ECONOMISTA

28

Había sido un juego muy divertido lo que había pasado con Basilio en el trabajo, sin embargo, Claudia no había podido evitar excitarse mientras le provocaba. Cuando se echó la siesta después de comer estaba realmente cachonda, y lo peor es que posiblemente, en unas horas iba a tener un nuevo encuentro con Lucas en el oscuro callejón del polígono después de la clase de pádel. Mojaba instantáneamente las braguitas en cuanto pensaba montarse en su coche.

Durante la tarde estuvo un rato jugando con sus hijas y el cornudo de su marido, al que no le contó nada de lo que había pasado por la mañana. Mientras preparaba la bolsa de pádel cada vez estaba más nerviosa y excitada. Se despidió de su marido y las niñas y bajó al garaje.

Esta vez no tenía ninguna duda de lo que iba a hacer.

Diez minutos antes de la clase llegó al club, había un sitio justo detrás del coche de Lucas y aparcó allí. Era solo ver ese Clio azul y el corazón se le aceleraba a toda velocidad. Estaba tan nerviosa que como no se relajara no iba a dar pie con bola durante la clase, así que antes se tuvo que pasar por la cafetería para tomarse una infusión de valeriana.

Fue hasta la pista donde ya estaban las otras tres mujeres y puntual llegó María. Se quedó mirando el cuerpo de su profesora, ahora por culpa de Mariola iba a empezar a tener pensamientos poco apropiados con aquella escultural rubia, se dijo a sí misma en cuanto la vio aparecer con esa falda tan corta.

Claudia también se había puesto un conjuntito de pádel muy atractivo de color morado, con una falda que apenas cubría su culo, más o menos como la que llevaba la monitora. No tenía ni que agacharse para que se la viera el culotte que llevaba debajo.

A mitad de clase Claudia se dio cuenta de que estaba siendo observada. Después de dos voleas, al volver a la fila vio a Lucas casi pegado al cristal mirándola descaradamente desde fuera. El chico no hizo nada, ni tan siquiera un pequeño saludo con la mano, pero estuvo casi veinte minutos allí, lo que hizo que Claudia se pusiera muy nerviosa.

Al terminar Lucas ya no estaba, pero Claudia sabía que el chico ya debía estar esperando fuera. Tranquilamente se metió en el vestuario para darse una ducha antes de salir. No tardó en aparecer María que había terminado su jornada laboral.

―Ha estado muy bien… ―le dijo Claudia.
―Gracias, la verdad es que estoy muy contenta con vosotras, sois muy competitivas las cuatro y os tomáis muy en serio los entrenamientos.
―Estamos liberando la energía de toda la semana trabajando.
―Jajajaja, sí, puede ser…

Primero entró Claudia en la ducha, bajo el agua caliente no hacía más que pensar en Lucas y en que estaría fuera esperando a que saliera. No tenía prisa, quería recrearse en la sensación del agua bañando su cuerpo, estaba disfrutando de esos momentos previos a la morbosa experiencia que estaba a punto de tener. Aunque no hacía falta, se masturbó unos segundos, acariciándose los pechos y el coño para excitarse más y le dio mucho morbo escuchar cómo se abría la ducha de al lado pensando en que María estaba desnuda a medio metro de ella.

Al salir se puso un conjunto, con unas mallas deportivas de color negro, pero sin ropa interior debajo y un sujetador deportivo de la misma marca. Se cepilló el pelo mojado unos segundos y cuando ya estaba recogiendo las cosas para meterlas dentro de la bolsa salió María totalmente desnuda.

Se puso a su lado y comenzó a echarse crema hidratante por todo el cuerpo, apoyó un pie en el banco, flexionando una pierna y Claudia no pudo evitar mirar a su monitora. Tenía un precioso coñito con un vello rubio muy bien cuidado, entonces María la miró de repente sorprendiéndola y Claudia se puso roja apartando inmediatamente la vista.

Con toda naturalidad del mundo María se puso crema por todos lados, sus pequeñas tetas, sus largas piernas y se giró un poco para echarse por los glúteos que Claudia contemplaba a menos de un metro. Cuando ella se puso unas braguitas blancas Claudia recogió todo y se despidió de ella hasta el viernes que viene.

―¡Qué tengas buen fin de semana, María!
―Lo mismo digo, hasta luego.

Como había imaginado, Lucas estaba esperándola con el coche en marcha y las luces encendidas. Claudia caminó despacio con la bolsa a su espalda y abrió el maletero para meterla allí. Se subió a su coche aparentando normalidad, pero por dentro estaba que rabiaba. Le subía un calor por la entrepierna que enseguida se dio cuenta que no había sido buena idea no ponerse ropa interior.

Salió Lucas con su Clio azul y Claudia le siguió unos metros hasta que pararon en el callejón del polígono. Ella aparcó delante de él, aproximadamente a unos diez metros y se bajó para echar a andar en dirección al coche de su antiguo alumno. Sin pensárselo dos veces se montó dentro.

Su respiración ya se había acelerado y antes de cerrar la puerta miró a ambos lados por si alguien la hubiera visto. Lucas ya estaba empalmado y tenía una mirada distinta esta vez. Claudia se dio cuenta de que el chico estaba igual de cachondo que ella.

―¿Hoy también vienes solo a mirar? ―preguntó Lucas.

No le contestó, pero por sorpresa ella se inclinó hacia su asiento para comenzar a morrearse con él. El chico no se creía lo que estaba pasando, le daba mucho morbo besarse con su profesora, es lo que más le gustaba imaginar cuando se pajeaba pensando en ella. La lengua de Claudia se movía ansiosa por su boca y Lucas la cogió por el cuello para hacer más fuerza y meter también su lengua dentro de Claudia.

Bajó una mano para intentar introducírsela por el elástico de las mallas, pero Claudia no le dejó, y Lucas se tuvo que conformar con acariciar su coño por encima de la ropa. Metió un dedo entre sus labios vaginales e hizo presión, mojando sus mallas. Lucas miró hacia abajo, no se veía mucho, porque estaba oscuro, pero el coño de Claudia se marcaba a lo bestia.

Incluso notó cierta humedad entre sus dedos a través de la tela.

Claudia gemía con las caricias del chico y ansiosa bajó las manos para sacarle la polla del pantalón de deporte. Sin tiempo que perder comenzó a pajearle con rapidez y con fuerza, incluso con un poco de violencia, golpeando con el puño contra el muslo y los huevos del chico cuando terminaba el recorrido.

Lucas gimoteó pidiendo a Claudia un poco de tranquilidad, seguían besándose a la vez que se acariciaban mutuamente. Otra vez intentó meter la mano por dentro del elástico y al ver que Claudia no le dejaba subió la mano para acariciar sus tetas por encima del sujetador deportivo.

Si Claudia seguía pajeándole a esa velocidad iba a durar un suspiro.

Ella estaba desatada, incluso le besó por el cuello y le mordió una oreja jadeando en su oído. Fueron los únicos segundos que Claudia le dio de tregua. Antes de volver a comerse la boca, Lucas le suplicó.

―¡¡Pare, pare, o me voy a correr!!, ahhhhhhh, pareeeee…

Y el chico sintió la caliente lengua de Claudia moviéndose libre por su boca. Intentó revolverse en el asiento, ni tan siquiera sabía lo que estaba tocando, estaba tan pendiente de la mano de Claudia que con la mirada le volvió a pedir que parara, pero ella no lo hizo.

Le dejó tomar aire unos segundos mientras comía su cuello y le mordía el lóbulo de la oreja, sin aminorar la velocidad a la que le destrozaba la polla.

―¡¡Vamos, córrete!! ―le jadeó Claudia en el oído.

Intentó resistirse un poco más, pero le fue imposible, cuando notó que su corrida ya era inevitable e inminente buscó la boca de Claudia para volver a morrearse con ella. Después su polla empezó a soltar chorros de esperma en todas las direcciones mientras Claudia se la seguía sacudiendo de manera frenética.

¡Qué manera de hacerle una paja!

Apenas había estado cinco minutos dentro del coche de Lucas, lo suficiente para hacer que el chico se corriera. Con la mano llena de semen abrió la puerta del coche, pero Lucas le puso una mano sobre su muslo.

―¡No se vaya, por favor!, quédese un rato más…

Claudia le retiró la mano y se bajó del coche. Cuando estaba fuera se inclinó sobre el asiento y mirando la pringosa polla de Lucas le dijo con voz de zorra.

―El viernes que viene nos vemos…

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