C.VELARDE

17. ACOSADA 

LIVIA ALDAMA

Sábado 1 de octubre

10:05

Número desconocido:

Hola mamacita, cuándo me dejas romperte ese precioso orto que te cargas en medio de esas preciosas nalgotas que no he parado de imaginar rebotándome en los huevos? 10:05

Número desconocido:

No me contestas mi amor? Soy Felipe, el que te restregó la verga en tu hermoso culito en la barra del bar. Me dicen el Riata, como esos larguísimos látigos con que pegan a las yeguas cuando se ponen indomables, y supongo que ya habrás notado por qué. 10:07

Un frío muy helado se arrastró por toda mi espalda provocándome vértigo al leer el segundo mensaje. Los nervios se me dispararon mientras leía las previsualizaciones a hurtadillas, evitando que Jorge, que estaba sentado en mi costado, los descubriera.

Estábamos sentados en el evento de presentación de los dos políticos que contenderían por la candidatura a la presidencia municipal de Monterrey, en un amplio auditorio de La Sede. Era un evento concurrido y con bastantes medios de comunicación en que militantes y colaboradores del partido político Alianza Por México yacíamos reunidos para la oficialización de la contienda. Colgaban de los muros banderas rojas y blancas que eran los colores del partido.

Y mientras todo era una algarabía, unos vitoreando a Olga y otros a Aníbal, yo permanecía con las nalgas pegadas en la silla, erguida, petrificada, sudando frío y presa del terror. Aunque tenía en silencio mis notificaciones, advertí  inmediato que me estaban llegando esos mensajes gracias al vibrador que traspasaba el bolso que tenía sobre mis piernas.

 Número desconocido:

Te han dicho que tienes unos labios mamadores muy sexys y candentes? Ufff mamacita, ya podría darte varios litros de la lechita que me he sacado por de pajas que me he estado haciendo en tu nombre. No puedo dejar de pensar en ti y en lo buenaza y rica que estás 10:10

Jamás imaginé que podría leer tantas obscenidades juntas venidas de un mismo hombre. ¿Quién demonios se creía que era ese miserable bastardo e insolente para decirme tantas leperidades? Encima, con su edad, ese sinvergüenza bien podría ser mi padre, por Dios. ¿Cómo diablos se me había ocurrido darle mi número a ese animal?

 Si con razón mi bebé se había enfadado tanto conmigo… y yo que fui tan grosera con él. Menos mal esa mañana lo había contentado dándole un desayuno de pechos y pezones, los que se devoró con insaciable apetito, sin rechistar ni reprocharme nada de lo ya vivido esa madrugada.

Es verdad que esa noche en la barra del bar actué como una estúpida, pero jamás había estado en una situación tan fuerte como esa y me bloqueé. Ahora a quien tenía que bloquear era a ese tipo asqueroso y fanfarrón. Pero tenía que hacerlo cuando el evento terminara, para evitar que Jorge me descubriera manipulando mi teléfono.

Estaba muy asustada no sólo porque ese viejo me estaba acosando, sino porque si Jorge se enteraba de eso me daría una nueva reprimenda de la que yo no podría defenderme pues él tendría toda la razón.

—Eh, Pato, acá hay un lugar —dijo Jorge a su amigo Patricio, que iba entrando al auditorio. El muchacho de coleta rizada y lentes redondos negó con un gesto la invitación de mi novio pues al parecer Lola le había encomendado tomar fotos en las participaciones de Abascal con una cámara profesional.

Número desconocido:

¿En verdad ese ridículo pecoso con el que te fuiste anoche es tu noviete? Menudo cabrón está hecho. Más cara de pendejo no puede tener. Con razón hasta te temblaron tus tetotas cuando sentiste detrás de ti a un macho de verdad 10:15

“Por Dios” me volví a horrorizar al extraer un poco el teléfono de mi bolso al sentirlo vibrar. Menos mal mi novio estaba concentrado en lo que ocurría en el estrado, o en seguida se habría dado cuenta de todo. Jorge era ingenuo, pero no tonto.

Respiré hondo e intenté comportarme como si un obsceno tipo cincuentón no me estuviera acosando por teléfono. Como no se le ocurriera llamarme…

Aníbal Abascal apareció en el auditorio desbordando elegancia y actitud. Era un hombre con clase y la cámara lo adoraba. Con cuarenta y tantos años, tenía un aspecto atlético e intelectual. Estoy segura que medía más de 1.90 metros de estatura, y quizá por eso su andar era desgarbado y seguro, como un modelo francés que camina entre leones. Su cabello lucía platinado, y todavía no lograba descubrir si el color de pelo era natural o un capricho suyo que una buena estilista le había figurado para hacerlo ver excéntrico.  

Tenía la piel blanca, fina, con una expresión severa en su rostro debido a sus cejas enarcadas y su nariz puntiaguda: de labios delgados, su mandíbula era angulosa y el mentón remarcado. Creo que lo más llamativo de su rostro eran sus ojos azules, y quienes lo frecuentaban decían que eran capaces de hipnotizarte si no parpadeabas al menos cada cinco segundos. Su voz era suave, persuasiva, discreta pero determinante. Su apariencia era la de alguien que ha nacido para ser líder y para mandar.

Nunca lo había tratado de frente, ya que su esposa Raquel me odiaba por considerarme inferior a mi novio, que era su hermano, y por tanto no me quería cerca en sus reuniones familiares. Esa era una de las enormes razones por las que estaba nerviosísima, pues esa noche Jorge me presentaría ante él.

Olga Erdinia, por otro lado, era su rival de contienda: una mujer cincuentona de izquierdas, de la clase de señoras guapas que llama la atención por su elegancia y desenvolvimiento. Era rubicunda y muy alta para ser mujer. A su vez, se discutía como una feminista confesa y de ideas liberales.   

­­­­­—Ciudadanos de los Estados Unidos Mexicanos —comenzó su discurso el senador don Edmundo de Manríquez Torres Oviedo, pronunciando el nombre oficial de México como en todo acto protocolario. Edmundo fungía como coordinador estatal del partido Alianza Por México—. Es un placer saludarles con gusto a todos ustedes, previo a la contienda interna donde elegiremos al mejor candidato que se jugará la presidencia de Monterrey, capital soberana del Estado de Nuevo León que, por el bien de nuestro partido, debemos recuperar tras dos administraciones perdidas. Por ello, invito a nuestros dos honorables prospectos a pasar al estrado. Recibamos con un fuerte aplauso al doctor en ciencias políticas, don Aníbal Augusto Abascal y Bárcenas. Y también demos la bienvenida a la doctora en humanidades y académica de la Universidad Benemérita de Monterrey, doña Olga María Erdinia Estrada.

Puesto que el país aún es una nación bastante  tradicionalista, todavía se considera un estatuto de honor dirigirse a los hombres y mujeres respetables como “don” y “doña”… aunque muchas veces no lo merecieran.

Los presentes nos pusimos de pie ante la presencia de los contendientes a la candidatura.

Aníbal Abascal tenía una postura mucho más conservadora y de derechas (que era la ideología matriz del partido) y Olga Erdinia poseía ideas más revolucionarias y con una inclinación hacia la izquierda que, aunque se contraponía con la filosofía de Alianza Por México, muchos analistas consideraban beneficioso para lograr atraer al electorado más joven.

Durante la intervención de Olga (que además era la contralora de las finanzas del partido) presentó a su equipo de campaña en caso de ser elegida como candidata. Olga habló sobre la importancia de la paridad, la visibilidad de la violencia de género y la erradicación del machismo social, teniendo en cuenta los derechos de los matrimonios igualitarios y la adopción de parejas del mismo sexo, así como el derecho al aborto y la obligación del estado para ofrecer a los regiomontanos (gentilicio de los habitantes de Monterrey) una renta mensual.

Número desconocido:

Estás hecha un bombón, mamacita, ¿cuándo puedo verte? Te invito unos tragos, y después si quieres nos vamos por ahí a revolcarnos, que con tu carita de gatita en celo se nota que te encanta culear 10:21

De nuevo me estremecí, tragando saliva, miré hacia el estrado, y simulé estar interesada en lo que Aníbal estaba diciendo en el micrófono…

—…Es nuestro deber que México, siendo uno de los tres países norteamericanos en conjunto de Estados Unidos y Canadá, continúe estando a la altura del gran bloque económico que formamos desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (el más importante del mundo), donde Monterrey ha sido fundamental para el desarrollo… Ha llegado el  momento de mirar hacia los países sudamericanos, quienes…

Número desconocido:

Imagen adjunta:

Mira cómo me pones de tiesa la verga nomás de pensar en tus tetotas y tu culazo, mamacita 10:29

“Madre mía”, aunque la imagen no se veía en la previsualización, la mente rápidamente se me obnubiló. Encima advertí cómo un ardiente e intenso furor se originaba dentro de mi vientre, el que atribuí a la rabia… y no a…

“Dios.”

Cuando menos acordé, Aníbal ya estaba presentando a su equipo de trabajo, entre quienes destacó Nadia Rosales y un galante y atractivo Valentino, quien fungiría como su coordinador de campaña en caso de ganar las elecciones internas.  

Y Aníbal continuó hablando mientras mis ojos repasaban el cuerpo de mi jefe.

—…En mi gestión como presidente municipal, afianzaré a Monterrey y su zona metropolitana como una de las ciudades más ricas y de mayor calidad de vida no sólo de Los Estados Unidos Mexicanos, sino de todo el continente americano. —Finalmente avivó su discurso derechista pronunciando loas consideradas por la opinión pública tradicional como de la época de la dictadura porfirista, presidente que duró más de treinta años en el poder desde finales del siglo XIX y principios del XX y quien privilegió a la raza blanca y a los millonarios nacionales y refugiados extranjeros en detrimento de la comunidad indígena y vulnerable del país—: ¡Viva la raza dominante! ¡Viva la patria! ¡Viva Dios y Viva la libertad americana!

Aníbal recibió las mejores ovaciones procedentes de la mayoría de los militantes conservadores del partido que, en el fondo de sus corazones, añoraban con exterminar a todos los pueblos originarios de la nación.

Me asqueó sobre manera el simple hecho de saberme rodeada por un montón de clasistas y racistas a quienes, para colmo, tenía que apoyar si quería obtener los privilegios que me habían ofrecido para el próximo año.  

—Ahora mismo Aníbal quiere ser alcalde de Monterrey —susurré a Jorge quien era uno de los que más ovacionaba a su cuñado—, después querrá ser gobernador de Nuevo León, luego diputado o senador, para finalmente contender por la presidencia de México y convertirse en el nuevo Porfirio Díaz que esclavizó por décadas a los indígenas y vulnerables.

—El general Porfirio Díaz modernizó al país, Livy, convirtiéndolo en una potencia de la época.

—Potencia que sólo beneficio a la clase privilegiada, ya que en la época porfirista el 40% del territorio nacional era propiedad de menos de 850 hacendados. De hecho, el latifundio era tan desproporcional, que un solo hombre era dueño de extensiones de tierras cuya superficie era mayor a la de varios países europeos.

—Tan poco es para tanto, Livy. Aníbal es pro-vida, promueve los buenos valores (aun si él mismo no los adopta en su propia vida) y defiende el desarrollo y finanzas sobre todas las cosas. Él haría del país una potencia mundial. La verdad a mí no me molestaría tener otro Porfirio Díaz en México.

Bufé ante la opinión que tenía Jorge respecto a su filosofía conservadora: mucho que le gustaba el sexo innovador… pero en el fondo era más conservador que mis maestras en el colegio de monjas.

—Pues si eso pasara, a mí tampoco me molestaría que hubiera otro Pancho Villa entre nosotros que defienda a los más vulnerables, como en el pasado —concluí.

Cuando terminó el evento informé a Jorge que iría al baño, en donde aproveché para bloquear el contacto del tal Felipe antes de que me siguiera acosando. Sin abrir sus conversaciones le di eliminar, esperando ya no saber de él nunca más.

“Lo que te sacas por estúpida, Livia” me dije. 

Mi amiga Leila me encontró en el baño, todavía alucinada, como yo, de la noticia de mi próximo nuevo puesto.

—Estoy tan feliz por ti, Livy —me dijo, besándome por enésima vez las mejillas—. Aunque ahora que estarás más cerca del musculoso cuerpo de nuestro jefe tendrás que tener más cuidado, ya que desde ya estarás con el riesgo constante de que un día tropieces accidentalmente y termines clavada sobre su enorme y venosa polla.

—¡Leila por Dios! —le recriminé, sintiendo de nuevo ese repentino hormigueo en mi vientre que ya se estaba volviendo habitual cada vez que terminábamos hablando de él—. Si no creas que no me asusta ese detalle. Me refiero al hecho de nuestra próxima cercanía… no a eso de caerme sobre su… Ya, bueno. Aunque ese puesto es algo que he querido desde que Nadia anunció que se retiraba, ahora que veo todo más cercano… te confieso que me da miedo. Valentino me intimida, Leila.

—Y mira que te entiendo perfectamente. Ese semental es atemorizante, y exuda testosterona con solo mirar. Y si a eso sumamos el hecho de que no ha dejado de mirarte durante toda la mañana… pues.  

—¿Qué? —sentí un vuelco en el pecho.

—¿No lo notaste, Livia?

—¡Claro que no! —admití nerviosa.

—Pues ya te digo, mi amoraaa.

Se me revolvió el estómago de solo pensar que aquél enorme hombre me había estado mirando. Y yo sin darme cuenta.

—Pues creo que disimuladamente sus ojos repasaron un par de veces tu culo.

Otro vuelco en mi pecho me hizo parpadear y morderme el labio inferior con tal fuerza que creí que me iba a sangrar.

—Ya, bueno —Para zanjar ese embarazoso tema inicié rápidamente otro—. Entonces nos vemos esta tarde en tu apartamento, Leila, para que me ayudes a lucir espectacular, que esta noche lo merita. ¿Estás segura que el vestido que me compraste sin mi autorización es el adecuado para la recepción?

Leila me observó con gesto malévolo a través de sus coquetos ojos verdes y luego me respondió:

—Ya te dije que es un regalo para ti. Te lo debo de tu cumpleaños anterior, así que nada, tú no te angusties que ya lo compré. Al fin y al cabo ya te conocía las medidas. Por cierto, Livia, Fede me ha conseguido un pase para la fiesta, así que yo también iré. No me podía quedar con las ganas de entrar por primera vez a la mansión de Abascal.

—¡Qué buena noticia, amiga! —la abracé feliz—, no sabes lo bien que le hará a mis nervios sentir tu apoyo moral. Pero… ¿dices que Fede te lo consiguió? —Ella asintió de nuevo con una mirada demoniaca—. A ver, Leila, ¿a cambio de qué?

—A cambio de nada, tranquila —se echó a reír—, pero pobrecito, creo que mi gordito bello ya merece que al menos le dé una rica mamada.

Me crucé de brazos, meneando la cabeza a manera de desaprobación:

—No juegues con Fede, Leila, que me ha dicho Jorge que te quiere de verdad. No merece que lo ilusiones y luego lo hagas sufrir. Es una buena persona.

—Tranquila, ni niña, que esos niñitos como Fede con cualquier cosa se conforman. Aunque si te digo la verdad, al que siempre le he traído ganas es al hipstersito ese, ¿Pato creo que le dicen?

—¿Patricio Bernal?

—Sí, ese. ¿Has visto lo cogible que está, Livy? Me pone cachonda su apariencia y su look. Además dicen que anda esas ondas liberales, y creo que hasta dos novias tiene. Lástima que el muy cabrón pasa de mí, ¡y con lo buenaza que estoy ¿o no, Livy?!

—Sí, claro —le di el avión, sonriendo.

—Pero al parecer el hipstersito sabe que Fede me quiere y sus códigos morales son inquebrantables. Así que ni modo, él se lo pierde. Aunque pensándolo bien, Livy, lo mismo hasta le pido a Fede que sea mi novio por un tiempo, para restregárselo en la cara, al menos así estaría más cerca del Patito peludo… y quien sabe, en una de esas, me lo follo al cabrón. 

—Por Dios, Leila, ni siquiera lo pienses, que yo me opondré. Federico es un amor de muchacho, y no puedes ni debes hacerle un daño así. Además Pato y Fede son amigos de tiempo, y será una canallada si por tu culpa entran en disputa. — Luego reflexioné y me quedé más serena—. Lo que me tranquiliza es que Pato es un tipo con principios, que cuida y defiende a sus amigos de las injusticias, así que mejor ni lo intentes, porque al final la que saldrá humillada serás tú.

—Par favaaar, Santa Livia virgen, gracias por tus ánimos. Pero bueno. Mejor ya vete, que tu Zanahorio te está esperando. Nos vemos a las cinco. Por cierto, mi cielaaa, ya no te pienses más la propuesta que nos hizo Valentino, que el dinero nos vendrá bien.

Bufé y me fui con mi novio.

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