ISA HDEZ


Cada noche sobre la misma hora, al decaer la tarde, se repetía el eco durante un tiempo, casi hasta la media noche, era una voz sutil que llamaba a Carla. Resonaba en mis oídos como una caracola. La primera vez sentí temor y un temblor en el cuerpo que me perturbaba y, mis piernas inseguras recorrían la casa y encendía todas las luces. A veces, hasta abría la puerta de la calle y miraba una y otra vez, como si supiera que eras tú que me querías gastar una broma, y hasta me sentía triste al ver que no estabas. De sobra sabía que no ibas a estar, hacía tiempo que te habías marchado, pero como si quisiera que tu marcha fuera irreal, o que pudieras regresar, porque sé que partiste con pena de dejarme sola, desprotegida y triste, eso decías antes de irte, y por eso albergaba no sé qué sentimiento esperanzador. Bien sé que es producto de mi imaginación, de que tu viaje era largo, lejano y sin regreso, y, que las voces nocturnas me las invento, o eso creo, y es mi pensamiento quien las emite en voz alta para que pueda oírlas. Carla, Carla, Carla, retumba por los rincones, los recovecos de la escalera y por toda la estancia. Entro en las habitaciones y miro detrás de las puertas y me asomo por las ventanas una y otra vez como si te quisiera encontrar. A veces noto las sombras deambulando o bailando a mi alrededor y hasta me muevo inconsciente al unísono de la danza de mi mente. Al despertar, con los ojos muy abiertos, me invade la duda y, en mi abstracción me quedo absorta como si creyera que lo hubiera soñado.
© Isa Hdez.

Un comentario sobre “Las voces de la noche

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