ALMUTAMID

No era la primera vez en mi vida en la que me relajaba de esa manera tras tener serias dudas. Al margen de la anécdota de como Alice Li me había relajado yo había frenado mis pasiones. Creía haber acertado pues mi relación con Astrid los días siguientes estaba siendo normal. Asumí mi interpretación de sus gestos conmigo desde el punto de vista de mi propio deseo más que por su verdadera voluntad por lo que descarté que fuera a haber nada entre ella y yo.

Los exámenes intermedios y la cercanía de mi regreso temporal a casa también influyeron en mis actos de los últimos días antes de las vacaciones. Pues intentando recuperar un espíritu cuaresmal me empeñé en solucionar los posibles problemas que mis actos hubieran podido provocar.

El primero fue hablar con Heidi. Fue fácil verla pues el viernes por la noche quedé con Guido para tomar cervezas y él por su parte había quedado con las alemanas. Lo suyo con Greta se asentaba siendo de los pocos Erasmus que estaban conformando una pareja estable. Aunque ellos no llevaron de buen grado mi broma al afirmar que conformaban un excelente eje italo-alemán.

Bromas aparte, Heidi me reconoció que no estaba molesta ni enfadada conmigo y con Heike. Ella ya había hablado con la neerlandesa pero se sentía más cortada conmigo y por eso me había evitado la semana anterior. Igualmente admitió que no había sido yo el causante de que se fuera tan abruptamente pues ni yo había provocado nada ni la había forzado y ella se había dejado llevar, pero que al ser consciente de que se estaba besando con otra chica sintió un choque de prejuicios.

Yo evité hacer alusión directa a la mamada que em habían hecho entre las dos pero ella me admitió que se había dejado llevar por el morbo y la situación de complicidad entre los tres, pero que al yo correrme y con la actitud tan directa de Heike con besos y caricias se había sentido fuera de lugar y se había marchado. No se atrevía a hablar conmigo por la forma en que se había ido y por eso estaba reacia. Yo le reconocí que el fin de semana del viaje había estado muy bien y que sentía que ella no hubiera disfrutado el día de nuestro trío. Las paces se sellaron con un abrazo entre los dos en el que sus tetas se apretaron contra mi pecho haciéndome recordar como las había disfrutado como cojines mientras follábamos en una habitación de un albergue de Amberes.

Ese fin de semana fue el primero desde que había llegado a Lieja que no echaba un polvo o tenía sexo con alguien. No lo busqué a pesar de estar casi seguro de que de haber quedado con Heike o Alice Li habría caído algo. Pero ese había sido el resultado del ejercicio de relajación con la danesa: anteponer el cerebro a los genitales.

Además aproveché que el sábado ni siquiera salí con la excusa de estudiar para hablar con mis amigos en España. Avisé a Pablo de que llegaría el sábado pero que no se lo dijera a nadie. Después charlé con Sol, con la que hacía tiempo que no lo hacía poniéndome al día de las cosas de la residencia. Había una novedad: Ángela salía con una chica. Supuse que tras su experiencia conmigo había vuelto a descartar tener relaciones con chicos. Descarté hablar con ella y realmente no sé cuál fue el motivo. Con la que estuve más tiempo charlando fue con Alba.

-Hey, guapísimo ¿cómo sigues por esos países nórdicos?- me respondió al ver mi saludo.

No quise decirle que nos veríamos en una semana. Quería que fuese una sorpresa.

-Muy bien. Aquí añorando…-fue mi respuesta.

-Te vamos a echar mucho de menos. Ya huele toda la ciudad a azahar. Está lista para empezar. Ya he visto pasos montados en iglesias.

-¿No sales hoy?- le pregunté.

-Estoy aquí de cerveceo con compañeros de la facultad.

-No quiero molestarte entonces.- me disculpé.

-Tú no molestas nunca.

-¿No quedas con Viqui o con Leyre?

-¿Sabes qué pasa? Me siento un poco de relleno entre tanta pareja, sobre todo cuando empiezan con los cariños. Así que ahora estoy saliendo más con los compañeros.

-Te entiendo.

-Bueno ¿y tú que tal? ¿No aprovechas para ir a las famosas fiestas Erasmus?

-Puff. Estoy saturado ya. ¿Sabes qué pasa? Me he gastado demasiado dinero en las primeras y ahora ya voy racionando.

-Jajajaja. Me imagino.

-Bueno no te entretengo mucho más. Pásatelo bien.

-Que sepas que te voy a echar mucho de menos.

-Y yo a ti- mentí para que la sorpresa fuese mayor.

Hablar con Alba siempre me animaba. La verdad es que no había pensado en ella todo lo que debía desde que había llegado a Bélgica, pero siempre que hablábamos me trasladaba su buen rollo y me daba un chute de optimismo. Pensé en lo ocurrido un año antes en Semana Santa y lo que había surgido entre ambos. Pero habían pasado demasiadas cosas después y casi lo había olvidado. Pero esperaba poder disfrutar de nuestra semana mayor con ella compartiendo nuestra pasión por la fiesta.

Sin embargo algo llamó mi atención haciéndome dudar de todo lo anterior. Hacía varias semanas que no recordaba escuchar movimientos en el dormitorio de Astrid ni veía salir a nadie que no fuese ella misma. No soy tan presuntuoso de pensar que yo era la causa pero al menos dudé. Pero es que salvo aquella tarde del masaje en que apareció después por la habitación no había pasado nada más. Intenté no darle más vueltas.

La primavera o algo parecido llegaba a Lieja. Mientras mi amiga Alba había hablado conmigo sentada en una terraza disfrutando de una noche templada de primavera envuelta en olor a flores el principal síntoma de cambio de estación en la ciudad donde residía ahora estaba siendo un evidente crecimiento de las tardes, de modo que anochecía cerca de las 8, ya después de cenar, y eso que aún no se había cambiado la hora. Porque el clima seguía dándonos unas de cal y otras de arena mezclando días en que el sol iluminaba todo con otros en que la llovizna regresaba incluso en forma de aguanieve. No veía flores y de las yemas de los árboles no brotaban las hojas nuevas todavía.

Los dos exámenes que tenía me salieron bien. Además me tranquilizaron al comentarme que los profesores solían ser indulgentes corrigiendo a los alumnos Erasmus, aunque el idioma en mi caso no era una excusa, pues me examinaba precisamente del idioma. De hecho, llevado de cierta bipolaridad pasé de la angustia de la semana anterior a una euforia en la que no me vi acompañado pues otros compañeros tenían esas pruebas hasta el mismo viernes, pues allí la Semana Santa se prolongaba durante la primera semana de Pascua.

Una de las que estaba más ocupadas era Astrid aunque no llegó a dejar de salir a correr conmigo demostrándome que se planificaba mejor que yo, o al menos no se agobiaba igual. La cuestión es que empecé a aburrirme. El miércoles terminé tomándome unas cervezas mientras veía con Yusef un partido de Champions League.

El jueves tras lavar toda la ropa sucia y ordenarla para hacer el equipaje cené algo. El salón estaba inusualmente tranquilo, Astrid estudiaba y no sabía qué hacer. Se me ocurrió pasarme por la habitación de Alice Li. Llamé y me hizo pasa. Estaba con Amelie.

-Perdón- dije al entrar- pensé que estabas sola.

-¿Qué querías?

-Pues un ratito de charla y de relax pero si estás haciendo algo…

La oriental me sonrió iluminándosele la cara y se volvió a su amiga diciéndole:

-Amy me voy con Luis, ya hablamos…

Me sorprendió su salida y la forma de dejar tirada a su amiga pero según subíamos las escaleras me explicó:

-Es lo que ella hace cada vez que viene Georges a buscarla.

-¿Lo haces sólo por eso?

-Nooooo. Pero me has venido muy bien para que se de cuenta y de paso admito que estoy muy a gusto contigo.

Llegamos al dormitorio y me quedé cortado. Parecía todo forzado pero ella estaba encantada pues con su sonrisa casi permanente se desnudó quedándose en braguitas mientras me esperaba. Yo hice lo propio pero me desnudé completamente pensando que sería una forma muy evidente de indicarle lo que me apetecía. Me senté en la cama con la espalda apoyada en la pared y ella se acomodó echándose en mi hombro respondiendo a mi invitación tácita:

-Luis, hay un pequeño problema- me comentó acariciándome el pecho- estoy con la regla y no vas a poder penetrarme.

Fue un mazazo pues me apetecía echar un polvo pero desde luego no era plan de forzar situaciones por muy abierta que fuese mi compañera. En los 10 largos segundos que tardé en responder por mi cabeza pasó el volver a vestirme y proponerle tomar algo, pedirle un masaje con final feliz y hasta pensé en penetrarla por el culo. Pero en realidad salió mi verdadero ser y respondí:

-Mujer, no tenemos por qué hacer nada. Le has demostrado a Amelie lo que ella te hace y a mí ya sabes que me gusta tu compañía.

-Por eso te elegí para sincerarme, Luis. Siempre eres comprensivo.

Al final nos quedamos un rato charlando tal como estábamos. Su mano en mi pecho me relajaba en el fondo. Me explicó que sus reglas no eran abundantes ni muy dolorosas pero aun así no era higiénico practicar sexo durante esos días. Yo con el brazo que tenía por sus hombros acaricié el pezón que me caía más cercano provocándole la risa:

-Eres malo. Están supersensibles.

-Paro entonces…-respondí levantando la mano.

-En el fondo también me gusta que me acaricien.

Crucé mi otro brazo y lo posé en su barriga mientras le explicaba:

-A mi exnovia se le hinchaba el vientre cuando tenía la regla y sufría fuertes dolores. La verdad es que yo lo pasaba mal por ella…

-¿Por qué no me hablas de ella y de tu relación?

Hacía mucho que no pensaba de esa forma en Claudia. Cada vez que intentaba dar forma a todo lo ocurrido entre nosotros surgía un nuevo matiz, así que tras tragar saliva y sin dejar de acariciarnos mutuamente empecé a narrarle a mi amiga cómo había sido mi relación con Claudia.

Fue una sensación extraña hablarle de Claudia a alguien como Alice Li pero la chica atendió a mis explicaciones y acompañó los momentos en los que llegó a quebrárseme la voz con caricias cariñosas y comprensivas. Cuando terminé puso la mano en mi pecho buscando los latidos de mi corazón y me dijo:

-Se nota que ha sido una persona muy importante para ti. Pero lo que más me ha gustado de tu historia, es que reconoces tus errores. Y eso te va a hacer aprender para el futuro.

Ella me contó que había descubierto desde muy pequeña que su género era fluido y eso le había permitido mantener relaciones abiertas. Pero que sus parejas no siempre habían entendido ni sus decisiones ni su sentido de lo que era una relación.

Después me reconoció que se lo pasaba muy bien conmigo tanto cuando habíamos tenido sexo como en nuestras charlas. Veía en mí a un gran amigo y se alegraba de haber coincidido conmigo y de haber descubierto no sólo a alguien con quien practicar sexo sino a un alma gemela. A mí me pareció exagerada su descripción de nuestra relación pero no la iba a contradecir.

Me pidió que me tumbara boca abajo para acariciarme la espalda pues le gustaba mucho tocar, acariciar, como ya me había demostrado. Yo dócilmente obedecí pues me encantaban sus caricias. Me sorprendió dándome un catecito en las nalgas antes de sentarse sobre ellas con una risita tonta. Cuando volví la cara para ver qué hacía me respondió:

-Me gusta tu culo, jiji…

Seguimos un rato más charlando mientras ella me masajeaba la espalada y los brazos y volvió a sorprenderme tendiéndose a todo lo largo con su pubis a la altura de mis nalgas y sus piernas montadas sobre las mías pegando su pecho a su espalda donde podía sentir sus pezones puntiagudos.

Nos quedamos en silencio mientras ella intentaba acompasar su respiración y sus latidos a los míos. Como pesaba muy poco no me molestaba. Y pude comprobar que yo mismo me relajaba. Estuvimos así al menos 15 minutos hasta que se levantó diciendo que estaba a punto de dormirse. Le propuse tomar una cerveza de las que tenía guardadas en la claraboya de la buhardilla. Allí no estaban tan frías como en la nevera pero sí más a mano. Yo me volví a sentar con la espalda apoyada en la pared mientras que Alice Li se sentó a la altura de mis piernas.

Brindamos mientras yo el explicaba de qué forma tan diferente solíamos beber en España. Y es que la danesa se bebió su lata en apenas tres sorbos mientras que yo con la charla y sorbos cortos apenas había apurado la mitad. Alice entonces se tumbó utilizando mis muslos como almohada pero como estaba un poco al filo de la cama flexioné la pierna exterior pasándola por encima de su cuerpecillo para que se apoyara en la interior. Así me acariciaba la pierna flexionada mientras seguíamos charlando.

La cuestión es que con esa postura cada vez que se giraba para mirarme se encontraba con mis pelotas y mi churra delante. Pero no parecía incomodarle aunque yo si tuve una leve reacción pues se me hinchó ligeramente la polla poniéndose tontorrona, en ese punto donde amenaza con empalmarse.

No sé si se percató. Pero sin esperármelo alargó el cuello para besarme la churra.

-Te aviso que eso tiene su peligro…-advertí.

Y tras sonreírme alargó ahora su mano para sujetar mi nabo para poder acercarlo a su boca, donde lo introdujo notando como crecía mientras me observaba fijamente.

-Eres increíble- dije mientras sentía mi polla endurecerse en el calor de su boca.

-No sé- respondió con un sonrisa desprendiéndose d esu chupachup- ha sido un impulso.

-Pero no podemos follar.

-No importa. Me ha entrado hambre- respondió agarrando mi polla para hundir su cara contra mis pelotas.

Me dio un escalofrío pero a la vez me alegré de pensar que no tendría polvo pero sí mamada. Aunque fue rara. No era la primera vez que mantenía una conversación con una chica mientras me la comía pero no de esta manera. Alice Li daban profundas chupadas tragándose todo lo que la postura le permitía o se introducía uno de mis huevos en la boca haciendo interrupciones para contarme un viaje o una anécdota mientras me pajeaba suave extendiendo sus babas. Y ya me tenía tan caliente que yo buscaba más acción.

Pero ya me conocéis tengo que tener muy clara la aceptación de la chica para dar ciertos pasos y no me atrevía ni a acariciarle la cabeza cuando tragaba. Así que me limité a reconocerle como me sentía:

-Uffff, Alice, me tienes muy caliente…

Me devolvió una sonrisa y una chupada larga mirándome a los ojos. Pero ya no aguanté más me levanté dejando que la chica resbalara quedando tendida en la cama. Me observaba divertida esperando mi siguiente paso sabiendo que no podía quitarle las bragas. Entonces me puse de rodillas en la cama y viendo que no iba a poder penetrarle le follaría la boca.

Pasé mi pierna por encima de su torso y me apoyé en la pared con las manos para que mi polla cayera sobre su cara. Alice no cambiaba su sonrisa y me preguntó:

-¿Quieres mandar tú?

-¿Te parece bien?- pregunté pensando que le molestaba.

-Yo te he provocado…-respondió tomando mi nabo para llevárselo a la boca y chupar mi glande como un caramelo.

Tenía vía libre y la aproveché. Me incliné hacia adelante para poder mover mi pelvis y que mi churra le llenara la boca y la garganta. Su respuesta fue regalarme un gemido y apoyar sus manos en mi abdomen. Sus ojos no dejaban de mirarme y yo apoyaba la cabeza en la pared para no perder detalle.

Estuve follándole la boca con penetraciones profundas un rato mientras la oriental me respondía con largos “mmmmmmmm”. Hasta que sus manos se fueron a mis nalgas y mis pelotas rodeando mis muslos. Entonces gemí yo. Saqué la polla de su boca mientras me sonreía de nuevo. La danesa me masturbaba suave a la vez que acariciaba mi culo.

-¿Cómo vas?- me preguntó.

-Me falta un poco. ¿Cansada?

Negó con la cabeza mientras noté que colaba un dedo entre mis nalgas. ¿A dónde iba? Pues donde me temía pues estaba jugando con mi ano.

-Alice…yo no…

-Shhhhh- me mandó callas mientras acercaba ese dedo a su boca y lo ensalivaba.

-En serio…

-Relájate, Luis…

Volvió a jugar con su dedo ensalivado en mi ano haciendo circulitos y una ligera presión.

-De verdad, Alice, yo no…

Ya era tarde. Su dedo se había abierto paso entre mis esfínteres y colado ligeramente haciéndome dar un respingo. Era una extraña sensación de invasión. Pero antes de poder protestar la danesa había levantado la cabeza para engullirse mi polla casi entera mientras seguía presionando con su dedo.

No era la primera chica que jugaba con mi ano pero sí la primera que me penetraba realmente. Sentí de golpe que perdía fuerza siendo incapaz de controlar el ritmo de la follada y que era la chica la que me sorbía literalmente mientras presionaba con su dedo ya dentro de mi ano. Empecé a resoplar y a sentir que me iba a correr inminentemente.

-Para, para…uffff…que me corro, Alice, por favor, para….

Pero ella chupaba con más intensidad presionando con su dedo hasta que llegó lo inevitable y le llené la garganta con mi semen mientras ahora sí, Alice Li cerraba los ojos sin dejar de chupar tragándose mi corrida. Casi me hace daño sorbiendo cuando ya había vaciado mis huevos sin sacar su dedo de mi culo.

Me retiré algo contrariado. La sensación previa a la corrida había sido espectacularmente sensible. Pero el haberme corrido con un dedo clavado en mi culo me provocaba cierta desazón que me recordó el episodio de la mamada de Dani. La chica debió notarlo pues me dijo incorporándose:

-Luis, libérate de tus prejuicios. Si lo has disfrutado no puede ser malo para ti…

-Perdona, es que me he quedado cortado…

-Ufff, tengo que ir a mi dormitorio a cambiarme tengo el támpax a reventar de flujo, yo también me lo he pasado bien…

Se levantó de la cama y se vistió apresuradamente despidiéndose de mí con un beso con sabor a semen o polla, pues no sabría decir. La vi el viernes antes de irse a Dinamarca para pasar las vacaciones y desearnos que todo fuera bien.

Porque el viernes la residencia se fue vaciando. Aunque tuve tiempo de despedirme de aquellos que iba viendo y de otras a las que busqué: Mireia, Alice Li y Amelie, y por supuesto Astrid. Aunque su despedida fue algo más fría de lo que me esperaba, algo que achaqué el carácter nórdico. Yo no lo sabía entonces pero al llegar a mi ciudad tendría más de una sorpresa y no era precisamente la Semana Santa.

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