KERANOS

Al rato recibí un mensaje de Irene diciéndome que si nos apuntábamos a pasar el día en la piscina. Me pareció perfecto, por lo que desperté a Elena con cuidado dándole algún beso. Se lo dije y le encantó. Fuimos a su habitación para coger su bikini y demás y luego al baño para coger alguna crema para el sol. Fuimos al salón y nos despedimos de todas, estando ya Noelia allí. Elena dijo que nos íbamos a la piscina y su madre le dijo que nos lleváramos a Noelia, para que no pasara el día sola y encerrada en casa. Pero Noelia dijo que no, que se quedaba en casa, que no estaba de ánimos para salir e ir a la piscina. Su madre le insistió, pero no hubo manera. En cierto modo fue un alivio para mí porque no quería que estuviera con nosotros a la vez que Irene y Mario, porque sabía que algo podría saltar e Irene era muy espabilada para entrever algo, aunque Noelia actuara casi como si entre nosotros no hubiera pasado nada.

Nos fuimos por fin a la piscina, pasando antes por mi casa para coger el bañador. Nos encontramos a Irene y a Mario ya allí, por lo que nos sentamos con ellos en el césped, yendo después a comer a una zona amplia rodeada por grandes árboles cuyas copas daban muy buena sombra. Era una zona muy buena de aquel lugar, con buenas mesas de piedra y bancos de metal para poder comer allí tranquilamente, incluso estaba equipada con unas barbacoas de obra por si la gente se quería llevar allí la comida para prepararla. Nosotros optamos por comprar algo en el bar que había allí y sentarnos en unos de esos bancos para comer tranquilamente mientras nos daba un aire muy agradable, estando cobijados bajo esos árboles, salvándonos del infernal sol que apretaba tanto en esas horas.

Cuando acabamos nos fuimos a la zona en la que estábamos, pero daba mucho el sol y nos movimos a otra, buscando la sombra, aunque nos costó porque había bastante gente. Cuando por fin encontramos un sitio nos sentamos y de lejos me percaté de que estaba allí Alejandro. Y no estaba solo, estaba con una chica, pero no sabía quién era, estaba de espaldas, solo podía ver que tenía una larga melena negra y que era de piel muy blanquita, con un bikini azul marino.

Irene me echó una mirada levantando las cejas. No se le escapaba una. Sin embargo, Elena y Mario ni se enteraron, ya que Elena me estaba volviendo a echar crema al igual que Irene a Mario, quien estaba más pendiente de las tetas de su novia al balancearse por los movimientos que otra cosa.

No sé si fue por vernos allí o por qué, pero Alejandro se levantó y se fue, junto a la chica con la que iba. Tampoco logré ver quien era entonces, ya que llevaba unas gafas de sol bastante grandes y un sombrero para taparse del sol y verla ligeramente de perfil a lo lejos no ayudó a identificarla en el caso de que la conociera.

Estuvimos un rato tumbados mientras charlábamos relajadamente, haciendo planes para esa semana que pasáramos juntos en la playa. Irene estaba muy motivada, ya que al conocerse muy bien la zona, tenía ganas de hacernos de guía para enseñarnos bien la ciudad y llevarnos a varios sitios, sobre todo para ir a bailar. Elena estaba muy contenta, se la veía entusiasmada. Yo a pesar de no ser muy amante de la playa estaba también contento por pasar una semana junto a ella y lejos de nuestras familias para tener más intimidad. Mario e Irene estarían allí con nosotros, pero con lo que ya habíamos hecho con ellos, era como si estuviéramos solos para la hora de acostarnos. Incluso podría darse una buena vuelta de aquellos momentos allí.

Al rato nos fuimos a bañar a la piscina, estando Elena muy cariñosa, subiéndose a mi espalda mientras Irene y Mario estaban hablando con unos compañeros de trabajo de éste. Después de estar un rato haciendo el tonto me puse en el borde de la piscina, apoyando mis brazos ahí y Elena se puso frente a mí, dándome un beso. Después se dio la vuelta y se puso de espaldas, empezando a restregar su culo contra mi paquete. El morbo de la situación y el roce hicieron que se me empezara a poner dura.

-Elena, ¿qué haces?
-Jugar… jijiji.
-¿No te da vergüenza aquí delante de todo el mundo?
-Bueno, no estamos haciendo nada, solo un pequeño roce…
-¿Sí? (dije pasando mis manos por su barriga para apretarla contra mi cuerpo, apretándose más mi polla contra ella)
-Mmm…
-¿Te gusta?
-Sí, jijiji.
-Estás juguetona…
-Un poquito.
-Yo también sé jugar…

Bajé una de mis manos hasta su bikini y le metí los dedos por dentro, acariciando su pubis.

-Javiiiii…
-¿No querías jugar?
-Pfff… Es que…

Entonces le empecé a acariciar la raja, callándose ella. Después de unos segundos le metí un dedo, soltando ella un pequeño gemido que rápidamente reprimió, aunque no había gente alrededor por esa zona. Ella echó una de sus manos atrás para acariciar mi polla por encima de la tela del bañador.

-Elena me estoy poniendo muy cachondo…
-Javi…
-¿Te atreves a que te la meta ahora mismo?
-¿Qué dices?
-Me daría mucho morbo, nunca lo he hecho en una piscina. ¿Te gustaría?
-Uff… Sí, pero es que me da mucha vergüenza.
-Es parecido a lo del vibrador cuando fuimos al bar con todos.

Entonces Elena se separó de mí y me miró a los ojos.

-Vamos a probar, pero con cuidado, ¿eh?
-Claro.

Elena miró a mis espaldas y dijo que no había nadie, tampoco veíamos a nadie cerca y se volvió a poner de espaldas a mí. Metió sus manos en el agua, haciendo un movimiento por debajo.

-Venga, sácatela, que ya me he movido el bikini a un lado.

Me saqué con cuidado la polla sin que se notara y la dirigí hacia ella. Elena la cogió y la masturbó un poco, acariciando su raja después. Finalmente, se la metió, pero solo la punta, encargándome yo de que entrara el resto con un ligero movimiento de caderas y pegándola a mí de nuevo con mis manos. En todo momento tuvimos mucho cuidado de que no se notara nada raro.

-Javi… Como se siente…
-¿Qué sientes?
-Mucho placer. Me encanta tu polla. El contraste entre el agua fría y tu polla calentita es genial.
-Yo siento lo mismo, el contraste me gusta.

Empecé a besarle el cuello mientras con una mano le acariciaba el clítoris.

-Javi…
-¿Qué pasa?
-Para, que se va a dar cuenta la gente.
-Elena, estoy muy cachondo. No te imaginas las ganas que tengo de moverme para follarte…
-No, no lo hagas. Se va a dar cuenta todo el mundo.
-Un poquito solo.

Di un par de embestidas que me supieron a gloria, sin hacer mucho movimiento.

-Ya, Javi.
-Uff, que rico Elena…

Me quedé quieto, pero jugaba con mis manos, acariciándole el clítoris hasta que ella apartaba mi mano. También jugaba con sus tetas, notando lo duros que estaban sus pezones a través de la tela de su bikini. Entre todo el juego que teníamos Elena resoplaba y gimoteaba bajito, estrujando mi polla con su coñito al hacer fuerza.

De repente sin darnos cuenta, Irene y Mario acudieron a donde estábamos nosotros, poniéndose al lado.

I: Vaya chapa nos ha soltado tu compañero, Mario…
M: Sí, es que ese es muy pesado.
I: Los otros son simpáticos, pero ese…
M: Ya. Oye, vamos a tomarnos una cerveza al bar, ¿no?
E: Eh…
I: ¿Qué pasa?
J: Es que tenemos un problemilla.
M: ¿Qué pasa?
E: Nada, ya vamos.

Irene se acercó nadando, poniéndose muy cerca de Elena.

I: ¿Qué pasa, Elenita?
E: Nada, nada…

Esa situación me dio mucho morbo, por lo que le di una embestida, lanzando ella un gemido pequeño. Irene puso cara de sorpresa y Mario lanzó una carcajada.

E: Mario, no seas capullo…
I: No me lo puedo creer… ¿Estáis follando? ¿Aquí?
J: Ha sido ella. Ha empezado a restregarme el culo y estaba juguetona.
I: Pero Elena… Uff…
E: Ha sido Javi, que me ha liado…
J: Sí claro, te la he metido a la fuerza… (dije dándole otra embestida, esta vez con más fuerza)

Elena lanzó un gemido más fuerte entonces.

I: Tío parad, que me estoy poniendo cachonda…
M: Yo me voy antes de empalmarme… (dijo yéndose nadando)
I: Venga, vamos al bar a tomarnos algo anda, y así os calmáis, que vaya calentón lleváis…

Elena se apartó de mí, lanzando un gemidito al salir mi polla de sus entrañas. Yo rápidamente me guardé la polla, estando bastante apretada en el bañador.

I: Vamos Javi.
J: No puedo.

Elena me miró sonriendo, aguantando la risa.

J: Ahora te ríes, ¿no? Ya verás cuando te pille… jajaja.
E: Venga, que vamos a por algo y te lo traemos y nos lo tomamos aquí.

Se fueron nadando hasta las escaleras para salir y al rato volvió Elena sola con dos bebidas en la mano. Se sentó en el borde de la piscina, metiendo sus piernas en el agua.

-¿Y éstos?
-Es que… A Irene le ha dado el calentón y…
-Se han ido a follar, ¿no?
-Sí, jajaja. Al baño. Ahora vienen.
-Qué suerte…
-Venga, Javi, bastante hemos hecho… No sé cómo hemos podido hacer eso aquí delante de tanta gente.
-No es para tanto.
-Javi, que hay niños…

Me acerqué a Elena, abrazándole las piernas mientras ambos bebíamos, acariciándoselas y dándole besos en los muslos.

-Javiiiiii… ¿No se ha pasado aún?
-No.
-¿A ver? (dijo pasando sus pies por mi polla, aún dura)
-¿Ves?
-Pero, ¿cómo puede estar así aún?
-Porque me pones mucho y pues hasta que no descargue voy a estar cachondo…
-Anda ya… Así la vas a tener todo el rato…
-No, mujer… Se me bajará ahora, aunque como sigas así con tus pies no creo. Pero que, aunque se me baje seguiré cachondo y estaré buscándolo.
-¿Te gusta que te toque con mis pies?
-Me encanta, me parece muy sexy.

Elena se empezó a sonrojar, mirando a otro lado, como si tuviera vergüenza. Yo se los cogí y los llevé hasta mi polla para que siguiera. Ella me sonreía, mordiéndose el labio.

-Huy… (dije riéndome)
-¿Qué pasa?
-Que me parece que he descubierto algo para encenderte…
-No seas malo… (dijo susurrando mientras sonreía y seguía acariciándome la polla con los pies)
-Porque tú no quieres…
-¿Tienes muchas ganas?
-Mira, si por mí fuera te bajaba ahora mismo el bikini para comerte el coño.
-¡Javi!
-¿Qué? Jajajaja.
-Que bruto eres, de verdad…
-Dime que no te gustaría que te lo hiciera.

Elena se mantuvo en silencio, mirándome fijamente a los ojos, con las mejillas sonrojadas.

-Ya veo… También te pondría contra esto y te la metería muy fuerte.
-Sal, rápido. Vamos a los baños.
-No.
-¿No?
-No.
-¿Por qué?
-Porque te lo voy a hacer tan fuerte que vas a gritar mucho.

Elena se mordió el labio, poniendo una cara de estar muy cachonda.

-Es una putada, ¿verdad? Porque estas deseando que te folle ahora mismo.
-Mucho.
-Vaya…
-Va, Javi, vamos a los baños, que aguanto sin gritar.
-Que va. (dije alejándome, yendo hacia el centro de la piscina)
-Jooo… (dijo pataleando en el agua como cuando una niña pequeña se enfada)
-Si quieres algo, aquí me tienes. (dije mientras levantaba mi cuerpo para que viera mi erección)

Elena estaba muy roja, me comía con los ojos. Se le veía con ganas de tirarse al agua e ir hacia a mí, pero no lo hacía. Tenía impulsos, echando su cuerpo para delante pero no terminaba de decidirse. Me acerqué a ella, pero pasé de largo para coger mi bebida.

-Parece que tienes calor, estás roja, ¿por qué no te metes al agua?
-¿Por qué no sales tú y me quitas el calor? (dijo con cara desafiante)
-Nah… Aquí se está fresquito.
-Irene y Mario se lo tienen que estar pasando muy bien, ¿no quieres probarlo?
-Ya hemos follado en un baño, me gustaba lo que estábamos haciendo aquí en el agua…
-Ya hemos follado en el agua, ¿no te acuerdas de cuando hemos ido a la playa?
-No es lo mismo.
-Ya…
-Además, se va a dar cuenta todo el mundo de que estoy empalmado.
-Ah, ¿eso importa pero que nos vean follar aquí mismo no?
-Si no nos ve nadie…
-Javi, que me da mucha vergüenza…
-Pues qué lástima… Pero yo no voy a salir con este empalme…
-Bueno, pues habrá que esperar a esta noche en mi casa.
-Que va.
-¿Qué?
-Es que te voy a hacer chillar y paso de que tu madre nos eche la bronca, porque se va a enterar de que te estoy follando ella, tu hermana y tu abuela.
-Me da igual que nos oigan.
-Ya… Pues la otra vez bien que me echabas la bronca porque sonaba la cama…
-Me da igual. Esta noche la rompemos y compro una nueva.
-Nah, olvídate.
-Javiiiiii…
-De hecho, creo que no voy a dormir a tu casa hoy…
-¿Cómo?
-Lo que oyes.
-Javi, no me jodas…
-Es que te conozco y sé que me vas a buscar y la vamos a tener con tu madre. Además, te estás portando muy mal.

Su expresión cambió de ser desafiante a ser de niña buena.

-Javiiiii… (dijo con voz muy dulce)
-No, no te va a funcionar.
-Es un farol. No vas a aguantar tanto sin follarme.
-Puede, pero… ¿de verdad lo quieres comprobar?
-Pfff…

Elena le dio un buen trago a su bebida y se metió al agua, viniendo hacia mí. En cuanto llegó se abrazó a mi cuello con sus brazos y a mi cintura con sus piernas, rozando su coño con mi polla a través de nuestros bañadores. Me empezó a besar suavemente pero rápidamente se convirtió en un morreo, comiéndonos la boca con mucha ansia. Después pasó a mi cuello, aprovechando yo para mirar alrededor, viendo que había menos gente que antes. Por las horas que eran, en la parte de la piscina en la que estábamos hacia sombra, ya que esa zona estaba cerca de donde habíamos comido, con esos árboles tan grandes.

-¿Me quieres follar aquí?
-Sí, me daría mucho morbo. Quiero reventarte, pero sería demasiado. Aun así podemos echar un buen polvo.
-Pfff… Eres un cabrón…
-¿Quieres que te la meta?
-Sí, hazlo ya.

De la misma manera que antes se apartó el bikini a un lado y yo me saqué la polla, metiéndole la punta despacio, entrando el resto muy fácilmente.

-Estás muy cachonda, lo puedo sentir.
-Pues claro, si me estás calentando… Tengo el coñito…
-Ardiendo… Como se siente…
-Sí, te siento muy rico… Pero no te vengas arriba, que te conozco y vas a empezar a taladrarme…
-Como me conoces…
-Demasiado, jajaja. Házmelo despacito.

La cogí de los cachetes del culo para empezar a moverla despacio, haciendo una penetración muy ligera. Ella suspiraba y lanzaba algún gemido mientras yo resoplaba, mirando que nadie estuviera fijándose en nosotros, aunque la persona más cercana a nosotros estaba como a 10 metros. Después de un rato así, aceleré muy poco la penetración, consiguiendo que a los pocos segundos Elena empezara temblar, apretado mi polla con su coño y lanzando un gemido más alto mientras apoyaba su cara en mi hombro, mirando hacia mi cuello, diciéndome un «te quiero» con tanta dulzura que, entre eso, como me estrujaba con su chochito y el morbo increíble de la situación, me empecé a correr dentro de ella, lanzando fuertes chorros, con unas fuertes embestidas. Rápidamente abrí los ojos para mirar a mi alrededor. Parecía que nadie había notado nada porque nadie nos miraba ni notaba nada raro. Fui hacia el borde de la piscina, donde estaban nuestras bebidas, cogiendo la mía para beber un poco y reponerme. Elena seguía abrazada con fuerza a mí, con algún temblor. En lo que se recuperaba Elena, con algunos susurros y caricias mías en su espalda, aparecieron Irene y Mario.

I: Mírala que cariñosa…
J: Como para no…
I: No me digas que…
J: Pues ya ves.
M: ¿En serio?
J: Sí.
M: Que asco, cabrón…
J: Venga, Mario, que venís de eso, anda…
M: Pero tío, que eso ahora se queda en el agua.
J: Que eso se disuelve con el cloro y toda la mierda que le echan al agua.
E: Callaos coño, que no hay quien descanse así…
I: Jajajaja. ¿Cómo la has convencido?
E: Es muy persuasivo el cabrón…
J: Jajajaja.
I: Mario…
M: ¿Quieres más?
I: No, ahora mismo no. Pero tenemos que hacerlo.

Mientras hablábamos, saqué mi polla del coño de Elena y ella bajó su mano para trastear, imaginaba que se sacaba mi corrida con sus dedos. Después nos salimos de la piscina y nos volvimos a sentar en el césped los cuatro para seguir charlando sin que pasara nada más. Ya atardeciendo nos despedimos, dándole Irene un abrazo a Elena y susurrándole algo al oído que no pude escuchar. Después fuimos a mi casa a coger una muda de ropa para ir luego a casa de Elena y ya ducharnos allí, para pasar la noche juntos.

Cuando llegamos saludamos a todas y fuimos al baño.

-¿Me ducho contigo, o como lo hacemos?
-Pues claro, cariño, jajajaja.
-Yo que sé… Lo mismo te da vergüenza, como eres taaaaan tímida… (dije con tono de guasa)
-Anda, anda… Que al final te has salido con la tuya…
-Como si a ti no te hubiera gustado…
-Me ha gustado mucho. (dijo poniéndose roja y mirando al suelo)

Nos metimos en la ducha y nos empezamos a enjabonar. Yo le empecé a tocar el culo a Elena. Que perfecto era, tan redondito y respingón… Tenía la marca del bikini y se la dibujaba con el dedo.

-Javiiiii, que me haces cosquillas… jijiji.
-Si es que me encanta tu culito y las marcas del bikini son muy sexy…
-¿Sí? ¿Te gusta mi culito? (dijo frotándolo contra mi polla)
-¿Quieres jugar?
-Bueno… Nos lo estamos pasando bien, ¿no? (dijo cogiendo mi polla morcillona, empezando a masturbarla)
-Pfff… Elena, te quiero follar.
-Tranquilito Javi, que te conozco y vas a empezar a reventarme y vamos a hacer mucho ruido.
-¿Me vas a dejar así? (dije ya con la polla totalmente empalmada)
-Sí, por hoy ya has tenido suficiente. (dijo saliendo de la ducha)

Elena se secó mientras yo acababa y esperaba a que se me bajara. Pasaban los minutos y Elena dijo que se iba a ir preparando la cena, para no ser muy cantoso decidí ir por la vía rápida, dándole al agua fría para que se me bajará. Casi pego un grito al ponerla al máximo para que saliera lo más fría posible. Otra opción era hacerme una paja para relajarme, pero me puteó que Elena me hiciera eso y ya había pensado en cobrarme mi venganza. Salí de la ducha ya calmado y me sequé para ir a la cocina. Estaba Elena sola preparando la cena, estaba preciosa con su pijama de verano con una camiseta de tirantes muy fina, sin sujetador, marcando los pezones y un pantaloncito que dejaba ver el nacimiento de sus cachetes del culo. Iba en chanclas y llevaba el pelo mojado, con una cinta desde la parte interior de la nuca a la parte superior de la cabeza anudada justo en el medio. Me encantaba cuando se ponía una cinta así, le quedaba realmente bien y era práctico para ella porque así no le molestaba el pelo al inclinarse.

Me puse detrás de ella y le di un abrazo y un beso en la cabeza, diciéndole lo guapa que era y como me encantaba. Ella solo respondió con una ligera risita. Yo me incliné para besarle el cuello mientras ella me susurraba que parara por si venía si madre o algo, pero yo seguí besándoselo hasta que Elena dio un respingo. Me incorporé y vi que su madre estaba en el umbral de la puerta, mirándonos mientras sonreía.

-Perdona mamá, voy a poner la mesa.

Elena se fue al comedor y Maribel vino hacia a mí.

-No sé por qué se pone así, si no me molesta.
-¿No?
-No. Estoy contenta por ver a mi hija así tan bien.
-Me alegro.

Maribel soltó una risita como nunca había oído en ella. La miré extrañado y ella se dio cuenta.

-¿Qué pasa?
-No te lo tomes a mal, pero creo que es la primera vez que te veo reírte así, casi que sonreír también.
-Ah… Bueno, es que os he visto así y por un momento me habéis recordado a cuando empecé con el padre de Elena. Ya sabes, ella y yo nos parecemos mucho y él también es alto…
-Vaya, lo siento.
-No, no pasa nada, no es nada malo.
-¿Segura? Creía que te molestaba pensar en él por lo que he notado cuando has hablado con Elena.
-Sí, es así, pero son buenos recuerdos. No tiene nada de malo.
-Vale.
-Perdona, es que estoy con la regla y me pongo muy ñoña.
-Mujer, no hace falta que me des detalles.
-Ay… Javier, con lo echado para delante que eres para unas cosas… (dijo poniéndose detrás mía, poniendo sus manos en mis hombros)
-Voy a ir sacando los platos.

Notaba a Maribel muy rara, parecía otra persona, como más cercana y cariñosa. Si estaba así por la regla, ya le podía durar para siempre… Cuando nos sentamos a cenar y empezamos a charlar noté a Maribel muy animada. De repente me corté al verla así y dejé de hablar, aunque no sospecharon nada ni me preguntaron a cerca de quedarme callado. Cuando acabamos de cenar recogimos todo, Maribel nos dijo que ella se encargaba de lavar los platos y nos fuimos al salón. Elena cogió a su abuela y la acostó porque ya estaba dormitando y enseguida volvió conmigo. Noelia se fue a su habitación, parecía que quería estar sola y es que el bajón aún la tenía un poco mal a pesar de estar algo más participativa cuando estábamos todos juntos. Cuando Elena regresó se echó encima de mí y antes de que volviera Maribel la tumbé.

-Javi, ni se te ocurra.
-¿Qué dices? ¿Cómo voy a hacer algo ahora? ¿Eres boba? Con tu madre aquí… Sí, para que me la lie…
En realidad, estaba pensando en hacer algo y me estaba preparando para ello.
-Te estoy poniendo así para estar más cómodos.
-Ah, vale.

Elena y yo nos quedamos de manera que ella estaba tumbada de lado con su cabeza sobre el brazo del sofá y yo sentado un poco deslizándome hacia abajo, apoyándome con el brazo en el otro brazo del sofá. Al poco llegó Maribel y se sentó en un sillón que había a mi lado. Nos quedamos los tres viendo la tele y pasado un rato Elena se puso boca arriba. Estaba esperando ese momento para que no fuera muy cantoso. Me moví hacia ella poniendo sus pies sobre mí regazo y agarré un cojín para ponerlo bajo ellos, así taparía la erección que tendría en breve. Elena me miró sonriendo y Maribel no dijo nada, no parecía sospechar nada. A los pocos minutos cogí los pies de Elena y empecé a darle un masaje en ellos. Esta vez me miró sabiendo lo que pretendía y me lanzó una mirada para que parara, yo le devolví una sonrisa picarona negando ligeramente con la cabeza. Se los masajeaba y noté como Elena se empezaba a ruborizar, sonrojándose sus mejillas. Estaba preciosa con su pelo ondulado por no haberse peinado después de ducharse y aún con esa cinta que se puso. Me miraba con ojillos mientras jugaba de manera nerviosa con sus dedos. Decidí subir un tono más diciendo:

-Elena, estás muy tensa, relájate y déjame que te dé un buen masaje.

Elena se puso más roja aún, cerrando sus ojos y tapándose la cara con las manos después. Empecé a sobárselos bien pasando mis dedos entre los suyos y clavando mis pulgares en sus plantas con fuerza para darle un buen masaje. Efectivamente mi erección apareció y era muy fuerte, tanto que jugaba a hacer fuerza con mi polla para levantar el cojín un poco, haciendo ella fuerza también con sus pies hacia abajo para estimularme.

-Oye, pues lo haces muy bien. (dijo Maribel a los pocos minutos)
-¿Tú crees?
-Sí, estaría bien un masajito.
-Bueno, más adelante cuando tengamos más confianza y tal…
-No, no. No te preocupes, no quiero que me des uno, estaba hablando por hablar.

En cuanto Maribel empezó a hablar noté un cosquilleo en los huevos que me hizo estremecer. De nuevo la veía con ese comportamiento tan encantador y entonces noté como un subidón. Aquella situación me dio morbo como pocas cosas me han dado en mi vida. Y es que yo disfrutaba junto a Elena de su fetiche. Me gustaban sus pies, eran muy bonitos y pequeños y aprendí a disfrutar de eso. A eso había que sumarle el morbo de tener a su madre a su lado hablándome mientras estimulaba a Elena de aquella manera y mi erección palpitaba bajo el cojín. Por un momento me imaginé en esa situación junto a Maribel, acariciando sus pies de esa manera disfrutando ella de la mima manera que lo hacía su hija y me entró un calor por dentro que poco me faltó para levantar el cofín y empezar a tocarme.

Me incorporé para ponerme más cómodo y Elena tuvo que ver claro que tapaba la visión de su madre porque se empezó a acariciar una teta, pellizcando el pezón y tirando de él mientras ponía cara de placer. Después me sorprendió aún más cuando con la misma mano pasó de tocarse la teta a meterla despacio en sus pantalones, tocándose el coño ligeramente, sacando los dedos y llevándoselos a la boca para chuparlos. Yo estaba como una moto y estaba deseando clavarle la polla. Por fin su madre dijo que se iba a dormir, levantándose, poniéndose Elena de manera normal para que no se notara nada.

-Ay… -dijo sonriendo- Que suerte tienes Elena, te trata como a una reina.
-Como se merece.
-Claro que sí. Me voy a dormir, que estoy cansada. Buenas noches.

Maribel se fue y se oyó como cerraba su puerta. A principios de junio habían instalado aire acondicionado en cada dormitorio, cosa que me vino perfecto porque tenía intención de seguir jugando ahí y así no nos escucharían. En cuanto oímos la puerta cerrarse Elena le metió una patada al cojín. Y empezó a tocarme la polla por encima de la ropa con su pie. Mientras, yo cogí el otro y se lo empecé a besar, para luego chuparlo. Lo hacía con suavidad y cariño pasando mi lengua por la planta del pie, el talón y los dedos. Elena tenía un sofoco, su cara estaba tan roja como si se hubiera quemado al tomar el sol y empezaba a respirar con fuerza. Me recreé bastante, haciéndolo con sensualidad, pasando al otro después, haciéndolo exactamente igual y luego con los dos a la vez. Llegó un punto en el Elena empezaba a gemir de placer, llevando su mano a su coño por debajo de la ropa para tocárselo mientras empezaba a ronronear. Empezamos a hablar en susurros:

-Buah Elena, es increíble como te enciendes con esto.
-Ven aquí. (dijo tirando de mi camiseta para besarme)
-Mmm…
-Eres un cabrón.
-Te tengo dicho que conmigo no se juega…
-Estás loco, aquí delante de mi madre…
-Elena, me ha dado mucho morbo. No veas como me ha costado no sacarme la polla y follarte.
-Hazlo ahora.
-No.
-¿No?
-No. Quiero que te quedes con las ganas, como me has dejado tú a mí antes en la ducha.
-Venga, que no cuela.
-Me voy a dormir. (dije levantándome)

Elena se incorporó, tirando de mi camiseta para que me sentara en el sofá de nuevo, cogiendo después mi cara y tirando para que me tumbara encima de ella, comiéndome la boca.

-Javi, por favor. Fóllame como me merezco, hago todo lo que tú quieras. (dijo con voz entrecortada y de manera nerviosa)
-Elena, tranquila, lo iba a hacer. Me estaba quedando contigo.

Elena estaba temblando, parecía muy nerviosa.

-¿Qué te pasa mi vida?
-Javi, estoy muy cachonda, necesito que me folles ya.
-Venga, vamos. (dije incorporándome, con idea de ir a su habitación)
-No, hazlo aquí.
-¿Segura?
-Sí mi amor, métemela ya.
-Pero nos pueden ver.
-Me da igual.

La empecé a desnudar, quitándole los pantaloncitos y la camiseta, tirándolo todo al sillón en el que se había sentado Maribel. Por último, le quité las braguitas.

-Elena, están chorreando, ¿cómo puedes estar así?
-Mira como me pones… Sabes qué hacer para ponerme a mil. Soy toda tuya, tómame.

Olí sus bragas, lanzando ella un gemido. Olían a gloria, el corazón me empezó a latir con mucha fuerza. Mi polla me dolía de lo dura que la tenía y al estar apretada en mis pantalones. Rápidamente me quité la ropa, aprovechando Elena para apagar la luz de la lámpara y la televisión, quedándonos a oscuras, aunque nos veíamos bien por la luz que entraba de la calle. Sus ojos brillaban en la oscuridad y sin más preámbulo me incliné hacia ella para empezar a besarla. Elena no quería esperar más y cogió mi polla para dirigirla a su rajita, metiéndola directamente. Me cogió del culo para dirigir las embestidas.

-Elena despacio, que no quiero que grites.
-Javi, te prometo que no grito, pero fóllame como es debido.
-¿Quieres que te reviente?
-Siiiii (dijo con voz melosa)

Empecé a acelerar el ritmo mientras ella ahogaba sus gemidos con su mano. Estaba flipando por como estaba Elena. Estaba increíblemente cachonda y estaba lubricadísima.

-Mira como estoy, Javi. (dijo cogiendo mi mano para llevarla a su cara)

Estaba muy caliente, no entendía que le pasaba. Nunca la había visto así. Si ya estaba cachondo con todo lo que había pasado antes, al ver a Elena me volví loco, notaba mi sangre hervir, como que me contagió eso, empezando a sentir calor por todo el cuerpo, sobre todo por mi cara.

-Elena, estoy muy caliente.
-Sí, Javi. Hazme tuya, fóllame como tú sabes. Mátame de gusto.

Empecé a dar fuertes embestidas mientras llevaba cuidado de no hacer ruido al hacer chocar nuestros cuerpos. Elena susurraba mi nombre mientras intentaba reprimir sus gemidos con todas sus fuerzas. Rápidamente empezó a estremecerse y cuando estaba cerca de correrse me paró.

-Javi, mi amor, espera.
-¿Qué pasa?
-Tienes que hacer algo por mí.
-¿El qué?
-Es importante, quiero hacerlo.
-Vale, pero, ¿qué es?
-Cuando me empiece a correr necesito que aguantes sin correrte tú. Necesito que aguantes para después
-Vale, ¿algo más?
-Sí, cuando me corra sigue un poquito rápido, pero no hagas que me moje mucho y cuando no pueda más me la clavas lo más profundo que puedas. Necesito que te mantengas ahí hasta que me recupere.
-Vale, mi vida.
-Pues mátame de placer, estoy lista.

Reanudé el bombeo con mucha intensidad hasta que Elena se empezó a estremecer de nuevo. Fueron pocos los minutos que pasaron desde que volví a follarla hasta que se corrió. Se abrazó a mí con mucha fuerza, con sus brazos y sus piernas mientras temblaba como una loca. Recordé lo que me dijo y seguí un poco más, con más rapidez, escapándose un par de palmadas al no poder controlar del todo el coche que mi cuerpo con el suyo. Tras unos breves segundos di una última embestida, clavándole toda mi polla con fuerza. Hacía mucha presión, notando como Elena apretaba mi polla milímetro a milímetro con su coñito, atrapándola y estrujándola. Temblaba de manera exagerada, con espasmos y varios gemidos que se le escapaban, llegando a ser alguno más alto que otro, por lo que agarró mi hombro con sus dientes, mordiéndome con fuerza para ahogar esos gemidos y hacer más llevadero ese torrente de sensaciones que estaba teniendo, como si al apretar con sus dientes liberara la tensión de su cuerpo.

Fue duro aguantar sin correrme dentro al notar ese roce, esa manera de apretarme ahí abajo, notar esos temblores, gemidos, sus respiraciones y demás sensaciones que me canalizaba. Respiré hondo para aguantar, pero entonces oí un ruido, como un gimoteo, pasando de largo por al lado de la puerta del salón, a pocos metros de nosotros, encendiéndose la luz de la cocina, permitiéndome ver la cara de mi chica mejor por el resplandor que veía desde la puerta, quedándome embobado con su cara de placer. Después oí traqueteo, para después apagarse la luz y volver a oír a alguien pasar, sorbiendo con la nariz y respirando de manera agitada. Oí una puerta cerrarse, seguido de un silencio que solo rompía la respiración de Elena, aún sobresaltada por su orgasmo.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s