MOISÉS ESTÉVEZ

el_sistema_está_podrido

Solo le quedaba un cigarrillo, lo encendió, alternando suaves caladas
con aromáticos sorbos de café recién hecho.
Desde la terraza de su minúsculo apartamento de la calle 34 observaba
el devenir del gentío, y del que formaba parte ese sucio y rastrero vecino, que
apostado en el bar de la esquina, maquinaba una nueva forma de prevaricar,
corromper más si cabe una administración podrida y en manos de unos
cuantos chorizos y delincuentes a los que poco le importaba ese devenir de
individuos inmersos en un sistema caduco e injusto.

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