DERIVIA

Segundo Día

Me desperté siendo aún por la noche, tenía sed y mucho calor y un estado grande de excitación por el sueño que acababa de tener. Ana no estaba en la cama, se había levantado y vi bajo la puerta del baño, luz, cuando abrió la puerta, Ana salió y se tumbó a mi lado.

-¿Qué hora es?.- le pregunté

Eran las seis de la mañana y nos quedaban unas horas de sueño, pero yo quería apagar mi excitación con Ana. Me arrimé a ella para que me sintiera duro.

-Duermete.- me dijo sin dar importancia al roce de mi miembro

Intenté bajar su braguita, pero no me dejó, me retiró la mano y me dijo que tenía sueño.

-Cari, me voy a dormir…- no estaba muy receptiva a mis necesidades. Pero volví a intentarlo, estaba muy caliente y se lo dije.

-cari, no me apetece, tengo sueño.- me dijo separando su cuerpo del mío.

Desistí en mis intentos, probé a dormirme pero no pude, mi mente no paraba de dar vueltas al sueño que acababa de tener y mi excitación iba en aumento.

Los flashes de lo que había soñado perturban mis pensamientos, en ellos aparecían, Erika, Emilio, Ana y Bassâm. Estábamos en mi antigua casa Emilio sujetaba a Ana por las caderas y cual mamporrero, guiaba mi polla metiéndola en el coñito de Ana mientras Erika se masturbaba mirándonos, de repente, Erika estaba haciéndome sexo oral a la vez que Ana cabalgaba a Emilio y cuando yo miraba hacia abajo, ya no era Erika la que me la chupaba si no Bassâm y Ana estaba entre sus piernas comiendo aquella enorme polla morena.

Tuve que levantarme de la cama, sin darme cuenta me estaba acariciando la polla y si no paraba, iba a terminar masturbándome al lado de Ana que estaba dormida. Me puse la ropa para hacer running y me fui a correr a ver si me relajaba.

Salí del hotel y fui corriendo sin una dirección prefijada, iba dejando las calles a mis espaldas una tras otra intentando despejar mi mente. Me fijaba en la gente que aún estaba de fiesta y me recordaban a mí y a Ana cuando veníamos a Ibiza de jóvenes, las fiestas que nos pegábamos y las locuras que hacíamos. Llevaría ya unos pocos kilómetros recorridos cuando empezó a amanecer, así que me puse a correr dirección al hotel.

Al llegar, Ana seguía durmiendo plácidamente y yo, para no hacer ruido, decidí esperar a ducharme. Por lo que aproveché para contestar algún correo electrónico que me había llegado del trabajo.

Sobre las diez de la mañana, Ana se despertó, vino a mi lado y me abrazó. -¡estás pegajoso!- me dijo besando mi mejilla -he ido a correr y no me he duchado para no despertarte- la conste.

-¿Nos duchamos y bajamos a desayunar?.- me propuso

Enjabonar a Ana fue muy sensual y excitante. Estaba de espaldas a mi, lo hice con cuidado, masajeando su espalda, recorriendo con mis manos cada milímetro de su piel. Enjabone todo su cuerpo, desde el cuello hasta los pies. Pase mis manos llenas de jabón por su espalda, sus axilas, sus hombros y sus brazos. Luego su pecho, apreté sus tetas con mis manos, las amasaba y ella suspiraba de gusto. Me encantaba sujetar sus tetas en mis manos y mientras lo hacía, me encantaba sentir el contraste de la suavidad de sus tetas con la dureza de sus pezones. Estuve un buen rato mientras ella se dejaba hacer. Pegue a su culo mi polla que estaba dura y Ana lo movía despacio restregandolo con mi miembro.

Ella disfrutaba del placer que le proporcionaba que la enjabonara. Me hacía algún comentario burlón, tipo «¿es necesario que para enjabonarme hagas eso?» A lo que yo le respondía «muy necesario» o «imprescindible» y los dos reíamos. Bajé hasta su vagina, acariciaba su clítoris, pasé mis dedos por sus labios, y muy lentamente introduje dos dedos busque su punto G, supe que lo había encontrado cuando Ana tuvo que apoyarse en mi cabeza ya que sus piernas perdieron firmeza y sus jadeos aumentaron introducía

Entre gemidos, sentí su mano agarrar mi miembro de una forma antinatural pero no por eso menos placentero. En esa posición, ella de espaldas a mi, con el agua cayendo por nuestros cuerpos, la penetre desde atrás, se la metí fuerte y recordé el sueño que tuve, me excitó el recuerdo, agarre su melena, y tire hacia atrás con fuerza, ella se tensó, apoyó sus manos contra la pared de la ducha y volvía a embestir con fuerza, nuestros gemidos retumbaban en la ducha y se fundían con el agua chocando sobre nuestros cuerpo. La gire, agarré su cuello, levanté su pierna y volví a penetrarla con fuerza, apoyó su espalda contra la pared de la ducha, agarraba sus tetas y mordía sus pezones, estaba muy excitado…

Gritaba de placer, acaricie su ano metiendo la primera falange de mi dedo, no pude más pues lo sujeto con su mano para que no la penetrara más al poco tiempo sentí que se corría, se abrazó a mí y clavó sus uñas en mi espalda, mordió mi cuello, chupo mi barbilla. Veía su cuerpo desnudo, mojado con los pezones duros, la imaginaba como en el sueño chupando la polla de Emilio, del moro… sentía rabia y una extraña sensación de tener que castigarla por aquello que no había sucedido, la veía como una zorra. Volví a agarrarla del pelo e intentó morderme salvaje.

Hice que se arrodillara, cuando fue a chupármela no la deje la sujeté del pelo y la ordene:

-Abre la boca.

Obedeció, Ana abrió la boca mirándome, esperando que me corriera en su cara, mi capullo a pocos milímetros de su lengua. Cuando sintió el primer lefazo que cayó entre su nariz y mejilla, al bajar su cara por la impresión, el segundo callo sobre su frente y el tercero entre su nariz y barbilla Ana resoplaba mientras el resto quedó entre mis dedos. Me tuve que apoyar contra la pared para no perder el equilibrio, fue muy placentero y morboso.

Ella se incorporó y con la cara llena de semen me dijo entre risas que era un guarro, pero aún no se quitaba la leche de mi cara, me la mostraba y eso me encantaba. Le respondí, qué la que tenía la cara llena de leche era ella y tras darme un cariñoso manotazo en el hombro y llamarme imbécil, se limpió la cara.

-¡Que asco! ¿Te pone mucho?.- mientras limpiaba su cara.
-me pone que te dejes como si fueras una puta
-tu puta.- 
dijo sonriente y me besó

Decidimos ir a Aigua Blanca, nos habían hablado que era una playa en la que te podías dar baños de barro y queríamos probar, por eso fuimos allí. Bajamos una cuesta bastante empinada para llegar y al llegar a la arena, nos dimos cuenta, que mereció la pena. Tenía unas vistas maravillosas a la pequeña isla de Tagomago y un bonito aspecto de playa salvaje al estar ubicada entre acantilados.

Caminamos por su arena y mientras lo hacíamos, nos dimos cuenta que muchas de las personas que estaban en la playa, practicaban el nudismo, la mayoría parejas jóvenes.

-¿Has visto?- me dijo Ana mientras dejábamos las cosas en la arena para clavar nuestra sombrilla.- Hay mucha gente desnuda, ¿Sabías que era nudista?
-No, pero no es raro, en las calas suele haber mucha gente que lo practica.
-¿Quieres que lo hagamos?

No sería la primera vez que lo haríamos, recuerdo recién casados en Lanzarote, que un día la anime a quedarnos desnudos en una de sus playas, pero solo fue esa vez y excedente una mañana. Desde entonces, no habíamos vuelto a hacerlo salvo en la piscina de nuestra casa.

Una vez desnudos, Ana comenzó a echarse crema solar, al ver cómo se untaba las tetas con la crema, noté un ligero cosquilleo en mi entrepierna, haciendo que comenzará a hincharse.

-No sé si voy a ser capaz de estar sin bañador.- la dije mientras mi pene, despertaba quedándose en estado de media erección
-Anda echarme crema en la espalda, que aquí con el aire nos quemamos fijo.- me dijo sin darle importancia.

Pase mis manos con crema por toda su espalda, por su culo, por sus piernas, entonces una vez terminado mi trabajo, Ana se giró y comenzó a darme crema por el pecho y mientras lo hacía hablábamos de lo tranquila y bonita que era la playa.

-Te has recreado en el culo.- me dijo mientras me untaba en crema sonriendo pícaramente.
Bajo hasta el abdomen y cuando creía que me iba a tocar la polla.

-Anda girarte que te doy crema por la espalda.

Obediente, me gire y sentí sus manos llenar de crema mi espalda, está vez si me pasó las manos por el culo.

-No te aproveches.
-¿Qué pasa no puedo?

Entonces pasó su mano a la parte de delante, dando crema a mi miembro. La situación me resultó excitante, tenía su mano en mi entrepierna y sus pechos pegados a mi espalda. Sólo unos segundos pero suficiente para que se me pusiera dura del todo.
Cuando terminamos con la crema, nos tumbamos en la toalla, aunque no había mucha gente, no era plan de pasearme con la polla dura hasta el agua.

-¡Jope! Tiene que ser incómodo no me digas- exclamó Ana.

Cuando me fijé, era un chico de unos veinti muchos, casi treinta, caminaba de la mano de su chico, tenía una polla que le llegaba a mitad del muslo.

-Pues al novio se le ve muy feliz.-
-Eso, solo se pondrá duro ¿no?
-Imagino, porque como crezca más…

Ana con disimulo no quitaba la vista del miembro de aquel chico, que no paraba de moverse como el badajo de una campana mientras caminaba. Me llamó la atención que nunca, quitando cuando estábamos manteniendo relaciones sexuales, se mostraba muy interesada en alabar el tamaño de una polla grande. Siempre me había dicho que el tamaño no era muy importante para ella, siempre y cuando, estuviera dentro de unos mínimos. Según Ana, era una cuestión más de grosor que de longitud

Recuerdo que me contó que cuando lo dejamos, se follo a uno que tenía la polla de unos diez centímetros (según cálculo ella porque cuando cerraba los dedos alrededor de su miembro, no se le llegaba a ver el capullo) y aunque fue placentero, visualmente le pareció desmotivante y al agarrarla o al chupársela, me dijo como que sentía faltarle carne… por lo que echo en falta que fuera más gorda.

-¿Parece que te ha gustado mucho no?- la dije cuando los dos chicos habían pasado.
-Qué tonto eres.- me dijo entre risas.- ¿no me digas que a ti no te ha llamado la atención?
-¿te gustaría que yo la tuviera así?

Soltó una carcajada al oírme, agarró mi miembro sujetando también mis huevos y me dijo.

-a mí me encanta tu pollita.
-¿te parece pequeña?.- la verdad nunca me había parado a pensar que la tuviera pequeña, he estado en vestuarios con otros hombre y término medio.
-que tonto eres, sabes que tu polla me encanta, es perfecta.
-En serio dime la verdad…

Ella se lo tomaba a broma, reía divertida mientras me contestaba.

-como sois los tíos, ¿Qué más da?.- Ana no contestaba y eso dejaba clara su respuesta, pensaba que la tenía pequeña. Me fastidiaba que lo pensara, sobre todo por no haberlo dicho nunca.- ¿Por qué te preocupa?
-Curiosidad como nunca me lo habías dicho… pero vamos en la boca no te entra toda.
-que idiota eres, pues que sepas una cosa cuando no está dura, un poco pequeña sí que es.- se defendió de mi comentario.
-Cuando dices que la tengo gorda y que es un pollón… ¿No lo piensas?
-cuando se te pone dura, es que se te pone super gorda te crece mucho ¿Que medirá 20 cm o 19?
-Nooo.- De joven me la medí alguna vez así que más o menos sabía cuánto de larga la tenía.- 17 o 16 cm, pero tú ¿la prefieres gorda o larga?
-Yo quiero tu pollón.

La verdad no había parado nunca a pensar que tenía la polla pequeña en reposo, cuando me la comparó con otros hombres en la ducha más o menos estaría sobre la media, pero entiendo que es cosa de percepciones y en el fondo cuando estoy empalmado creo que mi polla está bastante bien y a Ana le gusta y eso me vale.

Comimos en la sombrilla unos sándwiches que habíamos comprado, después de eso, nos dimos un baño y nos echamos la siesta. Al despertarnos, nos fuimos a dar un paseo. Pero antes nos acercamos al acantilado, para untamos el cuerpo en barro. Con la ayuda del agua de una botella para mojar las paredes del acantilado, nos empezamos a dar por todo el cuerpo, dejando una pasta grisácea por nuestra piel. La sensación era muy agradable.
Fue divertido vernos llenos de barro y también bastante sensual; cuando con delicadeza, nos untamos el barro el uno al otro.

Lo hicimos despacio, pasábamos nuestras manos por el cuerpo del otro, intentando no dejar una parte de la piel sin barro, estábamos solos dándonos el barro, por lo que no tuvimos pudor en tocar nuestras partes íntimas para llenarlas de barro también, es verdad que a lo lejos, alguien nos podría ver, pero no nos importó, no fue algo expresamente sexual, no nos masturbamos, eran delicadas caricias, fugaces quizá pero bastante placenteras.

Sentir sus dedos rozar la piel de mi cara mientras yo hacía lo mismo en la suya, la ternura con la que Ana pasaba sus suaves manos por mi cuerpo, la forma en la que nos mirábamos, hizo que fuera una bonita e íntima experiencia, más espiritual que sexual.

Cuando nuestros cuerpos ya estaban llenos de barro, continuamos con el paseo agarrados de la mano, desnudos por la playa experimentando la paz y libertad que la desnudez nos proporcionaba.

El barro se quedó seco en nuestra piel mientras caminábamos por la orilla, entramos al mar para limpiarnos, inevitablemente volvimos a tocar nuestros cuerpos, teníamos muchas ganas de sentirnos el uno al otro. Terminamos abrazados, sintiendo nuestras respiraciones y el latido de nuestros corazones. A nuestro alrededor, había gente, lo que hizo que tuviéramos que reprimir nuestros deseos, el agua era completamente transparente y cualquier cosa que hubiéramos hecho, hubiera sido demasiado evidente.

Cuando salimos del agua, al lado de las toallas, estaba aquel chico de la enorme polla con su pareja, apenas unos metros alejados de nosotros. Pude ver cómo Ana, al pasar a su lado, no pudo evitar mirar aquella enorme polla. El chico se dio cuenta de que mi mujer le había mirado cosa que no pareció incomodar. No le dije nada a Ana, para que no se sintiera cohibida en mirarle si quería, ¿Acaso no miraba yo a otras mujeres?

Pronto empezó el sol a quedar tapado por los acantilados y las personas que había, se fueron marchando. Fue el momento en el que la pareja que estaba a nuestro lado empezó a ponerse cariñosa. Al verlo le hice una seña a Ana, que ya se había dado cuenta. El chico más joven, el que tenía el pollón enorme, tenía la cabeza apoyada sobre el estómago de su pareja que estaba recostada, sobre uno de sus brazos, mientras con la otra mano, acariciaba el pelo de su chico. El chico del pollón, con sus manos, recorría las piernas del otro, y con disimulo aprovechaba para tocarle el miembro, primero era simples pasadas pero, para nuestra sorpresa, se metió la polla de su novio en la boca, apenas un par de segundos en los que Ana y yo nos miramos sin creer lo que acabamos de ver.

Se besaron la boca, se sonrieron y volvió a metérsela en la boca, esta vez no fueron unos segundos, fue el tiempo necesario para ponérsela dura. Ana y yo no podíamos creer lo que veíamos, no estábamos ni a diez metros de ellos, pero pareció no importarles. Se acomodaron uno de espaldas al otro, tumbados de lado y pudimos ver cómo al de la gran polla, le estaba dando por el culo su novio. Casi no se movían, intentaban disimularlo, pero por mucho que lo disimular era evidente lo que hacían. Cuando terminaron, recogieron sus cosas y se marcharon. Al pasar a nuestro lado, nos sonrieron mientras nos decían adiós.

De vuelta al hotel, en el coche Ana y yo íbamos hablando y escuchando música y como no podía ser de otra manera, la conversación estrella fue sobre lo que acabamos de presenciar.

Cuando entramos a Pachá, las ganas de pasárnoslo bien se multiplicaron por diez, ver las luces que se encendían y apagaban al ritmo al que sonaba la música, la gente bailaba sin parar, hizo que nos sintiéramos como si tuviéramos veintipocos años otra vez, sin importar el dónde, el cuándo o el porqué.

Ana me sonrió, besó mis labios y dio un gritó divertido de alegría levantando el puño y comenzó a bailar mientras me llevaba de la mano caminando al centro de la pista, dejándose llevar por las sensaciones que le producía la música. Me miraba alegre, feliz y divertida mientras yo disfrutaba al verla feliz.

-¡Esto es la ostia!.- gritó entusiasmada a unos metros de mi.

Unos copas después, entre la gente, bailábamos pegados el uno al otro. El alcohol estaba haciendo mella en los dos y sentía como Ana sin preocuparse por que estuviéramos rodeados de gente, pegaba su culo a mi miembro duro desde hacía unos cuantos temas, de vez en cuando lo agarraba sin pudor cosa que yo tampoco tenía y sin miramiento alguno, pasaba mis manos por cada rincón de su cuerpo.

-Estoy borracha y cachonda- me dijo al oído para luego besar mi boca. Su lengua recorrió mis labios y como dos adolescentes, nos comíamos la boca en el centro de la zona de baile. Podía notar el calor de su entrepierna sobre mi muslo y como su mano entraba en mi pantalón manoseando mi polla a la vez que yo la apretaba del culo contra mi.

-¿Nos vamos?
-Mejor.- la respondí

Los dos estábamos muy excitados aquella noche. La tarde que habíamos pasado en la playa había sido bastante excitante y cuando llegamos a la habitación del hotel, no hicimos nada para apagar la excitación que habíamos acumulando durante todo el día.

Como habíamos bebido y no estábamos lejos de nuestro Hotel, decidimos ir dando un paseo. Durante el cuál, Ana se acordó de la pareja que habíamos visto en la playa.

-Tengo que decirte una cosa, pero me da un poco de vergüenza.- me dijo con una sonrisita nerviosa.
-¿Por qué?¿de qué te da vergüenza?
.Ana dudo, no sabía si decirlo o no, pero se noto que quería decirlo. Le digo que me lo cuente, pero no lo hace.
-Es que vas a pensar que soy una guarra…
-Ya lo pienso.- me río y ella me da un golpe en la cabeza.
-¡Oye!- se queja y no puedo parar de reir, le pido que me lo cuente y ahora sí, lo hace.
-Es que me ha puesto muy cachonda ver cómo follaban esos dos chicos…Me hubiera gustado ser uno de ellos.
Miro a Ana completamente sorprendido por la confesión que acaba de hacerme, no puedo creer que me esté diciendo lo que acabo de oír. ¿Qué quiere que la folle otro tío? Debe notar algo extraño en mi cara, porque antes de que yo pueda decir nada ella se adelanta y me dice.
-¿Qué piensas? no es lo que crees
-Hombre…-dudo, no sé qué decir, me acaba de decir que quiere que se la folle otro tío y me ha caído como un jarro de agua fría poco a poco empiezan a salirme las palabras
-Es por Bassâm ¿Verdad? O es que quieres que te folle un tío con la polla enorme como el marica de la playa.- no puedo evitar enfadarme en cuestión de segundo, ¿Que pensaba Ana cuando me lo decía?¿Que le iba a decir que venga que se follara a otro? De repente comienza a reír, está borracha y me descoloca aún más, me encabrona que la haga tanta gracia, entonces me dice.
-Pero tú eres tonto, ¡a ver! ¿Quién te ha dicho que quiero que me folle otro tío?
-Tu, lo acaba de hacer.
-¡No!- vuelve a reír a carcajadas- me hubiera gustado ser uno de ellos y que tú fueras el otro…

Me empuja ayudándose de su cuerpo contra la pared, me agarra la polla y me besa, me mete la mano en el pantalón, la mueve arriba y abajo y miembro rápidamente se pone duro. Muerde mi labio, nos miramos y me dice.

-¡Idiota! Lo que Me gustaría, es tener polla para darte yo a ti por el culo…- Me besa y se arrodilla sin darme tiempo a reaccionar.

Me quedé perplejo por la confesión, no supe qué decir porque sin asimilar lo que mi mujer acababa de decir, me estaba comiéndome la polla… ¿Realmente es eso lo que quiere?

Nos interrumpen, alguien se acerca. Ana se queda arrodillada mientras dos chicas pasan delante nuestra y al vernos se ríen nos han pillado, Ana se reincorpora y continuamos nuestro camino.

Con la pillada, la borrachera que llevamos y lo cachondos que estamos, la confesión de mi mujer ha pasado a segundo plano, en estos momentos no soy capaz de preguntarle y ella creo que no se atreve a volver a sacar el tema.

En la habitación del hotel, no tardamos en desnudarnos. Podría ver millones de veces desnuda a Ana que me seguiría poniendo cachondo.
Beso sus tetas, su cuello, agarró su culo fuerte con mis manos, la aprieto contra mi y siento sus tetas aplastarse contra mi pecho mientras Ana masajea mis huevos, mi miembro choca en su estómago.

Está muy cachonda, lo noto en mis dedos que se humedecen cuando los paso por su coño empapado. Se arrodilló y se tragó mi polla mientras yo agarro su cabeza y marcó el ritmo con el que mete y saca de su boca mi miembro.

Recuerdo cuando esta tarde ha calificado mi miembro como una pollita, «se va a enterar» pienso.

-Metetela toda.- la ordeno, pero no puede aunque lo intenta y como no puede metersela más, sujeto su cabeza para que no se la saqué y le digo.- ¿No decías que tenía una pollita?

Aprieto su cabeza con mi mano obligándola a meterse un poco más mi polla, pero no puede, ella se sujeta mis muslos e intenta que no hunda más mi polla en su boca aunque sin fortuna. Le da una fuerte arcada lo que hace que deje mi miembro lleno de babas, así que dejo que vuelva a recuperar el aire.

-venga puta cometela toda, ¿No decías que era pequeña?.- la reprocho

-No puedo…- pone voz de niña- esta muy grande.- responde mientras intenta recuperar el aliento.

Vuelvo a agarrarla de la cabeza y comienzo a follarme su boca con fuerza, escucho la fricción que se produce mientras la meto y la saco hasta que una nueva arcada hace que pare.
Me mira desde abajo, tiene los ojos medio llorosos y me sonríe, está muy cachonda, pero ya ha tenido suficiente.
Sujeto su cabeza agarrándola del pelo y la separó de mí, porque Ana, quería comerme la polla otra vez, ver cómo saca la lengua para intentar lamela me excita.

-¿Te gusta verdad?

Me sonríe viciosa, relamiéndose los labios.

La pongo a cuatro patas sobre la cama, veo desde atrás, su culo que me lo ofrece y su precioso coño. Mueve su culo pidiendo guerra. Acaricio sus nalgas ¡Zas! Le propino un fuerte azote, grita al oírlo e instintivamente aleja su culo pero lo vuelve a acercar. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!
La doy una y otra vez, se deja sabe porque lo hago, sabe que no se ha portado bien metiéndose con el tamaño de mi polla y tiene que ser castigada, cada azote la pone mas cachonda, lo veo en su coño, brilla de lo húmedo que está. Cuando su culo ya está rojo, es suficiente. Los beso y mientras lo hago me sujeta de la cabeza y me la lleva a su rajita, se la chupo, paso mi lengua de arriba a abajo, ella se estremece, no para de gemir, jugueteo con psu ano y es determinante para que llegue a su primer orgasmo, sus piernas tiemblan involuntariamente.

Cuando se relaja, se gira tumbandose boca arriba, está preciosa, intentando recuperarse, sudada y despeluchada. Separa sus piernas para que me acomode entre ellas. Lo hago y paso mi miembro por sus labios y su clítoris, sin meterla, el roce de mi capullo con su cuerpo es muy placentero, quiero metersela pero me aguanto, sé que ella también tiene ganas, pero quiero que lo pida como una perrita viciosa. La conozco muy bien, sabía que iba a pasar, agarra mi polla e intenta metérsela.

-No te la has ganado.
-Siii, metemela un poquito.- súplica deseosa poniendo cara de niña buena.

Pero no lo hago, muerdo con cuidado sus pezones

-mmmm ¡Ahh!- responde al sentir mis dientes

Se retuerce en la cama, se sujeta a las sábanas, muerde la almohada.

-Tenía grande el rabo aquel tío ¿Verdad?- la digo al oído mientras con mis dedos juego con su clítoris.
-Joder…-me mira, se muerde los labios- vaya polla…
-Qué puta eres…- le digo mientras le meto la polla todo lo profundo que puedo.
-Siiiii…¡Mmm!.

Ana está muy cachonda, me agarra del culo apretándose contra ella para sentirme bien dentro sin dejar de mover sus caderas…

-Me voy a correr.- la aviso.
-Aguanta, aguanta cabrón.- me pide a gritos

Se mueve más rápido, intenté aguantar pero casi no pude, me costó pero por suerte ella no tardo en venirse conmigo…

-Me corro, me corro…Diossss!!!-

Al oír que me decía que se corría, explote dentro de ella en un gran orgasmo

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