BELLA PERRIX


Mi nombre es Bella, y tengo 37 años. Vivo y trabajo en Barcelona con mi novio Álvaro, que trabaja en marketing y publicidad.

Me describiré. Soy de piel oscura y cabello negro rizado. Mi estatura es normal, y tengo un cuerpo bonito, con unos pechos perfectos (ni grandes ni pequeños, pero firmes y tiernos) y un culo potente. Mis ojos son marrones, tengo cara de niña buena que nunca ha roto un plato, y siempre que puedo muestro mi bonita sonrisa a los demás.

Mi novio siempre me dice que mi dulce cara de inocente es de las cosas que más le pone de mí. Llevamos juntos muchos años, y la gran confianza que nos tenemos hace que haya pocas cosas que no deje que me haga. Pero siempre hemos sido una pareja monógama y, por mucho que fantaseemos, no parecía que nunca fuéramos a romper esa barrera.

El fin de semana pasado un amigo de Álvaro vino a visitarlo a casa. Los dos se conocían desde la universidad, y aunque ahora vivían en ciudades distintas, aún mantenían el contacto y una buena amistad. Mario, que es como se llamaba su amigo, vivía desde hacía poco en Atenas, y había decidido pasar un fin de semana en Barcelona para visitar a su amigo y para hablar de los viejos tiempos.

La noche anterior a su llegada, Álvaro me sorprendió regalándome un precioso conjunto de lencería fina de color rosa. Me pidió que me lo probara, a lo que accedí sonriendo, sabiendo lo que vendría después. Cuando me estaba desnudando, y poniéndome cachonda a toda velocidad, Álvaro se acercó y se arrodilló frente a mí. Al parecer, no podía esperar a que me probara el conjunto. Debía estar muy cachondo, porque sin decir nada acercó su boca a mi coño y empezó a lamer. Me encanta que me lo coman, así que no hice preguntas. Cinco minutos después me estaba corriendo mientras su lengua me acariciaba el clítoris.

¿Qué te ha pasado para que estés tan cachondo? – le pregunté cuando recuperé el aliento.

Nada particular – me contestó. – Tú.

Mientras lo decía se llevó la mano a los pantalones y se desabrochó el cinturón. Enseguida se sacó la polla y empezó a menearla frente a mí. Al verla empecé a salivar. Pocas cosas me gustan más que meterme la polla de mi chico en la boca. Me arrodillé frente a él y mirándole a los ojos me la metí lentamente en la boca, mientras me acariciaba el coño…

¡Qué bien la chupas, joder! – jadeó. – Me siento mal por acaparar tu boquita con ese don que tienes.
Cuando dijo esas palabras entendí que quería que fantaseáramos. Sé que a él le gusta imaginarme con otros hombres, y a mí cada vez me atraía más la imagen, así que le seguí el juego frotándome cada vez más rápido.

Mmmmmm…. – me saqué la polla de la boca unos instantes – ¿Debería chupársela a más tíos? – pregunté. – No estaría mal… ¿A quién quieres que se la chupe?

Ahhhh…. – Álvaro gimió de placer al oírme hablar así – ¿Se la chuparías a quien yo te dijese?

Mmmm… sí. A quien tú quieras. Y me encantaría chupársela mientras me miras.

¿Se la chuparías a Mario?

La pregunta me pilló por sorpresa. Mario llegaba a la noche siguiente, y la fantasía era demasiado realista. Sin embargo, su polla parecía a punto de estallar en mi boca, y yo estaba demasiado cachonda como para cortar el rollo.

Sí – le dije mientras le pajeaba – se la chuparía mientras me miras.

¿Y te gustaría? – dijo emocionado, a punto de correrse.

Me encantaría. Me muero de ganas de tener otras pollas en la boca. Y de que se corran así: mmmmmmm – me la metí hasta el fondo y él se corrió de forma violenta en mi garganta. Tuve un orgasmo en ese mismo momento, sintiendo su semen bajar hasta mi estómago. Fue un momento espectacular, y segundos después nos abrazábamos en la cama hasta caer dormidos.

Al día siguiente, como siempre, el juego había acabado, y no volvimos a hablar del tema. Por la tarde llegó Mario, cansado del viaje. Me sorprendió verle cambiado. Estaba más… bueno que la última vez que le vi. Se le veía musculado, moreno y en general más guapetón que antes. Al parecer la estancia en Grecia le estaba sentando bien.

Cenamos juntos hablando de los viejos tiempos, y al acabar Mario nos confesó que estaba agotado y que preferiría retirarse a dormir pronto. Le preparamos el sofá cama que teníamos en el despacho y nos dimos las buenas noches.

Mientras Álvaro se lavaba los dientes, me puse rápidamente el conjunto de ropa interior que me había regalado la noche anterior. Cuando entró en la habitación sonrió al verme esperándole en la cama en una postura insinuante. Se tumbó frente a mí y empezó a acariciarme los pechos. Lentamente le fui quitando la ropa hasta que estuvo completamente desnudo frente a mí. Su polla estaba preparada, pero le apetecía hacerme un favor. Me besó en la boca, en el cuello, en los pechos, en el ombligo… hasta llegar a mi sexo. Yo me había humedecido rápidamente, así que no pude evitar soltar un pequeño gemido cuando me apartó las braguitas y me empezó a comer el coño.

-¿Sigues cachonda por lo de ayer? – me preguntó

-Sí – contesté suspirando, sin pensar en qué decía.

– ¿Te gustaría que te follara Mario?

Aquello era un poco demasiado explícito, teniendo en cuenta que él estaba durmiendo en la habitación de al lado, así que no contesté.

Seguro que te gustaría. Tiene una polla enorme, ¿sabes? Tendrías que hacer un esfuerzo para metértela en la boca.

Mmmmmhhhh…. –gemí. El cabrón me estaba poniendo cachonda. Sabía lo que me ponían las pollas grandes.

Yo te follaría mientras le comes la polla –siguió mientras me lamía entera – y seguiría follándote cuando se corriera en tu boca.

¡Aaaaaaaahhhh!

Aquello hizo que me corriera con más intensidad de la esperada. No pude reprimir un grito de placer, sin preocuparme de la posibilidad de escandalizar a Mario. Me quedé un minuto tumbada, jadeando, intentando recuperarme del orgasmo. Cuando lo hice, Álvaro estaba de pie al borde de la cama acariciándose la polla. Me senté en la cama delante de él, rodeando sus piernas con las mías.

Seguro que te gustaría chupárnosla a los dos a la vez – insistió Álvaro.

Me encantaría – contesté pícara. Y en aquel momento me sobresalté. Juraría haber oído un ruido en el pasillo. La puerta de la habitación se había quedado ligeramente abierta, y me había parecido ver una sombra pasar. Me quedé observando la puerta, pero al otro lado estaba oscuro y no veía bien. ¿Sería posible…?

Seguro que te gustaría que le despertara para que se uniera a nosotros – siguió Álvaro mientras se pajeaba cada vez más rápido. Yo estaba nerviosa pensando en el ruido que había escuchado al otro lado de la puerta. La idea de que Mario nos estuviera observando me puso muy nerviosa, pero no me atrevía a hacer nada. Álvaro acercaba su polla a mi cara cada vez más, y yo no sabía qué hacer.

¿Te gustaría que lo llamara ahora mismo, zorra? – Si de verdad Mario estaba observándonos, cosa que no sabía con seguridad, aquellas preguntas de la fantasía de Álvaro empeoraban las cosas, así que sintiendo un repentino calor entre las piernas ante la emocionante situación, dejé de intentar observar lo que había en el pasillo y por toda respuesta abrí la boca dejando que me la metiera hasta el fondo.

¿No te gustaría tener una polla en cada mano y alternarlas en tu boca?

Mmmmm – afirmé con la boca llena. Álvaro me cogió la cabeza con las manos y empezó a follarse mi boca, mientras yo permanecía quieta. Me pareció oír de nuevo un ruido en el pasillo, justo al otro lado de la puerta, pero esta vez la excitación era superior a la preocupación. Decidida a dar un buen espectáculo si es que realmente había alguien al otro lado de la puerta, bajé mi mano hacia mis braguitas mientras Álvaro seguía follándome la boca. Empecé a frotarme rápidamente pensando en que me estaban observando.

Joder, qué puta eres – jadeó Álvaro. Rápidamente sacó la polla de mi boca y me puso a cuatro patas, mirando a la puerta. Él se colocó detrás de mí mientras yo miraba a la oscuridad del pasillo, dispuesta a ser follada sin saber si había alguien allí.

Cuando Àlvaro me penetró gemí como si estuviéramos solos en el mundo. Su polla estaba a punto de explotar, y yo también. Comprendía que era imposible que Mario no oyera mis gritos, pero de alguna manera me daba igual. Me corrí enseguida sintiéndome observada. Álvaro paró unos instantes, mientras yo dejaba de temblar.

¿Estás cachonda? – me preguntó Álvaro sacando su polla, aún dura, de mi interior.

Más que nunca – respondí escudriñando aún el pasillo. No se oía ni un alma, pero me daba la sensación de que mis ojos se estaban empezando a adaptar a la oscuridad tras la puerta.

¿Te estabas imaginando a Mario, verdad? – en ese momento, aún a cuatro patas, noté como su dedo empezaba a acariciarme el ano. Me puse tensa y empecé a excitarme de nuevo.

Sí – suspiré –. Definitivamente cada vez veía mejor. Me quedé helada cuando empecé a vislumbrar una silueta tras la puerta.

Sería tan fácil, mi amor. Está aquí al lado, y seguro que le encantaría follarte. – Mientras me empezaba a acariciar el coñito, que ya estaba húmedo de nuevo, me metió suavemente un dedo en el culo. Gemí de placer observando el pasillo. Definitivamente había alguien allí, algo se movía. – Podrías tener dos pollas en la boca dentro de unos segundos. – insistía Álvaro.

En ese momento lo ví claro. La sombra de Mario se intuía frente a la puerta. Estaba espiándonos, y a la altura de su paquete su mano se movía rítmicamente. No contesté a Álvaro. No podía. Eso ya no era una fantasía. Mario estaba allí, masturbándose mientras me miraba. Yo estaba a cuatro patas mientras mi chico me iba abriendo el culito con un segundo dedo.

¿Ya no me dices nada? – paralizada por el nerviosismo, sólo acerté a emitir un leve gruñido cuando un tercer dedo se abrió camino en mi estrecho esfínter. Tuve un pequeño orgasmo al vislumbrar cada vez mejor a Mario. Estaba completamente desnudo, musculado y sudoroso. Me miraba extasiado mientras acariciaba suavemente una polla sorprendentemente grande y extremadamente erecta. No me atrevía a mirarle a los ojos, pero estaba a punto de ser enculada delante de él.

Mi amor, si no me dices nada entiendo que te encantaría que lo despertara – al parecer, Álvaro no se había dado cuenta aún de lo que estaba pasando. Yo no contesté, mi mirada fija en el pollón de Mario. Álvaro sacó los dedos de mi culito, y noté cómo apretaba suavemente su polla contra mi entrada trasera. – ¿Quieres que te la meta por el culo?.

Mario aumentó el ritmo de su masturbación. Su mano acariciaba su enorme polla cada vez más rápido, a tan solo un par de metros de donde yo estaba, al parecer sin darse cuenta de que lo estaba viendo. No creo que nunca hubiera estado tan cachonda.

Métemela por el culo, mi amor. Ábremelo bien.

Aaaaaaah… gimió él mientras introducía la punta entre mis nalgas, despacio, con delicadeza. Yo notaba cómo se iba abriendo mi agujerito, y en esa mezcla de dolor y placer perdí el sentido de la vergüenza. Miré a Mario a los ojos y me crucé con su mirada fija en los míos. Nos sonreímos mientras yo abría la boca para gemir de placer. Mi expresión facial cambió a medida que la polla de Álvaro penetraba en mi culito. Yo respiraba profundamente sin dejar de mirar a Mario como una auténtica puta. Él me observaba hipnotizado sin dejar de pajearse.

¡Aaah! Joder… qué gusto. Métemela hasta el fondo, cabrón. Me encanta. – hablaba como una auténtica zorra mirando a Mario, que parecía a punto de correrse. La sensación de estar a cuatro patas con una polla en mi culo, mirando fijamente al amigo de mi novio, era indescriptible. Cuando Álvaro empezó a aumentar el ritmo de sus embestidas, Mario sonrió. Empecé a gemir cada vez más fuerte, abriendo exageradamente la boca para él. Su polla vibraba de pura excitación.

En ese momento Álvaro me follaba el culo cada vez más rápido. Mario pareció desviar su mirada de mi rostro y la dirigió hacia Álvaro. A cuatro patas cómo estaba no pude ver si él se daba cuenta, pero enseguida vi cómo Álvaro dirigía las manos hacia mi cara desde atrás. Me tapó los ojos con ellas, mientras presionaba mi cabeza hacia atrás para clavarme la polla profundamente en el culo. El dolor había desaparecido y sólo existía el placer.

¿Te gusta que te den por el culo?, me preguntó mientras me lo follaba como un salvaje.
¡Síííííííí! – grité sin poder ver nada.

Amor, si te pido una cosa… ¿la harás?

La haré…- dije jadeando, impulsándome a cuatro patas para ensartarme en su miembro.
Abre la boquita. Ahora.

¿Abre la boquita? ¿en ese momento? Álvaro no dejaba de follarme el culito, así que una emocionante perspectiva se dibujó en mi mente.

¿Así? – le dije mientras la abría al máximo – Álvaro contestó con un ronco gruñido de excitación pura. Mis ojos seguían tapados por sus fuertes manos.

Y saca bien la lengua- dijo mientras me la clavaba hasta el fondo. La tenía cómo una roca, y mi culito la recibía agradecido.

Aaaaaaahhhh… – Saqué la lengua al máximo, con los ojos tapados, jadeando de placer. Mis sentidos estaban atentos a cualquier señal. Me pareció oír una puerta que se abría y unos pasos que se acercaban.

Disfrútalo, mi amor – jadeó Álvaro. Noté cómo algo presionaba mi lengua, y mi coño empezó a chorrear. Sólo podría ser una cosa. Con cada embestida de Álvaro notaba más la presión. Lamí como una perrita y enseguida noté un glande grueso que me rozaba la lengua y los labios. Álvaro me destapó los ojos.

Allí estaba la polla de Mario, a escasos milímetros de mi cara. Él me miraba a los ojos mientras se la agarraba dirigiéndola a mi boquita. Me moría de ganas de metérmela en la boca, pero estaba nerviosa y no sabía muy bien qué hacer. Álvaro seguía enculándome, y lo único que se oía eran los gemidos, ahora suaves, de los tres. Me estiré para llegar a metérmela en la boca, pero Álvaro impidió que me acercara más agarrándome del pelo. Me quedé así, con la lengua fuera, rozando la polla de Mario, intentando metérmela en la boca pero con Álvaro impidiendo que acercara más la cabeza. Jamás había estado en una situación tan excitante.

Ahora, susurró Álvaro.- Mario dio un paso adelante. Cerré los ojos, y mis labios apretaron su glande. La textura y el sabor eran ligeramente diferentes a los de la polla de Álvaro. Me encantaba.

Aaaaaaah…. – suspiró Mario. Álvaro iba liberando mi pelo, y pude metérmela un poco más en la boca. La polla de Mario era realmente grande, y me encantó notar cómo tenía que abrir la boca al máximo para que me entrara bien. Aquello fue demasiado para ellos dos. Noté cómo la polla de Mario temblaba en mi boca.

Me corro – jadeó.

Córrete en su boca – le ordenó Álvaro, fuera de sí. Mario empezó a gritar.

Noté cómo salía un chorro de semen de la polla de Mario. Casi no me cabía en la boca, pero lo pude retener. En ese mismo momento noté cómo otro chorro caliente surgía de la polla de Álvaro, alojada profundamente en mi culito.

Mmmmmmmmm… – babeé con la boca llena. Los chicos me bombearon con su leche en la boca y en el culito. Tragué todo lo que pude, pero un poco se me escapó de entre los labios. Ambas pollas se corrían violentamente a la vez. Saboreé el semen de Mario, más dulce y líquido que el de mi chico, y poco a poco noté cómo ambas pollas se relajaban en mi interior.

Álvaro sacó su miembro de mi culito, y Mario empezó a retirar el suyo de mi boca, para desilusión mía. Noté cómo Álvaro se tumbaba en la cama, pero me pasé unos momentos más chupando la polla de Mario, cada vez más pequeña, saboreándola y limpiándola de su propia corrida. Cuando acabé, Mario se tumbó también.

Nadie dijo nada, pero yo estaba inquieta. No me había corrido aún, y no sabía si aquello se podría repetir alguna vez. No quería dejar pasar esta oportunidad. Mario y Álvaro sonreían mirándome, y yo les empujé levemente para que quedaran tumbados el uno junto al otro. Me deslicé hacia los pies de la cama, y me acerqué a sus pollas relajadas. Tal y como estaban tumbados, me quedaban muy cerca una de la otra. Me llevé la de Álvaro a la boca, y chupé. Su miembro no reaccionaba, pero yo disfrutaba igual pensando en lo que iba a hacer cuando se pusiera dura. Después de unos segundos, pasé a la polla de Mario. Sin pensar en nada más, me la metí en la boca. Aún encogida era de un tamaño considerable. Me dediqué a chuparla con cariño, con lentitud. Después de unos minutos, empecé a notar una reacción. Me la saqué de la boca y le sonreí, mirándole a los ojos. Álvaro me observaba. Empecé a pajear lentamente a Mario, mientras mi boca volvía a la polla de Álvaro. Ver cómo se la chupaba a su amigo había hecho efecto, pues ya la tenía más hinchada. Sin dejar de masturbar a Mario, seguí chupándosela a mi novio. Noté cómo crecía y se endurecía en mi boca.

Empecé a alternar las dos pollas. Mientras chupaba una, masturbaba la otra con la mano. En pocos minutos, tenía dos barras de acero calientes en las manos. Se levantaron y se pusieron de pie en el suelo. Me bajé de la cama y me arrodillé entre los dos. Cogí una polla en cada mano y las acerqué a mí. Ellos me miraban con expectación, excitados más allá de toda medida. Empecé a chuparles las pollas mirándoles a los ojos. Pasaba de una polla a otra cada pocos segundos, y los tres estábamos cada vez más cachondos. Los dos se acercaban cada vez más a mí, de manera que sus pollas prácticamente se tocaban. Me las acerqué a la boca a la vez, intentando metérmelas al mismo tiempo. Noté sus glandes entre mis labios. Los lamía a la vez, y me imaginé cómo sería que se corrieran a la vez en ese momento. Noté cómo se estremecía mi sexo.

Seguí así varios minutos. Me estaba poniendo las botas. Me encantaba chupar dos pollas a la vez, y disfrutaba con las diferencias entre ambas. Cuando me había saciado, me levanté, sin dejar de cogerles las pollas a mis hombres. Me acerqué al oído de Álvaro y le susurré lo que quería. Sonrió y se tumbó en la cama.

Me separé ligeramente de Mario sin dejar de mirarlo. Álvaro se pajeaba tumbado en la cama boca arriba, observándonos a ambos. Le di la espalda a Mario y le cogí la mano. Extendí uno de sus dedos y lo guié hacia mis nalgas. Lo cogí firmemente y, mientras me inclinaba sobre la cama, lo presioné contra la entrada de mi culito. Él entendió el mensaje, y lo introdujo suavemente. Me incliné acercándome a la cara de Álvaro, que seguía masturbándose con la escena. Gemí de placer al empezar a acariciarme el clítoris mientras el dedo de Mario entraba y salía de mi culito. Álvaro y yo empezamos a besarnos apasionadamente.

Cuando sentí que estaba preparada, saqué el dedo de Mario de mi agujerito. Me subí a la cama y me dispuse a sentarme sobre Álvaro, pero dándole la espalda. Mario me miraba sin dejar de masturbarse. Me acuclillé sobre la polla de Álvaro, y él la acercó a la entrada de mi culito dilatado gracias a los cuidados de Mario. Lentamente, me dejé caer sobre ella. Su polla entró limpiamente en mi culo, haciendo que me estremeciera de placer. Álvaro me acariciaba la espalda, y Mario se pajeaba compulsivamente mientras yo empezaba a cabalgar a Álvaro lentamente. Empecé a gritar de placer, y me recosté sobre Álvaro. Dejando que mi espalda se apoyara en su pecho. Separé mis piernas.

Mario entendió el mensaje. Se subió a la cama y se acercó a mí. La polla de Álvaro estaba alojada en mi culito, y Mario se puso encima de mí y acercó la suya a la entrada de mi coño. Cuando me penetró con aquél enorme miembro, me corrí por primera vez. Mis gritos de placer parecieron animar a los chicos. Álvaro me empujaba hacia abajo para que su polla entrara bien en mi culito. Mario me follaba el coño cada vez más deprisa, mirándome a los ojos, besándome sin parar. Creo que perdí el sentido del placer que me estaban dando. Las embestidas de ambos se alternaban rítmicamente, y yo sentía dos pedazos de carne calientes en mi interior a la vez. Se turnaban para sobarme las tetas, y tras unos minutos tuve el mayor orgasmo de mi vida, rellena completamente y apretando mis agujeros con cada convulsión.

No soy muy consciente de lo que pasó después. Recuerdo que tras unos segundos, aún recuperándome de haberme corrido tan profundamente, los chicos se las habían arreglado para colocarme en otra postura. Estaba sentada sobre Álvaro, pero esta vez de cara a él y dándole la espalda a Mario. Mientras la polla de Álvaro me follaba el coño, Mario me empujó hacia adelante. Me besé con mi novio apasionadamente y noté como el enorme pollón de Mario me presionaba el culito. Jamás pensé que algo tan grande me cupiera por ahí, pero entró sin ningún problema. Ahora era Mario el que me daba por detrás, mientras Álvaro miraba fijamente mi expresión de placer descontrolado. Las dos pollas entraban y salían a toda velocidad, vibrando en mi interior y haciendo que me corriera una y otra vez.

Cuando finalmente las sacaron de mis agujeros, yo estaba completamente agotada por el placer y apenas era consciente de lo que pasaba. Noté cómo me tumbaban en la cama y acercaban sus pollas a mi cara. Abrí la boca complaciente, sin pensar, exhausta y derrotada. Mario se corrió primero, más suavemente que antes. Su semen goteó desde la punta de su polla hasta mi boca. Álvaro me tomó la cabeza y me la inclinó hacia un lado para que el chorro de Mario me cayera en la cara. No me resistí. Cuando Mario terminó de correrse en mis mejillas, Álvaro me acarició la cara con su polla. Me encantaba sentir su roce húmedo. Poco después me la metió en la boca, empapada de los jugos derramados por Mario. Yo notaba el sabor de la leche de Mario en la polla de Álvaro, y dejaba que me follara la boca a conciencia. Enseguida se corrió abundantemente, y me tragué hasta la última gota de la mezcla de sus corridas.

Nos quedamos dormidos inmediatamente, yo en medio de los tres. Había sido la mejor noche de mi vida. Mario se fue al día siguiente y no hemos vuelto a quedar con él. Pero cada vez que pienso en nuestro trío me entran ganas de llamarlo.

A Álvaro le pasa lo mismo.

BellaPerrix ❤️

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