ALMUTAMID

Aquella mañana cambié mi actitud. En la primera clase intenté identificar a los estudiantes que eran extranjeros como yo. Pero era casi imposible pues en la clase había rubios, pelirrojos, castaños y morenos, norteafricanos, africanos y algún asiático. Así que me corté bastante no sabiendo qué hacer.

En la siguiente clase tuve hasta suerte. La profesora propuso un debate sobre el uso de anglicismos en otros idiomas atreviéndome a participar. Evidentemente mi pronunciación francesa delataba mi condición de no francófono aborigen. Además me delaté explicando como el español peninsular se había resistido largamente al uso de anglicismos aunque la cultura de la globalización cada vez los imponía más.

Al finalizar la clase se me acercó un chaval italiano. Al final comimos juntos. Guido era un modelo que lo que imaginamos por un italiano. Alto, delgado, con una nariz recta de buen tamaño sin legar a ser un Cirano, ojos verdes y el pelo algo largo sin llegar a ser melena. Estudiaba filología francesa en una pequeña universidad cerca de Turín y estaba ya en 4º curso de su grado. Hablando juntos nos dimos cuenta de que compartíamos dos asignaturas y alguna que otra hora.

Residía al otro lado del casco antiguo más allá de la catedral en un piso de estudiantes que compartía con otros dos chicos. Le conté lo de la reunión de Erasmus pero que aun no sabía donde era. Nos intercambiamos los móviles y quedé en avisarle pues como me dijo aun no conocía a mucha gente pero pensaba salir mucho de fiesta durante su beca.

Me fui a la residencia temprano viendo los primeros rayos de sol que se escapaban entre el horizonte y las nubes de un temprano atardecer de invierno. Miré mi reloj y tenía tiempo de salir a correr un rato. Fui a avisar a Astrid pero no estaba, así que me fui solo. De regreso a la residencia y antes de ducharme pasé por la habitación de Mireia. La quedada era a partir de la 7. Tenía que acostumbrarme a los horarios europeos. Almuerzo a las 12 y cena a las 7.

Me duché con prisa en unos baños vacíos. Cuando bajé a la entrada Mireia me esperaba con la rubia gordita con la que la había visto el primer día en la ducha. Me la presento. Se llamaba Anika y era polaca. Así evitamos el conflicto idiomático hablando ambos en inglés para entendernos con la eslava.

Salimos caminando por la avenida que conducía al centro. La quedada era en el conjunto de calles medievales en torno a la catedral de la vieja ciudad comercial a orillas del río Mosa, tan renombrado en las batallas de las dos guerras mundiales. De hecho, frente a la universidad había una placa recordando a las víctimas del holocausto en la ciudad. Cuanto ha cambiado la vieja Europa que ahora concede becas a estudiantes para asistir a otras universidades generando intercambio cultural ,cercanía e igualdad frente a aquella Europa donde la gente se mataba por la nación, la raza o la religión.

A diferencia de la zona peatonal en la margen derecha del Mosa llena de shawarmas, kebabs y chinos, el centro estaba repleto de las famosas cervecerías belgas. Locales muy amplios con largas barras donde la carta de cervezas superaba con mucho a la de comidas, limitadas generalmente a los típicos mejillones con patatas fritas y sándwiches. Leer una carta de cerveza belga es más complejo que distinguir en Jerez un oloroso de un amontillado o Pedro Ximénez. La variedad de fabricantes, graduaciones y formas de fabricación: tostadas, abadía…hacía que los mediterráneos, acostumbrados a pedir sin más del tirador que hay en la barra del bar donde fuéramos nos perdiéramos sin remisión.

Evidentemente el grupo variopinto que ya tomaba cerveza en un extremo de la barra debía ser el de los Erasmus. Y así nos confirmaron cuando nos fuimos presentando. Aquello parecía una reunión del parlamento europeo con tantas nacionalidades. Y por supuesto allí estaba Guido hablando con dos chicas alemanas. Siempre hubo una fuerte atracción entre teutones e itálicos. Pero mejor no recordar ciertos pactos metálicos.

Me perdí entre tantas presentaciones, apretones de manos, dos besos a la española o tres a la francesa. Pero entre todo aquel barullo acabe en frente de un gallego que estudiaba ingeniería. Aunque su escuela estaba en el nuevo campus, al sur de la ciudad, vio un cartel con la convocatoria y se vino al centro en autobús. Era la versión galaica de Guido. Alto, delgado, pero de pelo moreno y ojos oscuros. Santiago, muy propio de su tierra, era un buitre de amplias alas que desplegaba cogiendo por el hombro o la cintura a toda hembra a la que se acercaba. Tenía cara dura y desparpajo por igual, de modo que aunque alguna se incomodaba por su abrazo antes de que me fuera ya tenía a un chica bajita de Malta agarrada a la cintura de él. Se basaba en el método estadístico. A cuantas más le entres más probabilidad de mojar el churro o darse un revolcón.

Aun así durante el rato que habíamos estado hablando fue el que solucionó mi murria lingüística permitiéndome durante unos instantes poder utilizar la lengua de Cervantes, cansado como estaba ya de tanto Shakespeare y Moliere. Incluso nos dimos el teléfono para quedar algún día a tomar unas cervezas.

Aunque aquello estaba animado, tras varias cervezas bastante más densas y pesadas que las habituales en España, de tipo pilsen o lager, pero yo estaba cansado. Santiago estaba a los suyo con su maltesa y Guido lanzaba la caña a las dos alemanas a la vez. No sé si pensaba llevarse el lote completo. Así que busqué a Mireia y Anika por si se volvían a la residencia. Pero ambas estaban en conversación animada en un grupo de chicas. Y aunque la polaca se separó del grupo haciéndome ojitos preferí retirarme. Así que decidí regresar solo a la residencia. Había sido una buena toma de contacto y muchos de los asistentes habían propuesto quedar al día siguiente que era viernes y no había clases después por ser fin de semana.

Me fui solo por unas calles animadas en su mayoría por estudiantes universitarios, aunque tras cruzar el río y la zona peatonal me encontré bastante solo caminando por la avenida que conducía hasta la residencia. Aceleré el pasó llegando sobre las 11 de la noche. No estaba acostumbrado a calles tan solitarias a esa hora.

Subí hasta mi buhardilla y me quité la ropa para dormir. Tenía que estar a las 8 en la facultad en clases aun de presentación. Pero antes de meterme en la cama percibí sonidos de la habitación contigua. Me quedé quieto. Astrid debía estar pasándoselo muy bien por sus gemidos. El imaginarla masturbándose despertó mi entrepierna. Pero una voz masculina ronca me demostró que no estaba sola. Besos muy sonoros y después gemidos roncos de aprobación del tío me confirmaron que la sueca se estaba follando a alguien.

No es que yo pensara que semejante diosa vikinga me llevara al Valhala en alguna ocasión. Pese a mi éxito con las mujeres, que yo seguía sin entender, me seguía viendo como un canijo no muy alto. No llegaba al 1,75 y pesaba unos escasos 68kg, eso sí, gracias al ejercicio que hacía, de pura fibra. Pero que yo quedara descartado tan pronto me cayó algo mal.

La cuestión es que tras los gemidos del tío vino un traqueteo de cama que no me iba a dejar dormir. Menudo semental se estaba follando a la sueca que maldecía o alababa en su idioma mientras su pareja la taladraba en alguna postura que se lo facilitaba. Joder. Empezaba a recordarme mis inicios en la residencia cuando Óscar se folló a Vanessa debajo de mi litera y yo acabé corriéndome con una paja silenciosa. Entonces yo era un pardillo virgen recién llegado a la universidad. Ahora sabía perfectamente como hacer que una chica gritara como en ese momento lo hacía Astrid.

La diferencia es que ahora en vez de estar excitado estaba molesto. Quería dormir y la sueca y su amante no me dejaban. Esperaba que fuese un polvo breve. Pero 15 minutos después de empezar a escuchar a la pareja seguían dándose caña por los gemidos y voces que se oían. Que por cierto, no se cortaban, ignorantes quizá de mi presencia al otro lado del fino tabique.

Incómodo por la situación me bajé al salón a ver la tele. Me caía de sueño y la cerveza ingerida había empezado a sentarme mal. De hecho pasé más tiempo sentado en el baño intentando que mi orquesta de viento no fuera muy audible por los que pasaban por el pasillo o se lavaban los dientes. Desde que sonó la traca final hasta que salí del retrete esperé confiando que quien pudiera oírlo no estuviera ya en los baños y pudiera reconocerme. De hecho, cuando salir no había nadie para mi tranquilidad.

Regresé al dormitorio pensando que ya habrían terminado. Y así parecía permitiéndome dormir. Pero tanto paseo y mascletá en el baño me habían espabilado y ahora no conseguía dormirme. Las 1 pasadas ya…Si lo sé me quedo en la fiesta Erasmus. Mirando el móvil vi que Mamen estaba conectada. Ella debió ver que yo también lo estaba pues me escribió:
-Hey, mi estudiante ¿qué tal te va por el extranjero?
-Bien. Guapísima. Adaptándome.-respondí.

Le expliqué durante un momento mi llegada, como era le residencia, la variedad de gente que había y que ya empezaba a hacer amigos. De golpe me preguntó:

-¿Echas de menos algo de aquí?
-Si pienso en ti se me ocurre alguna cosa…
-Ahn, ¿sí?
-Desde luego. Fíjate, se me viene a la mente una carita bonita con una boquita muy tragona…
-Jajajaja. Como eres…
-Y había un culito muy bien puesto que daban ganas de azotar.
-Pero si yo soy buena…-respondió junto a un emoticono con corona de santo.
-Y de las tetitas lindas, mejor ni hablar.
-Anda, anda. Que tienes más peligro.
-Pues aquí no me voy a comer ni una rosca.
-Pero si acabas de llegar, jajajaja. Y con el piquito que tienes. Vamos…
-Pero aquí son todas nórdicas frías.
-Pues yo me caliento contigo, jajajaja. No me creo que esa churra esté pasando hambre.

Me destapé y me bajé el calzoncillo haciendo una foto de mi polla fláccida apoyada en mis pelotas y se la mandé.

-Jajajaja. Pobrecita. Qué triste está. Ya la ponía yo contenta…
-Seguro que ya la has cambiado por otra- le dije poniendo un emoticono con carita de pena.

Entonces me mandó una foto en que se veía el hueco entre sus muslos desnudos adivinándose el contorno de los labios mayores de su chocho con el siguiente mensaje:

-Dile de mi parte que la última que ha entrado por aquí ha sido ella.

Me empalmé de golpe y le mandé el resultado en forma de foto y el comentario: “Mira que contenta se ha puesto”.

-Eres un cabrón. Me estoy mojando.
-Tócate. Yo ya me estoy pajeando por tu culpa.-reconocí.-Pero me muero por ver tus tetas.

La siguiente foto fue espectacular. Aparecía su pijama recogido por encima de sus tetas desnudas que se veían blanquísimas haciendo contraste con sus pezones oscuros, su barriga encogida y su mano perdida entre sus piernas con el pantalón del pijama a medio muslo.

Al final terminé llamándola a través de la app de mensajería y nos masturbamos juntos despidiéndonos cerca de las 2 de la mañana. La paja me relajó lo suficiente para quedarme dormido poco después.

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