DERIVIA

Llegada a Ibiza

Una vez en tierra mi mujer me miró diciendo:

-¡IBIZA!- parecía una veinteañera moviendo su pelo alocada.

Fuimos a recoger el coche de alquiler un Jeep wrangler rojo y de allí con ayuda del GPS iríamos al hotel.

Ana estaba alegre, parecía que al llegar a la isla había vuelto a su juventud. No paraba de hablarme de las playas en las que quería bañarse, las discotecas en las que quería bailar y los sitios en los que quería estar. Verla así me hacía sentirme bien y con ganas de disfrutar.

-¿Te acuerdas?.– me pregunto con cara de viciosa.

Se había subido la falda, apartado la braguita y con sus dedos separaba los labios de su vagina exhibiendo su coño rosadito y brillante por lo húmedo que se estaba poniendo

-Esto te gustaba mucho…¿ehh mm?.- me decía recordando cuando de jóvenes le pedía que lo hiciera.

Ana sentada en el asiento del copiloto, masturbándose por mitad de la autovía que unía el aeropuerto con Ibiza.

La miraba cachondo viéndola como se metía los dedos, acariciaba su clítoris o pellizcaba sus pezones, se retorcía de placer en el asiento.

El juego era que yo no podía tocarla ni tocarme, solo conducir, si lo hacía perdía y aunque no había nada material o físico que se perdiera en el juego, el perder era simbólico y sería rehén de las burlas de Ana. Me mantuve impasible disfrutando de ver el cuerpo de Ana y como se daba placer.

Oír y ver a mi mujer teniendo un orgasmo en el coche fue muy morboso y más lo fue ver el ataque de risa que la entró tras su orgasmo.

Fue fácil encontrar el hotel, estaba y está en el puerto deportivo de la ciudad de Ibiza. El hotel era de principios del siglo XX, el más antiguo de la Isla, donde durante los años 50 se alojaron los personajes de la época que llegaban a la Isla Blanca.

La habitación era espectacular, tenía unas maravillosas vistas al puerto a través de sus grandes ventanales, pegada a la pared, una espectacular King Size y en el lateral una bañera blanca antigua de patas con un espejo de pie y al otro lado un baño a todo lujo.

Cuando nos subieron el equipaje, le dije a Ana que si quería dar un paseo por la ciudad, aunque realmente lo que me apetecía era destrozarla con un buen polvo pero cuando lo intente a Ana le había dado un poco de bajón, me dijo que ella iba a darse un baño para relajarse un poco y que me esperaba en la piscina.

La dejé en la habitación y me fui a dar un paseo por la Isla. Disfrutaba de la caminata por la zona de la catedral y pensé en comprarle un regalo para mi mujer.

Miraba los escaparates buscando que comprar, hasta que en una de las calles, encontré una tienda en la que la ropa me pareció divertida, un tanto extravagante, con piezas atemporales realmente maravillosas. Cuando vi el vestido negro supe que era ese. La chica que me atendió lo calificó como sublime y atrevido, era para gente segura de sí misma y de su cuerpo. Era muy atrevido, una ligera gasa negra y transparente con algunos bordados y encajes sin dejar nada a la imaginación, «Estamos en Ibiza, no nos conoce nadie», pensé, así que no dude y lo compre, fui para el hotel ilusionado por entregarla el presente.

Cuando subimos de la piscina a la habitación, Ana vio el vestido y su reacción fue muy divertida..

-Cari es precioso. ¡Me encanta! – al cogerlo y verlo bien, me dijo.- ¡se me va a ver todo!- río mirándome con cara de tu estas loco.
-¿No te atreves?

Dudó unos segundos y me dijo.
-bueno con un suje y unas braguitas…
-Eso me ha dicho la chica.-
 la interrumpí intentando convencerla. – me ha preguntado si tenías un suje bonito de encaje y un tanguita negro, pero me ha dicho, que lo suyo es que como este vestido por detrás es completamente transparente, que lo mejor es un tanguita de hilo y si tenías el pecho bonito, unas pezoneras ¡como estas!.- y saqué del bolsillo unas pezoneras negras que no pude resistir a comprar.
-¿De verdad, cómo voy a ir así? No sé si me atrevo cariño, ¡estás loco! y seguro te ha costado una pasta.- Ana se reía nerviosa aunque estaba deseando ponerselo, me dio un piquito.- No se Cari, ¿Tú quieres que me lo ponga? Las pezoneras son como muy de puta…

La guiñé un ojo y ella me dio un golpe cariñoso en el hombro.

Cuando Ana se terminó de vestir, estaba espectacular, se había hecho una coleta con el pelo super tirante hacia atrás, en los ojos unas sombras oscuras y los labios rojos, estaba realmente atractiva. Pero lo que te dejaba sin respiración era verla con el vestido entre los encajes, veías a la perfección su precioso cuerpo. Su pecho de mujer madura coronado con las pezoneras negras y el tanga negro de hilo que dejaba su culete a la vista de todos.

-Para algo voy al gimnasio ¿No?.- sonreía a la vez que meneaba el culito de manera graciosa.

En el ascensor, la note nerviosa, no paraba de decirme que iba casi desnuda, que con las pezoneras iban a pensar que era una puta, se miraba en el espejo como si por mucho mirarse fuera a dejar de ser transparente el vestido.

Cuando se abrieron las puertas me agarró la mano fuerte y recorrimos el vestidor del hotel hasta la salida donde nos esperaba el taxi para llevarnos al restaurante.

No pasó desapercibida para nadie y a mi me excitó llevar a mi mujer de la mano mostrándosela a todo el mundo. Todas las personas que estaban en la recepción la miraron independientemente de si eran hombres o mujeres. Incluso durante el camino al restaurante, cada vez que podía el taxista echaba un ojo por el retrovisor.

El restaurante era precioso, con cortinas blancas que colgaban del techo separando los diferentes ambientes y unas preciosas medusas pintadas en sus blancas paredes. Un sitio exclusivo para una experiencia gastronómica exclusiva. Los comensales que allí había disimuladamente también se fijaron en Ana, puedo decir que era la mujer más espectacular de «La Gaia» aunque no es algo raro, hoy brillaba con una luz especial.

Miraba a Ana y veía a mi putita y cuando se lo dije me sonrió besándome la mejilla diciéndome que esa noche lo iba a ser para mi. Durante todo el tiempo la excitación y el morbo estuvieron presentes.

Las pezoneras no tapaban más que lo justo y estar allí cenando viendo las tetas de Ana moverse libres a cualquier movimiento que hacía, que cualquiera se las pudiera ver también, resultaba excitante. Se lo dije y Ana me dio la razón diciéndome que creía que estaba hasta mojando la silla.. Yo estaba loco por volver al hotel a follármela pero era pronto y había que aprovechar la noche.

Terminamos de cenar y desde el restaurante se podía pasar directamente al Casino, así que decidimos entrar y probar suerte.

Jugamos a la ruleta pero no tuvimos fortuna, el crupier cuando le dije que no era mi noche, me respondió: «desafortunado en el juego afortunado en el amor caballero». Al oírlo Ana sonrió cortésmente.

Durante la partida entablamos conversación con una pareja, serían un poco mayor que nosotros, eran educados y elegantes, la mujer desde que nos sentamos estaba deseando terminar la partida..

-¿Ya te retiras?- me preguntó el hombre cuando dije que para nosotros era suficiente
-si- le respondí.- ya está bien por hoy.
-Ves Marco, un caballero inteligente.- 
comentó su mujer, deseosa porque dejase la mesa de la ruleta.

Entonces él también decidió abandonar el juego.

-Buenas noches.- le lanzó una ficha al crupier y este le guiño un ojo cortesamente.- ya es suficiente para nosotros también.

Se levantó de la silla en la que estaba sentado y los cuatro caminamos hacia la salida del Casino.

El era un constructor de la Isla y su mujer una arquitecta por lo que nos dijeron cuando jugábamos a la ruleta.

-¿Vais ahora a algún lugar?- preguntó la mujer que se llamaba Vicky.
-Está noche volvemos al hotel.- respondió Ana
-¡No puede ser amor!- interrumpió Vicky sonriendo a mi mujer y agarrando su brazo.- La noche es joven en las pitiusas.- dijo con jovialidad.- Una pareja tan guapa no se puede marchar, veniros que vamos a una fiestecita privada en casa de unos amigos cerca de Santa Eulalia.

Ana y yo nos miramos, era un buen plan y para eso habíamos venido, además, el matrimonio se veía bastante agradable y divertido. Él era un hombre alto, delgado y calvo, estaba tremendamente moreno y vestía elegante con ropa de lino, ella era una mujer grande, pero muy estilosa, muy morena con media melena rubia.

Nos montamos en el coche del matrimonio, un Range Rover negro, con asientos de cuero y cristales tintados, ellos se pusieron en los asientos de delante, Ana y yo detras.

Durante el trayecto, nos fueron hablando de la historia de la isla, de los hippies, de la época dorada, de la gente que habían conocido y las fiestas en las que habían estado, eran realmente encantadores, el camino se hizo corto, en poco tiempo llegamos a una villa increíble que era el lugar donde se daba la fiesta. Al llegar, la puerta de hierro se abrió cuando Marco tocó el vídeo portero.

Alrededor de la valla, los enebros ocultaban el interior de la finca, al entrar, fue sorprendente ver la distancia a la que se encontraba la casa iluminada a lo lejos. Continuamos por el camino y a unos 100 metros de llegar a la casa, dejamos el coche, anduvimos entre olivos hasta llegar a la altura de un hombre bajito y gordito que nos esperaba parado en la puerta. A su lado una chica joven que no llegaba ni de lejos a la treintena, con un caftán blanco y un precioso colgante, detrás de ellos dos, de construcción moderna, cuatro cubos blancos formaban la casa, con unos soportales con columnas en forma de arco.

-No hay nadie como Philip, para dar una fiesta.- dijo Marco.
-adulador como pocos.– respondió el hombre al que llamo Philip, estaba claro por su acento que era italiano.– no os dejéis embaucar por este pirata del ladrillo.- dijo mientras reía y me estrechaba la mano aquel peculiar hombre.

Rodeamos la casa, los tres hombres fuimos caminando detrás de las mujeres, por lo que veíamos el culo de Ana a la perfección y a pesar de haberlo visto, azotado, besado, lamido, mordido… en numerosas ocasiones seguía deseándolo.

Llegamos a la zona de la piscina en la que había unas cuarenta personas, que bailaban, bebían, hablaban, incluso algunos se bañaban, era gente variopinta disfrutando de aquella fiesta.

LA FIESTA

Entre los invitados había algunos conocidos de los programas de TV y alguna influencer según me dijo mi mujer, a la vez que me indicaba donde estaba cada uno de ellos.

A lo lejos, un hombre con rasgos árabes elegantemente vestido, llamó a Philip que se disculpó con nosotros y fue a ver lo que necesitaba. Su mujer, se acercó a Marco y a mí preguntando por qué queríamos tomar, algo que se notaba que ella llevaba tiempo haciendo.

Era muy guapa la mujer de Philip, morena de ojos verdes, con una boca grande como sus labios, de cara angulosa, extremadamente delgada. Sorprendía que una chica como ella pudiera estar con un hombre como Philip.

Cuando nos trajo las bebidas, encendió un cigarrillo y nos ofreció a Marco y a mi pero ninguno de los dos fumábamos.

hacéis bien, aunque algún vicio siempre es bueno tener y aquí raro es el que no lo tiene.- Su voz era suave, melancólica y su mirada tenía muchísima fuerza.- aunque seguro que con una mujer así, alguno tendrás.- Sus palabras, que no esperaba me sorprendieron.– Perdona alguna vez soy un poco descarada…

Continuamos hablando distendidos los tres. Erika (la mujer de Philip), cuando hablaba, solía tocarte un hombro, el brazo, chocaba su hombro con el tuyo… parecía que te conocía de toda la vida, coqueteaba y le gustaba mucho juguetear con los dobles sentidos, con la miradas… era el tipo de persona seductora por naturaleza.

Mientras, Ana estaba hablando con Vicky, Philip y con el hombre moreno con rasgos árabes que había llamado a Philip . No sabía el motivo de su conversación pero estaba claro por las caras que los cuatro tenía que ser algo interesante. Aquel hombre no quitaba ojo a Ana, aprovechaba que ella no le miraba para mirarla de arriba abajo. Mi mujer de vez en cuando me buscaba con la mirada, me guiñaba un ojo, me sonreía o me hacía cualquier gesto que se le ocurría para que supiera que estaba pasándolo bien.

Llevaríamos un poco más de hora y media en la casa de Philip cuando, Erika decidió bañarse en la piscina, se quitó el Caftán blanco que llevaba quedándose únicamente con un minúsculo tanguita que apenas tapaba nada. Tenía un cuerpo bonito, parecía una modelo, sin apenas pecho, sus pezones eran pequeños y rosados, estaban erizados, su vientre completamente plano y tenía una piernas bien torneadas y delgadas. Estaba tan delgada, que se la marcaban los huesos de las caderas y de los hombros.

Entonces Marco y yo nos unimos al grupo de Philip porque no nos apetecía bañarnos. El amigo árabe de Philip, era un empresario del mundo del arte, fue quien le presentó a su mujer Erika. Y aunque estuviera yo delante no mostraba pudor alguno en demostrar que estaba interesado en mi mujer

-Tienes usted una mujer bellísima, puede sentirse afortunado, cualquiera en su situación lo sería.- me dijo, aunque el cumplido buscaba que Ana lo oyese.
-se lo agradezco, Ana es una mujer fascinante se lo puedo asegurar.
-vais a hacer que me ponga roja.- 
Ana sonrió educada y vergonzosa.

Todos los que estábamos en el grupo nos dimos cuenta que a Bassâm – Bâsim que así se llamaba el hombre, sentía atracción por Ana y que a ella no parecía disgustar la situación.

De repente, salpicaron a Philip. Era Erika para llamar su atención y decirnos que nos metieramos en el agua.

-¿No quieren aprovechar la oportunidad de bañarse bajo la luna llena?- nos preguntó Philip mientras se quitaba la camisa que llevaba dejando al aire su gran panza.

-Venga que está muy buena.- gritó divertida Erika.

-Es una buena idea, lastima que no tener traje de baño.- dijo Ana

-Amor a estas alturas de la vida no debemos ser pudorosas.- le respondió Vicky, que desabrocho la camisa que llevaba dejando sus tetas al aire, seguidamente se bajó el pantalón, quedándose en braguitas.– además ¿tú pudorosa?- la dijo entre risas.

Entonces, Ana se quitó el vestido quedando solo con la tanguita y las pezoneras. Y se metió de un salto al agua.

Bassâm – Bâsim, comenzó a quitarse la camisa, mientras se la desabrochaba me llamó la atención lo musculado que estaba el árabe. Marco y yo preferimos quedarnos fuera del agua.

No esperaba que Erika me empujara por la espalda lanzándome a la piscina con ropa. Al intentar no caer al agua, la abracé y sentí sus pechos contra mi cuerpo apenas unos segundos, pero suficientes para desearlos. Al salir para tomar aire, pude ver la cara de Ana. Estaba sorprendida porque aquella chica se tomará tantas confianzas cuando apenas me conocía de unas horas. Erika cuando emergió del agua, se abrazó a su pareja y le besó los labios con pasión

-L’amor che muove il sole e l’altre stelle.- dijo Philip en italiano cuando se dejaron de besar. Pero Erika no se contentó con un único beso.

-El camino del amor es un desafío para el alma- dijo Bassâm mirando a mi mujer.

Aquel hombre no disimulaba que se sentía atraído por Ana que se sentía alagada. Aquella frase podría interpretarse como que iba dirigida a Erika y Philip y el amor de la joven a su marido. También para sembrar la duda en Ana, sobre lo que Erika buscaba conmigo y por último a través de la mirada, lo que él sentía por ella.

Empapado, salí de la piscina. Philip al verme le dijo a su mujer que me acompañará a la casa y me dejase algo de ropa. Ella salió del agua y sin secarse, se puso el Caftán pegándose como una segunda piel a su cuerpo y al estar mojado, se transparentaba todo su cuerpo.

Seguí a Erika dentro de la casa, que si por fuera era espectacular, por dentro lo era aún más Estaba repleta de obras de arte que ocupaban los espacios perfectamente colocadas.

En el sofá tres hombres y dos mujeres nos saludaron y no les importó que nosotros dos hubiéramos entrado, no se cortaron en inclinarse sobre la mesa y aspirar lo que allí tenían.

«Cloc»

-¿Quieres?- Mientras que yo me quedé observando las obras de arte, Erika aprovechó para descorchar una botella de champagne.– Este es mi favorito, lastima que a Philip no le guste.

Estiró su brazo y me ofreció una copa a la vez que ella le daba un trago a la suya. Cuando cogí la mía, Erika me sonrió, agarro la botella con la otra mano y fue caminando hasta las escaleras que llevaban a la segunda planta.

-¿Vienes?

Se fue caminando pero antes, se acercó al sofá y tomó también de lo que en aquella mesa disponían, me miró para ofrecerme el turulo con el que había absorbido de la mesa, pero lo rechacé.

La habitación donde tenía la ropa estaba en la segunda planta. Aquella habitación era completamente blanca, con detalles de madera, una enorme cama con dosel, los armarios estaban ocultos, disimulados como si fueran parte de la pared y una bañera de latón antigua oculta tras un biombo. Cogió un par de camisas que midió superponiendo a lo lejos con mi cuerpo para calcular la talla a ojo. Luego sacó un pantalón.

-Toma pruébate esto y esto, son de mi hermano, que cuando no estamos se queda en esta habitación y más o menos debéis de tener la misma talla.

Dude, ¿Acaso quería que me la probase con ella ahí, mirando? No sabía qué decir, tampoco que hacer, pero ella lo tenía claro, Erika comenzó a desabrochar los botones de mi camisa, así que la frene sujetando sus manos.

-Puedo yo.
-¿Estás nervioso?- 
me preguntó sonriendo

Erika estaba muy cerca de mí, me miraba y sonreía, dejó de desabrochar los botones de la camisa, pero al ver que yo no lo hacía, no quería desnudarme delante de ella, volvió a desabrochar los ella. Intenté que no lo hiciera, pero se acercó aún más, pensé que iba a besarme, pero no lo hizo. Antes que pudiera responder ella me dijo al oído en tono suave.

-tranquilo, no te voy a comer…- se acercó tanto, que su mejilla rozó la mía y no solo sentí su mejilla, también sus pequeñas tetas se aplastaron contra mi. Aquello cada vez me excitaba más y podía ver en ella que también le ocurría lo mismo, el corazón que me latía a mil por hora, se me iba a salir del pecho, y ella noto que entre mis piernas algo crecía. Yo no sabía qué hacer, mi mente no paraba de decirme que la detuviera.

Sobre mi estómago sentí su dedo índice que lentamente fue subiendo hasta mi pecho. Apoyó ambas manos sobre mi pechos, clavando sus uñas.

-estás tremendo… – se refería a que estaba tremendamente empalmado, pues pego su pubis a mi entrepierna.

Cuando intento volver a desabrochar mi camisa, volví a frenarla y me separé.

-No te preocupes, yo puedo…- intentaba ser educado, pero me estaba poniendo nervioso, sabía que en cualquier momento la situación se podía ir de las manos y si no la frenaba antes, luego no podría.

Ella me miraba pícara, sin intención de dejarme solo.

¿Dónde puedo cambiarme?- le pregunte.

-no me voy a asustar…- y se giró para que yo pudiera cambiarme.-Prometo no mirar.

Aproveche y me fui detrás del biombo, una vez me cambié cuando salí…

-Erika ¿qué haces?- no podía creerlo, se había quitado el Caftán y el tanga, estaba completamente desnuda de espaldas a mi. La situación era tan embarazosa como morbosa. La deseé, quise abalanzarme sobre su cuerpo y hacerla mía pero no lo hice, no estaba bien.

Se acercó nuevamente a mí, tenía el pubis, completamente depilado y unos grandes labios sobresalían de su vagina. Aquella visión resultó ser tremendamente erótica y apetecible, hasta imaginé cómo sería lamerlos, chuparlos, comerlos… me empalme nuevamente.

-¿No vas a follarme?- me pregunto sin rodeos con cara de salida .- ¿Crees que tu mujer no se follaría al moro si pudiera?- continuó presionandome

-por favor, Erika, vístete creo que has bebido mucho, estás puesta y no sabes lo que dices…esto no está bien.- no podía hacerle esto nuevamente a Ana.

Sentí sus uñas rozar mi piel. Yo quería que lo hiciera que agarrara mi polla y no la soltara, que disfrutara y me hiciera disfrutar, quería follármela allí mismo, dar rienda suelta a mis instintos, estuve a punto de dejarme llevar por la tentación, su forma de mirarme durante toda la noche, su voz, el tacto de su piel, su cuerpo desnudo frente a mi, ofreciéndose. Pero no lo hice, ni lo iba a hacer, agarré su muñeca, ella intentó besarme, todo pasó en apenas unos segundos, la frene y en ese justo momento, escuchamos que una puerta se cerraba, alguien podría vernos, entonces Erika con agilidad y rapidez, se puso el Caftán y salimos de la habitación. Pero no, no había nadie la puerta de al lado se había cerrado violentamente por el aire

Cuando llegamos a la zona de la piscina, vi que Ana seguía hablando con Bassâm, pero esta vez estaban ellos dos solos.

-No sabes el rabo que gasta el moro.- me dijo para ponerme celoso- Ese hombre es insaciable.

Miré a Erika, ella aguantó la mirada desafiante, entonces, Marco se acercó a nosotros.

-Creo que es hora de irse ¿No crees?.

Ana salió de la piscina por las escaleras y Bassâm que esperaba detras, tuvo un primerísimo plano de las partes íntimas de mi mujer, que estaban tapadas tan solo por el minúsculo tanguita de hilo que llevaba.

En el camino de vuelta mientras Ana hablaba con Marco y Vicky, yo iba callado, pensando en lo que había pasado con Erika y en lo que me había dicho de Bassâm – Bâsim. No pude evitar imaginar a aquel hombre poseyendo a mi mujer. La mire sentada a mi lado, con el pelo mojado, sin la coleta con la que salió del hotel y sentí tanto amor por ella, que tuve miedo de perderla.

Ya en la habitación del hotel con delicadeza, comencé a besar el cuello de Ana. Lentamente le di pequeños mordiscos con los que Ana se estremeció. Con mis manos acariciaba su cuerpo, quitándole el vestido lentamente.

-Es guapa ¿Verdad? – me pregunto cuando volví a besarla y aunque no pronunció su nombre, supe a quién se refería.
mmm, no sabía que te gustaban las mujeres…- bese su cuello
-Qué tonto eres.- Ana se dejaba hacer
-¿Qué ha pasado cuando te ha acompañado a cambiarte de ropa?
-Nada.

Continuó besando su cuerpo y mientras lo hago, Ana se arrodilló y bajó mi pantalón, quedando frente a mi miembro que está duro y brillante, lo agarra y lo besa.

-seguro que te la ha chupado…- cuando lo dice, se mete mi polla en la boca, siento su lengua y su mano acariciaba mis huevos.-¿Lo hacía mejor que yo?
-No lo ha hecho…- respondí entre suspiros de placer.

Vuelve a chupar mi polla, la recorre de arriba abajo, engullendo todo lo que puede. Recuerdo a Erika y me pongo muy cachondo, es como si fuera ella la que me la chupara y recuerdo sus palabras «tu mujer se lo follaria»

-Y a ti, ¿te gustaría que fuera la del moro?- agarró su pelo y le saco la polla de la boca para que me conteste.
-Sabes que no me van los de esa raza…- contesta mirándome arrodillada, mientras un hilo de saliva le mancha la barbilla.-tienen las pollas demasiado grandes.- me sonríe
-Qué zorra eres.- la meto nuevamente la polla en la boca y intento que entre toda

Se que aquel hombre en la casa de Philip la estaba poniendo cachonda, lo veía en su lenguaje corporal cuando estaban cerca el uno del otro. La miro y la recuerdo en la piscina y durante toda la noche exhibiéndose.

-Joder eres una puta…-
-Tu puta.-
me dice sacandose la polla de la boca

Y comienzo a darle pollazos en la cara que recibe con gusto, cierra los ojos, abre la boca y saca la lengua.

-Te gustaría tener la polla de ese cabrón entre tus labios ¿Verdad? – cuando se lo digo, le meto la polla en su boca y comienzo a follarsela con rudeza.

No aguanta y se retira para poder respirar después de que le hayan dado un par de arcadas.

-te pone cachonda imaginarte la polla de ese tipo.

Ella me sonríe, me dice que soy un guarro y que es mi polla la única que quiere, la siento muy excitada. Se incorpora y me besa, en su boca percibí el sabor de mi polla. Me abraza, me agarra el culo y yo a ella, se lo aprieto, se lo abro con las manos. Quiero recorrer todo su cuerpo. Agarro sus tetas y chupo sus pezones, que están duros. Ella con cara de vicio y de placer mira como lo hago mientras acaricia mi cabeza.

-Vamos a la cama.- me dice.

Al llegar, la empujó contra la cama con sutileza y cayó boca abajo sobre el colchón, un pequeño gritito salió de su interior y me abalazo sobre ella.

Cuando estoy encima de Ana, muerdo su cuello y se pone más cachonda no puede contenerse, quiere sentirme duro y aprieta su culo contra mi polla.

-Seguro que te hubiera gustado follartelo.- le digo al oído y se estremece.

Beso su nuca, y con mi lengua recorro su espalda hasta la rajita de su trasero, lo levanta y me lo ofrece, muerdo sus nalgas, mientras mis dedos juguetean con los labios de su coño que están empapados.

Tengo una visión maravillosa de su culo y del coño, que brilla por lo mojado que está, se pone más en pompa y sus labios se abren dejando ver el interior rosado de su coñito. Mi lengua comienza a hacer círculos en su puerta de atrás. Ella se estremece.

-mmmm, ahhh.- mueve su culo arriba y abajo perdida en el placer.- ahhhh…– no puede parar de gemir.

Cuando pongo mi polla en su ojete no se queja, su respiración se acelera y cuando ejerzo presión, siento que se tensa, me agarra de la muñeca y la aprieta temerosa, sabe que inevitablemente, va a sentir algo de dolor y eso le produce cierta ansiedad.

Diosss, diossss cuidado…¡Joder está muy gorda!… Aggh

-¿Aguantas?- 
quiero darla por el culo y si no soy cuidadoso no me va a dejar.

Estoy muy cachondo, lo he estado toda la noche, pero tengo que controlar no hacerle daño para lo que presto atención a sus sensaciones.

– ¡Joder como me pone darte por el culo!- y se la meto unos milímetros más.

Mi capullo ya está dentro, siento como su culo se abre, es muy placentero a la vez que es muy muy morboso ver mi polla insertarse en su ojete.

-no aprietes.- me dice al sentir las pulsaciones de mi polla.

Ana sigue aguantando y mi polla va abriéndose paso poco a poco en su esfínter. Aprieta las manos y dejo de presionar unos segundos, pero pasado ese tiempo, vuelvo a metérsela un poquito.

-despacio…despacio mmmmm…- casi me suplica

Seguro que al moro no le dirías eso…- según se la meto, se dilatan sus anillos anales, es una sensación maravillosa notar como se abren.

Para, para…- me pide

Me detengo, Ana no aguanta y se saca mi polla del culo…

ohhhhffm– un suspiro de alivio sale de lo más profundo de su ser.

Se gira, nos miramos y frunce el ceño.

-Buff, no podía más.- me dice mientras agarra mi miembro. Comienza a subir y bajar con su mano por la extensión de mi polla, me masturba, me besa -solo quiero este pollón- y termina por meterse mi polla en la boca.

-Eres muy guarra.- al oírme me sonríe.- te la acabo de meter en el culo ya ahora te la metes en la boca…-Sé que la excita

Siento su lengua juguetear con mi capullo mientras mi polla está dentro de su boca. Aún no he desistido en mi intento de darla por el culo. Así que voy a usar otra estrategia. Que haga que se ponga muy cachonda.

Me tumbo y le digo que se ponga sobre mi para hacer un 69. Coloca sus rodillas a cada lado de mi cabeza y se inclina hacia mi polla dejando su coño sobre mi boca quedando su ojete a mi alcance.

Los dos nos chupamos y nos damos placer. Se estremece al sentir mi lengua recorrer su raja, no es capaz de continuar con su mamada y tiene que dejar de chupar aunque no sé la saca de la boca, siento el calor de su aliento al gemir sobre mi miembro, cosa que me resulta muy excitante.

La como el culo y ella lo disfruta, mi lengua hace círculos alrededor de su agujerito, se nota que hace unos minutos se lo estaba follando, oigo como gime de placer al sentir el roce de mi lengua…

Cuando meto mi dedo en su culo, se estremece, lo meto y lo saco, hago círculos, cuando creo que está suficientemente dilado, meto un segundo dedo, no se queja, comienzo a acariciar su clítoris y no deja de retorcerse de placer.

ah, ah, ah ah, ah…jo derrr.- resopla y es ella quien lo pide.- ¡metemela por detrás!

A cuatro patas en la cama ofreciéndome su culo, vuelvo a intentar metérsela. Esta vez siento su culo increíblemente lubricado por su propio flujo y mi saliva, lo que hace que mi polla entre con cierta facilidad. Lo hago poco a poco entre gemidos de placer de Ana.

Ahhhh,…. joder….. joder….¡Me encanta! Dios… que ¡pollaaaaa tienes! Metemela Ahh.– Cuando la meto entera no se queja, no para de gemir… mientras su culo se abre como nunca.

Agarro sus caderas, despacio se la saco y se la meto una y otra vez. Es como música oír cómo choca su culo contra mi.

-¡Que culo!- estoy muy excitado viendo cómo entra y sale mi polla. Le hundo el rabo todo lo profundo que puedo y sintiendo como chorrea su vagina sobre mis huevos y le doy un par de azotes.

-¿Te gusta?- me recreo con el momento, no sé cuándo volveré a tenerla tan cachonda y quiero disfrutarlo.

-siii. Metela más

Y sin sacarla ni un milímetro, embisto con fuerza por lo que se vence hacía delante quedando tumbada en la cama. Mi polla se sale pero ya no cuesta meterla porque tiene el culo completamente abierto.

-¿Dónde la tienes? Puta- le pregunto, quiero oírla decir que la tiene en el culo.
-En el culo.
esto es muy de guarra…¿Lo sabes?- la digo al oído
-si, soy muy guarra
-Te voy a romper el culo.
ohhh,og

Y vuelvo a meter y sacar mi polla, ella está al límite del orgasmo, me dice gritando que se corre, estoy seguro que la oyen por toda la planta del hotel.

-Estás muy cachonda ¿verdad?

siii, muu cho… !dame fuerteeee.. hijo putaaaa!.

Su culo empieza a vibrar y no para de dar alaridos de placer, nunca ha gritado de esa forma, es el mejor orgasmo que ha tenido nunca, estoy seguro. Su ojete se dilata de tal manera que noto que mi polla baila dentro. Siento una contracción tras otra de su culo que aprieta mi polla y la engulle más dentro de su culo.

Sigue gritando, palabras inteligibles hasta que poco a poco vuelve a la normalidad. Me quedo quieto.

-¿Te has corrido?- me pregunta
-todavía no, necesito darte fuerte para correrme.
-Hazlo rápido que no aguanto.

Apoyo mis manos en sus nalgas, las separo, me pongo de rodillas cómo puedo y saco mi polla hasta que solo queda el capullo dentro y me vuelvo un animal…

Se la meto todo lo fuerte que puedo una y otra vez la saco y la meto…

-¿Te duele?. – pregunto en este estado me pone muy cachondo que sienta dolor.
-Ahhh!!, si pero sigue y correte venga.

La doy más fuerte y más rápido, agarró su pelo, le tiro y coloco su cara de lado para ver sus gestos, veo como aprieta los dientes. No aguanto más

Nada más correrme, Ana se ha sacado la polla del culo, no aguantaba más y ver cómo ha quedado abierto su agujero, es una delicia, son solo tres segundos como mucho porque vuelve a contraerse, pero es una imagen que no se olvida.

-traeme papel para limpiarme.- me dice mientras está boca abajo en la cama, sudando exhausta, con mi leche resbalando de su culo al coño.

Lo hago, pero no se lo doy, soy yo quien la limpio, paso el papel por su culo y la vagina recogiendo toda la leche que he echado, con delicadeza. Me tumbo a su lado, se gira, me mira y cierra los ojos.
-buenas noches.-me dice y me da un beso en los labios

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