KERANOS

Al fin llegó el martes, por lo que me arreglé con mi traje azul marino, una camisa blanca y la corbata Slim negra, exactamente igual que en la foto que le pasé aquella vez en la que estuve fuera durante tres semanas. Fui a cuidad donde estaba la universidad, ya que la graduación era allí. Había mucho tráfico y casi no llego a la hora, entrando una vez estaba ya todo el mundo dentro, empezando la ceremonia. Elena puso cara de alegría al verme, notándola también un poco nerviosa. Le noté como le cambió la cara al verme vestido, se le notaba que le gustó mucho como iba. Me senté y entonces me paré a ver como iba ella. Siempre me sorprendía cuando se vestía para una fiesta, salir de manera más formal o para algo como en lo que estábamos. Iba con un vestido rojo con el cuello en V, de manga muy corta y falda amplia con pliegues hasta la rodilla, con las piernas descubiertas, sin medias ni nada. También llevaba unas sandalias negras con tacón, pelo alisado y algo de maquillaje, muy ligero, como siempre que se lo ponía. Durante todo el acto no quitaba el ojo de Elena, con una sonrisa tonta permanente. De vez en cuando nuestras miradas se cruzaban, con las correspondientes sonrisas.

Una vez acabó el acto, todo el mundo se puso de pie y cada uno de los que se graduaba se fue con sus familiares. Elena se acercó hacia donde estaba yo, pero se paró a medio camino, dándome cuenta de que estaban ahí su hermana y su madre. Estuvo un rato hablando con ellas y luego vino hacia a mí, quedándose quieta, con una sonrisa, mirándome de arriba a abajo. Después me dio un abrazo y un beso.

-Que guapo estás…
-¿Y tú? No sé como lo haces, pero siempre me sorprendes.

La notaba rara, como inquieta. Me miraba fijamente, pero yo la miraba por todas partes, notando como casi temblaba, moviendo mucho sus dedos.

-¿Qué te pasa?

Entonces Elena me cogió de la mano y tiró de mí, llevándome hacia su hermana y su madre.

E: Javi, ésta es Maribel, mi madre.

Entonces su madre se dio la vuelta, poniendo cara de sorpresa al verme ahí. Yo estaba muy cortado porque su madre era un calco a Elena, parecía que una era una fotocopia de la otra. Llevaban el mismo peinado y eran de estatura casi igual, siendo la madre ligeramente más alta. La única diferencia apreciable eran sus ojos, que siendo de un color muy parecido, se diferenciaban en que los de su madre eran más achinados. Se me quedó mirando de arriba a abajo, como analizándome, aprovechando yo también para ver como iba. Iba muy elegante, con bastante clase sin insinuar nada ni siendo provocativa. Y se hizo un silencio.

M: Y él… ¿Quién es?

De nuevo se hizo un silencio y miré a Elena, quien estaba como paralizada, con las mejillas sonrojadas, notablemente muy nerviosa. A pesar de estar muy cortado por la situación y ver a la madre tan parecida a ella, pude reaccionar al ver que Elena no lo hacía.

J: Yo soy Javi, su pareja. (dije dándole dos besos)
M: ¿Cómo? (dijo poniendo su mano en mi pecho para retirarme de ella, casi empujándome una vez le di los dos besos)
E: Mamá…
M: Elena, ¿estas son maneras?

Entonces su madre empezó como a echarle una bronca, pero sin gritar ni nada, diciéndole que no le parecía bien hacer así las cosas, que debería haberme presentado de otra manera y no delante de tanta gente y más cosas que yo no terminaba de entender. Mientras esto pasaba, Noelia se apartó, alejándose unos metros de nosotros, apoyándose en la pared y cruzando los brazos, distraída mirando a otro lado, con el gesto torcido. Pude ver que iba también muy guapa, con una blusa blanca y una falda negra hasta las rodillas.

E: Mamá, no te enfades, por favor…
M: No estoy enfadada, pero no me gusta que hagas las cosas así. Esta tarde venís a casa y hablamos.

Entonces su madre le dijo a Noelia de irse y nos dejaron allí. Elena estaba un poco desolada. Agachó la cabeza, pero yo se la levanté poniendo mis dedos en su barbilla.

-Eh, no pasa nada, ¿vale?
-Lo siento. Siento que haya salido así. No quería que fuera una encerrona. Simplemente me ha parecido bien el momento y como estabais aquí los dos…
-Que no pasa nada, de verdad. Ya verás como esta tarde cuando hablemos con ella nos entendemos todos y no pasa nada. Anda, no te pongas así, que este día es importante y no merece la pena que estés así, tienes que disfrutar.

Elena me miró, cambiando su expresión, poniendo una ligera sonrisa en su boca que crecía por momentos. Mis palabras la animaron y cambió de actitud, estando más alegre y sonriente. Cuando acabó el acto nos fuimos al coche para ir al restaurante en el que todos los graduados iban a comer, llevando algunos a sus parejas como acompañantes. Por el camino hablamos en el coche.

-Javi, de verdad que siento que haya salido así. Es que mi madre es un poco… Bueno, imagino que ya sabes a quien ha salido mi hermana…
-Jajajajaja, no te preocupes, de verdad.
-Ojalá fuera como tu madre, ella es tan simpática, es que con como la noche y el día.
-Eleeeeena, que no pasa nada.
-Vale…
-¿Sabes? Lo que más me ha sorprendido es otra cosa.
-¿El qué?
-Por lo que me has dicho ya me esperaba que fuera así, pero lo que no me esperaba es que se pareciera tanto a ti.
-¿No?
-Joder, es que es acojonante. Sois clavadas.
-Huy… A ver si me voy a tener que preocupar… Jajajaja.
-No, tonta… Jajajaja. Solo he visto que os diferenciáis en los ojos.
-Sí, es verdad.
-Bueno, y en la voz. Ella tiene más voz de mujer.
-¿Cómo?
-Bueno, que ella tiene voz de mujer, tú la tienes más aniñada.
-Ah… Vale, vale…
-Pero que me encanta tu voz, no me malinterpretes.
-Que sí, estoy de coña, jajajaja.

Llegamos al sitio donde íbamos a comer. Lo conocía bien porque yo también fui allí cuando me gradué, ya que aquel sitio era uno de los mejores de la ciudad, bastante famoso para hacer ahí celebraciones, con un gran salón para muchos comensales, con una zona habilitada para bailar, con luces y demás como si fuera una discoteca, con su barra para las bebidas y demás. Como bien recordaba, el trato y la comida era excelente, por lo que todo fue genial, yendo a la parte que había al lado del comedor cuando acabamos donde la gente empezó a beber y bailar. Elena se pidió una copa, aunque dijo que no quería beber porque luego su madre quería hablar con ella y no quería que se le notara. Yo no bebí nada, ya que era bastante raro en mí que bebiera alcohol. Lo que sí hicimos fue bailar un poco, bastante pegados, yendo a sentarnos después a unos sofás que había apartados. Nos empezamos a poner cariñosos, con varios abrazos y besos, poniendo yo mi mano en su rodilla, acariciándole, empezando a subir la mano por la parte interna de su muslo.

-Javi, para, que nos van a ver…
-No. Estoy muy a gusto así contigo.
-Tío, que hay mucha gente. Además, los conozco a todos y me da mucho corte…

Pero para entonces mi mano llegó a sus bragas, empezando a acariciarle el coño por encima, con ella soltando un jadeo. La puse de lado hacia a mí para que no se notara tanto que mi mano estaba dentro de su vestido. De esa forma no daba tanto el cante. Seguí jugando en la misma parte, hincando mis dedos, haciendo que sus jadeos fueran más intensos.

-Estás loco…
-Sí, loco por ti.

Elena se lanzó a comerme la boca con muchas ganas, pero rápidamente recordó donde estábamos y se apartó, mirando a los lados, un poco sonrojada. Empezó a resoplar y yo me acerqué a ella, besándole en la mejilla y luego en el cuello, despegándome de él para susurrarle al oído mientras le seguía tocando el coño por encima de sus braguitas.

-Este momento me recuerda mucho a aquella vez que estábamos en el parque y te empecé a tocar. Ahora es como entonces, no debería hacerlo, pero me muero de ganas…
-Javi…
-Estás muy mojada, lo puedo sentir a través de tus braguitas…
-Pfff…
-Te pone mucho que haga esto delante de todos, ¿verdad?

Elena lanzó un pequeño gemido, agachando la cabeza para taparse la cara con su pelo. Yo le eché el pelo por detrás de la oreja y levanté su cara, cogiéndola de la barbilla.

-Déjame que vea lo guapa que eres, anda…
-Ya sabes como me pongo cuando haces eso…
-¿Y qué vas a hacer?
-Javi, no sigas que te follo aquí mismo.
-¿Sí? No creo…

Empecé a tocarle con más intensidad, intentando ella pararme, tirando de mi brazo hacia afuera, pero yo no la dejaba, colando mi mano dentro de sus bragas, tocándole la raja, con un fuerte jadeo de ella. Después de unos segundos, estando ella con los ojos cerrados y jadeos, los abrió.

-Javi, por favor, para. Me da mucho corte. Además, mírate, se te nota mucho la erección.
-Me da igual que se me note.
-Por favor… (dijo susurrando, cerrando los ojos)
-Vale, paro, pero con una condición.
-¿Cuál? (dijo yéndosele la voz)
-Abre la boca.
-Pfff… Tío…
-Sabes que me encanta y a ti también te encanta saborearte.

Elena no respondía, por lo que le metí dos dedos directamente, notando lo mojada que estaba, dando ella un respingo, soltando un gemido más alto de la cuenta, aunque con la música que había no se podía oír al menos que alguien estuviera muy cerca y no era el caso.

-Vale, vale, lo hago, pero para.
-¿Segura?
-Sí, pónmelos en la boca.

Le saqué los dedos del coño y se los metí en la boca, saboreándolos ella mientras cerraba los ojos, chupándolos bien, limpiándomelos por completo de sus jugos. Rápidamente abrió los ojos y cogió mi mano para retirarla. Me acerqué a su cara para besarla, pero ella puso su mano en mi pecho.

-Déjame saborearlo a mí también, ¿no?
-Javi, estamos dando mucho el cante.
-Venga Elena, si esto te gusta tanto como a mí…
-Que cabrón eres… (dijo tirando de mi camisa hacía ella para besarme, pudiendo notar el sabor de su coño)
-Mmm, que rica estás. (dije una vez nos separamos)

Elena me miró fijamente a los ojos con cara de vicio y ya no aguanté más. Me quité la chaqueta para taparme la erección con ella y la cogí de la mano para llevarla a los baños. Cuando llegamos, entramos en uno y cerré echando el pestillo. Los baños de aquel sitio eran grandes y muy limpios, muy modernos. Elena estaba con la respiración sobresaltada. En cuanto me di la vuelta, se abalanzó sobre mí para besarme, agarrando mi cara, empezando a hablar mientras nos comíamos la boca.

-Estás loco.
-Sí, es por tu culpa.
-Te quiero.
-Yo más.
-No, imposible.

Me empujó hacia atrás, chocándome contra la puerta, estando también yo con la respiración muy acelerada de lo cachondo que estaba. Mi polla me palpitaba al estar tan apretada en los pantalones, cosa que Elena remedió, sentándose en el váter, empezando a desabrocharme el cinturón, bajando después la bragueta de los pantalones, tirando de ellos hacia abajo junto a mis boxers. Liberó mi polla, cogiéndola rápidamente con la mano para llevársela a la boca, empezando a tragar como si no lo volviera a hacer mientras masturbaba el resto. Apoyé mis manos en las paredes mientras ella tragaba sin parar, haciendo bastante ruido.

-¿Ya no te importa hacer ruido? Aquí también nos pueden oír. (susurré)

No contestó, se limitó a mirar hacia arriba, buscando mis ojos. Apretó mi culo con su otra mano, empujándome contra ella. Yo le cogí el pelo para hacerle una coleta y que no le molestara y de paso empujarle la cabeza y que se la metiera más en la boca, llegando a comérsela entera.

-Así, entera.
-Mmm… (murmuró empujándome hacia atrás, cogiendo mucho aire al sacarse mi polla de su boca)
-Aún no entiendo como lo puedes hacer.
-Casi me ahogas…
-Vaya… (dijo con tono de guasa)

Elena se picó y se levantó, cogiéndome de la camisa para sentarme en el váter y ponerse ella de pie. Se quitó las bragas y me las tiró a la cara. Las cogí y las olí, poniéndome más cachondo aún. Estaban chorreando y con su olor impregnado. Rápidamente se subió encima de mí, metiéndose la polla dentro directamente, lanzando un gemido que reprimió con su mano. Empezó a cabalgarme muy rápidamente, pegando su cara a la mía, jadeando. Después me besó, gimiendo en mi boca, pasando a morderme el labio inferior. La aparté de mí para desabrochar los botones que tenía su vestido desde su escote hasta su estómago para tener acceso a sus tetas, dándome cuenta de que no llevaba sujetador.

-Qué guarrilla eres…
-Tú eres más guarro que yo. (dijo acelerando la cabalgada)
-¿Sí?
-Sí, te pones a hacerme esas cosas delante de todos… Provocándome… (dijo desabrochándome la corbata y los primeros botones de la camisa)
-Shhh, espera. Déjame que te coma las tetas.
-Rápido, que estoy muy cachonda.

Me lancé a por sus tetas, notando que sus pezones estaban durísimos. Empecé a comérselas a bocanadas, de manera muy salvaje mientras ella me seguía montando, acariciándome la cabeza. Después de unos minutos comiéndoselas me separé de ella y le pasé el pelo por detrás de la oreja. Ella entonces se lanzó a mi cuello, haciéndolo como ella sabe que me pone a mil, empezando a estremecerme, poniéndose mi piel de gallina. Le cogí del culo para acelerar la follada que me estaba pegando mientras ella pasaba de besarme el cuello a mordérmelo para ahogar sus gemidos hasta que no pude más y me empecé a correr, jadeando bastante fuerte, dando embestidas hacia arriba con mis caderas. En cuanto ella notó mi orgasmo empezó a temblar fuertemente, encogiendo su cuerpo. Paré de correrme y ella seguía encima de mí, con fuertes espasmos, mordiéndome el cuello. Poco a poco sus espasmos fueron a menos, al igual que su respiración. Me soltó el cuello y puso su cara frente a la mía, dándonos un beso muy lento, saliendo se ella de mí y limpiándose mi corrida con papel y luego con toallitas que traía en su bolso.

-Tan preparada como siempre, jaja.
-Es que te conozco ya y sabía que esto iba a pasar, jajaja.
-Joder, que calor…
-Calor llevo teniendo yo desde que estábamos ahí antes de venir.
-Si te ha encantado, anda…
-Pues claro, pero es que con tanta gente…
-Ay… Que tímida es…
-Anda, ven que te pongo bien la ropa.

Me abrochó la camisa y me puso bien la corbata, después ella se puso bien el vestido y salimos de ahí, con alguna compañera suya mirándonos de reojo con alguna risita. Elena estaba un poco cortada, pero nos quedamos ahí, ella poniéndose bien el pelo y repasándose un poco el maquillaje y yo lavándome la cara por el calor que tenía. Volvimos a donde estaban los demás y estuvimos un rato más allí, yéndonos al rato después de despedirnos de ellos. Nos montamos en el coche y fuimos hacia su casa. Por el camino se empezó a poner nerviosa.

-No va a pasar nada, mi vida.
-Ya, pero… Es que sé como es mi madre y quiero… No. Necesito que esto salga bien.
-Joder, no te pongas así…
-De verdad, Javi. No sabes como es…
-Me estás asustando. ¿Es que va a estar con un cuchillo en la mano o qué?
-No, tonto… Jajaja.
-¿Entonces?
-Pues que desde lo de mi padre está muy a la defensiva con cualquier tío que entra en casa.
-¿Han entrado muchos?
-No. Mis padres se separaron hace casi un año. Desde entonces, en casa sólo ha entrado Alejandro y tú. Bueno, y a quien mi hermana haya llevado sin que ella se haya enterado.
-¿Entonces tu madre no quiere rehacer su vida?
-Nunca ha salido ese tema. Solo nos dice que no nos fiemos de ningún tío. Que si mi padre después de tantos años y teniendo una familia formada, lo ha hecho, pues que cualquiera que conozcamos lo puede hacer a las primeras de cambio.
-Vaya…
-Nada más echar a mi padre de casa nos dijo que no quería ver a un chico en casa. Fuera el que fuera, ni amigo, ni novios, ninguno.
-¿Entonces no respetaba tu relación?
-Bueno… Ella decía que yo sabría lo que hacía, pero que no quería ver a Alejandro en casa. Y un día lo vio en casa y bueno… Lo echó, me dio un guantazo, se puso hecha una furia…
-Sí, ya me lo contaste.
-Eso me costó una buena pelea con Alejandro.
-¿Sí?
-Sí. Me dijo que cómo dejaba que le tratara así, que si eso era lo que le quería para no dar la cara por él y bueno… Prefiero no recordarlo.
-No, no. Déjalo.
-Joder, que nerviosa estoy…
-No te preocupes Elena, pase lo que pase vamos a estar juntos.

Elena sonrió al oírme decir eso y nos quedamos en silencio, notando como seguía nerviosa y como se ponía más conforme íbamos llegando. Puse mi mano sobre su muslo para intentar relajarla, poniendo ella su mano sobre la mía. Estaba helada y notaba como temblaba un poco. Al fin llegamos a su casa, aparcando en la misma puerta. Elena estaba de los nervios. Yo la miraba esperando a que ella dijera de salir, pero no lo hacía, jugaba con sus dedos de manera nerviosa. Al ver que ella no daba el paso, decidí darlo yo.

-¿Vamos?
-¿Eh? Uff…
-Venga, cuanto antes entremos, antes zanjamos esto.
-Venga, vamos.

Elena abrió la puerta con sus llaves y entramos en su casa, yendo hacia el salón, donde estaba su madre leyendo una revista. En cuanto nos vio aparecer cerró la revista y nos echó una mirada bastante intimidante. Nos sentamos en el sofá, frente a ella, que estaba en un sillón.

E: Mamá…
M: Shhh. Entonces este chico es tu novio, ¿no?
E: Sí.
M: ¿Desde cuándo sois novios? Y no me mientas, sabes que no hay cosa que deteste más.
E: Desde marzo. (dijo con voz temblorosa)
M: ¿Desde marzo y me lo presentas ahora?
E: Es que…
M: Entiendo que querías asegurarte de que el chico valía la pena antes de presentármelo, ¿no?
E: No.
M: ¿No?
E: No. Lo conozco desde hace muchos años.

En ese momento entro Noelia por la puerta, cerrando con aire, yendo a otra parte.

M: Noelia, ven aquí.
N: ¿Qué pasa? (dijo una vez vino con nosotros)
M: ¿Tú sabías algo de esto?
N: Yo no quiero saber nada de esto. (dijo yéndose)
M: Te he hecho una pregunta, ven aquí.
N: Sí lo sabía.
M: Ah, muy bien. ¿Eso es lo que os importo? Que no me decís nada…
N: Mamá, no estoy de humor para esto.
M: ¿Qué te pasa ahora?
N: Nada. (dijo yéndose)
M: Ya hablaré contigo.

Nos quedamos unos segundos en silencio y su madre siguió.

M: Entonces, ¿desde cuándo lo conoces?
E: Desde que íbamos al instituto.
M: Elena, parece mentira que seas mi hija. ¿Lo conoces desde entonces y no me entero de existe hasta hoy?
E: Pero es que entonces éramos amigos. Esto surgió hace poco.
M: ¿Y tú no dices nada?
J: No sé, es la primera vez que me pasa esto, la verdad.
M: Qué pasa, que soy muy estúpida, ¿no?
E: Mamá, él nunca ha tenido novia, es la primera vez que conoce a la madre de su novia.
M: Ah… ¿Tú también has acabado la universidad ya?
J: Sí, bueno, hace unos años ya.
M: Pero, ¿cuántos años tienes?
J: 25.
M: ¿Y qué haces?
J: Trabajo en un periódico, como traductor.
M: ¿Dónde vives?
J: Aquí al lado, no soy de este pueblo.
M: ¿Sabes que Elena solo ha tenido una pareja?
J: Sí.
M: ¿Y sabes cómo acabó?
J: Sí.

Entonces su madre se me acercó, poniendo su cara muy cerca de la mía.

M: Como se te ocurra hacerle eso a mi hija te corto los huevos.
E: Mamá, por favor.
J: Eso no va a pasar.
M: Ya, eso decís todos y luego…
E: Pfff…
M: ¿Y qué tienes pensado?
J: ¿Cómo?
M: ¿Tenéis pensado iros a vivir juntos o algo?
E: Pero mamá, ¿qué dices?
J: Es un poco pronto, ¿no?
M: No sé, como lo hacéis todo a escondidas…
J: Em, no hacemos nada a escondidas.
M: Bueno, me acabo de enterar de que estáis juntos y te acabo de conocer. ¿Conoce mi hija a tu madre?
J: Claro, desde hace bastante.
M: Ah… (dijo poniendo cara de sorpresa)
E: Mamá…
M: Elena, estoy muy decepcionada.
J: Bueno, la conoció de casualidad. La situación no fue la mejor.
M: ¿Cómo?
J: Es que, bueno… (dije mirando a Elena)
E: Alejandro fue a por él y bueno, se pelearon, pero no fue Javi quien empezó ni nada, él solo se defendió. Y con el jaleo le empujaron y se dio en la cabeza y se hizo una brecha.
M: ¿De verdad?
E: Sí. Fuimos al hospital y luego lo llevamos a su casa y entonces la conocí.
M: ¿Te peleas mucho?
J: No, no. Para nada.
M: Ya…
E: Mamá…
M: Tomareis precauciones, ¿no?
J: Claro, Elena toma la píldora.
M: Ah… Tampoco me habías dicho nada de eso.
E: Mamá, por favor.
M: ¿Qué pasa? (dijo de manera seca y brusca)
E: ¡Que pares! Me estás dejando en ridículo y me lo vas a espantar.

Su madre se volvió a levantar y fue hacia ella.

M: A mí no me hables así. (dijo levantando la mano para darle un guantazo)

Entonces yo le cogí de la muñeca con fuerza, parándola. Me levanté y la aparté de Elena.

J: Señora, con el debido respeto, Elena está muy asustada con su comportamiento hacia ella y no creo que esa sea la mejor forma de tratarla.
M: ¿Me vas a decir como tengo que educar a mi hija? (dijo zarandeando su mano para que la soltara)
J: No, no lo voy a hacer. Pero estoy seguro de que la conoce de sobra como para saber que es muy sensible y que esto le puede afectar. Para bien o para mal ella me quiere y este momento es muy importante para ella. Así que le agradecería que se lo pusiera más fácil, por favor.

Su madre se quedó un poco parada al oírme, pasando unos segundos en silencio. De pronto se dirigió a su hija de nuevo.

M: ¿Ves normal lo que acaba de hacer?

Elena se levantó de golpe y se puso frente a ella.

E: Sí, creo que ha sido muy educado y lleva razón. Este momento es muy importante para mí y tú me lo estás poniendo muy difícil.
M: Vale.
E: Y mamá, estoy ya harta de tener que ir con mucho cuidado cuando hago cualquier cosa. Esto parece un cuartel. Tengo 23 años y creo que soy lo suficientemente madura como para tomar mis decisiones y si no son buenas, pues ya aprenderé. Pero lo que no puede ser es que me sigas tratando como si tuviera 15 años.
M: Vale, hija.

Elena se quedó callada, como si estuviera esperando que le cayera una buena por haberle hablado así a su madre.

E: ¿No dices nada?
M: No. Llevas razón. Por fin echas valor para decírmelo.
E: ¿Qué?
M: Pues que eres muy blanda y necesitas espabilar, por eso te trataba así. Para que le echaras valor y me lo dijeras.
E: Bueno, bueno, bueno…
M: Venga, no te pongas ahora así. Y tú no me trates de usted, que ya sé que soy vieja, pero no quiero que me lo recuerdes.
E: Mamá, ¿esto era necesario?
M: Sí. La vida es muy puta y más te vale que espabiles.
E: Pero entonces…
M: Me parece bien que tengas novio y demás, pero no os quito el ojo de encima, sobre todo a ti. -dijo mirándome- Que sé cómo sois los tíos.
E: Vale.
M: Perdona si he sido muy brusca. (dijo mirándome)
J: No pasa nada.
M: Imagino que no te lo esperabas…
J: Bueno, un poco sí…
M: ¿Sí?
E: Sí, le he contado un poco lo que piensas de… Bueno, ya sabes.
M: Ah… ¿Sabe lo de…?
E: Sí.
M: Elena, eso es muy íntimo.
E: Mamá, es mi pareja. Estoy enamorada de él, pues claro que se lo he contado.
M: Vaya…
E: Mamá, creo que es hora de que pases página y rehagas tu vida. No tienes que estar así para siempre, no te lo mereces. Te mereces ser feliz y así no lo eres. ¿Por qué no te animas a conocer a alguien?

Su madre se quedó callada, poniendo cara de pocos amigos al oír a Elena decirle eso. Elena se puso recta, viendo la que le iba a caer y justo antes de que su madre empezara a hablar, salté yo para intentar enfriar la situación.

J: Por lo que me ha contado me esperaba que fueras así, pero lo que más me ha impresionado es lo que os parecéis.
M: ¿En serio? ¿Eso es lo que te ha impresionado? Es normal, ¿no? Es mi hija…
J: Ya, ya, claro. Pero es que no es normal, es que me da hasta cosa miraros a la vez. Parecéis gemelas.
M: No será para tanto…
J: Que sí, que sois iguales, salvo en los ojos.
M: Pero yo soy mucho más mayor. Mi hija es más guapa.
J: Bueno, pero eso no quita que tú también lo seas. Además, no te ves tan mayor.
M: Huy… Muy adulador eres tú…
E: Mamá, solo está siendo amable, no veas cosas donde no las hay… ¿Cuánto llevas sin que un hombre te diga lo guapa que eres?
M: Elena, no te cueles.
E: Seguramente me arrepiente de decir esto, pero… Mamá, me he estado viendo con papá y hemos hablado y eso.

Su madre se quedó callada, muy seria mirando fijamente a su hija.

E: Pfff… Mira, yo sé que lo que hizo estuvo muy mal, pero es mi padre y le quiero, no puedes dejarme sin verlo y más a mi edad.
M: Tienes razón, no puedo.
E: Lo llevé a casa cuando dijiste de venderla. Se lo comenté y me pidió ir para verla por última vez.
M: ¿En serio?
E: Sí. Estaba muy triste.
M: Seguro que no lo estaba mientras me engañaba follándose a esa…
E: Mamá, por favor.
M: No he dicho ninguna mentira.
E: No, pero él lo ha pasado mal también.
M: Ya…
E: Mira, estuvimos hablando y me dijo que desde que se murió el abuelo cambiaste mucho y eso fue mermando la relación. Me dijo que no te dejabas querer y él perdió el interés, pero no te quería hacer daño ni a ti ni a nosotras, por eso no te dijo nada y lo hizo a escondidas.
M: Ya sabes lo duro que fue para mí eso.
E: Claro que lo sé, ¿te crees que para mí no lo fue? Pero es que haciendo eso, echándolo de casa sin dejar despedirnos y prohibiéndonos hablar con él, ¿no te das cuenta que es como si mi padre también se hubiera muerto ese día?

Su madre se quedó calla, sorprendida por como Elena le estaba hablando.

E: Mamá, eso fue unas de las peores cosas que me han pasado en la vida y fue por tu culpa. Y lo peor es que no te podía decir nada porque a la mínima saltabas y no se podía hablar contigo… (dijo yéndosele la voz, empezando a llorar)

Me empecé a sentir mal por como Elena se estaba poniendo, así que puse mi mano sobre la suya, poniendo ella la otra sobre la mía y apretándola. Sin embargo, no me miraba, permanecía con los ojos clavados en su madre mientras seguía hablando.

E: ¿Te das cuenta de que tú también has hecho las cosas mal? Lo del abuelo fue algo horrible, pero te encerraste en ti misma en lugar de pedir ayuda y apoyarte en la gente que te quiere. No hay nada de malo en pedir ayuda, para eso está la familia. Pero que estuvieras así y que papá hiciera eso no te daba ningún derecho para alejarnos de él. Y Noelia ahora no lo puede ni ver, lo odia y en eso tú tienes algo que ver. Porque no parabas de repetir lo que había hecho, intentando que solo viéramos eso, para ponernos en su contra.
M: Sí, Elena. Llevas razón en todo lo que estás diciendo. Pero no sabes la rabia y el odio que tenía cuando me enteré de lo que hizo. Solo quería machacarlo. No te imaginas lo que sentí cuando me lo encontré besando a otra.
E: Claro que me lo imagino, mamá. ¿Cómo te crees que me sentí yo cuando descubrí lo de Alejandro? Después de una relación de 5 años me entero de eso, aunque sí veía comportamientos que no me gustaban, pero no quería ni imaginarme eso. Y al final pasó. Y pensándolo, seguramente lo empezó a hacer al poco de que empezáramos a salir, nada más entrando a la universidad, porque ahí ya noté esos cambios.
M: ¿Por qué no me dijiste nada?
E: Porque no quería aceptar lo que pasaba, me autoengañaba diciéndome que era normal. Pero eso ya es algo pasado. Ya sí hablo todo lo que tengo que hablar, aunque a veces un poco tarde, pero lo hago. (dijo mirándome)
M: Lo siento, Elena. (dijo mientras empezaban a caer lágrimas de sus ojos)

Elena se levantó y abrazó a su madre, quien estaba sentada. Elena permanecía de pie, apretando la cabeza de su madre contra su pecho. Era una imagen tierna, pero, insisto, me daba mal rollo porque era como si se abrazara a sí misma. Se me hacía muy raro porque eran tan iguales, que me costaba verlas a las dos a la vez.

E: ¿Por qué no hablas con papá?
M: No, no. (dijo despegándose)
E: ¿Por qué?
M: Porque no. Puede que fuera culpa mía que pasara eso, pero eso no quita que lo que él hizo también estuviera mal. No le puedo perdonar algo así. Debería habérmelo dicho desde primera hora, aunque me hubiera hecho daño, pero lo que hizo fue mucho peor y me hizo más daño.
E: Vale, vale. Tranquila. Pero no me gusta verte así.
M: Así… ¿Cómo?
E: Mamá, estás amargada. Necesitas conocer a alguien que te haga feliz, alguien que te haga sonreír de nuevo.
M: Vosotras me hacéis feliz.
E: No, mamá. -dijo agarrando su cara para que la mirara- Somos tu familia, pero necesitas pasar página y no estar siempre tan a la defensiva.
M: No sé, Elena… No me apetece. No quiero ilusionarme y volver a pasar por lo mismo.
E: Piénsalo al menos, por favor. Te quiero ver como antes de que todo esto pasara.
M: Lo pensaré, pero ya veremos.
E: Oye, mamá. Esta noche se queda Javi a dormir, ¿vale?

Maribel me miró haciendo una mueca con la boca.

J: Primera noticia que tengo. (dije levantando las manos)
M: Ya… (dijo sonriendo)
E: Es verdad, no hemos quedado en nada, de hecho, él no sabía que te iba a conocer hasta que os he presentado.
M: Vaya encerrona nos has hecho…
E: Me parecía que era un buen momento…
M: No sé yo…
E: Bueno, creo que ya imaginas que no es la primera vez que dormimos juntos y me encanta estar con él, así que se queda.
M: Vamos, que todas las veces que te ibas a casa de una amiga…
E: Sí.
M: Bueno, pero sin jaleo, ¿eh?
E: No, no.

Sonreí levemente pensando en cómo se ponía a veces Elena.

M: Bueno, parece que te conoce mejor que yo, mira como se ríe.
E: Javi… (dijo poniéndose roja)

Me encogí de hombros haciéndome el loco y su madre se fue a buscar a Noelia para hablar con ella.

Elena se sentó a mi lado y me dio un beso.

-¿Ves como no ha sido para tanto?
-Bueno…
-Ya ha pasado y le parece todo bien.
-Sí, ahora nos vamos a poder ver mucho más. (dijo con cara de ilusión)
-Claro. ¿Y lo de esta noche? Anda que me dices nada…
-En realidad lo he hecho para probarla. Me he quedado muy parada cuando me ha dicho que me trataba así para que espabilara. He pensado que si no decía nada, pues que era verdad que no me trataba así adrede.
-Elena, te quiere muchísimo. Solo quiere lo mejor para ti, por eso lo ha hecho.
-Ya, pero sabe como soy y se ha pasado tres pueblos a veces.
-Ya está, no pienses más en eso. Y si lo vuelve a hacer, pues plántale cara.
-Javi, que es mi madre…
-Pero es lo que quiere, que seas más echada para delante. Y es que lo eres, que recuerdo haberte visto con un carácter cuando te enfadas o ves algo que no te gusta, sobre todo cuando íbamos al instituto.
-Sí, si es así, pero con la gente más cercana pues no soy así.
-Bueno… Oye, voy al baño que estoy meando.

Fui hacia el baño y oí un murmuro que venía de la habitación de Noelia. Me acerqué con cuidado y escuché que Maribel estaba hablando con Noelia.

-No te preocupes, Noelia, ya verás como no es nada.
-No sé, mamá…
-Oye, ¿qué te parece el chico este?
-¿El novio de Elena?
-Sí.
-Es buen chico, no te preocupes por eso.
-Hablas como si lo conocieras bien…
-Bueno, le he visto varias veces y he hablado con él.
-Ya te vale no haberme dicho nada…
-Mamá, yo paso de historias. Y sabiendo cómo te pones… Quita, quita.
-No sé, se me hace raro que Elena haya encontrado a alguien tan rápido después de una relación tan larga.
-Eso es porque ella y Alejandro tenían problemas de antes. Habían discutido mucho y la cosa se estaba enfriando cada vez más. Además, Javi se ha preocupado mucho de ella desde primera hora.
-Puedo confiar en él, ¿no?
-Sí. ¿Qué pasa? ¿No te cae bien?
-Se le ve bien chico, hacen buena pareja.

Me fui hacia el baño, no me parecía bien escuchar una conversación privada y con eso último ya tenía más que suficiente para salir contento de ahí.

Después de ir al baño regresé con Elena y le dije que iba a casa a cambiarme y a descansar un poco, pero se emperró en que me quedara un poco más con ella. Finalmente conseguí convencerla para que me dejara que fuera un rato a mi casa para ducharme, cambiarme y descansar. Aun así, ella me ponía ojitos y para que parara la empecé a besar, entrando justo su madre y viéndonos, medio regañándonos. Elena se separó rápidamente de mí, con la cara roja mientras yo me reía. Le dije de irme y ella me dijo que fuera para cenar allí con ellas. Le dije que me parecía bien y su madre también asintió.

Llegué a casa, contándole un poco a mi madre como había ido la cosa y todo el percal que se montó después. Se sorprendió y se alegró de que Elena hubiera dado el paso. Después me pegué una ducha y me puse ropa cómoda, echándome un rato a descansar.

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