PENÉLOPE

Me ganaba la vida como profesor de educación física, me había especializado en natación, así que en invierno daba clases en un club importante de la ciudad y en temporadas de verano, era uno de los socorristas del complejo de natación.

Todo fue bien entre mis veinticinco y treinta años, viví esa típica situación en que las chicas se crean un amor platónico con el socorrista, el muchacho mayor, musculoso, bronceado, con esa imagen de super hombre que todo lo puede, una imagen que pasaba por el morbo de las chicas más de lo que yo buscaba.

Jugué el juego, aproveche y pude disfrutar de la sexualidad de muchas jovencitas, sin quererlo me transformé en la presa que muchas querían cazar.

Nunca me creí lo que las jóvenes idealizaban en mí, no puedo hacerme responsable de sus fantasías, en el fondo, solo era un tipo sencillo que se ganaba el sustento trabajando desde muy temprano hasta muy tarde, un tipo de barrio, que disfrutaba tomar unas cervezas con sus amigos, ser profesional en lo que hacía, en resumen, no iba a ese complejo de natación a presumir mi rostro de baby face, pero era cierto que disfrutaba estar rodeado de las más lindas jovencitas del lugar, que parecían competir entre ellas para ver quien lucía más atractiva.

Tenía treinta y tres cuando mi vida daría un vuelco, era un año más, como todos, hasta mediados de febrero, cuando la temporada llegaba a su fin, un día apareció ella, estaba con tres amigas, no era de la zona, pero le habían recomendado el complejo para disfrutar un domingo de sol. Creo que me enamoré a primera vista, cuando la vi, mis ojos se perdieron en la perfección de su rostro, en sus curvas de sirena, en ese traje de baño tan diminuto que tan bien le quedaba, es que ella no tenía ningún defecto, sus proporciones eran justas, sus pechos exultantes, su vientre plano, su cintura envidiable y un culo para morir de un infarto, si hasta los tatoo que lucía parecían hechos a su medida.

Y sentí que la historia estaba invertida, porque ella me ignoraba, ni siquiera me había mirado y fui yo el tonto payaso que hizo de todo como para que ella dijera ‘guau! que rico está el socorrista!’, pero no, ella estaba muy de amigas, solo metiéndose al agua y saliendo a tomar sol al borde de la piscina como una diva.

Me las arreglé para ir a hablarles de cualquier cosa, fue cuando supe su nombre, Zaira, que apenas tenía veinte años y que al ver su sonrisa ya no tendría retorno.

La invité a salir, se transformó en mi obsesión y me costó muchísimo ‘escalar la montaña’, pasé casi un año tratando de que fuera solo mía, porque ella estaba en otra cosa, no le interesaba un compromiso y pasé por muchas negativas y evasivas, pero al final me salí con la mía.

Fui el hombre más feliz del mundo, tenía una mujer llamativa y bonita, un demonio en la cama, y ciertamente parecía ser un anillo demasiado grande para lucir en mí dedo, pero diablos, yo la había conquistado.

Lo cierto es que Zaira no era todo perfección, todo belleza, todo dulzura, ella tenía un férreo carácter y era muy dueña de tomar sus propias decisiones, no permitía que yo influenciara en su vida personal. Ella trabajaba sirviendo copas en un bar de mediocre reputación, a las ocho de la noche empezaba cada día y volvía cerca de las dos de la mañana, lo sabía cuándo la conocí y lo acepté en ese momento con la intención de cambiarlo a futuro.

Con la convivencia, poco a poco ese empleo comenzó molestarme en demasía, no nos coincidían los horarios, no me gustaba el lugar, ella contaba que estaba siempre lleno de adinerados que iban en busca de prostitutas, donde los ebrios se mezclaban con las medias de redes, donde se cocinaban demasiados negocios sucios. Además, a un sitio así, Zaira debía concurrir un tanto provocativa y llamativa, cosa que no le costaba nada, y todo eso empezó a hacerme demasiado ruido y traer problemas en nuestra relación.

Yo insistía con que solo dejase eso, esa vida no era para ella, no me gustaba esperarla a altas horas de la madrugada, me preocupaba, me dolía verla llegar vestida como prostituta, con olor a cigarros, frituras y alcohol, pero ella me decía que ese era su sitio, que yo ya lo sabía y que, si no confiaba en ella, la puerta estaba abierta. Me conformé con eso antes que perderla.

Es que, me hacía sentir tan pleno, tan dichoso, tan envidiado, en esos días cuando iba al complejo de natación, ella siempre me acompañaba, con trajes de baño cada vez más pequeños, caminaba con la opulencia de un pavo real, acaparando la mirada de cada varón del lugar y la cruel envidia de cada mujer que se sentía dejada en segundo plano por su pareja, entonces yo la miraba y sacaba pecho y me decía ‘Zaira es solo mía!”…

Como dije, ella trabajaba a diario en un horario no muy habitual, en general todas las noches me quedaba solo en casa, cenaba, a veces miraba algo por tv, alguna película en Netflix, algún video en YouTube, también solía quedarme escuchando alguna playlist en Spotify y en algunas oportunidades a navegar por la web en temas de mi interés.

Solía frecuentar algunas páginas porno, como creo que todo hombre hace, a mirar videos, fotos, y ya saben. Buscaba por acá, por allá, chicas bonitas, profesionales, amateurs, culos, tetas, coños, de todo un poco sin otra intención que llenar mi vista y ocupar mi tiempo.

Había visto de todo lo que imaginen, ya nada era nuevo y hubiera esperado encontrar cualquier cosa, menos lo que encontré por esas cosas del destino, un post dedicado a mi esposa.

Sentí que la sangre me hirvió de repente, decía algo así como ‘la calienta pollas de zona sur’, no estaba su nombre, solo sus fotos de perra, fotos que alguna vez había compartido conmigo, incluso algunas mismas que yo le había tomado, creí que moriría en ese instante, como si una filosa daga se incrustara en mi corazón para arrancarme miles de preguntas sin respuestas, solo me quedé mirando la pantalla, cuanta belleza junta, suspiré, pero como diablos habían llegado esas fotos ahí? mi mujer, mi amada Zaira, semidesnuda como una puta, a la vista de todos, y yo un completo ignorante.

Tragué saliva y me fui a tomar una cerveza, volví a ver las fotos, ya más tranquilo y conforme pasaban los minutos mi fuego interno se fue apagando para llenar de hielo mi corazón, era momento de pensar, de entender, de ser astuto.

Sin quererlo, en minutos me transformaría en detective, dejé las fotos de lado y me centré en los escritos que acompañaban a la puta de mi mujer y los comentarios de otros usuarios, ‘el cangrejo’ se hacía llamar quien había creado todo, no olvidaría su nombre, solo tragué saliva y me preparé para seguir adelante.

Zaira llegó cerca de las tres de la mañana, vi la hora cuando la sentí acurrucarse a mi lado, fue raro, no estaba molesto, no quería preguntar, era solo una tensa calma que debía tratar con sumo cuidado.

Los siguientes días no serían de lo mejor, por fuera estaba calmo, frío, tranquilo, pero por dentro tenía una bomba a punto de estallar que hacía lo imposible por desactivarla antes que explotara

Ayer era un tipo feliz, con la mujer más hermosa del mundo, hoy me sentía un miserable desgraciado.

En lo que quedaba de esa semana tomé mis noches de soledad para tender mi trampa, sin saber si funcionaría, volví a buscar el post donde estaba mi esposa, y fui por el cangrejo, después de darle la máxima puntuación le escribí al chat privado, felicitándolo por la ‘puta que había subido a la web, por la cara de putera que tenía’…, esperé un poco, ansioso, hasta que al fin recibí un ‘gracias’ de su parte, y por suerte para mí, el puente que estaba tendiendo era recibido al otro lado, así que emplee mis minutos de ese día y los siguientes para entablar una confianza entre ambos para obtener lo que quería obtener.

Ese sábado por la tarde lo tenía de descanso, llovía copiosamente, normalmente hubiera aprovechado para revolcarme con mi mujer, pero ese día no, solo estaba sentado con mi notebook al borde de la mesa, tenía una cita con el cangrejo, Zaira, ajena a todo estaba en su mundo, poniéndose más y más hermosa, más y más puta, ya que la noche llegaría con premura y ella tenía ‘que trabajar’, solo esperé a que estuviera online

— Hola cangrejo! espero me cuentes todo sobre esa perra que me enloquece!

— Hola Euro85! – ese era mi nick – que quieres que te cuente?

— Todo, me calienta mucho y me da mucho morbo, sabes cómo se llama?

— Ja ja! no, todos la conocen y la llaman ‘gatita’, pero no se su nombre

— Y donde la conociste?

— En un pub de mala muerte, ella generalmente sirve copas, y muchos tontos como yo vamos solo para verla un rato

— Imagino… pero cuéntame más… así no te interrumpo

— No sé, es una putita terrible…

Tragué saliva y mastiqué enojo, claro, el cangrejo no podía imaginar que estaba justo con el cornudo del marido de la gatita.

Miré sobre la pantalla, a menos de tres metros Zaira estaba en la cocina, dándome la espalda, ajena a todo, escuchando música de su móvil con auriculares, moviéndose en una forma tan sensual sin siquiera imaginar que yo la estaba observando, con un short multicolor que le dibujaban un culo de antología, sin dudas ella era la expresión de la perfección femenina.

Bajé la vista, para empezar a leer…

— Habíamos ido algunas veces a ese sitio, con un amigo, siempre en busca de alguna putita, y ya nos habían hablado de la ‘gatita’, conocida en el ambiente. Dimos algunas vueltas por el lugar, y fuimos a la barra, hay muchas chicas atendiendo, pero ella es única, sobresale de todas, pedimos unas copas, ella fue muy cordial, y charla va, charla viene entre los tres todo pareció funcionar, nosotros pagábamos, ella vendía, sabes cómo es ese juego. 

Brian y yo empezamos a discutir entre risas quien sería el afortunado que se quedaría con el premio de la noche, la gatita solo era parte y se reía en complicidad, saqué una moneda, Brian eligió cara, la arrojé al aire, pero ella se interpuso y atrapó la moneda en pleno vuelo, y dijo algo como ‘chicos, acaso soy un trofeo? porque mejor no elijo yo?

— Imagino… que puta – escribí para seguir tirándole la lengua al cangrejo –

— Ella les dijo a las otras chicas que la cubrieran un rato, rodeó la barra y vino del lado donde nosotros estábamos, que mujer, que caminar, que contorneo! se puso al medio de ambos, con esos toqueteos insinuantes, ya sabes, entre sonrisas nos acarició la nuca a ambos, Brian la rodeó por la cintura, yo no me aguanté y directamente fui por su enorme culo, a sobárselo delante de todos, no se molestó, pero me dijo mirándome a los ojos, que iba demasiado rápido.

Entonces cogió a mí amigo y lo llevó al lugar de baile, por un lado, me puse mal porque asumí que había perdido el juego, pero por otro, guau! verla a la distancia, era impagable!. Después de unos minutos, la gatita me miró, me sonrió y me guiño un ojo para que fuera a su lado.

Volví a levantar la vista, Zaira pasó por mi lado hacia el baño, para mi desgracia me regalo una sonrisa y me hizo un guiño de ojo, era muy sexi, pero en ese momento solo pude ver la semejanza entre lo que me hacía a mí y lo que les hacía a los otros, asimilé que de alguna forma yo no era especial, era solo uno más entre tantos, y un regalo que parecía ser solo para mí, en verdad era una jugada que tenía muy bien ensayada y conocía de memoria, respiré resignado y bajé la vista para seguir leyendo…

— Fue un baile muy caliente, transpiración, cuerpos contra cuerpos, uno por delante otro por detrás, refregando nuestros sexos, ella besó muy profundo a Brian y luego a mí, nuestras manos ya no tenían control y era todo tan loco que hubiéramos tenido sexo ahí mismo, hasta que ella nos llevó a la barra nuevamente, era hora de tomar una decisión, pero la muy puta dijo algo como ‘no puedo elegir solo a uno, así que mejor me quedo con los dos’, Brian le preguntó entonces ‘cuanto nos saldría este jueguito’ y ella solo respondió ofendida ‘acaso me ves como una puta que piensa cobrarte?’, lo ves amigo, esa mujer no es de este planeta.

— Sigue, sigue – solo dije para que no perdiera el hilo

— Bueno, la muy puta nos dijo que fuéramos a algún hotel, pero algo rápido porque era casada, te imaginas? pobre cornudo!

Le mandé unos emojis sonrientes, pero en ese momento si lo hubiera tenido frente a frente lo hubiera agarrado del cuello.

Era tarde, Zaira se aprestaba para irse, salió del dormitorio, lucía un pantalón negro ese tipo engominado que solo la hacían lucir perfecta, un top blanco con dibujos psicodélicos que apenas tapaban sus generosos pechos, con una campera de cuero llena de detalles en plateado, muy cortita, a la cintura, solo para dejar su enorme culo disponible a la vista de todos, tragué saliva en medio de enojo y excitación, dibujé una falsa sonrisa mientras me despidió acomodándose los cabellos y asegurándose que su maquillaje se viera perfecto, cerró la puerta y la oí marcharse.

Fui por una cerveza, volví a la concentración de la notebook y le pedí disculpas al cangrejo, y le dije que siguiera…

— Fuimos a mi casa, era lo más cerca y barato, serví unas copas y puse música, Brian ya se la había acaparado, se la estaba comiendo, fui por su espalda y la dejamos como relleno de emparedado, bailamos suave, sus besos se repartían entre los labios de mi amigo y los míos, era muy rico, porque lentamente nos fuimos desnudando, ni imaginas amigo la perfección de esos pechos, su cintura, sus labios depilados, que mujer!

— No debe ser para tanto – escribí tratando de jugar el juego

— Ja! tendrías que verla, una diosa del amor! en fin, sin que lo pidiéramos nos masturbaba con sus manos, a uno y al otro, no tardó en arrodillarse a nuestros pies, empezó a chupar a izquierda y a derecha, muy rico, muy sensual, lo hacía tan lento, tan rítmico que se notaba cuanto estaba gozando con eso, una maravilla, sentía que iba a explotar en su boca, pero entonces ella solo iba por Brian y me dejaba con las ganas, luego de enloquecerlo a él volvía por mi

— Y fueron entonces a la cama? – apuré el diálogo

— Si, la levanté en brazos y la tiré sobre la cama, mi amigo empezó a chuparle las tetas y yo fui entre sus piernas, un coño enorme y jugoso, la muy puta estaba toda chorreando, gemía como una cerda y suplicaba para que la follaramos, pero entre los dos la reteníamos a la fuerza, esos labios completamente rasurados, ese clítoris gordo y caliente!. Solo la llevamos al clímax y no paramos hasta el final, ella se retorcía en placer.

Cuando acabó ella no soportaba que le lamiera el clítoris, estaba muy sensible, bajé un poco y empecé a chuparle el culo, la hija de puta lo tenía todo abierto! y en esos segundos imaginé todas las pollas que seguramente habrían pasado por ahí

Tomé el último trago de cerveza que ya estaba caliente y fui por otra lata, me sentí confundido al sorprenderme con una erección y no entender que pasaba por mi cabeza, todo estaba mezclado, todo patas para arriba, volví a mi asiento, el cangrejo seguía escribiendo sin saber que yo me había detenido por unos segundos, llené el vaso y seguí con sus escritos…

— Ella nos suplicaba para que le diéramos con la polla, fui por unos preservativos y nos dispusimos a complacerla, empecé a follarla en cuatro…, vieras lo que yo veía, esa cinturita, ese enorme trasero, lo mejor de lo mejor! 

Al otro lado se la chupaba a mi amigo, estaba presa entre los dos! luego cambiamos, él la follaba y a mí me la chupaba, Brian le daba ricos empujones y yo cerraba distancia con él, se la metía más y más profundo en la boca, hasta la garganta, ella era el mismo demonio. 

Sus gemidos contenidos llenaban el cuarto, volví a cogerla por detrás, y ella reculaba hacia mi lado, la muy perra buscaba que la penetración fuera profunda, completa y bueno, cambiamos un montón de posturas que no entraré en detalle

Tragué otro sorbo de cerveza, tenía un nudo en la garganta y la verga dura bajo la mesa, tan cruel, tan caliente, tan perverso…

— Mi amigo le dio sexo anal, sin problemas, un buen rato, ella era una asesina, y en revuelco entre las sábanas ella lo estaba cabalgando a Brian, y me la chupaba a mí, entonces en un susurro de placer me imploró para que le ‘hiciera el culo’, fui por detrás, la polla de mi amigo le llenaba el coño, y su culito estaba todo abierto, se la metí completa, sin contemplación, sintiendo la gruesa polla que le llenaba el otro agujero, ella se curvó como una potra salvaje y aferró las sábanas entre sus puños, le dimos con fuerza como la mejor película condicionada que puedas imaginar! y bueno, después de un rato sentí a Brian correrse y yo hice lo propio por mi parte, Euro85, estás ahí?

— Si si! – respondí con suma rapidez, no quería que dejara de escribirme.

— Bueno, te cuento lo mejor, ella siguió acariciando nuestras pollas que fueron perdiendo erección, entonces sacó ambos preservativos llenos de semen, la muy puta nos miró fijamente y los vació en su boca, uno, y el otro, jugó con la mezcla, nos dejaba ver, dejó chorrear parte por la comisura de sus labios, y luego lo tragó todo, por completo!

Diablos, con quien me había casado? era cierto lo que leía?, pensar que yo besaba esos labios sucios, entonces pregunté…

— Siguieron follando después?

— No, en verdad no, es curioso, pero ella dio por terminado el juego, nos dijo nuevamente que era casada y que tenía que volver a su casa para no levantar sospechas, que su marido era un buen hombre, y un buen cornudo, por cierto, imaginas, no quisiera estar en sus zapatos!

Si hubiera sabido con quien hablaba, al menos tenía la delicadeza de considerarme un buen hombre, en fin, ya no tenía muchas intenciones de seguir hablando con el cangrejo, solo me dijo que jamás había podido arrancarle su nombre, que solo había podido obtener las fotos con las que había armado el post y que jamás pudo volver a follarla, por cierto, me dio el nombre y el lugar donde ella trabajaba, por si quisiera conocerla, que preguntara por la gatita. Le agradecí la información, como si yo no hubiera sabido donde encontrarla.

Agarré la última cerveza que me quedaba en la nevera, salí al balcón a tomar aire fresco, una rica brisa corría por el corredor que armaban los edificios a los lados de la calle, las luces led blanquecinas daban una hermosa imagen a la avenida flanqueada por grandes árboles, abajo había silencio, apenas algún que otro coche circulaba cada tanto y algún que otro desprevenido transeúnte le daba vida a esa postal. Tomé otro sorbo, mi vejiga me recordó que había bebido demasiado y debía pasar por el baño.

Cerré el ventanal y fui a orinar, mi calzoncillo estaba impregnado de mis jugos producto de la continua excitación y erección por la que estaba pasando, fue una sorpresa, me lavé la cara, me cepillé los dientes y fui a la cama, era tarde.

Aun me estaba acomodando cuando entró un WhatsApp de Zaira para avisarme que llegaría un poco más tarde, que era sábado y había demasiado movimiento, me reí y lo dejé de lado, hija de puta, demasiado movimiento…

Solo las cosas daban vueltas por mi cabeza, todo lo que el cangrejo me había escrito me llevaba a imaginar todo, a revivir ese momento como si hubiera estado presente, un estúpido con mayúsculas, ciego, confiado, enamorado. Abrí la notebook para releer el chat, y fui a su post para ver las fotos de mi mujer casi desnuda, como cualquier extraño podía mirarlas un torbellino de ideas dieron vueltas por mi cabeza, lo hermosa que era, lo puta que era, sus curvas estaban ahí, a la vista de todo el mundo, para que cualquiera pudiera masturbarse con mi mujer, yo solo en mi cama y ella, bueno, la imaginaba chupando pollas a desconocidos…

Me estaba masturbando sin querer hacerlo, porque no podía más, con sentimientos encontrados de excitación y odio, pero no podía evitarlo…

El semen saltó con fuerza inusitada, una vez, dos tres, por mi bajo vientre, por mi pecho, incluso llegó a mi rostro, mierda, no recordaba lo que era acabar de esa forma…

Me limpié con la camiseta y creo que en ese momento pude tener una paz pasajera.

No pude dormir, era imposible, di vueltas a un lado y a otro, ella llegó tarde, simulé estar dormido, pero sabía que había estado con alguien, ahora lo sabía.

En los días siguientes seguí calculando mis pasos, podría haberla enfrentado, podría haberle mostrado los escritos del cangrejo, podría haberle mostrado el post público donde todos la podían ver casi como había llegado al mundo, pero y después? seguramente no habría retorno, ella no cambiaría y la copa de cristal ya estaba rota, y en esa copa rota se reflejaba el fracaso de nuestra pareja. Tampoco me quedaría resignado, como si nada pasara, no era un hombre vengativo, pero tampoco un tonto sumiso que aceptaría cualquier cosa.

Ese viernes ella estaba mortal, como siempre, con una minifalda de cuero negro muy cortita, medias de red con encajes, botas de tacón alto, pasadas las rodillas, una camisa sin mangas, de finos breteles que le dibujaban un busto perfecto, se había recogido el cabello y lucía unos amplios colgantes en forma de argollas que casi rozaban sus hombros, sentía el sabor a engaño en mi boca, pero Zaira siempre estaba radiante, siempre preciosa, siempre perfecta.

Cuando la puerta se cerró y oí el coche marcharse, puse la última fase de mi plan en práctica, ya estaba afeitado y bañado, me calcé un jean de vestir, zapatos negros y una camisa violeta que a Zaira le encantaba, era su favorita, también me puse un perfume dulzón que ella me había obsequiado, me miré al espejo para asegurarme que todo estuviera en orden, hasta el último detalle, y partí a ese pub de mala muerte.

Llegué al lugar, pagué mi entrada como todo el mundo, era temprano, aún no había demasiada gente, apenas había pasado un par de veces por ese antro, como dije al principio, Zaira era una mujer muy independiente y dictatorial en sus cosas y siempre me había casi prohibido que yo metiera las narices en su empleo, di unas vueltas y como quien no quiere la cosa le pregunté a uno de los gorilas que cuidaban el lugar por ‘la gatita’, el tipo cruzado de brazos con la mirada y levantando las cejas me indicó que me dirigiera a la barra, y ahí fui, a su encuentro.

El rostro de mi mujer se desfiguró al otro lado de la barra al verme…

— Qué haces aquí ? – tiró como reproche

— Nada, – respondí con una falsa sonrisa – trátame como un cliente más, o no puedo tener una noche de copas?

Dejé dinero sobre el mostrador para que me preparara una copa, mi dinero valía como el de todo el mundo, ella empezó a prepararlo casi sin quitarme la mirada, yo solamente me llenaba de su hermosura, es que, a pesar de todo, yo no podía odiarla

La tomé casi sin respirar, y pedí otra, creo que en ese momento mi mujer intuía lo que pasaba, de hecho, fue al otro extremo a atender a otras personas y me dejó a mí en manos de otra de las chicas, me quedé solo, solo la veía a la distancia

Tomé la tercera copa, y la cuarta, entonces me di cuenta que estaba haciendo mal las cosas, ese no era el plan, solo me estaba emborrachando como un tonto despechado, aclaré mis ideas

Fui sobre ella nuevamente, la invité a bailar, Zaira me dijo que no podía, que estaba trabajando, yo le dije que sí, si podía, que solo un tema y entramos en una discusión de tontos.

Creo que ella se apiadó de mí, mi actitud había llamado la atención de un par de  gorilas y si seguía en eso me echarían a la calle, pero también era su empleo y seguro tenía instrucciones de no armar líos dentro del local, así que solo vino a mi lado.

Bailamos una canción, era movida, pero yo la apreté junto a mí, como si fuera el más romántico de los boleros…

— Estás ebrio! – recriminó

Tal vez, tal vez estuviera ebrio, y qué? cuál era el problema? solo quería estar así, con ella, era mi mujer y tenía más derecho que todos, cualquiera de esos bastardos que la seducía noche tras noche no tenía nada que hacer ahí, porque ella era mía, solo mía!

Me enredé en sus cabellos, me embriagué en su perfume, llené mis manos con la geometría de sus líneas, mis ojos naufragaron en los suyos y respiré el aire que ella estaba respirando. La apretaba a mi lado, con fuerza, para retenerla e inmortalizar esos segundos, porque, aunque ella no lo supiera, en esos segundos empezaba a soltarla.

Zaira no entendía, o prefería no entender y preguntaba una y otra vez que estaba sucediendo, que estaba raro, y que contestar? si yo ya me sentía uno del montón, era un tipo que trataba de seducir a la gatita, a la puta de todos, el tesoro más preciado.

Le pregunte donde estaban los baños, yo creía recordarlo de las ocasiones anteriores en que había ido al pub, pero el alcohol no me dejaba ver con claridad, simulé estar perdido para que ella misma me llevara hasta la puerta, y ahí habíamos llegado, damas, caballeros.

Yo tenía el plan trazado, en la previa iríamos al de damas, pero en ese momento, estaba caliente, enojado, molesto y excitado, todo mezclado en uno, así que la cogí por la muñeca y casi a rastras la llevé al baño de caballeros…

— Que te pasa? estás loco?

Pero yo ya no diría más palabras, ya no.

Un par de muchachos fueron sorprendidos, uno estaba en el mingitorio y otro fumando un cigarro en el fondo, le llamamos la atención de inmediato, más la figura de mi mujer en ese lugar. La llevé a Zaira contra los lavabos y la puse de frente a los espejos y yo quedé por detrás, nuevamente me llené los ojos con sus curvas y ella solo me respondía la mirada, ya más tranquila, pero a la expectativa. En ese momento me sentí uno de sus tantos amantes, pasé la mano por delante, a su vientre desnudo subí hasta sus tetas, quise desnudarlas, pero ella quitó mi mano…

— Pará! que te pasa?

— Seguro que no soy el primero – respondí en tono ofensivo

Volví a empujarla hacia adelante, la retuve por la fuerza, le levanté la falda delante de los extraños, la media de nailon cubría su trasero hasta la cintura, por debajo se dibujaba un culo casi imperceptible, que buena que estaba! Zaira, parecía dudar entre resistirse o entregarse, estaba confundida, yo era su esposo y nunca había actuado así.

Clavé mis dedos entre sus nalgas, y como si fueran tenazas hice crujir las medias para romperlas todas en la zona de su sexo, ahora sí, con el acceso libre busqué entre sus piernas y le enterré un par de dedos en la vagina, la perra estaba toda mojada, pero susurró con el poco decoro que le quedaba…

— Para, para por favor…

No le hice caso, al baño habían llegado dos hombres más y los que estaban obviamente no pensaban irse, uno sacó su móvil y le dije que sí, que tomaran las fotos que quisieran, que filmaran, que ella era una puta y disfrutaba ser el centro de atención, que le gustaba que la miraran, que la follaran, que la calentaba todo lo sucio que ahí estaba ocurriendo, esperé que Zaira lo negase, pero no, no pudo hacerlo, estaba en su salsa.

Se la metí toda, hasta el fondo, apretando sus piernas contra el mármol del lavabo, profundo, más profundo, la miraba al espejo y ella me devolvía la mirada, cada vez que empujaba ella cerraba los ojos y gemía como una gatita, volví a pasar la mano por su vientre y esta vez sí desnudé sus enormes tetas ante la mirada extasiada de los afortunados espectadores de turno, miraba sus pechos contra el resplandor, sus pezones, sus trazos dibujados por un especialista.

Poco a poco el baño se fue llenando de curiosos, los que entraban ya no salían y las luces de los flashes de las fotos llenaban el sitio.

Tomé su pierna izquierda y se la levanté sobre el lavabo apoyando en el su rodilla y su pantorrilla, quedó parada haciendo equilibrio sobre la derecha, su enorme culo quedó bien abierto a mis ojos, Zaira ya estaba perdida, era la puta que todos se follaban y yo era solo uno más, así me sentía, ya no era su esposo, solo uno que quería comerse la frutilla del postre.

Escupí en su esfínter, la saqué de la vagina y se la metí en el culo, lo tenía tan abierto que casi no noté la diferencia, eso siempre me había gustado en ella, que tuviera el culo tan abierto, pero ahora me hacía hervir la sangre, y Zaira ya gritaba de placer como si fuéramos las dos últimas personas del mundo, y volví a su coño, y a su culo, le decía ‘puta, puta, puta’ y eso solo la encendía, me vine todo en su coño, y confieso que fue el orgasmo más hermoso que pudiera tener, haberme follado a esa puta había sido mejor que todas las veces que me había follado a mi mujer.

Las cosas no seguirían como las había planificado en mi mente, el escándalo del baño de caballeros había llamado la atención de propios y extraños, los aplausos de los tipos que se habían arremolinado fueron interrumpidos por el personal de seguridad, y esta vez sí, los gorilas me llevaron a la puerta y mi retirada sería por las buenas o por las malas, intenté resistirme, entonces fue por las malas, cuando quise darme cuenta estaba desparramado en la calle, mirando las estrellas, con un par de golpes y magullones tratando de acomodar mis ideas.

Me incorporé en silencio, daba vergüenza, me acomodé las prendas y al mirar hacia la entrada vi como Zaira salía acompañada, incluso para ella había sido demasiado.

Caminamos en silencio, a la par, sin decir palabras, yo no estaba en condiciones de conducir, ella no deseaba hacerlo, no queríamos volver a nuestro casa. Pasamos por una estación de servicios, fuimos al free shop, casi no había nadie a esa hora de la madrugada, pero los pocos casuales nos miraban extrañados, mi imagen era patética y ella, ella lucía como la más puta de las putas.

Quise comprar un champagne para festejar el fin, pero ni siquiera, apenas una sidra barata de segunda marca.

Seguimos nuestro camino, buscamos un lugar apartado, nos sentamos al borde del cordón que delimita la calle, uno al lado del otro, bebiendo perdidamente, hablamos muchas cosas, demasiadas, desde el día en que la había conocido en la piscina hasta el presente.

Los primeros rayos del sol empezaban a asomarse por el horizonte, pasó un bus con los muchachos que ya iban a trabajar al puerto y nos gritaron todas las cosas que puedan imaginar, desde puta a cornudo pasando por todos los colores del arcoiris, era tarde, o temprano, ya no sabía, nos miramos, reímos…

Poco después, seguiríamos nuestros caminos por separado, no quise explicaciones, ni desde cuándo, ni como, ni nada, tampoco me interesaba volver a intentarlo, ella no cambiaría, y si lo hiciera, ya no sería ella. Zaira entendió la situación, tampoco quiso entrar en detalles de esa parte de su vida.

Hoy sigo mi camino en soledad, pasaron algunos años y ya no soy el baby face de ningún centro de natación, solo un modesto profesor de gimnasia de escuelas públicas. No supe más de ella, de su empleo, nada, no sé si aun trabaja en ese pub, tal vez sí, tal vez no, estuve con muchas mujeres, ninguna como ella, tal vez solo quiero encontrar en alguna lo que Zaira movía en mí.

A veces se me cruza la loca idea de ir a beber unas copas, no sé, pero después lo pienso y me contengo, tengo miedo, miedo de volver a enamorarme de la gatita.

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