DERIVIA

Primer día en Ibiza P.I

Cuando me desperté, Ana ya se estaba preparando para ir a la playa, era media mañana y queríamos aprovechar los rayos de sol.

Ana me dio los buenos días cariñosamente, besó mi mejilla y me preguntó si había dormido bien. Pensé que era uno de los mejores despertares que podría tener en mi vida. Ana explendida, se notaba que estaba feliz, se sentó a mi lado en la cama acariciando mi cabello mientras yo me hacía el remolón.

Casi no tuvimos dudas sobre dónde iríamos en ese primer día en Ibiza. Teníamos un muy buen recuerdo de la playa de Las Salinas, de su arena blanca y su agua cristalina. Desayunamos rápido en un bar de cerca del hotel y no paramos de darnos muestras de cariño.

Mientras conducía, Ana llamó para reservar en el Beso, fue donde comimos la primera vez que fuimos a Las Salinas y queríamos rememorar esa primera vez, aparte que en otras ocasiones nos había gustado comer allí.

Al llegar prácticamente era la hora de comer, y teníamos la reserva en menos de una hora, así que decidimos ir directamente a comer al Beso, a ver si nos podían atender y así, ya pasar toda la tarde tranquilamente en la arena.

-Me ha escrito Bassâm.- Me dijo Ana mirando el móvil.
-¿Tiene tu número?- me sorprendió que le hubiera dado el número de teléfono a un hombre que conoció la noche anterior.
-si, me lo pidió y se lo di, la verdad no pensé que fuera a llamar o escribir…- me contestó
-¿Qué creías que lo quería para coleccionarlo?– no pude evitar reír irónicamente. -¿y que te dice?- pregunté
-Parece que estás celoso.
-No estoy celoso
-¡ya! Por eso anoche te acordabas tanto de él
– se ríe a carcajadas.
-Qué idiota eres.- le digo bromeando– venga, que quiere el morito…
-Qué si queremos, nos invita mañana a pasar el día en su barco, que estarán Philip y tú amiguita.-
 dijo con rin tin tin lo de amiguita.– Marco y su mujer. Que le gustaría que fuéramos.
-¿Tú quieres ir?
-Me da igual
.- respondió indiferente dejando el móvil en la mesa y dando un trago a la cerveza que se estaba tomando

Sabía que Ana quería ir y la realidad era que no tenía mala pinta el plan. Pero no sabía si era buena idea no porque desconfiara de Ana sino porque también estaría Erika.

-Pues piénsalo y hacemos lo que tú digas.

Cuando casi teníamos la bebida terminada, llegó el camarero para preguntarnos si iba marchando la comida.

Mientras comíamos, hablamos de la noche anteriori, de lo majos que fueron Marco y su mujer Vicky, de Philip y lo extravagante que era Erika, a la que Ana llamaba tu amiguita y de Bassâm, al que yo le llamaba el moro. De la espectacular casa y espectacular fiesta, de la borrachera que llevaba Erika… la conté como delante de mí se metió una raya, le dije que no, ella río.

-a ver si ahora te vas a creer un veinteañero…- me vaciló.

Fue un buen momento para contarle lo que ocurrió en la habitación.

-Ana te voy a contar una cosa, pero no te enfades y no pienses mal.

Ana se ríe nerviosa al oírme y me dice: «mal empezamos»

-verás, Erika…ayer se me insinuó, cuando subimos a que me cambiara de ropa, se quedó desnuda delante de mi.- Ana me mira perpleja y no dice nada.– me pidió…
-¡Y me lo cuentas ahora…!-
 me corta Ana visiblemente irritada
Ana no pasó nada.- Soy yo ahora quién la corta.- de verdad, te lo cuento por eso, le dije que se vistiera y nos bajamos a la piscina.
-puta cría borracha cocainómana… y yo me lo creo
-Ana de verdad, no pasó nada, pero necesitaba decírtelo. Porque te lo iba a contar sino
-¿No me habrás…?- 
no dejo que termine.
-Ana, de verdad, te lo digo para que veas que puedes confiar en mí

Ana me mira, está nerviosa, pero tenía que decírselo, ocultarlo podría ser peor.

-estando su marido en la casa y pretendía montárselo… alucino.- Ana niega incrédula…Estaba dubitativa, me di cuenta que no sabía si creerme.
-Solo una pregunta y dime la verdad.
-¿te la follarias de no estar conmigo?.
-no.
-¿Por qué me mientes?.
-Joder Ana, no se lo que quieres oír, no te puedo decir otra cosa.
-Eso es que ¡sí!
-¿Te follarías al moro?- 
intento que entienda la pregunta que me hace

Me mira se queda callada, y puedo leerlo en sus ojos, se lo follaría.

-No hay respuesta buena ¿verdad?.- la digo antes de que me responda
-si,pero Bassâm no se ha desnudado, ni me ha pedido que me lo folle.
-Pero quiere follarte ¿O no?
-como todos.- 
ríe cuando me responde.

Parece que la situación se destensa por momentos.

-Cari, creo que estaría bien lo del barco, pero no deberíamos ir – 
le digo cogiendo su mano
-Yo creo que tampoco.- me responde tocando mi mano cariñosamente con sus dedos, ambos sabemos que estaríamos jugando con fuego.

Al terminar de comer, nos fuimos a la playa. Como en la zona en la que estábamos había mucha gente, caminamos en dirección a la torre buscando una zona más tranquila, andamos cinco minutos por la orilla y la encontramos. En aquel lugar, Había parejas y algún grupo de amigos y amigas, extendimos nuestras toallas y ya estábamos preparados para pasar la tarde en la playa.

Vi el bañador que se había puesto Ana por primera vez cuando se quitó la camiseta y los shorts vaqueros que llevaba. Ana rió al ver mi cara, si quería sorprenderme lo ha conseguido y si quería calentarme también.

-¡joder! Vaya bañador de guarrilla que te has puesto.– me ha salido de dentro sin pensar.
-¡Oye!.- se hace la ofendida- ¿No te gusta? Me lo he puesto por ti, pero claro, a ti es que te van más las jovencitas.

-Mira si me van las jovencitas.- 
baje ligeramente mi bañador mostrándole mi rabo que se había puesto duro.
-Tápate que te van a ver…- mi reacción la sorprendió y por la risita que se le escapó supe que poco la importaba que me vieran, hasta creo que le gustó ver qué me había empalmado por ella

El bañador si se podía llamar así, era de una sola pieza, color negro, con un talle infinitamente alto, subía por encima de la cadera, le hacía unas piernas muy bonitas y super largas. La pernera era extremadamente estrecha, apenas tapaba su totito que se marcaba por completo en el bañador. Tenía un escote generoso pero no excesivo. Los laterales del cuerpo quedaban al aire y se podía ver la parte baja de sus tetas por los costados. Para finalizar era tanga. Vamos, aquel bañador estaba pensado para exhibir el cuerpo.

Ana se estaba volviendo más atrevida y más exibicionista de un tiempo a esta parte no había ocasión mala para enseñar su cuerpo, a mí me gustaba, sobre todo porque sabía cuándo y cómo jugar a ese juego.

Ya en el agua, empezamos a juguetear como críos, te salpico, tú me salpicas, te hago una ahogadilla, me subo a tu espalda, te lanzó contra el agua, te hecho agua con la boca y al final… acabamos follando en el Mediterráneo. Ella de espaldas a mí con la pernera del bañador hacia un lado, dejando libre el paso de mi pene a su rajita. ¡Qué sensación entrar dentro de su cuerpo en el agua del mar!

Apenas me movía para no llamar mucho la atención. Beso y muerdo su cuello, aprieto sus tetas que están fuera del bañador a la vista de cualquiera. Las masajeó, las aprieto con mis manos, sus pezones están duros, les doy suaves pellizcos y Ana se estremece.

Coge mi mano y me la pone en su clítoris y entre los dos lo acariciamos. Sigo dentro de ella, disfrutando más por lo morboso de la situación que por lo placentero.

Se gira y me abraza, mi polla se ha salido y siento como mi capullo roza su tripa. Ana me come la boca, nuestras lenguas se entrelazan, muerde mis labios y me mira viciosa. Rodea mis caderas con sus piernas, agarra mi miembro y se lo mete otra vez. Se restriega, se aprieta y sigue besándo, busca su orgasmo. Me mira y se juntan nuestras frentes, sonríe, su rostro se tensa, su mandíbula se descontrola… su respiración se agita…

Estoy muy excitado, pero sé que no voy a poder correrme, sus movimientos son muy suaves, y follar en el mar es tan morboso como incómodo, masturba su clítoris con en la base de mi polla y mi pubis mientras tiene mi rabo dentro de su coñito. Con su boca absorbe mi lengua, me la chupa y termina por llegar al clímax, no es una gran explosión de placer, casi ni noto que se ha corrido. Lo se porque con gesto alegre me dice:

yo ya.- respira, coge aire, me abraza y al oído me pregunta.-¿Tú?
No puedo así.- respondo con sinceridad
-¿Qué hago?
-Nada, no voy a poder.- 
me salgo de ella y la digo.- me debes una.

Sonríe, me besa y se sumerge, siento su boca en mi polla no más de diez segundos. Sale a la superficie y la digo :»¿realmente creías que ibas a conseguir que me corriera?» Entonces, sujeta mi polla con su mano y me empieza a hacer una paja.

-¿Y así?

Me besa, mientras no para de pajearme la digo que lo haga más rápido, y sin esperarlo siento como con su otra mano busca mi ojete, lo encuentra y mete un dedo dentro.

-ohhh ¡Joder!- es lo unido que alcanzó a decir.
-¿te gusta?- me pregunta
-si, no pares.

Ella sale del agua mientras yo espero que se me pase la hinchazón de polla que tengo, después de una maravillosa corrida.

Sólo en el agua, mirando a Ana alejarse hacia la orilla, pienso en lo afortunado que soy; tengo una mujer maravillosa, inteligente, simpática, divertida, buena madre, buena esposa, encima es guapa y tiene un cuerpo bonito. Pienso en lo que podría perder si ella o yo hacemos alguna locura, estoy convencido de que la fiesta en el barco del moro no es buena idea y aunque Ana me ha dicho de no ir, me asusta que en su interior tenga ganas de hacerlo, de volver a ver a Bassâm. Se siente atraída por él, de eso estoy seguro, no hay mujer que no le guste sentirse deseada.

Salgo del agua y camino por la arena hasta llegar donde está Ana. La veo tumbada boca abajo en la toalla, sonriendo me mira.

-Estás muy guapo.

Me pongo entre ella y el sol y la digo que ella está aún más guapa. No puedo evitar fijarme en su trasero.

-¿Qué miras?
-Lo que quiero.
-Deja de mirarme el culo. ¡Guarro!.- 
bromea

Sonrió y me siento a su lado, masajeó su espalda con delicadeza, mis dedos recorren su piel, aprieto sus hombros, con mis pulgares hago círculo sobre su nuca. Ella deja que la masaje.

-¿De verdad no quieres ir mañana a la fiesta?- le pregunto sin dejar de masajear su espalda.
-Cariño ¿Qué te preocupa?- mi tono de voz me ha delatado.
-Que quieras ir a la fiesta y no lo hagas por mí.-

Se queda callada, pensando antes de contestar.

-No quiero ir por ti y por mí.
-¿Te gustaría ver a Bassâm?
-¿Es eso?- 
ríe y se gira para mirarme a los ojos.- Ese hombre no es nadie, no tiene que preocuparte. No tengo interés en volver a verle. No tienes que estar celoso.

Queda cerca de una hora para la puesta de sol y decidimos marcharnos a una cala cercana que nos han dicho que se ve una puesta de sol preciosa. No suele estar muy concurrida porque se llega por un camino sin asfaltar y los coches normales no suelen poder transitar por ella. Cuando llegamos, estamos solos, nuestra única compañía, una bandada de pájaros que está caminando por la orilla. Por poniente vemos el sol cerca de la línea del horizonte, el cielo esta cogiendo un precioso color dorado. Ana y yo nos sentamos para ver poco a poco la puesta de sol, mientras el único ruido que hay es el del mar y sus olas rompiendo tiernamente sobre la orilla. Nos abrazamos y guardamos silencio disfrutando del maravilloso espectáculo que nos brinda la naturaleza, los rayos de sol se reflejan sobre el Mediterráneo a la vez que en el cielo, hay diferentes tonos de rojo, amarillo, naranja y azul

Cuando casi el sol ha desaparecido, Ana me besa, siento sus labios húmedos contra los míos. Acaricia mi mejilla y me tumba sobre la arena. Se sube a horcajadas sobre mí. Baja mi bañasor y se quita el suyo. La penetro, es rápido pero muy intenso y entre besos y caricias, llegamos juntos al clímax.

-Quiero estar así siempre, sentirte dentro de mi.

Salimos a cenar tarde, estábamos cansados de haber pasado todo el día en la playa así que decidimos quedarnos cerca del Hotel, aprovechando que estábamos muy cerca del puerto, que es una de las zonas más divertidas y coloridas para pasar la noche en la Isla.

Esta vez Ana no llevaba ropa tan atrevida como la noche anterior, una camisa blanca anudada a la parte de abajo, una falda por la mitad de los muslos también blanca y unas sandalias de esparto, todo con aire muy ibicenco, además llevaba el pelo suelto y le daba un punto hippie, se había vestido de forma cómoda y sencilla, cosa que no hacía que estuviera menos hermosa.

El ambiente rebosaba glamour y buen rollo. Por las calles desfiles de gogós, gente joven y guapa bebiendo en las terrazas mientras escuchaban la música que salía de los diferentes locales. Estuvimos callejeando buscando un sitio donde picar algo. Cuando lo encontramos pasamos una romántica cena con un poquito de vino que siempre viene bien.

Después de cenar, nos fuimos a un chillout que no estaba muy lejos de allí, nos sentamos en unas camas balinesas y nos pedimos unos mojitos.

Para nuestra sorpresa, cuando pedimos la cuenta para pagar, nos dijo la camarera, que ya nos habían invitado y nos señaló a una zona relativamente alejada de donde nosotros estábamos, la zona VIP. Con el brazo levantado, saludándolos, estaba Bassâm pidiendo que fuéramos donde él se encontraba.

Nos acercamos donde él estaba, le dio un beso en la mano a mí mujer y a mi me estrechó con firmeza la mano. Entonces le hizo un gesto a la camarera para que nos trajera una botella de champagne, nos presentó a la chica con la que estaba, se llamaba Janica y nos dijo que era su pareja. Apenas hablaba español, según no dijo Bassâm entendía más que hablaba así que como todos manejabamos el inglés, cambiamos de idioma. Janica era muy guapa, alta rubia de piel blanca, parecía una muñequita de porcelana. Se había hecho más de una operación de estética, las tetas y los labios entre ellas.

Nos estuvo preguntando por cómo nos había ido el día, y aunque no fue tan descarado como la noche de antes, seguramente porque estaba Janica, se notaba el interés que tenía en mi mujer. A pesar de eso, fue agradable la conversación. No sólo hablamos de nuestro día, también del trabajo de Bassâm y anécdotas que le ocurrían, Janica bromeaba sobre lo maniático que era Bassâm y cómo se enfadaba si las cosas no salían como quería. Cuando ya nos íbamos a marchar, tanto Janica como el moro, nos dijeron que no nos podíamos perder el día en el barco, pero nos excusamos y dijimos que no podíamos que teníamos planes.

En la habitación, metidos en la cama, intenté te acercarme a Ana cariñosamente, pero me dijo que estaba cansada y que quería dormir. Insistí pero no hubo manera.

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