue a la puerta, muy colorada. Bajamos y nos metimos en el coche. En cuanto se sentó, le metí mano para tocárselo. Ella protestó pero le dije:
– Es que quiero ver si te lo has rasurado bien

Marta estaba que parecía que iba a explotar de lo colorada que estaba. Le pasé un dedo por donde antes había mucho pelo y lo noté suave. Le dije:
– Que bien me lo voy a pasar
– Dani, para
– Sí, ahora voy a parar pero luego me voy a dar una comilona jeje
– Joeee (visiblemente incómoda)
– Es que si antes me apetecía comértelo, ahora es que no puedo aguantar las ganas
– Por mí no tienes que hacerlo
– No, si esta vez va a ser por mí jeje

Fuimos a un bar donde ponían bebida, comida y buena música. Nos sentamos en unas mesas. Me puse a su lado y hablamos un rato de tonterías mientras esperábamos la comida. Luego comimos y nos quedamos sentados. Le puse una mano en el muslo. Marta tenía las piernas totalmente cerradas. Se puso nerviosa pero no dijo nada. Le comenté lo sexy que era pero se reía sin creérselo. La acaricié sobre las medias pero fui metiendo la mano poco a poco, y ella, poco a poco, abriendo las piernas. De vez en cuando acercaba un dedo a su coño pero casi no se lo tocaba, solo lo rozaba, pero notaba como ella se estremecía cada vez. Estaba seguro que lo tenía mojado, por como jadeaba de vez en cuando, como se relamía los labios, mientras yo le hablaba pegado, contándole como la veía y lo que quería hacerle. Marta casi no hablaba, solo escuchaba pero de pronto me besó, metiéndome la lengua hasta el fondo. Al separarse me miró con ansia pero sin decir nada. Entonces echó un poco para adelante su cadera en el asiento y abrió más las piernas.

Miré alrededor, la gente charlaba y bebía en otras mesas pero no se les entendía, la música estaba alta. Y me fijé en un chaval que nos miraba, bueno, miraba a Marta. Él estaría viendo solo el perfil de Marta, seguramente no veía mi mano, pero entonces me fijé que con el juego, la falda de Marta se había subido dejando ver la media de encaje, seguro que era otro fetichista de esas medias y estaba empalmado viéndola. Saqué mi mano de entre las piernas de Marta que me miró con decepción. Le metí dos dedos en la boca que ella chupó mirándome. Luego volví a meter la mano entre sus piernas. El gesto era inequívoco y el chaval lo había visto, poniendo cara de asombro. Al lado tenía a otros amigos y amigas pero charlaban entre ellos, pero solo nos miraba el chaval, los otros no se habían dado cuenta de nada.

Empecé a acariciar con los dedos mojados el clítoris de Marta que jadeó visiblemente. Apreté mis dedos, los moví. Marta cerró los ojos dejándose masturbar. Entonces paré y ella protestó. Abrió los ojos y pareció darse cuenta de donde estaba. Miró a los lados y vio al chaval. Se recompuso un poco bajándose la falda y poniéndose más recta en la silla. Luego dijo:
– Vámonos
– ¿A dónde?
– A tu casa, a follar
– Estás cachonda
– Mucho
– ¿No quieres que siga?
– No, bueno, sí, pero aquí no
– ¿Por qué?
– Creo que me estaban mirando
– ¿Y eso no te pone?

Me miró con cara de “tú estás loco”. Entonces la besé de nuevo y el beso se convirtió en morreo total. Y al poco, Marta cogió mi mano para ponerla entre sus piernas… no le gustaba que se lo comiera pero que le hiciera dedos le encantaba. Abrió las piernas para dejarme fácil acceso. Le acerqué un dedo pero entonces pasó gente y paramos. Me miró con desesperación, se la notaba muy cachonda. Le dije de irnos.

Llegamos al coche y, antes de entrar, nos volvimos a morrear y le metí mano de nuevo. Pero era una calle normal, con bastante iluminación y veía a gente acercándose así que paramos y entramos en el coche.

MARTA…
Me tenía loca, ese constante calentarme y luego parar me tenía al borde de un ataque. Había estado a punto de llegar al orgasmo en el bar y luego de pie al lado del coche, y las dos veces había parado, era muy frustrante y a la vez, muy excitante.

Nos sentamos en el coche, yo con un calentón que no podía ni hablar, deseando llegar de una vez a la casa. Entonces él me miró y me dijo:
– Estás muy cachonda ¿no?

Lo miré pero ni me salían las palabras. Entonces preguntó:
– ¿Cómo tienes el coño?

Ufff ¿Cómo lo voy a tener? pues hinchado, palpitante, y muy muy…
– mojado

Dije pero casi sin voz. Dani sonrió y me dijo:
– Enséñamelo

Me subí la falda hasta la cintura. Él dijo:
– Abre las piernas

Las abrí pero ¿Qué estaba haciendo? parecía una zorra… pero es que quería sentirme así. Lo miré y vi que él estaba también cachondo y eso me puso aún más cachonda. Y entonces hice algo que me sorprendió totalmente pero no lo pude evitar, me empecé a tocar delante de él. Dani me acarició el muslo mientras yo seguí masturbándome hasta llegar al orgasmo a los pocos segundos.

Acabé y me bajé la falda, totalmente avergonzada. Dani me miraba y yo me quería hundir en el asiento. Entonces él me dio un beso suave con algo de lengua y me dijo:
– Eres increíble
– Lo siento, no sé que me pasa… yo no soy así
– Pues me encanta que te sueltes así

DANI…
Estaba totalmente sorprendido, acababa de ver a Marta tocándose hasta llegar al orgasmo, sí que estaba cachonda. Había sido super excitante. Ahora estaba muy avergonzada, su postura era de querer desaparecer, estaba casi hundida en el asiento y me preocupaba que ahora se cortara. La animé y la piropeé todo el camino de vuelta hasta que conseguí que sonriera y se sentara normal.

Ya en casa, nos volvimos a enrollar en el ascensor. En ese momento era yo el que estaba super cachondo. Llegamos a la casa y Marta se metió rápidamente en el baño. Escuché la cisterna y al poco, el agua del lavabo. Llamé y abrí la puerta. Marta estaba frente al lavabo, lavándose las manos. Me puse detrás de ella y la besé en el cuello mientras la tocaba. Ya no podía esperar más, la quería follar. La desnudé y la dejé solo con las medias y los zapatos. Entonces ella pegó su culo a mi paquete que estaba a punto de reventar mi pantalón. Me la saqué y Marta dijo:
– Fóllame

Inclinándose sobre el lavabo para indicar que la quería ya. Hice ademán de coger un condón pero ella dijo:
– No, sin eso
– ¿Seguro?
– Sí, tomo precauciones, pero no te corras dentro

Me quedé dudando unos segundos… nunca lo había hecho a pelo y me acojona pero Marta esperaba, mirándome a través del espejo. Se la metí… luego, todo lo que pasó fue una pasada… como me había corrido hacía algo más de una hora, tenía aguante y estuvimos un buen rato en varias posturas y con mucho sexo oral por ambos. Al final me corrí en su cara, con una Marta super sexy con mi leche en su cara, chupando mi polla para dejarla limpia.

Y nos dormimos, ambos exhausto después de una larga sesión de sexo.

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