KERANOS

Definitivamente quién fuera que pasó por allí estaba llorando y deduje que seguramente había ido a beber agua para calmarse un poco. Mientras esperaba a que Elena se recuperaba, yo también me recuperaba porque oír a alguien tan cerca hizo que me diera mucho morbo por ser pillado y casi me corro dentro de Elena. Intenté pensar en quien podía ser. Todo apuntaba a Noelia por el mal trago que estaba pasando, pero tampoco podía descartar a Maribel. Hay muchas mujeres que se ponen muy sensibles cuando están con el periodo y llegué a pensar que podía ser ella por el momento en el que nos vio a Elena y a mí en la cocina tan juntos. Eso que dijo de que le había recordado a ella cuando empezó con el padre de Elena me hizo pensar que tal vez le hubiera ocasionado un bajón, recordando más momentos y llegando a ponerse triste.

Elena me sacó de mis pensamientos, soltándome el hombro y acariciándome la espalda.

-Lo has hecho muy bien, mi amor. Te quiero.
-¿Qué quieres que haga ahora?
-Primero sal de mí.

Salí de ella, lanzando ella un gemidito. Elena encendió la luz de la lámpara, mirándome la polla, que estaba muy brillante por sus flujos. La miró con deseo y se encorvó para chuparla un poco.

-Que buen lo haces Elena… Me voy a correr como sigas así.
-No, no, todavía no.
-¿Cómo quieres que lo haga?
-Pues…

Elena estaba como nerviosa, apartando la mirada, dudaba qué decir.

-¿Qué pasa cariño?
-Javi…
-¿Sí?
-¿Te puedes correr en mis pies? (dijo con una voz muy dulce, con tono de niña pequeña mientras se ponía roja como un tomate)

Me quedé en silencio, mirándola. Ella no se lo tomó bien porque asoció mi silencio a que no quería hacerlo, empezando a poner cara de pánico, como si se arrepintiera de habérmelo dicho. Cogí su mano y la llevé a mi pecho para que notara como me latía el corazón, porque cuando Elena se ponía de esa manera, hablando de esa forma tan dulce e inocente me derretía por dentro de una manera increíble.

-No pasa nada Elena, claro que lo voy a hacer.
-Madre mía, Javi, como estás… Te va a dar algo…
-Quiero que sientas como me gustas y lo que provocas en mí. Me encanta todo lo que hago contigo y sé que estás haciendo un esfuerzo muy grande para hacer esto. Las veces que ha salido te pones muy roja, te tiene que dar mucha vergüenza, aunque entiendo por qué.
-Javi…

Iba a seguir hablando, pero no la dejé acabar, le planté un beso que ella recibió con mucha ternura.

-Te quiero. (susurró)
-Y yo a ti. ¿Cómo lo hacemos?
-Dame mi camiseta.

Se la di y la extendió en el sofá y puso sus pies sobre ella. Me miraba muy sonrojada y entonces cogió mi polla para empezar a masturbarme.

-¿Quieres sacarme tú la leche?
-No, te la estoy tocando un poco para calentarte. Quiero que me la des tú.

Ella se quedó sentada, con los pies entre ambos, abrazando sus rodillas y yo empecé a pajearme con fuerza. Elena miraba mucho a la puerta por si venía alguien. Seguramente no tenía ni idea de lo que había pasado minutos antes por estar tan sumida en su orgasmo. Pasados unos segundos Elena abrió sus piernas, manteniendo sus pies conforme estaban para empezar a tocarse el clítoris haciendo movimientos circulares. No tardé nada en correrme, empezando a lanzar chorros sobre sus pies, deslizándose hacia abajo, llegando a sus dedos, los cuales ya había manchado previamente con lo último de mi corrida. Estaba en un estado de éxtasis y entonces pasó algo que no esperaba. Elena cogió sus pies y se los llevó a la boca, empezando a lamerlos para limpiar mi corrida de ellos. Lo hacía de una manera tan sensual como a pocas había visto hacerlo a nadie con nada parecido. Cerraba sus ojos y se la veía disfrutar, recogiendo toda mi leche, sin dejarse ni una gota. Después cambió de pie e hizo lo mismo. Cuando acabó los dejó sobre la camiseta y me miró sonriendo, girando su cabeza, con las mejillas aún sonrojadas. Me quedé embobado mirándola. Ella se limpió rápidamente la saliva de sus pies con su camiseta y vino hacia a mí, poniéndose a cuatro patas para chupármela un poco, succionando hasta la última gota. Después se incorporó para mírame a los ojos.

-Cariño, ¿me dejas tu camiseta? Necesito ir al baño a limpiarme un poco y no quiero que me vean en tetas si salen o algo.
-Claro… (dije aún embobado, dándole mi camiseta y el resto de su ropa)
-Ve a mi habitación y espérame ahí para ir a dormir. Voy en nada.

Elena se levantó después de ponerse mi camiseta. Estaba muy mona con ella, le quedaba bastante grande, dando hasta morbo, dando la ilusión de que no llevaba nada debajo, ya que le llegaba casi a medio muslo. Yo me vestí con lo que quedaba de mi ropa y fui a su habitación, esperándola tumbado en la cama.

Estaba alucinado. Aquello me puso muy cachondo y fue algo que disfruté bastante. Elena lo hacía y lo sentía de una manera tan fuerte que me transmitía lo que sentía. Simplemente me encantó.

Al cabo de unos minutos volvió y rebuscó en su armario.

-He echado la camiseta a lavar y las bragas también, estaban muy mojadas. Ya estoy más cómoda, lista para dormir abrazadita a ti.
-Elena…
-¿Sí? (dijo con una voz muy dulce)
-Me encantas.

Elena se abrazó a mí con mucha fuerza.

-Y tú a mí, mi amor.
-¿Por qué te da tanta vergüenza?
-Porque es algo raro, ¿no?
-¿Por qué?
-No sé. Suena muy depravado.
-No es para tanto. Yo lo disfruto mucho, me gustan mucho tus pies.
-¿Te gustan mis pies? (dijo con una voz muy dulce, con tono de niña buena como hizo antes)
-Me encantan. Son muy bonitos y me gusta darte placer de esa manera, también me lo da a mí.
-Gracias.
-¿Cómo empezaste?
-Pues si te digo la verdad, estas veces que lo he hecho contigo han sido las primeras.
-¿Sí?
-Sí. Me daba muchísima vergüenza para decírselo a Alejandro en su día.
-¿Y cómo lo descubriste?
-Pues un día haciendo el tonto con mis amigas y contándonos cosas que hacíamos con nuestros novios salió el tema de que a uno de ellos le gustaba y vimos algún video. Me entró curiosidad y me empecé a fijar en mis pies de esa manera y me gustó.
-¿Te pasa con todos? Quiero decir, ¿te fijas en todos o…?
-No, de momento solo en los míos. Pero no para hacer nada yo sola. Simplemente me gusta que jueguen con ellos, me da mucho placer ver como me los tocan, me los besan, me los chupan…
-¿Te ha gustado cuando me he corrido en ellos?
-Me ha encantado. Nunca me lo habían hecho.
-Me alegro.
-Javi, me satisfaces de una manera… Todo lo que me haces me encanta.
-Es lo que te mereces. Ha sido muy excitante. Verte como te pones y como lo disfrutas hace que yo lo sienta igual.
-Pero si la tienes dura otra vez.
-Ya te he dicho que me ha excitado mucho. Lo recuerdo y mira como me pongo.
-Pues tenemos un problema, porque ni coñito ya no puede más por hoy…
-No pasa nada.
-Peeeeeero algo podemos hacer…

Elena se deslizó bajando por me pecho hasta mis caderas, bajándome los boxers para coger mi polla y empezar una mamada con muchísimo cariño. Paró un momento para alcanzar la luz de la lamparita de la mesita y encenderla.

-Quiero ver a mi niño mientras juego con mi amiguita…
-Joder Elena, como estás hoy… (dije acariciando su cara)
-¿Te queda más leche?
-Vamos a comprobarlo.
-Espero que sí, porque tu niña quiere más…

De mamarla con mucho cariño pasó a hacerlo rápido, dándome mucho placer. Variaba bajando y subiendo el ritmo, para darme el máximo placer posible.

-Elena…
-¿Sí? (dijo sacándose brevemente mi polla de su boca)
-Lo que me has pedido me ha dado una idea que quiero probar.
-¿Mmm?
-Quiero que cuando estemos solos y podamos hacerlo hagas algo por mí.

Elena me miraba mientras seguía con la mamada, esperando que siguiera.

-Quiero que mientras yo estoy sentado en el suelo, tú te pongas de pie y te corras en mi cara a chorros, pero masturbándote tú, quiero que llegues para mí y que me llenes la boca y la cara con tus flujos.

Elena paró la mamada, mirándome fijamente. De repente la reanudó con muchas ganas, metiéndosela entera en la boca, pudiendo notar su garganta haciendo presión. Siguió chupado con un ritmo endiablado, provocando que me corriera enseguida dentro de su boca entre altos jadeos, encorvando mi espalda, con mis piernas temblando bastante.

Cuando se me pasó la miré y vi que me estaba esperando para mostrarme como se lo tragaba todo.

-Que rico estás, Javi.

Elena se tumbó a mi lado, acariciándome el pecho mientras me terminaba de recuperar. Apagó la luz y se quedó así hasta que recobré el aliento. Me giré y le di un beso.

-¿Cuándo quieres que lo hagamos?
-¿Lo vas a hacer?
-Pues claro.
-Pues cuando podamos. Quiero verte hacerlo, tiene que ser muy morboso.
-Mmm…

Ambos nos dormidos enseguida después de estar todo el día en la piscina y después de tanto juego.

Estábamos tan reventados que nos levantamos sobre las 11 a pesar de que entraba bastante luz por la ventana al ser ya muy de día. Yo me desperté antes que Elena y le eché un ojo al móvil, viendo que tenía varios correos. Me extrañó, por lo que empecé a leer. Me decían que no había problema en lo de las vacaciones, solo que, al haberles avisado con tan poca antelación, me dijeron que tenía que hacer algo más de trabajo para dejar material preparado para sacarlo.

Su puta madre, algo más decían… Casi el doble de trabajo tenía que hacer en esas dos semanas antes de irnos a la playa. A ver como le decía yo a Elena que casi no nos podíamos ver en ese tiempo.

La veía tan mona dormidita, que se me ocurrió despertarla de buena forma. Le subí la camiseta y le empecé a chupar un pezón, poniéndose duro al instante. Seguía dormida, pero se empezaba a retorcer hasta que se despertó.

-Javiiiii, ¿qué haces?
-Desayunando. Estás muy rica…
-Que buen despertar… (dijo acariciándome la cabeza)

Elena empezó a gemir bajito mientras suspiraba.

-Venga nenes, que son las 11… (dijo Maribel entrando por la puerta)

Me aparté rápidamente de Elena y ella se bajó la camiseta, estando más agitada que yo.

-Mamá, podrías llamar a la puerta…
-¿De qué hablas? (dijo Maribel extrañada)
-Nada, déjalo.

Maribel se fue y nosotros nos empezamos a levantar para ir a desayunar.

-Lo de llamar a la puerta en tu familia como que no, ¿no? Jajajaja.
-De verdad… No se puede hacer nada.

Desayunamos tranquilamente los dos solos, ya que las demás ya lo habían hecho. Al estar solos le comenté lo del trabajo.

-Elena, tengo una noticia buena y otra mala.
-Huy… (dijo con cara de preocupación)
-No pasa nada, tranquila.
-¿Qué es? (dijo con vocecilla de niña buena)
-Tía, me matas con esa voz…
-Pues no me preocupes, mi amor… (dijo sonriendo)
-La buena es que me han dado las vacaciones, así que podremos seguir con el plan de ir los cuatro a la playa en dos semanas.
-¡Bien!
-La mala es que como he avisado con poco tiempo me han mandado más trabajo para estos días.
-Oh…
-Básicamente estas dos semanas voy a estar muy liado.
-Vale.
-Lo digo para que te vayas haciendo al cuerpo de que no vamos a poder estar mucho tiempo juntos.
-Jo…
-Mi idea es sacarlo todo sin descansar este fin de semana próximo y acabar el viernes de la semana que viene para tener ese fin de semana libre y empalmarlo con la siguiente semana.
-Vale, pero… ¿Vendrás a comer y a dormir?
-No, Elena. Ya sabes que empiezo muy temprano y en lo que vengo, como y voy se me va mucho tiempo.
-Jo…
-Algún día vendré a por ti y dormimos juntos en mi casa, no te pongas así, va. Y ya sabes que hablaremos todos los días como hemos hecho ya varias veces.
-Vaaaaale.

Después de desayunar nos despedimos con un buen beso, quedando en eso, en que hablaríamos todo lo que pudiéramos y en qué algún día iría a por ella para que durmiera conmigo. Tampoco me quería colar porque me conocía y al estar con ella alargaría mucho el levantarme y querría disfrutar de ella, por eso quería que se hiciera a la idea.

En cuanto llegué a casa me puse manos a la obra porque con la tontería de levantarnos tarde, el desayuno y demás, se me había ido toda la mañana. Hice una breve pausa para comer y continué hasta la noche, hablando después con Elena. Los siguientes días fueron un calco el uno del otro y cuando llegó el fin de semana me empezó a pasar factura ese ritmo porque normalmente para mí los fines de semana eran días libres y esa falsa sensación de alivio al ser viernes no me sentó muy bien porque tenía que seguir mi planning, por lo que estaba un poco irascible, cosa que me notó Elena al hablar con ella, pero no le dio mucha importancia, ya que sabía la razón y me animaba, recordándome lo bien que nos lo íbamos a pasar en la playa. Su cariño y ánimos me lo hicieron más llevadero hasta que llegó el lunes sobre las 8 y media de la tarde. Estaba solo en casa y llamaron a la puerta, por lo que fui a abrir y me encontré a Irene y Mario y detrás de ellos a Elena. Nos saludamos e Irene con mucha confianza entró a casa dándome un empujoncito. Una vez pasaron Mario e Irene, Elena vino hacia a mí y me plantó un buen beso y un abrazo.

J: ¿Qué hacéis aquí? ¿A dónde vais tan guapos?
I: Venga, vístete.
J: ¿Qué?
M: Qué te duches y te vistas, que nos vamos por ahí.
I: Elena nos contó el miércoles que estás muy liado y últimamente muy estresado, tienes que salir un poco.
J: Pfff… Si es que acabo reventado…
I: No hay excusa, vamos. Te esperamos aquí.
J: Vale, vale.
M: Venga, que tengo unas ganas de una cerveza…
J: ¿Y a ti que te pasa? Estás muy calladita… (le dije a Elena, quien me miraba con las mejillas sonrojadas)
E: Nada… (dijo con una voz muy dulce)
I: A tu chica le pasa que te quiere echar un polvazo, que lleváis una semana sin follar, jajaja.
E: Irene…
J: ¿Sí?
E: Bueno, sí, un poco…
J: Estás tan guapa que me da pena follarte ahora mismo. No te quiero romper la ropa ni que se te corra el maquillaje antes de salir…
E: Pues después, mi amor… (dijo con la voz entrecortada)

Le sonreí y me fui a la ducha, para después vestirme y volver con ellos al salón. Como ellos iban muy bien vestidos, yo hice lo propio. No tenía ni idea de cuál era su plan, pero salimos y empezamos a dar un paseo. Llegamos a un buen restaurante y cenamos allí, pasando un buen rato, estando yo más relajado, sin estrés ni ese comportamiento irascible. Lo malo es que el ritmo que llevaba me dejaba sin energías para cuando acababa el día y se nos hizo tarde entre la charla y lo que tardaban en servirnos los platos y se me entornaban los ojos. Me lo notaron y nos fuimos al poco, despidiéndonos cuando llegamos a casa de Mario.

I: ¿No queréis pasar? Aquí podéis tener intimidad.
J: No te preocupes, estoy solo en casa.
I: Vaya, no ha colado… jajajaja.
E: No te preocupes, cuando estemos en la playa ya… Tenemos mucho tiempo.

Elena y yo volvimos a mi casa, yo ya iba arrastrando los pies de lo cansado que estaba. El trayecto duraba unos pocos minutos, pero se me hizo largo. No veía la hora de llegar a mi casa para acostarme y descansar.

Por fin llegamos y entramos. Fuimos a mi habitación y me quité la ropa, quedándome en boxers. Cuando me di la vuelta me encontré a mi chica desnuda, solo con un tanga de encaje violeta, muy sexy. Estaba con sus manos atrás y mirándome con una cara muy inocente, sonrojada de nuevo. Me acerqué a ella para darle un beso muy lento mientras acariciaba su culo.

-Mmm, que suave estás… Que bien hueles… Me encantas, mi vida.
-Y tú a mí, mi amor.
-Lo siento, Elena, estoy muerto, no puedo ni con mi alma.
-No pasa nada, Javi. Yo con estar contigo tengo más que suficiente.

Le di un fuerte abrazo y me eché en la cama.

-Necesitas relajarte, mi amor. Te voy a dar un masaje.
-¿Sí?
-Sí.
-¿Pero como los que te doy yo…?
-Noooo, jajajaja. Quiero que duermas tranquilito.
-Vale.

Elena salió de la habitación y fue al baño, después vino de nuevo a la habitación.

-He cogido esto.
-¿Qué es?
-Es aceite para la piel. Se usa para hidratarla. He buscado a ver si había algo de crema o algo para hacerlo mejor.
-Genial.
-Venga, date la vuelta y relájate.

Me di la vuelta y Elena se puso sobre mis muslos, justo por debajo de mi culo, con una pierna a cada lado y empezó a esparcirme el acierte con sus manos a lo largo y ancho de mi espalda. Empezó a masajearla suavemente, aumentado la intensidad poco a poco, hincándome los pulgares.

-Que bien, Elena. Me encanta como lo haces…
-¿Te estás relajando?
-Mucho, me está entrando mucho sueño.
-Descansa, cielo. (dijo inclinándose y besándome en la mejilla, pudiendo notar como clavaba sus pezones endurecidos en mi espalda)

Lancé un gemido por el placer que me estaba dando, tanto por el masaje como por los mimitos y esas palabras.

-Javi, ¿cuándo vienen tus padres?
-Mañana por la tarde, ¿por?
-Hombre, para que no vengan y me pillen en tetas si vienen por la mañana.
-Jajajaja.
-¿Te importa que me quede contigo mañana hasta que vengan?
-¿Cómo me va a importar, mi vida?
-Mmm… Se me ha hecho muy larga esta semana…
-Ya, lo siento, tendría que haber ido algún día a por ti, pero es que acabo que no puedo…
-No pasa nada. Mira, hacemos una cosa, el miércoles le digo a mi madre que me traiga. Cogería yo el coche, pero es que tiene que tenerlo ella por si pasa algo.
-Me parece genial.

Nos quedamos callados y Elena siguió con el masaje hasta que caí dormido de lo relajado que estaba. Al día siguiente me desperté antes de que sonara la alarma, ya que estaba acostumbrado a ese horario, con Elena a mi lado, abrazada a mí, con su cara en mi hombro y una pierna sobre las mías. Estaba tan a gusto que apagué la alarma para quedarme disfrutando de Elena un rato. La miraba como dormía plácidamente, pensaba en como me gustaba, lo bien que olía, lo guapa que era, como la quería. Después de un rato con una sonrisilla tonta me levanté con cuidado para ponerme a trabajar, sin hacer ruido. Al rato se levantó y me abrazó por la espalda.

-Que aplicado mi chico…
-¿Ya te has despertado?
-Sí, he notado que no estabas y me he despertado.
-¿Me echabas de menos?
-Mucho…

Elena subió la persiana, dejando entrar la luz del día y después se puso sobre mí, con una pierna a cada lado, empezando a frotarse conmigo.

-Te he echado mucho de menos estos días, mi amor… La cama se me hace muy grande sin ti…
-¿Me echabas de menos a mí o a mi amiguita? (dije acariciándole el culo)
-A los dos… Jajajaja.
-Mmm…
-Estos días he estado más cachonda de lo normal… Cada vez que terminábamos de hablar me tocaba pensando en ti, en como me tocas tú, como me comes el chochito, como metes tu pollón dentro de mis entrañas…
-Uff…
-He echado mucho de menos también tus azotes…
-¿Sí? (dije dándole uno)
-Mmm… Que rico… (dijo mordiéndose el labio)
-Cómo te gusta jugar… (dije dándole otro azote)
-Sí. (dijo tras un jadeo)

Le empecé a besar el cuello mientras le acariciaba el culo, con algún azote, alguno más fuerte que otro. Elena gemía con cada azote, empezando a ronronear. Notaba sus pezones duros como una piedra y entonces me cogió la cara para besarme con mucha ansia, pasando después a mi cuello. Durante todo eso tenía la polla morcillona, pero cuando se lanzó a mi cuello fue una erección muy fuerte e instantánea.

-Me gusta mucho este tanga, es muy bonito y te queda genial.
-Lo he comprado pensando en ti, quería darte una sorpresita.
-Pues has acertado, me gusta mucho ese color.
-Mmm… Javi, necesito que me folles.

Me levanté cogiéndola en peso y yendo hacia la cama, la tumbé y me puse sobre ella apoyándome en mis brazos. Elena empezaba a jadear y aún no la había empezado a tocar, solo nos habíamos estando besando prácticamente.

-¿Estás cachonda?
-Muchísimo.
-Bien, porque necesito que lo estés.
-¿Por qué?
-Ya lo verás…

Me quité la camiseta y los pantalones cortos que me había puesto al levantarme y me volví a poner sobre ella para besarla. Ella acariciaba mi espalda, pasando sus manos a mi culo.

-Métemela directamente.
-¿Segura?
-Sí, mi amor. Estoy empapada.

Bajé hasta sus caderas para quitarle el tanga, dándome cuenta de que efectivamente estaba muy mojada, tanto que el tanga tenía una mancha de sus flujos. La miré con una sonrisa en la boca, ella ya estaba con las mejillas sonrojadas y cara de niña buena. Le empecé a acariciar el coño antes de quitarle el tanga y ya empezó a gemir.

-Joder, como estás…
-Estoy muy cachonda, mi amor.
-¿Y si hago esto?

Me incorporé quitándole el tanga y llevándomelo a la cara para olerlo. Noté un cosquilleo en los huevos al aspirar su olor más íntimo. Después lo lamí, dejando que ella lo viera. Elena soltó un gemido y empezó a jadear, agarrando las sábanas. Eché el tanga a la silla de mi escritorio y le cogí una pierna, besándole la rodilla, bajando hasta su pie, besándolo también y lamiéndolo, metiéndome los dedos en la boca para chuparlos. Lo hacía con los ojos cerrados y cuando los abrí, vi a Elena rojísima, tocándose el clítoris rápidamente, haciendo movimientos circulares. Cuando pasé al otro pie Elena me detuvo.

-Mi amor, me encanta lo que estás haciéndome, pero no puedo más, te necesito dentro.

Inmediatamente tiró de mí para echarme sobre ella y me bajó los boxers, cogiendo mi polla y metiéndosela directamente, dando ella una embestida con su cuerpo para que entrara de golpe, lanzando un fuerte gemido.

-Así mi amor, bien profundo.
-Joder, Elena.

Empecé un mete-saca lento, disfrutando del momento, pero Elena estaba más caliente de la cuenta y me cogió del culo para acelerar la follada. Así fue como lo hice, apretando bastante, casi como cuando me la follé el primer día que estuvimos en su casa cuando pasó lo de Maribel. En pocos minutos Elena empezó a temblar después de estar gimiendo un rato. Cortó sus gemidos y su respiración para luego estallar en un gran alarido. Me mojó bastante toda la zona y me quedé quieto, esperando a que se recuperara. Me estrujaba con su coñito la polla, pero a diferencia de otras ocasiones, podía aguantar, a pesar del calentón que tenía ella, poniéndome a mil. Quería esperar a que se recuperara, pero estaba tan preciosa que no podía aguantar y le metí una buena embestida. Ella respondió con un gemido de sorpresa, abriendo los ojos. Fue como algo para activarla de nuevo, porque se puso a acariciarme la cara sonriendo.

-Mmm… Que rico mi amor, otra vez.

Le di otra embestida, respondiendo ella de la misma manera. Me cogió la cara con las manos para besarme y susurrarme:

-Fóllame otra vez, mi amor.
-¿Segura? ¿No necesitas más tiempo?
-Me da igual, me lo haces muy rico, hazlo despacito esta vez.

Empecé a follarla de nuevo, muy despacio, con mucho cariño, dándole besos en los labios y en el cuello. Después de un rato, bastante más largo que el primer polvo, Elena se corrió después de estar emitiendo gemidos muy dulces durante todo el tiempo, esta vez con un fuerte jadeo, retorciéndose. De nuevo me quedé dentro de ella quieto, sin moverme nada, esperando a que ella fuera la que diera el paso de que hacer después. La miraba mientras me apoyaba en mis brazos, estaba guapísima, con una cara de placer increíble, contrayendo sus ojos y la boca casa pocos segundos, acompañando a los espasmos que le daban por su reciente orgasmo. No podía evitar besarla, con mucho cariño por toda la cara, reaccionando ella con pequeños gemidos. Como en el polvo anterior, se recuperó relativamente más rápido, más que como lo hacía normalmente, por lo que abrió sus ojos y me empezó a acariciar la cara.

-Que intenso… Me encanta como me lo haces…
-Me encanta mirarte cuando te corres, estás tan mona…
-Mmm… Javiiiii…
-¿Qué pasa, mi vida?
-Que aún me tienes que dar tu leche…
-¿Dónde la quieres?
-En la boquita.
-Como tú quieras.
-Ven, ponte aquí sobre mí. (dijo tirando de mí con sus manos)

Me puse sobre su pecho de rodillas, con una pierna a cada lado, muy apegado a su cara. Elena cogió mi polla y la empezó a mamar, empezando lentamente, pasando a hacerlo más rápido poco a poco. Yo miraba hacia abajo, viendo como lo hacía mientras me apoyaba en la pared, llegando a hacer ligeros movimientos de cadera como si le estuviera follando la boca. Ella estaba muy concentrada, con los ojos cerrados. Entonces vi como le daba un espasmo, se estaba tocando. No se estaba corriendo, pero sí que estaba muy sensible porque acababa de tener dos orgasmos y se estaba tocando de nuevo, debía estar muy sensible. Verla así, tan concentrada, tocándose con algún espasmo de por medio y como me la chupaba de bien, fue más que suficiente para que le empezara a llenar la boca de leche. Fue bastante cantidad, pero ella aguantó todo lo que le eché, pajeándome una vez acabé mientras me apretaba el glande con sus labios, succionando. Una vez acabé, me eché a su lado y ella se incorporó para mostrarme como se lo tragaba todo, sonriendo y girando su cabeza después. La agarré y pegué su cuerpo al mío, abrazándola con fuerza mientras ella soltaba alguna risita.

-Sí que tenías ganas.
-Muchas, mi amor, estaba ya que no podía esperar más, y eso que me estaba encantando lo que me estabas haciendo justo antes.
-Yo he estado tan agobiado que apenas he pensado en eso, acaba tan cansado y estaba tan centrado que no tenía energías…
-¿No has pensado en mí?
-Claro que sí, mucho, pero no en sexo, eso no lo es todo, mi vida.
-Que mono, que se pone sensible… Jajajaja.
-Jajajaja. Hablando de sensible… Vaya aguante has tenido hoy, ¿no?
-Más que aguante, han sido las ganas, no podía parar, necesitaba más y más.
-Ya te he visto que cuando me la estabas comiendo te seguías tocando.
-Lo hacía casi por instinto, pero sí, tenía ese puntito para seguir un poquito más.
-Genial, porque necesito que hagas una cosa por mí.

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