KERANOS

Una vez montados todos en el coche fuimos hasta la casa de Elena, aparcando en la puerta y bajándonos. Todos íbamos presentables, bien vestidos, hasta Elena, que se había echado una muda en el bolso grande que se llevó a la piscina. Entramos y nada más decir Elena que ya estaba en casa, su madre pegó una voz que ya olía a bronca. Cuando nos vio aparecer a los cuatro se tranquilizó, pero ya se le veía cara de enfado, echándome una mala mirada.

M: ¿Quiénes son, Elena?
E: Son mis amigos.

Después de presentarnos, su madre volvió a preguntar.

M: ¿Y qué hacen aquí?
E: Es que, verás…

Elena estaba nerviosa por no saber cómo decírselo a su madre. No arrancaba y le di un pellizco en el culo sin que nadie se diera cuenta, pero aun así no lo soltaba.

I: Pues que como ya mismo es el cumple de Elena, que hemos pensado en irnos a la playa los cuatro.

Maribel miró a Elena de una manera que no me gustó, haciendo que Elena se cohibiera aún más.

M: Pero Elena, ¿y la abuela? ¿Y tu hermana? ¿Y yo?
E: Pues mamá…
I: No pasa nada mujer, por un año que no lo celebre aquí no pasa nada.
M: Pero…
I: Yo entiendo que quieres mucho a tu hija -dijo yendo hacia ella y pasándole el brazo por los hombros- pero ya es mayorcita y ahora tiene un novio al que quiere a reventar y bueno, nosotros somos sus amigos y últimamente pues nos hemos hecho íntimos, así que…
M: ¿Íntimos?

Todos nos quedamos en silencio, sin saber cómo salir, pero Irene fue rápida y dijo con mucho desparpajo:

I: Pues claro mujer, somos las únicas parejas de nuestro grupo de amigos, pues es normal que haya más afinidad. Ya sabes, por hacer planes de pareja los cuatro juntos. ¿Qué creías que era? jajaja.
M: No, no. Nada… (dijo mirándome)
I: Siento que no supieras de nosotros hasta ahora, pero es que en realidad llevamos poco en este plan.
M: No, si eso no es un problema…
I: Míralos… -dijo mirándonos y apretando a Maribel con su brazo, pegándola a ella- Si es que son tan monos…
M: Sí, sí, claro.
I: Hacen buena pareja, mira a tu hija, es una monada y guapísima. -dijo mientras a Maribel le daba una risa tonta- Ha salido a ti. Tú también eres guapísima, es que de hecho parecéis hermanas, porque, ¿tú cuántos años tienes?
M: Eh…
I: Venga, mujer, que no pasa nada.
M: 44.
I: ¿44? Pues aparentas treinta y pocos. Ojalá esté yo así de bien a tu edad. Elena seguro que sí, porque eso va en los genes.

Maribel se estaba sonrojando, algo cortada, incluso nerviosa por como Irene la estaba… ¿seduciendo? En cualquier caso, eso parecía que estaba funcionando porque el cabreo que era muy notable en ella cuando llegamos, se fue disipando, llegando un punto en el que parecía una niña pequeña, respondiendo con vergüenza, como si estuviera intimidada.

M: Pero, ¿os vais toda una semana?
J: Es la idea.
M: Pero, ¿a dónde? ¿Cómo vais?
J: Pues al apartamento que tiene Irene en la playa. Es de sus padres, pero hasta agosto no van y ha coincidido todo tan bien que ha surgido esto. -dije ya viniéndome arriba por ver así a Maribel- Y para ir, pues ya nos apañaremos.
M: Pero, pero…
E: Mamá, que me voy. Ya cuando venga lo celebramos aquí o algo como siempre, no te preocupes.
I: ¡Claro que sí! O vente tú también si quieres.
M: Anda, ¿qué pinto yo con vosotros? Vosotros tan jóvenes y yo tan… Además, tengo que cuidar de mi madre, que está delicada.
I: Bueno, como quieras. Pero oye… -dijo acercándose a ella bastante- No digas que eres muy vieja ni nada, que estás muy bien. Seguro que tienes a muchos detrás…

En cuanto dijo eso le dio dos besos de una forma más cariñosa de la cuenta y me dijo que les llevara a casa, por lo que salimos y nos montamos en el coche, quedándose Elena allí. Yo volvería para dormir con ella porque me lo pidió varias veces.

I: Dios, que pedazo de mujer. Que morbo…
M: Irene, eres muy descarada, me he cortado hasta yo…
J: Sí, vas a saco tía…
I: No me jodais, ¿eh? Que vosotros os la follabais también si pudierais…
M: Eso es evidente, pero tampoco es para hacer eso…
I: Me conocéis de sobra. Bastante que no le he comido la boca. Mira, no he hecho nada por Elena, porque seguro que no le sienta bien.
J: Sí, te entiendo.
I: ¿Sí? ¿Por qué?
J: Por nada, pero sé lo que quieres decir.
I: Vaya… ¿Qué escondes?
J: ¿Yo? Nada.
M: ¿Crees que le habrá sentado mal que Irene se le haya acercado tanto?
J: Ni idea, pero lo mismo me cae bronca conociéndola… Pero no creo. Si Elena es un poco tradicional, imagínate ella que es quien la ha educado. Dudo bastante que contemple que te puedan gustar las mujeres siquiera.
I: Seguro que le entran mucho.
J: Por lo que vi, no creo.
M: ¿A qué te refieres?
J: Nada, nada…
I: Joder con los secretitos, ¿qué es?
J: Por lo que vi, nadie ha entrado ahí en mucho tiempo. Además, Elena le dijo que le vendría bien conocer a alguien y no puso buena cara.
I: Eso es que tiene un matojo importante ahí.
J: Básicamente.
I: Pues mejor, que al llevar tanto sin follar, seguro que se corre como una loca.
M: Tú sí que te vas a correr ahora como una loca cuando lleguemos.
I: Uff… Necesito que me folles muy duro para bajar este calentón.
M: Es lo que iba a hacer.
J: Joder, como estamos…
I: Claro, tú como ya has tenido lo tuyo hoy…

Sonreí mientras seguía mirando al frente y por fin llegamos. Los dejé y luego fui a mi casa para avisar de que pasaba la noche en casa de Elena. Cuando regresé, me abrió Elena con una sonrisa en la cara, haciéndome pasar al comedor, ya que su hermana y su abuela habían llegado después de haber salido ambas a dar un paseo. Nos sentamos a cenar mientras hablábamos de varias cosas, sin entrar en detalle de lo de la escapada a la playa. Una vez acabamos, nos fuimos al salón yendo Maribel a acostar a su madre al poco y Noelia también dijo que se iba a dormir, aún con tono tristón, como su cara.

-Joder, no creía que tu hermana se fuera a tomar eso tan mal.
-Sí, me da penilla. No se merece que le pase esto.
-Ninguna de las dos se lo merece. (dije más pensando en María que en Noelia)
-Ay… Con la ilusión que me hacía… Mi hermana nunca ha traído ninguna pareja a casa hasta ahora y mi madre lo había aceptado muy bien, cosa que me extrañó.
-Lo imagino.
-Se las veía tan ilusionadas a ellas también. A su amiga sobre todo, pero mi hermana también. Es que parecía otra.
-Bueno, ya verás como en nada se le pasa. Seguro que cuando entre a la universidad conoce a alguien.
-Eso espero. A ver, imagino que cambiará de actitud al ser gente que no conoce, porque si no…

Entonces entró Maribel, sentándose en un sillón mientras nosotros estábamos en el sofá.

M: Con vosotros quería hablar yo…
E: ¿Qué pasa ahora? ¿Es por mis amigos? No te han caído bien…
M: No, no es por eso. Me han caído bien, sobre todo la chica, es muy agradable y cariñosa. Y el chico muy prudente.
J: Sí. Nos cuidan mucho.
E: Son muy importantes para nosotros, no te preocupes por eso, mamá. Vamos a estar bien con ellos y es solo una semana.
M: Que no es por eso, aunque me parece feo que nos hagas esto, sobre todo por tu abuela…
E: Mamá, ya te he dicho que lo celebramos luego cuando venga, pero quiero ir.
M: Elena. -dijo de manera seca y borde- Que está bien, no pasa nada, te puedes ir.
E: Ah, vale. ¿Qué pasa entonces?
M: Cuando te has ido a la piscina he cogido tu mochila.

Elena se quedó callada, con los ojos muy abiertos, roja como un tomate. Bajó la cabeza, mirando al suelo.

M: Elena, ¿así te he educado yo? Con lo buena niña que tú eres y mira lo que me encuentro… Es que no sé qué te ha pasado para…
J: Pero, ¿cuál es el problema?
M: Javier, ¿me estás tomando el pelo?
J: No. Lo pregunto en serio.
M: Pues no me parece normal que tenga todo eso ahí. No entiendo qué hacéis con eso y no quiero saberlo, pero me parece excesivo.
J: ¿Te parece excesivo que tu hija disfrute del sexo?
M: No entiendo cómo se puede disfrutar con eso…
J: Bueno, cada persona disfruta con una cosa…
M: Pues me parece excesivo y seguro que tú tienes algo que ver.
J: Sigo sin ver el problema.
M: Pues yo sí. Elena, ya puedes estar tirando todo eso.
E: ¡Basta!

Maribel y yo dimos un respingo del susto por el grito de Elena, quedándonos en silencio durante unos breves segundos. Maribel tenía cara de sorpresa por cómo le había contestado su hija. Se quedó mirándola hasta que Elena siguió hablando.

E: Estoy harta de que me ridiculices delante de todo el mundo.
M: ¿Te avergüenzas de mí?
E: No, mamá. Y no vayas por ahí. Odio que me pongas en evidencia delante de todo el mundo. ¿Tanto es pedir que me trates con cariño? Yo creo que no y ya te lo dije, pero tú sigues igual. ¿Y qué culpa tendrá Javi? Me ha enseñado a disfrutar de verdad. Si tú supieras lo que me hace sentir… Quizás eso es lo que te pesa, que necesitas a alguien que te folle bien para que te alegre, porque estás amargada.

Después de decir esto alzando la voz, se fue a su habitación mientras Maribel y yo nos quedamos sentados con cara de estar flipando, sin saber qué decir. Maribel miraba al suelo, con los ojos muy abiertos mientras yo pensaba qué decir. Entonces Maribel se levantó para ir a la habitación de Elena, cambiando su cara de sorpresa por una de enfado. Rápidamente me levanté poniéndome en su camino.

-Espera. Déjala, seguro que no quería decir eso.
-Déjame pasar.
-Tranquilízate. Tenéis que calmaros las dos antes de que alguna diga algo de lo que se pueda arrepentir.
-Ya se tendría que arrepentir de lo que ha dicho.
-Seguro que sí. Pero ahora mismo está enfadada y lo ha dicho en caliente. Déjame que hable con ella y ya verás como mañana te pide disculpas.
-Estoy muy enfadada.
-Ya, lo entiendo, pero ella también lo está y que habléis así no os va a hacer bien a ninguna.

Maribel se volvió a sentar en el sillón y yo en el sofá.

-Es que no entiendo para qué queréis eso.
-Bueno, la gente usa esas cosas para darle un poco de emoción…
-Pero es que eso… ¿Le haces daño a mi hija?
-¿Qué? No, no. Es solo un juego. No hacemos ninguna locura. Simplemente una vez jugamos y le dio curiosidad y seguimos probando.
-No quiero saber qué hacéis ni nada, no sigas.
-Es que quiero que sepas que no es para tanto, de verdad.
-No sé, me parece raro aun así.
-Mira Maribel, entiendo que seas una mujer muy tradicional, pero también tienes que entender que Elena ya no es una niña y que no puedes tratarla como tal.
-Ya, ya lo sé.
-Pónselo un poco más fácil, por favor.
-No será para tanto…
-Sí que lo es de hecho.

Maribel me miró con algo de sorpresa por rebatirle sus palabras.

-Mira, antes de que tú y yo nos conociéramos, estaba aterrada con la idea de presentarnos. De hecho, bueno, da igual… La cosa es que no es que te tenga miedo, pero se le acerca. Y no voy a ser yo quien te diga como tratar a tu hija, pero ya sabes lo sensible que es y creo que lo mejor es que le dieras más cariño y le apoyaras más.
-Ya lo hago.
-Mira, cuando estábamos en la piscina nos ha dicho que no sabía cómo decirte el plan que teníamos. Se le notaba muy nerviosa, por eso hemos venido todos.
-Ya veo.
-Por favor, inténtalo. Hazlo por ella.
-Ya, ya. Noelia no tiene queja con mi comportamiento…
-Maribel, son dos personas muy diferentes. Noelia se parece mucho a ti en personalidad, pero sois opuestas a Elena. De hecho, entre ellas también ha habido roces por lo mismo.
-Vaya…
-Y no entiendo como a Noelia le has apoyado tanto y a Elena, bueno…
-Bueno, ¿qué?
-El interrogatorio…
-Porque eres un tío. Además, Noelia trajo a una chica. Que esa es otra, no veas lo que me costó aceptar eso…
-Pero lo hiciste.
-Bueno… Lo hice porque sé que Noelia no tiene muchos amigos ni amigas y no quería que por mi culpa se quedara sin ella.
-No tiene nada de malo que también le gusten las chicas.
-Ya, pero me cuesta aceptarlo. Soy muy tradicional.
-Bueno, parece que no le gustan al final, porque no ha surgido nada más serio.
-Ya, eso me ha dicho, que le tenía más cariño que otra cosa, pero que al final nada.
-Mira Maribel, creo que Elena tiene razón, deberías encontrar a alguien. Pero no por lo que ha dicho, aunque puede que también te venga bien. Lo digo porque estás muy a la defensiva. Tiene que ser agotador estar así siempre, tal vez te vendría bien pasar página y abrirte a cosas nuevas y relajarte. Tus hijas tienen mucha cabeza para hacer las cosas, no te preocupes tanto.

Maribel se quedó callada, mirando al suelo durante unos segundos.

-Oye, ¿qué me querías decir?
-¿De qué?
-Antes ibas a decir algo, pero al final te has echado atrás.
-Nada, no tiene importancia.
-¿Qué es? (dijo seria)
-Que alguna vez casi nos has pillado a Elena y a mí cuando aún estaba en la otra casa.
-¿De verdad?
-Sí, alguna que otra vez. Y no veas como se ponía, para que le diera algo, muy tensa.
-Os hubiera matado…
-Ya, eso me decía, jajaja.
-Bueno, por suerte no pasó.
-Venga, Maribel, cálmate y relájate. No puedes estar siempre así. Yo hablaré con ella para que mañana te pida perdón, no te preocupes por eso.
-Vale.

Me levanté y me fui a la habitación de Elena, pero antes de que saliera del salón…

-Javier.
-¿Si?
-Gracias por la charla. Me has ayudado a tranquilizarme y a ver las cosas de ese modo.
-De nada, mujer. Me alegro de haberte ayudado.

Nos dimos las buenas noches y me fui con Elena. Estaba tumbada de lado en su cama, mirando por la ventana. No dijo nada cuando entré, por lo que me tumbé con ella, acariciándole los muslos y dándole besos en el hombro.

-Lo siento Javi, no tengo ganas de hacer nada.
-No es lo que pretendía. Solo te quería hacer cariñitos, creía que te gustarían…
-Mmm… (murmuró poniendo su mano sobre la mía que acariciaba sus muslos)
-Te has enfadado mucho, ¿eh?
-Sí, me ha puesto de los nervios. Es que no soporto que haga eso. Y que tire todo esto… Se va a comer una mierda.
-Ya está, Elena.
-Pfff…
-Entiendo que te enfades, pero lo que le has dicho ha estado muy fuera de lugar.
-Ya Javi, pero es que…
-Ya, ya lo sé. Pero así no le puedes hablar a tu madre.
-¿Y qué hago? ¿Dejo que me ninguneé sin hacer nada?
-No Elena, pero tampoco puedes saltar así. Ya he hablado yo con ella y se ha tranquilizado y entendido todo. Pero aun así no le ha gustado lo que le has dicho. Mañana le pides perdón.
-¿Y ella? ¿Me va a pedir perdón a mí?
-Pues claro. Pero no puedes estar así, tenéis que hablar tranquilas.

Elena se dio la vuelta para mirarme. Nos quedamos unos minutos mirándonos en silencio, yo sonreía, pero ella estaba seria. Después se puso a acariciarme la cara, para luego darme un beso, seria en todo momento. Después de mirarnos durante un rato más me susurró:

-Te quiero.

Me dio un escalofrío por toda la espalda que hizo que me estremeciera, dándose ella cuenta, sonriendo.

-Me encanta cuando te pasa eso.
-Y a mí me encanta que me lo hagas sentir.

Nos volvimos a fundir en un beso, más largo y sentido. Después Elena se tumbó boca arriba y me llevó su mano a su barriga, arrastrándola al interior de sus pantaloncitos y braguitas, pasando por su vello púbico. Mi polla empezaba a reaccionar a esa situación y Elena continuó tirando de mi mano hasta llegar a su raja, frotándose con ella. Después sacó su mano y yo empecé a acariciársela, cada vez con más intensidad hasta que llegó un momento en el que me pidió que parara porque aún seguía sensible de lo que había pasado por la mañana.

Pero la cosa no acabó ahí. Elena se deslizó, poniéndose entre mis piernas, bajándome los pantalones y los boxers para coger mi polla y metérsela en la boca. Empezó una mamada muy sensual y con mucho cariño mientras se apoyaba en sus rodillas, moviendo su culo de un lado a otro. A los pocos segundos se terminó de tumbar, dejando su culo quieto, pero moviendo sus pies de arriba a abajo, bajando uno cuando subía el otro. Como me ponía de cachondo cuando movía así el culo y los pies mientras me la chupaba. Después de unos minutos así, le empecé a acariciar la cara, apoyando ella su cara en mi mano, cerrando sus ojos mientras seguía chupándomela. Era increíble la mezcla de excitación, sensualidad y ternura que me daba cuando hacía eso. A los pocos segundos aumentó ligeramente el ritmo de la mamada, aunque no llegaba a hacer ningún ruido.

De repente pude ver como se movía la puerta, con una ligera silueta asomándose. No estaba seguro de quien era, pero no me importó. En ese momento estaba tan excitado que me dio hasta morbo y cogí la cabeza de Elena desde la nuca con suavidad para empujarla y que se tragara toda mi polla. El vistazo fue breve, ya que la puerta se cerró a los pocos segundos. Lo que estaba claro era que quien mirara habría visto bien lo que pasaba porque la persiana estaba bastante subida y entraba bastante luz de las farolas que estaban cerca de la ventana.

Tras unos minutos más de mamada, Elena se incorporó, subiendo hacia mi cara para besarme, diciendo:

-Javi, quiero que me hagas el amor.

De nuevo un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, erizándose mi piel a pesar del calor que hacía por estar ya casi en julio. Elena se tumbó boca arriba y me puse encima de ella con cuidado, apoyándome en mis codos, quedando en el clásico misionero. La propia Elena fue quien cogió mi polla para dirigirla a su rajita, frotándose ligeramente. Ya notaba lo mojada que estaba, por lo que en principio la penetración no debería ocasionar dolor ni molestia, pero ella seguía sensible aún, por lo que dijo:

-Házmelo muy despacito. Mi chochito está muy sensible y tienes que cuidar de él.

La excitación y ternura que me transmitía eran indescriptibles. Viendo lo sensible que estaba, me quedé quieto esperando a que ella me dirigiera, por lo que, cogiéndome de las caderas, empezó a dirigir la penetración. Era muy lenta, pero las sensaciones en mí eran muy intensas por el comportamiento que estaba teniendo Elena. Rápidamente apartó sus manos de mis caderas, llevándolas a mi cara para agarrarla con mucho cariño mientras me daba besos. Yo simplemente la follaba con el movimiento que hacía mi cuerpo al contraer mis glúteos. Pero daba igual, era un momento tan intenso, tan cargado de sentimientos y ternura, que la penetración llegó a ser algo secundario. Los protagonistas eran los sentimientos que surgían durante el acto, el verdadero amor.

Solo se escuchaban nuestras respiraciones ligeramente alteradas por el poco movimiento que había, hasta que pasados varios minutos Elena empezó a lanzar gemidos muy bajitos y dulces, empezando a mojarme más la polla y los huevos. Solo apartó sus labios, que estaban en permanente contacto por los besos que no cesaban durante todo el acto, de los míos para susurrarme un «te quiero», de nuevo con mucha ternura, el cual hizo que me diera otro escalofrío, disparando mi orgasmo como un dedo al apretar el gatillo de una pistola. Me empecé a correr dentro de ella entre jadeos no muy altos, haciendo de puente para que Elena hubiera el suyo, empezando a temblar bastante mientras pegaba mi cuerpo al suyo, abrazándome con mucha fuerza. Después de unos minutos quieto, esperando que se recuperara, intenté salir de ella.

-No, no salgas. Espera.

Respiró hondo y después de unos segundos susurró:

-Javi, me pasaría la vida contigo dentro de mí. Es increíble lo que me haces sentir.

De nuevo me dio otro escalofrío.

-Creo que puedes notar lo que tú me haces sentir a mí…
-Sí… Es algo que me encanta, lo hace más especial aún.

Después de unos pocos minutos así, salí de ella y se limpió con papel y después con unas toallitas para no salir al baño. Cuando tiró todo eso a la papelera, volvió conmigo, tumbándose a mi lado, apoyando su cabeza en mi hombro y acariciándome el pecho hasta que calló dormida. Al poco le seguí yo mientras vivía ese momento desde una nube, viendo imposible estar más a gusto.

Me desperté al amanecer, ya que se nos olvidó bajar la persiana. Mientras me espabilaba, miraba a Elena dormir aún, poniendo morritos por la posición en la que su cara estaba al dejarla caer en mi cuerpo. Tenía también una pierna sobre las mías y su brazo sobre mí cadera. Era uno de esos momentos en los que no te quieres mover por miedo a romper el momento. Estaba en la gloria. Mientras reflexionaba lo que pasó el día anterior me di cuenta de que la puerta estaba casi cerrada, pero no del todo, indicio de que alguien había vuelto a echar un ojo. Me estaba cansando de los vistazos de Noelia. Parecía que el bajón que estaba teniendo la había alejado de su actitud, pero en el fondo seguía con su encaprichamiento, buscando ver algo que no debería ver. Entonces Elena se empezó a despertar, frotando sus ojos para encontrarme sonriendo. Ella me devolvió la sonrisa y me besó. Nos levantamos y fuimos a la cocina donde ya estaba Maribel preparando el desayuno para la abuela de Elena. El encuentro fue un poco tenso, con un silencio bastante incómodo.

-Javier, ¿nos puedes dejar solas? Me gustaría hablar con Elena.
-Claro, sin problema.

Me levanté y le acaricié la cara a Elena sonriendo para que se relajara. Salí de la cocina, yendo al baño, encontrándome a Noelia saliendo de ahí. Aún parecía dormida. De hecho, tenía cara de estarlo aún, yendo con una coleta, sin gafas, en chanclas, con unos pantaloncitos muy cortos y una camiseta de tirantes que marcaban y transparentaban un poco sus pezones. Le di los buenos días y ella me los devolvió a duras penas, pero no por estar triste, sino por estar muy empanada, ni me echó cuenta prácticamente. Me extrañó por lo de sus miradas furtivas cuando Elena y yo estábamos jugando por la noche, pero no le di importancia, aunque sí que me excité un poco al recordar esos pezones ligeramente rosados de punta coronando esas tetas que desafiaban las leyes de la física al estar empitonadas hacia arriba. La vi entrar a su habitación y cerrar la puerta.

Cuando salí del baño, fui a la habitación de Elena para esperar mientras ellas hablaban, mirando el móvil.

Después de un buen rato, apareció Elena con una sonrisa en la boca, tirándose encima de mí, dándome un abrazo.

-Gracias por hablar ayer con mi madre.
-¿Ha ido bien?
-Sí. Me ha pedido perdón por meterse tanto en cosas en las que no debía meterse, por lo de la mochila, ya sabes. Y por su comportamiento en general.
-Genial entonces.
-Sí. Y ha sido gracias a ti. Me lo ha dicho, que tengo suerte de tenerte, porque si no la hubieras parado se hubiera liado bien.
-Sí, eso pensé.
-Yo también me he disculpado y eso. Todo está arreglado.
-Me alegro.

Elena fue a ducharse y mientras yo fui a preparar el desayuno para los dos. Una vez en la cocina, apareció Maribel mientras terminaba de prepararlo, poniéndose ella también a hacer el suyo.

-Ha ido bien la cosa, ¿no?
-Sí. Al final está todo aclarado y nos hemos disculpado la una con la otra. Estábamos enfadadas y se nos calentó la lengua.
-Claro, en caliente no se puede razonar. Oye, ¿y la abuela de Elena?
-Acostada. Le tengo que dar el desayuno para que no se tome la medicación con el estómago vacío, y le toca muy temprano, entonces pues se queda durmiendo casi siempre un poco más.
-Ah, no sabía.

Después de unos segundos en silencio, Maribel volvió a hablar.

-Tengo el don de la inoportunidad.
-¿Por qué lo dices?
-Porque ayer le empecé a dar vueltas cuando te fuiste a hablar con Elena y bueno, ya sabes… Si no me lo quito, no duermo.
-Sí, como la otra vez.
-Sí. Pues fui a su habitación y bueno…
-Oh…
-Tranquilo, no vi nada. Bueno… Lo pude intuir, pero no vi nada.
-Maribel, yo…
-No te preocupes, entiendo que hagáis vuestras cosas y no estabais haciendo ruido ni nada, fue culpa mía. Tendré más cuidado. No volverá a pasar.

Me quedé en silencio, un poco cortado. Ya era mala suerte que pasara eso, dándome cuenta de que no fue Noelia, sino ella quien nos vio cuando vi abrirse la puerta. El problema es que eso me puso un poco cachondo y saber que era ella quien nos vio, pues más. Pensaba si buscaba esas situaciones, imitando a Noelia con su comportamiento, pero si fuera así no me lo habría dicho, lo habría mantenido en secreto. Bien es verdad que la situación de cuando entró y me vio desnudo y también la de cuando me llevó a su habitación cuando vio que Elena y yo nos estábamos liando me parecieron raras también, pero lo achaqué a la mala suerte, ya que no veía ninguna señal ni indicio de que hubiera algo. Ni una insinuación ni nada en absoluto que me dejara entrever nada fuera de lo común.

Después de desayunar Elena y yo nos fuimos al salón, sentándonos en el sofá, bastante aburridos. Ambos dormitábamos debido al madrugón que nos pegamos sin necesidad. Al cabo de un rato aparecieron Maribel y su madre, sentándose a ver la tele con nosotros. Maribel nos miraba de reojo sonriendo ligeramente mientras Elena y su abuela se volvieron a dormir. De la que no había ni rastro era de Noelia. Parecía que con ese bajón le dio por dormir bastante, porque eran ya casi las 12 y aún no había aparecido.

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