MOISÉS ESTÉVEZ

Era como si me hubiese desnudado ante un desconocido. Había sido la
primera vez y siempre me he mostrado un poco escéptica con respecto a este
tipo de terapia, aunque confiaba en que todo fuera bien y así cambiar mi visión
y concepto hacia estos profesionales de la salud mental. En fin, no tenía nada
que perder, todo lo contrario, y es que ya había tocado fondo.
Una vez en la calle, rescaté mi iPhone del fondo del bolso y pude ver
varias llamadas perdidas y multitud de mensajes, casi todos de mi superior, el
Capitán García. Le devolví con premura la llamada y tras pegarme la gran
bronca, me ordenó dirigirme al Upper East Side, donde Mark, mi compañero,
me esperaba junto con la científica en el apartamento de una ricachona que
habían asesinado esa misma noche.
A pesar de llegar la última, pude aparcar mi viejo Audi A3 bastante cerca
de las reseñas que el Capitán malas pulgas me había dado.
Agarré los cafés que por el camino había comprado y me dirigí a la
escena del crimen – bueno, a ver que me encuentro, me da que hoy no va a ser
un día fácil…

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