HANSBERVILLE


Una de mis grandes pasiones es el fútbol. Lo he disfrutado (y sigo disfrutando) desde todos los puntos de vista, aficionado, comentarista, jugador y entrenador. Sin duda alguna, y haciendo bueno el dicho de que el fútbol es de los futbolistas, cuando más he disfrutado ha sido jugando. Y es que hace 25 años yo estaba disfrutando de esa sensación de ser la parte más activa de este bendito juego. Llevaba tres años perteneciendo a la primera plantilla del equipo amateur de mi ciudad. Sí amateur, el fútbol es el mismo a nivel profesional que amateur con la única salvedad de las cantidades económicas que se mueven en cada uno de ellos. Pasión, problemas y vivencias son muy similares en todos los vestuarios.

Como decía, a mis 23 años llevaba 3 temporadas asentado en el equipo de mi ciudad en la máxima categoría provincial. Aquel año el entrenador quiso dar un punto de experiencia para dotar de más solidez al proyecto del ascenso a Tercera. Se trajo a un par de jugadores veteranos, entre ellos Quino. Amigo personal del míster, con experiencia en categorías superiores. Lo cierto es que la clase se le caía en cada toque. Pero a sus 36 años su físico ya iba de paso. Una incipiente alopecia hacía que se le viese el cartón. Además de una barriguita producto del sedentarismo que su puesto de trabajo le provocaba. Era director de una sucursal bancaria local.

Daba la casualidad que teníamos que pelear por la misma demarcación. Él un veterano de categoría superior venido a menos y yo, un joven descarado en plenitud física y,modestia aparte, con calidad más que suficiente para discutirle el puesto. Lo que nos llevó a un choque generacional. El veterano se resistía a ser superado por un «niñato» que amenazaba el Status Quo jerárquico. En los partidillos saltaban chispas y en más de una ocasión la discusión se volvió muy desagradable. Él se valió de su amistad con el míster para relegarme al banquillo. La temporada se me hizo larga. Sin opciones ante aquel compañero me dispuse a aguantar y aprovechar mis pocos minutos. Estaba convencido que mi presión acabaría retirándolo a final de temporada. Nuestra relación se enfrió tanto que fuera del césped ni siquiera nos mirábamos. No teníamos ningún tipo de relación.

En mayo disputamos un play off de ascenso que se nos escapó por un gol. A falta de media hora le sustituí y conseguí el gol que a punto estuvo de darnos el ascenso, demostrando de paso que mí no alineación en favor de la suya había sido un auténtico error. Una semana después tuvimos la cena final de temporada.

Finales de mayo, sur de España, temperatura alta incluso de noche. Tuvimos la cena en un conocido restaurante de la ciudad que se alargó más de la cuenta. Cuando llegamos a los bares de copas el alcohol nos tenía a casi toda la plantilla bastante alegres. Incluso el propio Quino había bebido más de la cuenta. Intercambiamos algún que otro pildorazo que no pasó a mayores. Él se jactaba ante el resto del grupo de haber hecho valer sus galones y experiencia ante un joven inexperto. Reconozco que en esa situación sus comentarios me podían sobre manera.

Por fin llegamos a La Gruta (nombre ficticio pero sinónimo del conocido bar de copas) templo fiestero del pueblo en general y de nuestro equipo en particular. Música noventera, chicas guapas y encantadas de que esa noche salíamos los jugadores del equipo. La mayoría jóvenes deportistas con ganas de pasarlo muy bien….con ellas. Me encontraba hablando de mi relación con Quino con uno de mis compañeros jóvenes cuando me invitó a ir a la barra a pedir otra copa. Al llegar una tía se me quedó mirando. He de decir que mi altura y mi porte siempre ha tenido bastante tirón entre las tías.

La mujer se me presentó como Noelia. Una «pureta» de 35 años que había salido de cena con algunas compañeras de su empresa. La tía era la típica MILF, rubia, guapa, buen cuerpo, morbosa. Enseguida entablamos conversación, está a junto a una amiga. Ambas entregadas con ojitos lascivos:

-Yo te conozco…. -Dijo Noelia sonriéndome.

-Ahí, si?

-Sí. Mi marido juega en tu equipo….

Inmediatamente la imagen del veterano me vino a la mente.

-Soy la mujer de Quino.

Enseguida me arrimé a ella y comenzamos a hablar más juntos. Le pregunté por él y me dijo que se habia vuelto a casa hacia media hora. Qué a él no le iba demasiado eso de trasnochar pero que ella era diferente. Me sacó a bailar. Reímos. Nos rozamos. Bebimos. La música alternaba entre los Packs Street Boys (Quit Playin’ Games), Ella Baila Sola (Amores de Barra) y Los Rodríguez (Sin documentos). A estas alturas Noelia y yo nos habíamos tocado. Ella me había cogido el culo y rozado sus preciosas tetas por mi cuerpo. Yo le había restregado el paquete contra su trasero haciéndole saber que estaba empalmado.

De repente tirando de mi mano me sacó a la calle. Frente al bar había un aparcamiento atestado de coches:

-Es que me estoy meando y la cola en los servicios es enorme -me dijo Noelia -noe gusta venir sola y he perdido a mi amiga.

Yo la seguí hasta quedar camuflada en una esquina del aparcamiento, entre dos coches. Sin previo aviso, Noelia se levantó el vaporoso vestido azul que llevaba y se bajó el tanga blanco. Sin cortarse lo más mínimo dejó a la vista un coño con una este ha franja de vello rubio. Se inclinó solamente un poco y comenzó a mear. Yo no perdía detalles oyendo el potente chorro de micción. Al acabare miro desde abajo sonriendo. Luego, con un clinex que tenía en la mano (y todavía no sé de dónde lo sacó), se limpió y secó el coño. Se recompuso y se colocó muy cerca de mi.

Yo estaba alucinado. La mujer de mi rival me acababa de enseñar el coño en una meada. Se acercó a mí y buscó mi boca para besarme. No me hice esperar. La cogí por la nuca y nos besamos apasionadamente. Su boca sabía a alcohol. Nos comenzamos a acariciar. A recorrer nuestros cuerpos. El mío joven, fibroso, entrenado. El suyo bien proporcionado, caliente y deseoso de sexo prohibido. Me mordió la barbilla y cuello mientras yo le apretaba las nalgas por debajo del vestido.

Se arrodilló ante mí y comenzó a abrirme el pantalón. Mi polla saltó como un resorte y Noelia se la introdujo en la boca. Su cabeza iba y venía a lo largo del tronco dándome una mamada ansiosa. Estaba hambrienta de rabo. Imaginé que los años deatrimonios con Quino les había llevado a un situación de aburrida rutina y necesitaba algo de emoción. Durante diez minutos estuvo empleándose a fondo. Era una auténtica loba. De repente paró y sin dejar de masturbarme me miró a los ojos:

-Quiero quee folles, joder.

La ayude a ponerla de pie. La coloqué apoyada con las manos sobre el capó del coche que había servido de parapeto para que no la viesen mear. Ella se levanto el vestido y se retiró el tanga a un lado. Yo coloqué la polla en la entrada de su raja y de un empujón de cadera la penetré:

-Aaayyy… -gritó ella al sentirse ocupada por mi rabo.

-¿Quieres polla? -y le di otro puntazo.

-Sí, uno rapidito.

Me agarré a su cadera y comencé a follarme a la mujer de mi compañero de equipo. Unaadura que estaba tremenda y tenía unas ganas tremendas de polla. Ella suspiraba y gemía sintiendo mi polla entrar y salir de su sexo mojado, cada vez más rápido. Sentía como apretaba la muscatura de la vagina abrazando elntromco de mi polla como si quisiera quedarselo. Llevé una de mis manos a sus tetas. Noelia cogió miano y se la llevó a la boca. Lamió mis dedos y la volvio a colocar sobre uno de sus pezones:

-Pellizcamé…

No lo dudé y comencé a jugar con su pezón deanera morbosa. Se lo retorcía. Tiraba de él. La mujer gemía y era perfectamente identificable por cuquiera que pasara cerca de nosotros. Aceleré el .ovimiento de cadera cuando sentí que estaba a punto de correrme:

-Me voy a correr -Le anuncie.

-Hazlo dentro que no hay riesgo….
Ella comenzó a masturbarse en busca de un gran orgasmo. Yo ahogué mi grito mordiendo su cuello y ella el suyo haciendo lo mismo con su labio inferior. Se la dejé clavada muy dentro. Casi tenía que ponerse de puntillas para seguir en el suelo. Sus piernas temblaban y mi polla escupió una viscosa corrida en el interior de su coño maduro. Con la respiración entre cortada salí de su interior y me apoyé en el coche. Ella se mantuvo unos segundos recuperando el aliento, con las manos en el capó y la cabeza agachada. De su coño salía mi lefa manchando sus muslos antes de caer al suelo:

-Vaya polvazo, niñato. Joder como necesitaba esto.

Yo la miraba con media sonrisa y una agradable sensación de venganza contra el gilipollas de Quino:

-De esto ni una palabra a tus compañeros.

Noelia se limpió los restos de semen con otro clinex y se recimpuso. Volvimos al bar. Seguimos bebiendo y hablando en la barra. Eran las 4 de laadrugada y el bar estaba a tope. Se nos acercó su amiga y le preguntó:

-Tía, ¿dónde te metes?

-Sali a fumar.

Yo directamente pasé de ellas y fui en busca de mis colegas. El resto de la noche lo pasamos intercambiando miradas furtivas, y medias sonrisas lascivas. Después de esa noche nunca más nos volvimos a ver. Quino abandonó el equipo y yoe convertí en titular indiscutible al año siguiente.

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