LLUN ROC

El vídeo de Enrico

Esta noche, después de mucho tiempo, he vuelto a ver el vídeo de Enrico. Sigo conservando el archivo en una carpeta de mi ordenador, en su día lo llegué a ver casi todas las noches, y me ha costado mucho terminar de aceptar por qué.

Cuando terminé el instituto hice un curso de fotografía por pura afición. Al poco tiempo, gracias a una amiga empecé a trabajar en un estudio de fotografía. No me quería dedicar a ello, me lo tomé solo como un curro de verano pero al final estuve bastante tiempo. Este estudio estaba especializado en posados de moda, así que casi todas las sesiones de fotos que hice fue con modelos profesionales, aunque poco conocidos, tanto masculinos como femeninos.

Una vez me tocó sacarle una sesión de fotos en ropa interior a un modelo italiano que se llamaba Enrico. La agencia de modelos para la que él trabajaba nos encargó un book completo y querían que fuese en exteriores, así que cuando llegó al estudio le expliqué (como pude, porque no hablaba nada de español) que iríamos en mi coche a una cala cercana que siempre estaba tranquila y que eran donde solíamos hacer los posados de exteriores.

Llegamos ahí en poco rato. La playa estaba casi vacía, como era habitual, aunque ese día se veía a lo lejos a unas chicas jugando al tenis con unas raquetas. Recuerdo haber pensado que ojalá se quedasen lejos y no nos molestasen… Él se cambió dentro del coche mientras yo preparaba el trípode y la cámara a pocos metros. Se notaba que el chico tenía costumbre de hacer posados como ese, porque se le veía muy seguro. Nada más verle entrar al estudio esa mañana me pareció un pibón, pero a esas alturas ya no me sorprendía, con aquel curro los veía a diario y muchas veces en ropa interior. La verdad es que toda esa experiencia me vino bien para ir perdiendo la vergüenza con los tíos.

Cuando por fin salió del coche, lo pude confirmar, estaba buenísimo el cabrón. El típico tío que iba a ese tipo de sesiones. Alto, morenazo, bastante musculado y totalmente depilado, con flequillo negro a la cara, ojos oscuros y una cara angulosa muy masculina. Aunque lo que me llamó la atención era el pedazo de paquete que venía marcando. Llevaba un slip rojo muy apretado que dejaba más bien poco a la imaginación. Ya había visto a varios modelos con uno de esos, eran prendas que estaban pensadas básicamente para marcar, y por poco que tuviera el tío, levando uno de esos se realzaba siempre. Pero en este caso, el italiano debía estar pero que muy bien dotado, porque era una cosa exagerada. Recuerdo que no pude contener una sonrisa al pensar lo contenta que debía estar su novia… mientras tanto, me fijé en que las chicas de las raquetas se habían ido acercando mientras jugaban, no estaban tan cerca como para molestarnos, pero si se seguían acercando les tendría que dar un toque, no quería que unas niñatas me jodiesen la cámara de un pelotazo.

Le dije que antes de empezar con la sesión en sí, grabaríamos un vídeo. A las agencias de modelos que nos contrataban les gustaba que hubiera alguna grabación de la sesión para compartir luego en redes sociales y hacer más promoción. Él estuvo de acuerdo y empezó a ensayar diferentes poses delante de la cámara. Yo lo dejé grabando mientras volvía un momento al coche traer otros tipos de lentes para la cámara y de paso consultar rápidamente el calendario de las próximas sesiones. No tenía ninguna más para ese día, así que genial. Las fotos serían las de siempre en esos casos, no tardaríamos mucho, así que tendría el resto del día libre.

De repente escuché gritar a Enrico y unas voces de chicas también. Durante un segundo el corazón me dio un vuelco pensando que acababa de pasar lo que temía. “Las crías de las raquetas le han dado a la cámara”. Salí del coche totalmente en pánico temiéndome lo peor… pero lo que me encontré fue a Enrico tirado en el suelo y a las dos chicas a su lado tapándose la cara con las manos. Me costó un momento entender lo que había pasado, pero en realidad era bastante obvio. Enrico estaba tumbado de costado, con las rodillas flexionadas y cubriéndose con las dos manos su enorme paquete, con cara de dolor. Las chicas tenían aún las raquetas en las manos y estaban intentando disculparse pero apenas les salían las palabras… la pelota de tenis rodaba por allí cerca. Parece que al final sí que habían roto algo, pero por suerte no era mi cámara…

Me quedé un momento mirando la escena sin saber tampoco cómo reaccionar. Intenté preguntar a Enrico cómo se encontraba y le ayudé a levantarse como pude y a ir hasta el coche. Cada movimiento que hacía debía ser una agonía para él a juzgar por cómo gemía y resoplaba. Dejé que se apoyase en mi hombre y le rodeé el costado con el brazo para ayudarle a caminar, pero casi me tira al suelo porque era mucho más grande que yo. Lo peor para él fue tratar de entrar en el coche, le ayudé yo a meter las piernas mientras él se agarraba con las dos manos su enorme protuberancia como si tuviese miedo de que se le fuese a caer. Antes de irnos, me acerqué a las chicas. Eran unas crías muy jovencillas, seguían tapándose la boca con las manos, con la cara toda roja, muy preocupadas y avergonzadas. Les dije que había sido un accidente, que el chico se pondría bien pero que tuvieran más cuidado. Después recogí la cámara y mis cosas y volví al coche. Allí seguía el pobre Enrico, con su enorme cuerpo que llenaba todo el asiento del copiloto, vestido solo con su diminuto slip, con la cabeza apoyada en el respaldo y los ojos cerrados, masajeándose con las dos manos sus maltrechas pelotas. La sesión había terminado antes de lo esperado.

 Llevé al modelo hasta urgencias para que le mirasen sus partes y de ahí me fui a casa. El pobre chico no tuvo fuerzas ni para despedirse cuando lo dejé en la sala de espera. Recuerdo cómo nos miraba todo el mundo al bajarnos del coche delante del hospital. Menudo espectáculo, no todos los días se ve a un adonis así semidesnudo. Verdaderamente tenía un físico espectacular, con su altura imponente, unos músculos tan marcados y la piel tan morena y depilada al láser. Su manera de caminar, despacio, encorvado, agarrándose la entrepierna y con cara de dolor dejaban pocas dudas sobre lo que le había pasado… noté cómo absolutamente todas las miradas se fijaban en nosotros, aunque estoy segura de que eso para él en aquel momento era en cualquier momento debía ser el menor de sus problemas.

Nunca volvía a ver a Enrico. Conté en el estudio lo que había pasado y mi jefe se quedó flipando. Fue la comidilla durante unos días y las compañeras se rieron mucho imaginándose la escena. Mi jefe estaba en contacto con la agencia de modelos del chico y supe que se puso bien, pero desconozco los detalles.

En cuanto pude llegar a casa después de aquello y relajarme, me di cuenta de algo que hasta ese momento se me había pasado totalmente por alto… en el momento del golpe, la cámara estaba grabándole a él… ¡por lo que debió quedar todo registrado! No pude resistir la curiosidad morbosa y transferí el vídeo a mi ordenador. La resolución de la cámara era altísima y los programas de edición que usaba me permitían parar, hacer zoom y ralentizar la grabación al máximo, fotograma a fotograma. Al principio pensé que era mera curiosidad lo que me impulsaba a ver ese vídeo una y otra vez. Luego creí que tal vez diversión… al fin y al cabo los golpes en la entrepierna son divertidos, ¿no? En muchos programas de humor y recopilaciones de vídeos graciosos no puede faltar el típico de un tío haciéndose daño en los huevos. Pero la necesidad de verlo compulsivamente, y pausarlo, y pasarlo a cámara ultra lenta, y recrearme en cada detalle… me empezó a revelar que había algo más, que yo misma me negaba a admitir. Había excitación. Me quería decir a mí misma que en parte era normal, al fin y al cabo, el tío estaba muy bueno y era la única imagen que conservaba de él. Pero en el fondo sabía que no era por eso. Me hizo sentir tan incómoda que me propuse no volver a verlo más, incluso pensé borrarlo, pero no me atreví.

Hoy he vuelto a verlo y ya no me he reprimido. Lo he visto varias veces, en bucle, una y otra vez. Parando en cada momento, recreándome en cada fotograma. Enrico aparece posando, de perfil, de frente… ensaya diferentes posturas, se acerca la mano al paquete, marca bíceps, mira al suelo, mira a cámara, se vuelve a girar… en el momento en que todo ocurre, se encuentra de frente, totalmente erguido ante la cámara, con una leve sonrisa seductora… la pelota entre el plano desde la derecha. Aumento la ralentización al máximo, va tan rápido que apenas se ve, pierde nitidez, es una forma de color verde que va dejando una estela como un cometa. Avanzo fotograma a fotograma. Ese cometa verde está cada vez más cerca de él, pero no se da ni cuenta, continúa mirando a cámara. La trayectoria se adivina claramente, va directa a sus genitales. El paquete de Enrico es impresionante, se le marca absolutamente todo, se le nota perfectamente un pene bastante grande, posiblemente algo erecto, apretado y curvado hacia abajo. Detrás y ambos lados se aprecia a la perfección la redondez de sus dos testículos, llenando todo el slip rojo, que parece a punto de reventar. La forma verde ya está casi rozando el bulto de Enrico y, entonces, hace contacto. Enrico está de frente y la pelota viene desde la derecha, por lo que le da perfil, de lleno. Ralentizo el vídeo más todavía, hago zoom. La pelota impacta contra el paquete, que se mueve como si fuese de gelatina. Pienso que el testículo izquierdo debió ser el que recibiese todo el impacto, pero en realidad es el bulto entero el que cede, se mueve todo el paquete hacia un lado con la presión de la pelota. Una pelota durísima golpeando sin piedad las blandas pelotas de Enrico.

Lo más fascinante es que tarda unas milésimas de segundo en producirse su reacción. Imagino que el tiempo que sus terminaciones nerviosas tardan en mandar el mensaje a su cerebro. Un tiempo mínimo, casi nada, pero puedo pausarlo y hacer que parezca una eternidad. Puedo para el vídeo en el momento exacto en que la pelota impacta contra su paquete mientras él continúa sonriendo a cámara. Y de pronto, todo se desmorona. La sonrisa se le congela, se transforma en una mueca de dolor, primero enseña los dientes y después se le abre la boca. Tengo el sonido quitado, pero si lo pongo y devuelvo el vídeo a su velocidad normal, puede escucharse un grito largo y ahogado. Vuelvo a ralentizado, quiero volver a ver su cara otra vez. Veo cómo se le contrae toda la cara en una mueca de dolor. Se le cierran los ojos. Dios, qué cara pone. Es una cara de desesperación total. Al mismo tiempo, se lleva la mano a la entrepierna de manera totalmente automática. Es un gesto tan instintivo que ni siquiera llega a tocarse el paquete, es solo un movimiento impotente de autoprotección, totalmente inútil porque el daño ya está hecho. Todo su cuerpo se va viniendo abajo, como esos edificios que dinamitan en una demolición controlada. Su tronco se inclina hacia delante, sus rodillas fallan. Cae de rodillas y a continuación de costado.

Ya en el suelo no grita, tiene la cara toda contraída y apenas la mueve, como si se hubiera petrificado. Si le devuelvo el sonido le escucho gemir, como si estuviese a punto de llorar. Sus manos por fin han encontrado sus testículos y los agarran como si se fuesen a escapar. Se queda muy quieto, en posición fetal. Las chicas entran en el plano desde la derecha, la misma dirección desde la que vino la pelota. Llegan corriendo, exclaman algo, se miran entre sí y le miran a él. Se le quedan mirando como quien mira un desastre natural, tapándose la boca con las manos. En su momento me pareció que estaban muy apuradas y, en efecto, lo están, pero si continúo ralentizando la imagen, aprecio que en un momento dado se intercambian… ¿una sonrisa? ¿Quizá de incredulidad?, ¿quizá de diversión? La situación se queda congelada durante unos segundos. Él en el suelo, ellas de pie ante él, mirándole. Después entro yo en el plano y corro a ayudarle, pero esa parte ya no me interesa. Retrocedo, vuelvo a ver de nuevo impacto, vuelvo a hacer zoom. Vuelvo a ver la pelota impactar. Se me acelera el pulso al verlo. Una y otra vez. Es como ver estrellarse un meteorito. Ese bulto apretado en fina tela roja cede como si nada. No puede parecer más frágil, más vulnerable.

Todo esto lo estoy escribiendo de memoria, tengo cada centésima de segundo del vídeo clavada en la memoria. Lo he visto decenas de veces a lo largo de varias horas antes de acostarme. Lo he visto mientras me masturbaba.

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