KERANOS

Al día siguiente me desperté temprano, sobre las 9. Elena seguía dormida, estábamos abrazados haciendo la cucharita, con la sábana apenas cubriendo sus pechos, dejando asomar un pezón. Ella seguía durmiendo profundamente, por lo que intenté despertarla con cuidado, dándole un beso en el hombro mientras la llamaba. Ella dio un respingo, despertándose sobresaltada.

-¿Qué pasa?
-Nada, no pasa nada.
-¿Dónde estamos?
-En tu casa, Elena. ¿Dónde vamos a estar?
-Joder… Estoy molida.
-¿Y eso?
-Pues no sé… Anoche alguien me reventó bastante, ¿sabes?
-Venga… No será para tanto.
-Que no dice… ¿Qué te pasaba ayer?
-Nada. Estaba contento y con ganas.
-Pero es que ni me escuchabas.
-¿Te hice daño?
-No, bueno, un poco… Pero cuando me la metiste sin dejarme descansar.
-Perdona.
-No pasa nada.
-Oye, me tengo que ir, que tengo que trabajar y ayer al final no hice nada.
-Jo… Creía que íbamos a pasar el día juntos…
-Me encantaría Elena, pero es que tengo que trabajar.
-Quería que conocieras a mi abuela.
-No pasa nada, tenemos todo el tiempo que queramos.
-Vale, pero al menos desayuna conmigo.
-Vale, venga.

Nos levantamos, poniendo bien el colchón en la cama y haciéndola, vistiéndonos después. Fui hacia la puerta, viendo que estaba entornada, oliéndome porqué. Fuimos a la cocina para desayunar, apareciendo Noelia. Estaba con la cara de recién levantada.

N: Buenos días. (dijo algo apagada)
E: Buenos días.
J: ¿Qué pasa?
N: Pues nada, algo cansada. Ayer armasteis una…
E: Perdón.
N: No pasa nada. Lo entiendo.
E: Es que Javi estaba ayer muy cariñoso… (dijo riendo)
J: Sí, yo solo…
N: Diría que mamá os oyó…
E: No jodas…
N: No estoy segura, pero me ha despertado para decirme que iba a lo de la tía para recoger a la abuela y no parecía contenta.
J: Menos mal que me voy ahora…
N: ¿Te vas ya?
J: Sí, tengo que trabajar. Y no quiero ver a tu madre enfadada, la verdad, que con lo de ayer…
E: Ayer no estaba enfadada.
J: Pues menos mal…
E: Madre mía la bronca que me espera…
N: Y encima el primer día, si es que parecéis nuevos…
E: ¿Y tú? Que ayer tenías una cara…
N: Ah, eso… Es que he roto con María.

Elena y yo nos miramos, poniendo ella cara de preocupación.

E: ¿Y eso? (dijo yendo a abrazarla)
N: Pues que no, Elena. Que pasa el tiempo y no siento eso que hay que sentir.
E: ¿No será que estás yendo muy rápido?
N: No. Es que no veo que vaya a pasar y ella cada vez me pedía más y llegó un punto en el que no aguantaba más.
J: Siento oír eso.
E: ¿Cómo se lo ha tomado ella?
N: Pues no muy bien. De hecho, no me habla.
E: ¿En serio?
N: Sí, se cree que hay otra persona.
E: ¿Y es así? (preguntó Elena mientras yo permanecía en silencio, sin mirar a los ojos a Noelia)
N: No, no hay nadie más.
E: Lo siento, Noelia. ¿Estás bien?
N: Bueno, me jode mucho haber perdido a una amiga así, pero creo que ella está más dolida que yo. He intentado hablar con ella, pero no quiere. (dijo mirándome)
E: Ya verás como se le pasa y te vuelve a hablar. (dijo llevando los platos al fregadero)

Cuando Elena se dio la vuelta miré a Noelia, asintiendo, queriendo decirle que ya hablaría yo con ella. Pareció entenderme, porque me sonrió al momento.

J: Bueno, me voy ya, que tengo mucho lío.
N: Que tengas un buen día.
J: Gracias. (dije extrañado, aunque me gustó mucho el gesto)

Me fui hacia la puerta, viniendo Elena detrás mía para despedirme.

-Ven a comer al menos…
-No sé, ya veremos. Tengo atrasado lo de ayer y tengo que ver cuanto material tengo.
-Vaaaale.
-No te preocupes, si tenemos muchos días. No quieras hacerlo todo el primero. Además, tu madre está mosqueada parece…
-Es verdad. Pero lo que me preocupa es otra cosa…
-¿El qué?
-Lo de mi hermana. Es que ella no tiene muchas amigas o amigos. Con esa chica se llevaba desde que era pequeña y ahora no le habla.
-A ver si hay suerte y no es para tanto y le vuelve a hablar.

Se puso de puntillas para darme un beso, cogiéndome del cuello mientras yo me agarraba del culo.

E: Eh, cuidado, que me duele el coñito de lo de anoche…
N: Normal que te duela, con ese pollón… (dijo entre risas mientras abría la puerta de la calle para irse)
E: Oye…
N: Venga, Elena.
J: Madre mía…
E: ¿A dónde vas ahora?
N: Al instituto a por las notas.
E: ¿Cómo vas a ir?
N: Pues tenía pensado ir en bus con María, pero…
E: Javi, ¿te importa acercarla?
J: Venga, va.

Elena me dio otro beso para despedirnos y nos fuimos hacia el coche para irnos a mi ciudad y dejar a Noelia de paso en el instituto. Estábamos en silencio durante el camino, pero lo rompí a mitad.

-Siento lo de María, de verdad.
-Bueno, cosas que pasan.
-¿No le veías futuro?
-La verdad es que no. Si es que os veo a mi hermana a ti y es que ni se acercaba. Además, ahora en verano, ya sabes. Y el año que viene empieza la universidad y a saber si vamos a la misma y demás. Mejor romper ahora que luego cuando pueda ser peor.
-Pues llevas razón.
-María creía que la había dejado porque cree que estoy colada por ti, ¿te lo puedes creer?
-Sí, está loca. (dije con sarcasmo)
-Otro… Creo que os he dejado claro a todos que no me interesas. Desde primera hora te dije que solo quería echar un polvo contigo, ¿no?
-Sí.
-Pues ya está.
-Bueno, espero que no vuelvas a las andadas y menos ahora que conozco a tu madre y estaré más por tu casa.
-No, tranquilo. No estoy con ganas para nada ahora mismo…
-Vale.
-Vaya tela anoche, por cierto… (dijo a los pocos minutos)
-Sí, se me fue un poco la cabeza.
-El morbo, ¿no?
-Bueno…

Llegamos a mi ciudad y la dejé en el instituto, yendo después a casa de Mario. Llamé y me abrió Irene, dándome un abrazo y un beso en la mejilla.

-¿No me ibas a llamar?
-Sí, pero he tenido que traer a la hermana de Elena y tal.
-¿Qué pasa?
-Pues a ver…
-No me hagas otra vez la broma esa, anda.
-No, no, jajajaja.
-¿Qué es?
-Ayer conocí a la madre de Elena.
-¿Sí? ¿Por fin se ha atrevido?
-Sí. Fue en su graduación y se lio un poco.
-No jodas…
-Es que su madre es muy…

Entonces le empecé a contar todo lo que pasó el día anterior, durante la graduación y lo que pasó cuando llegamos a su casa hasta que volví a mí casa, con bastante detalle.

-Uff… Que intensita es…
-Pues sí.
-Bueno, pero todo bien, ¿no?
-Sí, dentro de lo que cabe.
-¿Dónde está el problema entonces?
-Es que luego volví para cenar allí con ellas.
-Y se lio.
-No, fue bien, un poco incómodo, pero bien.
-Joder, Javi… ¿Qué es lo que pasó entonces?
-Pues que fui al baño y me la encontré desnuda.
-Hala…
-No veas…
-¿Te pilló?
-No, no. Si lo hace a saber qué me hace. Me mata…
-¿Te puso cachondo?
-Ahí estamos.
-¿Está buena, o qué?
-Es una fotocopia de Elena.
-¿En serio?
-Las diferencias son muy pocas y es que da hasta mal rollo verlas a la vez.
-No será para tanto.
-Ya te digo que sí.
-¿Y pasó algo?
-Me empalmé de una manera que hacia bastante que no me pasaba.
-Uff… Eso es por el morbo.
-Ya. Eso pensé yo al verla tan bien, porque se miraba mucho al espejo y se daba la vuelta y tal y se lo vi todo.
-Cuenta, cuenta.
-Tía, córtate un poco…
-Que aburrido eres…
-Bueno, pues eso, que la vi desnuda. Pero la cosa no acabó ahí…
-Ostia… ¿No jodas que…?
-No, no… No me la follé.
-Ya, conociéndote sé que no.
-La cosa es que el calentón me duró bastante y esperé a que se me bajara y volví con Elena. Pero su madre volvió y me puse nervioso.
-Normal.
-Nada, simplemente nos dijo que se iba a dormir y después le empecé a meter mano a Elena y fuimos a su habitación.
-Y cayó un polvazo que no veas, ¿no?
-Evidentemente. Pero antes pasó algo.
-A ver…
-Estábamos jugando y la cama de Elena sonaba mucho.
-Y fue y os pilló.
-No, peor.
-Ostia…
-Elena me dijo que iba a darse una ducha rápida y me quedé en la habitación y me acordé de cuando vi a su madre desnuda y me la empecé a menear. Entonces oí ruido y fui hacia la puerta, se abrió y tiré de ella diciéndole que la iba a reventar y le empecé a coger del culo y a besarle en el cuello.
-Y entonces apareció su madre.
-No, es que era su madre, no era Elena.
-Jajajajajaja, ¿en serio?
-Sí, tía.
-¿Y qué pasó?
-Estábamos a oscuras y no sabía qué era ella, porque hasta huelen igual. La intenté coger en brazos y ella me empujó. Encendió la luz y su cara era un poema.
-Normal, jajajaja.
-Tenía los ojos como platos, luego me miró la polla y los abrió más todavía, tapándose la boca con la mano.
-Normal, a saber cuanto lleva sin ver una polla… Y encima ve la tuya, pues estaría acojonada.
-En mi vida he sentido más vergüenza… Me intentaba tapar como podía.
-¿Y qué pasó después?
-Nada, se fue.
-Bueno, no es para tanto.
-No me jodas Irene. El primer día que la conozco y pasa eso…
-¿Eso es lo que te tiene rayado?
-No, fue lo que pasó durante el polvo con Elena. Me la follé muy bestia, estaba muy cachondo y no le prestaba atención casi. La cosa es que se parecen tanto que me imaginé que me estaba follando a su madre.
-Y eso es lo que te raya, ¿no?
-Sí.
-¿Crees que es como si la estuvieras engañando o algo?
-Exactamente.
-Pues quítate eso de la cabeza. Es normal que pase eso aun estando en pareja. Además, el morbo a veces es muy fuerte y nos juega malas pasadas, no te preocupes por eso. Y si se parecen tanto según tú, pues más todavía.
-Ya, eso había pensado, pero ya sabes como soy…
-Sí, lo sé. Pero ya te digo que no es para tanto. Mira, una vez fui de vacaciones con Mario con toda su familia y había un primo suyo por ahí que estaba que no veas. Mario me dijo que no le importaba que me lo tirara, pero no le hacía gracia porque era muy bocazas y seguramente se iría de la lengua con la familia. Pero una noche follando le dije a Mario que hablara como él y jugamos a eso. Me imaginaba que era él el que me follaba y tal.
-Ya, pero es que vosotros sois muy liberales.
-Ya, bueno… Pero que no te tienes que preocupar, de verdad.
-Ya, ya. Bueno, no me he rayado tanto como con lo de Sofía.
-¿Te imaginas follarte a Elena y a su madre a la vez? Ahí las dos de rodillas chupándotela a la vez…
-Joder, estás mal, ¿eh?
-Es una fantasía que tengo desde hace mucho. Tirarme a alguien y un familiar suyo.
-Morbo hay en eso, pero es algo muy guarro. Igual que cuando nos dijiste de hacer un trío con la hermana de Elena…
-Ya, se me fue un poco la cabeza.
-Es que…
-Dime que no te encantaría tener a las tres a la vez.
-Joder…
-Venga, si no pasa nada, Javi. No se lo voy a decir a nadie.
-La hermana de Elena también está bien…
-Vamos que sí. Imagínate a Elena encima de tu cara mientras le comes el coño y a su madre y su hermana comiéndote la polla a la vez.
-Uff… Calla, calla.
-Sí, mejor. Porque mira como está esto… (dijo agarrándome la polla, que ya estaba morcillona, por encima de la ropa)
-Estate quieta, anda, jajaja.
-Tenemos unas ganas de hacer cosas con vosotros…
-Pues hasta que Elena no diga que sí, ya sabes…
-Ya.
-Entonces todo bien ya, ¿no?
-Sí, sí.

Irene me empezó a contar como les había ido esas semanas en las que Elena y yo nos apartamos de ellos, contándome que no habían hecho nada aún con nadie más, que querían que nosotros fuéramos los primeros, por la confianza que teníamos y demás. Que estaban mejor que nunca, habían recuperado la confianza para hablarlo absolutamente todo y que no volvería a pasar lo que pasó con Sofía, contándome también que hablaron con ella y la cosa acabó bien, recordando yo que se me olvidó hablarle como dije que haría, por lo que pensé en hablar con ella más tarde. Mientras me explicaba con detalle todo eso y alguna cosa más de otros temas, recibí un mensaje. Vi que era un whatsapp de alguien que no tenía agregado, por lo que abrí el mensaje.

-Javier, soy Maribel. Le he dicho a mi hija que me diera tu número para poder hablar por si pasa algo y demás. Quiero dejarte claro que lo de ayer no pasó. Fue un accidente y no vamos a hablar de eso ni nada y menos aquí delante de nadie. ¿Entendido?

Me quedé un poco parado al leer el mensaje, enseñándoselo a Irene.

-Mira, es la madre de Elena, por lo de ayer.
-¿A ver? Ostia… Sí que se parecen… (dijo al abrir la imagen de perfil, donde salía ella con sus dos hijas)
-Ves como sí…
-Ostia… Pero que se parecen mucho, ¿eh? Dios…
-Sí, sí. Da mal rollo, ya te digo.
-¿Esa es su hermana?
-Sí.
-Se parece mucho también a ella.
-Ya ves, trae que le contesto.
-¿Qué le vas a poner?
-Pues ahora lo verás.

Cogí el móvil y empecé a escribirle a Maribel.

-Entendido, no ha pasado nada.
-Anda, que ya te vale. El primer día que estás en mi casa y pasa eso.
-Perdón.
-No es culpa tuya, pero sí que podrías hacer tenido más cuidado haciendo tanto ruido… Por eso fui a la habitación de Elena.
-Ya, perdón.
-Y esta mañana voy a avisaros de que me voy y os encuentro de esa manera, con el colchón ahí tirado, desnudos…
-Sí, es que era para no hacer ruido.
-Ya hablaremos de eso cuando vengas. Que sí me gustaría aclarar algo de eso.
-Vale, vale.
-¿Hoy vienes?
-No, tengo mucho lío con el trabajo.
-Vale, pues la próxima vez que vengas lo hablamos.
-Podemos hablarlo por aquí si quieres.
-No, mejor cara a cara.
-Vale.

Guardé el móvil y miré a Irene con cara de circunstancia.

-En vaya marrón te has metido…
-Joder, de verdad. ¿Tan difícil es tener pareja?
-No, pero es que parece que te lo buscas tú solo, jajaja.
-¿Yo? Si no he hecho nada…
-Te podrías haber controlado.
-Tiene cojones que me digas tú eso, ¿sabes?
-Ya, jajaja. Por cierto, me parece raro que fuera a avisaros.
-¿Sí?
-Sí. Si viendo lo que pasó por la noche, va a la habitación de Elena… Es que algo buscaba.
-No me jodas.
-No sé, lo veo raro.
-También avisó a su hermana.
-Ya, pero…
-No me jodas anda…
-No, yo solo digo lo que veo. Luego me dices qué pasa, que a lo mejor no es nada, pero no sé…
-Pues algo me has dicho…
-Venga, no te pongas ahora a darle vueltas.

Seguimos hablando un poco más y me fui a mi casa para trabajar. El resto del día fue bastante aburrido ya que tenía mucho que hacer y acabé tarde por la noche para recuperar el día anterior. Por la noche hablé un poco con Elena sobre como nos había ido el día y que tenía muchas ganas de que estuviera allí con ella, quedando en que al día siguiente iría a comer. Estaba deseando que fuera para presentarme a su abuela. También le dijo que su madre no le acabó echando la bronca ni nada, de hecho, ni había hablado del tema con ella. Después de hablar con ella le mandé un mensaje a Sofía, pero no me respondió, suponiendo que era por la hora en el que se lo mandé. Estaba bastante cansado, así que me fue a dormir, cayendo dormido rápidamente.

El jueves me levanté con mensajes de Sofía diciéndome que estaba durmiendo cuando le había enviado el mensaje. Le dije que me escribiera cuando tuviera tiempo para hablar, haciéndolo así a media mañana.

-Javi, ¿qué quieres hablar?
-Nada, que me olvidó hablarte de Irene y Mario.
-Ah, no pasa nada, ellos me hablaron y todo está bien.
-Sí, eso me han dicho.
-Me dijeron que Mario estaba un poco revolucionado y tal, pero que ya se ha calmado y que ya está todo hablado y aclarado.
-Eso es.
-Y que poco a poco volverán a hacer eso y demás. Que no era culpa mía ni nada, que no tenía que sentirme mal y que esperan que nos veamos más adelante.
-Genial entonces, ¿no?
-Siiiii.
-¿Y qué tal el trabajo?
-Uff… Mucho estrés. Necesito unas vacaciones. Lo mismo este verano me tenéis por ahí.
-¿Sí?
-Puede ser. Tengo que hablar con gente para ver cuando puedo pillar las vacaciones y tal, pero me apetece estar unos días por ahí con vosotros.
-Vale.
-Te echo un poco de menos, me supo a poco el rato que nos vimos la última vez.
-Bueno, es que viniste a lo que viniste… Jajaja.
-Jajaja, sí. Pero me quedé con las ganas de tomarme algo contigo y tu chica. Por cierto, ¿cómo os va?
-Muy bien. Estamos muy bien.
-Me alegro.
-Bueno, pues ya me dirás a ver cuando vienes.
-Vale, y no te pongas tenso, que no busco nada, ¿vale? Jajaja.
-Vale, vale, jaja.
-Bueno, luego te cuento. Un beso.

Siempre era algo bueno para mí hablar con ella a pesar de lo que pasó cuando estuvimos en aquel trabajo. Y la verdad es que ella no sabía que tenía novia, por lo que no fue un acto de maldad por su parte. Simplemente se lo quería pasar bien y confió en mí para eso.

Me quedé pensando en eso de que lo mismo venía a pasar unos días en verano, lo que me recordó que en poco era el cumpleaños de Elena. Aún no había pensado nada para ese día, por lo que tenía que ver qué haría.

Al rato me acordé del tema de Noelia y María. Aún no había hablado con ella y le dije a Noelia que lo haría. Y como ese día había quedado con Elena en ir a su casa a comer pues seguro que me preguntaba, por lo que le escribí a María en ese momento.

-Hola María, ¿cómo ha ido la selectividad?
-Hola Javi. Pues muy bien. He salido con muy buenas notas.
-Me alegro, ¿cómo estás?
-Mal. Imagino que ya lo sabes…
-Sí, lo siento. ¿Qué ha pasado?
-No quiero hablar de eso.
-Creo que es mejor hablarlo que dejárselo dentro, ¿no crees?

No volvió a responder y eso me preocupó un poco, por lo que pensé en acercarme a su casa antes de ir a la de Elena.

Seguí trabajando un poco, hasta la 1 y poco y me fui al pueblo de Elena para ir a ver a María. Cuando llegué la llamé al móvil. No quería llamar a la puerta por si no estaba sola, para no ocasionar una situación incómoda. Le dije que estaba en su puerta y que me gustaría hablar con ella. Por suerte le pareció bien y fue a abrirme. Nada más verla se lo noté en la cara. No había rastro de esa María alegre que yo conocía. Tenía una expresión seria y algo mustia. Me dio dos besos y me hizo pasar, diciéndome que estaba sola.

-Joder, no sabía que estabas tan jodida…
-¿Tanto se me nota?
-Muchísimo.
-Pues sí, estoy mal.
-¿Qué ha pasado?
-Dice que no siente por mí lo que tiene que sentir para ser una pareja. Que me quiere mucho pero que no puede ser.
-Joder. Lo siento.

María se encogió de hombros, con una expresión triste.

-Dice que le has dicho que crees que es porque está colada por mí.
-Bueno, eso lo dije un poco por el calentón del momento, pero no lo descarto del todo.
-He hablado con ella y dice que no, que no hay nada de eso. Que solo quería echar un polvo conmigo, nada más.
-Bueno… Al menos tuvo el tacto de hacerlo después de los exámenes para que no me afectara para eso… (dijo riéndose de manera triste)
-Claro, lo hizo así porque le importas. Ella te quiere, ¿cómo no te va a querer? Si os conocéis desde pequeñas y siempre estás con ella…
-Ya…
-Mira, también me dijo que lo ha hecho ahora porque no quería esperar más porque a la larga ibas a sufrir más. Y ahora viene el verano, luego os vais a la universidad, a saber si estáis en la misma ciudad y ya sabes que las relaciones a distancia…
-Pues no, no lo sé. No he tenido ninguna.
-Yo tampoco, pero ya te digo que son una mierda y es casi imposible que funcionen. Muchos amigos y amigas mías han sufrido por eso. Es algo muy duro y merma la relación.
-No sé, aun así, me sigue doliendo.
-Lo entiendo, pero es que, si no surge eso, no hay nada que hacer. Una relación de pareja es una cosa de dos y en cuanto una parte flojea o directamente ya no está ahí, pues la cosa se derrumba.
-Estaba tan ilusionada… Te lo creas o no, ella es la única que me ha apoyado al máximo con lo de mi bisexualidad. Y eso es algo que me hizo verla con otros ojos, se preocupaba mucho por mí y me animaba y cuidaba cuando me daba el bajón. Me acabé enamorando de ella.
-Vaya, no tenía ni idea. Parece que me estás hablando de otra persona.
-Así es Noelia. Es alguien muy borde, pero cuando se abre con alguien, aunque le cuesta mucho, pues es otra persona, es un amor. Aun así tiene su carácter y tal, pero es un amor en el fondo.
-Vaya, no tenía ni idea.

María agachó la cabeza, con la expresión muy triste.

-Venga, que en dos días ya estáis como antes. (dije poniéndole la mano en la rodilla para animarla)
-No.
-¿No?
-Me ha dolido mucho, Javi. No quiero sufrir más. Estos días los he pasado muy mal, ni te imaginas.
-Pero, ¿para tanto ha sido?
-Javi, estoy enamorada de ella. Imagínate que Elena te deja y te dice que no siente por ti más que una amistad.

Me quedé en silencio, un poco impactado por eso que dijo.

-¿Lo entiendes ahora?

Asentí con la cabeza mientras seguía en silencio.

-Además, como has dicho, ahora viene el verano. Estaré más de un mes fuera, con toda mi familia. Nos vamos a la playa y estaré con mis primos y mis primas y ellos también me han apoyado con esto de que me gusten también las chicas, así que no voy a estar tan mal como aquí. Y el curso que viene en la universidad estaré ocupada al tener que centrarme en eso y quien sabe, quizás conozca a alguien entonces.
-Pues ojalá te lo pases bien y se pase esto pronto y no te duela cuando mires atrás.
-Gracias. Es que para unas pocas semanas que me quedan por estar aquí, paso de estar mal al volver a verme con ella, porque me conozco y sé que a pesar de que es mi amiga y que la quiero un montón, lo voy a pasar mal.
-Pues llevas razón. La verdad es que yo haría lo mismo. Me da pena porque bueno, romper una amistad así… Y por vosotras, claro.
-Que suerte tiene Elena contigo Javi… Siempre que hablo contigo me haces sentir mejor.
-Anda, que me lo voy a creer, jajaja.
-Es verdad, sabes escuchar, eso es algo muy bueno.
-Gracias.
-Sí estuvieras soltero, lo mismo me animaba… Jajajaja.
-Anda, anda… Me voy ya, que me han invitado a comer en casa de Elena.
-¿Ya conoces a su madre?
-Sí.
-Me alegro.
-Gracias, aunque no hemos empezado muy bien…
-No jodas que os ha pillado…
-Más o menos, jajaja.
-Jajajaja, anda, ve que esa mujer es muy estricta, todavía te ganas una bronca cuando llegues.

Nos despedimos, dándonos dos besos de nuevo y entonces ella me dio un abrazo.

Salí de su casa y fui hacia la de Elena, dándome cuenta por el camino que probablemente esa sería la última vez que vería a María, ya que siempre que la veía era cuando estaba junto a Noelia y parecía que eso no iba a volver a pasar.

Una vez llegué, llamé a la puerta, abriéndome Elena, como yo esperaba. Se lanzó a mí como si lleváramos días sin vernos, cogiendo mi cara y dándome besos por todos lados. Rápidamente me hizo pasar, tirando de mi mano para llevarme al comedor, donde estaban Maribel y su abuela. Una vez nos sentamos, Maribel llamó a Noelia de una voz, que me llegó hasta a acojonar.

No sabía quién estaba más contenta si Elena por tenerme ahí, con un entusiasmo que parecía que se había metido dos litros de café o si su abuela, que estaba eufórica por ver a su nieta con novio de nuevo, diciendo cosas como vaya hombretón, que buena pareja hacíamos, que le encantaba verla tan contenta y demás cosas.

Durante la comida todo fue fantásticamente, sin parar de hablar de varios temas, permitiendo conocer a su abuela y ella a mí. Era una mujer muy agradable, derrochaba simpatía y buen humor, poco que ver con su hija, que era más seria y estricta. Físicamente se parecían como esperaba, pero no tanto como se parecía a Elena, era algo que aún me costaba asimilar.

Maribel reprochó a Noelia su actitud, ya que aún seguía de morros por obvias razones, sin aportar nada a la conversación, ni siquiera cuando salió el tema de sus notas de selectividad, las cuales les salieron bastante bien. Inmediatamente la abuela de Elena le echó una bronca a Maribel, diciéndole que la dejara tranquila, que es una niña y que a ver si aprende de Elena y hace lo mismo, que está amargada y que a ver si busca un novio que le alegre bien.

Se hizo un silencio un poco incómodo. Yo miré a Elena, quien estaba un poco aguantado la risa, luego miré a Noelia quien seguía con la cabeza un poco agachada, con una ligera sonrisa. Y por último a Maribel, con cara de molestia, como mordiéndose la lengua. Rápidamente cambió el gesto, relajándose y lo dejó estar, volviendo a conversar como estábamos haciendo antes.

Cuando acabamos de comer, nos sentamos en el salón para seguir hablando, estábamos todos conversando excepto Noelia, quien se limitaba a ver la televisión. Elena estaba junto a su abuela, dándome cuenta que se querían mucho por como estaban todo el rato mirándose, con las manos cogidas, con su abuela dándole besos y diciéndole lo contenta que estaba por verla tan ilusionada al tener novio. Estaba muy animado, aunque pasó algo que me pondría nervioso y es que miré a Maribel y entonces hizo ese gesto que hace Elena que me vuelve loco, girando su cabeza mientras ponía una sonrisa muy bonita al ver a su hija y a su madre así.

Joder, ¿se pueden parecer más? -pensé- Era increíble que tuvieran hasta los mismos gestos. Llegaba un punto en el que la única diferencia que veía entre ellas era su actitud. Elena era alguien muy alegre y cariñosa, con algún detalle de ser una chica aniñada, pero su madre era bastante diferente. Era más seria, imponente, muy segura al hablar, con un carácter seco, sin mostrar cariño apenas.

Mientras Elena y su abuela seguían conversando, Maribel dijo que iba a preparar café, diciéndome que fuera con ella para ayudarla. Elena se ofreció, pero Maribel, de nuevo con tono seco, dijo que no, que se quedara con su abuela, que ya iba yo. De camino a la cocina ya me esperaba la bronca por lo que me dijo el día anterior de que ya hablaríamos. En cuanto entramos cerró la puerta.

-¿Estás a gusto?
-Eh…

Me quedé un poco parado por esa pregunta, no me la esperaba para nada.

-¿No lo estás?
-Sí, sí. Estoy muy bien. (dije una vez pude reaccionar)
-¿Seguro?
-Claro, no puedo estar más contento con Elena, le quiero mucho. Y su abuela es genial, me trata como si me conociera de toda la vida. Y bueno, nosotros parece que no hemos empezado con muy buen pie, pero me caes bien, entiendo que eres así porque tu hija Elena es lo que más quieres en tu vida, junto a Noelia y solo quieres lo mejor para ellas. Y puede que también por lo que por desgracia te pasó.

Maribel se quedó callada, mirándome, con una ligera sonrisa en la boca, poniéndose entonces a preparar el café.

-Y mi hija Noelia, ¿cómo te cae?
-Eh…

De nuevo me llevé como una bofetada por una pregunta que no esperaba y no sabía cómo responder, aunque esta vez reaccioné rápido para que no sospechara tanto.

-Tu hija Noelia es un poco especial.
-¿Por?
-Porque es… como decirlo…

Maribel me miró con cara de expectación.

-Es un poco intensa.
-¿Intensa? (dijo riendo)
-A ver, no te lo tomes a mal, pero es muy suya. Es un poco borde y cabezona y a veces suelta unas puyas que madre mía…

Maribel me miró con cara de estar un poco sorprendida.

-Eh… pero cuando la pillas de buenas es una chica muy dulce, hasta encantadora.
-Bueno, es difícil verla así, pero sí, buena descripción. Tiene mucho pronto, pero no es mala niña.

Nos quedamos en silencio mientras ella seguía con el café y yo preparaba unas galletas y demás para picar. De repente me agarró fuertemente de la muñeca para ponerme frente a ella, llegando a asustarme por la brusquedad con la que lo hizo.

-Lo del otro día por la noche no pasó, ¿entendido?
-Sí, sí. No fue adrede, creía que eras Elena, por eso…
-Hombre, estaría bueno que hubiera sido queriendo…
-Ya, claro.
-Iba en serio lo que te dije.
-¿El qué?
-Lo de que como engañes a mi hija te corto los huevos. ¿Ya se te ha olvidado?
-No, no. Lo tengo claro.

En ese momento se me vino la conversación con Irene de que ella sospechaba algo, pero en ningún momento vi a Maribel insinuándose, ni poniendo ninguna mirada rara que pudiera dar pie a que yo pudiera pensar algo ni una mirada a mi paquete ni nada en absoluto. Todo lo contrario, ella me miraba directamente a los ojos, de manera muy fija e intimidante, con gesto de seriedad, casi de enfado. Estaba acojonado.

-No se lo habrás contado a nadie, ¿no?
-No, no, que va.
-Es que los tíos sois mucho de presumir de eso. Os tengo calados.
-No, no. De verdad.
-Fue un accidente, tenlo claro, no quiero que pienses nada en absoluto, ¿eh? Es que vamos, ni se te ocurra, ni lo pienses siquiera. (dijo agarrándome de la camiseta con fuerza, empujándome mientras hablaba)
-Que no, Maribel. (dije poniendo mis manos sobre las suyas para que dejara de empujarme)

Ella se agitó sus manos para evitar que la tocara, poniéndose de nuevo con el café.

-Maribel, no sé por qué te pones así…

Ella permaneció en silencio, girando su cabeza para echarme una mirada asesina, hasta que dijo:

-Porque sé como sois los tíos. Solo pensáis en follar. Como lo que pasó después. ¿Crees que no os oí desde mi habitación? Bueno y antes con la cama y esos golpes contra la pared. Y luego… bueno… mejor me callo. Pero es que la cosa no acaba ahí, voy a avisaros por la mañana de que me voy y me encuentro que estáis con el colchón en el suelo y los dos ahí desnudos apenas tapados con una sábana.

Mientras decía todo esto estaba frente a la encimera, ultimando el café, pero esta vez sí que estaba molesto con ella más que acojonado, más por sus maneras que por sus palabras, por lo que ahora era yo quien la cogía con fuerza de la muñeca para ponerla frente a mí, mirándola fijamente a los ojos, con nuestras caras muy cerca la una de la otra.

-Mira, me parece perfecto que quieras proteger a tu hija, que quieras lo mejor para ella y que no quieras que le hagan daño, pero no voy a permitir que me faltes al respeto así, ¿entendido?

Las tornas habían cambiado, ahora era ella la que estaba visiblemente acojonada. Se quedó callada, podía apreciar como los ojos le temblaban, teniéndolos muy abiertos, con la respiración ligeramente acelerada. Entonces me di cuenta de que parecía que le estaba apretando más fuerte de la cuenta la muñeca, por lo que se la solté, volviendo de nuevo a la realidad, viendo que tal vez me podía haber pasado, por lo que me disculpé, aunque me mantuve serio y firme para que no me tomara por tonto.

-Perdona, creo que me he pasado. No son maneras. Pero que sepas que no me ha gustado ni un pelo que me hables así. Sé que tampoco fueron maneras el comportarme así por la noche y más siendo el día en el que nos conocimos, no volverá a pasar. Pero no quiero que me vuelvas a hablar así más, quiero que nos llevemos bien.

Cogí los platos con los dulces y me fui al salón, acudiendo Maribel a los pocos minutos con el café.

Elena puso su mano sobre la mía, interrogándome con la mirada si pasaba algo y yo le sonreí y le di un pequeño beso, aunque me arrepentí al instante porque le había dicho a su madre que no volvería a pasar nada fuera de lugar. Cuando me despegué de ella vi que estaba un poco roja y entonces su abuela soltó una risa, empezando a aplaudir. Ni me atreví a mirar a Maribel. Después no pasó nada más, seguíamos charlando de la misma manera que la llevábamos haciendo todo el día, aunque desde nuestra conversación en la cocina, evitaba mirar a Maribel. Hasta que dije de irme porque tenía que seguir trabajando. Elena se contuvo, aunque apretó mi mano cuando dije de irme. Me puse de pie, diciendo que me había encantado el rato que había estado allí y que esperaba poder ir más a menudo. Su abuela me dijo que esa era mi casa también y que estaba encantada, despidiéndose de mí con dos besos. Maribel sin embargo se despidió de mí con un escueto adiós. Elena me acompañó hacia la puerta para despedirme con más intimidad.

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