ALMUTAMID

Tras despedirnos de forma cariñosa con largo beso en la boca de ambas chicas para cada uno de nosotros nos fuimos a clase. Ahí fue cuando Guido me interrogó sobre el polvo con Heidi contándoselo pero intentando no dar detalles.

Por la tarde me tocó contar el fin de semana a Astrid, evidentemente sin contarle que había follado con la alemana tetona. Mientras me duchaba recordando la ducha del día anterior no pude evitar pensar en cuantas chicas me habría follado si me hubiera ido a estudiar toda la carrera fuera. Pero en realidad llegué a la conclusión que era el ambiente Erasmus el que generaba esa facilidad para el sexo y no el estudiar fuera en sí. En mi residencia jamás se había montado una fiesta como las que había visto allí y nunca había visto tanto tráfico entre habitaciones.

La semana empezó bien y transcurrió con normalidad hasta el jueves. Caí en la cuenta de que era el día de Andalucía. De golpe sentí la nostalgia que llevaba días sin notar y recordé como en casa siempre colgábamos la bandera en el balcón y me iba a comer a un restaurante con mis padres. Y ahora estaba a 2.500km de distancia. Pensé celebrarlo por lo que me fui a un supermercado y busqué algún producto andaluz.

No fue fácil y además se me hizo algo caro, pero al fin encontré una botella de oloroso de Jerez a precio de palo cortado, aceitunas de mesa, chorizo aunque no ibérico, y pude comprar los ingredientes para hacer una tortilla de papas y unos pimientos fritos. Después procedí a invitar para el viernes a la hora de la cena (aunque lo mío era una merienda) a los más allegados. Invité evidentemente a Astrid, que incluso me ayudó en la cocina a batir huevos y darle la vuelta a la tortilla en una cacerola pues no encontré sartén suficientemente alta. Pero también se lo dije a Guido y las alemanas, Heike, Santiago el gallego, y de la residencia a Georges, Yusef, Amelie y Alice Li y, por supuesto a Mireia.

Nadie se excusó para no acercarse un momento excepto Mireia que no tenía mucha relación con los demás por lo que supuse que no vendría. Decoré mi habitación con escudos impresos de las 8 provincias y algo parecido a unos farolillos de feria que encontré en una tienda de disfraces. Puse a sonar en el ordenador una play list que combinaba flamenco con sevillanas y pop andaluz y dispuse las dos tortillas que hice con Astrid y una fuente con pimientos italianos fritos, las aceitunas, el chorizo y el vino como colofón. Pues para acompañar tocó tomar cerveza belga pues la única española que encontré lleva nombre de santo y no me gustaba.

Coloqué un cartel en la puerta que decía: “Bienvenidos a Andalucía. Pase” y de ese modo fueron llegando todos los invitados incluida Mireia que me sorprendió con su presencia aunque temí que soltara un mitin político de los suyos. Afortunadamente la vi animadamente hablando con Georges y Yusef.

Al observar al variopinto grupo me dio una risita tonta observando a las chicas. Había tenido algo con todas menos con Mireia y Astrid. El pensamiento se me nubló. Estaba follando mucho y bien, peor no con quien quería. Lo mío con Astrid empezaba a ser un reto. Pero por otra parte sentí una sensación placentera al pensar que todas podían hablar de mí y no pelearían. Ni yo tenía por qué ponerme nervioso. Hasta entonces cada vez que coincidían dos chicas con las que yo había tenido algo saltaban chispas, celos y hasta había algún incendio. Pero allí todos reían, conversaban y probaban una comida extraña para ellos.

Mireia fue la primera en retirarse. Seguida de Yusef. Astrid había quedado para salir con compañeros y se retiró poco después. Santiago empezaba a cansar a las demás chicas con tanto coger de la cintura y pasar la mano por los hombros. Incluso temí que Guido se molestara cuando se puso pesado con Greta pero viendo su escaso éxito se fue al centro.

No había abierto aun la botella de vino y como ya quedábamos pocos serví un poco en vasos pequeños de plástico. Les chocó que tuviese tanta graduación siendo vino, pero sobre todo que lo sirviera tan frío. Heike se acercó a hablar conmigo muy cariñosa y aproveché para preguntarle si conocía a alguien antes de venir. Me confesó que había salido varias veces con las alemanas y que incluso les había hablado de mí al saber que era compañero de clase de Guido.

-¿Hablarías bien?- le pregunté haciéndome el preocupado.
-Jajajaja, muy bien- respondió cogiéndome por la cintura.

Heidi se nos acercó y le serví más vino. Le contamos a la neerlandesa el viaje de fin de semana. Sin darme cuenta las tenía a ambas cogidas por la cintura mientras conversábamos los tres. Pero Amelie y Alice Li vinieron a despedirse y tras darles las gracias por haber venido las acompañé los tres pasos que había hasta la puerta. Georges se fue con ellas dándome un abrazo tan fuerte que casi me aplasta.

Guido propuso salir al centro pero yo pedí que esperáramos al menos a terminar lo que quedaba pero me dijo que ellos se adelantaban quedándome al final con H&H y media botella de oloroso. Nos sentamos los tres en la cama conmigo en medio charlando con la risa floja de las varias cervezas y el oloroso. He de decir que los vinos andaluces son peligrosos pues son generosos en su contenido alcohólico rozando en algunos casos los 18º. Pero además algunos son tan afrutados o tan dulces que enmascaran el alcohol lo que provocan que la gente se chispe rápidamente si no bebe con moderación. Y mis dos amigas se lo estaban bebiendo como si fuese un chupito a tragos completos.

Heidi con la risa se fue al baño porque se meaba. Mientras Heike y yo hablábamos la chica me dio un beso y respondí comiéndole la boca. En ese momento regresó la alemana pillándonos.

-Upsss, perdón…

Me levanté cortado mientras la chica algo azorada decía:

-…si queréis os dejo solos…
-No por favor, no te vayas- le pedí llegando hasta su altura.
-…no quiero cortaros el punto…

No sé que fuerza me impulsó a hacerlo pero le dije que no estorbaba y sin pensarlo le di un beso en la boca que la chica no rechazó. Me separé de ella comprobando sus mejillas encendidas y tomándola de la mano la llevé para volvernos a sentar en la cama.

Nos sentamos de nuevo los tres en la cama conmigo en medio pero se había hecho un silencio incómodo. Fue Heike la que tomó la iniciativa de nuevo besándome. Yo respondí besando a Heidi. De golpe me vi inmerso en un vaivén entre las chicas basculando entre sus bocas como un juego de pelota. Parecía un juego adolescente pero mi boca cambiaba de boca a cada instante y evidentemente algo empezó a crecer dentro de mis pantalones.

No sabía hasta donde íbamos a llegar ¿un trío? Sería increíble que yo me lo montara a la vez que dos hembras tan hermosas. Pero aunque Heike parecía muy decidida Heidi parecía dudar aunque aceptaba mis besos. Había que dar un paso más y me quité la camiseta. La primera mano que se posó en mi pecho fue la de la holandesa pero mientras me besaba con ella sentí otra mano en la espalda que me acariciaba con ternura. Me estaba montando un trío de verdad ¿hasta dónde llegaríamos?

La cuestión era relajar a Heidi y se me ocurrió que tenía que sentirse segura con Heike. Lo sorprendente es como mi cabeza era capaz de maquinar cuando mi sangre empezaba a agolparse medio metro por debajo de mi cabeza. Dejé de besar a las chicas mientras ambas me observaban, una con evidente deseo en su rostro, la otra acalorada y con las mejillas totalmente encendidas. Le di un pico a Heidi y seguidamente otro a Heike y me aparté. La orange entendió mi intención y acercando su cara le plantó un pico a la teutona que se sorprendió. Entonces yo la tomé de los labios apartándome para que Heike lo hiciera también.

Evidentemente no eran lesbianas y aquello sólo era un juego con un tío. Pero las chicas se estaban besando así que aproveché para desnudar a Heike sacándole una camiseta que llevaba y dejando que sus tetas quedaran a nuestra vista. Dejé que la alemana se acostumbrara a la desnudez de la neerlandesa mientras que yo acariciaba a ambas. Un año antes había participado en un trío del que me quedaba mal recuerdo por haberme sentido utilizado. Ahora yo era el inductor de otro. ¿Hacía bien?

Mientras era yo quien dudaba fue Heike quien ayudó a Heidi a quitarse el top que llevaba quedándose en sujetador. Era la primera chica que veía que lo usaba desde que había llegado a Lieja. La prenda aprisionaba la redondez de sus tetas. Fui yo quien agarró uno de sus pechos mientras que la otra chica se ponía de rodillas en la cama detrás de mí abrazándome pasando sus manos por mi pecho y mi vientre. Heidi y yo empezamos a besarnos mientras yo intentaba desabrochar su sostén con mi torpeza habitual.

Al final lo conseguí liberándola de semejante presión y acaricié sus pechos con dulzura mientras Heike me acariciaba a mí. La típica lucha a cuatro manos ahora era a seis. Podía acariciar las enormes tetas de la teutona mientras sentía poyadas en mi espalda las de la holandesa. Y mientras mis manos se centraban en los senos que estaban delante de mí las manos de la holandesa recorrían mi cuerpo. ¿Y las manos de Heidi? Una estaba en mi muslo pero no sentía la otra.

Solté sus labios un momento para ver y me deleité comprobando que su mano libre estaba apoyada en la espalda de la otra chica. No se evitaban. Entonces Heike besó mi cuello desde atrás pero sólo iba de paso pues buscó la boca de Heidi. Se besaban a escasos milímetros de mi cara. Una a mi lado, la otra detrás. Estaba claro que Heike no era la primera vez que besaba a una chica, quizá Heidi sí. Yo no me imaginaba haciéndolo con otro tío aunque recordé como Blanca había juntado y jugados con las pollas de Dani y la mía y en ese momento no había sentido ningún reparo empujado por el morbo. Quizá Heidi estaba pasando por la misma circunstancia.

Pero Heike acercó su boca al oído de la otra chica diciéndole algo que no fui capaz de oír. Ambas se sonrieron y se dieron un pico mientras que la alemana buscaba mi boca de nuevo. En ese momento la orange se separó de mi espalda sentándose de nuevo a mi izquierda y mirando a Heidi se sonrieron de nuevo y empezaron a besarse delante de mi cara acariciándose mutuamente. El pantalón me iba a estallar. Me dolía de como presionaba la erección tan violenta que sentía.

No sé cuanto duró el momento de besos y caricias entre las dos chicas apoyadas sobre mí pero cuando terminaron ambas se sonrieron de nuevo y se separaron, pero Heike buscó el botón de mi pantalón desabrochándolo mientras la alemana observaba expectante. Cuando soltó los botones de la bragueta sentí una gran liberación a pesar de que aún el calzoncillo presionaba mi churra. Las chicas cada una por su lado tiraron de la cintura del pantalón y cada una sacó la prenda por una de mis piernas mientras yo me sujetaba con los brazos en el colchón.

El bulto era evidente y cuando Heike volvió a besarme pude sentir como me acariciaban la polla por encima del calzoncillo. Para cuando miré quien era una mano ya había liberado de su prisión de tela mi falo hinchado, venoso y ligeramente humedecido en su punta y lo pajeaba suavemente.

Realmente estaba ocurriendo. Estaba con dos preciosidades en mi dormitorio enrollándome a la vez. Y mientras una me besaba y acariciaba el pecho la otra me pajeaba suavemente. ¿Tan grande era mi atractivo o simplemente se dejaban llevar por el morbo de la situación? Seguramente el alcohol y el hecho de que ambas supieran que ya me había acostado con las dos hubiera relajado totalmente los prejuicios que sobre todo Heidi pudiera tener. Pero es que estaba ocurriendo todo a la perfección: naturalidad, deseos de probar cosas nuevas, ambiente relajado, deseo…iba a ser una experiencia inolvidable.

Y más cuando Heike volvió a acercar su cara a la de Heidi y tras darle un pico volvió a susurrarle algo al oído. Esa era la otra palabra que me faltaba en el círculo: complicidad.

¿Estaba soñando? Ambas entre risitas juguetonas se resbalaron poniéndose de rodillas en el suelo y obligándome a abrir mucho las piernas tras terminar de quitarme los calzoncillos. Yo volví a echarme atrás apoyándome en los codos para no perder detalle de lo que ya sabía que iba a pasar. Y es que Heidi sujetó mi polla para que Heike pasara la lengua por mi glande. Me excitó más la imagen de las dos caritas blancas de mejillas sonrosadas y cabello rubio que el lengüetazo en sí. Pero es que después la neerlandesa le ofreció mi polla a la alemana para que hiciera lo mismo.

Ambas se miraban con una complicidad asombrosa y jugaron a pasarse mi churra la una a la otra varias veces hasta que ambas acercaron sus bocas de modo que chupaban lateralmente mi nabo rozando sus labios. Sus cabezas me tapaban la escena pero podía sentirlo, ahora sí. Mi polla lucía como nunca, enhiesta, hinchada, con las venas muy marcadas y con una gotilla casi permanente resbalando hacia las lenguas de las chicas que recogían inconscientemente en sus lamidas.

El sexo definitivamente es más mental que físico. Había tenido más caña en muchas ocasiones y no estaba tan excitado como en los pocos minutos que llevábamos de caricias y besos, y por supuesto con el inicio de la mamada. Tenía una enorme sensibilidad en cada roce sobre mi piel y no sólo de sus bocas sobre mi pene sino también sus menos apoyándose en mi muslo o mi vientre. O especialmente cuando alguna sopesaba mis bolas llenas de semen caliente para regalar en cualquier momento.

Porque ver como se pasaban mi miembro viril de mano en mano para chuparlo como un chupachups ofreciéndoselo la una a la otra en algunos momentos como si yo no existiera y en otros sintiendo como me miraba la que quedaba libre era algo que superaba cualquier expectativa de morbo. Pero lo realmente fascinante es que parecían estar pasándoselo bien. Parecían estar más pendiente la una de la otra con su “juguete” de carne caliente que de provocarme placer. Pero es que precisamente eso era lo que más placer me estaba provocando.

Era la conjunción perfecta de sexo y morbo. Y mi cuerpo lo sentía. Tanto que cuando Heike en vez de limitarse a chupar mi glande profundizó un poco más tragándose más de media polla sentí un cosquilleo a la vez placentero y amenazante. Pero confiado en mi aguante cuando la chica cedió el turno a la alemana que la imitó pero presionando más el glande en vez de tragando más me di cuenta de que el aviso era cierto pues el cosquilleo ya me subía por la espalda notando mis pelotas más activas. ¿Pero como pedir que pararan? Tenía que aguantar. Intenté concentrarme. Podía no mirar como en el concurso. ¿Y perderme el sueño de cualquier hombre? Desde luego que no.

Mientras intentaba evitar una corrida prematura las chicas seguían a lo suyo acariciándole la espalda a la que mamaba despacio tragándose mi churra casi entera. Una de las veces Heike besó a Heidi mientras sostenía mi nabo justo antes de ofrecérselo a la alemana. El momento en que sentí sus labios recorrer el tronco de mi polla acomodándose a su grosor y la mano de la neerlandesa acariciar mis pelotas fue el punto de no retorno.

Abrí mucho los ojos pidiendo que pararan:

-Please, please, stop¡ I am coming… (Por favor, parad. Me vengo…)

Heidi tuvo el tiempo justo de levantar la cabeza antes de que saliera el primer goterón con bastante fuerza. Heike reaccionó pajeándome para intensificarme el placer mientras yo gemía negando:

-Nooooo, no, no…

El ganador del concurso de mamadas. El empotrador de la residencia. El martillo pilón que había hecho gritar de placer a las chicas, empezando por una de aquellas dos, se estaba corriendo en apenas cuatro chupetazos de forma incontrolada y sintiéndose avergonzado mientras Heike terminaba de vaciarme dejando que mi semen resbalara por su mano que rodeaba mi churra amoratada y brillante. La chica tenía una risita nerviosa mientras que la alemana observaba sin participar con su mano en mi muslo.

Cuando salió el último chorro y por más que meneaba la orange ya me había terminado de vaciar la chica besó mi glande con algún resto de corrida provocándome un respingo. Me sonrió e hizo el gesto de besar a la alemana pero esta se apartó. Parecía que de golpe había tomado conciencia de que algo de lo que estaba haciendo no le gustaba.

Heike se quedó cortada por el gesto mirándome como si buscara mi complicidad, pero yo tenía un sentimiento mezcla de vergüenza y estupor comprobando como Heike se ponía el sujetador apresuradamente aprisionando sus enormes pechos disculpándose:

-Los siento…yo no esperaba…yo…

Heike se levantó tras intentar limpiar el semen de su mano en mi muslo para pedirle que no se fuera pero fue inútil. En cuanto se colocó la camiseta cogió su abrigo y se fue con prisa diciendo que ya hablaríamos.

El bajón mío fue doble. Pasé del mayor de los morbos, a la corrida prematura y el final inesperadamente negativo. Sentía que habíamos hecho algo malo pero a la vez sabía que los tres éramos adultos y conscientes. Mi segundo trío volvía a salir mal y no era el sexo lo que había fallado.

Me levanté sin saber que hacer para buscar algo con lo que limpiarme. Primero le di una toallita a Heike para su mano y yo me limpié con otra. Serví dos copas de oloroso y le di una a la chica que notó mi zozobra:

-No te preocupes Luis. No todo el mundo está preparado. Pero yo lo estaba pasando bien.

Lo único que se me ocurrió fue besarle la boca y apretarle el culo. Y ella me respondió metiéndome la lengua hasta la campanilla para beberse después el vino de un trago y desabrocharse los pantalones. Quería fiesta.

No fue de mis mejores polvos aunque creo que la chica se lo pasó bien cabalgándome. No podía quitarme de la cabeza la forma como se había ido y me sentía mal. Aunque realmente no sabía por qué me sentía mal.

Tras correrse la holandesa aunque insistió en que yo llegara al orgasmo le pedí un descanso y nos quedamos charlando en pelotas en la cama como la primera vez apurando el vino. Entre caricias y charla nos quedamos dormidos. No hicimos ningún comentario sobre lo ocurrido con Heidi. Tampoco yo tenía claro lo que había pasado.

Por la mañana me desperté más despejado a pesar de la resaca. Hacía bastante tiempo que no dormía acompañado y agradecí tener un cuerpo caliente al lado al despertarme. Le quité importancia a lo ocurrido. Nadie había obligado a Heidi a nada y si participó en algo había sido por su voluntad aunque después por algún motivo se arrepintió.

Tan animado me desperté que cuando Heike se espabiló la busqué para echar otro polvo y la chica me siguió. Terminamos echando un polvo tranquilo en la postura del misionero hasta que la chica se corrió con sus gemiditos habituales. No llegó a gritar como la primera vez y sólo había levantado la voz cuando justo antes de correrse cuando me había cabalgado la noche anterior. Tampoco había eyaculado. Pero por su actitud de la mañana no parecía decepcionada.

Como yo no me terminaba de correr mientras me la meneaba ya cansada le pedí que me la chupara y la chiquilla aceptó. Además tuyo el detalle de dejarme que me corriera en su boca aunque lo escupió en la papelera con esa risita floja que le entra a las chicas en ese momento. Ya me había olvidado de lo sucedido con Heidi.

Tras ducharnos juntos aunque sin sexo desayunamos juntos y Heike se fue a su alojamiento. Esa tarde eran los desfiles de carnaval y tenía que buscarme un disfraz pues iríamos unos cuantos juntos a verlos y después de fiesta por el centro.

Pero al subir de regreso al dormitorio para vestirme para salir a por un disfraz me crucé con un tío grandote, moreno que bajaba las escaleras y sólo podía venir del cuarto de Astrid. ¿Por qué si acababa de montarme un trío, echar un polvo, dormir con una preciosidad como Heike y echar otro polvo mañanero me molestó ver a ese tío?

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