KERANOS

-¿Has notado a Irene rara?
-No, ¿por?
-Nada, nada.
-¿Pasa algo?
-Nah, serán cosas mías…
-Vale…

Seguimos comiendo hasta que Elena volvió a sacar el tema.

-A quien noto un poco diferente es a Mario.
-¿Sí?
-Bueno, tampoco es para tanto.
-¿Qué has notado?
-Bueno, que ayer fue él quien dijo de irnos con ellos, cuando siempre ha sido Irene.
-Es verdad. (cosa que había notado yo también como uno de los detalles de la noche anterior)
-Y cuando follaron, no fue Irene la que dominó y me llamó la atención porque dijo que ella casi siempre era la que lo hacía, sería ayer una de esas veces en la que no.
-Cierto. (dije pensando en que eso era otro detalle más)
-¿Tú has notado algo?
-No, ahora que me dices eso pues sí, pero no me había dado cuenta. (en realidad sí)
-Bueno, hay otra cosa.
-¿El qué?
-Pues que ayer cuando os fuisteis a preparar las bebidas, se sentó a mi lado preguntándome si me había decidido ya a probar cosas nuevas.
-Ah… ¿Y qué le dijiste?
-Pues que aún no, que estaba a gusto conforme estaba y que me estaba costando dar ese paso.
-¿Y qué dijo?
-Pues puso su mano en mi muslo, acercándose y me dijo que a ver si me animaba, que era una chica muy mona.
-¿En serio?
-Sí, me puse un poco nerviosa…
-¿Algo más?
-No, ya fuimos a la cocina a buscaros y ya está. Luego en su habitación ya fue normal, no hizo nada.
-No del todo.
-¿Qué?
-No te diste cuenta.
-¿De qué?
-Cuando estabas tú boca arriba y yo de rodillas follándote, él te tocó, acariciándote el clítoris.
-¿Qué dices? (dijo abriendo mucho los ojos y poniéndose roja)
-Tranquila, no pasa nada, no me molestó.
-Pues a mí sí me molesta.

Me sorprendió tanto lo que dijo como la forma de decirlo, quedándome mirándola sin saber qué decir.

-Javi, yo me lo paso muy bien haciendo esto, pero eso es algo que no quería hacer, al menos de momento.
-Vale, vale.
-Siempre me dices que no se va a hacer nada que yo no quiera y ahora pasa esto.
-Tranquila, Elena.

Parecía bastante enfadada al enterarse de lo que pasó y yo no sabía qué decir ni qué hacer para que se calmara y se le pasara el cabreo, por lo que a los pocos minutos rompí el silencio, contándole lo que pasó entre ellos y Sofía.

-¿Y por qué me cuentas esto?
-Porque a Irene le molestó.
-¿El qué?
-Pues que Mario le hiciera más caso a Sofía que a ella.
-No será para tanto, ¿no? Si ellos son muy liberales.
-Pues sí que lo fue porque cuando me lo contó la vi mal y quedamos en una cafetería para hablarlo.
-¿Sí?
-Sí, cuando llegué la vi con una cara a la pobre…
-Joder, ¿pero por qué?
-Porque vio que ella le estaba dando cosas que ella no podía y bueno…
-Uff… ¿Y qué pasó?
-Pues la animé como pude y se le pasó un poco.
-¿Y esto qué tiene que ver con nosotros?
-Joder, Elena, son nuestros amigos.
-Ya, pero, ¿nos afecta a nosotros en algo?
-Tía, cálmate. (dije al ver que no paraba de hablar con ese tono de molestia)
-Estoy enfadada. Vamos a estar un tiempo sin hacer nada con ellos. Hasta que se aclare lo que pasa yo no quiero hacer nada.
-Vale, me parece perfecto, pero cálmate.
-Vale, vale. Pero, ¿nos afecta?
-Pues yo veo a Mario más lanzado por lo que me has dicho y por lo que he visto.
-Ya. ¿Tienes algo en mente?
-Por lo pronto que hablemos tú y yo con Irene para que nos cuente bien qué le pasa.
-Vale, ¿le digo que venga ahora?
-Sí, pero que venga sola.
-Vale, ahora la llamo cuando acabemos de comer.
-¿Se te ha pasado ya?
-Bueno… ¿A ti no te pareció mal?
-Pues no, surgió natural y no me desagradó.
-¿Y a Irene?
-Tampoco.
-Vale.
-Pero luego sí.
-¿Cuándo?
-Cuando tú acabaste, él te miraba y se le notaba que quería tocarte y estuvo a punto.
-¿En serio?
-Sí.
-Pfff…
-Pero Irene le apartó la mirada de ti y ya acabaron ellos.
-¿Y tú?
-¿Yo, qué?
-¿No acabaste?
-Sí, bueno…
-Bueno, ¿qué?
-Irene me hizo una paja para que acabara.
-Ah, vale.
-¿Eso no te molesta?
-Hubiera preferido hacerlo yo, pero no, no me importa.
-No te entiendo…
-Bueno, ya he visto como ambos os habéis tocado antes, ¿no?
-Sí.
-Pues entonces.
-Sigo sin entender que te moleste más que otro chico te toque a ti unos segundos que otra chica me haga una paja.
-Bueno, vamos a dejar el tema ya, que no me quiero enfadar más.
-Vale.

Terminamos de comer y después de un rato, Elena llamó a Irene para que fuera a mi casa para invitarla a un café. Por suerte no hizo falta que le dijera que no fuera Mario, ya que le dijo que él iba a ver a sus padres para arreglar unos papeles.

Sobre las 4 de la tarde llegó Irene a mi casa, dándonos dos besos y un abrazo a cada uno, pasando al salón donde nos tomamos un café, hablando de algunas cosas hasta que Elena sacó directamente el tema.

E: ¿Y qué tal con Sofía?
I: ¿Eh? Bien, bien. (dijo buscando mi mirada para saber si le había contado algo)
E: Cuenta, ¿qué hicisteis?
I: Eh… ¿Quieres saberlo?
E: Claro, ¿por qué no?
I: Por como te pusiste por lo de Ángela y tal…
E: No sé cuántas veces os voy a tener que decir que me puse así porque lo que en realidad me sentó mal fue el plantón que nos disteis. Que salimos los cuatro juntos y nos dejasteis ahí tirados.
I: Ah, vale.
J: Venga, cuenta.
I: Se lo has contado, ¿no? (dijo mirándome)
J: Sí.
I: Tío…
J: Ella también es tu amiga, ¿no? No me jodas, Irene. A ver si somos como familia para unas cosas y para otras no. Te queremos ayudar.
I: Ya, pero es que… Uff, no me gusta pensar en eso.
J: No, si yo también he salido escaldado…
I: ¿Cómo?
J: Por lo que hizo Mario con ella.
I: Ah, tampoco fue para tanto, ¿no?

Elena puso cara de enfadada mirando a Irene, quien se asustó un poco al verla así.

E: Irene, si es para tanto. No quería que pasara eso todavía. De hecho, no sabía si quería que terminara de pasar algún día.
I: Lo siento, Elena. No sabía que te fuera a molestar tanto.
E: Pues ya ves.
I: ¿Y lo otro te molestó?
E: ¿Lo de que le hicieras una paja a Javi?
I: Sí.
E: No tanto.
I: Bueno, lo siento igualmente.
E: Da igual, ya está hecho. Pero por eso te queremos ayudar, para que hables con Mario antes de que la cosa se salga del tiesto más.
I: Ya.
E: Mira, cuando me lo ha contado Javi estaba tan cabreada que me ha dado hasta igual como te sintieras tú. Ahora ya en frío, me preocupo por ti porque Javi me ha contado que habéis hablado y tal.
I: Vaya.
E: A ver, ¿qué es lo que te pasa?
I: Pues…

Entonces Irene empezó a llorar, transformándose en un llanto que no dejaba de aumentar, llorando como una niña pequeña. Elena se asustó y fue corriendo a sentarse a su lado, abrazándola. Intentaba tranquilizarla, pero ella no paraba de llorar, hasta que poco a poco se fue tranquilizando. Yo no sabía como reaccionar, me quedé paralizado al verla así. Creía que la había animado, pero se me vino el mundo encima cuando la vi ponerse así.

E: Venga, Irene, no pasa nada. ¿Qué es lo que pasa?
I: Pfff… Es que… (decía sin poder seguir por su llanto, respirando fuertemente)
Al fin reaccioné y me puse a su otro lado para ayudar a Elena a calmarla.
J: ¿No te acuerdas de lo que hablamos?
I: Sí… (dijo abrazándose con fuerza a mí)
J: Entonces, ¿qué pasa?

Después de unos segundos, Irene se serenó y al final pudo hablar con claridad para explicarnos lo que le pasaba.

I: Tengo miedo.
E: ¿Por qué?
I: Tengo miedo de que Mario ya no me vea como antes, tengo miedo de que se haya cansado de mí y me deje.
E: Venga, Irene, eso no va a pasar. (dijo mirándome con cara de preocupación)
J: Nada, tonterías. Si Mario te quiere un montón, ¿cómo piensas eso?
I: No lo sé. Me sentí tan mal cuando hizo eso cuando estuvimos con Sofía… Parecía que estorbaba allí.
E: Cuando os encontrasteis con nosotros al día siguiente no estabas así.
I: Porque delante de Mario no quiero estar así para que no sospeche lo que me pasa.
E: Pues eso está muy mal. Si tienes un problema, hay que hablarlo. No ves que la bola se puede hacer más grande y te puede pasar como a mí me pasó en su día…

Esas palabras fueron como un mazazo en la cabeza para mí, ya que no pude evitar pensar en todo lo que había pasado con Noelia desde que la conocí, llevando Elena mucha razón. Me puso muy mal cuerpo, por lo que me levanté para ir al baño. Me miraba al espejo pensando en contarle todo a Elena, pero la cosa estaba muy parada últimamente con Noelia, pensando en que tal vez ya se había acabado todo aquello, pero en el fondo sabía que no me podía fiar de ella. Me eché agua en la cara y salí del baño para volver con ellas, sin tener los cojones suficientes para contarle a Elena todo aquello. Me las encontré abrazadas, con Elena acariciando la cara de Irene.

E: Venga, Irene, tranquilízate, que ya verás como no es nada.
I: Ya…
J: Creo que deberíamos llamar a Mario para que venga y lo habléis
I: No, no, no. No quiero que me vea así.
E: Irene, tienes que hablarlo con él. No estás bien y no vamos a dejar que estés así.
I: Pfff… Vale. Pero solo si estáis vosotros delante.
J: Irene, eso es algo muy personal, deberíais hablarlo solos.
I: Somos como una familia, ¿no?
E: Venga, vale.
J: Le voy a llamar para que se pase cuando acabe eso.
I: Pero, ¿ya?
J: Cuanto antes, mejor.

Llamé a Mario para que se pasara por mi casa cuando acabara para comentarle una cosa, diciéndome él que ya iba para allá, que ya había acabado. Cuando colgué pude ver a Irene muy nerviosa, casi con cara de terror, con los ojos muy abiertos, muy inquieta, temblando un poco, moviendo sus dedos sin parar. Elena le cogía las manos para tranquilizarla y que dejara de temblar. Al poco vino Mario, yendo yo a abrirle, preguntándome qué pasaba al verme con la cara tan seria. Le dije que pasara al salón, donde estaban ambas chicas. Mario se asustó al ver a Irene con los ojos rojos por haber llorado y el maquillaje un poco corrido por sus lágrimas.

M: Irene, ¿qué te pasa?
I: Mario, tenemos que hablar. (dijo mientras le caían unas finas lágrimas por su cara)
M: Irene, no me asustes. ¿Qué ocurre?
I: Mario, te veo cambiado.
M: ¿De qué hablas?

Entonces entre todos le contamos lo que Irene pensaba y como se sentía, con Mario intentando comprender lo que le decíamos.

J: ¿Qué dices tú, Mario?
M: No sabía que fuera para tanto.
E: Bueno, pues parece que sí, mira como está.
M: Pero, yo no pretendía que se sintiera así.
J: Pero, ¿pasa algo?
M: No, no pasa nada. Simplemente me he dejado llevar. He sido un poco egoísta, pensando solo en mí, sin pensar en Irene, lo que ella necesita y quiere.
J: ¿No te has dado cuenta de que estaba mal?
M: Pues no. ¿Cómo iba a saberlo?
J: Te tienes que fijar más en los pequeños detalles.
M: ¿A qué te refieres?
J: El otro día por ejemplo fuiste tú el que nos dijiste que fuéramos con vosotros cuando es siempre ella la que lo propone.
M: Bueno, tenía ganas y lo propuse, sin más.
E: Nos dijisteis también que ella casi siempre dominaba y el otro día no fue así.
M: Bueno…
J: Y el otro día se lo depiló del todo, cuando le dijo que le gustaba llevarlo como lo llevaba, lo hizo por ti.
M: A ver, pues puede ser, pero yo no lo veo como indicios tan claros. Además, Irene, sabes que yo para eso soy muy malo. Si te sentías así, ¿por qué no me lo dijiste?
I: Tenía miedo.
M: ¿Miedo?
I: Miedo a que te hubieras cansado de mí y me dejaras.
M: Pero, ¿qué dices? ¿Cómo te voy a dejar? Si eres lo mejor que me ha pasado y te quiero como no he querido a nadie.

Irene se abrazó a él, empezando a llorar de nuevo. Estuvimos un rato en silencio, mientras Mario la consolaba, dándole besos. Elena se vino a mí lado, abrazándose a mí, poniéndose un poco ñoña, ya que era la primera vez que veíamos a nuestros amigos así. Después de unos minutos nos tranquilizamos todos, sacando Elena el tema que tanto le molestaba.

E: Mario, ¿por qué me tocaste?
M: Pues me dejé llevar. Me moría de ganas por hacerlo y no pude aguantar y como vi a que a Javi no le pareció mal, pues bueno…
E: Pues a mí me ha molestado.
M: Vaya, lo siento.
E: Va a ser mejor que estemos un tiempo sin hacer nada.
M: Llevas razón. De hecho, pienso que nosotros deberíamos parar un poco también, creo que se me ha ido un poco de las manos. ¿Qué crees, Irene?
I: Sí, me parece bien. Un tiempo para nosotros solos y ya poco a poco.

Después de estar un rato calmando el asunto, con varios arrumacos de Mario e Irene, se marcharon a su casa, quedándonos Elena y yo sentados en el sofá, mirándonos en silencio hasta que hable yo.

-Vaya situación, ¿eh?
-Sí… No esperaba para nada que pasara esto hoy.
-Yo lo que no me esperaba es que les pasara algo así a ellos. Desde primera hora dejaron claro lo que había, que ellos se querían y que sabían que todo lo demás era para divertirse.
-¿Entiendes ahora lo que dije de que tenía miedo?

Entonces me volvió a la mente aquella conversación donde dijo esas palabras, que tenía miedo de que alguno hiciera algo de lo que se pudiera arrepentir o que alguien pudiera empezar a sentir algo.

-Sí.
-Quizás hemos ido demasiado rápido.
-Bueno, realmente no ha sido por nosotros, ¿no?
-Todo suma, Javi.
-Bueno, ya está solucionado, no hay que darle más vueltas.
-No opino igual.
-¿No? (dije sorprendido)
-Creo que está bien reflexionar sobre estas cosas para aprender de lo que pasa para que no vuelva a ocurrir.

Me quedé en silencio sin saber qué decir.

-Yo entiendo que vosotros seáis tan liberales, pero yo no soy así y pues a veces tengo mis cosas. Si Irene, que es así se pone como se ha puesto, imagínate si me pasa a mí.
-Vale, no haremos nada más. Yo solo quiero que tú estés a gusto.
-No es eso, Javi. Seguiremos haciendo nuestras cosas con ellos, solo que tenemos que controlarnos, bueno, más vosotros que estáis acostumbrados a estar con más gente. Además, yo también quiero que estés a gusto y sé que te gustan estas cosas.
-No me importa dejar de hacer estas cosas, a mí lo que más me importa eres tú.
-Pero a mí sí me importa. Sería egoísta por mi parte y tú conmigo no lo eres, de hecho, eres todo lo contrario, me pones siempre por delante de ti, siempre.

Era increíble lo que Elena me transmitía y me hacía sentir con esas palabras. Hablaba de una forma tan calmada, tan decidida y tan sentida que se me ponía un nudo en la garganta.

-Claro que lo hago, porque eres lo mejor que tengo en mi vida y quiero cuidarte para tenerte siempre.

Elena me miraba con unos ojos brillantes, enrojeciéndose por las lágrimas que estaban a punto de salir de ellos.

-No. (dije de manera firme y seria al ver que iba a empezar a llorar)

Ella pegó un respingo y yo abrí mis brazos para que se acercara a mí y me abrazara. Así lo hizo ella, echando su cabeza sobre mi pecho, para después tumbarnos en el sofá y quedarnos así, en silencio hasta que ella cayó dormida. Después del madrugón que se metió, habiéndonos acostado el día anterior tarde, cayó fulminada en mi pecho. Pensé que también había tenido algo que ver aquella situación con nuestros amigos y nuestra posterior conversación, demasiadas emociones muy seguidas.

Estuvimos un buen rato los dos así, aprovechando yo para echarnos una foto mientras ella estaba tan preciosa durmiendo y yo le daba un beso en la frente. Ya que tenía el móvil en la mano, empecé a hablar con Sofía, para contarle un poco lo que había pasado.

-¿En serio ha pasado eso?
-Sí. Imagino que no era tu intención, pero ha pasado eso.
-Para nada quería que pasara algo así, yo en su momento no me di cuenta ni nada…
-Ya, ya lo imaginaba, te conozco lo suficiente como para saber que no eres así. Y la verdad es que Irene es una chica muy segura, me sorprendió bastante que se pusiera así, pero ya ves…
-Joder, me siento mal… Me gustaría hablar con ellos para decírselo y que me perdonen.
-A ver, por eso te lo he contado, para pedirte que no les hables en unos días si puede ser. Está la cosa un poco sensible y no creo que sea lo mejor que hables ahora mismo con ellos. Que no es que se crean que lo hicieras adrede ni nada, pero prefiero que no vayan a peor. Son mis amigos y los quiero.
-Sí, sí, claro.
-Espera unos días para que la cosa se calme y ya le preguntas si quieres. O si te hablan ellos, pues ya a ver qué te cuentan.
-Sí, creo que va a ser lo mejor.
-Genial. Y no te preocupes, que no pasa nada.
-Vale, y tú, ¿qué tal?
-Bien, bien.
-Genial, y tu chica también, ¿no?
-Sí, estamos bien.
-Tío, ojalá estar allí con vosotros. Me habéis caído tan bien… Pero es que con el trabajo que tengo ahora es una mierda, me tiene muy sujeta y no puedo hacer nada, todo el día de aquí para allá…
-Sí, tiene pinta de ser estresante.
-Bueno, una vez te acostumbras no es para tanto. A veces sí que llegas que no puedes más, pero bueno. Pero la parte buena y a la vez la mala de este trabajo eso, que viajas mucho, entonces está bien porque ves muchos sitios y tal, pero es malo por cosas como esta. Porque si te soy sincera, tal vez me hubiera mudado a tu ciudad si tuviera el trabajo de antes. Más tranquilita, y con buena compañía.
-¿En serio?
-Sí, yo soy mucho de hacer esas locuras. Aunque no me parece para tanto. Además, contigo tengo buen feeling y tú con tus amigos también, me gustaría formar parte de eso.
-Pero es que no tienes amigos, ¿o qué?
-Claro, pero cada uno ya tiene su vida encarrilada y se han ido a vivir fuera prácticamente todos.
-¿Y tú no tienes tu vida encarrilada?
-Bueno…
-Yo diría que sí. Tienes un trabajo muy bueno y sabes divertirte. Eres amable, inteligente, divertida, una chica guapa que puede tener a quien quiera, ¿qué más quieres?
-Bueno, no he tiendo mucha suerte con las parejas que he tenido. Y mis amigos ya van empezando a tener hijos…
-Bueno, eso ya vendrá, no hay que tener prisa. Las mejores cosas vienen cuando uno no se las espera.
-Ay, Javi, siempre sabes qué decir para hacer que me sienta mejor.
-Bueno, siempre intento ayudar cuando alguien lo necesita.
-Pues no cambies nunca.
-Joder, que profunda… jajajaja.
-Jajajaja. Oye, ¿y tú?
-Yo, ¿qué?
-Que si te planteas tener hijos.
-Ostia… Pues supongo, pero lo veo muy pronto.
-Ya, claro, cada uno a su ritmo. ¿Y Elena?
-Pues no sé, nunca lo hemos hablado.
-Es verdad, que lleváis poco…
-Y tú, ¿quieres tener hijos?
-Pues claro, pero hay que encontrar al chico idóneo para eso.
-¿Pero ya de ya?
-Bueno, ahora mismo con este trabajo no me lo podría permitir, con el anterior pues sí. Pero sí que no me gustaría tampoco que pasaran muchos años más, que tengo 32 y el tiempo pasa muy rápido ya. En nada me pongo en los 40.
-Joder, qué exagerada…
-Ya lo verás.
-Bueno, no te molesto más, y no te tomes a mal lo que ha pasado.
-Tú nunca me molestas. Y tranquilo, no me lo tomo a mal, pero me gustaría que me contaras como les va y tal, para poder yo hablar con ellos.
-Vale, cuenta con ello.
-Venga, Javi, a ver si hablamos más, que me gusta mucho hablar contigo. Y a ver si nos vemos pronto también. Besos.

Dejé el móvil sobre la mesa con una sensación un poco rara. Por un lado, me gustaba hablar con ella, porque pensaba eso de verdad, la veía como una chica muy agradable y demás, pero por otro lado siempre había algo en nuestras conversaciones que me desconcertaba. En este caso el tema de tener hijos. No tenía ni idea de como habíamos acabado hablando de eso y el interés que tenía ella en saber lo que opinaba yo y lo que tenía planeado para el futuro, sin ni siquiera saberlo yo. ¿En serio decía eso de mudarse a aquí? Esta chica está como una cabra. Por un lado, me hizo gracia por lo impulsiva que era, pero por otro lado me dio un poco de miedo que eso pasara, porque sabía de sobra que yo le atraía y más con lo que me contó Irene de que cuando hablamos con ellas el fin de semana pasado se le cambió la cara, sobre todo al oírme. Tampoco es que ella hubiera sido una Noelia, pero no podía evitar ponerme a la defensiva con esos comportamientos. Mientras pensaba en todo esto, miraba a Elena, acariciándole la cara, hasta que me quedé dormido yo también.

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