ALMUTAMID

El martes me levanté molido con un fuerte dolor en las piernas impropio de alguien bien entrenado como yo. Evidentemente eso no iba a impedir que saliera a ver las cofradías con mis amigos. El suelo reparador y largo me vino bien para aclarar mis ideas. Decidí pensar dos cosas. La primera que no era Claudia la persona que había visto sino alguien parecido a ella de la que sólo vi su cara. En segundo lugar el temor a encontrármela debía estar infundado pues llevábamos caminos diferentes.

Con ese convencimiento me levanté renqueante de la cama con molestia en los isquiotibiales y los gemelos algo cargados y me encontré una nota de mi madre en la nevera. La única tía de mi padre se había puesto enferma y mi padre se había ido a atenderla. Ella me avisaría para ver si venía a comer.

Tras desayunar algo ligero pues almorzaría pronto me puse un rato a ver la tele con las piernas en alto cuando empecé a recibir los primeros mensajes de mis amigos para ver como me había ido y planificar la tarde. Pablo poco dado a la Semana Santa se iba a comer con Leyre por ahí y seguramente no quedarían por la tarde. Se descolgaban.

Viqui me dijo que Mikel estaba un poco saturado y sólo saldrían un rato porque ella sí quería ver cofradías pero que hablara con Nieves que le había preguntado ya. Eso me llevó a escribir en el grupo para que todos nos pusiéramos de acuerdo a la vez. Al final quedé temprano con Alba y Nieves y los demás se sumarían después.

En medio de la conversación llamó mi madre por teléfono. La tía de mi padre estaba bastante enferma y mi padre estaba intentando hospitalizarla en la ciudad y no en la costa donde llevaba años viviendo en un apartamento. No venía a comer por lo que se me ocurrió pedirle a las chicas que se vinieran a comer conmigo. Ambas aceptaron pero Alba por privado me consultó si podía decírselo a Álvaro. No quería quedar mal con él pareciendo que lo dejaba de lado cuando había salido con el grupo de la clase tantas veces. No me hacía gracia pero evidentemente acepté.

Recogí un poco la cocina y mi dormitorio pues la casa estaba bastante limpia teniendo en cuenta lo poco que se para en ella en esos días. Retiré mi túnica del salón donde la había dejado tirada y tras descoserle el escudo la eché a lavar. Ventajas de usar túnica de tela de algodón blanco. Guardé el cinturón de esparto y las sandalias en su sitio hasta el año siguiente y colgué la medalla junto a la foto de los Titulares que tenía sobre mi cama en mi dormitorio.

Las chicas llegaron juntas con unas pizzas mientras yo preparaba una ensalada. Poco después llegó Álvaro con una botella de vino tinto. Aunque lo percibí como a un rival el día que había llegado con Alba en realidad el chaval empezaba a caerme bien. Y aunque parecía evidente que según lo que me había dicho Nieves yo me había cruzado en sus intenciones por Alba el chaval tampoco pareció incómodo en mi casa no molesto por estar con el tío que aparentemente le gustaba a su pretendida. Fuese como fuese yo seguía atento y pendiente de mi amiga aunque me contuve en los gestos de cariño aun conmocionado por lo que había sentido el día anterior. Del dicho al hecho hay mucho trecho.

Mientras tomábamos helado de postre probablemente vivimos el momento más incómodo de toda la comida. Y la culpa fue mía pues le pregunté a Alba si este año se iba a vestir de mantilla.

-Ahn, pues me gustaría mucho. Pero no lo había pensado todavía porque no sabía si tú venías y…-parecía que iba a decir que no sabía si Álvaro aceptaría pero tras titubear respondió- no sé si alguien más se habría ofrecido como tú el año pasado.

-Yo te habría acompañado encantado- añadió Álvaro intuyendo la misma respuesta que yo.

Se hizo un silencio espeso en el que nadie intervenía. Ni Alba decidiéndose, ni yo adelantándome. Al final fue Nieves la que rompió el momento que al menos yo intuí de cierta tensión.

-¿Y qué os parece si Luis acompaña a Alba como el año pasado y Álvaro me acompaña a mí?

-¡Qué buena idea! -contestó Alba- Así salimos todos. Aunque Mikel se va mañana al norte y Viqui se va a quedar descolgada.

Álvaro estaba un poco descolocado por la proposición de Nieves pero yo me colé por medio rematando:

-Que se vista Viqui, que yo tengo dos brazos.

Alba aplaudió mi idea mirando a Álvaro mientras decía:

-Veréis que guapos vamos a estar todos.

Tras aquello nos fuimos al centro. Al final salvo un par de horas que vinieron Viqui y Mikel estuvimos los cuatro solos. Quizá por eso, o porque yo estaba más remiso a dar algún paso no ocurrió lo mismo que el domingo. Y aunque nos dimos la mano para salir de alguna pequeña bulla no fue algo tan significativo.

De regreso a casa por la noche le dejé caer a Alba que Álvaro me caía bien.

-¿Verdad?- me dijo – Es muy buen chaval. Sabía que os llevaríais bien.

-Pero tú contabas con que ¿yo venia?

-No, no sabía nada- respondía encendiéndose sus mejillas de la forma que tanto me gustaba- Pero suponía que el día que os tratarais os ibais a llevar bien.

El miércoles Pablo y Leyre ni siquiera avisaron de nada pues se fueron a la playa a pesar de que la predicción meteorológica no era muy halagüeña. Quizá no buscaban playa…Viqui se fue a acompañar a Mikel al aeropuerto, pues se iba con su familia a pasar los días de fiesta de la semana, y después se unió al grupo, de modo que estuvimos Álvaro y yo con las tres chicas. Sin embargo empecé a fijarme que Nieves se quedaba rezagada con Álvaro cuando íbamos caminando y cuando nos sentábamos a tomar algo en un bar se estaba sentando a su lado. ¿Le gustaba el chico? Probablemente. ¿O me estaba haciendo un favor? Como fuera empecé a percibir que no era un peligro para mí. Mi único peligro era yo y sólo yo era el que tenía que dar un paso con Alba.

A media tarde del miércoles mi madre me avisó de que efectivamente la tía de mi padre estaba hospitalizada en la ciudad y de que habría turnos en el hospital para acompañarla. Me descartó para que yo hiciera alguno pero me avisó de que ella, mi padre y mis tíos sí se turnarían para pasar las noches con la anciana. Aunque yo me ofrecí, mi madre me descartó pues había que estar pendiente de avisar a las enfermeras de cuestiones con las que seguramente la señora no se sentiría a gusto con un sobrino nieto.

Por la noche, como yo ya estaba totalmente recuperado de mi paliza del lunes nos quedamos hasta tarde viendo a la última hermandad del día cuyo paso de misterio anda haciendo espectaculares cambios acompañado por la misma banda que lleva mi Cristo. En vez de verlo en una plaza lo buscamos en la estrechez de las calles que vienen de la catedral. Nos colocamos pegados a la pared sobre todo por la altura de Álvaro. Pero al legar el inmenso paso del Prendimiento nos tuvimos que apretar. Alba que estaba delante de mí pegó a su espalda a mi pecho, Viqui se encajo en medio y Nieves se tuvo que pegar a Álvaro al que noté algo nervioso recordándome lo que me había pasado a mí mismo un año antes con Alba.

Allí pegados con su cabeza cerca de la mía le volví a coger la mano como había hecho varias veces el domingo. Pero tras pasar el misterio nos soltamos recuperando la posición en corro para charlar. Cuando llegó el palio tuvimos que volver a apretarnos pero en la misma posición. Vi que Nieves y Álvaro se buscaban con la mirada y se sonreían mientras ella se volvía para explicarle la curiosa disposición de la candelería delantera formando dos aspas o cruces de San Andrés. Viqui observaba la cadencia de las bambalinas marcando el compás de la marcha al golpear contra los varales mientras el seños que estaba delante nuestra acercaba su cara a los respiraderos para animar a los hombres que iban dentro: “!Viva los costaleros buenos!

En ese momento mi mano cogió a Alba por la cintura. Temí que la apartara pero comprobé como relajaba su cuerpo dejándolo caer sobre el mío. Se me aceleró el pulso sintiéndola tan cerca en todos los sentidos. No era algo físico. Era mucho más. ¡Qué bien me sentía con ella! ¿Por qué tuve que esperar a ver que se me podía escapar para reaccionar?

El paso se fue dejándonos su manto como una estela roja y dorada que se alejaba mientras la banda completaba el trío de la marcha que entonaban. No quería soltar a Alba pero iba a ser extraño que los demás se dieran cuenta así que aparté mi mano de si cintura. Ella me regaló una sonrisa llena de rubor mientras Viqui se acercaba a comentarnos por donde salir de la calle en dirección contraria.

Nos sorprendió que Álvaro se ofreciera a acompañar a Nieves aduciendo que al lado de la casa de ella cogía el metro directamente hasta su casa y ellos se fueron por el otro puente mientras que Viqui, Alba y yo regresamos al barrio por el puente más famoso de la ciudad. Parecíamos revivir la Semana Santa del año anterior.

Dejamos a Viqui en su casa y Alba y yo nos fuimos solos. Estábamos cortados como dos adolescentes. Los dos teníamos claro lo que había pasado pero ninguno daba el paso. Incluso pasamos por al lado del callejón donde nos habíamos enrollado el año anterior en feria y me puse hasta colorado. Al llegar a su portal, nos despedimos hasta el día siguiente rompiendo el silencio incómodo.

-Ponte guapo…-me dijo recuperando nuestra forma habitual de hablarnos.

-A ti no te digo nada aporque sé que vas a estar preciosa.- respondí haciendo que se le subieran de nuevo los colores.

Si la besaba habría respuesta de su parte. Pero mis temores aparecían de nuevo una y otra vez: el nerviosismo si me cruzara con Claudia o el no saber comportarme en Lieja. Reprimí mi impulso de besarla y apretarla contra mi cuerpo y lo sustituí por un casto beso en su mano.

-Hasta mañana princesa…-se me escapó apartándome de ella para regresar a mi casa antes de que se internara en el portal de su casa.

“Hasta mañana, princesa ¿Pero en qué estabas pensando Luis? O te decides ya o no la tengas más tiempo en ascuas imbécil. Sé adulto de una puta vez y afronta lo que hay. Se te cae el culo por esa niña y ¿no te atreves a dar el paso? Aparta los fantasmas de tu cabeza. Claudia es pasado y tienes delante un presente y un futuro muy hermoso. Tienes un plan que cumplir. ¿Lo de Lieja? Un nudo en el nabo o matarte a pajas, pero ya está. ¡Si estás colgadísimo por ella! Y ha tenido que ser otro tío el que haga que te des cuenta…”

Pensé que no iba a dormir. Pero saber que iba a estar al día siguiente todo el día con ella me relajó de tal manera que me tuvo que despertar mi madre el Jueves Santo para preguntarme a qué hora me iba y si iba a comer en casa para dejarme comida.

Y bien bonita que estaba con su mantilla. Viqui, que sabía lo que había pues era evidente que lo había hablado con Alba no se molestó porque yo sólo tuviera ojos para ¿mi princesa? El vestido negro de terciopelo no excesivamente ajustado con escote recto en los hombros apretaba sus pechos haciéndolos parecer menores, por efecto del color, pero a la vez tenía el efecto contrario en las curvas que conformaban su cintura y sus caderas acentuándolas pese a que la falda no se ajustaba a sus muslos cubriéndolos hasta las rodillas. Las medias oscuras y la mantilla sobre su cabeza, hombros y espaldas enmarcaban su cabello recogido en un moño y su carita levemente maquillada como marca la tradición usando y ligero perfilador en sus labios y evitando colores fuertes.

Tras recoger a Alba pasando por el trance de saludar a su padres a los que tuve que contar la marcha de mis estudios en Bélgica mientras yo pensaba “si ustedes supieran lo que me gustaría hacer con su hija…” fuimos a casa de Viqui. Era el punto de reunión. Allí ya nos esperaban Nieves y Álvaro. Mi examante iba agarrada de su brazo muy contenta y el chaval estuvo efusivo aunque me pareció verlo cortado al saludar a Alba.

Decidimos empezar visitando las iglesias de nuestro barrio, empezando por mi hermandad, le del domingo, y las tres del Viernes Santo donde nos tocó hacer cola en la que sale en la Madrugá. El día estaba fresco pues se había nublado ligeramente. Las previsiones daban un elevado riesgo de lluvia para la tarde noche pero aun así la ciudad seguía preparándose para su noche más famosa.

Tras terminar de visitar las hermandades del barrio nos fuimos al centro ya para comer. Pero decidimos sentarnos en un bar famoso por sus serranitos que ya expliqué anteriormente. Allí mientras Álvaro y yo nos jalábamos un serranito completo con su churrasco de cerdo, su loncha de jamón serrano, su pimiento frito, lonchas de tomate, salsa alioli, dentro de un pan de viena acompañado de papas fritas, las chicas optaron por compartir raciones de chocos fritos y solomillo al güisqui. Tras la comida nos fuimos a tomarnos un café a la plaza donde está el Museo de Bellas Artes evidentemente acompañado de su inseparable torrija.

Nos dispusimos a salir ya a buscar las cofradías de la tarde cuando comprobamos el cielo bastante cerrado. Álvaro, sorprendentemente previsor llevaba cascos para escuchar la radio mientras cogía el autobús y buscó una emisora local. Las hermandades estaban esperando informe meteorológico para decidir salir o suspender la estación de penitencia.

Decidimos quedarnos en la cafetería llena de más grupos de gente joven como nosotros con las chicas vestidas de mantilla y los chicos con sus trajes oscuros, camisa blanca y corbata negra.

Efectivamente las dos primeras cofradías suspendían su estación a pesar de que aun no llovía pues llegaba un frente aproximadamente a las 6 de la tarde. El centro zonal de meteorología no falló y empezó a llover a esa hora. Ya eran cuatro las cofradías afectadas. Nosotros nos pedimos unas copas para acompañar la espera hasta que se abriera un claro y regresáramos a casa.

Decidimos regresar a casa, cambiarnos de ropa y esperar a ver si salían las cofradías de la tarde-noche. Volvimos por tanto por el camino más corto y aprovechando que no llovía aunque lloviznaba. Álvaro y Nieves se cogieron un taxi hasta la casa de Nieves. Me sorprendió que el chico la acompañara a pesar del taxi. Estaba claro que en la conversación de vuelta a pesar del caminar ligero iba a caer la sospecha de que esos dos ya se habían enrollado. Algo que por cierto me hacía enormemente feliz. Para mí era como solucionar dos problemas de un solo golpe.

Ya refugiados en el portal de Alba acordamos cambiarnos de ropa e irnos a casa de Mikel a cenar. Viqui tenía la llave de su casa y podíamos pedir comida china, cenar allí y esperar para ver qué pasaba con las cofradías de la Madrugá, pues dábamos por hecho, que las de la tarde no saldrían ninguna.

Tras dejas a Alba me ofrecí a acompañar a Viqui pese a que era aun de día y bastante mayorcita para ir a cualquier sitio pero la propia Alba insistió subiendo a por un paraguas para que la acompañar y después yo me fuera a mi casa.

En cuanto salimos del portal cayó la pregunta:

-¿Qué pasa entre Alba y tú?

-Pues, no pasa nada…

-Ya, ya. Cogiditos de la mano. Algún abracito furtivo. ¿O te crees que la policía es tonta?

-¿Ella te lo ha contado?- pregunté alarmado.

-No seas idiota. Se te pone una cara de lelo cada vez que la ves, jajajaja. Que ya me habría gustado que me miraras a mí así cuando estabas conmigo.

Me quedé muy cortado con su comentario sin saber que decir. Pero no podía admitir que le tenía mucho cariño pero mientras estaba con ella yo estaba enamorado de Claudia. Ella que se dio cuenta rápidamente reaccionó diciendo:

-Ey, que no me molesta. Me alegro mucho por vosotros. Yo creo que hacéis una pareja estupenda.

-Pero estando yo fuera…

-Luis, que tú y yo nos veíamos los puentes y fiestas. Y aun así podíamos estar juntos. Es cuestión de voluntad. Eso sí yo lo sufría, jajajaja, porque venías siempre más caliente que el palo de un churrero. Es broma. Normal que me tuvieras ganas. Pero yo es veo muy bien juntos.

-Pero no estamos juntos…

-¿Y a qué estás esperando? No seas tonto. Si los dos queréis. Luis hay trenes que sólo pasan una vez. Te queda un año entero de carrera fuera ¿vas a renunciar por eso?

En ese momento me di cuenta de que si mi plan se cumplía apenas me quedaban tres meses fuera de la ciudad. Ya estábamos en la puerta de su casa. Se despidió de mí con un beso y me dijo:

-Nos vemos en un rato. Piénsatelo. ¿Por qué no intentar ser felices?

Con ese pensamiento me fui a casa cuando el chaparrón arreciaba. Saludé a mis padres al llegar. Mi madre me explicó que la tía de mi padre estaba bastante mal y que los médicos daban pocas esperanzas. Yo no había tenido mucho trato con la señora pero todos los años en verano solíamos ir a visitarla en su apartamento. Recuerdo como mis padres se sentaban con ella a tomar algo en la amplia terraza que tenía mientras yo, sobre todo de pequeño observaba la playa desde la baranda.

Me gustaba ese apartamento. Tenía un salón muy amplio con cocina americana separada por una barra, un dormitorio muy grande con cama de matrimonio y un baño completo. Además estaba en primera línea de playa sobre el paseo marítimo lleno de restaurantes, tiendas y heladerías. Las vistas, aparte del paseo y la playa daban a la bahía y se veía la capital de la provincia en frente, especialmente sus luces por la noche.

Tras la charla con mis padres me duché poniéndome ropa cómoda por si escampaba y al final nos íbamos al centro cogiendo un chaquetón pues la lluvia había hecho bajar las temperaturas. Me fui al apartamento de Mikel que estaba cerca de la casa de Nieves. Por el camino recogí a Alba que también se había puesto unos vaqueros y un chaquetón. Después comprobé que debajo llevaba una rebeca torera ajustada a la cintura dejando a la vista el escote de su blusa. Viqui se había adelantado para recoger un poco el piso antes de nuestra llegada.

Por el camino paramos en una tienda de desavío y compramos unas cervezas y refrescos para la cena. Llegamos y confirmamos en una televisión local que el Jueves Santo había quedado definitivamente suspendido. Se abría un claro en la madrugada pero el parte meteorológico advertía que había riesgo de lluvia a partir de las 5 de la mañana por lo que temíamos que ocurriera lo mismo con la Madrugá.

Al final llegó Nieves y mientras picábamos y tomábamos unas cervezas esperamos que llegara la comida china. Álvaro se disculpó no viniendo al piso aunque se apuntaba el viernes si salíamos.

-¿Qué le has hecho al pobre?- le preguntó medo en broma Alba pero Nieves no contestó dejándonos con la curiosidad.

Yo tenía mis sospechas de que se habían enrollado aunque me parecía demasiado pronto para enseñarle el trastero al chaval y las habilidades de Nieves en ese reducido espacio. Pero en cuanto nos sentamos a cenar y cayeron varias cervezas Nieves no se iba a librar de la curiosidad de las otras chicas.

-Bueno- arrancó Viqui medio tirada en el sofá con los mofletes colorados- ¿Qué historia te traes con Álvaro? Estáis juntitos todo el tiempo…

-Sólo se ha ofrecido a acompañarme de mantilla, como Luis el año pasado con Alba.-se explicó.

-Pero eso de irse en taxi contigo, jajajaja. Ahí hay tema…-insistió mi exnovia.

-Eso es cosa nuestra…

-Jajajajaja, ¡lo sabía!- rio Viqui mientras que Alba y yo nos lanzábamos una mirada de complicidad.

-No he dicho que nos hayamos enrollado.

-Ya has dicho bastante- tercié yo.

-Queremos detalles- exigió Viqui con sorna.-Porque el chaval se ve paradito…

-No creas, jajajajaja- reconoció Nieves relajándose.

-Vale, cortaros que estoy delante- rogué.

-Anda ya. Si te ha hecho un favor.- añadió Viqui.

Alba la fulminó con la mirada poniéndose muy colorada mientras su expresión pasaba del estupor a la súplica. Yo por mi parte me quedé muy cortado. Creo que mi ex se dio cuenta, y seguramente pensando más en su amiga que en mí redirigió la conversación a Nieves diciéndole:

-Tía, no pongas excusas. Que empezaste la Semana Santa pensando que ibas de carabina y Alba te ha regalado un rubio.

-Oye, que yo no he regalado nada- se defendió la aludida.

-Es una forma de hablar, hija. El niño venía contigo.- explicó Viqui.

-La verdad es que es muy mono- admitió mi examante.

-Lo sabía, jajajaja.-rio Viqui.

-Y muy buena persona- añadió Alba.

-Y ¿todo lo tiene en proporción? Jajajajajaja- insistió Viqui pinchando.

-¡Que no nos hemos liado! Sólo unos besos.- se defendió la otra.

-Yo me retiro un rato y os dejo hablar de vuestras cosas mejor…-dije retirándome al baño.

-¿Te vas a costar con nosotras?- me espetó Nieves- Más confianza que habiéndote enrollado con las tres…

No respondí pero desde el pasillo pude escuchar a Viqui reprochándole a Nieves:

-Tía, te has pasado. Luis y yo éramos novios y con Alba no termino de tener claro lo que hay. Que ya os vale con lo mayorcitos que sois los dos. Lo que tú hicieras con él es cosa vuestra…

-Pero si me estás preguntando tú por Álvaro…

-En realidad no sabía si os habíais enrollado. Era sólo por pinchar. Si quieres dejamos el tema.

Entré al baño pero cuando regresaba por el pasillo las oí cuchichear. Cuando asomé se callaron y Nieves me dijo:

-Perdona, Luis. Antes me he pasado. Ya me he disculpado con Alba y ahora contigo.

-No pasa nada. Estamos entre amigos y hay que saber aguantar las bromas aunque algunas sean de mal gusto.

Teas aquello ya pasada la media noche pusimos la televisión de nuevo para ver qué pasaba. Las tres hermandades de negro de la Madrugá habían cancelado su estación de penitencia ante el riesgo de lluvia. Decisión lógica cuando estamos hablando de tallas de la primera mitad del siglo XVII. Pero de las de capa ya había una saliendo. La más populosa que sale del barrio de la muralla. Alba propuso salir a buscar a la cofradía. Pero ante la lejanía de nuestro barrio y aquella zona del centro sólo yo secundé su moción. Nos fuimos los dos solos dejando allí a Nieves y Viqui.

Salimos del piso de Mikel con un buen ritmo pues teníamos más de media hora de caminata. Evidentemente conversamos sobre Nieves y Álvaro. Alba me mostró una cierta desconfianza:

-Con todas las tías que hay se va a fijar en Nieves que es una devorahombres- se lamentaba Alba.

-Yo creo que después de Alberto ha cambiado.

-No sé. Yo he preferido salir con mis compañeros porque no me termino de llevar bien con ella, y ahora va y se lía con Álvaro. Puff, voy a comérmela con papas una temporada.

-No sabemos que intenciones tienen. A lo mejor no llegan a nada.

-Tú no la conoces. Cómo vaya a por un tío se lo lleva. Lo único que después los tira. Si Álvaro no la “satisface” pasará de él.

-Bueno. Solo se han dado dos besos. No exageremos. La propia Nieves me dijo que creía que Álvaro iba detrás de ti- le expliqué- y aún así a ella le ha gustado el tío.

Alba se puso colorada con su típico rubor excusándose:

-¿Cómo va a ir Álvaro detrás de mí? Sólo somos amigos. Nada más. Yo le conté que veía muy bien la Semana Santa y quiso venir. Además nunca me ha insinuado nada y ya ves lo que ha tardado en irse detrás de Nieves.

-Bueno se puede estar enamorado de otra persona en silencio…

-Ya…

-Y Nieves cree que tú tienes ojos para otro.

-¿Para otro? ¿Qué otro?- preguntó incómoda.

-Eso no me lo ha dicho- mentí.

-¿Y por qué hablabais de mí?

-Bueno, la novedad de Álvaro dio para comentar. Ya sabes como somos. Mira Viqui hoy como pinchaba.

-¿Y tú?- me preguntó volviendo la cara para mirarme a los ojos mientras respondía.

-Yo…yo no cotilleo. Yo hablaba de las personas que me interesan…

Pareció dudar si indagar más pero tuvimos que pararnos para pensar donde íbamos a buscar a la cofradía del arco evitando zonas de mucha bulla. Al final optamos por remontar la cofradía con más de 3000 nazarenos en su cortejo. Al meternos ya en calles más transitadas aparcamos la conversación.

Efectivamente caminamos cogidos de la mano remontando la fila de público que ya esperaba a pie parado a la cofradía hasta que vislumbramos el paso de Cristo con sus romanos emplumados tan característico. Lo vimos revirar casi en primera fila y continuamos la remontada hasta llegar al palio por un interminable camino de capirotes de terciopelo verde. Como la hermandad había salido algo más tarde por el riesgo meteorológico llevaba un ritmo más ligero del habitual por lo que entre su avance y el nuestro en dirección opuesta en apenas 15 minutos ya oíamos los desagradables gritos de algunos fanáticos de la talla en la calle que conduce desde el centro de la ciudad a su barrio. El paso venía rodeado de una inmensa masa humana por lo que nos pegamos a la pared dándome la oportunidad de sentir su cuerpo pegado al mío una vez más.

Esta vez no me limité a cogerla por la cintura. Mis brazos la rodearon y ella se acomodó entre ellos. Como iba con zapato cómodo su cara quedaba ligeramente más baja que la mía pudiendo apoyarla entre mi hombro y m propia cara. Mientras el palio avanzaba no pude evitar besar su sien. No sentía el frío de la noche sino sólo el calor de su cuerpo y el de la emoción.

Cuando vimos el manto perderse en la longitud de la calle de nombre festivo aprovechamos para escabullirnos de la bulla por una calle lateral. Pero seguíamos agarrados como dos adolescentes que acaban de descubrir que se gustan mutuamente y pierden la noción del espacio agarrados el uno al otro.

Pero nosotros nos encaminábamos en silencio buscando la siguiente procesión. En silencio. Cuando llegamos a otra zona transitado nos volvimos a coger de la mano hasta llegar a la bulla. Era demasiado densa. No podíamos avanzar. Nos tocaba esperar el cadencioso andar del Dios de los calés en su paso dorado. Mientras asomaban los ciriales sonaba una reconocida melodía de Joan Manuel Serrat tocada por la banda. Pero ahora fue Alba la que se colocó detrás de mí abrazándome. Sus manos rodeaban mi pecho. Ojalá no llevar chaquetón y las sintiera pegadas a mi piel.

-Qué bonito Luis…-decía mientras el Cristo cargado con su cruz avanzaba entre la multitud con música flamenca.

¿Se refería sólo al paso? Porque yo tocaba el cielo. Tanto que cuando se despejó el espacio y pudimos avanzar para buscar a la Virgen me detuve como si nadie nos viera y tras mirarla a los ojos besé sus labios con dulzura. Sólo eso. Acababa de decir sin palabras lo que realmente sentía. Nuestro silencio se siguió prolongando. ¿Miedo a no saber qué decir o es que realmente no teníamos necesidad de decirnos nada?

Cuando vimos el palio teníamos una larga caminata para buscar a la hermandad que venía de nuestro barrio en la Madrugá. Cuando salimos de las calles más transitadas caminamos abrazados yo a su hombro y ella a mi cintura y por fin hablamos. Pero no de lo que pensáis. Seguíamos hablando como dos amigos. Como si no hubiera pasado nada extraordinario. Cómo si lo ocurrido fuese lo natural entre nosotros.

Tuvimos que atravesar la carrera oficial por uno de los pasillos habilitados para llegar a la zona donde queríamos sin dar un enorme rodeo. Fue difícil atravesar la multitud que esperaba, pero finalmente conseguimos avanzar para ver el portentoso caminar del misterio con su enorme caballo a los sones de su banda. Pero cuando el paso ya había terminado de revirar para encarar con brío la calle que le conducía a la carrera oficial empezó a chispear generando un murmullo.

En 5 minutos el chispeo ya era llovizna y no tenía pinta de detenerse. Los nazarenos estaban detenidos. Estaba claro que la junta de oficiales estaba reunida en cabildo decidiendo qué hacer. Escuchamos al fondo los tambores de la banda del Cristo tocando a paso de mudá. El misterio se refugiaba en una iglesia próxima. Al instante los nazarenos de la Virgen emprendían el camino de regreso rompiendo la cofradía y dando por suspendida la estación de penitencia. Lo habían intentado pero el tiempo lo había impedido.

La multitud comenzó a deshacerse y Alba y yo buscamos refugio de la lluvia. Para evitar un caminar lento y empaparnos en lo que ya era una lluvia constante nos metimos por una calle estrecha trasera. Pero el chaparrón apretaba y decidimos refugiarnos en un pequeño soportal sentándonos en los escalones de acceso al portal.

Comentamos lo sucedido haciendo nuestras elucubraciones sobre lo que habría sucedido con las otras dos hermandades pero fue como una pequeña introducción. Porque allí sentados en aquella calle poco transitada a las 5 de la mañana de un Viernes Santo escuchando el sonido de la lluvia acabamos besándonos muy despacito. Primero fueron piquitos de tanteo para acabar fundidos con nuestras lenguas enlazadas.

Me gustaba su boca. Me gustaba su lengua. Me gustaba su sonrisa sonrojada cada vez que nos separábamos para mirarnos. Sólo besos. Nada más. Como dos adolescentes que aun no saben nada de sexo y acaban de descubrir cuanto les gusta besar a la otra persona. Así un buen rato hasta que su cabeza acabó en mi hombro quedándonos en silencio como en Año Nuevo. Sólo que ahora ya estaban las cartas sobre la mesa.

Cuando escampó aprovechamos para volver a casa andando ligeros cogidos de la mano. Cuando al cruzar el puente un coche nos salpicó pisando un charco en vez de enfadarnos nos dio la risa. Supongo que a eso se refieren con que el enamoramiento entontece. Así llegamos hasta su casa donde nos volvimos a besar. Los pájaros ya cantaban con fuerza y el cielo empezaba a clarear cuando con un tierno hasta mañana nos despedimos con el último beso.

Yo tenía una enorme presión en el pecho cuando regresaba a casa a paso ligero. Y no era ansiedad. Era otra cosa. Y yo la conocía porque la había vivido antes. Pero esta vez iba a ser diferente. Alba era un alma libre de condicionantes y había demostrado que era tenaz y firme conmigo.

Ahora me tocaba a mí. Ya no podía poner excusas. No habíamos hablado ¿pero hacía falta tras lo ocurrido? Ella me quería y yo sentía que la quería a ella. Y no estoy hablando de una atracción física, que también la había. Cuando me metí en mi cama no estaba pensando en sus grandes pechos de pezones oscuros, ni en sus caderas poderosas. Yo estaba pensando en su carita de ángel, en su complicidad. Veía su sonrisa sonrojada de unos instantes antes. Sentía su respiración e intentaba atrapar en mi mente su aroma.

No había sido un enamoramiento a primera vista como me había pasado con Claudia, ni un encaprichamiento. Esto debía ser eso que llaman amor. No lo sé. Porque aunque algunas sensaciones ya eran conocidas por mí otras eran nuevas. Ahora ya no me asustaba no ser suficiente para ella. Si ella sentía lo mismo que yo nos llenábamos de sobra. El temor que empezó a angustiarme mientras intentaba dormirme era que yo no fuera capaz de dar la talla con una persona como Alba.

En mi mente repetía una y otra vez…Alba, Alba…Ahora más que nunca tenía un plan y no podía volver a cometer los errores del pasado. Con ella no.

A pesar de que cierto desasosiego había empeñado la nube en la que me encontraba conseguí dormirme plácidamente hasta el mediodía. Al despertar estuve a punto de mandarle un mensaje de buenos días, pero no me atreví. No quería ser pesado. Ella tampoco me había escrito a mí.

Comí con mis padres contándoles las peripecias de la Madrugá. Bueno. No todas, claro. Y comprobando que el tiempo seguía revuelto decidí llamarla para hacer planes.

-Buenos días, princesa…

-Buenos días ¿cómo has dormido?

-De maravilla- respondí.

-Yo también…¿qué hacemos hoy? Está lloviendo.

-Podemos tomar café y esperar que mejore el tiempo.

-Me parece buena idea.

-¿Tú y yo?- pregunté.

-Bueno, ya me han preguntado Álvaro y Viqui.

-Tendremos que soportarlos…

-Jijijiji…no seas malo.

Al final quedamos una hora más tarde. Yo la recogería. La recibí con un beso y cuando íbamos de la mano hacia la cafetería le pregunté:

-¿Se lo contamos?

-¿Tú estás seguro?

-¿Por qué no?

-Luis…-dijo haciendo una pausa que me hizo temer alguna respuesta inesperada- Tú te vas. Vives fuera. Ahora lejísimos. El año que viene en otra ciudad. No nos vamos a ver hasta el verano. Y a saber si tú has cambiado de idea.

Estuve tentado de contarle mi plan pero no quería crearle falsas ilusiones así que me lo callé pero sí le respondí:

-¿Crees que eres para mí un rollete de vacaciones?

Alba se sonrojó.

-Quiero tener algo contigo. Algo de verdad- continué- Y sé que es difícil por la distancia y los obstáculos que tenemos, pero no quiero arriesgarme a perderte…

-¿Perderme?

-¿Y si Álvaro iba detrás de ti? ¿O te terminara gustando?

-Jajajajajajaja

Su risotada debió resonar en toda la calle.

-Pero si Álvaro a los tres días de conocer a Nieves se estaba enrollando con ella. Y yo…bueno, yo…no tenía necesidad de mirar a otro.- respondió bajando la mirada.

La tomé por la barbilla para que nuestros ojos se encontraran y la besé con dulzura.

-No se puede ser más bonita…-dije emocionado mientras nos dábamos un abrazo- Entonces ¿lo contamos?

-¿Por qué no esperamos mejor al verano?

Sin llegar a entender los motivos de Alba para ocultar el paso que habíamos dado tomamos café y como mejoró el día nos fuimos al centro en grupo para ver las cofradías de la tarde-noche que sí pusieron salir. Supongo que Alba se estaba protegiendo en casa de que yo fallara. No quería tener que dar explicaciones o generar lástima, por lo que tendría que ser yo quien se tenía que esmerar en demostrarle que podíamos ser una pareja normal.

Aunque no niego que aunque nos cogimos varias veces de la mano me apetecía gritar a los cuatro vientos que Alba y yo ya reconocíamos que éramos mucho más que amigos. Aunque la situación no era única nuestra pues Álvaro y Nieves tampoco se comportaban como pareja para mayor comodidad de Viqui que no quería verse de carabina.

Como las dos cofradías del barrio no habían podido salir por la lluvia de primera hora de la tarde nos dejamos ir más tiempo en el centro rematando la noche disfrutando del paso romántico de la hermandad de los catalanes a los sones con nombre de mujer compuestos por Joaquín Turina. Es curioso como el paso de aquella hermandad fundada en el siglo XVI por los comerciantes catalanes que habían llegado a la ciudad atraídos por el monopolio del comercio americano llevaba su manto bordado de castillos y leones, regalo del hijo de un rey francés.

Al despedirnos de Álvaro y Nieves, éste quiso hablar un momento con Alba. Se apartaron un momento. Admito mi curiosidad por saber de qué hablaban, pero tuve que confiar en que mi chica me lo contara. Mi chica, jajajaja. ¿Quién lo iba a decir?

Como la vi sonreír varias veces supuse que no sería nada importante. Se despidieron y nos separamos. Ellos dos por el puente que da al Palacio y nosotros tres por el que lleva el nombre de nuestro barrio.

Pero en cuanto nos separamos fue Viqui la que preguntó:

-¿Qué era eso tan serio que te tenía que decir?

-Nada. Tonterías. Quería disculparse.

-¿Por qué?- pregunté.

-Porque yo lo había invitado a salir en Semana Santa con nosotros y él, bueno, pues ha estado más con Nieves.

-¿Y se disculpa por gustarle otra chica?- preguntó Viqui.

-No sé. Yo creo que porque pensaría que yo iba a estar más preocupada por él o algo así.

-¿Tú? Jajajaja. Si en cuanto viste a éste te olvidaste del mundo…-respondió mi exnovia- Seguro que se dio cuenta rápido.

Pensé que Alba aprovecharía para contarle lo nuestro a Viqui. De hecho le di la mano en ese momento animándola pero aceptó mi mano apretándola cariñosamente y la soltó disimuladamente para que Viqui no se diera cuenta. Y no dijo nada y yo tampoco quise contrariarla limitándose a decir:

-No creo que Álvaro pensara en mí de esa manera por lo que no tuvo que descartar nada por verme recibir feliz a un amigo que llevaba mucho tiempo sin ver.

¿Amigo? ¿Por qué quería ocultar lo nuestro? ¿Tan poco se fiaba de mí?

Tras dejar a Viqui en su casa nos fuimos caminando juntos hasta la suya cogidos de la mano. Pasamos por la entrada a nuestro callejón de feria pero ni me planteé colarnos dentro para enrollarnos. Al llegar a su casa le pregunté:

-¿No te fías de mí?

-¿Cómo no voy a fiarme, Luis? No daría este paso.

-Pero es que no entiendo por qué no podemos decírselo a Viqui.

Alba bajó la mirada.

-Tienes miedo de que yo te falle- respondí afirmando.

-No es eso…

-Sí. Lo es. Pero es que lo que siento contigo es tan fuerte que nada el mundo merece la pena si supone perderte.

-Pero sigues colgado de tu ex…

-No. Colgado no. Tengo flecos sin cerrar. Se fue de una forma demasiado seca sin poder contarnos lo que sentíamos y eso se me ha enquistado. Pero sé que ella y yo no somos compatibles. Pero contigo, es que contigo soy feliz viendo cofradías, cantando sevillanas, sentado en un banco cogiendo frío en la madrugada y sobre todo abrazándote…

Sus ojos empezaron a brillar denotando emoción y yo ya no podía contenerme y seguí diciendo:

-…tengo la sensación de que te he querido siempre y tenía un velo delante que me impedía darme cuenta. Y ha sido tener miedo de que te fueras con otro y perderte para siempre y verme necesitado de demostrarte lo que siento. No podía esperar más a pesar de que odio las relaciones a distancia. Pero siento que contigo va a ser diferente, porque perdería mucho más de lo que perdí con Claudia.

-Eres…eres…

-¿Qué pasa?

-Eres un horror- respondió con una lágrima cayendo por su mejilla.- ¿Cómo me dices estas cosas cuando voy a estar sin verte tanto tiempo?

-Pero no me llores- le pedí abrazándola.

-No lloro de pena, idiota.- dijo echando la cabeza en mi hombro mientras la apretaba contra mi cuerpo.- He soñado tantas veces con oírte decir algo así que ya no me lo creo. Sí, sí te creo. Pero es algo increíble. Pero no quiero contarlo.

-Pero ¿por qué?

-Porque me da miedo pensar que lo voy a estropear antes de tiempo…

-Mira que eres tontona…-contesté cogiéndola por las mejillas para darle un beso.

En todo el tiempo que había estado con Claudia jamás había vivido una escena similar. Nunca había soportado a las parejas empalagosas todo el día pegados como tórtolos arrullándose. Y ahora me salía de forma natural.

-Mira- seguí diciendo- Vamos a hacer una cosa. Cuando yo vuelva en verano y pasemos mucho tiempo juntos y compruebes que de verdad me aguantas lo guitamos a los cuatro vientos. ¿Te parece?

-Jajajaja. Ahora tú eres el tonto. Pero vale…

Nos empezamos a besar con lengua abrazados como estábamos hasta que oímos pasos acercarse al portal y nos separamos con una sonrisa cómplice mientras Alba me decía:

-Y los últimos en enterarse mis padres.

-¿Tan malo soy?- pregunté susurrando mientras los pasos se alejaban de nuevo calle abajo.

-Eres divino. Y mi madre se pondría contentísima de saber que eres tú. Y mi padre desde luego. Pero no quiero aguantarlos y encima sin tenerte cerca.

-Pues mi madre ni te cuento- le comenté- Cada vez que te ve no hace más que decir lo mona que es esa niña, que es su forma de decir que me gusta para ti.

-¿Es bueno gustarle a tus suegros?

-Supongo que sí- respondí con gesto de duda.

-¿Y si somos unos sosos y nos aburrimos juntos?

-¿En Semana Santa o en Feria?- pregunté.

-Jajajaja. Ahí juntos somos los mejores…pero, y ¿el resto del tiempo?

-¿Tú crees que nos aburriríamos?

-No creo, jajaja.

-Además- dije agarrándola por la cintura- se me ocurre alguna que otra forma para divertirme contigo…

Entonces Alba se puso seria.

-¿Qué te pasa?-pregunté extrañado.

-Luis, yo necesito tiempo para poder darte…

Le tapé los labios con dos dedos de mi mano.

-Shhhh. No digas nada. No te quiero porque te vayas a acostar conmigo. Cuando te apetezca, estés lista o creas que es el momento seré muy feliz. Pero es que antes también seré muy feliz…

De nuevo se arrojó a mi cuello abrazándome fuerte.

-Ay, Luis. ¿Esto es real?

La abracé fuerte y respondí:

-Por suerte sí.

De nuevo nos fundimos en un beso que se prolongó cuando nuestras lenguas se buscaron. Tuve la tentación de acariciarle el culo o apretarla más a mí pero con lo que acabábamos de hablar no quería presionarla. Estuvimos un buen rato besándonos hasta que otros paso nos cortaron.

-Bueno, creo que es hora de subir. Mañana hablamos, lindo.

-Uy, lindo. Gracias…

-Jajajaja, tontito eres.

-Tú me dejas tonto…

De nuevo nos fundimos en un beso. Si alguien nos hubiera oído pensaría que dos quinceañeros estaban tonteando en un portal. Pero aunque parezca mentira me parecía estar empezando de nuevo a descubrir la vida. Todo lo vivido con Claudia, la residencia, incluso Lieja lo sentía muy lejano.

Me gustaba. Había recuperado la inocencia que había perdido. No me arrepentía de lo vivido. Era justo esa experiencia la que ahora me brindaba el poder comprender a Alba y poder iniciar juntos un tiempo compartido. Sin condiciones. Sin mochilas. Ahora sí que mi plan tenía verdadero sentido. Aprobar en Lieja, trasladar mi expediente a una de las universidades de mi ciudad y con los créditos obtenidos solicitar el título de Traducción e Interpretación y el de Filología Inglesa. Y todo ello acompañado por la persona adecuada. La que me traería sosiego a la vida procelosa que había llevado en los últimos tiempos.

Y la pelota estaba en mi tejado. Dependía de mi lograrlo y hacerla feliz a ella y de paso a mí. Por primera vez en mucho tiempo no estaba pensando en como me sentía, si era valorado, querido o deseado. Solo pensaba en estar con alguien y juntos construirnos un futuro.

Desde luego la euforia fue breve. En cuento llegué a mi casa y me metí en la cama mis temores habituales me acosaron. “Luis por Dios, no la cagues. Con ella no…” me repetía una y otra vez. Joder, si yo no confiaba en mí ¿quién lo iba a hacer? Había sido capaz de ir aprobándolo todo según el plan. Por ahí no iba a fallar. No debía al menos.

Pero con Claudia la cagué por un exceso de confianza. Eso tenía que hacer. Volver a ser el Luis que se ponía colorado mirando a la chica de piernas largas y blancas con una camiseta negra sin sujetador que lo observaba con curiosidad en el pasillo de la residencia.

Si siempre hubiese sido así todos los errores cometidos con María, Marina, Claudia, Blanca, Ángela…los habría evitado. Tampoco me habría comido una rosca. Y quizá tampoco habría caído en un engaño como el de Marta.

O quizá era al revés. Ahora estaba seguro de como debía actuar con Alba precisamente por haber cometido antes aquellos errores. Fuese como fuese en el fondo lo que más me jodía en lo más profundo de mi alma era tener que coger el martes un avión de regreso a Bélgica, algo absolutamente necesario para cumplir con mi plan.

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