KERANOS

Les empecé a contar con detalle como fue el polvo, con el consecuente aumento de las embestidas, acercándose Irene cada vez más a nosotros mientras yo me estremecía por como Elena me besaba el cuello. Después de estar así durante unos minutos Elena se deslizó por mi cuerpo hasta ponerse en el suelo de rodillas, empezando a desabrocharme los pantalones, sacando mi polla y empezando a masturbarla mientras me miraba a los ojos, poniendo después el glande en sus labios, rozándolo contra ellos mientras notaba el aire que salía de su nariz, haciendo que me estremeciera. Empezó a chupar lentamente mientras me miraba a mí y luego a Irene y Mario, paseando su mirada por los tres continuamente. Lo hacía lento, sacándosela y dando pequeños besitos por el tronco. Poco a poco aumentó la intensidad, metiéndose la mitad mientras masturbaba el resto. La follada de Mario a Irene cada vez era más fuerte, siendo de tal manera que Irene apoyó su cabeza y parte de su pecho en el mío mientras jadeaba y lanzaba algún gemido. Se agarraba a mi camisa conforme pasaron los minutos hasta que se corrió, lanzando un gemido ahogado contra mi pecho mientras agarraba con fuerza mi camisa. Después de un par de sacudidas por el orgasmo que tuvo, se echó hacia atrás, empujando a Mario y se bajó del sofá, sentando a Mario a mi lado para empezar a comerle la polla de la misma manera que Elena me lo hacía a mí. Ni siquiera se levantó los pantaloncitos y las braguitas que llevaba. Ambas mamaban a dúo, aumentando el ritmo cada vez más, con Elena tratándose toda mi polla, siendo algo increíble aun a esas alturas, ya que me lo había hecho varias veces, pero no entendía como lo podía hacer. Irene la miró de reojo e hizo un esfuerzo para comérsela a Mario de una manera parecida. Parecía haberlo intentado varias veces en esos días que estuvimos sin hacer nada, porque conseguía tragársela más que en las veces que los había visto follar antes. Ponía una cara de esfuerzo muy grande, cerrando mucho los ojos.

M: Irene, tranquila, que te vas a hacer daño.

Elena se sacó la polla de su boca y cogió el pelo de Irene, haciéndole una coleta con las manos, acercándose a su oído y susurrándole algo al oído que no fui capaz de escuchar. Entonces la dirigió hacia la polla de Mario mientras la cogía aún del pelo, empezando a hacer fuerza mientras Irene se la metía en la boca. Elena se volvió a acercar, mordisqueándole la oreja y entonces Irene empezó a tragarse la polla de Mario sin tanta dificultad. Elena siguió dirigiendo la mamada mientras me masturbaba, mirándome con una sonrisa en la boca. Volvió a chupármela de nuevo mientras agarraba a Irene por el pelo, haciéndolo muy rápido, emitiendo sonidos al hacerlo. Le soltó el pelo a Irene y se centró en la mamada, haciendo que a los pocos segundos me corriera, empezando a retorcerme mientras levantaba mis caderas y jadeaba con fuerza, apretando mi cara. Para cuando abrí mis ojos, vi a Elena con los mofletes inflados, como si me estuviera esperando para enseñarme como se tragaba mi corrida. También vi como Irene se movía, estando igual que Elena, con los mofletes inflados. Parecía que Mario también se había corrido. Entonces Elena cogió a Irene y pegó su cara a la suya, tragándoselo entonces y sacando su lengua, haciendo Irene también en cuanto vio como lo hizo Elena.

En cuanto vi eso tiré de Elena para besarla, intentando desabrochar su pantalón, pero ella me frenó.

-Luego seguimos. Ahora vamos a tomarnos algo.

Miré la hora y vi que era ya un poco tarde, entre el paseo que dimos, el rato que estuvimos hablando con ellos y lo que pasó después, el tiempo había pasado volando. Irene y Mario se cambiaron y nos fuimos a un bar cercano. Allí seguimos hablando mientras tomábamos algo para cenar mientras Irene parecía seguir con el calentón, mirando a Elena con los ojos muy abiertos a veces. Los demás estábamos más relajados después de haber jugado un poco. En cuanto acabamos yo tenía pensado en ir a mí casa para que ambos descansáramos allí, pero Irene nos ofreció que fuéramos a su casa para seguir hablando un poco. Aceptamos, aunque todos sabíamos lo que Irene quería decir realmente. Llegamos y nos sentamos cada pareja en un sofá, donde seguimos hablando. Es lo que tenía estar casi tres semanas sin vernos con ellos, que teníamos bastantes cosas de las que hablar, tocando varios temas, a pesar de haber tenido alguna videollamada con ellos, pero fueron de breve duración. Irene fue a la cocina para preparar unas copas, siguiéndola Mario inmediatamente para ayudarla. Elena y yo los quedamos sentados, con ella poniendo cara de queja mientras llevaba sus manos a sus pies.

-¿Qué pasa?
-Los tacones me están matando. Llevo todo el día con ellos puestos y no estoy acostumbrada.
-Ven, quítatelos y te doy un masaje.

Elena se quitó los tacones y se sentó apoyando su espalda en un brazo del sofá, poniendo sus pies sobre los muslos. Empecé a masajeárselos mientras ella se relajaba y lanzaba algún gemido. Irene y Mario volvieron, sonriendo ella de manera picarona, dándonos las copas y volviéndose a sentar para seguir hablando. Elena se retorcía un poco por mi masaje, lanzando algún gemido de manera sensual. Se notaba como Irene se empezaba a calentar aún más con cada gemido de Elena mientras la miraba con deseo. Mario se limitaba a resoplar ligeramente mientras lanzaba alguna mirada, parecida a las de Irene, por la situación.

E: Chicos, ¿os importa que Javi y yo nos quedemos esta noche aquí? Es que tenemos muchas ganas de follar y voy a gritar bastante, me lo noto.

En cuanto oí esas palabras tuve una erección instantánea, aunque estaba un poco extrañado de que Elena hubiera sido la que había propuesto quedarse y de una manera tan explícita.

I: Claro, sin problema.
M: Joder, Elena, sí que tienes que estar caliente para ser tú quien diga de quedarse y de esa manera…
E: Sí, estoy muy caliente. Llevamos tres semanas sin hacer nada y hoy solo hemos echado un polvo rápido en el coche y se la he chupado, quiero más.
I: Elena, estás irreconocible…
E: ¿Qué pasa, tan raro es que esté cachonda? (dijo con un gemido al final, provocado por mi masaje)
I: No es eso, jajaja. Es por como hablas y dices las cosas.
E: Jajajaja, no sé… Bueno, Javi, vamos a la habitación.

Sin decir nada la cogí y me la llevé en brazos, llegando a la habitación y tumbándola en la cama, donde ella me abrazó para caer encima suya y empezar a besarme, empezando a lanzar esos ronroneos desde su garganta que ella hacía cuando estaba muy caliente. Le empecé a tocar con mucha ansia por todo el cuerpo, manoseado su culo y sus muslos, con algún azote.

-Javi, no te pongas nervioso, que rompes la ropa, a ver si va a pasar como la otra vez con tu camisa, que salieron los botones volando… jajajaja.
-Jajajaja, pero, ¿qué te pasa hoy? Pareces otra…
-Estoy feliz, ya he acabado todo lo que tenía que hacer y por fin estoy contigo.

La risa se me fue rápidamente, poniéndome serio y lanzándome a comerle la boca con mucha ansia, recibiéndome ella con la misma o más. Nos empezamos a desnudar rápidamente, tirando la ropa al suelo mientras no parábamos de besarnos y toquetearnos. Entonces entró Irene lentamente a la habitación.

-Chicos, os habéis dejado las copas. (dijo de manera sensual)

Nosotros seguimos a lo nuestro sin hacerle caso, pero ella se acercó una vez dejó las copas en la mesita y le acarició a Elena el culo, estando su piel liberada por llevar tanga.

E: ¿Qué haces? (dijo mientras le daba un manotazo)
I: Nada… (dijo tras dar un respingo)
E: ¿No habíamos quedado en que estaríamos un tiempo sin hacer nada?
I: Sí, pero…
E: Pero nada. Hasta que no estemos todos seguros no se va a hacer nada.
I: Vale… (dijo bajito, con algo de tristeza)

Entonces Elena se levantó de la cama y se puso frente a ella, mirándola fijamente, estando sus caras a pocos centímetros la una de la otra. Estaba seria. Elena agarró a Irene con fuerza del cuello.

E: ¿Ya no me vacilas?

Irene negó con la cabeza, agachando las cejas con expresión triste.

E: Mmm… Chica lista.

Entonces Elena se soltó el cuello y le acarició la cara, pasando su dedo pulgar por sus labios, metiéndoselo en la boca para que lo chupase.

E: ¿Me quieres comer la boca?

Irene asintió.

E: Contesta.
I: Sí.
E: ¿Y las tetas?
I: Sí.
E: ¿Y mi coñito?
I: También.
E: Pues eso no va a pasar, al menos hasta que yo lo diga.
I: Vale. (dijo susurrando)

Irene me miró, pero sin girar su cabeza, respondiendo Elena cogiéndole la cara con ambas manos para agitársela un poco.

E: Y de tocarle o hacer algo con él te puedes olvidar.
J: Ya te dije lo que pasaría si te metías con mi niña. (dije poniéndome detrás de Elena, dándole un abrazo, apretando mi polla contra su culo)
E: Míralas bien porque no las vas a tocar. (dijo una vez se quitó el sujetador)
I: Pfff…
J: Son solo mías. (dije amasándolas y pellizcando ligeramente los pezones, que ya estaban muy duros)

Elena soltó un gemido y siguió:

E: Y lo mismo con esto. (tras quitarse el tanga)
J: También es solo mío. (dije acariciándoselo, notando lo mojado que lo tenía, metiendo un dedo dentro, con un nuevo gemido de ella)

Después de meterle el dedo un par de veces profundamente, lo saqué y se lo puse en la boca a Irene para que lo chupara. Ella lo recibió con ansia, chupándolo con muchas ganas, cerrando sus ojos y lanzando un gemidito. Elena se agachó y cogió el tanga, abriéndolo y poniéndoselo en la cara a Irene.

E: Huélelo, es lo más cerca que vas a estar de mí.

Irene olió el tanga de Elena, que estaba bastante mojado, poniendo una cara de vicio increíble.

E: Llévatelo anda. Huélelo mientras Mario te folla. Pero no quiero nada raro, luego me lo das conforme está. No quiero ninguna corrida ahí, ¿vale?

Irene asintió y se fue de la habitación. Estaba temblando. Cerró la puerta y nos dejó solos. Nos quedamos en silencio y Elena se tumbó en la cama boca arriba, ya sin nada de ropa. Yo la seguí, quitándome los boxers y poniéndome de rodillas encima de la cama. Entonces Elena puso sus pies sobre mi pecho, empezando a acariciármelo con ellos mientras ronroneaba.

-Has estado muy bien. Me ha encantado lo que has hecho.

Elena permaneció callada, pasando sus pies por mi cuello, para luego pasarlos a mi barbilla mientras gemía murmurando.

-Estás muy caliente. Me encanta.
-Llevo así desde antes de hacer esto con Irene…
-¿Sí?
-Sí.
-¿Desde cuándo?
-Desde que me has empezado a dar el masaje.
-Ah, ¿sí?
-Sí, me gusta que jueguen con mis pies… (dijo poniéndose roja)
-Mmm… ¿por eso gemías así?
-Sí…
-¿Por qué no me lo has dicho antes?
-Porque me daba vergüenza. (dijo ya estando totalmente roja, encogiéndose como cuando tiene vergüenza)
-¿En serio? A estas alturas…

Elena permaneció en silencio, aún roja. Entonces le cogí los pies y se los empecé a besar, notando como se aceleraba su respiración. Solté uno y me centré en el otro, besándoselo suavemente por todos lados, pegando pequeños lametones, empezando a chuparle los dedos. Su cara era increíble. Estaba muy cachonda, lanzando esos ronroneos, con su cara roja y agarrándose las tetas, tirando de los pezones. Yo la miraba fijamente a los ojos mientras seguía mi trabajo, pasando al otro pie, repitiendo lo que hice con el otro. Ella ya se empezó a tocar el coño, pasando sus dedos por toda la raja, centrándose en su clítoris, haciendo pequeños movimientos circulares. Después de estar un rato así, le solté los pies, inclinándome hacia delante, pero ella me paro con su mano.

-Espera.
-¿Qué pasa?
-Ponte como antes.

Me incorporé, quedándome de rodillas, conforme estaba cuando le estaba tocando y besando los pies. Entonces ella agarro mi polla con ellos, empezando a pajearme suavemente, acelerando un poco. Variaba entre cogerla con la planta de sus pies y con sus dedos.

-¿Te gusta? (dijo muy bajito, tímidamente mientras encogía su cuerpo)
-Me encanta. Todo lo que me haces me encanta.

Elena tiró de mi mano para que me tumbara encima de ella y me empezó a besarme con muchas ganas, escuchando de fondo fuertes gemidos de Irene.

-Mira como la has puesto…
-¿Crees que he sido dura?
-No, si sabes que le encanta cuando le haces eso. Mira como disfruta.
-Javiiii… Te quiero sentir dentro de mí…
-No.
-¿No?
-No. Primero quiero hacer algo que llevo queriendo hacer desde que te he visto hoy.
-¿El qué?
-Comerte el coñito.
-Mmm…

Le di otro beso y bajé por su cuello, pasando a su pecho, lamiendo y mordisqueando sus pezones, con ella lanzando gemidos. Continué por su estómago y barriga. Le empecé a dar besitos por su pubis mientras le acariciaba los muslos.

-Hazlo ya, por favor. No puedo más.
Entonces me lancé a comerle el coño, dando grandes lametones mientras le agarraba de las caderas. Era increíble lo mojada que estaba, por lo que no tardó mucho en correrse haciéndolo una vez me concentré en su clítoris y metí dos dedos dentro, penetrándola seguidamente con ellos. Los saqué y pasé mi lengua por toda se raja, empezando ella a retorcerse mientras empezaba a gritar, agarrando con fuerza las sábanas y apretando mucho su cara. Me empapó la cara con su corrida y paró de gritar, pasando a respirar pesadamente, con fuertes jadeos. Sin esperarlo, me tiró del pelo para que me incorporará y tiró de mis brazos para que me pusiera encima de ella y la besara. Aún gemía en mi boca y entonces alargó su mano, cogiendo mi polla y metiéndosela en su coño, cogiendo aire con fuerza.

-Elena, ¿ya?
-Sí, te quiero dentro de mí. No puedo esperar.
-¿Quieres que te folle ya?
-Sí, pero despacito, aún estoy muy sensible.

Empecé un lento mete-saca, con ella gimiendo dulcemente, aunque con cierto tono de molestia. Al ver que estaba tan sensible paré, pero ella hizo un sonido de quedarse al notar que no la follaba, por lo que empecé de nuevo. Estaba muy sensible, temblando bastante, agarrándose fuertemente a mí con sus brazos y sus piernas.

-Javi, por favor, no pares. Es increíble lo que siento.
-No te quiero hacer daño.
-No… No lo haces, pero ten cuidado.

Apenas me movía, simplemente hacía contracciones con mi culo para empujar así, pero ella lo notaba como si la estuviera empotrado. Conforme se recuperaba de su primer orgasmo, me pidió que fuera algo más rápido, para mantener esa sensación todo el tiempo hasta que me pidió que le diera fuerte, haciéndolo yo así. De nuevo se puso a gritar, más fuerte que antes, volviendo a abrazarse con fuerza a mí, empezando a arañarme la espalda con las uñas bastante, llegando a hacerme daño. No pude aguantar más al verla y sentirla así y me empecé a correr dentro de ella, tras sentir un fuerte latigazo de placer que me recorrió por toda la espalda, poniéndose mi piel de gallina. Di fuertes embestidas con cada chorro que soltaba en su coño. Cuando acabé de correrme me quedé quieto dentro de ella, quien aún seguía temblando muchísimo, notando como me estrujaba la polla y respiraba muy fuerte. Tras unos segundos así se abrió la puerta, apareciendo Irene.

-¿Estáis bien? He oído gritos muy altos y me he asustado.
-Sí, es que estaba muy sensible.
-Joder, nunca la había oído gritar así.
-Bueno, últimamente estábamos descubriendo algunas cosas y a veces llegamos un poco al límite.
-Mmm… Ojalá ver eso…
-Oye, ¿nos podemos duchar ahora?
-Claro, os preparo unas toallas.
-Gracias.

Irene se fue y nos dejó solos. Entonces oí como sonaba el móvil de Elena, quien seguía en su mundo, recuperándose de su bestial orgasmo con mi polla aún dentro de ella. Tampoco se enteró de la conversación con Irene, en esos momentos es como si no estuviera allí. El móvil dejó de sonar y tras unos pocos minutos, Irene volvió a entrar a la habitación.

-¿Todavía?
-Sí, es increíble.
-Madre mía… Oye, dejo aquí el tanga de Elena y sus tacones, que se los dejó en el salón.
-Vale, muchas gracias.
-De nada, ya sabes que no tienes que darlas. Nosotros ya nos vamos a dormir, que Mario tiene que madrugar.
-Vale, no haremos ruido.
-Buenas noches.
-Hasta mañana.

A los pocos minutos de haberse ido Irene, Elena empezó a recuperar la consciencia, abriendo sus ojos. La cogí en brazos con cuidado de que no se saliera mi corrida, habiendo puesto mi mano ahí con mucho cuidado a los pocos segundos de haberme corrido y que mi polla fuera perdiendo su erección. Nos duchamos y volvimos a la habitación para acostarnos, poniéndome yo los boxers y ella solo el tanga. Ella seguía ida, como el domingo del fin de semana que pasamos en mi casa, cuando tuvo aquel orgasmo bestial con el vibrador en su culo.

-Te han llamado al móvil.
-¿Sí? No me he dado cuenta.
-Aún no entiendo como te puedes poner así…
-Es increíble, solo te puedo decir eso porque no sé como explicártelo.
-Mírate, si aún estás…
-Sí. Me tiemblan las piernas aún.
-Anda, mira a ver quién era, a ver si va a ser importante. Que a estas horas…
-Es mi madre. Joder, es ya muy tarde, voy a llamarla para decirle que me quedo a dormir en casa de una amiga.

Entonces Elena llamó a su madre, quien cogió el teléfono nada más dio el tono de llamada. Por como estamos tan en silencio y lo cerca que estábamos, podía oír lo que su madre decía.

-Elena, ¿dónde estás? ¿Has visto la hora que es?
-Sí, mamá. Es que me he entretenido y se me ha olvidado avisarte.
-¿Dónde estás? Que voy a recogerte.
-No, no. Me quedo a dormir en casa de una amiga.
-¿Qué dices? Anda, dime donde estás y voy a por ti.
-Que no, que me quedo aquí.
-¿Has bebido? Te noto la voz rara.
-No, bueno, alguna cerveza. Estoy así porque ya íbamos a dormir, si me has pillado recién dormida.
-¿Y cómo no me avisas? ¿Eres tonta? Estamos aquí preocupadas por ti.
-Perdona mamá.
-¿Con qué amiga estás?
-Ay mamá, no seas pesada, por favor, mañana hablamos, que tengo mucho sueño.
-Bueno, pero avisa o algo.
-Que siiiiii.

Elena colgó después de darle las buenas noches a su madre y me miró sonrojada, parecía tener vergüenza por haberla escuchado hablar así con su madre.

-Me trata como si fuera una niña aún.
-Porque te quiere.
-Tú también me quieres y no me tratas así.
-Si quieres lo hago, jajaja.
-Jajajaja, no, no. Solo en la cama como un juego.

Después de un día tan largo y conforme estaba Elena, cayó dormida enseguida, siguiéndola yo al poco. Me desperté al oír a Mario en el baño, pero Elena seguía dormida y estaba tan a gusto con ella que no la desperté, por lo que me quedé durmiendo un poco más, con ella abrazada a mí. A las pocas horas me despertó Elena dándome varios besos y dijo de levantarnos, porque ya era algo tarde y quería ir a su casa para que su madre no se pusiera más pesada. Nos vestimos y salimos de la habitación, encontrándonos a Irene, quien estaba en el salón. Nos dimos los buenos días y comentamos lo que pasó la noche anterior, hablando con total naturalidad lo que todos hicimos. Al final acabamos desayunando los tres juntos y luego ya nos fuimos, con Irene dándonos un abrazo a ambos y un beso en la mejilla a Elena, bromeando con que quería hacerlo en la boca, pero que viendo como se había puesto la noche anterior, le dio algo de miedo, por lo que empezamos a reír.

Después fuimos hasta mi casa, donde me cambié de ropa rápidamente y llevé a Elena a su casa, contándome algo por el camino.

-Oye, se me ha olvidado decirte algo.
-¿El qué?
-La semana que viene es mi graduación.
-¿Pero ya? ¿Tan rápido?

Entonces me explicó como estaba organizado aquello y porqué se hacía así.

-Pues eso, que es la semana que viene.
-Ah, genial.
-¿Vendrás?
-Pues claro, ¿qué pregunta es esa?
-Bien. Hay que ir bastante arreglado.
-Vale. Me pongo un traje, ¿no?
-Sí, que estabas muy guapo en la foto que me mandaste cuando te fuiste y aún no te he visto así en persona.
-Mmm… ¿Y tú qué te vas a poner?
-Ah… Ya verás.
-No es justo… Tú ya sabes como voy a ir y ya me has visto así.
-Pero no en persona.
-¿Ni una pista?
-Sí quieres te puedo decir lo que voy a llevar debajo… jajajaja.
-Eso prefiero comprarlo luego.

Llegamos a su casa y nos dimos un buen beso para despedirnos, viendo como se abría la puerta de su casa, pero se trataba de Noelia, quien no nos hizo caso, yéndose. Elena se puso un poco tensa, por lo que se bajó enseguida para entrar a casa por si su madre se asomaba o algo.

De vuelta a casa me puse a pensar lo ridículo que era que se pusiera así por si su madre nos veía juntos. No terminaba de entender que con 23 años tratara así a su hija, por mucho que haya pasado no tenía por qué controlar hasta ese punto la vida de su hija.

Llegué a casa y me puse a trabajar, porque esa mañana entre una cosa y otra se me pasó rápido, por lo que por la tarde tendría que recuperar esas horas perdidas. Una vez acabé de trabajar, por la noche hablé con Elena para ver qué haríamos esos días ya con ella totalmente libre. Su idea era descansar todo el verano y ponerse a buscar trabajo en septiembre. Estuvimos hablando un poco de eso, con ella ilusionada por encontrar trabajo de lo que había estudiado, aunque también bajábamos las expectativas porque la cosa con el trabajo siempre es delicada. Quedamos en que nos veríamos esos días, aunque yo tenía que trabajar también, por lo que pensamos en que se vendría conmigo a casa. También me contó que cuando llegó a casa le cayó bronca por su madre y estaba un poco molesta por eso, pero le hice entrar en razón diciéndole que se había tirado todo el día fuera de casa después de estar muchos días sin salir y que no había avisado ni nada por la noche. Finalmente nos despedimos, quedando en ver cuando iría a por ella para que estuviéramos juntos.

Los dos siguientes días no nos vimos, aunque sí que hablamos por teléfono contándonos nuestras cosas y el miércoles de esa semana sí que fui a por ella después de comer para pasar la tarde juntos. Elena se quedó hablando con mi madre en el salón mientras yo empezaba a trabajar. Al cabo de un buen rato vino a mi habitación y se sentó en la cama. Después de unos minutos en silencio me giré hacia ella.

-¿Estás aburrida?
-No, no. No te preocupes, yo quiero estar contigo.
-¿Quieres ver alguna película o algo en mi portátil?
-Venga, vale.
-Aquí tienes. (dije dándole el portátil)
-A ver si vas a tener aquí cosas guarras… jajajaja.
-Huy… Me lo dice la que empezó a buscar cosas así nada más nos acostamos. ¿Te acuerdas?
-Claro, jajajaja, aún flipo con lo que vi cuando vi al tío azotando a la chica y echándole cera por todos lados.

Se quedó tumbada en la cama de lado mirando una película mientras yo seguía trabajando, pero al rato se levantó, poniéndose detrás de mí para empezar a besarme.

-¿No te gusta la película?
-Bueno, no está mal, pero prefiero otras cosas…
-Ya, pero estoy ocupado.
-Oye, ¿no haces conferencias desde aquí?
-¿A qué te refieres?
-A que si haces reuniones por cam por aquí.
-No, ¿por?
-Bueno, es que me gustaría hacer algo…
-¿El qué?
-Me da un poco de vergüenza decírtelo…
-Va, ¿qué es?
-Me daría morbo chupártela mientras estás en una reunión.
-Uff, estás desatada, ¿eh?
-Bueno, tú tienes tus cosas y yo las mías, jajajaja.
-No sé, estoy un poco flipando, entre el otro día con lo de…
-Shhh, no lo digas. (dijo interrumpiéndome)
-¿Por qué?
-Me da vergüenza…
-Me gusta que te salgan estas cosas.
-¿Sí? (dijo empezando a besarme el cuello)
-Eres una cabrona.
-¿Por qué? (dijo aumentando la intensidad de los besos)
-Porque sabes como me pongo cuando haces esto…
-Sí que lo sé. (dijo sentándose encima de mí con una pierna a cada lado)
-Mmm…
-¿Qué pasa?
-Que yo también se jugar a esto (dije pasando su pelo por detrás de su oreja y levantándome de golpe, lanzando la silla hacia atrás, sujetándola y llevándola contra la pared, apretando su cuerpo con el mío)

Elena se sobresaltó, empezando a respirar aceleradamente.

-¿Ahora qué?
-Javi, no hagas tanto ruido…
-¿O qué?
-Que nos pueden oír tus padres, tonto.
-Me da igual. Juegas con fuego, pues te quemas.

Elena volvió a jadear. Entonces fui yo el que le empezó a besar el cuello, de la misma manera que ella lo hacía, empezando ella ronronear, indicio de que estaba muy caliente. A los pocos segundos ella se zafó de mí, empujándome para sentarme en la silla, tirando de mis pantalones y boxers para agarrar mi polla, que ya estaba bastante empalmada por la excitación, empezando una mamada a buen ritmo, emitiendo sonidos, aunque rápidamente bajó la intensidad para no hacer ruido. Tras unos minutos con una buena mamada, se levantó para bajarse sus pantalones vaqueros cortos y sentarse sobre mi polla dándome la espalda, metiéndosela mientras lanzaba un gemido que intentó reprimir, aunque se le escapó un poco. Empezó a botar, agarrándose a los brazos de la silla. Era increíble lo mojada que estaba y como se movía. Estaba inclinada hacia delante por lo que puse mi mano en su abdomen, empujándola hacia mí para pegar nuestros cuerpos mientras ella seguía moviéndose. Le metí las manos por su camiseta ajustada hasta llegar a sus pechos, colando mi mano dentro de su sujetador, notando como tenía sus pezones muy duros. Fue un polvo rápido porque todo aquello me puso muy cachondo y no iba a tardar mucho en correrme.

-Elena, estoy ya casi…
-¿Me vas a dar tu leche?
-Claro, ¿dónde la quieres?
-En mi boquita.
-Pues prepárate.

Entonces Elena se levantó, dándose la vuelta y poniéndose de rodillas, abriendo su boca y sacando su lengua mientras me miraba a los ojos. En dos sacudidas me empecé a correr en su boca entre jadeos, recibiéndola ella con un gemido. Una vez acabé, ella cogió mi polla con fuerza y se la metió en la boca para seguir succionando, hasta que ya no salió más, tragándoselo después, sonriendo y girando su cabeza.

-Tú no te vas a librar. (dije levantándola y tumbándola en la cama)

Ella lanzó un gritito de sorpresa y una vez la tuve así, tiré de sus pantalones y braguitas para tener más facilidad a la hora de comerle el coño. Al igual que me pasó a mí, Elena se corrió bastante rápido al recibir mis lametones y succiones mientras le metía los dedos. Empezó a temblar, agarrando las sábanas, pero soltándolas para llevarse las manos a la boca y tapársela. Sus temblores iban a más, por lo que saqué mis dedos usé solo la boca, empapándomela completamente con sus jugos. Me tiró del pelo al no parar yo de comerle el coño, haciéndome parar mientras le daban espasmos. La dejé conforme estaba y fui al cuarto de baño para lavarme la cara porque me la había empapado, volviendo para encontrármela como la dejé, tumbada a lo ancho de la cama, con el culo en el filo de la cama, sin pantalones ni bragas. Cerré rápidamente la puerta por si venía alguien y me puse a su lado, empezando a vestirla mientras ella seguía respirando fuerte y con espasmos. Una vez acabé de vestirla, la tumbé bien mientras ella seguía ausente, tanto que se acabó durmiendo. Mientras ella dormía me puse a trabajar de nuevo hasta que era casi la hora de cenar y se despertó.

Estaba como atontada, sin saber donde estaba. Rápidamente se dio cuenta de lo que había pasado y se le puso una sonrisa en la cara. Fue al baño a lavarse la cara y después nos fuimos con nuestro grupo de amigos para tomarnos una cerveza. Debido al buen tiempo que hacía ya casi permanentemente en esos meses y que varios habían acabado con los estudios, eran más frecuentes esas cervezas en las terrazas de los bares al caer la noche. Echamos un muy buen rato con ellos, siendo Elena el centro de atención después de tantos días sin aparecer por ahí. Irene soltaba alguna que otra indirecta, pero eran muy sutiles, solo las entendíamos nosotros. Cuando nos íbamos a ir, Irene y Mario nos dijeron que si queríamos ir con ellos a su casa para tomarnos algo, pero Elena declinó, diciendo que no deberíamos ir tan rápido. La llevé a su casa nos despedimos con un gran beso.

Los siguientes días solo nos pusimos en contacto por mensaje y llamadas. Teníamos pensado en quedar el fin de semana, ya que yo solía tenerlos más libres de trabajo, pero su madre le dijo que se iban a ir a casa de su tía, para llevar a su abuela para que estuviera allí unos días. Se pasaron allí todo el fin de semana y regresaron el domingo por la noche. Teníamos bastantes ganas de vernos, pero quedamos en hacerlo el martes, ya que era el día de su graduación y nos íbamos a ver seguro, así aprovecharíamos y pasaríamos el día juntos.

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