ALMUTAMID

El sábado Nieves y Álvaro no se unieron por la tarde aunque quedamos por la noche para tomar algo. Delante de Viqui aparentamos estar como amigos aunque furtivamente cogía a Alba de la mano o le daba un beso cuando nuestra amiga no nos veía. Pensaréis que parecíamos niños. Pues tenéis razón, y así lo estábamos disfrutando.

Por la noche Alba se fue con sus padres a la Vigilia Pascual. Quedamos en recogerla después para tomar algo. En el tiempo que me quedé solo con Viqui mientras Álvaro, Nieves y Pablo y Leyre, que ya habían vuelto de la playa (a saber que habían hecho con tanta lluvia, aunque podía imaginármelo) tuve que sortear varios intentos de mi exnovia por saber si había algo al fin entre Alba y yo.

Creo que salí indemne aunque también totalmente convencido de que ella sospechaba algo. Que se lo preguntara a su amiga. Así sería cosa de ellas y no mía. Tras cenar en una pizzería nos fuimos a una zona de bares de copas del barrio. Allí se nos unió ya de madrugada Alba. Pensando en que me iba a perder la Feria estando en Lieja, pues no iba a volver a casa apenas dos semanas después, propuso entrar en un local flamenco y bailar unas sevillanas.

Efectivamente todos aceptaron. Mi habilidad en el baile me permitió bailar con todas las chicas, aunque evidentemente la campeona con más bailes fue mi chica a la que en uno de los cruces le pregunté:

-¿Realmente te crees que no somos compatibles?- ganándome su sonrisa de felicidad.

Disfrutar del baile con Alba tomándola con la cintura en los cruces ya me provocó demasiada nostalgia pensando en que me perdería la otra gran fiesta de la ciudad. Pensar en lo bien que lo pasaríamos juntos sin nada que ocultar me apenó aunque lo disimulé delante de ella.

De regreso a casa se reprodujo una escena de despedida en su portal comiéndonos a besos. Cada vez me costaba más contener mis manos para que no se pasearan por su cuerpo. Mi deseo aumentaba pero no sabía si el suyo también por lo que tuve que reprimirme. No quería incomodarla y que fuese ella la que deseara sentir mis manos sobre su piel y que ella buscara el contacto de la mía. Incluso sentí que me avergonzaba de que se diera cuenta de que me había empalmado con sus besos e intentaba que no lo notara. No quería que pensara que sólo quería darme un revolcón con ella como nos había pasado al feria del año anterior.

Así que repetimos la escenita de caritas y requiebros entre besos, eso sí, con mucha lengua, con muchas ganas, pero reprimiendo mi deseo de acariciar su barriguita o estrujar con mis manos esos pechos que tanto me gustaban insinuados en sus escotes milimetrados. Mi novia estaba muy buena pero no la podía disfrutar aún.

Eso provocó que aquella noche cayera la primera paja. Pero tuve ciertos remordimientos, pues me turbaba pensar en los recuerdos de su cuerpo en mi mente: el pezón que se le escapó la primera vez que la había visto en el chalé de Leyre, sus pechos recortados en la oscuridad cuando nos liamos la segunda vez en el callejón, y el tacto de su pubis cubierto de vello recortado. Tan fue así que me terminé la paja rememorando a Alice Li con mi polla clavada en su culo mientras que se follaba a sí misma con la polla de goma.

Supuse que no sería mayor problema meneármela recordando otras experiencias sexuales aunque me habría gustado hacerlo más pensando en Alba. Como fuese llevaba más de una semana sin eyacular y mi corrida fue abundante, espesa y con una fuerza como hacía tiempo que no recordaba quizá por la tensión sexual acumulada en los momentos en que mi chica y yo nos comíamos a besos.

Aprovechando que el domingo había que retomar la normalidad y aunque me faltaban dos días para regresar a Lieja el grupo quiso quedar conmigo para despedirnos. Quedé con todos para tomar café pero después para poder quedarme a solas con Alba hicimos una tontería para que no nos vieran aparecer y desaparecer siempre juntos.

Ella se retiró antes con la excusa de preparar el material para las clases del día siguiente pues no había hecho nada en toda la semana. Yo me despedí después de todos y me fui a buscarla a su casa. Sus padres no estaban y subimos un momento. Estuvimos en su cuarto. Desde luego que se me pasó meterle mano pero no me atrevía. Su dormitorio era una mezcla del de una joven y una adolescente pues a su cama y un armario empotrado le unía una cajonera, su mesa de estudio con una estantería donde aun conservaba sus libros infantiles, juveniles y de estudio.

En la pared tenía el típico corcho con el horario semanal y fotos suyas y del grupo. Me ruboricé al comprobar que yo salía en varias fotos, del último fin de año o de las barbacoas en el chalé de Leyre. No le dije nada pero me gustó verme allí. Mientras yo observaba las fotos se apoyó en mi espalda pegándome sus pechos y me dijo algo con tono divertido:

-¿Sabes que eres el primer chico que entra en mi dormitorio?

-¿Cómo amigo?

-Como todo.

-¿Y te gusta que esté yo aquí?

Alba asintió agarrándome por la cintura.

-Me alegro de que seas el primero.

Me giré desembarazándome de sus brazos y me puse frente a frente siendo ahora yo el que la cogía por la cintura.

-Y yo de que me traigas aquí…-respondí.

No sé que interpretó mi novia con aquella palabras pues se puso seria un instante y me dijo:

-Pero no te he traído para eso…

Debí poner cara de extrañeza y ella misma se explicó:

-Luis, yo no estoy preparada aun para hacerlo.

-No, no. No te decía nada de eso. No he pensado por un momento que quisieras. No, no. Que yo no quiero. Bueno, sí quiero. Pero cuando tú quieras…

Debí ponerme muy colorado porque Alba se relajó y hasta se sonrió con mi torpeza y mi apuro. De hecho me abrazó rodeándome con sus brazos y besándome la mejilla para inmediatamente tomarme de la mano y sentarse a mi lado en la cama.

-Luis, verás. No soy virgen. Ese no es el problema.

-No me tienes que dar explicaciones.

-Pero quiero contártelo. Entre nosotros no va a haber secretos.

-Vale…

-Yo te he contado que Leyre siempre tenía novio y Nieves sus rollos.

-Sí.

-Y que yo pues era el patito feo que siempre se quedaba aparte sujetando la vela.

-Suerte que tengo de haberme quedado con el cisne…-interrumpí.

Tras sonreírme por el halago continuó:

-Verás yo nunca he sido enamoradiza, pero empezó a gustarme un chico. Yo no me hacía ilusiones con él porque era muy guapo y salía con muchas chicas. De hecho pensaba que ni se fijaba en mí. Eso me pasa por fijarme siempre en los guapos…

-Pues esta vez te has equivocado…

-Jajajaja, que tonto. Me he llevado al más guapo- respondió besándome de nuevo la mejilla.- Bueno, que en una fiesta de fin de curso se me acercó y estuvo hablando conmigo superinteresado y muy amable, y yo pues como una tonta toda nerviosa. Cuando me besó casi me derrito. Y además me pidió salir.

-A la más guapa…

-No Luis. A todas. Salió conmigo una semana. Me engatusó y acabé cayendo en sus brazos. Me llevó a su casa y lo hicimos. Y en cuanto se acostó conmigo me dejó.

-Princesita…-dije pasándole mi brazo por la espalda.

-Sólo quería eso. Y cuando lo consiguió. Pues se acabó. Usar y tirar.

-Él se lo pierde.

-Pero me hizo sentir muy mal. Y ahora me cuesta, Luis.

-Pero yo no tengo prisa.

-Pero tú estás acostumbrado…

-Y no estoy con nadie. Estoy contigo. Me interesas tú. Y ahora me tengo que acostumbrar a ti…

-Eres tan bueno que me haces sentir peor…

-No soy tan bueno. Pero tú no te mereces a un gilipollas como ese. Y yo espero merecerte a ti…

Alba parecía haberse quitado un peso de encima y se relajó mientras yo le preguntaba:

-¿Y no has estado con nadie más?

-Nunca más lo he hecho con otro chico.

-Otro regalo más para mí.-dije haciendo que se ruborizara de nuevo.

Mientras lo hacía pegué mi cabeza a la suya. Como no podía ser de otra manera empezamos a besarnos per me sorprendió que Alba apoyó su mano en mi cuello acariciando mi nuca mientras nuestras lenguas se juntaban. Yo apoyé mi mano en su muslo cubierto por un vaquero.

Alba me besaba con ganas. La notaba más suelta como si tras quitarse el peso que ella sentía al contarme su mala experiencia con el sexo se hubiera liberado. De hecho sentí su mano en mi pecho. Me buscaba. Pasé mi mano a su cintura mientras nuestras bocas seguían enlazadas. Su respiración se agitó pero no me detuvo incluso su mano se aferraba más a mi pecho apretando mi pectoral. La imité apoyando mi mano en su teta. Me regaló un leve gemido en mi boca pero no me detuvo. Parecía que se estaba soltando definitivamente.

Por mi mente en ese momento pasó la idea de que ya nos habíamos enrollado antes e incluso nos habíamos masturbado mutuamente por lo que pensé que su bloqueo venía por su experiencia con aquel tío.

Mi mano presionaba su pecho apretado dentro del sujetador que parecía de encaje por el tacto a través de la tela de su blusa sin dejar de comernos la boca con pasión. De golpe de forma inesperada sentí que quitaba la mano de mi pecho y la apoyaba en mi paquete comprobando mi dureza. ¿Me iba a masturbar en su dormitorio? ¿Quería hacer el amor conmigo?

Contorneó la forma de mi polla apretada en mi pantalón haciéndome gemir. La apretó con su mano pero la apartó cuando sintió mi mano intentar desabrochar un botón de su blusa.

-Para, para…-dijo apartándose de mí- mis padres pueden llegar en cualquier momento.

Se levantó acomodándose la ropa y yo tuve que hacer lo mismo intentando esconder mi erección. En menos de dos minutos estábamos en la calle. Nos alejamos en dirección a un parque cercano y Alba se me disculpó pero insistí en que no se sintiera presionada.

De hecho, hice lo posible para no hablar más del asunto. Nos sentamos en una terraza a tomar algo y empezó a relajarse, pero se nos hizo tarde y la acompañé a casa. Me quedaba un día más en la ciudad y no quería que nos despidiéramos con las sensaciones que teníamos en ese momento.

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