KERANOS

-Javi, ¿estás bien? Te noto rarillo…
-Nada, estoy cansado. Me he desvelado cuando me has llamado y no he vuelto a dormir desde entonces. Además, anoche me acosté bastante tarde.
-Perdona, es que yo estoy acostumbrada a estudiar temprano y he vuelto a coger ese horario.
-No pasa nada, mi vida.
-Pues ve a descansar, que mañana tienes tarea, ¿no?
-Sí, ya se me había olvidado. Que coñazo…
-Bueno, yo mañana te espero aquí. Te voy a preparar un plato que verás.
-Uff, que ganas.
-Y de postre…
-Mmm…
-Jajajaja, aunque habrá que dejar algo para la noche, ¿no?
-Claro, claro.
-Bueno, pues venga, a descansar. Mañana nos vemos, te quiero.
-Y yo a ti, Elena.

Después de hablar con ella me fui directamente a la cama, haciéndole caso, aunque no estuviera realmente cansado, pero si era verdad que al siguiente día me esperaba un palizón.

Al día siguiente tocó madrugón, yendo a donde vivía mi tío para empezar la mudanza, notando rápidamente mi baja forma al cansarme a las pocas horas de estar moviendo varias cajas y muebles para cambiarlos de casa. Avisé con tiempo diciendo que me iría antes de la hora de comer para volver luego temprano por la tarde para seguir. Las horas se me hicieron muy largas hasta que al fin pude irme de allí, yendo a mi casa antes para darme una ducha rápida para después ir a casa de Elena. Llegué justo a la hora de comer, pensando por el camino en que no podía dejar que se me notara mi «bajón» del día anterior, el cual aún me duraba. Llamé a la puerta una vez llegué y pude oír como alguien iba corriendo hacia la puerta, abriéndola de golpe y echándose encima mía. Evidentemente era Elena, quien no paraba de darme besos por toda la cara para luego plantarme un morreo.

-Elena, que se te van a quitar las ganas de comer.
-Jajajaja, anda pasa.

Pasé y la esperé nada más entrar porque era la primera vez que estaba en ese lugar, su nueva casa y no tenía ni idea hacia dónde ir. Nada más entrar sí que noté que era una casa bastante más grande y que era antigua. Elena me cogió de la mano y me llevó hacia el comedor, pudiendo notar un olor muy rico conforme nos acercábamos. Lo que me encontré nada más entrar al comedor era lo que menos necesitaba en ese momento. No me importaba que María estuviera ahí, pero sí que me molestaba la presencia de Noelia, quien no me dio tiempo ni a saludar, soltando ya la primera.

N: Vamos niño, que te estábamos esperando y se enfría la comida… (dijo con tono para pinchar mientras se reía)
E: Noelia, ¿en qué hemos quedado?
N: Joder, a ver si no voy a poder hablar.
M: Venga, Noelia, hazle caso a tu hermana, anda…
J: Bueno, ni saludar puedo.
N: Sí puedes, no vayas de víctima tampoco, que no he dicho nada…
E: Noelia, tengamos la fiesta en paz, ¿vale?
J: Déjala, si es lo que quiere, dar la nota.

Entonces Noelia iba a decir algo, notándose que estaba ya exaltada, pero María le echó una mirada y se calló, bajando la mirada a la mesa. Me senté en la mesa y Elena se puso a mi lado, mirándome un poco con cara de circunstancia, devolviendo yo una de no estar a gusto. Durante la comida, María sacaba temas de conversación de manera amable, con Elena respondiendo y conversando con ella mientras Noelia y yo nos manteníamos en silencio, sin apenas levantar la mirada del plato. Ambas mantenían una conversación fluida hasta que de repente Noelia volvió a saltar con una de las suyas.

N: Elena, ¿te puedo hacer una pregunta?

En cuanto la oí hablar mis ojos se levantaron del plato hacia ella, clavando mis ojos de manera inquisidora.

E: Mmm, claro.
N: Es que no logro hacer una cosa y me gustaría que me dijeras tu experiencia para ver si me puedes ayudar.

Yo ya me estaba oliendo lo que podía ser, aunque no me terminaba de creer que tuviera el valor para soltarlo ahí y rezaba porque no lo hiciera. Miré a María, quien estaba con cara de estar extrañada y de reojo a Elena, quien estaba normal, sin esperarse lo que iba a preguntar.

N: Verás, es que creo que no lo hago bien y vi como viniste el domingo y te quería preguntar que qué te hace Javi para que hagas eso de soltar los chorros cuando ya sabes…

Se hizo un silencio muy incómodo, con Elena mirándola con cara de no dar crédito a su pregunta y María cerrando sus ojos. Noelia miraba fijamente a Elena, esperando su respuesta. Yo me limité a poner mi mano izquierda en mi cara, tapándola mientras negaba con la cabeza. El silencio se prolongó, siendo solo roto por el sonido de los cubiertos al ser dejados caer sobre los platos. Esta vez fui yo el que fue el primero en hablar, con dejadez y desgana, muy cansado ya de aguantar situaciones como esa.

J: María, ¿qué has visto en esta chica?

El silencio se volvió a apoderar de la situación, sin llegar a hablar nadie más. Simplemente a los pocos segundos de mis palabras, María se levantó y se fue de allí, sin decir nada, siguiéndola Noelia. Elena y yo seguimos en silencio mientras oíamos como ambas se alejaban subiendo por la calle mientras parecían ir discutiendo. Terminamos de comer, recogiendo entre los dos la mesa y dejándolo todo en la cocina, tirando ella de mi mano para que me sentara a su lado en el sofá.

-Lo siento.
-No es tu culpa, es tu hermana que, en fin…
-Es que se han acoplado, bueno, mi hermana, porque la otra chica es un amor.
-¿Esta noche va a estar aquí?
-No lo sé, ¿por?
-Porque sinceramente, se me quitan las ganas de venir. No estoy de humor para aguantar sus tonterías estando cansado y demás.
-No, no, no. Esta noche duermes conmigo, Javi, por favor…
-Que sí, Elena, no te preocupes. Pero es que como tu hermana siga así va a haber un momento en el que me toque los huevos de más y me pille de malas y no quiero soltarle un guantazo como el de aquella vez…
-Yo es que ya no sé qué hacer. Antes de que vinieras me ha dicho que se quedaba a comer y le he dicho no diera por saco, pero es que ahora me sale con esto…
-Yo tampoco sé qué hacer ya…

Nos quedamos un rato en el sofá abrazados sin rastro de Noelia ni María, con una Elena muy cariñosa, intentando meterme mano por debajo de la camiseta, pero yo no dejaba que fuera a más porque en breve me tenía que ir y si seguía no podría resistirme, con ella poniéndome ojitos.

-Elena, me tengo que ir ya mismo. Esta noche hacemos lo que quieras.
-Pfff… Es que me apetece un montón…
-Venga, esta noche, ahora no, que me tengo que ir ya. (dije levantándome)
-Que malo eres dejándome así…
-Y tú provocándome cuando me tengo que ir… jajajaja.

Nos despedimos con un buen beso, quedando en que regresaría sobre las 9 para cenar juntos y luego pasar la noche. Fingí bastante bien hasta que me monté en el coche porque estaba realmente molesto y enfadado. Aún estaba sorprendido por oír a Noelia soltar eso de esa manera, delante de su ¿chica? Evidentemente lo que buscaba era picarme, intentándolo nada más entrar por la puerta. A saber qué hubiera dicho si María no la hubiera parado con la mirada que le echó. Volví a la tarea, con un humor de perros, sin dar conversación ni nada hasta que me fui, con mi tío dándome las gracias y diciéndome que no hacía falta que fuera al siguiente día, que con lo que había hecho había ayudado bastante y que no le parecía justo tenerme ahí todo el fin de semana. De nuevo, fui a mi casa para ducharme después de la sudada que tenía, preparándome para volver a casa de Elena para decirle que podríamos estar tranquilos sin que el siguiente día me tuviera que ir temprano. Por el camino empecé a pensar que no era tan buena idea decírselo y quedarme hasta que faltara poco para que volviera su madre, porque no sabía si Noelia estaría ahí, dispuesta a dar por culo como siempre lo había hecho. Llegué, llamando a la puerta. Me abrió Elena, con una reacción bastante diferente a la que había tenido pocas horas antes. No fue tan efusiva, pero sí cariñosa, haciéndome pasar al salón, encontrándome a Noelia nada más entrar, sentada en un sofá. Mi reacción fue suspirar con desdén, pero Elena puso su mano en mi espalda para hacerme pasar y sentarme.

E: Está aquí por mí.

J: ¿Y eso?
E: Porque esto está yendo demasiado lejos y creo que es necesario hablarlo.
J: Como quieras.
N: Yo creo que no hay nada que hablar.
E: Tú te callas y hablarás cuando te pregunte.
J: Que sea rápido, por favor. Estoy cansado y esto es lo último de lo que tengo ganas ahora mismo.
E: Vale, pues ¿qué pasa, Noelia?
N: Nada.
E: No me lo parece. Es que no me parece normal tu comportamiento desde que Javi y yo nos vemos.
N: Yo siempre he sido así.
E: Pero no tanto como últimamente. ¿A qué vienen esas preguntas, las pilladas, los desplantes, las borderías…?
N: Ni idea de qué me hablas…
E: ¿Seguro que no pasa nada?
N: Pero, ¿qué crees que pasa?
E: No lo sé, te lo estoy preguntando.
N: Pues ni idea a qué te refieres, estás rarísima. ¿Estáis bien, o pasa algo para que estéis tan a la defensiva?
E: No, todo está bien, pero es que son muchas cosas por tu parte, Noelia. ¿A qué ha venido esa pregunta cuando estábamos comiendo? ¿Y cómo sabes que yo hago eso?
N: Te lo he preguntado porque necesitaba ayuda porque María puede hacer eso y no he podido provocárselo, para ver si me podías decir qué tengo que hacer.
E: ¿Y cómo lo sabías?
N: Pues porque una vez os vi de refilón.
E: Bueno, Noelia, tienes que entender que esas preguntas no se le pueden hacer a tu hermana. Eso es algo muy íntimo y me da mucho corte hablar de algo así contigo, la verdad.
N: Pues con tus amigas no te da corte, que alguna vez te he oído como les cuentas cosas con detalle…
E: Pero no es lo mismo. (dijo algo nerviosa)
N: Luego me echas en cara que no te diga que estoy intentando algo con una chica, cuando tú eres igual…
E: No, Noelia…
N: No, ¿qué? Es eso, te doy igual y no le puedes ayudar a tu hermana en algo tan simple como eso y luego quieres que te cuente todo. Pues no me parece justo.
E: Noelia, yo…
N: Tranquila, si no me pilla de nuevas, no es la primera vez que lo haces…

Elena agachó la cabeza con expresión triste.

J: Elena, espabila. Te está llevando por donde quiere para escaquearse.
N: ¿Escaquearme de qué? (dijo con una mirada desafiante)

Elena se quedó callada, aún tocada por el último comentario de Noelia.

N: Estáis flipando, la verdad. ¿Te piensas que me gusta o algo? Elena, hija, no todas nos conformamos con el primero que se nos presenta como tú.
J: Noelia, no te cueles, que te meto un guantazo como el de la otra vez. Te aseguro que no me tiembla el pulso. Pídele perdón a tu hermana.

Entonces Noelia se levantó para irse, pero yo fui más rápido y la agarré de la muñeca, tirando de ella.
Se quedó frente a mí, mirándome fijamente con la respiración acelerada.

J: Venga, pídele perdón.

Noelia se sentó al lado de Elena, cogiendo sus manos.

N: Venga Elena, perdona. No te quería decir eso. Es que no entiendo por qué me has hecho esta encerrona y no me ha hecho gracia. Que ya sé que te preocupas por mí y me quieres, venga, levanta esa cara.
E: Eres muy borde.
N: Sí, ya lo sé, pero venga, no te pongas como tú te pones, ¿eh?
E: Que nooooo, anda, tira.
N: Y perdona tú también, Javi. (dijo mirándome sonriendo)

Me quedé en silencio, sin cambiar el gesto ni nada. A mí ya no me engañaba con esa sonrisa tan falsa como las palabras que le había dicho a su hermana, simulando preocuparse por ella y que le importaba cuando haría lo que fuera por llevarme a la cama importándole una mierda en realidad lo que sintiera Elena.

N: Oye, una cosa. ¿Os importa que María pase la noche aquí conmigo?
E: Vale, pero no hagáis mucho ruido.
N: Vale, jeje.

Entonces Noelia se fue, bastante contenta y alegre, dejándonos a Elena y a mí allí en silencio. Una vez más se había salido con la suya, siendo supuestamente una encerrona para ella que acabó siendo algo malo para Elena, quien sí que estaba un poco triste. Yo ya estaba más que acostumbrado a eso, pero al menos conseguí que Noelia le pidiera perdón para que no se sintiera tan mal, aunque yo sabía de sobra que todas esas palabras eran mentira o al menos no veía yo por ningún lado que se preocupara así por su hermana.

-Siento la encerrona, Javi.
-No pasa nada.
-Es que ya la situación me estaba empezando a molestar de verdad y no sabía qué hacer, pero no hay nada.
-Ya.
-Joder, para unos días que podemos estar así y mira lo que pasa.

No dije nada más y la empecé a besar, cogiendo su cara con suavidad.

-Que me conformo con el primero que se me cruza dice… Si no he podido tener más suerte contigo…
-Shhh… No digas nada más. Olvídate de tu hermana.

Entonces Elena se tiró a mí, pero la frené.

-¿Qué pasa?
-Estoy reventado, tengo ganas de dormir solo.
-Javiiii… Tenemos que estrenar la casa…
-Si es que no se me va a levantar ni siquiera…
-¿Qué no? Ahora verás…

Entonces Elena se puso de rodillas, abriendo la bragueta de mis vaqueros para bajar también los boxers y sacarme la polla, que estaba flácida. Tenía cero ganas de hacer nada debido a mi bajo estado de ánimo por lo de Ángela y lo de Noelia, sumando el cansancio, pero Elena sabía como excitarme, cogiendo la polla y metiéndosela directamente en la boca mientras con una mano me acariciaba los huevos y con la otra el pecho, metiendo su mano por dentro de mi camiseta. En cuestión de segundos mi erección fue a más, poniéndose totalmente dura. Entonces Elena empezó una mamada a buen ritmo, con mucha baba mientras gemía de placer como si fuera ella la que estuviera recibiendo el sexo oral. A pesar de lo bien que lo hacía, de que ya llevaba un buen rato y de que llevábamos casi una semana sin hacer nada, tardé bastante en correrme, siendo ella la que tomó la iniciativa, esmerándose mucho, acelerando la mamada bastante mientras se la metía casi entera en la boca. Era increíble ver como se podía meter así de fácil mi polla. Acabó chupado muy rápidamente hasta menos de la mitad mientras me pajeaba el resto con la mano de manera muy rápida también, resbalando su mano mucho por la cantidad de babas que había. Finalmente me corrí jadeando fuertemente mientras Elena gemía, satisfecha de conseguir que me corriera. Una vez acabé de correrme, ella siguió chupando un poco, moviendo ligeramente su mano a lo largo de mi polla. Después la soltó, perdiendo la erección mientras ella me miraba a los ojos, tragándoselo para después sonreír girando la cabeza mientras guiñaba un ojo.

-¿Has visto?
-Qué manera de chupar…
-Estabas cargadito…
-Claro, una semana casi sin…
-¿Ni una paja?
-Pues no. Me he acostumbrado a meterla en tu chochito y solo quiero eso ya.
-Pues yo sí he practicado… jijiji.
-¡Anda! Que calladito te lo tenías…
-Tengo que estar a la altura, jajajaja.
-Lo estás de sobra.
-Bueno, pero te quiero dar más.

Después de estar un rato sentados en el sofá, fuimos a prepararnos algo para cenar, cenando tranquilamente mientras veíamos la tele y charlábamos. Mientras aún nos quedaba por acabar aparecieron Noelia y María, uniéndose a nosotros en la cena. Entre ellas empezaron a hablar, pero yo estaba que no podía ni con mi alma, se me entornaban los ojos y no podía ni acabar de cenar.

M: Javi, ¿qué te pasa?
J: Estoy reventado.
E: Antes de que digáis nada, yo no tengo que ver, jajajaja.

Las tres se echaron a reír, sin que Noelia dijera nada para mi sorpresa, animándome a mí también, haciéndome sonreír.

N: Anda, iros a dormir y nosotras ahora recogemos esto.
E: Gracias. (dijo sonriendo)

Elena se levantó rápidamente y fue hacia mí para cogerme de la mano y llevarme a su habitación. Me sentó en su cama, mientras ella se cambiaba, poniéndose una camiseta ancha y unos shorts para dormir. Me fijé en que tenía la habitación prácticamente igual que en la otra casa, solo que esta era más grande, fijándome en su pizarrita, puesta en la puerta de la misma manera que la tenía antes de mudarse.

-Venga, ¿a qué esperas? Quítate la ropa y vamos a dormir.

Me levanté para quitarme la ropa y dejarla sobre la silla de su escritorio para encontrármela sentada con su espalda apoyada en el cabecero, esperando a que me tumbara con ella mientras sonreía ampliamente. Me tumbé a su lado, poniendo ella mi cabeza en su pecho, abrazándome. Empezó a acariciarme la cara y el pelo, por lo que aguanté segundos hasta que caí dormido.

Me desperté porque me estaba meando vivo, viendo que no habían pasado ni dos horas desde que me dormí, por lo que fui a aliviar mi vejiga, pero también fui a por agua porque estaba seco, viendo que había luz en el salón, por lo que me asomé un poco. Noelia y María se estaban comiendo la boca con mucha ansia, con gemidos de estar muy cachondas, hablando en susurros.

-¿Te animas hoy a…?
-María no me presiones, por favor. Ya sabes que todavía no estoy preparada.
-Vale, tranquila. Cuando tú quieras, cariño.
-Pero sí que quiero que te corras como tú haces…
-Uff… Yo también quiero, pero es que están ahí al lado tu hermana y Javi y nos van a oír.
-Tengo muchas ganas de hacer que te corras así y quiero que me enseñes a hacerlo, ya te lo he dicho esta tarde.
-Vale, pero ya sabes que grito…
-Pues te tapo la boca con la mano, o con mi boca, jeje.
-Uff… Como me tienes…
-Levántate la camiseta, que te quiero comer las tetas.
-¿Sí? (dijo con emoción)
-Sí, las tienes muy bonitas y seguro que están riquísimas.

Entonces Noelia le subió la camiseta a María, subiéndole después el sujetador, dejándome ver sus tetas bien, aunque la habitación solo estaba iluminada por una tenue luz de una lámpara y la televisión. Eran realmente bonitas, redondas, de un buen tamaño, aunque sin llegar a ser grandes, bien puestas, con unos pezones gorditos con grandes aureolas, de color carne, un poco oscuros. Noelia se los empezó a chupar de manera salvaje, pasando de uno a otro. Con toda esa situación, al verle las tetas a María y ver como Noelia se las comía, para cuando miré hacia abajo tenía una erección que casi me dolía, notando también como se aceleraba mi pulso.

-Venga, vamos a mi habitación.
-Espera, cómemelas un poco más, lo estás haciendo muy bien.
-Te las como allí, que quiero también que me comas el coño como tú sabes y luego voy a hacer que te corras a chorros.

Rápidamente me fui de allí, pensando en volver al baño, pero descartándolo rápidamente al pensar que tal vez alguna entrara y me pusiera ver en calzoncillos y con la polla como una piedra de dura. Volví a la habitación de Elena, quien estaba durmiendo boca abajo y me tumbé con cuidado para no despertarla. A los pocos segundos oí como ambas entraban en la habitación de Noelia, que estaba al lado de la de Elena. Podía oír algún ruido, pero nada claro. Aun así, la erección no se me bajaba porque me imaginaba lo que estaba ocurriendo y no me podía quitar las tetas de María de la cabeza. De pronto oí unos gemidos bajitos, acabando en uno más grande, reconociendo que era Noelia. A los pocos minutos oí de nuevo gemidos, pero eran diferentes, por lo que supuse que eran de María. No parecía que fuera para tanto hasta que a los pocos minutos aumentaron, acabando en un grito largo, que hizo que Elena se moviera un poco, aunque sin llegar a despertarse. Después de ese grito oí ruidos, con alguien saliendo para ir al cuarto de baño. Ya me empecé a relajar y se me bajó la erección, volviendo a dormirme rápidamente debido al cansancio que aún arrastraba.

Al día siguiente me desperté con Elena zarandeándome ligeramente, aunque estaba muy cariñosa.

-Javi, ¿a qué hora te tienes que ir? (dijo mientras me daba besos por toda la cara)
-¿Qué hora es?
-Las 8.
-¿Y cuando viene tu madre?
-Después de comer creo.
-Pues aún me quedan unas 6 horas.
-¿Cómo?
-Pues que no tengo que irme.
-¡Ay! (dijo subiéndose encima mía para seguir dándome besos)
-¿De dónde sacas tanta energía recién despierta?
-De tenerte a mi lado.
-Ah… Tú eres quien me la roba entonces, ¿no? jajajaja.
-Jajaja, que tonto eres, de verdad. (dijo empezando a besarme el cuello)
-Elena… Vamos a dormir un poco más, va…
-Ayer me quedé con las ganas. Además, ésta también tiene ganas. (dijo frotándose contra mi polla, dura por la erección matutina)
-Tengo sueño aún…

Pero ya era demasiado tarde, Elena empezó a ronronear, emitiendo ese sonido desde su garganta.

-Joder, sí que estás caliente…
-Mucho… (dijo de manera sensual, susurrando)

Me empezó a comer la boca de manera salvaje, bajando sus manos por mi cuerpo hasta llegar a mis boxers, agarrando mi polla y empezando a moverla rápidamente. Casi inmediatamente se separó de mí para incorporarse y quitarse la camiseta rápidamente, inclinándose de nuevo para encender la luz de la mesita.

-Así, quiero que me veas como te follo.
-Uff…

Una vez se incorporó de nuevo pude ver como de duros tenía los pezones y como me miraba. Estaba realmente excitada y así lo demostraba frotándose contra mi polla mientras seguía ronroneando, mordiéndose el labio, clavando su mirada en mis ojos.

-¿Me vas a reventar?
-Sí.

Se quitó los shorts y luego las braguitas, tirando después de mis boxers. Una vez nos quedamos sin ropa ella se mojó los dedos con saliva para llevarlos a su coño, lubricándolo y luego repitió el gesto, pero con mi polla, escupiendo también sobre ella para que estuviera bien lubricada. Se puso sobre ella y se la metió de golpe, dejando caer su peso sobre mí. Lanzó un gemido que rápidamente tapó con su mano para que no nos oyeran, pero sí que se pudo oír algo. Esperó unos segundos con mi polla dentro de ella por completo para que su coño se dilatara un poco. Noté como hacía fuerza, estrujando un poco hasta que se empezó a mover ligeramente, parando enseguida, suspirando.

-Cabrón… Que polla tienes…

Me quedé en silencio, viendo como ella cerraba sus ojos y respiraba hondo para empezar a moverse de nuevo, lentamente, notando como se iba acostumbrando. Poco a poco fue cogiendo ritmo, haciendo una buena cabalgada, rápida. Ambos estábamos entre jadeos y de repente ella volvió a parar, levantándose de golpe, moviendo su cuerpo y haciendo sonidos como si se fuera a correr mientras caminaba hasta un mueble que había en su habitación. Cogió la mordaza y vino hacia a mí.

-Me la voy a poner porque estoy muy perra y voy a gritar. Esto debería parar los gritos.

Se volvió a montar encima de mí y empezó a moverse rápidamente, apoyando sus manos en mi estómago, haciéndolo cada vez más rápido mientras ambos jadeábamos. Al cabo de unos minutos fue bajando el ritmo para acomodarse, poniendo sus manos en mis hombros y empezando a botar muy rápidamente, oyéndose unos «plas, plas » de manera alta. Siguió así durante un rato mientras veía como apretaba muchos sus ojos y mordía la mordaza con fuerza. Entre la tremenda follada que me estaba pegando y verla así, no pude evitar correrme entre altos jadeos, levantando mis caderas hacia arriba, provocando así su orgasmo casi a la vez, gimiendo bajo mientras le daban fuertes espasmos y caía derrumbada encima mía. Después de unos minutos con varios espasmos y una respiración muy acelerada, se empezó a relajar, quitándole yo la mordaza para que respirara tranquilamente, gimiendo ella en forma de murmuros mientras se recuperaba.

-Pues sí que me has reventado… (dije dándole un cachete en el culo)

Ella dio un respingo, transformándose en un espasmo mientras seguía gimiendo. Cuando se tranquilizó me dio un beso, casi habiéndome quedado dormido en la espera. Se levantó y fue rápidamente al baño, tapándose para que no se le cayera mi corrida, pero volvió enseguida.

-¿Qué pasa?
-Joder, que estaba la amiga de mi hermana ahí y me ha visto así.
-No pasa nada.
-Qué vergüenza…
-Pero si nos han visto…
-Ya, pero joder…
-Espera, que me visto y te aviso.
-No, no. Me limpio con papel y me visto.

Después de limpiarse y vestirse con el pijama, se fue, volviendo al poco para acostarse conmigo.

-¿Sigues teniendo sueño?
-Sí.
-Pues venga, duerme un poco más.

Se incorporó un poco y puso mi cabeza en su pecho, como cuando me dormí por la noche, cayendo enseguida de nuevo al abrazarla, aspirando su olor mientras ella me daba besos en la cabeza. Oí algo de ruido y me desperté, estando exactamente igual que cuando me quedé dormido para al poco oír como llamaban a la puerta. Se trataba de Noelia.

-¿Estáis visibles?
-Sí. (dijo Elena con una voz muy dulce mientras me acariciaba la cabeza)

Entonces oí como Noelia entraba y se sentaba en el filo de la cama, haciéndome yo el dormido.

-Shhh, está dormido. ¿Qué pasa?
-Nada, que anoche pude hacer que María hiciera eso que te dije mientras comíamos.
-¿Sí?
-Sí. Qué pasada…
-Entonces va bien la cosa por lo que veo.
-Sí, bueno…
-¿Pasa algo?
-Nada, es que aún no me atrevo a hacer algunas cosas.
-Bueno, pues poco a poco, no tengas prisa.
-Ya, ayer le comí las tetas por primera vez y me gustó, pero es que lo otro ya…
-Bueno, no hace falta que me cuentes tanto.
-También hay otra cosa.
-¿El qué?
-Pues que yo la quiero un montón, pero es que no tiene nada que ver con como os queréis Javi y tú. Es que se nota mucho y nada más veros se puede apreciar.
-Noelia, quieres ir muy rápido. Relájate y déjate llevar. Ya surgirá todo cuando tenga que surgir. Así empecé yo con Javi. Ya sabes que nos veíamos y me dejé llevar y surgió todo.
-Será eso.
-Tú no te agobies, deja que pase un poco el tiempo, ya verás como lo ves más claro.
-Vale. Gracias.
-De nada, Noelia. ¿Ves como sí que me preocupo por ti?
-Sí, sí. Si eso lo dije por el momento, estaba molesta y lo dije en caliente. Claro que lo sé. Y quiero que sepas que yo también me preocupo por ti y que no pasa nada, de verdad. Solo que tenía un poquito de envidia de veros así y quería algo parecido para mí, pero parece que ahora lo voy a tener.
-Pero cuando dices que querías algo así, ¿te refieres a él?
-Que nooooo, quería algo parecido, pero no a él. Quitártelo de la cabeza, Elena.
-Vale, vale.

Después Noelia se fue, dejándonos a Elena y a mí solos. Elena se levantó con cuidado para sentarse en su escritorio para aprovechar el tiempo y seguir con lo suyo mientras yo la miraba sin que ella me pudiera ver a mí, ya que estaba de espaldas a la cama. Me quedé un rato pensando en lo que acaba de pasar. Elena me daba mucha pena siendo engañada de esa manera por su hermana. A los pocos minutos me levanté de la cama, yendo hacia ella, quien estaba con sus cascos mientras miraba el ordenador. Le quité los cascos y le abracé por detrás, dándole un beso en la cabeza.

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