KERANOS

De camino a casa me empecé a sentar mal, no solo porque le estuviera ocultando lo de Noelia a Elena, sino porque también ella veía a su hermana de una manera que poco tenía que ver con como era ella realmente. Ella estaba dispuesta a hacer lo que fuera por llevarme a la cama, no le importaba hacerle eso a su hermana como ya me había dicho varias veces, incluso llegando aceptar que haría un trío con ella y conmigo con tal de poder acostarse conmigo. Solo esperaba y rezaba porque Elena no se enterara nunca de esto porque evidentemente le dolería, pero sería un dolor doble, tanto por descubrir que le ocultaba algo así y por descubrir como era realmente su hermana. Regresé a casa con mal cuerpo, echando el resto de la tarde en el ordenador jugando a algo para distraerme. Ese día no pasó nada más, por lo que me fui a dormir con el estado de ánimo un poco bajo.

Los siguientes días empezaron ese periodo donde Elena y yo no nos veíamos, pero sí que hablábamos todos los días para hacerlo llevadero. El martes me escribió Noelia después de varios días sin hacerlo y sin saber nada de ella.

-Hola Javi.
-¿Qué pasa?
-Nada, era para preguntarte qué le hiciste a mi hermana el domingo, que venía como anestesiada, jajajajaja.
-Pues nada que te importe, la verdad.
-Ay, venga, no te pongas así.
-¿Cómo quieres que me ponga?
-Que es una broma, hombre. Además, con todo lo que he visto y oído de vosotros me lo puedo imaginar.
-Ya…
-A ver, es una broma, pero me gustaría que me lo dijeras para hacérselo a María.
-¿Ya te atreves a hacer más cosas con ella?
-Que va, de comerle la boca y meterle los dedos no paso.
-¿Y eso?
-Me da cosa.
-¿Cosa de qué?
-Pues no sé, cosa. ¿Tú se la comerías a un tío así tan rápido y fácil?
-Pero es que se supone que hay atracción entre vosotras, ¿no? ¿Cómo va a ser lo mismo una cosa que la otra?
-Bueno, pero es que no sé… Lo mismo me puedes ayudar.
-¿Ayudarte? ¿Cómo?
-No sé, ¿qué le haces tú a las chicas para que se corran y eso?
-Pero vamos a ver. Tú sabes lo que te gusta, ¿no? Pues haz eso, lo que te gusta que te hagan.
-La cosa es que a mí me gusta que me follen, pero yo, como ya has visto, no tengo polla.
-Pues tócala como tú te tocas.
-No es lo mismo. Yo no sé si le gusta lo que le estoy haciendo.
-¿Cómo no lo vas a saber? Verás si está cachonda y como reacciona, ¿no?
-Es que verás, cuando yo le toco, como que ella no está muy a tono, es como si no se lo hiciera bien.
-Pues pregúntale como le gusta.
-Me da vergüenza.
-¿Vergüenza tú?
-Como te gusta putearme…
-Sí, no tengo mejores cosas que hacer, la verdad…
-Va, ¿qué puedo hacer?
-Noelia, que no te voy a decir lo que hago.
-¿Y qué hago entonces?
-Pregúntale a los chicos con los que has estado.
-Sí, si son todos unos matados.
-Ah, pues no sé…
-¿Qué quieres, que te diga que todos los chicos con los que he estado follan de pena y que nuestro polvo rápido ha sido la mejor follada que me han metido?
-Noelia, ¿eres idiota?
-Sí, Javi, eres el que mejor me ha follado, por eso no paraba de buscarte. Nadie me ha dado en la cama lo que tú me diste, es que con los demás no era ni la mitad de intenso. María es mejor que todos ellos juntos, pero tú…
-¿Y el del video?
-El del video es otro matado que me sacia cuando no tengo a nadie mejor con quien follar. Estaba así por lo cachonda que estaba por ti, porque sabía que ibas a ver el video. Y también fingí un poco para exagerar.
-Joder, Noelia, cada vez flipo más contigo.
-Y porque el polvo que echamos fue algo rápido. Joder, es que fui tonta. Estaba nerviosa y muy cachonda y me corrí muy rápido. Si llego a saberlo hubiéramos follado más tiempo.
-Para.
-No, si ya estoy más tranquila, pero te quiero pedir consejo y más como vino el otro día mi hermana, que le temblaba hasta el alma.
-Que no te lo voy a decir…
-María me ha dicho que también puede hacer eso que hace mi hermana, eso que parece una manguera.
-Pues muy bien.
-Me lo ha enseñado, flipo con eso, la verdad. Ha intentado que yo lo haga, pero no puedo. Aunque me corro que no veas con ella…
-No sé por qué estamos hablando de esto…
-Porque necesito que me ayudes.
-Pero es que me da igual, Noelia.
-Va, dime que tengo que hacer para que se corra así. Lo he intentado, pero no puedo.
-Haz lo que te hace ella y ya está. No tiene más, o pregúntale directamente a ella.
-Joder, tío…
-Noelia, a ver si te enteras de que contigo no quiero ni hablar de estas cosas.

Tras ese mensaje, Noelia me respondió con un emoticono de cara triste. No volví a hablar con ella porque estaba cansado de sus circos, aunque después de hablar con ella me imaginé a María haciendo squirting y me empecé a poner cachondo, aunque me quité la idea rápidamente de la cabeza, pensando en bloquear a Noelia para que me dejara en paz, pero es que hasta la veía capaz de que se lo dijera a su hermana y aún me costaría otro mal rato.

Los días continuaron pasando, yendo el miércoles por la noche a un bar como solíamos hacer los de mi grupo de amigos, con Irene y Mario por allí, muy pegados, por lo que aproveché para hablar con ellos, contándome que ya estaban mejor, que estaban muy a gusto y que incluso Mario había pedido un poco de tiempo en el trabajo para pasar más tiempo juntos. Me alegré mucho por ellos y les comenté que había hablado con Sofía y que se sentía mal por ocasionar eso en ellos. Me dijeron que hablarían con ella para decirle que no había ningún problema y que no tenía de qué preocuparse. También se interesaron por Elena, contándole yo por qué no estaba allí, por lo que me animaron, aunque le quité importancia, pero si les pedí que hablaran con ella de vez en cuando para animarla, ya que la relación entre los cuatro era muy buena y no quería que se sintiera desplazada.

Los días continuaban pasando, hablando todos los días por la tarde después de comer y por la noche con Elena por teléfono, contándonos lo que hacíamos y demás hasta que llegó el viernes con Elena llamándome muy temprano por la mañana.

-¡Javi!
-¿Qué pasa?
-Es para decirte una cosa.
-Joder, me has asustado llamándome a estas horas.
-Ay… Es que me he enterado de una cosa y me ha hecho ilusión.
-Pero, ¿qué es?
-Que mañana por la mañana se van mi madre y mi abuela a casa de mi tía y no vienen hasta el domingo por la tarde.
-Pues…
-¿Qué pasa?
-Qué este finde estoy ocupado, porque mi tío está de mudanza y le tengo que ayudar y también quiere pintar.
-Jo…
-Podemos hacer una cosa, me escapo para comer contigo y el sábado dormimos juntos. ¿Qué te parece?
-Vale, me parece bien.
-Joder, ya es mala suerte.
-Sí… (dijo con tono tristón)
-Es que iba a ir mi padre, pero está jodido con la espalda y me lo ha endosado a mí.
-Bueno, no pasa nada, nos vamos a ver, que es lo importante.
-¿Tienes ganas?
-Uff… Te voy a comer vivo.
-Jajajaja.
-Venga, mañana nos vemos. Esta noche hablamos.

Fue una putada que coincidieran ambas cosas a la vez, pero al menos nos veríamos y pasaríamos una noche juntos. Dormí un poco más y me puse a trabajar. Después de comer me acordé de que ese día era el cumpleaños de Ángela. Era fácil de recordar porque su cumpleaños coincidía con que era después de los exámenes finales de la universidad y aprovechábamos para celebrarlo bien, reuniendo en su piso a bastante gente para montar una fiesta, volviéndose una tradición cada año. Además, me apetecía hablar con ella, por lo que cogí el móvil para felicitarla por mensaje.

-Hola, Ángela. ¡Feliz cumpleaños!
-Gracias. (respondió al cabo de unos minutos)
-¿Qué tal el día?
-Muy bien, con la familia y eso.
-¿Y qué tal por ahí donde estés?
-Bien, también.
-¿Y el trabajo?
-Javi, ¿qué quieres?

Me quedé un poco cortado por esa contestación tan cortante. Quería decirle que la echaba de menos, que me había jodido que se hubiera ido así de mi vida a las pocas semanas de volver a parecer después de unos años sin tener contacto, seguramente por mi culpa y que en ningún momento quería que se sintiera tan mal por mi culpa, pero una vez más ganó el Javi cobarde y respondí de otra manera.

-Solo quiero saber como estás. Hoy es un día importante para ti y me he acordado de cuando lo celebrábamos y eso.
-Ya.
-Ángela, yo te aprecio y quiero saber que te va bien y que estás bien.
-Pues Javi, así me lo pones difícil.
-Ángela…
-Mira, creo que lo mejor es que no hablemos más, por el bien de los dos. Es que cada vez que tengo contacto contigo o veo una foto tuya me vienen muchas cosas y no. Céntrate en tu chica y no me hables más, por favor.
-Siento que nuestra amistad acabe así, no pretendía hacerte daño en ningún momento. Espero no haberte chafado el cumpleaños y que lo pases muy bien lo que queda de día.

No volvió a responder más. ¿Qué coño me pasaba? Estaba realmente dolido por toda esa situación. Y es que no paraba de convencerme de que lo que sentía por Ángela era amistad, pero lo comparaba con otras amistades y no era lo mismo, sentía como algo más. Fueron demasiados años de amistad, tanto tiempo juntos haciendo trabajos, estudiando para los exámenes y saliendo por la noche que quizá fueron construyendo algo dentro de mí sin darme cuenta. Pero tampoco entendía como apenas noté esa pérdida en el tiempo que estuvimos sin vernos desde que acabó la universidad. Tal vez ella se echara pareja justo en ese momento y yo como era de ir siempre a mi bola pues tampoco le eché cuenta, cuenta que ahora sí que le echaba al descubrir lo que era tener una pareja y preocuparte más por la gente, como ya había demostrado con Elena, Irene, Mario o incluso María.

El resto del día lo pasé mal, echado en la cama viendo una película, pero sin prestarle atención, empezando a recordar como conocí a Ángela. Eran recuerdos muy vívidos, ambos entrando a clase el primer día, estando todo el mundo con cara de terror por no saber lo que se venía al cambiar de ambiente, la responsabilidad que teníamos al irnos de casa para vivir en otro lugar y sacar todo adelante, aunque su cara no reflejaba tanto eso. Nada más apareció por la puerta me fijé en ella, era la chica más guapa de la clase de lejos, a pesar de que tenía cara de niña por ir sin maquillaje, pero eso la hacía también muy atractiva, con su pelo recogido, siempre sonriendo. Cada uno iba a lo suyo los primeros días, empezando a formarse grupos después, aunque no entablé relación con ella de primeras, sino que sería cuando se aproximaban los exámenes de febrero, ya que uno de los chicos que estaba en mi grupo de estudio estaba con una chica del grupo en el que estaba Ángela y nos empezamos a juntar ambos grupos para estudiar juntos y ayudarnos comparando apuntes y compartiendo técnicas de estudio. En aquel entonces yo era diferente, alguien más cortado al que le costaba más relacionarse, pero su desparpajo y simpatía me lo pusieron fácil, acercándose ella directamente a entablar conversación conmigo.

Estaba nervioso al tener a la chica más guapa de la clase o incluso de la facultad ahí delante preguntándome cosas con esos ojos tan vivos y esa sonrisa permanente en su boca. Pero como siempre hacía en esas situaciones, tiré de mi sentido del humor, haciéndola reír y diciéndome que me había caído bien, por lo que me relajé bastante. Después de los exámenes empezamos a quedar para tomar algún café, invitándome ella varias veces a su casa también para empezar a pasar a limpio los apuntes que íbamos tomando y hacer los trabajos juntos. En esas quedadas nos empezamos a conocer más, dándonos cuenta de que vivíamos en la misma ciudad, aunque nunca habíamos coincidido en ningún lugar ni nos habíamos visto. Y como el roce hace el cariño, pues un día que estábamos en su casa se nos hizo tarde, por lo que pedimos unas pizzas para cenar, estando ambos solos porque ella vivía solo con una compañera de piso, la cual se iba varias veces a pasar la noche con el novio. Cuando acabamos de cenar seguimos un rato hasta que acabamos y nos dimos cuenta de lo tarde que era, aunque estaba justificado porque se trataba de un trabajo importante e íbamos un poco apurados. Me levanté para irme a mi casa, pero ella me dijo que me podía quedar a dormir si quería, que durmiera en su cama y ella dormiría en la de su compañera. Además, ese día estaba lloviendo, por lo que no me negué. Nos dimos las buenas noches y me fui a su habitación, quedándome en boxers para dormir. Estando ya a punto de dormirme oí un ruido y entonces la puerta se abrió, entrando ella y metiéndose en la cama conmigo.

-Javi, tengo frío, ¿te importa que duerma contigo?
-Mmm… No. (dije algo nervioso)
-Vale.

Estaba bastante nervioso a pesar de que no era la primera vez que estaba con una chica en la cama. No pude remediar empezar a excitarme, con la más que obvia erección al pensar en que estaba con una chica tan increíble a centímetros de mí, en esa situación y pudiendo aspirar su olor tan dulce. Con disimulo me agarré la polla para echarla a un lado y que no se notara tanto mi erección y entonces ella empezó a hablar con una voz muy dulce y bajita, casi en susurros.

-Javi… (dijo poniéndose de lado hacia mí)
-Dime. (dije girando mi cabeza para mirarla, viendo ligeramente su cara por la poquísima luz que entraba de las farolas de la calle entre las rendijas de la persiana casi bajada del todo)
-¿Tú tienes novia?
-Eh… No. ¿Y tú?

Y sin contestarme me besó, pasando su mano por mi casi imberbe cara, bajándola después por mi pecho, acariciándolo mientras el beso cogía intensidad. Yo me dejé llevar hasta que ella siguió bajando su mano, topándose con mi erección, la cual había liberado en cuanto me empezó a besar. Dio un respingo, echándose hacia atrás y encendiendo la luz de la mesita para mirarme a los ojos, teniéndolos muy abiertos.

-¿Qué pasa, Ángela?
-Eh… (dijo destapándome, para poner más cara de asombro aún)
-¿Todo bien?
-Pero, ¿a dónde vas con eso, nene?
-Bueno, de nene poco… jajajaja.
-Jajajaja, pero tío… (dijo ya de forma excitada)
-¿Cómo quieres que no esté así estando tan cerca de una chica tan guapa?

Ángela me miró a los ojos y empezó a besarme de nuevo.

-¿Tienes condones? (pregunté nervioso)
-Sí, pero vamos a jugar un poco antes, ¿no?
-Sí, claro.

Entonces terminó de destaparme, para bajar por mí cuerpo dándome besos por el pecho hasta llegar a mis caderas, tocando mi polla por encima de la tela de los calzoncillos mientras sonreía. Después me los bajó, resoplando mientras reía de manera muy dulce.

-¿Es que nunca has visto una polla?
-Jajajaja, pues claro, pero no una como esta.
-Ah, ¿no?
-Pues no. Es que vaya tela con el timidito… jajajaja.
-Te voy a enseñar ahora lo tímido que soy…

Esas palabras parecieron calentarla mucho porque se lanzó a comerme la polla con bastante ansia. Lo hacía muy bien, con mucha baba, metiéndose hasta la mitad del tirón, sacándola y pasando su lengua por todo el tronco, desde la base hasta la punta, succionando el glande una vez se lo metía en la boca. Me miraba a los ojos fijamente mientras lo hacía, empezando a hacer fuerza para metérsela cada vez más en la boca, aunque le costaba meter más cuando iba por la un poco más de la mitad, por lo que le empujaba la cabeza para que se la metiera más. Entonces ella me dio unos golpecitos en el pecho con su mano, dejando yo de hacer fuerza.

-Que me ahogas… (dijo mientras respiraba con fuerza y se le caían unas lágrimas por la cara)
-Perdona.
-No pasa nada.

Justo después de decir eso me empezó a chupar los huevos mientras me pajeaba y me miraba a los ojos. Después me la chupó un poco más hasta que después de un rato se puso de rodillas en la cama, poniendo sus manos sobre sus muslos, y se quedó mirándome, empezando a masturbarme. Me miraba mordiéndose el labio, pudiendo ver como se le marcaban mucho los pezones en su camiseta blanca de tirantes. Me incorporé para empezar a besarla de nuevo mientras ella soltaba risas muy dulces y seguía pajeándome. Entonces tiré de su camiseta hacia arriba, pudiendo ver sus preciosas tetas. Eran pequeñas, pero muy bonitas, muy suaves y blanquitas, con unos pezones algo pequeños de color carne un poco oscura. Estaban duros y de punta por lo que me lancé a comérselas. Me encantaron desde la primera vez que se las comí, jugando con mi lengua y saboreándolas mientras ella gemía dulcemente y apretaba mi cabeza contra ellas. Después de comérselas un rato, levantó mi cara para besarme de nuevo, pero me despegué de ella para tumbarla boca arriba, quitándole sus pantalones largos de pijama y después su tanga rosa, pudiendo ver si precioso coño totalmente depilado con unos labios rositas, hinchados y mojados por la excitación. Ella respiraba aceleradamente mientras le empecé a tocar con mis dedos, empezando a meterlos despacio al mismo tiempo que le besaba los muslos. No podía esperar más y después de meterle los dedos una pocas veces se lo empecé a comer, con ella suspirando y gimiendo, tirando de mi pelo conforme pasaban los minutos, entonces me empujó.

-Javi, no puedo más. Fóllame ya.

Me incorporé rápidamente mientras ella cogía un condón de la mesita y me lo daba. Me lo puse rápidamente y llevé mi polla hasta su coño.

-Espera, espera, despacito.

Le empecé a acariciar la raja con mi polla, con ella gimiendo, hasta que se la empecé a meter lentamente, soltando ella todo el aire de sus pulmones conforme la iba metiendo. Una vez estaba dentro de ella por completo, se abrazó a mí con fuerza.

-Pfff… Madre mía… No te muevas. Déjame que me acostumbre.

Me quedé quieto en un misionero, apoyándome sobre mis brazos, dejando que ella estuviera a gusto y entonces cuando ella creyó conveniente me agarró del culo, haciendo fuerza para que me empezara a mover. Empecé a moverme poco a poco, dando pequeñas embestidas, aumentando poco a poco el ritmo a la vez que ella aumentaba sus gemidos. Llegó un momento en el que la follada era rápida, pero tuve que parar porque me iba a correr si seguía así, ya que notaba su coño apretado estrujándome bastante. Me salí de ella y la puse a 4, empezando a follarla de nuevo, cogiendo más fuerza a los pocos segundos mientras la agarraba de las caderas y le tocaba también su culazo. De nuevo paré porque notaba que me iba a correr rápidamente. Salí de ella y se echó sobre la cama. Yo me tumbé a su lado y ella me empezó a besar, para después montarse encima y empezar una cabalgada, follándome de manera rápida mientas apoyaba sus manos en mi pecho. Cuando notaba que me iba a correr tiraba de sus manos para besarla y así paraba un poco de follarme. Para acabar volvimos al misionero, esta vez dando fuertes embestidas hasta que ella se empezó a correr, gritando bastante, lejos de esos gemidos tan dulces que no paraba de emitir durante todo el polvo. Sentir su orgasmo fue como recibir un latigazo de placer, provocando el mío, haciendo que me corriera dentro del condón entre altos jadeos mientras me inclinaba sobre ella, echando mi cabeza a la almohada, al lado de la suya.

Ella me abrazaba con sus brazos y piernas, notando como le daban algunos fuertes espasmos mientras respiraba acelerada y entrecortadamente. Me quedé quieto hasta que relajó sus extremidades, aprovechando yo para salir de ella y quitarme el condón. Lo anudé y fui al baño a tirarlo para encontrármela durmiendo cuando regresé a la habitación. Me quedé unos segundos de pie pensando qué hacer. Estuve cerca de irme a casa, pero creí que no le iba a sentar bien, así que me puse los boxers y me quedé con ella, tumbándome a su lado después de apagar la luz de la mesita y tapándonos para dormir.

Al día siguiente me despertó ella metiéndome prisa porque teníamos clase y llegábamos tarde, con una risa muy dulce al ver mi erección mañanera. Nos vestimos rápidamente y fuimos a mi casa a coger mis cosas, que nos pillaba de camino a la universidad. Por el camino ella iba sonriendo, soltando risitas tontas. Cuando acabamos las clases hablé con ella diciéndole que yo no buscaba pareja. En ningún momento la vi poner mala cara ni que le parecieran mal mis palabras, por lo que quedamos como amigos, aunque nos seguiríamos acostando, pasando a ser follamigos, teniendo una muy buena relación de amistad.

Fue un recuerdo muy rápido, aunque cuando me di cuenta estaba con una erección de caballo, cosa que no me hizo sentir mejor. No me apetecía trabajar ni estar encerrado en casa, por lo que salí a dar una vuelta para ver si me despejaba, pero esos pensamientos no se iban. Me senté en un banco, pensando en qué podía hacer mientras veía los coches pasar sin llegar a entender como podía estar así. Estuve a punto de llamarla, pero viendo como me estaba contestando y sobre todo con esas palabras finales lo descarté rápidamente. Después de un rato me volví a casa intentando distraerme jugando a algún juego, jugando hasta la noche. Me llamó Elena como dijo que haría, pero no tenía ganas de hablar con nadie y seguro que me notaba que estaba mal, por lo que estuve cerca de no cogérselo, pero finalmente lo hice, intentando que no se me notara mucho, pero evidentemente las chicas tienen un sexto sentido para esas cosas y me lo notó.

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