KERANOS

Poco antes de la hora de la cena fui hacia la casa de Elena. Se me hacía raro, ya que por fin podía ir a su casa sin importar que su madre estuviera allí o no. Por fin nos conocíamos y a pesar de que su madre tenía mucho carácter, llegando a ser hasta intimidante, al final todo salió bien y Elena tenía su aprobación para que estuviera allí. Fue una sorpresa para ambos que todo fuera como una prueba para que Elena tuviera más decisión al hacer las cosas y demás. Yo caí enseguida en la razón de aquello, pero sí es verdad que también lo vi algo exagerado y hasta cruel. Estaba muy contento por no tener que preocuparme de ir con cuidado y de poder estar más tiempo con ella. Aparqué justo en la puerta y llamé. Me abrió ella, tirando de mi mano para que entrara, dándome un beso, colgándose de mi cuello. Me hizo pasar al salón, donde ya estaban su madre y su hermana sentadas en la mesa, con todo preparado.

J: Vaya, espero no llegar tarde.
M: No, nos acabamos de sentar.

Empezamos a cenar sentándome yo al lado de Elena, teniendo a su madre y a su hermana frente a nosotros. Al principio fue un poco incómodo, por ser alguien «nuevo» ahí, por lo que solo nos limitábamos a comer, cruzando algunas miradas que rápidamente se desviaban al haber un contacto directo. Me estaba empezando a poner nervioso, así que salí como pude con lo primero que se me vino a la cabeza.

J: ¿Quién ha preparado la cena?
M: Yo. ¿Por qué?
J: Porque está todo muy bueno. Cocinas muy bien.
M: Gracias.
J: Ya sé quién te ha enseñado a cocinar así. (dije mirando a Elena)

Elena me miró y sonrió, apartando la mirada rápidamente, como si tuviera vergüenza.

M: ¿Has cocinado para él?
E: Sí, alguna vez.
M: Sí que le gustas, chico.
E: Saber cocinar es una herencia familiar. Mi abuela también lo hacía muy bien. Ella enseñó a mi madre y un poco a mí. Y mi madre también me ha enseñado bastante.
M: Sí, es como una herencia familiar. Pero Noelia…
J: ¿No te gusta? (dije mirando a Noelia)

Noelia estaba sin prestar atención, sin levantar la mirada del plato. Desde que la vi en la graduación estaba así, como de morros. No me gustaba mucho verla así, pero tampoco me quejaba, porque siempre soltaba alguna puya, aunque estuviera de buen humor y no quería que las soltara con su madre.

M: Noelia, te están hablando.
N: ¿Eh?
J: Que si no te gusta cocinar.

Noelia se encogió de hombros y siguió callada.

M: Pues no, no le gusta. ¿Y a ti?
J: Bueno, yo es que soy un desastre. Soy muy torpe y la suelo liar bastante.
M: Entonces, cuando ibas a la universidad, ¿cómo te apañabas?
J: Pues a ver, si no había otra, pues pasta o sopa, que eso lo hace cualquiera. Que bueno, como a todos se me iba la mano y hacía para 40, por lo que sobraba y tenía para varios días…

Maribel sonrió, parecía que le caía bien al verme hablar sin trabarme y sin estar nervioso. Elena sonreía ampliamente mientras me escuchaba y Noelia seguía como todo el día.

M: ¿Y así te apañabas?
J: Eso era cuando no había otra. Normalmente cocinaba otro. Éramos tres en el piso en el que vivía y quedamos en que el que sabía cocinar se ocupaba de eso y los otros dos nos turnábamos para fregar los platos y recoger.
M: Ah, pues muy bien.
E: ¿Tu madre no te ha enseñado a cocinar? Ella cocina muy bien.
J: Sí, lo intentó, pero es que soy muy torpe y mira que la pobre tiene mucha paciencia, pero es que no había manera conmigo… jajaja.
M: ¿Has comido en su casa, Elena?
E: Eh… Sí, alguna vez.
M: Vaya, no paro de descubrir cosas hoy…
E: Mamá…
M: Que no pasa nada, Elena.

Se hizo un silencio un poco incómodo, roto esta vez por Maribel.

M: Entonces, ¿trabajas en un período has dicho?
J: Sí. Me encargo de traducir artículos, alguna noticia, cosas de interés…
M: Vaya, suena muy bien.
E: Sí, si lo vieras trabajar… Lo tiene todo en su habitación, con dos pantallas, todo muy bien montado.
M: ¿Trabajas desde casa?
J: Sí.
M: Ah, creía que ibas a una oficina.
J: Bueno, es lo mismo. Pero si es verdad que estoy encantado con este trabajo. Normalmente tengo un material que mandar, con sus horarios, pero me organizo muy bien y tengo mucha libertad, por si me surge un imprevisto o algún plan improvisado. Y encima me pagan bien, así que no me puedo quejar.
M: Me alegro, suena bastante bien.
E: Bueno, alguna vez si te han metido caña.
M: ¿Sí?
J: Bueno, cuando pasa algo importante a nivel mundial pues sí que hay más lío y tengo que estar más pendiente y echarle algunas horas más. O si hay alguna noticia muy importante también.
E: Hace poco se tuvo que ir a otro país.
M: ¿Y eso?
J: Unas conferencias que tenía. Contaron conmigo y me pagaban tan bien que bueno, decidí ir. También por probar la experiencia.
M: ¿Y qué tal?
J: Bueno, eh…
E: Le fue muy bien.
M: No parece muy convencido…
E: Bueno, eso fue culpa mía.
M: ¿Cómo?
E: Bueno, ya sabes como me pongo cuando dejo de ver a gente.
M: Ah, eso… Es lo que te he dicho, Elena. Tienes que espabilar.
E: Ya…
M: Pero, ¿pasó algo?
J: No, no. Fue el último día ya y ya estaba libre.
E: Bueno, no hablemos de eso.
J: ¿Y tú, Maribel? (dije al ver que Elena estaba un poco incómoda por ese tema)
M: Hijo, yo hace ya que no trabajo bastante. Tuve a Elena y seguí trabajando cuando ya tuvo un par de años hasta que tuve a Noelia y ya ahí lo dejé.
J: Ah… ¿Y a qué te dedicabas?
M: Administración de empresas, contabilidad, sobre todo, pero ya al ser madre con dos niñas, pues tenía mucho trabajo en casa y tuve que dejarlo.

Maribel puso cara de nostalgia mientras cogía el vaso con sus manos, jugando con su dedo, pasándolo por el borde. Elena al verla así, cambió rápidamente de tema, animándose más. Terminamos de cenar, yéndose Noelia a la calle mientras Elena decía que nosotros nos ocupábamos de recoger. Llevé todos los platos a la cocina y me puse a lavarlos mientras Elena terminaba de recoger la mesa. Luego vino conmigo para ayudarme. Estaba muy contenta.

-Le has caído bastante bien.
-¿Sí? ¿Tú crees?
-Sí, hazme caso. Estaba muy animada, hablando y demás. Hacía bastante que no la veía tan habladora. Normalmente es mi abuela la que saca conversación cuando estamos todas juntas.
-Me alegro entonces.
-No sabes lo contenta que estoy de que todo vaya así.
-Te lo noto.
-¿Sí? (dijo acercándose a mí, frotándose un poco contra mi cuerpo)
-¿Quieres jugar? Porque esta encimera tiene buena pinta para…
-Jajaja, nooooo. Sabes que me da corte y encima con mi madre…
-¿Te acuerdas de cuando estaba en la ducha yo y entraste corriendo porque vino tu madre y casi nos pilla?
-Sí, jajaja.
-Me dio mucho morbo esa situación…
-Que marrano eres… (dijo mordiéndose el labio)
-Jajaja, voy al baño anda, que te veo así y me entran ganas y la nena no quiere porque le da vergüenza.
-Jajajaja, que tonto eres…
-Ay… De verdad…
-Bueno, esta noche algo haremos.

Le sonreí y le di un pico, yéndome al baño. Estaba contento por ver a Elena tan animada y también por lo que me dijo de que le había caído bien a su madre. Estaba ensimismado en mis pensamientos, yendo a echar mano al pomo de la puerta del baño para darme cuenta de que estaba entornada, con luz saliendo de ahí. Colé mi vista dentro, quedándome parado al ver lo había en el interior.

Me encontré a Maribel totalmente desnuda, frente al espejo. Estaba con el pelo mojado, así que supuse que acaba de salir de la ducha, confirmándolo cuando se inclinó para retirar el vaho del espejo con su mano. Estaba paralizado, aunque cuando recuperé la compostura no pude evitar quedarme mirando por el morbo de la situación. Era una de esas veces en las que el morbo te puede y no puedes dejar de hacer lo que estás haciendo en ese momento. Puso sus brazos en jarra, ladeando su cabeza un poco y haciendo una mueca. Tenía una visión de ella de perfil, viendo como después de hacer esos aspavientos, se cogía las tetas con sus manos, poniéndome nervioso mientras ella parecía estar descontenta por lo que veía. Las amasaba, subiéndolas y dejándolas caer. Por lo que veía, las tenía algo caídas, pero no era para tanto. O al menos eso era lo que me parecía ver, confirmándolo cuando de nuevo se puso a hacer aspavientos, bajando sus brazos y moviendo su cuerpo de un lado a otro, girándolo hacia a mí mientras ella mantenía su mirada en el espejo para mirarse su cuerpo por detrás.

Me regaló unos segundos de una perspectiva perfecta de su cuerpo, pudiendo ver que era prácticamente igual que el de Elena, con las tetas un poco más grandes y caídas que ella, pero teniéndolas aun así muy bonitas. Las tenía bien puestas, con unos pezones gorditos, con unas aureolas normales, pudiendo ver una diferencia más con Elena. Ella no tenía los pezones tan gorditos y eran de color rosa palo mientras que los de su madre eran de un marrón ligero. Seguí bajando la mirada por su cuerpo, viendo como seguía pareciéndose al de Elena, notando otra pequeña diferencia al ver que tenía un poco de barriguita. Lamentablemente no pude verle el coño, ya que lo ocultaba bajo un espeso matojo de pelo negro bastante descuidado, cosa que me encendió también, porque a mí me gustaba que tuvieran pelo ahí abajo más que que fueran sin nada, pero tampoco es que me gustara que llevaran tanto como ella lo llevaba en ese momento. Seguí bajando por su cuerpo, viendo que tenía las mismas piernas, delgadas con esos muslos carnosos que tenía Elena que tanto me gustaban. Después de unos segundos contemplando tal pedazo de mujer, se dio la vuelta, haciendo lo mismo, pero mirándose la otra parte del cuerpo, permitiéndome ver su espalda y su culo. Aquí sí que no había ninguna diferencia con su hija. Misma espalda y mismo culo redondo y respingón. Notaba como mi pulso se aceleraba y mi respiración aumentaba, echando mi vista hacia abajo para encontrar con mi polla dura como una piedra. Hacia bastante que no tenía una erección tan rápida y tan brutal como aquella. Volví a mirar hacia arriba, viendo como Maribel se volvía a poner frente al espejo, con los brazos en jarra y negando con la cabeza. Por la cabeza se me pasó la locura de entrar y decirle lo buena que estaba, teniendo ganas de llegar a hacer algo más, pero afortunadamente no lo hice, yéndome de allí antes de que se pudiera dar cuenta de que estaba ahí.

Eché a andar sin saber qué hacer porque tenía una erección importante y no creía que se me fuera a ir rápidamente. Fui por otra zona en la que no había estado y vi que había otro cuarto de baño y entré ahí. Me quedé frente al espejo unos segundos para ver si me tranquilizaba y se me bajaba aquello, pero no me podía quitar de la cabeza las imágenes que acababa de ver y me puse a pensar que para ser muy mayor según ella y para haber tenido dos hijas tenía un cuerpazo impresionante. Me quité todo eso de la cabeza rápidamente mientras me echaba agua fría en la cara y en la nuca para calmarme. A los pocos minutos aquello se me empezó a bajar, relajándome.

Volví con Elena, quien estaba en el sofá viendo la tele. Me senté junto a ella y se abrazó a mí. Aún estaba un poco nervioso por lo que me acababa de pasar, yendo un poco a más cuando apareció Maribel por la puerta y se acercó a nosotros. Simplemente nos dijo que se iba a acostar ya, que al día siguiente tenía que madrugar para ir a recoger a la abuela de Elena a casa de su hermana.

Una vez nos quedamos solos, yo seguía con el calentón, por lo que empecé a meterle mano a Elena mientras ella soltaba risitas y me daba besos.

-¿Te has quedado con las ganas de la encimera? Jijiji…
-Sí. Te me insinúas y pasa lo que pasa…
-¿Yo? Pero si no he hecho nada… jajaja.
-Ya… Anda ven aquí.

Elena se quitó las chanclas y paso una pierna por encima de mi cuerpo, empezando a besarme lentamente. Entonces se oyó la puerta de su casa abrirse. Elena se bajó de mí y vimos como Noelia entraba al salón, pero al vernos se fue a su habitación.

-¿Qué le pasa a tu hermana? Lleva todo el día con una cara…
-No sé…
-¿Es que no ha salido bien la selectividad?
-Todavía no le han dado las notas. Esta semana creo que se las dan.
-Pero le habían salido bien los exámenes, ¿no?
-Sí, eso dijo.
-Habrá discutido con María entonces.
-Será eso, con lo borde que es… Anda, vamos a mi cuarto a jugar…
-Ahora sí quieres, ¿no?
-Sí… jijiji…

Cogí a Elena en brazos y fui hacia su habitación, con ella riéndose y susurrándome que no hiciera tanto ruido. Cuando llegamos la tumbé en la cama y sonó bastante, tanto los muelles como el cabecero contra la pared.

-Javiiiii, ten cuidado… (dijo susurrando)
-Elena, estoy muy caliente como para ir con tanto cuidado…
-A ver lo caliente que estás… (dijo echando mano a mi paquete)
-¿Cómo estoy?
-Madre mía Javi… Si te tiene que doler…
-Alíviame, anda…

Me lancé sobre ella para comérmela a besos mientras la manoseaba, tocándole el culo y las tetas. El ruido de los muelles de la cama era notable, con ella regañándome cada dos por tres por hacer tanto ruido. Yo estaba muy cachondo y estaba descontrolado, intentando desnudarla tirando fuerte de su ropa, moviendo la cama, haciendo que el cabecero chocara contra la pared alguna vez que otra.

-Tío, Javi, en serio, ten cuidado.
-Joder Elena, esta cama es una mierda, suena mucho. Hay que cambiarla.
-Anda, anda…
-¿Cómo quieres que te folle aquí si esto suena más que yo que sé…?
-Pues con cuidado.
-Venga, quítate la ropa, que no puedo esperar más…
-Espera, voy a darme una ducha rápida, que ha sido un día muy largo.
-¿En serio?
-Venga, que no tardo nada.

Elena cogió su pijama de verano y unas braguitas y se lo llevó para cambiarse una vez se duchara. Me quedé tumbado en la cama, mirando al techo, aunque sin ver nada realmente porque estábamos con la luz apagada, entrando muy poca luz de las farolas de la calle. De pronto me puse a recordar la escena del cuarto de baño, viendo en mi mente a Maribel desnuda. Para cuando quise darme cuenta, me estaba agarrando la polla y moviéndola lentamente. Entonces oí un ruido y me levanté, yendo hacia la puerta. Se abrió y tiré de la mano de Elena, metiéndola en la habitación.

-Venga mi vida, que no puedo esperar más… Te voy a reventar… (dije mientras la cogía del culo, amasándolo, empujando su cuerpo contra el mío, apretando mi polla durísima contra ella, encorvándome para besarle el cuello)

Intenté levantarla en peso para que se agarrara a mi cuerpo, pero se resistió, zafándose de mí y empujándome. De pronto dio la luz, llevándome una sorpresa al ver que en realidad no era Elena, sino Maribel, quien estaba con los ojos como platos, con cara de sorpresa, mirándome fijamente a los ojos. Poniendo más cara de sorpresa aun cuando bajó su mirada hasta mi polla, tapándose la boca con la mano.

Yo intenté taparme como pude la polla, muerto de vergüenza. Ella salió rápidamente de la habitación sin decir nada y cerrando la puerta. Apagué la luz y me senté en la cama. El corazón no me podía ir más deprisa, estaba muy nervioso y notaba como mi polla goteaba de la excitación que tenía. Respiraba como si acabara de correr una maratón y entonces en cuestión de segundos la puerta se volvió a abrir, colándose alguien rápidamente. Esta vez me quedé callado y quieto sin decir nada por si era Maribel de nuevo.

-Javi, ¿estás listo? (dijo Elena)

Sin decir nada me levanté y fui hacia ella y la cogí en brazos, empezando a besarla por todos lados.

-Espera, espera. Me he encontrado a mi madre en el pasillo. Vaya susto me ha dado… Me ha dicho que estamos haciendo mucho ruido.
-Eso tiene fácil remedio.

Solté a Elena y tiré del colchón para dejarlo en el suelo, tirando después de Elena para tirarla ahí, quedando boca arriba.

-Pero bueno… ¿Qué te pasa hoy?
-Me pasas tú.

De nuevo me puse sobre ella y la empecé a besar con mucha ansia mientras la desnudaba rápidamente. Me mojé los dedos y los llevé a su coño para lubricarlo y meterle la polla directamente, con ella lanzando un jadeo alto. La empecé a follar bastante rápido y fuerte, poniendo una mano en su boca y apretando para que no se le escuchara mientras yo jadeaba. Por suerte lo de echar el colchón al suelo funcionó, ya que apenas hacía ruido así, sonando solo el roce de nuestros sexos. Embestía con unas ganas tremendas, sin compasión mientras ella me abrazaba por la espalda, arañándome de vez en cuando, pasando sus manos también por mi cabeza, acariciándome y tirándome del pelo por momentos. La oía gemir a través de mi mano con tono de placer, cambiando a un tono de queja, pero yo lo podía parar ni bajar el ritmo. Estaba tan cachondo que no tenía apenas noción de lo que estaba haciendo, sin poderme quitar de la cabeza las imágenes de Maribel desnuda, agarrando y apretando sus tetas, de su frondoso matojo negro y de ese culo redondito y respingón. La excitación fue a más al recordar lo que ocurrió segundos antes. Y es que hasta entonces no me di cuenta de que le había tocado el culo, ese culo que había visto pocas horas antes, brillante por las gotas que se resbalaban por él tras la ducha que se había dado. También le había besado el cuello. Dios, es que hasta su olor era muy similar, sin poder darme cuenta de que no era Elena. Entonces recordé que también había apretado mi polla contra ella, lanzado un gemido al recordarlo mientras reventaba a Elena. Tuve bastante aguante a pesar de como me estaba follando a Elena por estar sumido en mis pensamientos. Recordando como iba vestida Maribel en esos pocos segundos que la vi cuando encendió la luz. No iba provocativa, ni mucho menos. Llevaba una camiseta de pijama, de manga corta, sin escote, aunque sí que se le marcaban esos pezones gorditos un poco. La camiseta iba acompañada de un pantaloncito corto de pijama muy fino, que marcaba sus braguitas.

Un fuerte tirón del pelo fue lo que me sacó de esos pensamientos, dándome cuenta de que Elena estaba temblando bastante, moviendo sus brazos y piernas para intentar librarse de mí, pero yo no paraba. No podía. Algo en mí me lo impedía. Seguí con el mismo ritmo hasta que Elena empezó a gemir más fuerte, con tono de molestia mientras sus temblores fueron a más, pasando a convulsionar. Salí de ella y le estimulé el clítoris mientras le seguía tapando la boca con fuerza con la otra mano. En cuestión de segundos encorvó su espalda, elevando su cuerpo y empezando a lanzar grandes chorros y sus gemidos se transformaban en una especie de llanto. Era increíble como sonaba su flujo al salir de su cuerpo, como si fuera una manguera a presión, haciendo también bastante ruido ese líquido al caer al suelo o al chocar contra algo.

Liberé a Elena de su mordaza improvisada con mi mano, cogiendo ella mucho aire de forma ansiosa mientras murmuraba en forma de gemidos. La miré y podía ver por la poca luz como su silueta subía y bajaba por su respiración. Mi polla seguía muy dura y palpitante, seguía muy caliente y así se lo hice saber a Elena, aunque ella no me escuchaba, estaba sumida en su torrente de placer.

-Mi vida, sigo muy caliente. No puedo remediarlo. Tienes que aguantar.

De nuevo me puse sobre ella y coloqué mi polla en su raja, dando ella un pequeño respingo. No la vi tan sensible, por lo que se la metí. Entonces ella abrió sus ojos y lanzó un profundo jadeo, acompañado de un agudo gemido que rápidamente ahogué con mi mano.

-Aguanta mi vida, ya casi estoy.

Empecé de nuevo a embestir como lo hacía minutos antes, de manera rápida, empezando a oírse unos «plas plas». Elena se retorcía de nuevo empezando a temblar mientras yo la miraba desde arriba, con la poca luz que entraba reflejándose en su piel, marcando ligeramente los rasgos de su cara. Al notar su nuevo orgasmo empecé a descargar dentro de ella entre altos jadeos y algún gemido, también alto, que se me escapó. Con cada chorro que soltaba dentro de ella daba una gran embestida, deformando ligeramente su cara en mi mente, transformándola en la de su madre por la excitación y el morbo del momento. Liberé de nuevo su boca, apoyando mi peso sobre mis brazos, contemplando su rostro ya sin deformar, viendo como contraía su cara mientras llenaba sus pulmones. Le besé suavemente en los labios y por toda la cara sin ella darse cuenta, estaba inerte, sumergida en su nuevo orgasmo.

Después de dar la luz de la lamparita de su mesita, cogí un paquete de pañuelos que tenía en la mesita y le puse uno en su raja para que mi corrida no se derramara sobre el colchón, con ella lanzando un gemido de queja mientras lo hacía. Usé el resto del papel para limpiar la suya, que había puesto perdido el suelo y hasta los bajos de la puerta, que afortunadamente estaba cerrada. Limpié aquello como pude, tirando el papel en una papelera que tenía y fui hacia el colchón, encontrándome a Elena ya dormida. Estaba preciosa, ya con la respiración muy relajada, durmiendo profundamente. Me puse los boxers y me acosté con cuidado a su lado, quedándome de lado mirándola. Le quité el papel que tenía entre las piernas, tirándolo. Después la tapé porque refrescó un poco y estaba desnuda, así no la verían si entraba alguien. Apagué la luz para dormir, pero me puse a pensar en lo que acababa de pasar, sin poder evitar sentirme culpable por pensar en su madre mientras me la follaba. No quería darle más importancia de la que tenía, porque al fin y al cabo se parecían mucho y la situación de verla desnuda me había empujado a hacer eso, pero como ya me había pasado con Sofía en su día, no se me iba de la cabeza, por lo que cogí el móvil para escribirle a Irene.

-¿Nos podemos ver mañana por la mañana?
-Claro, ¿qué pasa? (respondió a los pocos minutos)
-Me ha pasado una cosa y necesito hablarlo, y que me des tu opinión.
-Claro, sin problema.
-Vale, pues mañana te aviso.
-Pero, ¿es grave?
-Bueno, no sé. Diría que no, pero ya me conoces…
-¿Todo bien?
-Sí, sí.
-Vale, mañana lo hablamos.

Después de un rato me dormí mientras miraba a Elena, casi sin poder ver si cara por la poca luz que entraba a la habitación y por como se me entornaban cada vez más los ojos por el cansancio.

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