ALMUTAMID

Me quedé a dormir con Alice Li y a la mañana siguiente me duché antes de subir a la habitación para seguir durmiendo un rato más. La ola de frío había pasado. El hielo se derretía y todo volvía a la normalidad hasta el punto de que aunque había quien seguía montando fiestas en la residencia yo preferí salir al fin al centro de la ciudad quedando con Guido y Santiago.

Dos cosas se me habían quedado marcadas tras el encierro. Una era la duda de quien había ido contando mi “virtuosismo sexual” entre las chicas de la residencia. Dudaba que hubiera sido Heike por lo que mi sospecha principal era Astrid. Pero ¿qué juego se traía entre manos? ¿Quería follar conmigo y no me lo decía? ¿O pasaba de hacerlo y me vendía bien para tenerme entretenido? Pero ¿para qué?

La otra era el recuerdo de la escena de Alice Li ensartada en mi polla por el culo mientras me enseñaba su chocho abierto en el que se metía la polla de goma. La escena, más propia de un video porno duro que de un polvo entre estudiantes borrachos me provocó alguna paja los días siguientes. Y me hacía pensar que nunca sabemos lo que ocurre en la habitación de al lado. Evidentemente aunque conté que había estado con la chica, esos detalles me los guardé para mí y mis pajas nocturnas.

Otro detalle es que no me crucé con Mireia en varios días. Aunque admito que siendo tan distintos y viendo la cara de asco con que había observado el concurso de mamadas quizá ya me había dejado por imposible.

El lunes retomamos las clases y el salir a correr con Astrid. Las clases se volvieron más duras pues los profesores, muy metódicos y cerrados en sus programaciones querían recuperar la semana perdida. En lo segundo, me sorprendió que pese a la actitud provocadora de la sueca en el concurso de mamadas cuando salíamos a correr volvía a comportarse como antes del encierro y yo desde luego sin alcohol en mis venas era menos atrevido a la hora de sacarle la conversación.

El jueves Guido planteó irnos de fin de semana a hacer turismo. La idea era sencilla y barata. Alquilarnos un coche entre cuatro, dormir en albergues y comer en pizzerías, kebabs y hamburgueserías. Me pareció buena idea y acepté la invitación, pero nos faltaban dos más. Propuse decírselo a Santiago y quizá a Astrid, pero el italiano ya tenía ese asunto cerrado. Había invitado a sus amigas alemanas.

Yo sospechaba que él ya se había liado con una de ellas y que se fiaba más de que yo no la cagara con la otra. Y el plan era interesante. Viernes por la tarde en Bruselas, sábado en Gante y Brujas, subir el domingo a Ámsterdam y regresar el mismo domingo o madrugar el propio lunes para volver a Lieja. Todo bien comunicado por autopista en un radio de menos de 300km.

También había otro detalle para contar conmigo. Era el único con tarjeta de crédito para poder conseguir el alquiler del coche. Hicimos cuentas y no se nos disparaba el presupuesto contando conque las noches en cada ciudad beberíamos. Así que cuando el mismo jueves me confirmó que las chicas aceptaban el plan hice la reserva por teléfono para escaparnos directamente al terminar las clases. Preparé una mochila con ropa para los tres días y adelanté todo lo que pude el trabajo para tener libre el fin de semana hasta que Astrid me vino a buscar para salir a correr. Le conté el plan y me deseó que me lo pasara bien. Intenté indagar si le hubiera gustado venir pero no fui capaz de interpretar sus gestos. Quizá yo viera en su actitud hacia mí algo que solo estaba en mi mente.

El viernes a las 12:00 tras mi última clase me fui a buscar el coche de alquiler en una oficina en la estación de ferrocarril y media hora más tarde estaba recogiendo a mis compañeros de travesía en el centro de Lieja. Yo conocía a las alemanas por haber coincidido una noche pero no había hablado nunca con ellas. Así que Guido nos volvió a presentar. Greta era una auténtica teutona. Alta, muy rubia, con ojos claros, pecho generoso y caderas anchas. Era fácil imaginarla cargando varias jarras de cerveza contra su pecho en el Oktober Fest.

Heidi era más bajita aunque igualmente rubia. Era estrecha de caderas pero igualmente de pecho abundante. En su cara destacaba una naricilla pequeña junto a dos grandes ojos azules que observaban fijamente cuando escuchaba enmarcada por unas mejillas sonrosadas y una boca pequeñita. Más tarde descubrí que era la más habladora de las dos.

Lo que no sabía en ese momento era a cuál de las dos se había beneficiado el italiano, aunque al sentarnos en el coche conmigo conduciendo y Heidi a mi lado supuse que Guido estaba liado con Greta.

En menos de dos horas estábamos entrando en la capital de Europa. Y además lo hicimos por el barrio europeo pues el albergue, un típico Bed and Breakfast (B&B), estaba cerca de allí. Me quedé impresionado con aquellos modernos edificios que albergaban a las instituciones de la unión, la Comisión, el Parlamento…y hasta me emocioné estando presente en un lugar de tanta importancia. Aunque esta Unión Europea es tan denostada por su burocratización y lentitud en la toma de decisiones, gracias a ella se ha conformado el mayor espacio de seguridad, prosperidad y libertad del mundo llenándonos de orgullo a los europeos especialmente en estos días difíciles en que se ha convertido en el adalid de la defensa de nuestra democracia occidental. Nunca Europa estuvo tan unida por una causa justa.

Llegamos al B&B y nos registramos por una noche. Nos dieron las llaves de una habitación y una taquilla para cada uno. Era el típico albergue con habitaciones compartidas con literas y duchas comunes. De ahí si bajo precio. Nos dieron una habitación con 4 literas en las que nosotros ocupábamos dos. Casa cama tenía su taquilla para guardar bajo llave el equipaje.

Dejamos nuestros equipajes en las mochilas y nos fuimos a recorrer la ciudad. Empezamos por el Arco del Cincuentenario y el Palacio Real para después dirigirnos al centro en busca del Manneken Pis y la Grand Place. La ciudad es preciosa manteniendo ese ambiente comercial y burgués que la hizo nacer en la Edad Media. Heidi era la encargada de leer el folleto que nos habían dado en el propio B&B junto con un plano. Juntos parecíamos 4 amigos de toda la vida cuando yo en realidad casi ni las conocía. Pero el Erasmus crea estas amistades.

Ya por el centro decidimos entrar en una famosa cervecería, el Delirium Tremens donde presumen de ofrecer más variedades y marcas de cervezas de todo el país. Allí empezamos a soltarnos con bromas y chascarrillos. Las chicas eran divertidas a pesar de su firmeza germánica, y tomaban de buen agrado las dobleces y juegos de palabras de los dos latinos.

Nos comimos varias raciones de mejillones con patatas y cayeron varias rondas de cerveza antes de irnos a otro local menos clásico. Estaba repleto de más estudiantes, muchos Erasmus también. Bruselas es una ciudad cosmopolita, capital de un estado dividido entre flamencos y valones, por lo que el neerlandés y el francés se hablan por igual. Pero además hay ciudadanos europeos de los otros 26 países miembros.

Ya cargados de cerveza nos retiramos al albergue. Queríamos madrugar el sábado. Yo me retiré a ducharme en unos baños mixtos como los de la residencia. No me había llevado mi albornoz así que me desnudé en el dormitorio delante de las chicas quedándome en calzoncillos y em anudé una toalla en la cintura. No había nadie en el baño cuando entré, pero a la salida de la ducha me encontré a Heidi que venía envuelta en una toalla para ducharse. Me pidió que la esperara pues había un señor mayor de unos 45 años afeitándose y no le daba confianza quedarse sola en las duchas con él. Acepté y la esperé los escasos 5 minutos que tardó en ducharse lavándome los dientes.

El tipo se fue y Heidi salió al instante de la ducha envuelta en su toalla. La esperé a que se lavara los dientes e hiciera pis y regresamos al dormitorio. En principio estábamos los cuatro solos pues no habíamos visto a nadie más. En la puerta nos habíamos cruzado con Guido y Greta. Había que cambiarse y me daba corte pero saqué unos calzoncillos limpios de la mochila y de espaldas a la chica me quité la toalla y me los puse. Ella por su parte se había puesto unas bragas limpias y de espaldas a mí sin que viera sus tetas que imaginaba redondas más que caídas, se puso una camiseta para dormir que llegaba hasta sus muslos.

Tras una breve charla nos dimos las buenas noches y nos fuimos cada uno a nuestra cama. En el reparto que habíamos hecho yo había cogido la litera de arriba de un lateral del dormitorio y ella la de enfrente dejando las camas de abajo a Greta y Guido. Llegaron con risitas por el pasillo y al ver que estábamos acostados con la luz apagada bajaron la voz. Pero pude distinguir besos y risitas entre susurros y noté como ambos se metían en la cama que estaba debajo de mí.

Al momento las respiraciones agitadas y más sonidos de besos me confirmaron que había más que palabras debajo de mi colchón. No era la primera vez que vivía una situación similar pero las cosas habían cambiado mucho desde aquella vez en que oí a Óscar y Vanessa. Mientras el italiano y la alemana daban vía libre a sus deseos mutuos llegaron más inquilinos a la habitación. Comprobaron que había gente y apagaron la voz hablándose entre susurros. Parecían franceses por lo que se oía. Eran gente joven también.

Entre que se desnudaron, fueron al baño y se acostaron pasó un buen rato. Estaba claro que los “intrusos” les habían cortado el punto a mis acompañantes de excursión. Al final me quedé dormido pero cuando me levanté por la mañana Greta y Guido dormían en camas diferentes.

Aún así estaban de buen humor y tras desayunar copiosamente en el B&B cogimos el coche conduciendo hasta Gante, a apenas 50 km de Bruselas. Una ciudad preciosa llena de antiguos edificios medievales y renacentistas con sus elevadas casas de tejados muy pronunciados a dos aguas. Lloviznaba pero era soportable. Visitamos el palacio donde había nacido el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Él había sido un inspirador de la Unión Europea por la cantidad de territorios que había aglutinado bajo su poder. Y había gobernado sobre los territorios de los que procedíamos los cuatro: Milán, el Sacro Imperio y la Corona de Castilla. Yo les expliqué que había nacido en Gante y se había casado en mi ciudad con Isabel de Portugal.

Fue una mañana bonita e incluso comimos al sol en una terraza cuando se abrió el cielo. Qué contraste con las temperaturas de una semana antes. Tras comer tomamos el camino de Brujas, otra ciudad comercial de preciosos edificios e iglesias góticas. Allí buscamos otro B&B para dormir muy parecido al de Bruselas, pero tuvimos la suerte de que nos dieran una habitación para los cuatro solos con dos literas. Así G&G podrían acabar lo que habían iniciado la noche anterior.

Nos fuimos a visitar la ciudad repitiendo el final del día anterior. Cena y mucha cerveza. También regresamos al B&B algo borrachines entre risas y abrazos. Ni me duché. Me desnudé y me metí en la cama. Las chicas fueron al baño y al regresar directamente Guido y Greta se acostaron juntos. En esta ocasión se habían cogido la cama de arriba y debajo de la misma litera.

A los pocos minutos se estaban enrollando.

La respiración de ella era muy descriptiva. Además no se cortaron y la cama traqueteaba. Yo me bajé de mi litera a la cama de Heidi y le pregunté entre susurros si dormía.

-Éstos no me dejan…
-No puedo dormir ¿Me haces hueco?
-Ven…

Era una situación un poco surrealista para lo que yo estaba acostumbrado pero para Heidi parecía natural estar conversando entre susurros mientras nuestros compañeros follaban a pocos metros. Aun así la conversación me resultó muy agradable.

Me contó que había estado una vez en España. Un fin de semana exprés en Ibiza de alcohol y drogas de diseño. Le confesé que no le pegaba pero ella me explicó que en Alemania la música disco y tecno pegaban muy fuerte y había muchos festivales, pero que Ibiza era la meca y muchos jóvenes alemanes se suben a un avión un viernes por la tarde y regresan el domingo por la mañana sin haber dormido fiesta tras fiesta.

Evidentemente le pregunté si sólo había habido música y pastillas y se rio. Me confesó que Greta, de la que era amiga desde el instituto siempre era la que se llevaba a los chicos. Evidentemente yo para quedar bien le respondí que sería porque Greta sería más directa pues ella me parecía más agradable y muy guapa. No sé como se tomaría mi halago pues con la oscuridad no veía si sonreía pero desde luego no pareció disgustarle porque me dijo:

-Los españoles sois más cariñosos con las chicas que los alemanes.
-¿Lo dices por mí?
-Jajajaja- rio tapándose la cara con las manos para no hacer mucho ruido- No se pueden sacar conclusiones sólo por uno…
-Ahn, que en Ibiza tú…
-En la playa. Es un recuerdo increíble. En Alemania no podemos hacer esas cosas.

Entonces escuchamos gemir a nuestros compañeros de habitación a la vez. O se estaban corriendo o estaban a punto.

-Joder, se lo están pasando bien.-le comenté a Heidi.
-¿Quieres decirme algo?- me lanzó.

¿Me estaba dando pie? ¿O por el contrario me estaba parando los pies? Siempre he tenido una dificultad enorme para entender los mensajes que me lanzan las chicas. Y meter la pata sería hacer el resto del viaje muy incómodo. Pero opté por una fórmula intermedia:

-Que ya me gustaría a mí estar pasándomelo tan bien como ellos.
-Yo ya estoy acostumbrada a que Greta se lleve siempre a los chicos.
-Pero ¿tú también te llevarás a alguno?
-A veces…
-Pero será porque eres selectiva.
-Claro. Que Greta está follando con un tío no significa que yo tenga que hacerlo con su amigo.

“Vale mensaje recibido”. Creí que estaba siendo directamente rechazado y busqué la mejor forma de salir del lío.

-No estaba pensando en cuando ella lo hace, sino en cuando lo haces tú.
-Eso es porque me gusta un chico.
-Lógico. Yo tampoco me lío con alguien que no me gusta.

Entonces poniéndose de lado en la cama para mirarme a pesar de la oscuridad empezó a interrogarme por qué me gustaba de una chica, qué me atraía más, o en que me fijaba primero. Parecía una conversación de chat más que la de dos estudiantes que compartían cama porque sus compañeros de viaje no les dejaban dormir follando a pocos metros. La cuestión es que me relajé charlando con ella y me puse también de lado encarándola con la cabeza apoyada en mi brazo. No me había dado cuenta de que ella llevaba un rato con su pie pegado a mi pierna.

Entonces vimos a Guido levantarse de la cama para ir al baño. Lo vimos salir en pelotas y con su nabo tieso al contraluz de la ventana. Heidi no pareció inmutarse. Cuando regresó se acostó de nuevo con Greta pero tras un par de besos parece que se echaron a dormir. Así que le dije a Heidi que iba a intentar dormir. Le di las buenas noches y me subí a la litera tras agradecerle el rato de conversación.

Por la mañana me levanté el primero y me fui a ducharme. En el baño coincidí con otros grupos de estudiantes. La verdad es que me lo tomé de forma relajada. Cuando regresaba por el pasillo con mi toalla en la cintura me crucé con las dos chicas que me dieron los buenos días. Las avisé de que el baño estaba concurrido y se volvieron a la habitación conmigo. Guido aun dormía.

Me resultó embarazoso tener que vestirme mientras charlaba con las chicas. La duda empezó sobre si darme la vuelta o no. Qué leches. Si ellas no se quitaban no me iba a apartar yo. Con naturalidad me quité la toalla y me puse los calzoncillos colocándome con la mano bien el paquete dentro. Ellas no parecieron incomodarse y no me atreví a comprobar si me habían mirado la churra que en ese momento colgaba relajada aunque ligeramente hinchada por el morbo que en el fondo me provocaba la situación.

Al fin se levantó Guido, menos vergonzoso que yo, en pelotas poniéndose los calzoncillos que estaban en el suelo junto a la cama de Greta. Las chicas se fueron al baño mientras que el italiano se desperezaba y aprovechando que estábamos solos me preguntó:

-¿Te has tirado a Heidi?
-Que va.
-Pero anoche te vi en su cama.
-Estábamos charlando solo.
-Bueno. Tú verás, pero yo creo que la tía tiene ganas.

Me extrañó el comentario pero sí es cierto que la noté más cariñosa en el desayuno. E incluso cuando íbamos en el coche conduciendo hasta Amberes, pues dejaríamos Amsterdam para otra ocasión.

Ir allí sólo un día había sido un error pues era imposible visitar museos y la propia ciudad con tan poco tiempo, por lo que decidimos pasar la noche allí y regresar a Lieja el lunes por la mañana madrugando. Apenas era una hora de camino. Llegamos a media mañana a la ciudad portuaria y nos dirigimos como siempre a un B&B que habíamos buscado por internet. Éste era un poco más antiguo pero estaba situado en el centro de la ciudad. Pero por su antigüedad precisamente las habitaciones eran más pequeñas. Se notaba que había sido un antiguo hostal reutilizado y pudimos coger una pequeña habitación para los cuatro de nuevo con dos literas, aunque seguía habiendo un único baño común por planta.

De nuevo nos fuimos a pasear recorriendo la ciudad con el mismo buen ambiente de los días anteriores. No me había planteado aquel viaje con una finalidad sexual. Ni siquiera al ver que Heidi era una niña muy mona, pero la conversación de la noche con ella y sobre todo, la charla con Guido de la mañana habían despertado en mí una curiosidad y un deseo que no había experimentado hasta ese momento.

Y es que es algo inevitable. Saber que te desean sexualmente o conseguir que alguien lo haga no te hincha sólo la polla para poder cumplirlo, especialmente te hincha el ego. Acrecienta tu seguridad y te hace sentirte más valorado. Desgraciadamente, y más durante la juventud, somos capaces de valorarnos por nuestro éxito respecto a nuestras parejas. Tenerla estable o asegurarte encuentros periódicos te convierte en una persona que se siente más valorada aunque en otros ámbitos no todo funcione tan bien.

Afortunadamente cuando terminamos por la tarde tomando cervezas en un bar mientras cenábamos refugiados de la lluvia había olvidado esos pensamientos y disfrutaba de la compañía y de las asombrosas historias que contaba Guido de sus rutas por los Alpes. Me tocó ser el aguafiestas pensando en el madrugón del día siguiente. Yo anuncié que como me tocaba conducir me iba a descansar. Además los domingos muchos locales cerraban más temprano. Guido no estaba mucho por volver y Greta se ofreció a quedarse con él, pero Heidi sí decidió volverse conmigo al albergue. Quedamos en que no se retrasaran demasiado y la alemana y yo nos fuimos caminando al B&B.

Al llegar le dije que iba a aprovechar para darme una ducha y así ganar tiempo para la mañana. Me fui al baño, que sólo tenía una ducha, dos retretes y dos lavabos y empecé a ducharme. Al instante oí la voz de Heidi llamándome. Cerré el grifo y abrí la puerta de la ducha asomando la cabeza.

-¿Qué pasa?
-Sólo hay una ducha y no sabía si eras tú el que estaba.- respondió envuelta en su toalla.

Bromeando respondí:

-Puedes esperarme o si quieres compartimos.

Heidi dudó pero me sorprendió diciéndome:

-Déjame pasar.
-Estoy desnudo.
-No te vas a duchar vestido, jajajaja- rio mientras empujaba la puerta para colarse en la ducha.

Se quitó la toalla quedándose en braguitas. Madre mía vaya dos melones bien puestos rematados con dos pexzones amplios y sonrosados que apuntaban hacia mí. No sabía qué hacer para que no se me fueran los ojos. Se quitó las bragas mostrando un culo sonrosado no muy ancho y cuando se dio la vuelta un chocho regordete con un monte de Venus que aparentaba ser blandito coronado por una estrecha franja de vello rubio. El primer chocho rubio que veía en mi vida. Casi me da la risa recordando el refrán tan español: “Rubia de bote, chocho morenote”. Y no es que yo me hubiera encontrado alguna vez con una rubia de bote pero ver a una rubia auténtica me llamó mucho la atención.

Lo que ya no me agradó tanto era los sobacos con vello que había mostrado al colgar la toalla de la puerta. Pero tampoco era plan de ponernos quisquillosos. Mientras se recogía el pelo me dijo que abriera el grifo.

-Está muy caliente- avisé.
-Huy, sí. Puedes enfriarla un poco.
-Claro.

Empezó a enjabonarse mientras que yo miraba anonadado.

-¿Tú ya has terminado?- me preguntó.
-No, no. Estaba empezando…-respondí extendiéndome el jabón por los brazos temiendo el momento en que me tocara limpiarme los bajos.

Sin embargo, se podría decir que yo tomé la iniciativa, pues le pedí que me enjabonara la espalda con sus manos ya que estaba allí y llegaría mejor aprovechando la alemana para comprobar la prominencia de mis nalgas. La excusa estaba servida y yo me ofrecí a ayudarla también sin que pusiera reparo aunque me contuve de la tentación de amasar su culo. Una vez enjuagados cerré el grifo mientras Heidi esperaba. Me extrañó que no cogiera directamente su toalla, gesto que interpreté como que ella esperaba algún paso mío. Y ese paso fue apoyar mis manos en la pared a ambos lados de su cara. O se zafaba incómoda o me seguía la corriente. El problema era encontrar la frase por lo que me quedé quieto intentando encontrar las palabras adecuadas mientras la alemana esperaba extrañada.

Fue ella la que me dio un pico acercando su cara a la mía para regalarme una sonrisa después. Entonces me desbloqueé y por fin le dije:

-No sabía como decirte lo bonita que eres…no, no me esperaba…

Heidi me besó de nuevo ahora ya abriendo nuestras bocas. Contrastaba el calor del interior de su boca con la tibieza de su rostro tras la ducha. Yo me pegué a ella pero la chica apoyó sus dedos en mi bajo vientre, en el lugar donde estaría el cinturón como si no quisiera que me arrimara tanto. Sin embargo sus dedos hacían círculos en mi piel. Yo me aparté ligeramente para verla mejor. Sus mejillas se habían encendido sonrosándose en la palidez de su rostro y sus ojos me miraban complacientes. Alargué mi mano hasta su mejilla recibiendo su aprobación. Mi polla se había levantado y casi rozaba su mano.

Mirándonos a los ojos en silencio bajé mi mano por su cuello acariciándola con el dorso de mis dedos hasta su hombro. Abandoné su mirada para mirar sus pechos y dejé que mi pensamiento se escapara:

-Tienes unos pechos preciosos…

La chica se sonrió con una mezcla de orgullo y vergüenza. Mi dedo ya acariciaba su pezón ganándome un gemido mientras el dorso de su mano ya rozaba mi glande que se había tomado la libertad de escaparse del prepucio. Agarré sus dos pechos con sendas manos acariciando sus pezones con sus pulgares volviendo a besarla ahora con mucha lengua. Heidi me gemía dentro de la boca cuando su mano agarró mi churra acariciando mi glande con la yema de sus dedos. Le devolví el gemido. La chica lanzó un gruñidito de satisfacción al comprobar el resultado de su caricia y separando su cara de la mía me sonrió escurriéndose por la pared para ponerse de cuclillas.

¿Quinta mamada en poco más de 20 días? Erasmus era un paraíso y las europeas unas auténticas campeonas. Efectivamente, la teutona tetona sujetó mi polla haciendo que el glande asomara completamente lamiéndolo en círculos con su lengua para después proceder a apoyar sus labios pasando la lengua por el orificio provocándome un calambrazo de placer que expresé con un ronco: “

ufffff

f”. La chica sujetaba mi polla con la mano mientras introducía mi glande en su boca con fuertes succiones regalándome además gruñiditos de satisfacción. Pocas cosas ten encienden más cuando te la comen que ver a la chica disfrutar haciéndolo.

Pero escuchamos a alguien entrar al baño. Ayudé a Heidi a levantarse y cogimos las toallas. Ella se envolvió en la suya anudándola alrededor de sus pechos y yo me coloqué la mía en la cintura intentando ocultar el bulto de mi erección. Abrí la puerta de la ducha y comprobé que quien hubiera entrado estaba en un retrete. Cogí a Heidi de la mano y corrimos por el pasillo hasta la habitación. Allí me quité la toalla nada más cerrar la puerta para que viera que seguía duro.

-¿Nos vamos a la cama?- le pregunté.

Dejamos las toallas y desnudos nos tumbamos en la cama echándome sobre ella. Tenía la piel muy suave y el color de sus mejillas se había encendido aún más. Su pelo seguía recogido y su expresión denotaba deseo. Pero sus pechos me tenían embobado no podía dejar de acariciarlos sintiendo su dureza. Ella parecía encantada con la impresión que me habían dado y fue la que me propuso que me sentara sobre su vientre. Así colocados acariciaba suavemente mi polla y posteriormente con sus manos juntó sus pechos. Recordé cuando Viqui había hecho un gesto similar en el coche de mi padre antes de habernos estrenado y apoyando mis brazos en el colchón me encaramé hacia sus pechos mientras Heidi colocaba mi polla entre sus pechos juntándolos de nuevo.

Mi nabo se perdía entre esas dos masas carnosas y apretadas y solo empujando conseguía que la punta asomara al otro lado. Por lo que procedí a ¿follarme a sus tetas?. La verdad es que de nuevo aquí el morbo pesa más que las sensaciones físicas. Estar sobre la chica moviendo mis caderas con mi churra entre sus pechos no me generaba un placer físico especial pero ver como se retorcía sujetando mis pechos entre gemiditos mientras mi polla se perdía y volvía a aparecer al otro lado me generaba un placer mental pocas veces superable. Y más cuando sustituí sus manos por las mías sujetando yo directamente sus tetas. Ahora su rostro reflejaba cierta lujuria que no había visto hasta entonces.

Y eso me encendió más por lo que le propuse ponerme un condón mientras que la alemana acalorada asentía con la cabeza. Me fui a buscar mi mochila y saqué uno de la caja que llevaba en uno de los bolsillos. Me lo puse de pie en medio de la habitación mientras Heidi me observaba echada de lado en la cama. Cuando regresé ella misma se acomodó para que yo me colocara entre sus piernas en la postura del misionero, pero preferí tumbarme a su lado. No había acariciado el vello rubio de su entrepierna y me apetecía hacerlo. De paso pude colar mi dedo entre sus labios sonrosados comprobando que estaba mojada y lista para recibirme mientras nuestras lenguas luchaban unos instantes.

Ahora sí me encajé entre sus piernas mientras ella con su mano acercaba mi churra a su raja. Pocas chicas había visto yo vaciar sus pulmones de esa forma mientras eran penetradas. Su gemido fue permanente cada vez que me movía dentro de ella llenando la habitación de un lamento de soprano rítmico que se intensificaba al compás de mis envestidas.

Yo de vez en cuando me tomaba un descanso dejando caer mi pecho sobre dos cojines mullidos que me servían de agradable apoyo para volver de nuevo a percutir con mi badajo su campana de placer. No medí el tiempo pues estaba disfrutando pero no fue un polvo corto pues en los descansos nos besábamos y Heidi acariciaba mi espalda y mi culo por el que sentía cierta querencia.

Pero tras una de mis paradas para sentir sus tetas pegadas a mi pecho comprobé que sus gemidos parecían lamentos indicándome que estaba cercana al orgasmo. Quise complacerla intensificando el ritmo de la follada tanto que sentí que a mí también me faltaba poco. Me corrí entre gruñidos instantes después de que ella hubiese dejado de apretar mi cabeza tras su intenso orgasmo que ahogó sus gemidos agudos.

Había estado bien y se nos notaba la satisfacción. Tras unas cuantas caricias y besos me quité el condón tirándolo en la papelera y nos metimos dentro de las sábanas. Tuvimos una charla agradable en la que le reconocí que me habría gustado haber hecho lo mismo la noche anterior.

Mientras estábamos charlando llegaron G&G. Nos hicimos los dormidos para no dar explicaciones pero encontrarnos a los dos con los hombros desnudos metidos en la misma cama no necesitaba de explicación alguna. Se acostaron rápido a pesar de que parecían venir borrachuzos. Pero no sé si llegaron a follar de nuevo pues me quedé agradablemente dormido entre los brazos de Heidi y con sus tetas pegadas a mi espalda.

Por la mañana con prisas nos levantamos antes del amanecer desayunamos corriendo y nos fuimos de vuelta a Lieja. Teníamos aproximadamente una hora de viaje y podía entregar el coche en una oficina que tenían en el centro por lo que llegaríamos a la primera clase.

Se notaba el cansancio de haber dormido poco e íbamos bastante cansados. Entonces Greta empezó a hablar con Heidi en alemán. Seguramente no sospechaban que yo lo hablaba. Además Guido se quedó dormido en el asiento de atrás.

-¿Qué tal anoche?- preguntó Greta.
-Muy bien.
-¿Te acostaste con el español?
-Aha…
-Dame detalles…jajajaja.
-¿Qué quieres que te cuente? Estuvo bien. Lo pasamos muy bien.
-Eres una sosa. ¿Lo provocaste o fue él?- insistía la alemana alta.
-Tuve que buscarlo. Es un poco tímido pero cuando se soltó estuvo muy bien.
-Te dije que aprovecharas. Heike me dijo que follaba muy bien.

¿Heike? ¿La holandesa las conocía y les había hablado de mí?

-Pero ya sabes como soy- respondió Heidi- quería conocerlo antes y comprobar que es algo más que el típico español que busca un polvo fácil como los que conocimos en Ibiza.
-Pero es que Ibiza es para eso. Ellos buscaban sexo y nosotras buscábamos sexo. Tuviste mala suerte con uno pero nada más.
-Con lo colocada que iba ya tenía que ser malo para que me defraudara de esa manera. Pero con Luis ha estado muy bien.
-¿Te ha gustado el chico?

Yo intentaba no mirar por el retrovisor a Greta para que no supiera que la estaba entendiendo, pero cuando Heidi se me quedó mirando antes de responder a su amiga no pude evitar girar levemente la cara y sonreír al cruzar mi mirada con la suya. Entonces la chica respondió volviéndose hacia su amiga:

-Me ha gustado mucho…

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