PENÉLOPE

Me llamó Barbara, me gano la vida como prostituta, mi sexo es oscuro y vacío, solo es un trabajo rutinario y monótono. 

Heredé la profesión de mi madre, usar su cuerpo era lo único que sabía hacer.

Era menor de edad cuando empecé a hacer shows de striptease en un bar nocturno donde los hombres aullaban cada vez que me desnudaba y tiraban sus billetes sobre el escenario.

A los doce años fui desvirgada por un cincuentón que se follaba a mi madre, él siempre se mostraba interesado por mi, solía manosearme con permiso de ella a quien por unos buenos dólares le compró mi virginidad.

Cerca de los veinte tenía un joven cliente que se había enamorado perdidamente de mí, un joven que a mí no me interesaba en lo más mínimo, pero yo aprovechaba para sacarle todo el dinero que podía, recuerdo que más de una vez protagonizó alguna escena de celos cuando me desnudaba en público y los de seguridad terminaban echándolo.

Me llamaba Sonia porque le recordaba a una novia que había tenido, a mi me daba igual, mientras pagara podía llamarme como él quisiera. Creo que fue el único hombre que se enamoró de mí y en honor a él me quedé con ese nombre de guerra.

podría contar muchas historias, hombres que me trataron como a una dama, hombres que me trataron como una puta, hombres que se creían que por dinero una puede doblegarse ante cualquier pedido, homosexuales reprimidos que solo querían que los penetrara, resentidos que pagaban solo por follarme el culo ya que sus esposas jamás se lo permitirían, hombres que solo pagaban para ahogar sus penas, historias de fanfarrones, pervertidos, impotentes, eyaculadores precoces, sádicos, historias que jamás imaginarías que fueran posibles.

Pocas veces, alguna experiencia lograba excitarme y sacarme de la rutina…

Ya tenía suficientes años como para saber que no me quedaba demasiado tiempo sobre el escenario, nuevas chicas nos iban desplazando poco a poco.

Yo hacía un show con otra compañera de mi edad, el acto rozaba lo lésbico, cosa que a los hombres les  enloquece.

Después de la función estaba en mi camerino con otras chicas cuando apareció un hombre bien parecido preguntando por mí, era apuesto, algo canoso, vestía bien por lo que olí dinero fácil, me puse una bata porque aún estaba desnuda, me dijo que había visto mi número con atención y que era lo que estaba buscando.

Me preguntó si lo había visto en la sala, cosa que era imposible por las luces, desde arriba no vemos las caras. Me propuso algo que me pareció de lo más gracioso, había de todo en este mundo pero me causó risa y la negativa de mi parte, pero como había demasiado dinero no pude rechazarlo.

Pasó a buscarme dos días después, como habíamos acordado, él me había comprado ropa para la ocasión, no como una puta, pero si como esas mujeres de vida sana, atractivas y deseables.

Me pidió que no me pusiera ropa interior, una remera celeste con un generoso escote redondo por el que asomaban mis grandes pechos, pero a la vez disimulados con una chaqueta verde musgo y una falda ajustada del mismo tono que dibujaba mis anchas caderas, larga a media pierna, un tanto arriba de mis rodillas, un delicado maquillaje y unos zapatos de tacón medio.

Quería que me viera provocativa pero sensual a la vez, dando la imagen de esas mujeres que suelen ser dinamita en la cama.

Así me convertí por un día en la flamante esposa de un  arquitecto.

Subimos a su coche de lujo y nos dirigimos al lugar al que ya había elegido previamente.

Las vidrieras del sex shop estaban tapadas en negro, apenas tenía un discreto letrero luminoso. 

Entramos al sitio donde es casi exclusivo para caballeros, las mujeres normales no suelen visitar un sex shop, había unos pocos hombres, los cuales clavaron la vista en mi cuerpo apenas entré, la tensión se notó de inmediato en el ambiente.

El lugar tenía un suelo viejo de madera, que crujía bajo mis tacones, se respiraba a humedad y no era nada agradable, la iluminación difusa dejaba ver gran cantidad de revistas y películas pornográficas de alto contenido erótico

Llegamos al mostrador donde nos atendió un joven a quien le costaba despegar sus ojos de mis sugerentes pechos…

— Buenas tardes, en que puedo ayudarles?

Ricardo, dijo con voz suave…

— Buenas tardes joven, mire, mi esposa es digamos, muy fogosa, y muchas veces no logro satisfacerla, entiende?

— No… no comprendo bien…

Era evidente que ya tenía la atención de los tipos del lugar y yo solo sonreía con cara de puta pecaminosa

— Bueno… quisiera regalarle algún juguetito, usted sabe, esos que van con pilas, y no quisiera comprarle algo que a ella no le guste, por eso la convencí de que me acompañara, es muy tímida, todo la avergüenza…

— Ah! comprendo, podrían acompañarme?

Seguimos al vendedor quien se dirigió al final del lugar y nos hizo pasar tras unas cortinas, donde se exhibían juguetes sexuales de todo tipo y para todos los gustos, elementos de tortura, disfraces, lo peor de lo peor, lo más sádico.

Los hombres que habían allí, nos siguieron con su mirada, y uno de ellos vino tras nosotros haciéndose el distraído, como buscando otras cosas, así quedamos en esa segunda habitación el vendedor, mi supuesto marido, ese extraño y yo.

El vendedor entonces sacó un juguete de silicona de normales dimensiones y mientras nos explicaba los detalles, usos y cuidados, lo interrumpí diciendo…

— Disculpe, tendría algo de mayor tamaño?

— si… podría ser algo como esto…

— Mmmm… más grande por favor?

— Más grande? Bueno, está este maxi…

— Disculpe, mi señora es muy exigente, algo más grande?

— Si… pero no es para cualquiera… es una réplica de un actor porno…

— Ese quiero, ! ese!

— Ese mi amor? Eres una golosa…

El vendedor hablaba con una evidente erección entre sus piernas, mientras el otro hombre prestaba atención con una mirada incrédula…

— Tendría algún lubricante?

— Como no, ahora se lo traigo 

Cuando el vendedor se descuidó Ricardo rompió el plástico que cubría el enorme juguete y le colocó las pilas que había comprado, el vendedor al verlo protestó…

— Noo, qué hace?  No se puede abrir

— Tranquilo amigo, tranquilo, voy a pagar lo que haga falta, resulta que mi esposa acostumbra a probar los productos que compra…

— Toma mi amor, fíjate, te gusta?

Y la verdad es que me había excitado toda esta locura, lubriqué el juguete, levanté una pierna apoyando el pie sobre el mostrador, la falda se levantó lo suficiente para dejar a la vista mi coño desnudo, entonces lo introduje en mi vagina lentamente, ante la mirada atónita de los tres hombres.

Giré la perilla de la base lentamente y empezó a vibrar, rápidamente el calor vaginal subía por todo mi cuerpo y la escena me hacía temblar.

— mi amor, te gusta? es lo que buscabas?

— Señor! señor! por favor… no pueden hacer esto… soy solo un empleado… voy a perder mi empleo…

— Vamos… por favor… dirás que no te gusta mi señora? seguro que querrías una buena mamada…

Los dos hombres no entendían nada, el juguete hacía maravillas en mi vagina, el vendedor transpiraba y tartamudeaba sin saber qué hacer, o que decir, el tercero solo observaba y se acariciaba el paquete.

Como habíamos acordado fui a por la polla del vendedor, acaricié su polla por encima de la ropa, parecía que iba a explotar…

— Dale mi amor – dijo mi supuesto esposo – no te quedes con las ganas!

Entonces baje la cremallera del joven, y saque su polla, el tipo no reaccionaba, cogí un preservativo que siempre tengo a mano, lo puse en mi boca, y me agache y lo fui introduciendo a medida que se desenrollaba sobre el tronco.

… hago este trabajo de memoria…  

su glande circunciso brillaba bajo el látex, comencé a devorarlo, a lamerle esa cabezota, a pasar mi lengua por ella, a tragármela bien profundo hasta llegar con mis labios sobre la tela de su pantalón, pero no podía concentrarme, la vibración del juguete me sacaba de eje, llenando mi vagina.

Jamás lo hubiera imaginado, pero la situación arrancaba orgasmos de mi interior…

El extraño ya se masturbaba sin pudor, un mirón que no podía abstraerse de la situación, mí supuesto esposo le dijo entonces…

— Venga amigo, quiere ver un primer plano del culo de mi señora esposa?

El hombre en silencio fue tras mi trasero, hasta perderlo de vista. Ricardo estaba llenando de gel mi culo, había introducido una jeringa plástica y mis intestinos fueron impregnados con el viscoso líquido.

Aún seguía chupándole la polla al vendedor cuando el ancho juguete salió de mi vagina y lentamente se introdujo en mi culo, trataba de simular que no estaba ahí, solo quería chuparle la polla al joven, pero el grosor, el largo y la continua vibración me hacía gemir, no podía evitarlo, no podía disimularlo…

El vendedor comenzó a contraerse, aceleré el ritmo con mi mano, masturbándolo con delicadeza, con mi vista fija en su cabeza, de pronto el líquido blanco comenzó a brotar y el látex del preservativo fue llenando el mismo, seguí moviendo mi mano hasta que su miembro comenzó a perder erección…

Cerré los ojos, ahora solo quería disfrutar del juguete que se enterraba en lo profundo de mi culo, inconscientemente me descubrí a mí misma masturbando mi clítoris, mi esposo de fantasía comenzó a meterlo y sacarlo, lentamente, adentro y afuera, sentía mi esfínter dilatado, estirado, sabía que ambos hombres miraban y me ocupé de darles el mejor espectáculo, arqueaba mi columna para que mi orto sobresaliera para ellos.

Algo caliente golpeó con fuerza mi nalga derecha, miré hacia atrás, el tipo que se masturbaba, largó toda la leche sobre mi glúteo, hasta la última gota.

Ricardo se dio por satisfecho, sacó el vibrador de mi estirado culo y lo detuvo, mientras me limpiaba, el pagó por cada uno de los minutos perdidos y le dejó una cuantiosa propina al vendedor.

Nos fuimos del lugar, mi esposo por un día me dejó en mi casa, no volvimos a vernos, pero me quedó el enorme vibrador de recuerdo.

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