ALMUTAMID

Conseguí un disfraz del Zorro con una capa negra, un sombrero de ala ancha de plástico, un antifaz y un florete en una tienda. Me afeité la barba de tres días dejándome el bigote. Me vi muy raro. Era la primera vez que me veía con bigote, con cierto aire de fotografía antigua. Cuando le pregunté a Astrid si tenía planes o se apuntaba a venirse conmigo al centro me dijo que estaba muy guapo con el bigote. Que me sentaba bien.

Pero ella ya tenía otros planes. Salí solo, disfrazado, de la residencia y me dirigí al lugar donde había quedado con Guido, las dos alemanas, Santiago, dos chicas de la facultad con las que no tenía trato, y más tarde se nos unió Heike. Saludé a Heidi preguntándole como estaba pero me contestó secamente que bien. Ya hablaría con ella. Al final yo era el único disfrazado pues el resto sólo llevaban máscaras o antifaces.

Los carnavales del norte de Europa tienen similitudes y diferencias con los españoles. De hecho lo que iba a hacer era algo muy similar a lo que ya había hecho en la ciudad donde había iniciado mis estudios universitarios. Mucha gente disfrazada de fiesta. La particularidad de este carnaval era un desfile con algunas carrozas en las que había figurantes casi siempre con algún tipo de crítica social y pequeñas bandas de música tocando melodías conocidas.

Me llamó la atención el colorido de los disfraces aunque evidentemente muy alejado por razones climáticas y de carácter del modelo tropical de Canarias. Y por supuesto la crítica se hacía mediante disfraces y carteles pero no a través de las letrillas compuestas al ritmo de la actualidad con que provocan la hilaridad o la emoción en nuestros carnavales meridionales cuyo emblema es la ciudad de Cádiz, que se enorgullece de ser la más antigua de occidente y ser cuna e inicio de las revoluciones liberales en España. Ese espíritu de libertad y el desparpajo andaluz hacen del gaditano un carnaval único e inigualable.

Pero yo estaba en Lieja viendo a gente desfilar con chaquetas de colores y máscaras portando carteles entre sonido de trompetas y saxofones. Tras el desfile nos imbuimos en el ambiente de calle muy festivo y en las cervecerías del centro abarrotadas. Al no ir sólo con máscara o antifaz la gente se acercaba a saludarme, muchos desconocidos, pero cuando me preguntaban por mi nombre yo siempre respondía con mi evidente acento español que era D. Diego de la Vega y hacía una reverencia ejerciendo el papel de mi tipo.

No conseguí hablar con Heidi en toda la noche aunque sí bailé varias veces con Heike que se mostraba con su naturalidad habitual risueña y divertida. Nos hicimos incluso fotos juntos, aunque a qué amigo mío le iba a contar que me había follado varias veces a semejante hembra. Tampoco quería que en mi ciudad todo el mundo supiera el festín de sexo que me estaba dando.

Bastante tarde regresé a la residencia algo borrachuzo al pasar por el descansillo que separaba la puerta del dormitorio de Astrid del mío tuve la tentación de llamar pero descarté la idea pensando que pudiera estar dormida o acompañada y me fui al dormitorio a desnudarme y acostarme.

La resaca de una resaca suele ser peor. El domingo me levanté con un dolor de cabeza que el nublado permanente acentuaba. Tras comer algo me quedé metido en la cama en calzoncillos media tarde sin hacer nada hasta que Astrid vino a buscarme para ver si salíamos a correr. Me vio la mala cara y al final se quedó a charlar conmigo contándonos la noche de fiesta. Ella también había estado en el centro con otros estudiantes suecos pero se había vuelto pronto. Durante la charla me preguntó qué iba a hacer con el bigote. Le respondí que afeitármelo. Pero ella me dijo que me lo dejara. ¿Me quería indicar que le preocupaba mi imagen? ¿Estaba tonteando conmigo? ¿O sólo era una apreciación estética?

Al final con la charla empecé a animarme y decidí salir a que me diera el aire. Salí de la cama en calzoncillos y me vestí para salir a correr un rato mientras Astrid esperaba sentada en la cama. En 5 minutos ya corríamos hacia el parque mientras atardecía en la ciudad. Lo curioso es que estuve gran parte del tiempo pensando en qué hacer con mi bigote. ¿Me lo dejaba para contentar a Astrid o marcaba mi personalidad recuperando mi imagen afeitada aunque en realidad iba casi siempre con el rostro ensombrecido por la larga periodicidad de mis afeitados?

En realidad hacemos muchas tonterías por las mujeres y yo me dejé el bigote cuando me tocó afeitarme de nuevo a mediados de aquella semana. De hecho varias chicas me preguntaron por el cambio estético y a todas les preguntaba si me favorecía y me decían que sí, confirmándome a mí mismo que quizá la sueca tenía razón.

Pero el clima de esta parte del continente tiene cambios en ocasiones muy bruscos y tras varias semanas con temperaturas aceptables regresó el frío con nevadas. No tan intensas como las de un mes antes pero sí lo suficientemente molestas como para que yo decidiera no salir. Bueno, eso y que la celebración en mi dormitorio con comida española más la salida de carnaval habían hecho descender los números de mi cuenta lo suficiente como para tomarme un respiro en cuanto al gasto al menos hasta Semana Santa.

Comprar cerveza en un supermercado o tomarle en la cervecería en este país llegaba a variar hasta en 5 veces el precio de la bebida. Así que con la excusa de la nevada me quedé en la residencia sin planes. Y no fuimos muchos pues cuando bajé al salón a ver si había fiesta me encontré a pocas personas y las únicas conocidas fueron Amelie y Alice Li. Me acerqué a ellas que me invitaron a sentarme entre las dos.

No os niego que volver a estar sentado entre dos hembras me recordó el momento tan excitante vivido en mi dormitorio el fin de semana anterior. La cuestión es que me sorprendió que no salieran y Alice Li me respondió que ellas pensaban que con el tiempo frío de nuevo la residencia habría estado más animada. Al final tuvimos una charla agradable entre latas de cerveza y alguna insinuación lanzada por mi parte, pero con la boca pequeña pues realmente no me veía capaz de montarme otro trío si es que estas chicas realmente hubiesen estado dispuestas.

Tras un rato de charla con las chicas regresé a mi dormitorio y me metí en la cama. Aunque era viernes noche estuve charlando por mensajes con Alba. No había salido y estuvimos escribiéndonos un rato. Aunque ella insistió en saber si iba a ir en Semana Santa no se lo confirmé aún. Preferí darle una sorpresa. Hablar con ella siempre era agradable. Y me hizo meditar sobre lo que me estaba ocurriendo en Bélgica. Realmente me estaba hartando a follar y de fiesta. No parecía afectarme a los estudios y en principio no cambiaba mi plan. Pero ¿era realmente lo que yo quería?

Heike era una chica estupenda y me lo pasaba muy bien con ella. Pero en cuanto me volviera a mi ciudad me olvidaría de ella y seguramente ella de mí. Para Heidi sus remordimientos por nuestro trío no serían más que un mal recuerdo unos meses más tardes cuando ya no tuviera que cruzarse con ninguno de los otros dos protagonistas. Para Alice Li seguramente yo no era más que una línea más de la lista de tíos con los que se lo había pasado bien. Anika no parecía acordarse de lo ocurrido en el callejón y no había vuelto a darme la vara. Todos eran episodios breves que desde luego no marcarían sus biografías y seguramente tampoco la mía.

La única que me daba más que pensar era Astrid. Pero empezaba a convencerme que mi empeño en querer follármela como a una más acabaría estropeando la bonita amistad que teníamos hasta entonces y que quizá no tendría que forzar las cosas. Aunque también era mi única china en el zapato hasta entonces, porque era la única con la que yo de verdad voluntariamente había sentido la necesidad de intimar más mientras que con las demás era simplemente algo que había surgido o eran ellas directamente las interesadas y yo el beneficiario.

Mientras estaba sumido en estas reflexiones llamaron a mi puerta. Supuse que sería Astrid que no era la primera vez que me pillaba en calzoncillos en la cama y dije que pasara mientras encendía la luz sentándome en la cama. Era Alice Li. Me sorprendió.

-¿Ya estabas acostado?
-Sí, pero despierto.
-¿Me haces hueco?

Me sorprendió que viniera directamente a meterse en la cama pero me pegué a la pared dejando espacio. La danesa se quitó los pantalones y se sentó a mi lado con su camiseta ajustada marcando pezones y unas braguitas negras. Nos tapamos las piernas quedando ambos sentados con la espalda apoyada en la pared.

-¿Y esta visita?
-Amelie me ha dejado algo abandonada.
-¿Y eso?
-Está colada por Georges y cada vez que la busca se va con él.
-Vaya – respondí sorprendido.
-Es tonta. No se qué espera de ese tío.
-Bueno parece buena persona…-lo justifiqué.
-Es un idiota engreido que se aprovecha de románticas como Amelie.
-¿Tú se lo has dicho así?
-Claro. Pero dice que tengo celos.
-Pero si no te gusta él…

Alice Li puso cara de obviedad.

-Ahn- respondí comprendiendo- celos de ella…pero…¿vosotras?
-Sólo somos amigas pero es una amistad muy íntima…
-Entonces tú eres bisexual…

La oriental puso los ojos en blanco.

-¿Qué necesidad de clasificarse? Luis, el género es fluido. Es una asignación de roles pero no es algo real.
-El sexo sí.
-Pero tener funciones reproductivas diferentes no significa que no te puedas expresar libremente con cualquier persona.
-Pues yo no sé…-respondí negando al recordar un episodio de mi vida.
-La heterosexualidad es un prejuicio hacia lo desconocido. Las personas pueden expresarse libremente sin limitarse por su físico.-me explicaba.
-Pues mi físico se adapta mejor al tuyo que no haciendo peleas de espaditas…

La carcajada de mi compañera debió resonar en todo el edificio. No niego ciertos prejuicios pero mi experiencia con Dani no había sido cómoda y ya me era suficiente para entenderme heterosexual. Si a ella le daba igual una polla que un chocho era libre de hacerlo. Pero a mí no iba a convencerme de lo contrario.

-Bueno…-le dije retomando el tema que habíamos iniciado- la cuestión es que no te gusta su actitud con Georges y ella no te entiende. ¿Por qué no tratas de explicárselo de otro modo? A lo mejor si separáis vuestra relación del hecho en sí de que crees que Georges se aprovecha de ella podrían entenderlo mejor.
-Lo sé. En realidad sólo necesitaba expresarlo delante de otra persona para confirmarlo.
-Me alegro de haberte sido útil. Y de que confíes en mí.
-Lo sé, Luis. Eres un poco conservador, pero se te ve buena persona.
-No siempre…
-¿Te importa que me quede a pasar la noche contigo?
-Para nada. Es un placer dormir acompañado.

Me escurrí para tumbarme y poner la cabeza a la altura de la almohada mientras Alice Li se quitaba la camiseta desnudándose para acomodarse a mi lado. Pero me sorprendió que se echó en mi hombro buscando el contacto con mi piel. Me di cuenta de que no buscaba sexo sino simplemente un calor humano diferente. Algo que en sus encuentros sexuales no encontraba. Nos quedamos en silencio a oscuras esperando que Morfeo nos tomara en sus brazos con su cuerpecillo pegado a mi costado.

Fue agradable dormir acompañado aunque sin otras intenciones. De hecho al despertarnos por la mañana nos quedamos otro buen rato charlando sobre nuestras vidas mientras Alice Li me acariciaba el pecho como tanto me gusta con su pierna sobre las mías. Me sentía cómodo con ella y aunque no niego que se me pasó por la mente en algún momento proponerle sexo ninguno de los dos dio el paso. Cuando se vistió para volver a su dormitorio me preguntó que si me importaba que se viniera a dormir algún otro día conmigo y por supuesto la invité a que volviera cuando quisiera.

Qué extraña es la naturaleza humana. Yo, que los primeros días me sentí tan mal e inseguro en la residencia me estaba convirtiendo en el apoyo de alguien que en apariencia era todo seguridad. Estaba acostumbrado a ser todo lo contrario y no me importaba ejercer esa función. Quizá el estar solos, lejos de nuestras familias y amigos en vez de hacernos vulnerables puede llegar a hacernos más fuertes. Pues muchos d ellos problemas que yo arrastraba al llegar a la residencia ya eran historia.

Veía muy lejos mis problemas con Ángela y casi ni me acordaba de Marta. En el mes y medio que llevaba fuera había hablado con Mamen un par de veces, Ángela otro par y con Sol. Nadie más se había acordado de mí. Por el otro lado sí había tenido conversaciones con Pablo y Viqui, pero con diferencia era Alba con quien más había hablado. Prácticamente todas las semanas. Desde luego el Luis que iba a volver a su ciudad no era el que se había ido casi tres años antes, pero tampoco el que había huido de la residencia. Pero también era consciente de que el sexo sin amor también cansa. Como experiencia es relajante. Te hace sentirte bien contigo mismo y ganar seguridad. Pero no te da estabilidad y en ocasiones después te deja una sensación de vacío difícil de tapar.

La siguiente semana entré en una rutina que me recordó a mis tiempos en la primera residencia. Clases por la mañana, por la tarde estudio para unos exámenes intermedios o elaboración de trabajos, y después a salir a correr con Astrid o hacer ejercicios en la habitación dependiendo del clima exterior. Faltaban dos semanas para volver por Semana Santa a casa y quería dejarlo todo atado.

Otros compañeros míos aprovecharon que el clima empezaba a templarse y las tardes alargaban para salir de fiesta, pero yo preferí concentrarme en los estudios pues tenía un plan que cumplir y que no había abandonado.

Una tarde estaba agobiado con uno de esos exámenes y cuando Astrid vino a buscarme dije que no podía salir. No me insistió mucho. Una hora más tarde regresó y me encontró de la misma forma.

-Estás fatal, Luis, tendrías que haberte venido. Te habría venido bien para relajarte.
-No puedo perder tanto tiempo- me excusé.

La sueca apoyó sus manos en mis hombros y añadió:

-Pero si estás cargadísimo. ¿Has hecho ejercicio?
-Que va. Serán los nervios.

Con sus dedos empezó a masajearme los hombros provocándome un escalofrío.

-Tienes los hombros fatal.- decía pasando sus dedos por mis manos mientras a mí se me escapaba un “ufff”.- Ven- continuó diciendo apartando sus dedos de mis doloridos músculos- quítate la camiseta y túmbate en la cama, al menos intentaremos soltar esos músculos.

¿Quién se habría negado a semejante oferta? Algunos de mis mejores momentos con las chicas habían empezado con un masaje aunque algunos fuesen de mal recuerdo como los de María. Obedecí haciéndome el remolón aunque no iba a negar que estaba deseando que Astrid me diera un masaje relajante, pero quizá de otro tipo.

Me tumbé boca abajo en la cama y Astrid retomó el masaje en mis hombros intentando que mis músculos se destensaran. Después continuó por mi espalda apretando algún pequeño nudo. Yo estaba en la gloria. El problema es que me estaba relajando tanto que algo empezó a apretarse contra el colchón alegrándose. De hecho estaba tan concentrado que cuando mi amiga me dijo que ya estaba y me diera la vuelta caí en la cuenta de que se iba a notar un bulto sospechoso en mi entrepierna.

-¿Te has dormido?- preguntó divertida comprobando que yo no cambiaba de postura.
-No, no. Es que estaba muy bien.-me justifiqué.
-Venga, levántate, jajajaja. Ahora una ducha y verás que te vas a sentir mucho mejor.- me animó dándome un cachete en el culo mientras que ella se levantaba de la cama.

¿Qué hacía? ¿Dejaba que viera que me había excitado con su masaje? ¿O le decía que se fuera para no pasar el mal trago? ¿Pero qué excusa iba a poner? Astrid no es tonta. Se lo iba a figurar. De perdidos al río…me levanté poco a poco sentándome en la cama intentando disimular que había algo dentro de mis calzonas que las empujaba hacia arriba.

Pero su mirada se paseó por esa zona y me pareció ver una sonrisa divertida marcarse en su rostro por un instante.

-Déjame que me estire un poco- me excusé extendiendo mis brazos- Ve yendo tú que ahora voy yo.

No insistió más saliendo por la puerta. Casi me hago una paja allí mismo, pero en realidad lo que quería era que se me bajara la erección lo antes posible. Aún estaba de pie con cara de tonto marcando bulto en las calzonas cuando Astrid volvió a abrir la puerta sin llamar.

-Vamos, que te vendrá bien…

Evidentemente su cara de sorna y su mirada directa a mi paquete evidenciaron que estaba comprobando si mi erección era real. Abochornado cogí el albornoz, me desnudé y me cubrí con él como mejor forma de disimular en el trayecto a las duchas. Afortunadamente el agua tibia permitió que mi churra se relajara pero no consiguió que mi mente lo hiciera. ¿Estaba tonteando descaradamente? ¿Me estaba provocando? A lo mejor era yo que empujado por mi deseo hacia ella interpretaba sus gestos desde el lado sexual cuando a lo mejor para ella todo era una forma de demostrar su confianza con un amigo.

Pero no. Mis amigas no se dedican a ponerme la polla dura y alegrarse de ello. No sé como serán las cosas en Suecia pero desde luego la actitud de Sol ante mi erección había sido muy diferente. No. No era una respuesta.

Llevado por un impulso impropio en mí me planté en su dormitorio aun mojado de la ducha con el albornoz secándome. Llamé a la puerta pero no esperé que respondiera y abrí directamente. Estaba de espaldas y acababa de ponerse unas braguitas tras regresar de la ducha. Se volvió hacia mí sin pudor y me preguntó:

-¿Qué te pasa?

Yo me puse frente a ella muy cerca de su cuerpo casi desnudo y tras tragar saliva, pues de golpe me entró la duda de si iba a meter la pata con mi mejor amiga en la residencia, respondí:

-Pues que en vez de relajarme me has puesto más tenso…

Y no era falsa mi respuesta pues mi erección había regresado. La sueca se sonrió. Le había hecho gracia mi comentario o mi forma de expresarlo. Pero lo que más me sorprendió es que tiró del cinto de mi albornoz dejando que se abriera y mi churra tiesa saltara hacia fuera.

-Pobrecito…sí que estás fatal…-respondió mirándome la polla.
-¿Tú crees que tendrá solución?- pregunté siguiéndole la corriente.
-Veremos que se puede hacer…-fue la respuesta que estaba esperando.

Adelanté mis brazos para rodearla con ellos mientras que mis labios buscaron los suyos acoplándose para reconocerse, saborearse. Sentí su cuerpo pegarse al mío. ¿Sentí?

De golpe tomé conciencia de que todo había sido una fantasía. Yo seguía en la ducha y me la estaba cascando mientras soñaba con Astrid. El masaje había sido real. Sus miradas divertidas a mi bulto también. Pero nada más.

Avergonzado fui incapaz de terminarme la paja temeroso de que alguien se percatara de lo que estaba haciendo. Ya en la habitación me vestí apresuradamente pero cuando bajaba a buscar algo de cenar me le encontré. Cenamos juntos aunque yo estaba algo taciturno. Ella se dio cuenta por ciertas miradas pero no me dijo nada.

Nos despedimos hasta el día siguiente mientras que yo intentaba darle cierta normalidad a mi relación con la sueca: éramos amigos y no íbamos a follar. Concentrado en mis pensamientos llamaron a la puerta. Pensé que sería ella pero cuando comprobé que asomaba Alice Li me relajé.

-¿Puedo acompañarte?- me preguntó la oriental azorada.
-Claro- respondí haciéndole sitio en la cama- ¿otra vez Amelie se ha ido con Georges?

Asintió quitándose la camiseta para meterse en braguitas bajo mi nórdico conmigo.

-Deberías hablarlo con ella pero abriendo tu corazón para que no parezca una reprimenda o envidia.-añadí.
-Lo sé, pero me faltan ganas…

No supe que más decirle y nos tumbamos con ella echada en mi hombro acariciando mi pecho. Me agradaba su calor y su caricia pero tras unos minutos en silencio la danesa habló:

-Estás tenso. Te lo noto en la respiración. ¿Te pasa algo?

No le iba a decir que no sabía qué hacer para follarme a la persona que estaba detrás del tabique así que me limité a responder:

-Tengo exámenes intermedios y eso me genera cierta ansiedad.

Apoyó su mano en el hueco entre mis costillas y el vientre y comentó:

-Tienes el diafragma tenso. Conozco una técnica para relajarlo y verás como hace que te sientas mejor. Ven…

Alice Li se incorporó poniendo su espalda totalmente pegada a la pared sentada sobre mi almohada. Me hizo colocarme entre sus piernas de modo que mi espalda quedaba pegada a su torso desnudo y mi cabeza se apoyaba sobre su hombro. Después me hizo flexionar las piernas. Una vez colocados buscó con sus dos manos mis costados contando costillas y haciendo una ligera presión con sus dedos para repetir la misma operación en mi abdomen con sendas manos después.

Sentía la presión de sus dedos con cierta incomodidad al principio pero según insistía en sus movimientos notaba como mi respiración se iba calmando. Entonces me pidió que respirara con largas inspiraciones y exhalaciones. Realmente me estaba relajando.

Todo iba bien hasta que la puerta se abrió de golpe. Astrid asomó diciendo:

-Luis, sólo quería decirte….

No terminó la frase al ver la escena de ambos cuerpos casi desnudos y el masaje que me daba la oriental. Yo me quedé sin palabras y Alice Li se limitó a saludar sin levantar las manos de mi cuerpo.

-…perdón, no sabía que estabas acompañado- se disculpó la sueca- Hola Alice.
-Hola Astrid- se saludaron las chicas- Estaba ayudando a Luis a relajarse.

Por fin reaccioné:

-¿Qué querías decirme?
-Nada importante. Pensé que estabas solo pero mañana hablamos. Que descanséis. Chao. – se despidió Astrid dándome cuenta entonces de que venía sólo con una camiseta y sus braguitas.

¿Estás bien Luis?- me pregunto Alice Li- Te late el corazón con mucha fuerza.
-No, nada. No me esperaba que entrara nadie.-mentí.
-¿Te gusta Astrid?
-No es eso. Somos amigos. Nada más. No me esperaba que entrara así.
-¿Por qué no hablas con ella? Yo te espero.

Me levanté de la cama y me fui en calzoncillos como estaba a buscar a Astrid. Llamé a su puerta y me dejó pasar. Ya estaba acostada pero se incorporó en la cama. Llevaba la misma camiseta por lo que supuse que se había levantado de la cama para ir a buscarme.

-¿Qué pasa Luis?
-Me has dejado preocupado. ¿Qué ibas a decirme?
-Nada importante. Simplemente te vi agobiado esta tarde y estabas muy callado en la cena y quise saber qué te pasaba, pero te he visto acompañado y no pegaba.- se explicó.
-Pero Alice Li y yo no tenemos nada. Bueno, hemos tenido no te voy a engañar, pero se viene a mi dormitorio a contarme sus cosas…
-Luis, no tienes que darme explicaciones. Ha sido mala idea por mi parte entrar sin esperar tu respuesta. Corre no dejes sola a tu amiga.
-¿Todo bien?
-Muy bien. Eras tú el que me preocupaba…
-Vale. Pues mañana te veo ¿sí?
-Claro. Buenas noches.
-Buenas noches.

Regresé al dormitorio y le expliqué a Alice Li que no era nada importante aunque yo sospechaba que Astrid venía a otra cosa, pero con ella nunca se sabe. Me pinchaba y se escabullía por igual alimentando mi deseo pero cortándolo también. Así era imposible acabar con mi obsesión. Pero nunca había venido a mi dormitorio en bragas. Y esa era una novedad importante en mis elucubraciones.

Me acosté pero la danesa me seguía notando tenso por lo que me propuso terminar el masaje que había iniciado. Retomamos la postura pero esa vez mientas pasaba sus manos por su cuerpo me iba explicando:

-El cerebro es el centro del pensamiento. Aquí vive lo racional- contaba mientras con sus dedos masajeaba mis sienes.- A través del cuello y la boca sus órdenes se extienden por el cuerpo vocalizando nuestros pensamientos- continuó masajeando mi mentón y mi cuello.

Sus manos fueron descendiendo por mi torso mientras explicaba:

-Según nos alejamos del cerebro pasamos de lo racional a lo necesario, y de allí a los deseos. Pulmones y diafragma señalan la necesidad de tomar aire, respirar, oxigenar nuestras células…- decía presionando mi músculo respiratorio como había hecho unos instantes antes.

Tras hacerlo una de sus manos buscó mi estómago y la otra el corazón entre mis costillas.

-…el estómago es el órgano que nos alimenta, junto con los pulmones cubren nuestras necesidades y permiten que el corazón lata. El corazón es el órgano de la fuerza. Se altera o se relaja según necesite bombear más oxígeno y nutrientes a nuestras células pero también es el que más sufre por nuestras pasiones alterándose como te acaba de ocurrir a ti…

Realmente estaba consiguiendo relajarme con su voz susurrante en mi oído y sus caricias en mi cuerpo. Tanto que cuando una de sus manos se coló en mi calzoncillo agarrando mis pelotas con suavidad deslizándose y rodeando con sus dedos la redondez de mis testículos no di un respingo como en otras ocasiones mientras su voz en mi oído seguía explicando:

…pero los genitales son el centro de los deseos. Generalmente nos confunden pues van más unidos al estómago y al corazón que al cerebro, del que están tan alejados que en ocasiones desoyen sus razonamientos. Para equilibrar nuestras vidas el deseo debe estar sometido al cerebro. Si no es así se produce una pérdida de energía que termina afectando a los demás órganos, sobre todo al corazón.

No recuerdo si llegué a gemir mientras una mano de la danesa acariciaba mis pelotas y otra mi pecho pero en ese momento estaba entregado a su masaje intentando olvidar todo lo ocurrido con Astrid. Ante mi entrega la chica continuó diciendo:

-Para relajar el cerebro tenemos que aprender a controlar nuestra genitalidad. Usarla cuando hay equilibrio. Pero también podemos hacer el camino inverso. Destensar nuestra cuerpo desde el lugar más lejano al cerebro para llegar hasta nuestro centro de decisiones liberando toda la tensión.

Ahora sus dedos habían atrapado mi churra sorprendentemente relajada a pesar de ser acariciada y jugaban con mi glande provocándome una respiración aún más profunda que allí animó:

-Así, Luis. Llena y vacía tus pulmones…deja que se vaya la tensión…

Cerré los ojos abandonándome a las manos de Alice Li. Con unos movimientos muy similares a los que recordaba que Mónica me había hecho en aquella paja en el parque la chica excitó mi nabo endureciéndolo y con unos pocos movimientos de sus dedos y caricias de su mano libre por mi abdomen hizo que me corriera dentro del calzoncillo entre fuertes inspiraciones de aire pero sin contraer ni flexionar mis músculos. Sólo dejándome ir.

Supongo que la paja inacabada de la ducha tuvo que ver en que mi escasa duración pero desde luego mucho más el abandono en que mi mente estaba respecto a mi cuerpo en ese momento y la habilidad de mi amiga con sus manos y su voz susurrante que mientras se vaciaban mis huevos sin que sus dedos dejaran de estimular mie genitales me repetía:

-Así, así…deja que salga todo…tus miedos, tu ansiedad…tu deseo…

Me quedé extasiado con la noción del tiempo perdida mientras había dejado de pensar en todo y sólo estaba atento a las sensaciones de mi cuerpo con mi polla perdiendo tamaño sin dejar de ser acariciada, mi corazón con latidos cada vez más espaciados, pom, pom, pom…y mis respiraciones profundas cada vez más breves intentando recuperar la normalidad.

Al fin la voz junto a mi oído me preguntó:

-¿Qué tal te sientes?

Abrí los ojos recobrando la noción de tiempo y espacio y observé el techo, la pared de enfrente, la buhardilla y la mano de Alice Li saliendo de mis calzoncillos totalmente pringada con mi semen.

-Mucho mejor. Contesté. Ha sido raro.
-Pero te sientes mejor. Tus músculos ya no están tensos y por un momento has sido capaz de vaciar tu mente.

Me incorporé en la cama notando la humedad dentro de mi calzoncillo y me levanté ofreciéndole a la oriental una toallita para que se limpiara la mano. Yo saqué un calzoncillo limpio del armario y me quité el sucio limpiándome con él los restos de semen sin pudor alguno mientras la chica me observaba. Después me puse el limpio y regresé a la cama.

Por algún motivo le agradecí el ¿masaje? con un abrazo. Y nos acostamos tras yo apagar la luz. Pero no sabía si ella también quería un masaje o algo parecido así que le pregunté:

-¿Estás bien? ¿Cómoda? ¿Necesitas algo?
-Jajajaja. -rio ante mi torpeza para poder expresar lo que realmente quería decirle- No interpretes lo que acabamos de hacer como sexo. Sólo era un ejercicio de liberación de energía.
-Vale…gracias otra vez- respondí ofreciéndole mi brazo para que se echara en mi hombro.

La chica se acomodó como otras veces y tras darnos las buenas noches nos quedamos dormidos. Admito que descansé muy bien. Aunque por la mañana mientras me vestía para irme a clase tuve que hacer de nuevo un recuento de la situación. Y desde luego marqué prioridades:

1º) Los estudios.
2º) Esperar acontecimientos y no meter la pata con Astrid, aunque no sabía si todo lo ocurrido la tarde anterior no había sido ya una metedura de pata. Especialmente pillarme con Alice Li en posición tan comprometida.
3º) Faltaban apenas dos semanas para volver a casa y cuando estuviera allí vería las cosas de otra manera.

Pero tenía alguna cosilla más pendiente que no quería dejar pasar. Una de ellas era hablar con Heidi. No quería quedar delante de ella mal.

No sé si esas reflexiones habían sido fruto del ejercicio de relajación de la noche anterior, pero aquel día a pesar de tener que estudiar e incluso verme con Astrid varias veces, afronté todo de forma menos tensa, más racional y sin ansiedad. La chica me había vaciado los huevos y la mente de malos pensamientos. Aunque riéndome conmigo mismo al ducharme por la noche tras regresar de correr con Astrid me dije a mí mismo que una mamada habría estado mucho mejor y quizá el resultado habría sido el mismo…

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