PENÉLOPE

En aquel momento yo era una voluptuosa adolescente muy bien dotada, llamativa, grandes tetas, buen culo, sobresalía del resto de mis amigas por mi físico privilegiado.

A pesar de eso, desde jovencita me angustiaba mi tendencia al sobrepeso, estaba siempre al límite y por ese motivo, iba a diario a un gimnasio de la zona, sabía que invertía a futuro, para conservarme en el día de mañana, siempre fui muy coqueta y me enamoré de mi figura. Me encantaba el gimnasio, pasaba horas haciendo de todo un poco y en esos días no era tan popular como lo es en estos días.

Fue cuando la vida me cruzó con Ezequiel, uno de los tantos chicos que andaban por ahí, yo ya había puesto el ojo en él desde hacía algún tiempo, tenía un buen porte, una sexi estampa varonil, en esos días llevaba el cabello largo y unas llamativas patillas, Eze era asiduo estudiante de artes marciales, taekwondo en especial y mientras yo levantaba kilos a un lado, sus posturas orientales al otro extremo del lugar siempre me atraían.

El me llevaba varios años, había pasado los veinte, sin embargo, nos entendimos muy bien, él fue muy caballero en nuestra primera cita y me enamoré perdidamente de él.

Un embarazo no buscado nos sorprendió cuando aún no estaba preparada, él tampoco lo estaba, en esos días él estudiaba en forma paralela las carreras de contador y abogado, y ya estaba trabajando en una dependencia del gobierno y ganaba un buen dinero, lo suficiente para afrontar una familia, por mi parte, tuve que posponer mis deseos de estudiar filosofía, carrera que en ese momento parecía marcar mi futuro.

Pero la niña que crecía en mi bajo vientre nos llevó por otros caminos, las responsabilidades cambiaron, los tiempos cambiaron, y la vida había cambiado.

Ezequiel no podía con todo, dos carreras, empleo, y hogar, así que dejó los estudios, a punto de ser contador, a punto de ser abogado, terminó sin ser nada, pero él era un hombre hábil, supo rodearse de gente importante, tenía contactos y supo abrirse camino, en poco tiempo había pasado a dependencias de la aduana nacional con cargo de ejecutivo, tocando las raíces del poder político de turno.

Por mi lado, jamás volví a estudiar, volví a entrenar muy duro después del parto, a Ezequiel le encantaba mostrar a su hermosa esposa, y era tan adulador como celoso, enfermizamente celoso.

A mí no me molestaba, al contrario me gustaba, el sabía que tenía una esposa demasiado llamativa, pero yo era solo suya.

Las cosas mejoraban día a día, estaba en mi segundo embarazo cuando nos mudamos de nuestro apartamento a una hermosa casa, enorme, llegó nuestro coche último modelo, empezaron los viajes de placer, y en nuestro hogar entraba más dinero del que podíamos gastar, Lara nuestra pequeña empezaba sus estudios en uno de los colegios privados más caros del lugar y con la llegada de Ariel, nuestro bebé, decidimos no tener más niños.

Poco después, la vida volvería a sorprendernos, estaba embarazada otra vez, en esta oportunidad no lo habíamos buscado, pero Benjamín, ahora sí, sería nuestro tercer y último hijo.

El tiempo fue pasando, ya teníamos una casa de fin de semana, éramos socios del mejor club social de la ciudad, dos coches, empleada interna y todo parecía perfecto.

Ezequiel no me daba motivos de quejas, era muy buen esposo, muy bueno en la cama e hicimos locuras en las que fui cómplice, viajamos a Europa, Centro América, nos divertimos en playas nudistas y por qué no, alguna vez pagó a alguna prostituta de turno para improvisar algún trío con mi aprobación, no fueron muchas oportunidades, pero siempre chicas, porque mi marido no soportaba imaginar que otro me tocara.

Pero el castillo de cristal en el que vivía se rompió en un abrir y cerrar de ojos…

Buena parte del dinero que ganaba mi esposo era mal habido, cuentas turbias, negocios corruptos y él era solo un engranaje más en la compleja maquinaria putrefacta del gobierno, y yo no pude reprochar nada, honestamente era demasiado dinero y yo jamás pregunté de dónde venía, por más sospechoso que resultara preferí cerrar los ojos y disfrutar de la opulencia.

Ezequiel, en la cadena de poder, no era un pez lo suficientemente grande para poder soportar los embates de los medios y de la justicia, pero tampoco era tan pequeño para pagar los platos rotos.

Fue todo rápido, órdenes de arriba, había que desarmar toda la red de corrupción, buscaron algunos chivos expiatorios y a nosotros, como a tantos otros nos tocó desaparecer de la ciudad y empezar de nuevo, en otro sitio, donde nadie nos conociera.

Nos trasladamos más de ochocientos quilómetros, no tuvimos opción, los arreglos ya estaban hechos, una nueva y hermosa casa que ya había sido adquirida de ante mano, no tuve voz ni voto, solo entender y aceptar que la segunda opción era mucho peor que la que tenía frente a los ojos.

El tiempo había pasado, para nosotros, tuvimos que reducir gastos, ser más escuetos, reservados, con bajo nivel, no llamar la atención, Ezequiel siguió trabajando en una empresa del estado, pero en un puesto de simples papeleos, mis pequeños niños ya eran grandes, casualmente Ariel seguía sus estudios de contador, y el Benja empezaría su carrera de abogacía, Lara la mayor, no nos había acompañado, ella ya tenía su propio amor, su propio hogar, su propia vida y dejamos que siguiera su camino.

Pero las cosas ya no serían iguales, no fue fácil para mi bajar de mi castillo de princesa, con una vida austera, me pasaba horas y horas haciendo ejercicios, mi cuerpo de ‘femme fatale’ tal vez era lo único que me quedaba, pero ya no tenía a quien seducir, mi esposo parecía aburrirse de mí y a mí me pasaba algo parecido, hacer el amor treinta años con la misma persona era como hacer el amor con papel carbónico, una copia tras otra, todo predecible.

La casa era demasiado grande para mi sola, porque ellos tenían sus obligaciones, pero yo? yo no tenía nada que hacer que llenara mi tiempo.

Axel era uno de los tantos chicos de mi nuevo vecindario, un jovencito de clase media, pobretón, que en mi antigua vida solo le hubiera dado las llaves del coche para que lo aparcara en algún estacionamiento, era alto, cerca del metro noventa, de cabellos entre rubios y castaños y ojos color miel, su cuerpo se veía muy musculoso y con grandes tatuajes muy propios de su edad, fue uno de los primeros en entablar relación con mis hijos puesto que tenía más o menos la misma edad que ellos, él era único hijo y ayudaba a sus padres en la economía diaria haciendo pequeñas reparaciones hogareñas.

Había un tema no menor que para mí no pasaba desapercibido, mi dormitorio matrimonial tenía un amplio ventanal tipo puerta corrediza que daba al patio trasero, un patio enorme de verde césped. Al otro lado del tapial, se levantaba la casa donde Axel vivía con sus padres, era pequeña, edificada en dos plantas y sabía que su dormitorio en segundo piso, daba directamente a nuestro patio.

Desde mi cuarto, podía ver nítidamente lo que sucedía en el suyo, era raro, pero su silueta se dibujaba una y otra vez tras la ventana y asumí que, si yo podía ver, él podía ver y esa situación podía ser peligrosa para una mujer que intentaba sin éxito reinventar su vida.

Tenía un roce a diario con ese chico, ya sea porque estaba con mis hijos, o porque lo cruzara en la calle. Realmente ese joven se me hacía muy atractivo a mis ojos y sentía que él también me miraba con deseo, a pesar de nuestra diferencia de edad, a pesar que yo era una mujer seria y respetada, pero solo sentir sus ojos miel me erizaba la piel.

Era un juego de seducción entre un joven que no sabía cómo entrarme y una mujer que jamás había sido infiel a su esposo

Por toda la relación de vecinos, amistad con mis hijos, tareas de mantenimiento, a nadie le llamó la atención que cambiáramos en algún momento nuestros números de WhatsApp, mi propio marido lo había sugerido, pero claro, venía en un combo con varios números de algunos otros vecinos más.

Una noche, después de cenar nos habíamos ido a la cama, Ezequiel leía un libro a media luz, por mi lado solo jugaba con mi teléfono, de reojo miré hacia afuera, aun no habíamos cerrado las cortinas y las ventanas corredizas estaban abiertas dejando entrar el frescor del exterior, en la oscuridad de la noche la tenue luz de la habitación de mi vecino me hacía imaginar que estaría haciendo

Me animé a escribirle, como una adolescente le pregunté por unos electrodomésticos que tenía por reparar, cualquier  excusa para entablar un diálogo, él respondió en seguida, y solo dio pie para chatear por WhatsApp, y una cosa llevó a otra, era loco, estábamos cerca, pero estábamos lejos, en algún punto le pregunté…

— Axel, como puede ser que un chico tan apuesto como tú  no tenga novia?

— Es que las chicas de mi edad son todas tontas… a mí no me interesan las chicas tontas

— Ah si? y que tipo de mujeres te gustan?

— Me resultan interesantes e intrigantes las mujeres mayores, con experiencia, las que han vivido la vida, me explico?

— Mayores, mayores… de que edad?

La conversación de repente había girado a un tono de mutua seducción…

— Digamos, unos cincuenta es una muy buena edad

— Si? mira tu… y tienes alguna a la vista?

— Si, hay una mujer que me enloquece, es hermosa, pero ella no lo sabe.

— Y por qué no se lo dices?

— Es que ella es casada, y además yo soy amigo de sus hijos…

Estaba toda mojada en ese juego y una risa perversa escapó inconscientemente de mis labios…

— Mucha risa! – exclamó mi marido alertado por la situación – quien será?

— No seas tonto, – respondí para zafar de la situación – las chicas, sabes como son…

Los mensajes de Axel seguían entrando, pero tuve que desconectar la señal wi-fi para darle un corte, Ezequiel dejó el libro de lado junto con sus lentes para leer de cerca, era hora de dormir, le dije que hacía calor, que dejáramos el amplio ventanal abierto, solo apagó la luz y se despidió de mi con un beso suave en los labios.

Ya no veía nada, solo la luz a la distancia del cuarto de Axel y yo solo no podía con lo que sentía, la excitación, mi imaginación volaba, estaba demasiado caliente, fui por mi marido, directamente bajé y busqué bajo su ropa interior, le cogí la polla y empecé a masturbarlo y a chupársela, él se mostró sorprendido, no lo vio venir, pero poco a poco se entregó a los juegos de mi lengua sobre su pene, me acariciaba los cabellos y me empujaba a una penetración más y más profunda.

Lo hice acomodar a mi antojo, él ni imaginaba que había detrás de todo esto, pero en mi cabeza funcionaba perfecto, fui a cabalgarlo, mi culo apuntaba directo a la ventana, donde imaginaba que Axel se excitaría mirando, pero era solo mi imaginación puesto que estábamos en la más absoluta oscuridad, solo corrí mi tanga y me la comí toda, hasta el fondo, empecé a brincar como poseída, metiéndole mis grandes tetas en la boca a mi marido, le clavé las uñas en el pecho, y apretaba mis labios para no gritar, puestos que mis hijos dormían en el cuarto contiguo, y diablos, como describir el placer que pasaba por mi cabeza, porque era eso, no era el sexo de mis treinta años de pareja lo que me motivaba, era la lujuria de soñar a Axel al otro lado, masturbándose con la foto que mi rico culo le regalaba.

Solo me detuve cuando sentí los jugos de Ezequiel llenado mi sexo, hacía tiempo que no tenía tantos orgasmos juntos y él se vio sorprendido por mi inesperada actitud, mientras me acomodaba la tanga en medio de la oscuridad susurró aún enredado en su excitada respiración…

— Gabriela, que te pasa? estás en una segunda adolescencia?

No respondí, solo me acurruqué a su lado, tal vez, tal vez estuviera en una segunda adolescencia, solo que a él no le hubiera agradado conocer el motivo.

Al día siguiente las cosas estaban confusas en mi cabeza, el calor de la noche, el no pensar, los impulsos de mi sexualidad se cruzaban con los pensamientos de una mujer racional, en sus cabales, esposa y madre, esperé infructuosamente algún WhatsApp de Axel, pero nada, la conversación había muerto después de que ya no le respondiera.

Estaba de casualidad con un short de licra multicolorido que se pegaba a mi cuerpo, con una camiseta negra ajustada, muy normal para la intimidad de mi familia, pero ciertamente demasiado llamativa para salir a la calle, de hecho, no hubiera salido así a la calle.

Cogí una tumbona, mis gafas de sol, una taza de café y un libro que estaba leyendo, fui al patio, sobre el césped, el día estaba apacible, con un tenue sol de primavera, desde un sitio donde Axel pudiera verme, quería ver como seguía la historia, pero él no dio señales de vida.

Me aburrí y me molesté conmigo misma, me sentí una tonta, y solo seguí en mi día. Al atardecer, Benja llegó de su jornada, pero no estaba solo, Axel lo acompañaba, cosas de chicos, amistades, lo saludé distante, aún estaba vestida como en la mañana y pude notar su excitación al verme, él me respondió el saludo como un vecino debía responderme y solo disimuló lo que se insinuaba entre nosotros.

Si embargo, por la noche tuve un nuevo fiasco, esperé ansiosa en la cama a que él me escribiera, pero eso no sucedería, mi esposo leía y yo desesperaba, miraba por la ventana hacia su habitación, ni siquiera parecía estar conectado, al final el sueño me venció.

Al día siguiente seguía molesta, el viento había cambiado, hacía un horrible calor de un verano que aún no había llegado, pero avanzaba sobre una primavera agonizante. 

Revisé mi teléfono, mis redes sociales, puse música, me quedé en ropa interior, mi esposo no estaba, mis hijos tampoco, fui al baño, luego desayuné y escuché las noticias del día. Puse música de fondo, lavé las cosas y se me ocurrió preparar alguna torta, empecé a preparar las cosas sobre la mesa, pasaron unos minutos, el beep del teléfono me hizo saber que un nuevo mensaje había llegado… era él, me daba los buenos días y me preguntaba si podíamos hablar un rato.

No respondí y seguí con lo mío, pasaron unos segundos y el móvil sonó nuevamente, esta vez, me pedía perdón por haber desaparecido, pero que entendiera que entre sus estudios y sus trabajos para ayudar a su familia no le quedaba mucho tiempo disponible.

Me puse en sus zapatos, y contesté con un recelo aun contenido…

— Pensé que habías conquistado a esa mujer que te gustaba… – dije tratando de retomar el hilo de nuestra última charla

— No… – respondió – yo no sé si ella se fija en mi…

— Y como es ella? – pregunté

— Ella… ella me quita el sueño, es hermosa, morena, de largos cabellos, luce unos pechos enormes y un culo que le daría envidia a muchas veinteañeras

— Y como se llama? la conozco? – dije en un juego de loca seducción

— Si… la conoces y mucho… su nombre? por ahora no te lo diré

En ese momento me quedé sin respuestas, solo dejé correr los segundos, entonces siguió…

— Sabes, ayer la vi, estaba espectacular!

— Si? – ya estaba toda mojada a esa altura

— Pero estaba con su hijo y no pude hacer mucho…

— Que pena!

— Sabes, cada vez que la veo, que hablo, que la imagino, se me pone la polla dura!

Me cogió por sorpresa, no esperaba que avanzara ya con un grado directamente sexual pero no iba a dejarme doblar el brazo…

— Tanto te gusta? no creo que suceda eso que dices…

Entonces recibí una foto, era de su polla, dura, enorme, con un glande desnudo, lucía casi depilado por completo y muy durita, quedé en shock, con la boca entreabierta y mi mirada perdida en cada detalle, sin dudas había acelerado a fondo.
Mi falta de respuesta no tardó en ser notada por Axel…

— No te gustó? te molestó?

— Por el contrario! que rica polla tienes! – respondí para mantener el juego

— No me regalas una foto? – apuró entonces

— Una foto mía? y que quieres?

— Lo que quieras, todo me gusta de ti…

Acomodé mi teléfono sobre un soporte y me tomé varias fotos, aún estaba en ropa interior, con las manos llenas de harina, me parecieron muy sexuales, se las envié sin pensar, dejando que mi corazón privara sobre mi cerebro, era una locura, esas fotos podían terminar en cualquier sitio, amistades, en la web, en manos de mis hijos, de mi propio marido.

No me importó, vivía con Ezequiel una vida lineal de principio a fin, sin montañas, sin precipicios, sin peligros, sin desafíos, y este chico ponía adrenalina en mi cuerpo, me estaba llevando desde el cielo al infierno, sin escalas, sin contemplaciones.

Entonces me llamó, ya no fueron escritos, me dijo que le hacía hervir la sangre, que quería follarme, en verdad me dijo que quería hacerme el amor, que lo enloquecía, y que mientras me hablaba se estaba masturbando en su habitación.

Volví a derretirme al escucharlo y sin querer se me escapó un jadeo incontrolado, sentí mis pezones duros bajo el sostén y mi coño mojado como hacía tiempo que no se mojaba.

Le dije que a mí también me gustaba, y que me alocaba imaginar más, me fui hacia atrás y me dejé caer sobre uno de los sillones, el jadeaba a un lado y yo estaba muda al otro, conecté los auriculares, los puse en mis oídos y puse el aparato entre mis pechos, le dejé saber dónde estaba, y le dije que no dejara de hablarme, apreté mis pezones por sobre la tela, lo sentía tan sexi, tan dulce.

Cerré mis ojos, me recliné más todavía, se masturbaba por mi culpa y eso era impagable, me dijo que estaba llegando, pude sentirlo, a esa altura mi mano derecha se coló bajo el frente de mi tanga, en mi clítoris, en mi hueco, estaba caliente, me llené con mi propio almíbar, me dejé ir como cuando tenía quince años, llegamos casi juntos…

Alex me dijo que tenía intenciones de venir a mi encuentro, ya, ahora, me cohibí, le dije que estaba loco, que no, todavía no y debió entender esa frase que dice que el hombre propone y la mujer dispone.

Por la noche no podía ocultar la niña que florecía dentro mío, mi esposo, los chicos, me notaban rara, cambiada, y yo solo contestaba con evasivas.

Ya en la cama, nuevamente mi marido fue mi juguete para apagar lo que mi alma sentía, me encontró depilada por completo, y eso a él le encantó, solo que no sabía que, en el fondo, esta vez, no era en él en quien pensaba.

El nuevo amanecer me sorprendería sumamente excitada, me había despertado temprano, antes que Ezequiel quien roncaba plácidamente, mientras las luces del nuevo día parecían colarse entre las cortinas.

Fui al comedor, preparé el desayuno para cuatro, fue una sorpresa para Ariel y para Benjamín, hacía tiempo que algo así no sucedía en casa, pero yo no podía explicarles que era lo que estaba pasando, y menos dejarles saber que los nuevos mensajes de Axel ya estaban endulzándome nuevamente…

— Buen día bombonazo! cómo dormiste?

— Estoy en familia ahorita, no me molestes… si?

Le dejé en claro que no podía jugar con fuego, entonces dejé el teléfono de lado por unos minutos

Desayunamos los cuatro juntos, y les di el tiempo que era necesario para que partieran a sus estudios y a su trabajo respectivamente, cuando quedé a solas volví a mi móvil, un monólogo me esperaba…

— Quiero visitarte hoy

— Me extrañaste?

— Mándame más fotos

Y así seguía en un sinfín de frases que solo lograban erotizarme hasta el límite de la locura.

Yo era consciente de lo que sucedía, era consciente del peligro al que poco a poco me exponía, mi marido, mis hijos, pero no podía dejar de sentir mi corazón latir con fuerza, como decirlo, me sentía viva, Axel me daba efervescencia en cada célula, y era un bocado demasiado difícil de esquivar.

A media mañana fui a mi cuarto, ya estaba sola, la temperatura aun no era insoportable, así que decidí jugar mi juego.

Elegí entre mi ropa interior un pequeño conjunto, que era sexi, diminuto, y que podía pasar tranquilamente como un  traje de baño, me lo puse, me miré al espejo tratando de ver lo que seguramente mi vecino vería, o lo que quería que viese.

Llevé una tumbona al jardín, un libro, auriculares, lentes de sol, bronceador, un jugo y ahí fui, a ubicarme estratégicamente donde no pasara desapercibida a los ojos del joven, me estiré, boca arriba, mis pechos emergían como dos montañas, y el dios sol empezó a dorarme, los mensajes de Axel no tardaron en llegar, a decirme lo hermosa que me veía, lo buena que estaba, que quería poseerme, y yo solo me ría ignorándolo… que estaba llenando su móvil con las fotos que estaba tomando, me gustaba hacerlo desear, incluso me dijo que me pusiera boca abajo, quería fotografiar y pajearse viendo mi culo.

No le hice caso, esperé un poco y otro poco más, me gustaba llevar el control de la seducción y tenerlo rogando a mis pies, pero después de varios pedidos más giré y me puse de espaldas, sacando culo, casi desnudo, con una tanga casi invisible, me la acomodé tirándola hacia arriba, haciendo que se enterrara más y más en mi culo, sacando culo hacia arriba, como ingenua, casual, como si él no existiera, riendo por dentro y imaginaba lo que él estaba haciendo en su cuarto por mi culpa… como se tocaba, como hacía saltar su semen por todos lados, y eso solo me encendía y me notaba apretando inconscientemente mis piernas en medio de una excitación que se me hacía incontrolable.

Pasadas las once de la mañana el calor del sol empezaba a ser insoportable, imaginé que él ya estaría satisfecho así que fui a tomar un baño.

Nuevamente quedé encerrada en mis pensamientos, en mis fantasías, y era una locura imaginar que a mi edad tuviera tantos deseos de tocarme, quería evitarlo, pero no podía, imaginaba las manos viriles de ese chico sobre mi cuerpo, cogí el telefonillo de la ducha y dejé que el agua tibia lo recorriera, con un cosquilleo eterno, lo pasé por mi cuello, lo baje a mis pechos, sentí mis pezones afiebrados y me mordí los labios, cerré los ojos, baje un poco por mi vientre, lo pasé por los glúteos, mi mano libre fue a mi coño, y con la otra llevé el telefonillo al mismo sitio. Uff una locura, no pude contenerlo, me contraje y la electricidad pareció brotar por cada poro de mi piel, estaba con la respiración entrecortada, caliente, envuelta en deseo.

Cerré la ducha, aun sin secarme cogí el teléfono y le escribí…

— Eres un maldito, termino de tocarme bajo la ducha

Me tomé unas fotos, así, desnuda, bronceada, mojada, se las envié, no sé, sabía del peligro al que me exponía, pero no podía evitarlo, me excitaba sentirme deseada, me excitaba saber lo que provocaba en él, me excitaba verme bonita

En el siguiente mes, Axel se transformaría en el más hermoso acoso sexual que jamás había imaginado tener, trataba de cazarme a cada oportunidad y en cada oportunidad yo me zafaba, me gustaba jugar a la puta y no serlo, jugar con el deseo, porque a mi edad, vivir lo que estaba viviendo era como estar viviendo una fantasía.

Las fiestas de fin de año estaban a la vuelta de la esquina, días de reencuentros, de regalos y de brindis, viajamos a nuestra ciudad, a reunirnos con mi hija, con mi yerno y también con su familia, me enteraría que en nueve meses sería abuela por primera vez, me llené de júbilo, hablamos mucho, comimos, bebimos.

También me tomé el tiempo para recorrer los lugares que tanto me gustaban y que tanto extrañaba, parques, paseos, algún sitio para cenar, visitar viejas amigas, viejos conocidos, la mamá de Ezequiel, mis hermanos, sobrinos y tantas cosas que me sería imposible enumerar. Todo para resumir que por una semana me había quitado a mi joven vecino de la cabeza, y no contesté sus interminables mensajes, ni sus llamadas, ni respondí a sus fotos obscenas, no era el momento.

Regresamos el cinco, no, el seis de enero, Ariel, mi hijo del medio decidió quedarse un tiempo en la casa de su hermana, quería reencontrarse con viejos amigos y descansar un poco, mi esposo debía volver a su empleo, y solo me quedaría con Benjamín, quien estaba de receso de sus días de facultad, toda esta situación hizo que inevitablemente mi relación clandestina con Axel se enfriara un poco, al menos de mi parte.

Pero él era diferente, era hombre, era joven y sentía que su presa empezaba a escapase de entre sus dientes.

Y fue el destino el que abriría las puertas del mismo infierno, y lo peor, mi marido quien tendría las llaves.

A Mediados de enero, hacía tiempo que teníamos unos problemas de humedad en el sótano y claro, en mi familia nadie sabía lo que era una herramienta, hacía tiempo que venía reclamando por ese punto a mi marido, y esa mañana me dijo en medio del desayuno, entre tantas cosas que estábamos hablando…

— Ah! no te avise, hablé con el chico de al lado, cerca del mediodía va a venir a revisar el temita ese que tanto de molesta…

— Axel? – pregunté tratando de ser casual

— Si ese, el vecino – respondió mientras enmantecaba una tostada

— Pero… porqué no lo atiende Benjamin? es hombre, yo no entiendo nada de eso

— Benjamín, Benjamin, tu hijo, ese inútil… lo único que sabe hacer es estar con su noviecita todo el día

El dio un mordisco, y mientras crujía el pan entre sus dientes agregó…

— Supuse que tu no tendrías problema, total, estás todo el día rascándote el ombligo

Respondí con una falsa sonrisa, su indirecta me dolió, yo era lo que era en buena parte por su culpa, así que no me causaba gracia el motivo de su burla, pero lo dejé correr.

Mi esposo partió a su trabajo diario y tal como había dicho, a media mañana llegó Aylen, mi futura nuera, y después de saludarme se fueron al jardín

Sentía las manos transpiradas por el nerviosismo, miraba las agujas del reloj de pared y péndulo que no dejaba de bailar, tantas veces había jugado al gato y al ratón y ahora mi amado esposo me ponía sin saberlo en la boca del lobo.

Sonó el timbre, tragué saliva, abrí la puerta, Axel estaba al otro lado, me derretí en esos ojos miel, entonces me dijo en doble sentido…

— Buen día vecina, vengo a revisar el problema de humedad que tiene ahí abajo

— Pará tonto! – le dije – Benja y la novia están en el patio…

La situación era por demás incómoda, fuimos al sótano y ya en el camino los dedos de Axel pellizcaron mi culo, lo aparté, pero volvió a la carga, era un pulpo, buscó besarme, y yo solo intentaba apartarlo, y como me costaba hacerlo! pero no podía, con Benja cerca todo era una bomba de tiempo.

Axel estaba como un chico, jugando con el peligro, tomaba mi mano y la llevaba a su polla para que notara lo dura que  estaba…, mierda, lo esquivaba, pero ya me estaba apretando una teta, y me robaba un beso y se reía de mi nerviosismo y de mis permanentes negativas…

— Mamá! – se escuchó al otro lado – me voy a comer a lo de Aylen! te aviso para que no me prepares la comida!

Supe que era el principio del fin…

Ya no había excusas, yo misma le dije a Axel de ir a mi cuarto, lo deseaba, como lo deseaba…

A pesar que podría haber sido su madre me sentía una niña a su lado, tan apuesto, tan varonil, tan enorme!

Nuestras prendas fueron cayendo una a una por el suelo, nos revolcamos como locos, como niños, como si fuera mi primera vez, los ojos de Axel se hacían enormes llenándose con la voluptuosidad de mis curvas y sus manos caprichosas se enredaban en cada recoveco de mi cuerpo, en cambio yo solo tenía una imagen entre ceja y ceja, su hermosa polla que masajeaba con mis manos en una forma muy caliente.

Nos besamos, sus besos sabían a pecado, a prohibido, y ese era un precio que estaba dispuesta a pagar…

Bajé por su cuello, por su pecho tan masculino, jugué en sus tetillas con la humedad de mi lengua y él se fue entregando a mis encantos de sirena, lo hice recular y al final se sentó al borde de la cama, su polla enorme latía entre mis dedos y ya no podía resistirlo.

Me arrodillé entre sus piernas, su glande estaba a cinco centímetros de mi nariz, pero que rico se veía, se me antojaba, miré sus ojos y en su mirada noté la súplica para que lo hiciera, saqué la lengua y se la pasé desde la base del tronco hasta la punta, como si fuera una rica crema helada, sentí un suspiro prolongado como respuesta. 

Busqué comérsela mientras mis manos ahora acariciaban los testículos enormes que colgaban más abajo, él me dejaba hacer a mi voluntad, de repente me dijo…

— Me gustaría ver cómo te la comes toda! – mientras apartaba los cabellos de mi rostro que le impedían la perfecta imagen de lo que yo le hacía

Me reí, le dejé saber que no era buena para eso, además le  medí la polla con una de mis manos y me supo demasiado grande…

— No puedo, no puedo complacerte en eso – le dije mientras no dejaba de masturbarlo con la mano

Y volví a chupársela con esmero, con pasión, recorriendo la esponjosa y rosada cabeza con mi lengua, entonces una de sus manos me tomó por la nuca, como invitando cordialmente a que hiciera lo que había pedido, desoyendo mi respuesta.

Me relajé, inconsciente, probé un poco y un poquito más y sentí su carne invadir mi boca, él se mostraba caballero y me animaba a más, sentía que estaba gozando mucho con lo que hacía y todo eso me llevaba a un descontrol entre mis piernas, hervía en deseo.

Empujé otro poco y un poco más, al final llegué con mis labios a la base de su tronco, mmm que rico! me quedé ahí unos segundos y se lo largué, si lo había hecho una vez podría hacerlo nuevamente, y volví hacerle una penetración profunda con mi boca, tan profunda hasta el alma, y otra vez, y cada vez que lo hacía Axel se retorcía de placer y yo moría por llevar mis dedos a mi clítoris.

Axel acariciaba mis pezones y susurró…

— Que tetas enormes que tienes!

Subí un poco entonces, lo suficiente para meter su polla al medio y hacerla desaparecer entre ellas, y a subir y a bajar, una vez y otra vez, tan rico, tan sexi, sentir su dureza entre mis pechos…, el gemía y cada tanto descubría su glande para pegarle una rica chupada, y más y mas

Lo sentí llegar, me aseguré de dejar su cabeza libre por encima del nacimiento de mis pechos, es que me calentaba ver cómo iba a saltar su semen, pero también quería ver su rostro de placer y como poco a poco sucumbía y ya no podía mantenerme la mirada.

Me cogió por sorpresa… un gran chorro de semen saltó con furia como un disparo, pasó delante de mí cara y cayó entre mis cabellos y mi frente, y jugué el juego, el segundo pareció ser aún más fuerte y llegó parte a mi cara, y otro, y otro más, mis hombros, mi garganta, incluso mis tetas, hasta las últimas gotas haciendo un exquisito lubricante entre su polla y mis tetas.

Nos miramos y fue imposible que no nos tentáramos a reírnos como tontos, a carcajadas, es que la forma en que le saltaba la leche y en el estado deprimente que me encontraba, no había otra posibilidad.

Con Ezequiel, a esta altura de nuestras vidas, todo había concluido, pero Axel… Axel era un potrillo desbocado, salvaje, indomable, con sangre caliente en sus venas…

Me tiró sobre la cama, me abrió las piernas y me la metió toda, como un fierro caliente, que polla dura y hermosa, empezó a penetrarme con fuerza y yo solo atinaba a limpiar mi cara con mis dedos, llevando el semen que se iba secando a mi boca, a saborear su sabor, él me decía que era hermosa, que había soñado con este momento, y que al fin era suya, mis tetas se sacudían incontroladas, de un lado a otro mientras mi vagina inundada le regalaba incontables orgasmos.

De pronto Axel bajo entre mis piernas y empezó a chuparme el coño, mis labios, mis jugos, me abrió toda y me chupó con locura el culito, creí enloquecer, y volvió a mi coño, y luego a penetrarme de nuevo… diablos, me estaba matando.

De repente habíamos girado y ahora yo lo cabalgaba, apuntando el culo a la ventana, como alguna vez lo había hecho con mi marido imaginando que el me veía al otro lado del tapial.

Axel me acariciaba los glúteos y me decía que ricos sabían, mis tetas volvían a mecerse y notaba como me miraba extasiado, cada tanto me las acariciaba y me sentía linda, deseada, perra, lamía sus dedos, gemía, gritaba.

De pronto sus dedos ensalivados buscaron mi culito, lo dejé hacer, en verdad quería que lo hiciera, permití su acceso y me sentí plena, lleve mi mano a mi clítoris, empecé a masturbarlo con fuerza yyy… dios, que orgasmo tuve!

No podía más, pero el volvió a ponerme de espaldas, estaba satisfecha, pero el cogió mi mano y la llevó otra vez a mi coño…

— Quiero otro – dijo muy seguro

— No…, ya está, no doy mas…

Pero el mantuvo mi mano entre su pubis y el mío y me deje llevar, aún estaba saliendo de ese enorme orgasmo cuando sentí llegar otro, y no solo eso, su polla se puso muy dura, muy rica, y sentí como si mi útero empezara a llenarse de semen, diablos…

No podía más, estaba extenuada, inconexa, plena, satisfecha, pero Axel… Axel…

Axel seguía con su polla dura como una piedra, diablos, tomó la iniciativa, esta vez no le importó mis deseos y sacó su instinto animal de adentro, y me calentaba mucho…

Se acomodó a mis espaldas, estaba en cuatro, jugó con su polla dura por detrás y me dijo…

— Putita, te la vas a comer toda entera…

Y forzó mi culito, en unos segundos me la había comido toda, empecé a gemir, me dio con fuerzas, hasta el fondo, una vez y otra vez, sentía como mi adolorido esfínter se entregaba ante la dura carne de mi amante.

Empecé a gemir, a ronronear, me gustaba, me mordía los dedos y solo llevaba a Axel al umbral de excitación, puesto que le dejaba saber cuánto estaba disfrutando de que me rompiera el culo…

— Dale dale potro! rómpeme toda

— Te gusta que te rompa el culo? putita

— Si, si, sigue… quiero tu leche, ay! ay!

Las palabras entrecortadas terminaron de enloquecerlo, me dijo que tenía un culo hermoso y ya no pudo más…

Sacó su polla y me ordenó que abriera yo misma mis nalgas, quería observar mi esfínter todo abierto, sentí otra vez su leche caliente bañando cada rincón de mi trasero…

Me dejé caer, le supliqué, era suficiente, no podía más, no quería más…

Axel cogió su teléfono y comenzó a fotografiarme, ya sé, no debería, pero sentirme bonita, puta, deseada y llena de leche podía más que cualquier evaluación de cordura que pudiera hacer en ese momento.

Ese chico se transformaría en mi amante, me follaba a su antojo y no podía seguirle el ritmo, era un animal en celo, me mataba literal, era feliz en mi condición de mujer infiel, pero todo se volvía demasiado peligroso.

Era loco, tiempo después era abuela por primera vez y me portaba como una puta, con un amante de la edad de mi hijo.

Pero estas locuras no suelen terminar bien, y mi caso no sería la excepción…

Axel se había transformado en una obsesión enfermiza, a cada hora, a cada momento, a cada oportunidad, jugando siempre al filo de la navaja.

Esa mañana tenía un mal presentimiento, traté de no dejarlo pasar, le dije que no estaba de humor, pero mi chico siempre sabía cómo convencerme, no lo sentimos, no lo vimos venir, pero los cierto fue que Ezequiel volvió a casa antes de lo pensado y nos sorprendió en la cama.

Y mi esposo era un hombre terriblemente celoso, yo solo era suya y no pudo soportar el engaño, no importaba las veces que él me había engañado y yo había hecho la vista gorda, esto era diferente, él era hombre, él era el toro que terminaba de encontrar un desafiante en su propio corral, no, el no…

Me dijo cuántas palabras puedan imaginar, luego se dirigió a Axel, le dijo que lo mataría y se enzarzaron a golpes de puños, yo gritaba al medio de ellos tratando de separarlos, pero me era imposible, rodaban de un lado a otro y yo estaba montada en una pila de nervios, sin saber que hacer, Axel era más joven, musculoso, y fortachón, pero Ezequiel siempre había mantenido sus disciplinas de taekwondo y tenía un arma a su favor, estaba ciego, peleaba con su orgullo herido, era imparable.

Mi joven amante estaba rendido, Ezequiel se había sentado sobre su pecho y apretándolo fuertemente por el cuello con sus grandes manos le gritaba sin cesar…

— Te voy a matar! te voy a matar

Yo le gritaba por detrás que lo dejara, entre sollozos lo tomaba por el brazo, pero no tenía fuerzas, era inútil, mi esposo era una bola de nervios fuera de sí, no razonaba, no pensaba.

Me di cuenta de que todo terminaba, los brazos de Axel habían caído hacia los lados, su cuerpo parecía inerte y sus ojos se fueron para atrás, por debajo de los párpados, y Ezequiel seguía apretando, más y más.

Jugué una última carta, desesperada, tomé un jarrón y se lo partí en la cabeza, solo quería separarlos y mi esposo cayo de lado golpeándose con fuerza contra el suelo.

Mi intención no era que las cosas terminaran como terminaron, mi marido estuvo en terapia agonizando más de diez días por el golpe que se había dado contra el suelo, producto de lo que yo había hecho, pero yo solo quería separarlos…

La justicia dictaminó una muerte dudosa, accidental, conflicto de amantes y engaños, honestamente aceleraron todo para cerrar el caso y que las cosas se olvidaran rápidamente, un revuelo mediático con mi marido podía traer a luz nuevamente la otra historia, un hilo conductor de este presente a ese pasado y a nadie le convenía remover la tierra.

Como fuera, ya nada sería igual en mi vida, a pesar de todo, aun amaba a Ezequiel, y mi amante era solo eso, mi amante.

Axel no tardó nada en mudarse, con su familia, fue el culpable a los ojos del entorno, mis hijos le hicieron la vida imposible y amenazaron con matarlo, ni siquiera volvimos a vernos para despedirnos, apenas unos cruces fríos por WhatsApp.

A mí no me fue mejor, la mala mujer, la prostituta, la que se fregaba al mocoso del vecino, con una sentencia en suspenso pendiendo sobre mi cabeza por la justicia, con la condena a cadena perpetua dictada por la sociedad, me gané el odio de mis tres hijos, perdí a mi nieto, hoy vivo sola, distanciada, con las monedas justas para el día a día, con el martirio eterno de auto juzgarme, de auto compadecerme, es lo que me tocó en la vida, no lo busqué, solo sucedió…

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