JESÚS FUENTES

Acaricio tus piernas, admirables, nacaradas, columnas de mármol, sostén de tu escultura…y tu escoliosis. ¡Ah, tus piernas!

Mis manos hábiles, culebrean, reconocen cada espacio. Tú, sintiendo la marejada, complaciente.

Fuera, la tarde en declive, entreluces naranjas, amarillos y bermejos se pierden al final del océano.

Dentro, nuestros cuerpos crepitan, se calcinan, hasta los huesos. ¿Es el amor? ¿El deseo? Así nos queremos. Sin preguntas, sin respuestas. ¿Me explico?

Intempestivo, vivimos el momento (la vida es de momentos),  aletargados. ¿Locos? ¡Locos ya estamos!

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