HANSVERBILLE

Vivo en un pueblo grande o una ciudad pequeña, según se mire. La cuestión es que somos una población total de 40.000 habitantes. Más que suficiente para no cruzarnos con nuestros ex y los justos para conocernos la mayoría de nosotros..

Comencé a salir de marcha con mi grupo de amigos a los 15 años. Pronto me di cuenta que tenía cierto tirón entre los tíos. Y mi primer beso con un chico disparó en mi interior toda la lujuria. Perdí la virginidad a los 17, en el viaje de fin de curso del instituto. Un chaval de Barcelona hizo los honores. Fue mucho más morboso que placentero. La fecha es imborrable y siempre que suena la canción de Celtas Cortos, 20 de abril del 90, es imposible que mi mente no viaje a aquella habitación de hotel de Tenerife.

A partir de ahí tuve una activa vida sexual. Un par de rolletes, nada serios, pero con los que me hartaba de follar. Tenía claro que iba a disfrutar mi sexualidad a tope. Estaban comenzando los años 90 y la mentalidad general de la sociedad era mucho más abierta (impresión personal). Bueno pues así llegamos a la noche de autos….

Con 21 años, acababa de dejarlo con Jorge. Un tipo con buen cuerpo pero con una mentalidad conservadora que estaba planificando nuestra vida en común, boda incluida. Aquello no era lo que yo quería. Nuria, mi íntima amiga, tenía la misma manera de pensar que yo. Y un currículum sexual algo más amplio (y precoz). Aquella noche salimos de caza las dos.

Al principio de la noche nos cruzamos con Alfonso, un tipo del que se contaban leyendas sobre su gran miembro. Era alto, fuerte pero feo de cojones. Al parecer había padecido viruela y tenía la cara llena de cicatrices. Además de tener la nariz enorme y la cara abotargada de un eterno color rojo violáceo. Pero me encapriché de querer conocer de primera mano la leyenda urbana.

Desde que nos lo cruzamos estuvimos siguiéndole por todos los bares de copas y acercándonos a él y a su grupo de amigos. Con 28 años, el tipo tenía pareja pero aquella noche no le acompañaba. Cómo he dicho antes, en la población nos conocíamos todos y pese a no ser amigos si nos daludabamos. Nuria y yo estuvimos «dándole calor» durante un par de horas. Alfonso nos invitaba y nos daba algo de vidilla. Aguantamos hasta bien entrada la noche y el tipo cayó en mis redes.

Salimos del último bar, él y yo, en dirección a su coche. Nos metimos dentro de su Reanault Clio y condujo hacia el «picadero» municipal. Un descampado a las afueras donde ya había un par de coches más. Nos pasamos al asiento trasero, me senté a horcajadas sobre él y comenzamos a comernos la boca. Alfonso besaba muy bien y en la penumbra su belleza no era ningún problema.

Yo iba vestida con una falda y un body abrochado en la entrepierna. Me sentaba especialmente bien el conjunto y mis prominentes tetas de veinteañera, y dureza virginal, lucían espectaculares. El tipo me las estuvo comiendo y magreando mientas yo notaba su paquete crecer en su pantalón. Llegué un momento en que no aguantaba más y le pedí verla. El tipo se bajó los pantalones. Ante mi emergió una polla de caballo. Parecía la de un actor porno. Yo di un grito de exclamación seguido de una risita nerviosa antes de agarrarla y comprobar que no la podía abarcar. Mi coño chorreaba y le pedí que me la metiera. Alfonso se puso una goma XXL y yo me dispuse a cabalgarlo.

Me levanté la falda y desabroché los corchetes de mi body, hice a un lado mis bragas y separé mis peludos labios vaginales para facilitar el acceso de aquella tuneladora de carne. Poco a poco, y no sin esfuerzo, el pollón de Alfonso comenzó a adentrarse en mi, entonces, poco experto coño. Me dolía, chillaba y por un momento pensé que no me cabría. Por fin logro calzármela entera.

La sensación de sentirme totalmente ocupada por aquel pollón descomunal era indescriptible. Con cada movimiento que hacia la sensación aumentaba en mi interior. La mezcla de dolor y placer me hacía gritar como una bestia. Entonces, sin salir de dentro, Alfonso me giró y me colocó sobre el asiento boca arriba. Quedé abierta de patas a merced de su rabo.

El tipo comenzó a percutir fuerte contra mi coño que no daba más de sí ante el grosor de la polla. Me comía las tetas y movía la cadera a un ritmo brutal. Yo me agarré a él y gritaba de gusto con cada puntazo. Sentía la punta de la polla en lo más profundo de mi coño.

El tipo se tensó y grito cuando comenzó a correrse. Me la dejó clavada varios segundos haciendo fuerza. Yo casi caí desmayada cuando alcancé un orgasmo brutal. Me hubiese gustado sentir la corrida de Alfonso dentro de mí pero el riesgo de embarazo era demasiado.

A la mañana siguiente, ya en mi casa, sentía un terrible dolor de coño. Al ducharme me inspeccioné. Entre la mata de pelos abrí mi raja y comprobé que estaba enrojecida e irritada. Palpé con los dedos toda la zona y el dolor me hizo recordar el polvazo que me había echado. Mi coño reaccionó mojandose de nuevo. Me tuve que aliviar haciéndome una paja con los dedos.

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Han pasado 29 desde que a los 21 me follase el pollón de Alfonso. Desde entonces he tenido multitud de relaciones. Llevo 15 años casada y soy madre de 3 hijos. Tengo una feliz relación familiar lo que no quiere decir que llegado ciertos momentos no me aburra y necesite un poco de chispa. En estas 3 décadas no me he vuelto a encontrar una polla como la de Alfonso y debo confesar que más de una vez he fantaseado con aquel polvo. Tanto sola, en mis pajas, como alguna noche follando con mi marido.

En cuanto a Alfonso, hizo carrera política. Se licenció en derecho y metió la cabeza en distintos partidos conservadores. Empezó por el PP y ha terminado siendo candidato provincial de VOX. No es de extrañar, pertenecía a una familia muy conservadora y sus ideales políticos siempre fueron muy cercanos al ala más radical de los populares.

Al inicio de la campaña andaluza le vi acompañando a la candidata de su partido. Aparecía en uno de los mítines. Sigue igual de feo, igual de alto, y tiene mal cuerpo para los 57 años que le cayeron en febrero y, supongo, que sigue presumiendo de pollón. Pese a no ser simpatizante de su partido no pude sino sentir morbo al imaginarme siendo empalada por un político ultraconservador y más sabiendo lo que le cuelga entre las piernas.

Mi amiga Nuria sigue sin casarse, se volvió muy alternativa y muy cercana a los partidos de izquierda (PODEMOS y todas sus filiales), animalista, feminista. Vamos lo que Alfonso definiría como una perroflauta. Al comentarle a mi amiga mi fantasía con el actual político que era Alfonso me tacho de pervertida antes de reírse:

-Joder, dime también que quieres que te de por culo….

-No, eso no. Con lo grande que la tiene me puede matar, jajajaa.

Una semana después, el partido de Alfonso llegaba a nuestra pueblo/ciudad. Algo se me removió dentro una noche que follaba con mi marido y pensaba en la polla del otro tipo. Había decidido acudir al mitin y entrarle a Alfonso.

Como pude me fui haciendo sitio y acercándome a la tribuna para hacerme visible ante Alfonso. Desde abajo pude verle perfectamente trajeado, se había dejado físicamente, marcaba barriguita y era mucho más feo. Pero lo que me movía hasta allí no era ni su belleza ni su físico. Al menos no todo su físico, solamente una buena parte de él. Hablaba animadamente con la candidata cuando intenté llamar su atención.

Después de un buen rato y cuando ya terminaba el acto, Alfonso me reconoció y vino. Supongo que más ilusionado por la captación de un voto que por volver a verme. Nos estuvimos saludando e interesadonos por nuestras vidas. Yo sabía más de la suya que el de la mía, por motivos obvios. Antes de despedirnos me invitó a un cóctel que iba a dar el partido en un hotel aquella misma noche. Acepté.

Convenci a mi marido de que había quedado para cenar con Nuria. Al principio le chocó que fuera tan apresurado pero inventé que me tenía que contar una aventura con un casado que tenía. Él se lo tragó. Era bastante creíble conociendo a mi amiga. Por la noche me arreglé y me dirigí al hotel. Por el camino le conté la coartada a Nuria para tenerla avisada.

En el hotel estaba toda la cúpula provincial del partido y buena parte de la jefatura nacional. Yo me sentía totalmente desubicada dada mi ideología pero mi «amistad» con Alfonso bien valía aquel apuro. De repente unas manos me rodearon por detrás antes de besarme en la mejilla. Era el político.

Durante hora y media me estuvo presentando a la plana mayor del partido y entremedias le conté lo que había tenido que hacer para poder asistir. Él entendió perfectamente mi presencia alli y después de un rato se disculpó ante los demás y aduciendo un imprevisto salimos del hotel. Las sonrisas de los «jefes» me daban a entender que aquel era un código frecuente entre ellos cuando surgían estas oportunidades. Me metí en el coche de Alfonso, un AUDI A6 con lunas tintadas, y callejeamos hasta su piso en pleno centro. Había vivido allí junto a su mujer antes de ascender y mudarse a un chalet en la capital de la provincia, donde a esa misma hora estaría su mujer.

Nada más entrar nos comimos la boca, como hicimos 30 años antes en su Renault Clio. Alfonso había empeorado bastante. La vejez había marcado su cara con arrugas haciendo de él un ser aún más feo. Y la falta de ejercicio físico le habían aportado una acumulación de grasa abdominal bastante anti estética. Lo que si mantenía en plena forma era su pollón de actor porno. Según me comentó, para evitar sorpresas, se había tomado una Viagra y su efecto se hacía notar de manera desproporcionada. Su polla apuntaba al cielo con el capullo de color rojo intenso y unas venas como tuberías recorrían su inmenso tronco.

No lo pude evitar y me arrodillé ante él para chupársela. Ya no era la jovencita inexperta que reía nerviosa ante el tótem sexual del tipo. Con mucho trabajo y dedicación estuve durante 15 minutos comiéndole la polla al político de VOX mientras le masturbaba a dos manos. No tuvo miramientos y tirándome del pelo retiró mi cabeza y se corrió en mi cara, mi boca y mi pelo.

Mi coño chorreaba flujo y la química le permitía al tipo seguir dando guerra. Me colocó a 4 patas en su cama de matrimonio. Vi una fotografía de su mujer junto a él en una mesita de noche justo antes de que me clavara con todas sus fuerzas el pollón por el coño.

Grité de dolor, de placer, de incomodidad, de morbo. Sin darme tregua comenzó una tremenda follada. Me tenía agarrada por las caderas y la suya empujaba la polla hasta lo más profundo de mi ser. Me sentía en éxtasis. Volvía a ser indescriptible la sensación de sentir toda mi vagina forzada por la ocupación de aquel rabo de caballo. Estuvo follándome durante varios minutos. Ahora me tiraba del pelo y me azotaba las nalgas. Sus insultos, sus jadeos, mis gemidos, todo me estaba llevando al éxtasis sexual.

Justo cuando sentí que me metía el pulgar en el culo y su polla se clavaba en mi cervix me inundó un orgasmo que me hizo desmayar de placer. Alfonso cayó sobre mí aplastándome con su barriga y sin sacar su polla de mi interior. Aún me folló dos veces más en las siguientes 2 horas. Lo hizo sin condón, a pelo. A esta edad ya no podía quedar embarazada y confiaba en su salud por lo que el riesgo era asumible. Sentir sus potentes chorros de lefa inundar mi vagina fue especialmente morboso. No recordaba haber gritado y sentir tan intenso el sexo en mi vida.

Volví a casa tarde, mi marido dormía. Me metí en el baño para ducharme. Cómo 30 años antes volví a inspeccionar mi coño cubierto por una buena mata de pelo. Los labios estaban enrojecidos y algún resto de semen manaba de mi interior. Tenía la zona dolorida. Cogí la alcachofa y me limpié a fondo antes de masturbarme con el chorro de agua. Mi marido no sospecha nada. Por cierto, el domingo no vote a Alfonso.

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